La jactancia Étnica en los hombres de maíz


He estado reflexionando acerca de los juegos olímpicos o cuando hay eventos mundiales  de deportes. Una cosa que me hace gracia es que conozco personas que optan por determinada nación porque según ellos tienen algo de la nación que siguen, y son puros hombres de maíz.  Me resulta  divertido y enigmático (a veces chocante, porque no decirlo) que haya personas que saquen cuentas de su ascendencia étnica. No es raro escuchar: “yo soy 25% alemán, 12,5 irlandés, 50% italiano y 12,5% noruego.” Entonces, cuando levantan la voz injustificadamente es porque se les salió el italiano, cuando hacen algo innovador es su alemán en ellos, cuando andan enojados es por culpa del irlandés, y así sucesivamente. El asunto es enigmático porque en nuestras tierras eso en general no se ve, y divertido porque es curioso que alguien se vea a sí mismo compartamentalizado de esa forma. Creo que en estos casos que conozco es más difícil ponerle porcentajes a la genealogía (y tal vez no me  interesa), pero es común que en conversaciones entre familiares y amigos salga a relucir el abuelo español, la tatarabuela italiana, el abuelo alemán. El apellido importa por su origen y porque sirve para explicar principalmente nuestra fisonomía y lo que de ésta consideramos en alguna manera “favorable” (lo claro y lo liso). Igualmente, alguien con nuestro apellido será pariente dependiendo si es rico, si es famoso; o no lo será si es un delincuente, si es pobre. En fin, valoramos esas cosas y las exhibimos para enorgullecernos o para justificar acciones (¿injustificadas?); o las tapamos porque nos avergüenzan y nos sentimos tal vez mal al vernos sin pedigrí (sobre todo si no es europeo).  Hay incluso familias que no permiten que sus hijos con apellidos extranjeros se vayan a vincular con apellidos autóctonos. Eso sería como perder el caché (o pedigrí quizás?)Cuando pienso en el cristianismo nos  llevamos  una gran sorpresa cuando descubre lo poco glamorosa que es la cuna de Jesús. En realidad, si pensamos en lo que nosotros tendemos a valorar y en el imaginario colectivo que tenemos de los judíos, la genealogía de Jesús es más bien vergonzosa. No toda, probablemente, pero hay unas figuras que sinceramente. . . Tal vez Mateo (1:1–15) debió haberla maquillado un poco. Pero Dios es así y gracias a Dios por su sentido del humor.  La genealogía en Mt. 1 establece la legitimidad de Jesús como Mesías judío por ser parte del linaje de David y de Abraham. Pero para hacerlo, Mateo incluye personajes cuyo pedigrí y genealogía no son tan “legítimos.” Y no lo son, no porque no lo sean, sino porque con frecuencia los cristianos pretendemos ser más “bíblicos” que la misma Biblia y creamos leyendas (urbanas y rurales) que no se ajustan al relato bíblico. En la genealogía de Jesús aparecen cinco mujeres: Tamar, Rahab, Rut, Betsabé y María. De todas hubo sospechas por algún tipo de “irregularidad marital.”Justificadas o no, pero hubo sospechas. Además, las cuatro primeras no son de origen israelita/judío. Sin embargo, todas gozaron de la bendición de Dios y todas son dignas de pertenecer a la genealogía del Mesías. Así que, si de porcentajes étnicos se trataba, Jesús hubiera tenido que hablar de ancestros moabitas, hititas y cananeos. Un autor bíblico  dice que el énfasis no está en las mujeres en sí, sino en las cuatro conocidas historias del Antiguo Testamento que ellas encarnan. Sí, pero esto es precisamente la que le resulta problemático al purista étnico.  Bueno, y en últimas, ¿qué hacen estas mujeres allí? Las cuatro representan la teología bíblica de la inclusión de todos los pueblos, cosa que no es novedad en el Nuevo Testamento. En términos bíblicos, no se es parte del pueblo de Dios por la etnia, sino por la fe en Dios, la cual en incontables ocasiones el mismo “pueblo de Dios” no tiene. La etnia no importa, el pasado tampoco; quiénes son los padres y cuáles fueron las circunstancias de la concepción de un individuo son todas indiferentes para Dios. Si el Mesías puede venir de una genealogía así, también puede ser el redentor de toda clase de personas, aún de los que tengan un pasado “cuestionable.” Y esto es parte fundamental de la agenda teológica de los evangelistas. En conclusión, en la historia de la salvación se participa por la fe y por la gracia, no por lo glamoroso de la cuna. La base sobre la cual se construye la identidad del pueblo de Dios en la Biblia no es étnica, ni geográfica, ni lingüística, ni religiosa, sino teológica, fundamentada en la fe en Dios. Así hace Mateo teología con una genealogía. Así que los nacionales que se jactan de su ancestro europeo, bien deberían entender que no es nada ante la genealogía de Jesús en nuestras vidas, y si alguno se ha sentido ofendido perdóneme pero se debe a lo español que heredé de mi abuelo. De alguna manera debía hacerles ver mi pedigrí ¿No creen? Jajaja.

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