Consejos de una cantinero para vencer el desánimo III parte


En tercer  lugar LA CURA DEL DESANIMO. ¿COMO PODEMOS TRATAR EL DESANIMO?  ¡La construcción de aquel muro de Jerusalén ciertamente se estaba volviendo una hazaña nada fácil! El desánimo era galopante. Satanás tuvo que haber tenido un día de campo. Pero  Nehemías no pasó por alto el desánimo. (Uno no puede pasar por alto el desánimo. Eso sería como pasar por alto el hecho de que un neumático se ha desinflado. Aunque usted ore cuando quiera; aunque conduzca lo que quiera; nunca logrará que el aire vuelva al neumático. Usted tiene que arreglarlo. Eso mismo sucede con el desaliento.) Nehemías, como buen líder, se preparó y se enfrentó al desánimo. Encuentro cinco técnicas que él empleó y que le fueron eficaces, y que aún hoy son eficaces. Primero,  motivó a compartir las cargas con los que nos quieren. Es decir el unificó los esfuerzos hacia una meta. Lo primero que hizo Nehemías fue unificar al pueblo en torno a una misma meta. Entonces por las partes bajas del lugar, detrás del muro, y en los sitios abiertos, puse al pueblo por familias, con sus espadas, con sus lanzas y con sus arcos (Nehemías 4:13). Ahora bien, esto es significativo. Los constructores habían estado esparcidos por toda Jerusalén, trabajando juntos con piedras, agua y argamasa; y sin embargo, habían estado separados de sus familias. Nehemías los unificó según las familias y a cada uno dio una meta común: la preservación. El les quitó la atención hacia sí mismos e hizo que pusieran en el enemigo; que la quitaran del desánimo y la auto conmiseración y la pusieran en la meta de la auto preservación. El “apretó las filas” y, por tanto, estimuló a los abatidos de corazón. El hogar debe ser una fuente básica de estímulo. La fuerza de trabajo de Nehemías estaba desanimada. El dijo: “Vamos, unámonos por familias, busquemos a quienes nos quieren. Ustedes colóquense ahí; usted y su familia quedan colocados allí. . .” Nehemías los colocó en unidades. Notemos lo que sucedió en el proceso de unir a su pueblo: Nehemías detuvo la obra. Algunas veces lo mejor que podemos hacer cuando estamos desanimados es tomarnos algún tiempo para descansar con los que nos aman. Hay una antigua máxima griega que dice: “Si mantienes siempre el arco tenso, lo romperás”. ¿Está muy tenso su arco? ¿Cuándo fue la última vez que lo aflojó usted y se escapó por un par de días? Supongo que todos nos ponemos rígidos y tensos en nuestro trabajo; pero los que están ebrios por el trabajo no son los mejores líderes. Repito: ¡Tómese su tiempo de vez en cuando! Nehemías detuvo la obra y dijo: “Unámonos como familias”. Eso hará mucho para detener el desánimo. En segundo lugar   Dirigir la atención hacia el Señor. Luego, él dirigió la atención de ellos hacia el Señor (versículo 14). Ellos tenían la vista puesta en los escombros. Necesitaban mirar hacia el Señor. Después miré, y me levanté y dije a los nobles y a los oficiales, y al resto del pueblo: No temáis delante de ellos; acordaos del Señor, grande y temible… Mire usted eso. El se encargó de todo. ¡Esa es una tarea básica del dirigente! La frase “acordaos del Señor” está muy bien; ¿pero cómo puede usted hacer eso? Puede comenzar recordando las cosas que el Señor ha dicho. Realmente usted pone en su mente algunas de las declaraciones de Dios. Por ejemplo: Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado. Confiad en Jehová perpetuamente… (Isaías 26:3, 4).O el siguiente pasaje: Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús (Filipenses 4:6, 7). Uno se acuerda del Señor al recordar lo que El dijo. Recuerde usted ahora mismo unas cinco o seis buenas y sólidas promesas que pudiera reclamar. Cuando el diablo ataca, ¿está usted listo con las palabras vivientes que contraatacan, con la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios? El cristiano tiene que saber lo que Dios ha dicho. Uno puede recordar al Señor recordando lo que El es. ¿Cuándo reflexionó usted por última vez en la grandeza de Dios? Tal vez eso pasó mientras estaba acostado de espaldas mirando hacia las estrellas. ¿Alguna vez se sube usted a su carro y lo conduce hacia algún sitio apartado simplemente para pasar un tiempo de tranquilidad a solas con Dios? Eso ayuda a menudo a aclarar la niebla, y capacita a la mente para asirse de nuevo a Dios. Igualmente esenciales son aquellas ocasiones en que los cristianos participan juntamente en la celebración de la Cena del Señor. La Cena del Señor es el tiempo en que el Señor se manifiesta y nos habla, para revelarnos de nuevo la maravilla de su Persona. Nehemías dijo a su pueblo: “Ustedes han puesto los ojos en los escombros, en la basura, en su propio proyecto individual. Pónganlos en el Señor”. Las personas que están desanimadas están pensando principalmente en una cosa: en ellos mismos. Aquellos judíos no constituían ninguna excepción. Así que Nehemías los unificó en torno a la misma meta. Eso significa que él tuvo que detener el proceso del trabajo y dejarlos tranquilos. Luego dirigió la atención de ellos hacia el Señor. En tercer lugar renovar la pasión por nuestra visión. Es decir mantener un equilibrio entre los pensamientos y las acciones.¿Qué fue lo que hizo Nehemías a continuación en su intento por frustrar el desánimo? El estimuló a los judíos para que mantuvieran un equilibrio. Los llamó a la acción. “Ahora, ustedes tienen que pelear”, les ordenó. “Hay una tarea que tiene que hacerse. ¡Saquen las espadas!” El versículo 14 ter-mina del siguiente modo: . . . pelead por vuestros hermanos, por vuestros hijos y por vuestras hijas, por vuestras mujeres y por vuestras casas. Veamos los versículos 15, 16: Y cuando oyeron nuestros enemigos que lo habíamos entendido, y que Dios había desbaratado el consejo de ellos, nos volvimos todos al muro, cada uno a su tarea. Desde aquel día la mitad de mis siervos trabajaba en la obra, y la otra mitad tenía lanzas, escudos, arcos y corazas; y detrás de ellos estaban los  jefes de toda la casa de Judá. El versículo 17 agrega: Los que edificaban en el muro, los que acarreaban, y los que cargaban, con una mano trabajaban en la obra, y en la otra tenían la espada. Ese, mi estimado amigo, es un hecho básico de la vida cristiana. Me siento hastiado de los cristianos que no hacen otra cosa que pelear; pero me preocupa por igual el cristiano que dice que nunca hay razón para pelear. De todo corazón estoy  de acuerdo con una filosofía equilibrada de la vida que estimule tanto la construcción como la batalla. Los que hablan  inglés tienen  una Biblia en sus  manos que en gran parte se la deben a un hombre llamado Juan Wycliffe. El no sólo fue conocido como un constructor que produjo el primer texto de la Biblia en inglés, sino también como un luchador. ¡Qué líder! Cuando él murió, sus enemigos quemaron su cuerpo en la hoguera, y luego tomaron sus cenizas y las rociaron sobre el río Támesis en Londres. “¡Nos deshicimos de Wycliffe para siempre!” tuvieron que haber pensado sus enemigos. Pero estaban equivocados. El producto de su trabajo, la Biblia en inglés, está con nosotros hoy, por cuanto él hizo algo más que pelear. El permaneció en su trabajo. Recordemos a Juan Bunyan: otro luchador y constructor. Lo metieron a la cárcel tres veces, pensando que así lo harían callar. Pero en vez de callarse, él escribió la gran obra  El progreso del peregrino, el libro que ocupa el segundo lugar entre los cristianos hoy. Como usted ve, él podía hacer algo más que pelear. Al hacer una gigantesca inversión personal, las verdades de  EL progreso del peregrino fueron expuestas para beneficio de millones de personas en las generaciones subsiguientes. ¡Qué equilibrio tan bello! Guárdese usted de aquella enseñanza sutil que sugiere que Dios hace todo, y usted se queda quieto sin hacer nada. La Biblia nos exhorta continuamente a estar firmes, a contender por la fe, a ser fuertes en la pelea y a ser buenos