Enfermedades del ojos espiritual: Ver sin entender IV parte


En tercer lugar se desvincula del plan de Dios. Jesús les achaca  en los vrs. 19 y 20 a que reparen que el plan de Dios es su hijo, su obra y su actuar sobrenatural en el mundo. Es a irrupción del reino de Dios y del mesías siendo el pan espiritual, pero ellos desvincularon totalmente los hechos portentosos en el pasado con el plan de Dios en el presente de ello. Así que la sanidad de esta visión aparece con tres cosas: Un entendimiento del poder de  Dios. Mateo dice que Jesús” entendió”, supo los pensamientos de ellos antes de que hablaran. (Mateo 16:8). Esto es rescatar un Dios que sabe nuestros planes y hasta nuestros pensamientos más íntimos.  Jesús es Dios y no está desvinculado de nuestras reflexiones. Un enfrentamiento con la Palabra de Dios. El texto dice: “les dijo”. Eso significa que nuevamente debemos recuperar el mensaje de Dios y no nuestros propios mensajes. Un empoderamiento del pueblo de Dios. Me gustaría llamar la atención aquí  es el hecho de que se lo dijo a todo el grupo. Es decir el llamado de Dios es comunitario, es allí donde juntos como pueblo podemos escuchar a Dios. No es la obligación de uno solo, sino de todos nosotros escuchar a Dios. El pueblo de Dios debe ser empoderado para esa capacidad de escuchar a Dios. Uno de mis maestros hace una importante aportación acerca de la reforma que nuestras iglesias deben tener en esta generación. Vea lo que el dice:

“Los reformadores hablaron de una Iglesia Semper Reformanda, “siempre reformándose”. La vida humana está siempre transformándose. El mundo entero presenta siempre nuevos desafíos. Esto implica retos nuevos a la ética del cristiano. En términos teológicos, los elementos que orientan esa ética son el sentido de obligación moral que proviene de la distinción del bien y del mal y el sentido de responsabilidad.

Primero tenemos una obligación moral.  En cuanto a la obligación moral nace esta del carácter moral del Dios. Contrasta esto con los dioses paganos que eran caprichosos, a veces buenos, otras veces, malos, como sus adoradores. Podían engañar, mentir y esconderse de sus adoradores. Podían exigir a hombres y mujeres el servicio en templos de prostitución “sagrada”; también pedir que sus recién nacidos fuesen inmolados; de igual manera, mover al hombre a hacerse incisiones o cortes en la piel hasta sangrar profusamente. En todo esto, no había una norma propuesta por ellos para distinguir entre lo bueno y lo malo. De hecho, lo que las deidades exigían como “culto”, constituía una monstruosa destrucción del ser humano.  Ese es el aspecto revolucionario de la revelación divina. El carácter de Dios expresado en mandatos que protegen al ser humano. Esos mandatos que definen lo que es bueno y lo que es malo, constituyen en si mismos la protección de la vida, incitan a amar al prójimo, a ejercitar la compasión, a respetar el derecho ajeno, a hablar la verdad etc. Lo que suele tomarse como “criterios religiosos”, y verse sólo en función de Dios, pierde de vista algo central: que la razón por la cual Dios califica ciertas cosas como buenas es para proteger al ser humano; y que lo que es aborrecible a los ojos de Dios es lo que destruye al individuo y a la especie. Con esa instrucción convertida en conducta Dios protege al hombre y a la mujer.

En cuanto a la responsabilidad como el otro eje de la ética cristiana, en términos teológicos, se refiere a la respuesta total, de nuestra vida total, a la demanda total que Dios nos hace. Es una consecuencia de nuestra “creaturidad”. Dios nos ha hecho “personas” como él, y nos ha revestido de una dignidad infinita. El ser creaturas morales, creados a su imagen y semejanza, nos vincula a él de muchas maneras, especialmente, a buscar sus fines: derrotar en el mundo las cosas que a él le ofenden, así como avanzar aquellas que a él le agradan. Partiendo de ello, la responsabilidad es sobre todo un tema relacionado con las otras personas. Dios nos ha dado la capacidad de amar y a partir de ello nos pide proteger al débil y cuidar del prójimo. De modo que la idea del “pecado” no es sólo “teocéntrica” (centrada en Dios). Es también todo aquello que disminuye, reduce, menoscaba o destruye la vida y dignidad de otra u otras personas. Promover la justicia, la ley, el orden así como el trabajo y la paz, es un conjunto de tareas que redundan en cultivar la vida y convivencia pacífica y amorosa entre los hombres. Temas todos que facilitan buscar a Dios. Es tarea nuestra (responsabilidad), dar a conocer a Dios y predicar el mensaje de nuestra fe con su contenido ético y moral de respeto por el ser humano, a fin de transformar las actitudes e instituciones del país. Si la “buena nueva” de nuestra fe no ha tocado actitudes e instituciones es irresponsable creer que esta tierra ha sido tocada por el evangelio. La ausencia de cambios tan fundamentales en la vida y la cultura de los guatemaltecos, solo revela que Dios sigue siendo un desconocido.” (Artículo: La Biblia y la Necesidad de Reformar la Iglesia http://labibliayelmundomoderno.blogspot.com/).

