La amistad cristiana: La gran pérdida en nuestras iglesias


Creo que una de las cosas más extrañas en la iglesia es la amistad.  Si hubiera un lugar en donde podríamos ser buenos amigos sería la iglesia. ¿Pero porque muchas veces está ausente? ¿Por qué es tan esquiva en las relaciones humanas dentro de la iglesia? Podemos ser hermanos pero no amigos y eso es un asunto muy grave. Se supone que si somos hermanos la amistad espontáneamente saldría. Pero la historia es otra.  De allí que la Epístola a Filemón es una verdad muy necesario hoy. Esta breve epístola a Filemón es un maravilloso ejemplo de la fuerza más poderosa del universo que afecta el control sobre alguien: la gracia. En ella se trata uno de los problemas más difíciles que jamás nos hemos encontrado, el de resolver las peleas entre los miembros de la familia. Podemos hacer caso omiso de algo que nos haga un extraño para perjudicarnos, pero resulta sumamente difícil perdonar a un miembro de nuestra propia familia o alguien muy cercano. La clave de esta epístola se encuentra en el versículo 16. Pablo le dice a Filemón que le está enviando de nuevo a Onésimo: “Ya no como a un esclavo, sino más que esclavo, como a un hermano amado, especialmente para mí, pero con mayor razón para ti, tanto en la carne como en el Señor.” (File. 16) Los antecedentes de esta historia son muy interesantes. Esta epístola fue escrita cuando el apóstol Pablo se encontraba prisionero por primera vez en la ciudad de Roma. Fue enviada a Filemón, un amigo de Pablo, que había sido ganado para Cristo, y que vivía en Colosas. Evidentemente, Filemón tenía un hermano menor que se llamaba Onésimo. De una manera u otra, no sabemos exactamente cómo, Onésimo se metió en problemas, tal vez fuese un hombre que se dedicaba a jugar por dinero, convirtiéndose en esclavo de su propio hermano Filemón. En aquellos días, si un hombre se metía en líos, podía conseguir que alguien le redimiese vendiéndose a sí mismo a esa persona como esclavo. Posiblemente Onésimo estuviese endeudado y acudiese a su hermano Filemón diciéndole: “Fil, ¿puedes echarme una mano? Me he metido en problemas y necesito algo de dinero. Filemón le contestaría: “Escucha, Onésimo, ¿qué puedes darme como garantía? Onésimo le diría: “No tengo ninguna otra cosa que no sea yo mismo, pero me convertiré en tu esclavo si tú pagas mi deuda. Puede que fuese eso lo que sucediese, pero tal vez no. Sin embargo, la imagen que nos transmite esta epístola es que Filemón es el hermano de Onésimo, además de ser su esclavo. Poco antes de que fuese escrita esta epístola, Onésimo se había escapado. En el Imperio Romano, si un esclavo se escapaba de su amo, o bien le condenaban a muerte o le enviaban de vuelta a su amo. Antes de marcharse, aparentemente Onésimo le había robado algún dinero a Filemón, hallando después el camino a la ciudad de Roma y allí, de alguna manera, se puso en contacto con el apóstol Pablo, que estaba en la cárcel y fue salvo mediante la predicación del evangelio (y como le sucede a tantos muchachos que huyen, se encontró bajo el sonido de la palabra de Dios y se convirtió muy en serio) y Pablo le tomó como su ayudante allí, en la ciudad de Roma, pero Pablo se había propuesto mandarle de nuevo a Filemón, de modo que le escribió esta nota amable y la envió en mano del propio Onésimo. Imagínese la escena del hogar de Filemón cuando llegó esta epístola. Una mañana Filemón se encuentra en pie en su casa, mirando en dirección a la carretera, cuando ve que se acerca alguien. Le dice a su esposa: “Querida, alguien viene a vernos. Mientras ve acercarse a la persona, cree saber quién es y dice: “¿Sabes una cosa querida? Espero estar equivocado, pero me da la impresión de que el que se acerca por el camino es el pillo de mi hermano que vuelve otra vez a casa. Y ¿cómo no? según se va acercando, al llegar cada vez más cerca Onésimo, Filemón ve que es él, efectivamente, que había huido y deshonrado a la familia, el que era la oveja negra de la familia que regresa y al aproximarse a su hermano Onésimo lo hace con el ceño fruncido. Levanta los brazos en el aire y dice: “¡Vaya, pero si has vuelto a casa por fin! ¿verdad? ¿Qué es lo que te trae por aquí esta vez? Dicen que la mala moneda siempre vuelve a aparecer. Onésimo no dice absolutamente nada, sabiendo que es inútil intentar defenderse a sí mismo, limitándose a entregarle la epístola del Apóstol Pablo y Filemón abre la carta, que estaba escrita en forma de rollos y comienza a leer: “Pablo, prisionero de Cristo Jesús y el hermano Timoteo; a Filemón el amado y colaborador nuestro…” Filemón dice: “sí, esta epístola es, efectivamente, de Pablo porque él siempre empieza sus epístolas de ese modo. Luego continua diciendo: “A la hermana Apia [es decir, la Sra.  De Filemón , a Arquipo nuestro compañero de milicia…” No sabemos quién era, pero es muy posible que fuese hijo de Filemón y de Apia. “…y a la iglesia que está en tu casa.” (File. 1:2) ¿No es ese un interesante y pequeño aspecto secundario? En casa de Filemón se reunían una serie de personas con el fin de estudiar y de orar juntas. Esta es la “iglesia a la que saluda Pablo. Y a continuación nos encontramos con esta salutación tan conocida: “Gracia a vosotros y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.” (v. 3) Filemón le dice a su esposa: “No sé cómo llegó esta epístola a manos de este tipo, pero de lo que no hay duda es de que es de Pablo.

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Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

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