soldados. Pero tenemos que establecer el equilibrio entre la fe y la acción. En cuarto lugar desarrolle un ambiente  para reafirmar la seguridad. Es decir lo que se puede decir determinar un sitio de reunión. La cuarta cosa que hizo Nehemías fue proveer un sitio para reunión. Permítaseme aclarar lo que quiero decir. Nehemías escribió en el versículo 19: Y dije a los nobles, y a los oficiales y al resto del pueblo: La obra es grande y extensa, y nosotros estamos apartados en el muro, lejos unos de los otros. En el versículo 20 leemos acerca del punto de reunión:   En el lugar donde oyereis el sonido de la trompeta, reuníos allí  con nosotros; nuestro Dios peleará por nosotros. ¿Cuál era el punto de reunión? Ante todo, era un lugar, pero también se nos sugiere un  principio. El lugar era aquel en que se oyera el sonido de la trompeta. Nehemías ordenó: “Cuando oigáis el sonido de la trompeta, salid corriendo hacia el sitio donde está el que la toca”. El principio era éste: No traten de pelear solos. Este principio aún tiene validez. Tenemos que tener un punto de reunión. Necesitamos un amigo íntimo, alguien que pueda unirse a nosotros cuando se presente el ataque. No trate usted de pelear solo. Ninguno de nosotros debe decir: “Yo no necesito a nadie más”. Esa es una teología pobre y comunica una idea deformada del cristianismo. La respuesta del saludable hijo de Dios debe ser la siguiente: “No es posible que yo lo haga solo. Pero, Oh Dios, si tú me das tu fortaleza por medio del Espíritu Santo, y me unes con otro hermano o con otra hermana de la familia, que puede estimularme y a quien yo pueda estimular, estaré reunido en torno a ti hasta el último día de la prueba”. ¿Hay algún pasaje bíblico que apoye la necesidad de tener un punto de reunión? ¡En realidad, lo hay! Cuando Jezabel buscaba a Elías, él corrió y se metió bajo un árbol en el desierto, y dijo: “Señor, quítame la vida. No vale la pena vivir. Estoy solo”. ¿Qué hizo Dios? Le llevó alimento, y Elías fue nutrido y sostenido por ese alimento durante  días y  noches. Luego se nos dice que Dios le dijo: “Elías, levántate. Tú no estás solo”. Y le dio un compañero llamado Eliseo. El último versículo de 1 Reyes 19 nos dice que Elíseo le servía a Elías. La parte bella de esta historia es el hecho de que este acontecimiento señaló el momento en que Elías realmente comenzó su marcha. Había hallado un punto de reunión. Dios le había dado un compañero con el cual podía contar (eso es sumamente importante), al cual podía descubrir su alma, con el cual podía compartir sus heridas y aliviar su soledad. Cuando David se halló bajo la persecución celosa de Saúl, Dios le dio a David un amigo. Jonatán y David se amaron mutuamente a causa de un maravilloso vínculo: sus almas estaban atadas como si fueran una. Por causa de ese amigo, el des ánimo raras veces debilitó la armadura de David. ¿Cuenta usted con alguna persona como esa? Si no, busque la manera de cultivar una. Busque un amigo, exprésele a Dios ese anhelo, ore para conseguirlo. No se rinda hasta que pueda unir su alma con otro que tenga un espíritu afín, que se preocupe por su alma y por sus necesidades. Usted necesita a una persona que le sirva como punto de reunión. Nehemías dijo: “Cuando ustedes oigan el grito de batalla, acudan al lugar donde está la trompeta”. Allí es donde está la fortaleza. En quinto lugar recuperar  un ministerio de servicio a otros. El paso quinto y final que Nehemías dio para disipar todas las señales de desánimo entre su pueblo fue el de ocuparlos en un ministerio de servir a otros. Los versículos 21 y 22 nos dicen que ellos continuaron la obra. Nosotros, pues, trabajábamos en la obra; y la mitad de ellos tenían lanzas desde la subida del alba hasta que salían las estrellas. También dije entonces al pueblo: Cada uno con su criado permanezca dentro de Jerusalén, y de noche sirvan de centinela y de día en la obra. En esencia, lo que Nehemías dijo fue lo siguiente: “Miren, necesitamos