8 Decisiones sanadoras: La decisión de Contarlo II parte


A.     Persecución: ¿Qué es?

Para ayudar a Sus seguidores a prepararse para la persecución, Jesús les dijo algunas formas en  que vendría la persecución: «Bienaventurados sois  cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan  toda clase de mal contra vosotros, mintiendo» (Mateo  5.11; énfasis nuestro). En la referencia paralela del  Sermón del Llano, dijo: «Bienaventurados seréis  cuando los hombres os aborrezcan, y cuando os aparten  de sí, y os vituperen, y desechen vuestro nombre como  malo, por causa del Hijo del Hombre» (Lucas 6:22). En estos dos pasajes, Jesús mencionó al menos cinco tipos de persecución.

 

1)      Aborrecimiento.

En Lucas 6, