Serie de la familia: Nuevo matrimonio misma esposa III parte


Una última cosa que me llama la atención en cuanto a Zacarías son sus  PRINCIPIOS. Zacarías  tiene capacidad de disfrutar de intimidad con su esposa. Puede usted percibir el vs. 23: Y cumplidos los días de su ministerio se fue a su casa”  luego dice: “Después de aquellos días concibió su mujer”. Me refiero aquí específicamente a sus principios sexuales. Es decir la capacidad  de alegrarse con la mujer de su vida, una sola mujer y solo para ella. Todavía a estas alturas él puede disfrutar  debe disfrutar de su esposa  viceversa. Dios siempre bendice el sexo dentro del matrimonio. El convivir  en una cultura hedonista, que exalta el sexo,  que la única manera de hablar es desde el punto de vista vulgar y en doble sentido. En una cultura del viagra  de hombres mayores que andan buscando mujeres jóvenes  de mujeres jóvenes  que andan en busca del dinero de hombres mayores, se levanta una escena sublime, de un hombre piadoso, que es capaz de disfrutar todavía con su compañera de vida. Hoy muchos hombres insatisfechos sexualmente caen en adicción de buscar intimidad en otra parte, lea la siguiente confesión que encontré en una revista: “Las adicciones son difíciles de combatir porque las mantienen vivas las mentiras que anidan en nuestros corazones. El camino hacia la libertad requiere sinceridad personal y compromiso inamovible con la verdad de la Palabra. Ya todos están durmiendo y ha sido un día bastante ajetreado. Había transcurrido otro domingo típico: salí temprano de casa, di la clase de escuela dominical, almorcé con el equipo de liderazgo, en la tarde mantuve algunas sesiones de consejería, y, en la noche, unas cuantas llamadas importantes. ¿Quién ha dicho que es fácil ser pastor? Esta semana trabajé como setenta y ocho horas y, aunque siempre estoy rodeado de gente, me siento solo. Nadie podría entender las enormes presiones, responsabilidades y tentaciones que enfrento cada día. Sencillamente creo que nunca podré cumplir con todos los estándares de perfección que la gente espera que satisfaga. ¡Ya no puedo con mi culpabilidad y vergüenza! Se supone que la iglesia es un lugar para demostrar amor incondicional, pero me siento como si viviera en una prueba constante y siempre necesitara demostrar a la gente quien soy. Es durante las altas horas de la noche que puedo bajar mis defensas para, por fin, suplir mis propias necesidades y sentirme humano de nuevo. Con el pretexto de ministrar a más personas, me conecto a la Internet (al menos eso es lo que me he estado diciendo). Ahí es donde «chateo» con Susana, nuestras conversaciones siempre son emocionantes y satisfactorias. Apenas tiene dieciséis años, pero me ha demostrado un grado de empatía difícil de encontrar en mujeres que le triplican la edad. Sé que no debería abrirme y contarle todo a ella, pero, después de todo, soy pastor. Quizá no deberíamos ser tan descriptivos ni intimar tanto en nuestras conversaciones, pero así es como a ella le gusta y por eso me lo permito. No cabe duda de que mi esposa desaprobaría nuestra amistad, pero Susana y yo poseemos mucho en común, y lo mejor de todo es que me hace sentir… como un verdadero hombre, siento que valgo para alguien.( http://www.desarrollocristiano.com/articulo.php?id=1967)

Luego el testimonio de este pastor sigue diciendo:

“Sin embargo, lo que más me turba de mis conversaciones con Susana es la fantasía sexual que mantengo de ella. Así es como lo manejo, porque sencillamente no podemos vernos y por eso paso horas viendo pornografía después de conversar con ella. Sé que la pornografía es mala pero es lo único que me permite intimar con alguien, aunque ocurra solo por medio de fotografías. Después de todo, necesito sentirme bien, liberarme de todas las presiones del día. Por lo menos, no soy como mi abuelo y sus sucias revistas ni tampoco soy como el adúltero de mi padre. Sin embargo, cada vez que realizo mi ritual de chatear, ver pornografía y masturbarme, al final reconozco que algo está muy mal. En ese momento, me siento avergonzado y le pido a Dios que me perdone, pero todo sigue igual. Me siento como un verdadero hipócrita, un mentiroso y la persona más despreciable del mundo. Desearía tanto cambiar pero no puedo. Más bien pareciera que cada semana quiero más y más. Mis actividades nocturnas ya están dañando a mi familia y mi ministerio. Me siento como si viviera en un ciclo interminable de pecados, confesiones y juramentos de que nunca más lo volveré a practicar. ¡Ojalá mi esposa nunca se entere de eso! Por un momento, siento que lo estoy logrando pero cuando estoy solo empiezo a soñar despierto con Susana y me muero porque sea domingo por la noche para conversar con ella de nuevo. (http://www.desarrollocristiano.com/articulo.php?id=1967)

Esta historia ilustra parte del daño que una adicción sexual provoca en la vida de un hombre, y líder, en su matrimonio, familia y ministerio. El ciclo de la adicción sexual podría describirse de la siguiente manera: Problemas internos: La Biblia afirma que el corazón es como un lugar donde atesoramos cosas (Sal 119.11, Lucas 2.51). En él guardamos nuestras creencias más profundas acerca de Dios, de nosotros mismos y de otras personas. Ahí resguardamos nuestros valores, estima, propósito, significado, sentido de seguridad, dolor y recompensas y nuestras ideas más profundas sobre la fe, la esperanza y el amor. Estos «tesoros» pueden ser buenos o malos, beneficiosos o perjudiciales y a menudo los percibimos en términos de blanco o negro. Muchos de nuestros recuerdos de traumas, abusos o abandonos yacen en los rincones más oscuros de nuestro corazón. También es en él donde mora el Espíritu Santo. En fin, el corazón impacta todos nuestros pensamientos, sentimientos, decisiones, conductas y relaciones. Fuentes de estrés: Todos sufrimos de estrés, pero existe un cierto tipo que refuerza nuestros problemas internos y nos tienta a experimentar aquello que nos puede perjudicar. Cuando nuestro corazón pierde la «sintonía» con el Espíritu Santo y con la Palabra, tendemos a ver y vivir la vida desde una perspectiva distorsionada. Al perderla, nos volvemos vulnerables ante las fuentes de estrés que pueden inducirnos a pensamientos, decisiones, sentimientos y actos que destruyen nuestra vida. Estas fuentes de estrés intensifican el dolor en nuestro corazón. Emociones negativas: ¿Alguna vez le ha pasado que escucha una pésima canción y después le resulta imposible sacársela de la cabeza? Pues bien, lo mismo ocurre con los sentimientos negativos atados a nuestro corazón enfermo. Empezamos a deprimirnos, a amargarnos, a sentirnos ansiosos, culpables y temerosos a medida que alimentamos nuestro dolor interno. El papel de víctima: Al no poder manejar el dolor, nos sentimos víctimas. Las excusas y acusaciones así como ideas torcidas y auto-compasión surgen con la esperanza de encontrar alguna razón que explique todo y así dejar de sentir dolor. Sentido de necesidad y de derecho: Inmersos en nuestro dolor, creemos que merecemos sentirnos mejor así que negamos cualquier responsabilidad personal, nos sentimos con el «derecho» de suplir nuestras necesidades para acabar con el dolor. Fantasías: Entonces, la persona, intentando escapar del dolor, empieza a navegar en un mar de fantasías que van más allá de los límites de una conducta normal o aceptable, por ejemplo, salas de chateo, pornografía, encuentros sexuales, masturbación. Las fantasías por lo general son para sentirse mejor, atenuar el dolor y/o sentir cierto poder y control. Ideas falsas: Las ideas falsas nos impulsan a salir de nuestros límites internos y a formar nuestras fantasías. Generalmente culpamos a otros, justificamos nuestras acciones o bien podemos llegar a negarlo o redefinir nuestra realidad para que calce con nuestra perspectiva torcida. Ejecución: Una vez que las ideas falsas han liquidado cualquier pensamiento sano, buscamos la manera de concretar nuestras fantasías, y por eso empezamos a cruzar los límites que nos frenaban. Nuestro cerebro libera un «cóctel» de drogas compuesto por dopamina, endorfinas y adrenalina (calificadas como más poderosas que la cocaína), el cual llega a controlar y disfrazar al dolor. Es solo cuestión de tiempo, y, según las oportunidades que se nos presenten, llevaremos a la realidad las fantasías. Expresión: Las conductas relacionadas con cualquier adicción sexual pueden expresarse de diferentes formas. Sin embargo, le comparto las cuatro etapas que, según mi criterio, son las más comunes.

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Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

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