ayuda. Les pido que se sirvan y ayuden el uno al otro. No podemos manejar esto solos”. En los tirantes días que siguieron, según el versículo 23, ¡ni siquiera tuvieron tiempo para cambiarse la ropa! Mientras se bañaban, permanecían en la obra. Se ayudaban el uno al otro en el servicio y en el compromiso. ¿Usted quiere saber cómo puede sentirse miserable? Sea como el fallecido Howard Hughes. Viva por sí solo. Use tan a menudo como le sea posible las palabras yo, mi y mío. Derrame todo su amor hacia adentro. Piense sólo en sus propias necesidades, en sus deseos, en lo que usted quiere, en lo que le place. Niéguese a amar y a ser amado. C.S. Lewis dijo lo mismo de un modo mejor: Amar en alguna forma es ser vulnerable. Ame a alguna cosa, y su corazón ciertamente será torturado y posiblemente sea quebrantado. Si usted quiere estar seguro de mantener el corazón intacto, no debe darlo a nadie, ni siquiera a un animal. Envuélvalo cuidadosamente con pasatiempos favoritos y pequeños lujos; evite todos los enredos; enciérrelo con seguridad en el estuche o ataúd de su egoísmo. Pero en ese ataúd, seguro, oscuro, inmóvil, sin aire, cambiará. No será quebrantado; se volverá in- quebrantable, impenetrable, irredento … El único lugar fuera del cielo donde usted puede estar perfectamente seguro de todos los peligros … del amor es el infierno.” ¿Está usted comprometido en las vidas de otros? Esta semana, ¿cuánto tiempo pasará sirviendo a otros? ¿O se preocupa sólo por sí mismo? Todos debemos detenernos a contemplar cuan cortas son nuestras vidas, fijándonos si hemos invertido algo de nuestras vidas en las vidas de otros. ¿Quiere saber cómo no sentirse inútil cuando esté jubilado? Permanezca en contacto con las necesidades de otros. Recientemente murió una anciana miembro de una congregación. Una de las jóvenes de la  oficina pastoral  dijo: “Lo que angustia es que esa clase de persona está desapareciendo”. Esta dulce señora había perdido a su marido en 1946, y desde entonces había sido una de las damas más ocupadas que se haya conocido. Su ayuda voluntaria fue invalorable para la iglesia y para la comunidad. Aun en el ocaso de su vida, la podían  encontrar trabajando como obrera voluntaria para la sociedad contra el cáncer, trabajando como auxiliar de las demás, haciendo obra cívica, ayudando en el hospital local. La lista pudiera continuar indefinidamente. Ella estaba comprometida en las vidas de otros. Ella nunca envejeció. ¡Nunca se le vio desanimada! En Occidente, el hecho de que una persona queda jubilada significa: “No me moleste. No tengo tiempo para los demás”. Sugiero una alternativa. Piense en el ministerio de exaltación que Dios pudiera darle cuando lo libre (por medio de la jubilación) del mundo del trabajo diario, y lo use como siervo suyo. Nehemías dijo: “No nos sentemos a lamer nuestras propias heridas. Necesitamos ayudarnos los unos a los otros. Metámonos en el asunto de preocuparnos por los demás. Sirvamos. Ministremos. ¿No es ese el lado difícil del cristianismo? ¿No tengo que abandonar mis derechos y negarme a mí mismo? El desánimo en realidad es una enfermedad interna. Comienza con los gérmenes de la duda de uno mismo. Por medio del temor y de las exageraciones negativas, comienzan a crecer los gérmenes y se multiplican. Pronto perdemos nuestro camino, nos debilitamos, salimos corriendo y nos escondemos. En la medida en que continúa, virtualmente llegamos a ser inútiles y completamente derrotados. Nos volvemos presa fácil del enemigo de nuestras almas, el cual se hace cargo de nosotros y anula nuestros esfuerzos. Eso puede ocurrir casi de la noche a la mañana. Eche usted un repaso a estas cinco técnicas. Nehemías las usó para combatir el desánimo en el campamento de la antigua Jerusalén. Sus métodos nunca estarán fuera de moda. Puede ser difícil manejar el desánimo, pero ciertamente no es imposible. Recuerde, no es una enfermedad mortal sino que al contrario el desánimo es curable.

