¿El poder o la presencia de Dios?


Me ha llamado la atención que en un mismo libro de la Biblia -en este caso, Mateo- se narren dos episodios tan parecidos en el ministerio del Señor Jesús sobre la tierra. Juan nos dice que el Señor hizo muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales -si se escribieran una por una- ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir. Habiendo tantas cosas que el Señor realizó y que se podían haber escrito, ¿por qué hay dos episodios tan parecidos, que casi son una repetición el uno del otro? Quisiera que tuviéramos en mente ambos episodios, que pudiéramos compararlos y extraer de ellos algunas enseñanzas. En realidad son dos episodios parecidos pero diferentes. En el episodio del capítulo 8, vemos que el Señor iba en la barca con sus discípulos cuando se desata la tempestad. El Señor duerme, ellos se asustan, lo despiertan y piden ayuda. El Señor se levanta, reprende a los vientos y al mar, se hace una gran bonanza y los discípulos quedan maravillados, preguntándose: “¿Qué hombre es éste, que aún los vientos y el mar le obedecen?”. En el segundo episodio, en cambio, el Señor no está con ellos cuando se desata la tempestad. Están solos. Y hay otra diferencia notable: cuando el Señor se acerca caminando sobre las aguas, era la cuarta vigilia de la noche. Esto indica que el tiempo que ellos estuvieron en la barca azotados por la tempestad fue bastante prolongado. Ese día el Señor había multiplicado los panes y los peces, la gente había comido, se había saciado, y estaba tan maravillados por el milagro que habían querido hacerle rey (Juan 6:14-15). Entonces, él apresuradamente les dice a los discípulos que suban a la barca y vayan a la otra ribera, mientras él va al monte. La cuarta vigilia de la noche era la última, entre las tres y las seis de la mañana. De manera que la travesía, desde el anochecer hasta casi el amanecer, con esa tempestad terrible, fue aún más traumática que la primera. En la primera, el Señor iba con ellos, en cambio ahora no estaba con ellos. En la primera, una vez que se desató la tempestad, los discípulos despertaron al Señor, él acalló el viento, y se produjo la paz. Aquí, en cambio, pasan horas y horas en verdadera agonía. El Señor no estaba con ellos.  Muchas veces el creyente se ve como esa barca siendo azotada por las olas en el mar tempestuoso.  ¿Qué nos sugieren entonces estas dos travesías? Cuando nosotros comenzamos a caminar con el Señor, las tempestades que vienen todavía son pequeñas, y él, sabiendo nuestra debilidad, conociendo nuestra flaqueza, se asegura de estar allí a mano, de tal manera que apenas nosotros lo despertamos para que nos socorra, él se levanta y con su voz imperativa acalla la tempestad y se produce la bonanza. ¡Cuántas veces lo hemos vivido así!

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: