La disciplina del discernimiento III parte


¿Cómo podemos cultivar el discernimiento? ¿Qué debe suceder para que la Iglesia corrija estas tendencias y recobre una perspectiva bíblica?

Desear sabiduría El primer paso es el deseo. Proverbios 2:3-6 dice: “Si clamares a la  inteligencia, y a la prudencia dieres tu voz; si como a la plata la buscares, y la escudriñares como a tesoros, entonces entenderás el temor de Jehová, y hallarás el conocimiento de Dios. Porque Jehová da la sabiduría, y de su boca vienen el conocimiento y la inteligencia”. Si no deseamos el discernimiento, no lo tendremos. Si lo que nos importa es la felicidad, la salud, el dinero, la prosperidad, la comodidad y la  satisfacción personal, 5 nunca tendremos discernimiento. A menos que estemos dispuestos a examinar todas las cosas cuidadosamente, no podemos esperar tener defensa alguna contra la fe atolondrada. El deseo por el discernimiento es un deseo nacido de la humildad. Es la humildad la que admite la posibilidad de que nos engañemos a nosotros mismos  Jeremías 17:9). Es la humildad la que desconfía de los sentimientos personales y desprecia la autosuficiencia (2 Corintios 12:5). Es una humildad que nos lleva a la Palabra de Dios como autoridad final en todas las cosas (Hechos 17:11). Nadie tiene toda la verdad. Yo ciertamente no la tengo. Mi corazón puede ser engañado igual que el de cualquier otro. No soy inmune a la decepción de Satanás. Todos somos iguales en este sentido. La única  defensa que tenemos contra la falsa doctrina es discernir todo, sospechar de lo que nos dicen nuestros sentidos, examinar todas las cosa s, verificar todas las posibles verdades con las Escrituras, y manejar la Palabra de Dios con gran cuidado. El deseo de tener discernimiento, entonces, implica una gran estima de las Escrituras y el entusiasmo por comprenderlas correctamente (2 Timoteo 2:15). 

Orar por discernimiento

El segundo paso es la oración. Ésta, por supuesto, naturalmente sigue al deseo. La oración es la expresión hacia Dios del deseo del corazón. Cuando Salomón fue coronado luego de la muerte de David, el Señor se le apareció en un sueño y le dijo: “Pide lo que quieras que yo te dé” (1 Reyes 3:5). Salomón podría haber pedido riquezas materiales, poder, victoria sobre sus enemigos, o lo que quisiera. Pero Salomón pidió discernimiento (v. 9). La  Escritura dice: “y agradó delante del Señor que Salomón pidiese esto” (v.  10). Fíjese que Dios alabó a Salomón porque su pedido fue completamente altruista. “Porque has demandado esto y no pediste para ti” (v. 11). El egoísmo es incompatible con el  verdadero discernimiento. La Iglesia evangélica moderna ha producido una generación de creyentes tan centrados en sí mismos que no pueden tener discernimiento. Sólo les interesa el beneficio personal, incluso en aspectos espirituales. Solamente les importa que se satisfagan las necesidades que ellos sienten. Aunque Salomón tuvo oportunidad de pedir larga vida, prosperidad personal, salud, dinero, ignoró todo eso y en cambio pidió  discernimiento. Por ello Dios también le dio riquezas, honor y larga vida mientras siguiera en el camino del Señor (v. 11-14). Santiago 1:5 promete que Dios responderá generosamente a la oración por discernimiento: “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada”.

Obedecer la verdad

Alguno señalará que con toda su sabiduría, sin embargo Salomón fue un fracaso al fin de su vida (1 Reyes. 11:4-11). “…su corazón no era perfecto con Jehová su Dios, como el corazón de su padre David” (v. 4). 6 Pero Salomón no falló repentinamente al final de su vida. Las semillas de su fracaso fueron sembradas al comienzo. El mismo capítulo que nos habla del pedido de discernimiento de Salomón, nos dice que Salomón “hizo parentesco con Faraón rey de Egipto, pues tomó la hija de Faraón” (1 Reyes 3:1). El versículo tres dice que “Salomón amó a Jehová, andando en los estatutos de su padre David; solamente sacrificaba y quemaba incienso en los lugares altos”. Desde el comienzo su obediencia no fue completa. Seguramente con toda su sabiduría sabía lo correcto, pero toleraba la transigencia y la idolatría entre el pueblo de Dios (v. 2) ¡y aún practicaba la idolatría él mismo! El discernimiento no es suficiente si no va acompañado de la obediencia (Santiago 1:22). La falta de obediencia es un engaño a nosotros mismos. No es verdadero discernimiento, no importa cuánto conocimiento intelectual tengamos. Salomón es prueba bíblica de que aún el verdadero discernimiento puede ceder a un engaño propio destructivo. La desobediencia inevitablemente destruye el discernimiento.

Seguir a líderes con discernimiento

El cuarto en nuestra serie de pasos hacia el discernimiento bíblico es éste: imitar a quienes demuestran tener discernimiento. No siga a líderes que son “niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina” (Efesios 4:14). Encuentre y siga a líderes que demuestran la habilidad de discernir, de analizar y refutar el error, de enseñar las Escrituras claramente y correctamente. Escuche a predicadores que enseñen cuidadosamente la Palabra de Verdad. Expóngase a la enseñanza de personas que piensan críticamente, analíticamente y cuidadosamente. Escuche a personas que entienden dónde el error ha atacado a la Iglesia a través de la historia Como pastor, yo mismo hago esto. Hay ciertos autores que han demostrado capacidad en el manejo de la Palabra y en cuyo juicio he llegado a confiar. Cuando encuentro un tema difícil, ya sea un problema teológico, un aspecto controvertido, una nueva enseñanza que nunca antes he oído, lo que sea, voy a estos autores primero para ver qué tienen que decir. Mucho de lo que han escrito los gigantes espirituales de la historia todavía está disponible. Todos podemos aprender de estos hombres con discernimiento, y nos haría bien imitar la claridad con que hablaban la verdad en contra del error. Los que pueden poner en evidencia y responder a los errores de los falsos maestros están en el cuerpo de Cristo para ayudarnos a todos a pensar críticamente y con claridad. Aprenda de ellos.

