¿Existe la vida en abundancia?


He llegado a la conclusión esta mañana que el  amor de Dios no se ha acabado, ni se han agotado sus misericordias; se renuevan cada mañana. (Lamentaciones 3,22-23) . Me he dado cuenta que  cuando hablamos por teléfono o nos encontramos con alguien la pregunta más común, al comenzar a comunicarnos es ¿Cómo estás? Recuerdo mis primeros  años en la iglesia, algunos de los más avanzados espiritualmente preguntaban a  la congregación: ¿Cómo están? Y todos respondían: ¡En victoria!, y por tanto cuando alguien  en la calle me preguntaba ¿Cómo estás? Yo obediente al ejemplo de esos líderes  respondía: ¡En victoria! Otro año llegó la moda de responder ¡Bendecido! ¡Estoy bendecido! Pero para mía al siguiente año, estas frases se volvieron muy rutinarias y como el Espíritu Santo es creativo, El me enseño a responder de la siguiente manera:¡Perseverando!, ¡Estoy  perseverando! Pero pasó el tiempo y la respuesta a la pregunta frecuente ¿Cómo estás? Tenía que ser renovada, y me di cuenta que la mayoría responde ¡bien! ¡Estoy bien! Yo como discípulo de Cristo aprendí a responder (por fe decían algunos) ¡Más qué bien!, ¡Estoy más que bien! (la mayoría de la gente responde solo: ¡Bien! ¡Estoy bien! Otras dicen ¡más o menos!) Pero yo siempre respondía ¡Mas qué bien! Así que llegaron años que  después de estar en victoria, después de estar bendecido, después de estar muy bien! Que me quedé sin slogan.  A consecuencia después de pasar muchas pruebas y tribulaciones, después de estar enfermo, después de muchas luchas y batallas, luego de caminar varios años al lado de Cristo.  Así que aprendí una nueva forma de responder. He aprendido a responder simplemente: ESTOY VIVO!  , el decir esta frase me hace recordar el pasaje bíblico que leíamos al comienzo, ¡estoy vivo!  Aparte que estaba leyendo Juan 10:10: “Cuando el ladrón llega, se dedica a robar, matar y destruir. Yo he venido para que todos ustedes tengan vida, y para que la vivan plenamente.

Me llama la atención que en este pasaje hay por lo menos cuatro de tipos de vida que podemos aspira o creer. Los hombres aspiramos a una buena vida, o una vida éxito y plenitud. ¿Pero estamos dispuestos a aceptar la vida que Dios nos ofrece? ¿En qué tipo de vidas  los hombres creen?  La primera es la vida  con pérdida. El pasaje que hemos leído se encuentra dentro de un discurso en el cual Jesús se identifica como el buen pastor. Además de ser el buen pastor que cuida de sus ovejas, es también la puerta por medio de la cual se entra a la vida verdadera. El se está comparando con todos los demás líderes que han venido ofreciendo vida y salud a quienes les entregaran su devoción. Jesús llama a estos farsantes ladrones, personas que vienen a usar las ovejas para su propio provecho en vez de cuidarlas.

