Serie Dios sufre de insomnio: El fracaso de sus hijos II parte


Segundo coopere con el plan de Dios

El segundo principio se encuentra en Lucas 5:4: La segunda vez que los discípulos fueron a pescar, lo hicieron bajo la dirección de Cristo, siguiendo sus instrucciones con obediencia. No solo debemos apropiarnos de la presencia de Dios en nuestras vidas, sino que debemos cooperar con esa presencia. Jesús les dijo a sus discípulos dónde, cuándo y cómo pescar. Cuando Dios guía su vida, usted no puede fracasar. Dios no auspicia fracasos. La reacción de Pedro a la dirección de Cristo fue tan hermosa. Para empezar, no le discutió. No dijo: «Espera un momento, Jesús. ¿Quién eres tú para decirme cómo pescar? ¿Acaso no sabes que yo soy Simón Pedro? El pescador de primera categoría en este lago. He superado el récord mundial. ¿Quién eres tú para decirme cómo pescar?» Él no preguntó: «Señor, ¿estás seguro?» Es más, no vaciló ni hizo ninguna pregunta. Ciertamente pudo haber pensado que si no había recogido nada la noche, de ninguna manera lograría recoger algo en pleno día con la luz del sol brillando sobre las aguas. Desde el punto de vista humano, el momento no era el apropiado; parecía ridículo. Pero Pedro no hizo ninguna pregunta; sencillamente obedeció. Pedro tampoco le hizo caso a sus emociones. Estoy seguro que él se encontraba muerto de cansancio por haber amanecido trabajando pero no preguntó: «¿Qué saco?¿Para qué seguir intentando?» La actitud de Pedro era perfecta. Él estaba ansioso por cooperar con el plan de Dios. ¿Por qué piensa que Jesús le dijo a Pedro: «Lleva la barca hacia aguas más profundas». Pienso que era porque los peces más grandes se encuentran en las aguas más profundas. Uno solo recoge pececillos en aguas de bajo fondo. La mayoría de las personas viven en las aguas de bajo fondo de la vida. Solo existen en un nivel superficial. Hay poca profundidad en sus vidas porque se conforman con jugar a la orilla pero no se aventuran a meterse en las aguas profundas. ¿Por qué? Porque es más seguro estar en las aguas de bajo fondo. Ellos piensan: «Si me meto a las aguas profundas puede haber olas. Tal vez mi barca se vuelque. Así que me quedaré aquí donde estoy seguro y cómodo y me pondré a pasar el tiempo». Cuando Dios trabaja en su vida, siempre hay riesgos porque él quiere que usted viva por fe. Muchos cristianos apenas mojan sus pies porque temen sumergirse. Ellos piensan: «Si me comprometo con Dios seriamente, tal vez me convierta en un fanático. Quizás me convierta en un loco religioso. ¿Qué van a decir mis amistades?» De modo que se conforman con las superficialidades de la vida, y se pierden lo mejor. El propósito de Dios para su vida es muy bueno, un plan que trabaja a su favor. Dios dice: «Déjame entrar a tu barca. Deja que mi presencia te acompañe dondequiera que vayas, en tu negocio, familia, matrimonio, en todas las áreas. Déjame dirigirte y coopera con mi plan».

