Rompiendo esquemas espirituales II parte


Primera analogía: El muro, nuestra “fortaleza” mental

Cuando el Espíritu de Dios intenta comunicarnos su verdad (información bíblica sobre el servicio, por ejemplo), él tropieza con nuestro “muro”, nuestra actitud mental general, la conformación natural de nuestra mente. Para algunos, tal muro es el prejuicio. Para otros, una limitada manera de pensar o una mentalidad negativa. Sea lo que fuere, es una inmensa barrera mental que se resiste a la penetración divina de manera tan firme como un inmenso muro de piedra resistía en aquel tiempo a las tropas invasoras. Todos nosotros tenemos nuestras  fortalezas. Y ocasionalmente nos volvemos detestables por completo, cuando operamos bajo el control de nuestras “fortalezas” amuralladas.

Segunda analogía: Los guardias, nuestros “argumentos” 

Junto con las fortalezas que son como muros, tenemos los argumentos naturales humanistas, que dan al muro una fortaleza adicional: mecanismos de defensa, explicación racional y otros patrones de pensamiento que nos son habituales. En Romanos 2:15 leemos acerca de dos de esos guardias: acusar y defender.  Una autoridad digna de confianza declara que el término griego que se tradujo “argumentos” sugiere “el pensar en acciones como resultado del veredicto de la conciencia”. Cuando Dios empuja su verdad para que entre en nuestras mentes (a renovarlas), ¡nuestro reflejo habitual “guarda” la entrada de tan extraños pensamientos! Esto explica por qué se produce, a menudo, una batalla cuando se introduce la verdad bíblica en una mente que ha estado amurallada y guardada durante años por el pensamiento secular. Defendemos lo antiguo, en vez de considerar lo nuevo y aceptarlo. Así son nuestros “argumentos”. Montan guardia contra el cambio, hacen que demos explicaciones racionales y justifiquemos nuestras acciones.

Tercera analogía: Nuestras “altiveces” 

 Acompañando a la resistencia de nuestros muros internos y de los guardias están las “altiveces”, las cuales refuerzan nuestro sistema de defensa desde adentro. La altivez se refiere a algo que se eleva o se exalta. ¿Qué llega a su mente ahora mismo? ¿Qué diremos del orgullo? Y ahí están las cosas que fomenta el orgullo: discusión, un espíritu indócil, terquedad y la negación al cambio. Cuando se declaran los principios de la Escritura, nuestras mentes naturales, no renovadas, no sólo las resisten, sino que preguntan: “¿Quién los necesita?”, o: “Hasta ahora he marchado bien”. La altivez “se levanta contra el conocimiento de Dios”, dice Pablo (2 Corintios 10:5).

Cuarta analogía: Los hombres de astucia militar, nuestros  “pensamientos” 

