Serie Dios sufre de insomnio: La mediocridad de sus hijos


Cuarto tema: Dios sufre de insomnio por la mediocridad de sus hijos

Dios nunca tuvo intención de que usted tuviera una vida promedio y mediocre. Usted está diseñado para la excelencia y fue creado de manera única. En lugar de ser uno en un millón, en realidad es ¡uno en seis mil millones! No hay nadie más como usted; ustedes único. Todos quieren ser reconocidos. Es más, usted no solo quiere ser reconocido, sino que necesita serlo por el bien de su salud emocional. Cuando mi hijo era pequeño decía: «¡Mírame pa, mírame pa!» El quería ser reconocido. Quería sobresalir entre la multitud. Nosotros, como adultos, hacemos lo mismo excepto que no tan frontalmente. Sin embargo, lo hacemos con nuestros carros, nuestra ropa y nuestras casas. En todo momento, estamos diciendo: «¡Mírenme, mírenme todos!» Tenemos una necesidad en nuestras vidas de ser diferentes, de ser excelentes para sobresalir entre los demás. Hay una historia que nos demuestra como destacarse en medio de la multitud. Primera de Crónicas 4:9-10 nos habla de un hombre llamado Jabés. Los primeros nueve capítulos de ese libro consisten de genealogías, con un listado de más de seiscientos nombres. Justo en medio de todos esos nombres, Dios señala a uno en particular para reconocimiento especial, y su nombre es Jabés. Solo se encuentran dos versículos en la Biblia entera que se refieren a este hombre y aun así se le da una mención honorable por encima de otras seiscientas personas. ¿Por qué dijo Dios que este hombre vivió por encima del promedio? ¿Qué hizo para que su nombre se conservara por más de cuatro mil años? «Jabés fue más importante que sus hermanos» (v. 9-10). Su madre lo llamó así porque «con aflicción lo he dado a luz». Jabés clamó a Dios diciendo: « ¡Bendíceme y ensancha mi territorio! Ayúdame y líbrame del mal para que no padezca aflicción. Y Dios le concedió su petición».

Había tres secretos en la vida de este hombre, tres principios que pueden elevar su vida por encima del promedio también.

En primer lugar, Jabés tenía una pasión  grande

Mientras todos sus amigos se conformaban con ser mediocres, Jabés dijo: «Quiero que Dios me bendiga. Quiero algo grande. Quiero hacer algo significativo con mi vida». Él no quería ser ordinario. No quería ser común. Quería expandirse y crecer. Así que dijo: «Bendíceme y ensancha mi territorio». Jabés tenía una aspiración grande, y más que nada quería que Dios lo bendijera. Muchos hoy pasan la vida con indiferencia. No tienen metas, ni un plan estratégico, ni un propósito principal, ni una aspiración. Como resultado, nunca logran mucho. Sencillamente, existen. El primer principio para vivir por encima del promedio consiste en tener una gran aspiración. Usted necesita un sueño. Si no lo tiene, está sin rumbo. Cuando uno deja de soñar, empieza a morirse. Cuando deja de fijarse metas, deja de crecer. Usted necesita algo por lo cual perseverar, una meta de excelencia. Mientras su horizonte se expande, será alguien emocionalmente saludable. Dios lo hizo para su crecimiento; él desea que usted crezca, se expanda y se desarrolle. Dios tiene un propósito para su vida y la clave del éxito consiste en descubrirlo y cooperar con él. Nunca fue la intención de Dios que usted viviera con una actitud ambivalente, preguntándose qué está haciendo y hacia dónde se dirige. Dios desea que tenga una gran aspiración. Una vida sin desafíos y sin metas puede resumirse con una sola palabra: Aburrimiento. Hay tres conceptos erróneos comunes que impiden que nos fijemos metas grandes.

El primero es que confundimos la humildad con el temor. Decimos: «Oh, yo nunca podría hacer eso», y pensamos que somos humildes. Eso es temor; eso es falta de fe. Una persona verdaderamente humilde diría: «Con la ayuda de Dios lo puedo hacer. Con la bendición de Dios lo haré. No lo podría hacer por mí mismo pero con la ayuda de Dios lo haré». Eso es verdadera humildad. Segundo, tendemos a confundir la conformidad con la pereza. Es cierto que Pablo dijo: «He aprendido a estar satisfecho en cualquier situación» (Filipenses 4:11). Pero eso no significa que uno no debería fijarse metas. Pablo no dijo: «He aprendido a no fijarme ninguna meta y tampoco tengo aspiraciones o ambiciones para el futuro». Lo que estaba diciendo era: «Aunque no haya alcanzado mis metas aún, he aprendido a disfrutar al máximo. Estoy feliz hoy aunque tenga sueños y aspiraciones que aún no he alcanzado». Si la conformidad se usara como excusa para la pereza, ¿quién alimentaría al menesteroso o se preocuparía por el hambre en el mundo, la equidad y la justicia?¿Cómo podría uno educarse? Un niño de tercer grado diría: «He aprendido a estar satisfecho con el tercer grado», y no continuaría más. No podemos confundir el contentamiento con la pereza. Tercero, confundimos el pensar modestamente con ser espiritual. Alguien puede decir: «Yo sirvo a Dios a mi manera». Mi respuesta es esta: «Entonces, ¿por qué no empieza a servir a Dios de una manera más grande? ¡Deje que Dios le use más!»Otros me dicen: «Bueno, es que soy así. Así me hizo Dios». Pero eso es culpar a Dios por nuestra falta de crecimiento. No confunda el pensar modestamente con ser espiritual.

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