Tercero Sea expectante de la Promesa de Dios

El tercer principio yace en el versículo 5: «Pero como tú me lo mandas». Para recuperarse de un fracaso usted debe anticipar las promesas de Dios en su vida. En el segundo intento por pescar, los discípulos estaban actuando basados en la promesa de Dios para ellos. Se fueron a pescar una vez más porque creyeron que Dios les proveería os peces. Ahora bien, Jesús no dijo específicamente: «Pedro, si vas a pescar conmigo, te prometo que vas a recoger gran cantidad de peces». No le hizo falta decirlo porque Pedro entendió que cuando Jesús le dijo que fuera a pescar y se subió a la barca también y, además, le dijo dónde echar las redes, ¡no iban a regresar vacías! Pedro esperó que Dios actuara, que cumpliera su promesa. Pedro no estaba dependiendo meramente de sus propias habilidades para pescar, de manera que no temió fracasar. Él anticipó las promesas de Dios. Cuando usted procura la presencia de Dios en su barca, abraza el plan de Dios en su mente y se apropia de las promesas de Dios en su corazón, no puede fallar. Empiece a esperar resultados maravillosos. Tal vez diga: «Luce fabuloso, pero usted desconoce mis circunstancias. En este momento estoy vencido por los problemas que estoy experimentando. Estoy pasando unos momentos difíciles». Si está vencido por sus circunstancias, déjeme sugerirle un antídoto. Busque en su Biblia alguna promesa específica de Dios y empiece a reclamar aquello. Comience a esperar que Dios actúe y hallará que la promesa divina le inyecta nuevas esperanzas a una situación sin esperanza. El éxito genuino a menudo empieza al margen de un fracaso. Conozco un matrimonio que tuvo una relación sumamente deteriorada, aparentemente irreparable. Pero ellos percibieron en su interior que Dios les decía:«Quiero que permanezcan unidos, no se rindan». Sin ninguna evidencia aparente, asumieron la actitud de Pedro: «Señor, hemos trabajado con nuestro matrimonio por mucho tiempo sin ver mejora, pero como tú nos lo mandas, seguiremos intentando». Hoy gozan de un matrimonio realizado y un ministerio dinámico. Fíjese en los resultados (v. 6): Los discípulos recogieron una cantidad tan grande de peces que sus redes empezaron a romperse. Dios los bendijo con más de lo que podían lidiar. Ese es el caso, invariablemente, cuando usted se apropia de la presencia de Dios, coopera con el plan de él y anticipa sus promesas, será bendecido con más de lo que puede lidiar. En efecto, el versículo 7 indica que los discípulos tuvieron que compartirlos resultados con otra barca para evitar que la suya se hundiera. ¡Eso sí es vivir! El punto es este: Dios no solo quiere bendecir su vida. Él quiere bendecirle tanto que usted tenga que compartir sus bendiciones con otros para evitar hundirse. Él no solo quiere bendecirlo sino que desea bendecir a otros a través de usted, aquellos cuyas redes están vacías. Dios los bendijo con más de lo que ellos podrían usar para sí mismos. Aquel milagro impactó tanto a Pedro que alzó su voz diciendo: « ¡Señor, no merezco esto! Soy pecador. Esto es demasiado bueno para mí». Este incidente le dio otro giro a la vida de Pedro así como a los demás discípulos. Jesús entonces le dijo a Pedro: «No temas, desde ahora serás pescador de hombres» (v. 10). Así pues, los discípulos llevaron sus barcas a la orilla y dejaron todo para seguir a Jesús. Piense en eso, cuando el festejo de la pesca llegó a tierra, dejaron la mejor pesca de sus vidas allí mismo en la orilla y se fueron tras Jesús. Ellos se percataron de que si Jesús era capaz de hacer un milagro así, podría hacer todo lo que quisiera. Sabían que siempre y cuando lo siguieran, sus necesidades serían más que satisfechas. Cristo cuidaría de ellos sin importar las circunstancias. Ellos querían una comunión con él que fuera más que un milagro de una sola vez. Entonces Cristo los invitó a formar parte de la labor más importante de mundo: «Les voy a hacer pescadores de hombres. Ustedes van a compartir mis buenas nuevas con otros». ¿Cómo se aplica este relato a su vida? Quizá se sienta como los discípulos antes de llegar Cristo: «He trabajado toda la noche y he terminado con una red vacía». ¿Se asemeja esto a su actitud hacia su matrimonio, su empleo u otra dificultad personal? Usted siente que no mejora así que se dice: «¿Para qué seguir intentando? ¿Para  qué hacer el esfuerzo? Tal vez se ha hecho un poco cínico en cuanto a la vida. Pedro no satirizó. No dijo: «Señor, he trabajado diez horas sin recoger nada. Por lo visto en este lago no hay más peces». Él sabía que los peces estaban allí, pero no los había atrapado aún. El que no resuelva su problema no significa que no hay solución. A través del fracaso, con frecuencia aprendemos las lecciones que nos ayudan a tener éxito. El mensaje de Dios para usted es este: «No te rindas». Inténtelo de nuevo, pero esta vez, hágalo con Jesús en su barca. Él hará la diferencia.

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