Junto con los muros mentales de resistencia habitual, los argumentos humanistas que les dan fortaleza y las reacciones de altivez que mantienen alejadas las verdades bíblicas, están los pensamientos reales, las técnicas, los artificios que empleamos para alejar la Palabra de Dios y sus impulsos. Por ejemplo, se nos ha formado el hábito de vengarnos, en vez de pasar por alto el mal que se nos hace. Así que cuando nos encontramos con una instrucción bíblica que nos sugiere una alternativa, decimos:“ ¡De ningún modo!” Cuando el consejo de Dios nos anima a ser generosos, a entregar en vez de guardar, podemos pensar en una media docena de razones por las cuales eso no funcionaría. Escomo si tuviéramos una mentalidad dominada por la “Ley de Murphy”, que está dispuesta a entrar de inmediato en acción. Esto nos impide que decidamos a favor de Dios. Un punto importante que no quiero que usted pierda es el hecho de que realmente no tenemos ninguna clase de razones para continuar sirviendo a nuestra mentalidad secular. Hemos sido libertados. ¡Gloriosamente libertados! Antes de ser salvos, no teníamos esperanza. Éramos víctimas de todos los impulsos y defensas que había dentro de nosotros. Pero en la cruz, nuestro Salvador y Señor derrotó al enemigo. El dijo: “Consumado es”. ¡Y consumado quedó!  Ya el pecado no reina como vencedor Pero, como usted ve, nuestra vieja naturaleza no quiere que creamos eso. Se resiste a toda clase de mensaje que nos pueda libertar. Toda información sobre la renovación de la mente debe ser silenciada. Eso es lo que ordena el viejo hombre que está dentro de nosotros. Y con todo esfuerzo, levanta un muro, establece guardias, torres y pensamientos que alejan todos los impulsos de esa clase. ¿Y se da usted cuenta de que nuestra vieja naturaleza es laque más resiste? Eso se nos revela en el versículo 5 de 2 Corintios10: “. . . llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”. Cuando eso ocurre, funciona a plenitud la mente renovada… ¡y eso es maravilloso! En ese momento, el servicio no es fastidioso ni nada a lo cual haya que temer. Fluye libremente. Lea usted el siguiente relato ficticio. Le ayudará a comprender la victoria de la mente renovada: Piense como si usted viviera en un apartamento. Usted vive allí bajo las órdenes de un propietario que ha hecho que su vida sea desdichada. Él le cobra un alquiler exorbitante. Cuando usted no puede pagar, él le concede un crédito por el cual usted tiene que pagar un aterrador interés, con lo cual él logra que usted esté más endeudado con él. El entra en el apartamento de usted sin pedir permiso, a cualquier hora del día o de la noche, echa a perder y ensucia todo el lugar, y luego le cobra a usted una cuota extra por no mantener bien el local. La vida de usted es, pues, desdichada. Luego viene alguien que le dice: “He comprado este edificio de apartamentos. Usted puede vivir en este apartamento, sin pagar nada hasta cuando lo desee. El alquiler ya está pagado. Yo voy a vivir aquí en el edificio, en el apartamento destinado al administrador del condominio”. ¡Qué alegría! ¡Usted se ha salvado! ¡Se ha librado de las garras del antiguo propietario! ¿Pero qué sucede? Que a usted casi no le queda tiempo para regocijarse en la libertad nueva que acaba de hallar, pues alguien toca a la puerta. ¡Y ahí está el antiguo propietario! Indignado con mirada ceñuda y exigente como siempre, dice que ha venido a cobrar el alquiler. ¿Qué hace usted, lector, en este caso? ¿Le paga? ¡Claro que no! ¿Sale y le da un golpe en la nariz? ¡No, él es más fuerte que usted! Usted le dice con toda confianza: “Usted tendrá que entenderse con el nuevo propietario”. El puede rugir, amenazar, tratar de sonsacar algo por medio de halagos y persuadir. Pero usted le dice con toda serenidad: “Entiéndase con el nuevo propietario”. Si él vuelve una docena de veces, con toda clase de amenazas y argumentos, sacudiendo en su cara documentos legales, usted simplemente le dice una vez más: “Entiéndase con el nuevo propietario”. Al fin, él tiene que hacerlo. Él lo sabe también. Sólo que él espera poder intimidarlo, amenazarlo y engañarlo para que dude de que el nuevo propietario es realmente capaz de hacerse cargo de las  cosas. Ahora bien, ésta es la situación del cristiano. Tan prontocomo Cristo lo ha libertado del poder del pecado y del diablo, usted