8 Decisiones sanadoras: La decisión de contarlo III parte


II.                    En segundo lugar LOS RESULTADOS DE LA BIENAVENTURANZA

 Un segundo mensaje del texto que nos ocupa  es que, a pesar de que la persecución es inevitable,  usted puede gozarse y ser feliz. Jesús dijo: «Gozaos  y alegraos». En el pasaje paralelo, dijo: «Gozaos en  aquel día, y alegraos» (Lucas 6.23). Uno de los que  le oían pronunciar esas palabras más tarde escribió: «Mas también si alguna cosa padecéis por causa de  la justicia, bienaventurados sois. Por tanto, no os  amedrentéis por temor de ellos, ni os conturbéis, sino   santificad a Dios el Señor en vuestros corazones»  (1ª Pedro 3.14, 15a; vea 4.16). No es fácil gozarse  cuando somos maltratados, sin embargo, es básico  para el tema de la felicidad. Si hemos de ser felices,  tenemos que aprender a ser felices incluso cuando  llegan las tribulaciones. Cuando los apóstoles fueron azotados y se les  ordenó no predicar (Hechos 5.40), salieron del concilio judío «gozosos de haber sido tenidos por dignos  de padecer afrenta por causa del Nombre» (verso  41). En lugar de deleitarse en la autocompasión,  «no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo»  (verso 42). Cuando Pablo y Silas fueron azotados y  encarcelados en Filipos, en lugar de quejarse, llenaron su celda con oraciones e himnos de alabanza  a Dios (Hechos 16.25). Se dice que los primeros  mártires cristianos fueron a la muerte cantando  himnos. Cuando al venerable Policarpo le dieron  escoger entre retractarse de su fe en Jesús o morir,  respondió: «Ochenta y seis años le he servido, y ni  una sola vez me ha defraudado, ¿cómo entonces  puedo blasfemar a mi Rey que me ha salvado?». ¿Por qué regocijarnos?  A muchos de nosotros se nos dificulta entender  cómo podemos «Gozarnos y alegrarnos» cuando  llega la persecución. Permítame ser claro al respecto: Jesús no quiso decir que debamos desear la persecución ni alegrarnos simplemente porque seamos  perseguidos. El autor de Hebreos dijo que Jesús  mismo, «por el gozo puesto delante de él sufrió la  cruz, menospreciando el oprobio» (Hebreos 12.2). ¿Por qué entonces debemos alegrarnos  cuando somos perseguidos «por causa de la justicia»?  Permítame hacer algunas sugerencias.

 

A.     Debido a lo que la persecución puede hacer por nosotros.

La persecución puede traer oportunidades.  Algunas formas de persecución proporcionan una  oportunidad para que crezcamos espiritualmente.  Santiago escribió: Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando  os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la  prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que  seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa  alguna (Santiago 1.2–4; vea Romanos 5.3, 4).

B.      Debido a lo que la persecución puede hacer en nosotros

La persecución no solamente estimula el crecimiento espiritual, también puede hacernos conscientes de nuestra necesidad de Dios y conducirnos  a Él en busca de refugio. En vista de que Pablo  había dedicado su vida al Señor, pudo escribir: «…  cuando soy débil, entonces soy fuerte» (2ª Corintios  12.10; vea verso 9). Otra oportunidad que trae la persecución es  poder demostrar un espíritu similar al de Cristo.  Cuando Jesús era injuriado [ofendido verbalmente], «…no respondía con maldición; cuando  padecía, no amenazaba» (1ª Pedro 2.23). Se nos  desafía a seguir Su ejemplo: «nos maldicen, y bendecimos; padecemos persecución, y la soportamos»  (1ª Corintios 4.12b). 17 Debido a lo que la persecución puede mostrar.

C.  Debido a lo que la persecución puede demostrar por medio  nosotros.

La  persecución puede ser indicio de que estamos siguiendo a Jesús.  Así como los apóstoles, podemos aprender a gozarnos porque somos tenidos por  «dignos de padecer afrenta por causa del Nombre»  (Hechos 5.41). Dios ha prometido que no permitirá  que seamos probados más allá de lo que podemos  soportar (1ª Corintios 10.13). Se ha dicho que la  persecución podría revelar un alto concepto que  el Señor tiene de nosotros; tiene confianza en que  podemos soportar con Su ayuda.

D.     Debido a que la persecución puede demostrar hacia dónde vamos nosotros.

La persecución  podría ser indicio de que hemos estado muy ocupados sirviendo a Cristo. Satanás y sus seguidores  tienen pocas razones para preocuparse por quienes  no son amenaza para ellos. Entonces, cuando sobrevivimos a la persecución con la ayuda de Dios, podemos gozarnos de que  hemos pasado la prueba. Observe que Jesús dijo: «Bienaventurados los que han padecido persecución  por causa de la justicia» (NASB). A los que ya han sufrido una gran tormenta de persecución y siguen  firmes se les presta especial atención. Estos fieles  ciertamente tienen motivos para gozarse. La principal razón de regocijo  cuando llega la persecución la constituye lo que  se nos promete si nos mantenemos firmes, a saber: «… porque de ellos es el reino de los cielos» (Mateo 5.10b). Permítame enfatizar en primer lugar la  palabra «reino», es decir, el ámbito del reinado de  Dios. La persecución puede ser prueba de que usted  ha puesto a Dios en el trono de su corazón. Saber  que somos parte de Su reino es el cumplimiento  parcial de Su promesa en esta vida. El enfoque de esta bienaventuranza, sin embargo, es en la vida venidera. En el versículo 12a,  Jesús añadió: «Gozaos y alegraos,  porque vuestro  galardón es grande en los cielos» (énfasis nuestro;  vea Lucas 6.23). Nuestra recompensa nos basta y  nuestras necesidades son satisfechas en esta vida,  sin embargo, en el cielo, nuestra recompensa será  grandiosa. Si usted incluso sufre la pérdida de todo  lo que posee, sepa que Dios le ha preparado un  reino celestial. No importa lo que nos presente  la vida, tenemos «la esperanza […] como segura  y firme ancla del alma» (Hebreos 6.18c, 19; vea  Romanos 5.3, 4).

Hemos llegado al final de las bienaventuranzas. Este gran pasaje nos ha desafiado a reconocer  la necesidad que tenemos de Dios, a llorar sobre  nuestras deficiencias, a entregarnos al Señor y desear  a Dios y Su camino de la manera como un hombre  hambriento anhela su alimento. Se nos ha dicho  que el que sigue a Cristo será misericordioso, será  limpio de corazón, y actuará como un pacificador.  Ahora también se nos ha dicho que el que así hace  debe anticipar persecución de parte de un mundo  que no entiende ni puede hacerlo. «Sin embargo»,  Jesús en efecto dijo, «está bien, porque Dios le va a  ayudar. Y si usted resiste, será bienaventurado en  este mundo como en el venidero». Los primeros cristianos amaban la octava  bienaventuranza […]. Los hacía sonreír en lo más  amargo de la violencia. Era un consuelo diario,  porque sabían que «el reino» les pertenecía y  que su galardón era grande «en los cielos». Con la bienaventuranza prometida del Señor como  cinto interno y fortalecimiento espiritual, se les facultó para soportar un «gran combate de  padecimientos» [Hebreos 10.32]. Jesús hoy nos sigue preguntando, como se lo  preguntó a Jacobo y a Juan hace mucho tiempo, si seremos capaces de beber el cáliz de sufrimiento  que Él bebió y ser bautizados con el bautismo de  sufrimiento que soportó. Oro para que usted tome  una posición de justicia y luego viva «por causa  de la justicia», es decir, por causa de Jesús. Si así lo  desea, «a través de muchas tribulaciones» (Hechos  14.22) entrará algún día en el hogar del alma.

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Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

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