Depender del Espíritu Santo

Aunque los ejemplos humanos son tremendamente importantes, al fin de cuentas el  Espíritu de Dios es el verdadero Discernidor. Es Su rol guiarnos a toda verdad (Juan 16:13). 1 Corintios 2:11 dice: “Nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios”. (Ver 1 Corintios 2:12-15).  Así que el discernimiento depende, en última instancia, del Espíritu Santo. A medida que somos llenados y controlados por el Espíritu Santo, Él nos da discernimiento.

Estudiar las Escrituras

Finalmente, volvemos al punto que hemos mencionado repetidas veces. El verdadero discernimiento requiere el estudio diligente de la Palabra de Dios. Nadie puede verdaderamente tener discernimiento sin comprender la Palabra de Dios. Todo el deseo del mundo no le puede dar discernimiento si usted no estudia las Escrituras. La oración por el discernimiento no es suficiente. La obediencia por sí misma no será suficiente. Tampoco serán suficientes los ejemplos humanos que Dios le da. Aun el Espíritu Santo no le dará discernimiento aparte de Su Palabra. El discernimiento florece solamente en un ambiente de estudio bíblico y enseñanza. Cuando Pablo se estaba despidiendo de los ancianos de Éfeso, les advirtió sobre las influencias devastadoras que los amenazarían en su ausencia (Hechos 20:28-31). Les alentó a estar en guardia, alerta (vv 28, 31). ¿Cómo? Solamente la Palabra de Dios: “Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, la cual es poderosa para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados” (Hechos 20:32). Examinemos 2 Timoteo 2:15 con cuidado: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad”. Primero, sugiere que la persona con discernimiento podrá distinguir entre la Palabra de Verdad y las “profanas y vanas palabrerías” mencionadas en el versículo 16. La tarea de separar la Palabra de Dios de la tontería humana es realmente un gran desafío para muchos hoy día. Tome nota de las crecientes cantidades de libros “cristianos” que promueven puntos de vista extraños. Debemos descartar tal falta de sensatez y dedicarnos a la Palabra de Dios. Tenemos que poder distinguir entre la verdad y el error. Pablo dice que este obrero aprobado “no tiene de qué avergonzarse” (2 Timoteo 2:15). La palabra “avergonzarse” es muy importante. Lo que Pablo sugiere en este pasaje es que nos avergonzaremos delante de Dios mismo si manejamos la Palabra de Dios sin discernimiento. Si no podemos distinguir entre la verdad y las vanas palabrerías, si no podemos identificar y responder a los maestros falsos, o si no podemos manejar la verdad de Dios con habilidad y comprensión, deberíamos estar avergonzados. Y si podemos usar bien la palabra de verdad, entonces debemos estudiarla con gran diligencia. No hay atajos. Solamente a medida que conocemos bien la Palabra de Dios somos “perfectos, preparados para toda buena obra” (2 Timoteo 3:17). Ésa es la esencia del discernimiento. 8

Continuar creciendo

La madurez espiritual es el proceso de aprender a discernir. El crecimiento en la gracia es un proceso continuo en esta vida terrenal. Ningún cristiano alcanza la madurez completa en esta tierra (1 Corintios13:12). Debemos continuamente “crecer en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Pedro 3:18). A medida que maduramos, nuestros sentidos se ejercitan en la habilidad de discernir entre el bien y el mal (Hebreos 5:14). Cuando dejamos de ser niños, nos volvemos más estables (Efesios 4:14-15). Las personas maduras son personas con discernimiento. Sabemos esto basándonos en el mundo natural. La responsabilidad más importante de los padres es enseñarles a los hijos a tener discernimiento. Lo hacemos continuamente, aún cuando nuestros hijos son adolescentes. Les ayudamos a pensar sobre diferentes asuntos, comprender lo que es sabio y lo que es necio, les alentamos a tomar las decisiones correctas. De hecho, el objetivo de un padre es criar un hijo con discernimiento. No pasa de la noche a la mañana, y no sucede sin enseñanza diligente de por vida. Lo mismo es cierto en la vida espiritual. No oramos por discernimiento y nos despertamos con toda sabiduría. Es un proceso en el cual crecemos. Continúe en el camino de la madurez. A veces hay sufrimientos y pruebas (Santiago 1:2-4, 1 Pedro 5:10). Muchas veces es necesario el castigo divino (Hebreos 12:11). Siempre requiere disciplina personal (1 Timoteo 4:7-8). Pero la recompensa es rica: Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría, Y que obtiene la inteligencia; Porque su ganancia es mejor que la ganancia de la plata, Y sus frutos más que el oro fino. Más preciosa es que las piedras preciosas; Y todo lo que puedes desear, no se puede comparar a ella. Largura de días está en su mano derecha; En su izquierda, riquezas y honra. Sus caminos son caminos deleitosos, Y todas sus veredas paz. Ella es árbol de vida a los que de ella echan mano, Y bienaventurados son los que la retienen. … Hijo mío, no se aparten estas cosas de tus ojos; Guarda la ley y el consejo, Y serán vida a tu alma, Y gracia a tu cuello. Entonces andarás por tu camino confiadamente, Y tu pie no tropezará. (Proverbios 3:13-18, 21-23)

 

 

 

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