puede confiar en ello: ese antiguo propietario pronto regresará a tocar a su puerta. ¿Y cuál es su defensa? ¿Cómo impide que él vuelva a levantar la mano del látigo contra usted? Pues lo envía a que se entienda con el nuevo propietario. Lo envía a que se entienda con Jesús. Cuando Jesucristo verdaderamente se encarga de nuestras mentes, y lleva todo pensamiento cautivo a él, llegamos a ser espiritualmente invencibles. Es entonces cuando operamos con poder sobrenatural. Es entonces cuando andamos bajo el completo control de Dios. Cuando la verdad de Dios penetra, y desplaza las barreras mentales, recibimos varios beneficios muy emocionantes. De hecho, hallo que Pablo menciona dos de ellos aquí mismo en2 Corintios 10: el poder divino (versículo 4) y una auténtica independencia (versículos 11, 12).Recibimos la clara impresión, mientras leemos estos versículos, de que nada en esta tierra puede intimidarnos. La traducción Lenguaje Popular  ayuda a aclarar la capacidad sobrenatural de la mente renovada: Porque aunque vivimos en el mundo, no libramos la guerra como el mundo. Las armas con que peleamos no son las armas del mundo. Por el contrario, tienen poder divino para demoler fortalezas. Demolemos argumentos y toda pretensión que se levanta contra el conocimiento de Dios, y tomamos cautivo todo pensamiento para hacerlo obediente a Cristo (2 Corintios 10:35).  Poder divino ¿Comprendió usted la realidad del poder divino en el versículo? Los siervos que tienen mentes renovadas tienen una perspectiva de la vida y un poder para vivir que son absolutamente únicos: divinamente capacitados. Eso explica cómo se puede perdonar el mal que se nos haga, y cómo pueden olvidarse las ofensas, y cómo pueden perseguirse los objetivos día tras día, sin abandonarlos. Eso es lo que hace el poder divino. Dios promete que él derramará su poder en nosotros (Filipenses 4:13), y suplirá todo lo que necesitemos, si simplemente operamos bajo su control pleno. Cuando pensamos correctamente, al instante comenzamos a responder correctamente. ¿Cómo podemos “demoler” aquellas cosas que antes nos dominaban? Lo podemos hacer por el hecho de que Cristo manifiesta su vida a través de nosotros. Por su poder, podemos entregarnos, y entregarnos, y entregarnos. Y no le tendremos temor al resultado. Ni siquiera nos sentiremos menospreciados cuando no obtenemos el mismo trato que damos. Siervos, recuerden ustedes que no deben llevar cuentas. El pequeño Jorge era un joven tímido y quieto. Un día llegó a casa y le dijo a su madre que a él le gustaría enviar una tarjeta con motivo del día de San Valentín a todos los de su clase. El ánimo de ella decayó. Ella pensó: “¡Me gustaría que no hiciera eso!” porque había observado a los niños cuando regresaban de la escuela al hogar. Chad siempre estaba detrás de ellos. Ellos se reían, se colgaban el uno del otro y hablaban unos con otros. Pero nunca incluían a Jorge. Sin embargo, ella decidió que respaldaría a su hijo. Así que compró el papel y goma y lápices de colores. Durante tres semanas completas, noche tras noche, Jorge hizo con dificultad 35 tarjetas de San Valentín.¡ Amaneció el día de San Valentín, y Jorge estaba sumamente emocionado! Cuidadosamente las amontonó, las colocó en una bolsita, abrió la puerta y se marchó. Su madre decidió hacer algunas de sus galletas favoritas, y servírselas calientes y bien presentadas con un vaso de leche fría cuando él regresara de la escuela. Ella estaba segura de que él regresaría desanimado…  tal vez así le aliviaría un poco el dolor. A ella le preocupaba el pensar que él no recibiría muchas tarjetas, tal vez ninguna. Esa tarde, ella tenía listas sobre la mesa las galletas y la leche. Cuando oyó que pasaban afuera los niños, echó una mirada por la ventana. Ciertamente, iban pasando, riéndose y divirtiéndose de lo mejor. Y, como siempre, Jorge iba detrás de todos. El caminaba un poco más rápido que de costumbre. Ella tenía la plena seguridad de que el muchacho rompería a llorar tan pronto como entrara. Notó que él traía los brazos vacíos, y cuando se abrió la puerta, ella contuvo las lágrimas. —Te tengo unas galletitas calientes con leche. Pero él casi no oyó las palabras de ella. Entró marchando con la cara radiante, y sólo pudo decir: —Ni uno solo… ni uno solo. Ella se afligió. Luego el muchacho agregó: — ¡No olvidé a ninguno, ni a uno solo!  