La verdad en épocas de relativismo moral, orgullo gay y posmodernidad III parte


Tratemos de equilibrar esta situación. Lo que no entendemos en primer lugar  es la imposibilidad filosófica del relativismo. El relativismo plantea una contradicción inevitable. Cuando una persona dice “todo es relativo” esta pronunciando una aseveración de carácter absoluto. Esto es, está diciendo, en otras palabras, “todas las cosas [absolutamente todas…] son relativas,” lo que contradice la misma aseveración. Si la aseveración “todo es relativo” es cierta, entonces la misma frase es también relativa y queda sin significado; se autodestruye perdiendo su validez. Un ejemplo. En los escritos del Nuevo Testamento, el Apóstol Pablo, conocedor de la filosofía de su época, cita al poeta cretense Parménides quien escribía: “Todos los cretenses son mentirosos.” Ahora bien, si todos los cretenses son mentirosos y Parménides es cretense, ¿qué tenemos? Tenemos una aseveración contradictoria, ilógica. Porque si la frase “todos los cretenses son mentirosos” es cierta, entonces lo dicho por el poeta es falso. Y si lo que él dijo es falso, entonces los cretenses dicen la verdad y lo que él ha dicho es mentira. ¿Confuso? Esta situación representa una violación a la llamada Ley de la No-Contradicción, una de las leyes de la lógica. Ésta establece que un objeto (o persona, o aseveración) no puede ser dos cosas diferentes en el mismo momento y en la misma relación. Dicho matemáticamente: “A” no puede ser “no-A”. Explicado en lenguaje popular “algo que se auto-contradice no puede ser cierto.” Por otro lado en segundo lugar hay una imposibilidad ética del relativismo. Es una ética sin Dios. En una sociedad basada en el principio de la relatividad moral y ética seremos incapaces de emitir juicio alguno, ni siquiera sobre prácticas intolerables. Por ejemplo, ¿qué hacemos con Stalin y el holocausto? ¿Fue igual Hitler a la Madre Teresa de Calcuta? O, como dice el conocido pensador cristiano de origen indio Ravi Zacharias, “en una culturas se promueve amar a sus semejantes y en otras comérselos. ¿Tiene usted alguna preferencia?” ¿Cuál ha sido el resultado? Si la razón deja de ser el criterio para decidir, si los absolutos desaparecen, si son las experiencias las que nos guían e iluminan y, si “Dios ha muerto,…” ¿Cual es el resultado? Miremos…Adolfo Hitler dijo: Yo liberé a Alemania de las estúpidas y degradantes falacias de la conciencia y la moralidad (…) Entrenaremos a jóvenes delante de quienes el mundo temblará. Deseo gente joven hábil en la violencia autorizada, implacable y cruel.” Ya lo escribió Dostoievski; “Si Dios está muerto, todo es justificable.” Algunos han entendido muy bien la conexión entre la vida sin valores absolutos y sus inevitables resultados. Entonces nada puede oponerse a los caprichos de la voluntad humana. Aldous Huxley se pronunció de la siguiente manera: Para mí, como sin duda, para la mayoría de mis contemporáneos, la filosofía de la falta de significado fue esencialmente un instrumento de liberación. La liberación que deseábamos era simultáneamente libertad de cierto sistema político y económico y de cierto sistema de moral. Objetábamos la moralidad porque interfería nuestra libertad sexual y objetábamos el sistema político y económico porque era injusto. Los que apoyaban tales sistemas sostenían que, en alguna medida, estos incluían el significado (el significado cristiano) del mundo. Había un método admirablemente simple de confundir a esa gente y al mismo tiempo justificarnos a nosotros mismos en nuestra revuelta política y erótica: Podíamos negar que el mundo tuviera algún significado, cualquiera que fuera. En el mismo contexto Huxley había hecho el prefacio a sus afirmaciones con las siguientes palabras: Tenía motivos para desear que el mundo no tuviera significado; consecuentemente, daba por sentado que no lo tenía y que era capaz, sin ninguna dificultad, de hallar razones satisfactorias para esta suposición. La mayoría de la ignorancia es ignorancia vencible. No sabemos porque no queremos saber. Es nuestra voluntad la que decide cómo y sobre qué materias usaremos nuestra inteligencia. Quienes detectan carencia de significado en el mundo generalmente lo hacen porque, por una u otra razón, cuadra bien con sus libros que el mundo debe ser sin sentido”. Por otro lado en tercer lugar el relativismo tiene una imposibilidad social. Desde el punto de vista de la organización social, el relativismo ético y moral lleva al caos y a la anarquía. Cada persona o grupo basaría su comportamiento en aquello que ha evaluado como correcto, aún cuando no lo sea para los demás. Alguien podría decir que en este caso lo que se establecería como bueno sería consensuado por toda la comunidad. Muy bien. ¿Y qué haríamos con el que infringiera nuestro particular código? ¿En base a qué? ¿No podría esta persona rechazar el código de una mayoría en base a sus particulares criterios? ¿Y qué sucedería cuando sociedades vecinas no coincidiesen en su escala de valores y, de hecho, se contradijesen? Lo que nos lleva a otra dificultad. Aceptando el criterio relativista seremos incapaces de explicar el progreso moral de la civilización. ¿Son igualmente desarrolladas en comparación con la nuestra las culturas que practican la ablación del clítoris, o la venta de hijos como esclavos o el enterramiento de la mujer cuando su esposo muere? Si aceptamos el criterio relativista no podríamos decir que la abolición de la esclavitud representó un paso hacia adelante en la humanidad. Aceptando la relatividad ética tampoco podemos reconocer la virtud de los reformadores sociales. Si “todo es relativo” y la “moral es relativa”, ¿cómo podemos hablar del hito histórico que representó la victoria de Martin Luther King Jr. en su lucha por derechos civiles de los negros en los Estados Unidos? Por último el relativismo tiene una imposibilidad teológica. Ahora nos adentramos brevemente en el campo de la teología y de la religión. Porque, si la verdad es relativa, “todos las religiones llevan a Dios” del mismo modo que en la antigüedad “todos los caminos llevaban a Roma.” En este punto la frase clave es “pluralismo religioso.” Ésta no significa simplemente la sana y pacífica convivencia de los diferentes credos, cosa sabia y correcta. Sino que se entiende por ella la aceptación de todas las religiones como igualmente verdaderas. Esta forma de pensar presenta tres tipos de error: El error lógico, el error filosófico y el error teológico. Error lógico: Falacia. Cuando un cristiano expresa su convicción de la verdad de sus creencias y, repitiendo lo que el mismo Jesús dijo, confiesa que el Hijo de Dios es el único camino a Dios, es calificado de exclusivista e intolerante. La falacia aquí estriba en que todas las religiones son en mayor o menor grado exclusivistas. Tanto la historia como las creencias de las principales religiones del mundo son contradictorias entre sí, por lo tanto excluyen a otras diferentes. Contrario a lo que se piensa en esta época tan románticamente atraída por las religiones orientales, este es también el caso del budismo y del hinduismo, religiones igualmente exclusivistas. Incluso el anti teísmo es exclusivista. Cuando una persona afirma la no-existencia de Dios (ateísmo o anti teísmo) o la incapacidad para llegar a una conclusión sobre ella (agnosticismo) está diciendo que el postulado contrario (esto es, la existencia de Dios, o la seguridad de ella) es falso. Error filosófico. La llamada tolerancia en aras de un pluralismo religioso presupone la existencia del valor absoluto de la tolerancia: “La tolerancia es buena.” ¿En base a qué, si todo es relativo? No sólo eso, sino que también se asume la existencia de una verdad absoluta, porque qué falta hace la tolerancia si yo considero igualmente ciertas (o falsas) mis creencias en comparación con las de mis vecinos? La palabra “tolerancia” lleva implícita la idea de que la “persona tolerante” lo es para con personas a las que considera equivocadas. Si no fuera así, ¿en qué consiste la tolerancia? Error teológico. ¿Son todas las religiones iguales? Es aquí donde sin duda encontramos el mayor error del llamado pluralismo religioso. Si uno mira el componente de cada religión, elemento por elemento, ¿cómo se puede concluir que todas las religiones son iguales? Ahora bien. ¿Cómo podríamos, en nuestro sano juicio, afirmar que no hay contradicción en estos conceptos? ¿Cómo afirmar que “todas la religiones son iguales”? ¿A dónde vamos? El periodista inglés Steve Turner, en “Creed” (Credo), su poema satírico sobre la mente moderna escribió:

Creemos en Marxfreuddarwin.
Creemos que todo está bien
mientras no dañes a nadie,
en su mejor definición de dañar,
y en lo mejor de tu conocimiento.

Creemos en el sexo antes, durante
y después del matrimonio.
Creemos en la terapia del pecado.
Creemos que el adulterio es divertido.
Creemos que la sodomía es correcta.
Creemos que los tabúes son tabúes.

Creemos que hay algo en los horóscopos,
OVNIS y cucharas torcidas;
Jesús fue un buen hombre tal como Buda,
Mahoma o nosotros mismos.
Fue un buen maestro de moral aunque pensamos
Que sus buenas morales eran malas.

Creemos que todas las religiones son básicamente iguales—
al menos aquella que leímos lo era.
Todas creen en el amor y en la bondad.
Sólo difieren en temas de creación,
pecado, cielo, infierno, Dios y salvación.

Creemos que luego de la muerte viene la Nada,
porque cuando preguntamos a los muertos qué pasa
no dicen nada.
Si la muerte no es el fin, si los muertos han mentido,
luego el cielo es para todos.
Excepto, tal vez
Hitler, Stalin y Gengis Khan.

Creemos en Masters y Johnson.
Lo seleccionado es el promedio.
Lo promedio es normal.
Lo normal es bueno.

Creemos que el hombre es esencialmente bueno.
Es sólo su conducta lo que falla.
Esto es culpa de la sociedad.
La sociedad es culpa de las condiciones.
Las condiciones son culpa de la sociedad.

Creemos que todo hombre debe hallar la verdad
que sea buena para él.
La realidad se adaptará de acuerdo a ello.
El universo será reajustado
La historia se alterará.
Creemos que no hay verdad absoluta
excepto la verdad
de que no hay verdad absoluta.

Creemos en el rechazo de los credos,
y en el florecer del pensamiento individual.*

Luego Turner agrega una nota adicional llamada “Chance” (Casualidad):

Si la casualidad es
el Padre de toda carne,
el desastre es el arco iris en el cielo,
y cuando oyes

¡Estado de emergencia!
¡Francotirador mata a diez!
¡Tropas arrasando!
¡Los blancos saquean!
¡Bomba voló escuela!

Esto no es sino el sonido del hombre
adorando a su creador.

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