Note usted que el pasaje dice: “El ladrón no viene sino para hurtar, y matar y destruir”. ¿Quién es el ladrón aquí? Es obvio que se trata de los fariseos y su religiosidad.  Se cuenta la historia de un pastor que compartía el evangelio con una clase de niños pequeños. Al final de una conmovedora presentación de la oportunidad que tenemos todos para ser salvos, hizo la pregunta: ¿Cuántos quieren ir al cielo? Toda la clase levantó la mano, con la excepción de un niño pequeño sentado en la primera fila. El pastor, pensando que este niño había estado dormido, volvió a preguntar: ¿Cuántos quieren ir al cielo? Nuevamente se levantaron todas las manos, menos la de aquel niño. El pastor no sabía qué hacer. Finalmente le preguntó: Jaimito, ¿no quieres ir al cielo con todos tus compañeros? ¿Por qué no levantaste la mano? Respondió Jaimito: Quiero ir al cielo, pero ¡no levanté la mano porque pensé que usted estaba reuniendo un grupo para ir ahora mismo! Nos da risa la respuesta de Jaimito, pero también nos debe de causar reflexión. Me pregunto cuántos de nosotros, como Jaimito, estamos tambaleando entre la vida y la muerte. Queremos tener vida eterna, pero también nos gusta mucho la vida del mundo. Se dice de San Agustín que, durante su tiempo de indecisión acerca de la fe cristiana, oró: Señor, dame la santidad, pero no me la des todavía. Así como Agustín, muchos de nosotros queremos tener la vida eterna, pero a la vez creemos que nos podrá estorbar el disfrute de la vida aquí en la tierra. Si pensamos de este modo, caemos en un gran error. La realidad es que la verdadera vida es algo que empezamos a vivir desde ya, y que la vida aparente que ofrece el mundo no es más que la muerte disfrazada de fiesta. Jesús hizo una declaración acerca de este tema que tiene un significado muy profundo para nuestra vida. Las declaraciones de Jesús son como vetas de oro en alguna mina; al escarbar, descubrimos más y más preciosa verdad transformadora. Hoy trataremos de escarbar un poco. Podemos encontrar algunos ejemplos muy obvios en la historia humana. Pensamos en Jim Jones, por ejemplo, que dirigió el suicidio masivo de sus seguidores en Guyana. El prometía vida, pero lo que encontraron quienes creyeron en él fue la muerte. Es interesante notar que el hombre siempre busca alguna clase de cielo. Las mitologías de pueblos antiguos contenían algún concepto del paraíso. Hoy en día, los que rechazan la existencia del más allá generalmente pretenden establecer ese cielo en la tierra de algún modo. El resultado, sin embargo, siempre es el mismo. Cualquiera que sea la mentira que invente Satanás para engañar a la gente, el resultado es la muerte. Satanás hace uso de sus siervos con un solo motivo. En el siglo pasado, hombres como Mao, Lenin, y Hitler vinieron prometiendo establecer una utopía. El resultado de sus esfuerzos, sin embargo, fue la muerte. La mayoría de estos hombres ya no ejerce mucha influencia directa sobre nuestras vidas. El comunismo y el nazismo son memorias negras no más. Pero el lugar de Mao, de Marx y de Mussolini ha sido tomado por otros charlatanes que pretenden vendernos otra visión para llegar a la vida abundante aquí y ahora.  Es precisamente por esta razón que Satanás ataca y pervierte el plan de Dios. Nos invita a tomar lo que Dios ha creado fuera de los límites que Dios ha puesto. El resultado siempre es la muerte. David Mills dice: El hombre caído desea la vida y sus frutos porque fue creado a la imagen de aquel que creó la vida, pero desea la vida y sus frutos bajo sus propios términos porque ha rechazado las maneras que Dios ha dicho que se encontrará la vida. (Revista Touchstone, enero/febrero 2003, p. 23)

La vida que prometían los charlatanes llega a ser muerte, y son los inocentes que pagan el precio del error de sus padres. Es más, el aborto es simplemente un ejemplo. Cada expresión sexual fuera de los planes de Dios – el sexo prematrimonial, el adulterio, la homosexualidad, la pornografía – son maneras que la gente pretende encontrar la vida, pero más bien halla la muerte. La muerte toma muchas formas. No se trata solamente del aborto o del SIDA; la destrucción de confianza entre una pareja, la culpa y la conciencia cargada y el alejamiento de Dios son formas de muerte también – muerte emocional y espiritual. Pero existe una buena noticia. Aunque hayas sido víctima de algún charlatán que te haya vendido una mentira acerca de la vida verdadera, hay esperanza.

Volvamos a nuestro texto: Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia. Esto es lo que todos buscamos, ¿no es cierto? Deseamos una vida que es más que simple existencia, más que sobrevivir hasta que algo bueno nos sucede. El libertinaje parece ofrecer esa vida. Solemos llamar aventuras a los incidentes de adulterio, como si fueran episodios de diversión y placer que no hacen más que vivificar una vida aburrida. Pero la verdad es que en vez de traer vida, la destruyen. La verdadera aventura es la aventura de vivir cada día para Dios, esperando cada bendición que él dará y observando las maneras sorpresivas en que él obra alrededor de nosotros.

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Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

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