Recientemente leía una breve pero estimulante biografía de Tomás Edison, escrita por su hijo. ¡Qué carácter tan  maravi lloso! Gracias a su genio, hoy disfrutamos del micrófono, el fonógrafo, la lámpara incandescente, la batería de acumuladores, el cine sonoro y más de un centenar de otros inventos. Pero por encima de todo, fue un hombre que se negó a ser dominado por el desánimo. Su contagioso optimismo afectaba a todos los que lo rodeaban. Su hijo recordaba una fría noche de diciembre de 1914. Ese  fue un tiempo en el que todavía resultaban infructuosos los experimentos con la batería de acumuladores níquel hierro- alcalina, a la cual su padre había dedicado casi diez años, y que en cuanto a economía, había colocado a Edison en la cuerda floja. La única razón por la cual estaba aún solvente era la utilidad proveniente de la producción de películas y discos. Esa noche de diciembre resonó el grito “¡Fuego!” en toda la planta. Se había producido una combustión espontánea en el cuarto fílmico. En pocos minutos estuvieron en llamas todos  los compuestos que tenía envasados, el celuloide que tenía guardado para discos y películas y otros artículos inflamables. Llegaron bomberos de ocho pueblos circundantes, pero el calor era tan intenso y la presión del agua tan baja, que el intento de extinguir las llamas fue nulo. Todo fue destruido. Cuando el hijo no pudo hallar a su padre, se sintió preocupado. ¿Estaría a salvo? Ya que todas sus pertenencias se habían esfumado como en una exhalación, ¿estaría su espíritu quebrantado? Al fin y al cabo, Edison ya tenía 67 años de edad; no le quedaba edad para volver a comenzar. Luego, el  joven Edison vio a la distancia a su padre, que estaba en el patio de la planta y corría hacia él.”¿Dónde está tu mamá? -gritó el inventor-. ¡Ve, búscala, hijo! ¡Dile que se apresure y que traiga a sus amigos! ¡Nunca volverán a ver un incendio como éste!”A la mañana siguiente, mucho tiempo antes de amanecer, cuando apenas se había logrado controlar el fuego, Edison llamó a sus empleados, los reunió, e hizo un anuncio increíble: “¡Vamos a reconstruir!” A un hombre le dijo que tomara en alquiler todos los talleres mecánicos que hubiera en la zona. A otro le encomendó que consiguiera una grúa demoledora de la Compañía de Ferrocarriles Erie. Luego, casi como si fuera un pensamiento tardío, agregó: “De paso, ¿alguno de ustedes sabe dónde podemos conseguir algo de dinero? Posteriormente explicó: “Siempre podemos sacar un capital del desastre. Acabamos de limpiar un poco de desperdicios. Sobre las ruinas haremos una edificación mayor y mejor”. Poco después bostezó, dobló su chaqueta para que le sirviera de almohada, se acostó sobre una mesa, e inmediatamente se quedó dormido.” Esto se llama un  hombre que no le afecta el desánimo.

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