Las nubes grises también forman parte del paisaje… II parte


II.                    La segunda lucha es:  es confundir  existencia con influencia

 Debemos entender que Dios mide nuestro tiempo de una manera totalmente diferente a la que nosotros lo medimos. Moisés fue criado en Egipto, en toda la grandeza de la cultura egipcia. Sin duda que allí había formas de medir el tiempo: relojes, calendario. Pero una de las cosas principales que nosotros tenemos que entender cuando se trata de medir y contar nuestros días es que la forma como los hombres cuentan los días es muy distinta a la forma como Dios lo hace. Veamos dos ejemplos, muy reales.  Consejo para esta lucha: Mi vida solo tiene impacto si soy hijo de Dios.

A.     Los días según la generación de Caín

Les invito a que miremos en Génesis capítulos 4 y 5. Génesis 4:17 nos habla acerca de Caín. Caín fue el primer hijo de Adán y Eva, que mató a su hermano Abel. Y en este capítulo se nos da la descendencia de Caín. En los versículos 17 y 18 dice: “Y conoció Caín a su mujer, la cual concibió y dio a luz a Enoc; y edificó una ciudad, y llamó el nombre de la ciudad del nombre de su hijo, Enoc. Y a Enoc le nació Irad, e Irad engendró a Mehujael, y Mehujael engendró a Metusael, y Metusael engendró a Lamec”. Es interesante observar que cuando se habla acerca de los descendientes de Caín no se dice la edad de ellos, ni la edad en que engendraron a sus hijos, ni la edad en que murieron. ¿Por qué? Los descendientes de Caín no tienen años como para ser considerados delante de Dios. Su historia no cuenta delante de Dios. Los hijos de Caín representan a los hombres que nunca han nacido de nuevo, a los hombres que no tienen a Dios. Ellos no tienen una historia delante de Dios; están muertos. Dice la Escritura que por causa del pecado entró la muerte, y la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron. Por lo tanto, la condición de un hombre sin Cristo es la condición de Caín y sus herederos. Ellos no tienen una historia espiritual. No se sabe a qué edad nacieron de nuevo, porque nunca han nacido de nuevo; nunca se dice cuándo han engendrado un hijo espiritual, porque nunca lo han engendrado. Ellos no tienen una historia. Para Dios, no existe una historia en los descendientes de Caín.

B.      Los días según la generación de Set

En cambio, cuando leemos el capítulo 5, encontramos un panorama distinto. Aquí se nos muestra la descendencia de Set, el tercer hijo de Adán y Eva, que vino a reemplazar a Abel, que había sido muerto. Desde el versículo 3 encontramos la descendencia de Adán por la línea de Set: “Y vivió Adán ciento treinta años, y engendró un hijo a su semejanza, conforme a su imagen, y llamó su nombre Set. Y fueron los días de Adán después que engendró a Set, ochocientos años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días que vivió Adán novecientos treinta años; y murió. Y vivió Set ciento cinco años, y engendró a Enós. Y vivió Set, después que engendró a Henos, ochocientos siete años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Set novecientos doce años; y murió”. Si seguimos leyendo, vamos a encontrar el mismo orden respecto a cada uno de estos patriarcas: se da primero su edad hasta cuando tienen el primer hijo; luego del primer hijo, cuántos años vivieron, y después, a los cuántos años murieron. La forma de relatar la descendencia de Caín es distinta a la forma de relatar la descendencia de Set. Distinto es con los hijos de Set. Desde Adán en adelante, hasta el último de estos grandes patriarcas, se nos muestra rigurosamente a qué edad engendraron un hijo, y cuántos años vivieron. La historia de ellos cuenta, está escrita en los libros de los cielos, en los registros celestiales. Set fue el sustituto de Abel. Y esto nos habla de este nuevo hombre que viene a nacer en Cristo Jesús. Nosotros, los que creemos en Cristo, hemos nacido de nuevo. Aunque Abel -el antiguo hombre- murió, hay un Set, hay un nuevo hombre, dentro de nosotros. Y este nuevo hombre espiritual puede engendrar hijos espirituales, y también -al igual que Enoc- va a ser trasladado un día para estar para siempre con el Señor. Dos genealogías diferentes, que nos muestran esta terrible realidad. Los descendientes de Caín, es decir, los hombres sin Cristo, no tienen una historia delante de Dios. Ellos pueden trabajar, pueden hacer planes, pueden acumular riquezas. Ellos pueden emprender grandes negocios, pueden amasar una fortuna en la tierra. Sin embargo, no tienen historia para Dios. El día que ellos vuelvan al polvo -porque de allí fueron tomados- nunca van a tener más opción de que sus nombres estén escritos en el libro de los cielos.