Más adelante añade:

“Debemos repensar desde este fundamento tres ideas claves: Redescubrir el paradigma de Dios. Los hombres, las naciones y las instituciones sin Dios son enemigos de sus valores. Dios presenta su contracultura, su contra imaginación y su guión para normar la vida de cada ser humano. El llamado a obedecer a Dios se traduce a principios para la vida en donde el ser humano no puede desentenderse ni de Dios ni de su prójimo. La razón por la cual Dios califica muchas prácticas como buenas o santas es precisamente para proteger al ser humano; y aquellas prácticas que son aborrecibles a los ojos de Dios, lo son porque resultan en la destrucción del individuo y de la especie. Renovar la predicación. El reino de Dios, es el modelo constante para la llamada a la obediencia del pueblo de Dios, de las naciones y de los hombres y mujeres de Dios. El testimonio infalible de las Sagradas Escrituras del Antiguo y Nuevo Testamento es el marco del cual emerge nuestra predicación en torno a la transformación que Dios exige.  Replantear nuestra hermenéutica. La renovación de nuestra predicación pasa por la renovación de nuestra hermenéutica. Aceptamos como marco para estas reflexiones la iniciativa de Dios en darse a conocer al hombre; nuestro principio de Sola Scriptura es un pilar que hoy, como hace quinientos años, se propone una Iglesia Semper Reformanda. Si no renovamos nuestra hermenéutica y nuestros paradigmas en función de la revelación, seguiremos cometiendo los mismos errores de omisión y de comisión. (Ibíd.) El Señor intentó despertarles de este letargo espiritual: “¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oídos no oís?”. En realidad los discípulos no eran como los fariseos, ellos sí que tenían oídos para oír  (Mr 4:24), pero no los estaban usando adecuadamente. Así que la sensación que producían es que estaban sordos y ciegos. Eran como el sordo que Jesús curó (Marcos 7:31-37), y el ciego que estaba a punto de sanar (Mr 8:22- 26). Milagros los dos que reflejaban de alguna manera el estado espiritual de los discípulos y cómo el Señor iba obrando en ellos. Marcos cap. 8: 11 al 21 los fariseos piden señales. Jesús se niega a dárselas!!! (Verse 15) “cuídense de la levadura de los fariseos y la levadura de Herodes”

a)      La palabra “no entendéis”. Una visión reflexiva

¿Qué significa entender para Jesús? El contexto empieza a insinuarnos que, entender es agarrar el significado de las palabras y de las maravillas de Jesús y descubrir la verdad que contienen, pero muchos se quedaron con el pan a expensas de la verdad, no descubrieron en el pan la verdad, fueron al Pan por razones del pan pero no por razones del mensaje. Jesús quiere que en el Pan, encuentren no sólo el pan, sino que también encuentren la Verdad.  Ahora, si sus señales y maravillas no han producido fe en nosotros, para Jesús no hemos logrado entender todavía. En otras palabras, si después de una manifestación tan gloriosa como es la multiplicación de los panes y de los peces, todavía nos preocupamos por el pan, entonces no hemos agarrado el mensaje, definitivamente no hemos captado el mensaje que quiere impartir. Si nuestras preocupaciones después de captar la maravillosa presencia de Cristo en la vida, no han sido transformadas de la frivolidad a lo que de verdad importa, entonces no hemos entendido. Si todavía estamos preocupados por lo secundario, si estamos preocupados por el pan y no por la levadura de los fariseos y de Herodes, no hemos entendido. Si estamos preocupados por nuestras mezquindades domésticas y no por la  espiritualidad y del poder reinante que apabulla a este medio, a esta ciudad, a esta nación y a la historia, todavía no hemos entendido los grandes temas de la fe. Si como discípulos todavía estamos preocupados por ‘mi pan’, por ‘mi alza’, por ‘mi promoción’, por ‘la construcción de mi templo’ y no hemos logrado captar la levadura del fariseo y la de Herodes que nos rodea (la levadura del poder político que domina esta nación), entonces no hemos entendido la fe, así de sencillo.

¿Es posible que no hayamos entendido las dimensiones históricas y espirituales que vivimos en esta época? Pero nos desgastamos en aspectos superficiales y no profundos Por ejemplo Las guerras litúrgicas son algo común en la Iglesia evangélica.  Las controversias son variadas. ¿Cantamos sólo himnos o cantos contemporáneos? ¿Expresamos corporalmente nuestra alabanza o nos quedamos inexpresivos? ¿Cantamos con órgano o con instrumentos contemporáneos? ¿Usamos el himnario o proyectamos la letra en la pantalla?  La lista sigue y sigue.  Sin duda, la liturgia y la adoración están ligadas.  La liturgia expresa al detalle nuestras convicciones en el área de la adoración pública a Dios.  La liturgia nos ayuda a crear una identidad como comunidad y provee un camino conocido para dirigir la adoración comunitaria a nuestro Dios.  Pero en muchas iglesias, la liturgia ha llegado a ser el objeto de culto, desplazando al único que debe ser adorado.    Se nos olvida que adorar es dejar de darnos la gloria y dársela a Dios.  Es exaltar a Dios por su carácter y sus obras. Es abandonar nuestros ídolos y confiar en el Dios vivo y verdadero (ver Salmo 115).  Se nos olvida todo esto porque estamos concentrados en los detalles litúrgicos que muchas veces obedecen a mandamientos de hombres.  Las formas y los modos vienen a sustituir la esencia y el fondo.  Las preferencias personales se anteponen a lo establecido en la Escritura. La tradición humana se prefiere a la libertad que otorga la Palabra de Dios. Debemos ser cuidadosos con la liturgia, pero nunca anteponerla a la adoración.  Dentro del marco establecido por la Biblia, los detalles litúrgicos pueden variar de acuerdo al contexto, la cultura, las generaciones, pero la adoración al Dios vivo y verdadero siempre debe ser la misma y nuestra prioridad. Muchas de las guerras litúrgicas se acabarían si tuviéramos un claro entendimiento de la adoración bíblica y el lugar de la tradición litúrgica de nuestra iglesia.

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Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

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