Como reclutar gente comprometida II parte


I.      Las presuposiciones erradas al reclutar gente comprometida. (Jueces 6:33; 7:1-2)

Hablemos de los ministerios familiares. Comencemos por el vrs. 33 del capítulo 6 de Jueces. Allí dice: “Entonces el Espíritu de Jehová vino sobre Gedeón, y cuando este tocó  el cuerno, los abiezeritas se reunieron con él”. En primer lugar  asumir que la familia automáticamente está comprometida con el ministerio. Se debe notar que los abiezeritas eran de la familia de Gedeón. Es obvio que los que acudieron al llamado fueron inmediatamente sus parientes. Me imagino que había un compromiso familiar, que era más fuerte que el compromiso con la causa de Dios.  He visto que este error es muy común en el ministerio. Hay fundadores que tuvieron un llamado especial en una determinada iglesia y luego sus hijos son puestos (impuestos) sólo porque se asume que el compromiso del padre es el de la familia. Y muchos de estos familiares están allí perseverando e incluso sirviendo a la sombra de un familiar, pero no tienen un carácter personal ni entrega a Dios, y mucho menos están comprometidos con la misión de la iglesia. Lo he visto con pastores a los cuales se les presiona a que sus esposas de facto sean pastoras. Y asumen porque el esposo es pastor ella es pastora. Sin embargo muchas de ellas no sólo no quieren ese título sino que aborrecen ese tipo de trabajo. Una cosa típica en este país en el Salvador (sospecho que no sólo aquí) es la famosa tendencia de los gurús del evangelio (y sus mega iglesias) a dejar de herencia sus imperios a sus siguientes generaciones familiares no porque Dios los ha llamado sino porque su imperio, que tanto les ha costado es un imperio familiar que debe quedar en manos de sus herederos. Usted verá en esas iglesias como los juniors ahora son portavoces del eterno no porque tengan un llamamiento (pienso que más de alguno quizás Dios si lo ha llamado) sino porque como sus padres son los dueños, la gente asume que se le debe reconocimiento de ministro.

Hablemos de los ministerios  de éxito. La segunda presuposición errada es   pensar gran cantidad  involucrada en el ministerio es señal de mover de Dios.

El pasaje dice en el vrs. 3 del capítulo 7 que la gente que Gedeón logró reunir fueron 32 mil hombres. Pero nunca dice que Dios le diera una orden de que juntara al pueblo. Pero ¿Quién no estaría alegre de tener una congregación de 35000 apuntados para echarle ganas en la iglesia? Muchos asumiríamos que Dios está de tras de eso. No se supone que mientras más estén involucrados, más es el mover y avivamiento de una iglesia? Hay una tendencia entre los siervos de Dios,  que cuando Dios los  llama ” para un propósito definido, muchos salen a “buscar” quien los “apoye”. Este es un común y grave error en los hijos del pueblo de Dios. Esto ocurre nada más que por la falta de conocimiento de Dios y falta de comunión con Dios. Cuando alguien recibe una misión, Dios dirá exactamente qué hacer, cómo hacer, dónde hacer y con quién hacer…. si Dios no habla, entonces hay que esperar, orar más y buscar la guía del Espíritu Santo. El que se impaciente, se equivocará, no estará actuando espiritualmente sino carnalmente (por sus instintos humanos) o emocionalmente (por el deseo de su alma).  En todas las cosas buenas y malas, pequeñas y grandes Dios prueba nuestra fidelidad y nos hace ver lo que hay en nuestros propios corazones.  El hombre necesita entender que para que Dios lo use, él debe dejarse usar. Dios dispone las personas que van a estar juntos en la tarea, lo que hay que hacer es orar que Dios nos muestre quienes son, y cuando recibimos nombres y caras, pedimos confirmación, como hizo Gedeón en cada situación. No debemos “confiar” en la primera oportunidad ni en los candidatos que aparecen, porque también será un gran error. Satanás coloca sus “ayudantes” en nuestro camino disfrazados de “luz” y se comportan como los mejores, pero Dios tampoco los mandó. Nadie que sale a buscar “seguidores” le irá bien, si Dios no lo mandó. Nadie que se apresure a elegir sus “ayudantes” le irá bien si Dios no lo confirma. Seguramente se meterá con personas que después le causen problemas. Dios mismo siempre nos coloca en gracia delante de los hombres, y donde estemos habrá personas con corazón dispuesto a apoyarnos y respaldarnos con sus acciones, sus recursos y su oración. El problema que muchas veces enfrentamos los pastores cuando llegamos a una iglesia es que de por sí ya nos imponen las personas que deberán estar con nosotros en el ministerio. Y muchas veces no han sido las mejores o las de mejor carácter. Aunque siempre encontramos buenas personas también.

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