Así sucede cuando Dios controla la mente del siervo. Comprendemos como nunca antes que el gozo más grande de la vida consiste en dar el amor de él. Este pensamiento nos trae a lamente el siguiente dicho: No es canción hasta que se cante. No es campana hasta que resuene. ¡No es amor hasta que se entregue!   Veamos lo que nos dice 2 Corintios 10:11,12: Esto tenga en cuenta tal persona, que así como somos en la palabra por cartas, estando ausentes, lo seremos también en hechos, estando presentes. Porque no nos atrevemos a contarnos ni a compararnos con algunos que se alaban a sí mismos; pero ellos, midiéndose a sí mismos por sí mismos, y comparándose consigo mismos, no son juiciosos. ¿No es esto animador? Nada de máscaras de hipocresía. No hay máscaras para competir con otros creyentes en Cristo, ni siquiera caer en la trampa de compararse con otros. Todo esto les viene a aquellos que tienen una mente renovada… los que deciden permitir que el Espíritu de Dios invada todos los muros y torres, y capture a los guardias que lo han mantenido alejado durante tantos años. No puedo recordar la fecha precisa cuando estas verdades comenzaron a ocupar su lugar correspondiente para mí, pero claramente recuerdo que comenzó a producirse un cambio en lo profundo de mí. Mi cruel tendencia a competir con los demás comenzó a disminuir. Mi insegura necesidad de ganar siempre  también comenzó a desvanecerse. Cada vez me fui interesando menos en compararme con otros predicadores y pastores. Esa reciente y saludable independencia me libró para ser yo, no una mezcla de lo que yo pensaba que otros esperaban que yo fuera. Y ahora, mi corazón siente compasión por otros individuos cuando veo en ellos aquel “síndrome de comparación” que produce desdicha, el cual me mantuvo en sus garras durante muchos años. Esta identidad independiente no comenzó a formarse hasta que comencé a pensar bíblicamente. ¿No le gustaría a usted vivir con ánimo a pesar de los obstáculos? ¿No le parece emocionante estar divinamente dotado de poder para la vida diaria? ¿No se afana por llegar a ser auténticamente independiente en este día de estilos remendados y de horrenda presión de los semejantes? ¡Por supuesto! Todo esto comienza en la mente. Volvamos a repetirlo una vez más: El pensamiento correcto siempre precede a la acción correcta. Esa es la razón por la cual se hace hincapié en todo este escrito  en la importancia de la renovación de la mente. Realmente es imposible entender el concepto de servir a otros, o de hacerlo con regocijo y sin temor, hasta que nuestras mentes se libren del molde del mundo y sean transformadas por el poder del Señor. Se comenzó este escrito  con la advertencia de no caer bajo el hechizo de dejar que un  gurú controle nuestra mente. Confío que no haya mala comprensión con respecto a mi posición en lo que se refiere al concepto torcido de explotar a otros, y de llamar a esa explotación servicio. Siento la necesidad, sin embargo, de terminar  con otra advertencia. Esta no va contra la posibilidad de que usted llegue a ser víctima de una personalidad fuerte. . . sino contra cualquiera que pudiera “usar” a otros para lograr sus propios propósitos. ¡Cuán fácil es estimular el espíritu de servicio a fin de que otros nos sirvan! No fue así como anduvo nuestro Maestro, ni nosotros debemos andar de esa manera. Admiro la sinceridad del hombre que escribió las palabras que siguen: Soy como Jacobo y Juan. Señor, yo me comparo con otras personasen función de lo que pueden hacer por mí; cómo pueden adelantar mi programa: alimentar mi ego, satisfacer mis necesidades, darme ventaja estratégica. Yo exploto a la gente, manifiestamente por tu causa, pero realmente, a favor de la mía. Señor, yo acudo a ti para conseguir el camino interno y obtener favores especiales: tu dirección para mis programas, tu poder para mis proyectos, tu aprobación para mis ambiciones, tu cheque en blanco para lo que quiero. Soy como Jacobo y Juan. Cámbiame, Señor. Haz de mí un hombre que pregunte a ti y a otros:¿Qué puedo hacer por ti? El verdadero servicio comienza en la mente. Comienza con una sencilla oración de dos palabras: “Cámbiame, Señor”.

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Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

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