III.                  Tercera lucha: Creer que la existencia terrenal con existencia espiritual

Si vamos a Éxodo 12:2, encontramos un interesante principio espiritual. Dice: “Este mes os será principio de los meses; para vosotros será éste el primero en los meses del año”. Aquí se está hablando del pueblo de Israel. Israel ha estado en Egipto por muchos años, esclavizado bajo el poder de Faraón. Y nosotros sabemos que Israel en Egipto es el hombre subyugado por el poder del diablo; es el hombre en el mundo, el hombre esclavizado. Pero he aquí la realidad gloriosa de los hijos de Dios. Llega un día en que Dios saca a los suyos de Egipto, en que Dios nos liberta del mundo. Y, ¿cuándo comienza, entonces, la historia de un hijo de Dios? Comienza el día en que nos apropiamos de la preciosa sangre de Jesús, el Cordero pascual. Ese día, nosotros nacemos de nuevo, y ese día, para nosotros, comienza nuestra vida. Por eso dice: “este mes”. “El mes de vuestra liberación, el mes en que yo los saco a ustedes de Egipto, el mes en que ustedes comerán la pascua, el mes y el día en que ustedes tomarán la sangre y la van a poner sobre la puerta de su casa; ese día será el comienzo de su vida. Desde ese día, ustedes van a comenzar a contar el año”. No importa que en ese momento hubiese sido septiembre. “No, a partir de ahora, va a ser enero para ustedes. Todo lo que quedó atrás, no importa. Eso no está registrado, eso está ignorado en los registros celestiales. Vuestra historia comienza aquí”. Amados hermanos, nuestra historia para Dios, esa que cuenta en los libros celestiales, comenzó el día cuando fuimos recibidos por Cristo. ¡Precioso día aquél! ¡Preciosa sangre la del Cordero pascual, con la cual nosotros hemos sido limpiados de nuestros pecados para siempre! ¿Por qué podemos alabarle así? ¿Por qué podemos adorarle así? ¿Por qué podemos proyectarnos en el espíritu para tocar a Aquel que está sentado en el trono? Porque hubo un día en que nosotros nacimos de nuevo. Ahí comenzó nuestra historia. ¡Bendita historia! ¿Tiene usted una historia espiritual? ¿Ha nacido de nuevo? ¿Ha vivido usted su éxodo, su salida de Egipto? ¿Ha sido rociado por la preciosa sangre de Jesús? ¿Ha comenzado este nuevo año, este año agradable de la buena voluntad de Dios? Una pregunta más específica: ¿Cuántos nacimientos tiene usted? Si usted tiene un solo nacimiento, si usted nació sólo de carne y sangre, si nació sólo de su padre y de su madre, entonces usted no tiene historia delante de Dios. ¡Es necesario nacer dos veces! ¡Es necesario nacer de lo alto! El Señor le dijo a Nicodemo: “Os es necesario nacer de nuevo” (Juan 3:7). Porque lo que es nacido de la carne, carne es, y eso va al polvo, y eso desaparece, y no tiene trascendencia eterna. Pero bendita es la vida de Dios, que se nos ha metido en nuestros huesos. Nosotros hemos nacido dos veces; por tanto, moriremos una sola vez. Morirá nuestra carne, pero nuestro espíritu vivirá para siempre. En cambio, los que han nacido sólo una vez, ¡morirán dos veces! Morirán en este cuerpo, y morirán también en la condenación eterna. ¿Cuántos nacimientos tenemos? Son necesarios dos. Bendito sea el Señor, que nos ha agraciado. Sin embargo, no es porque seamos mejores que otros. No es porque hayamos cumplido una lista de méritos. Es porque la gracia de Dios nos ha alcanzado. Es porque un día nosotros estábamos sumidos, es porque un día nosotros estábamos oprimidos, y clamamos al Dios de los cielos, y él se nos manifestó, y él se nos reveló en la persona de Jesucristo. Oh, no es de los sabios, no es de los poderosos. Es de los que claman, es de los que gimen, ¡es de los que piden misericordia! ¿Ha venido usted hoy necesitado? ¿Ve usted en la condición en que se encuentra? ¿Está engrosando usted la descendencia de Caín, éstos cuya historia no cuenta, éstos cuyos años están ignorados para Dios, estos cuyas acciones por muy grandes que sean no les servirán de nada a la hora de ver los registros en los cielos o de dar cuenta a Dios? ¿Cómo cuenta el Señor los días del hombre? Los días del hombre cuentan para Dios desde el día en que ellos nacen de nuevo, en que ellos experimentan su pascua, la cual es Cristo y su sangre derramada en la cruz del Calvario. Los demás no tienen historia.

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Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

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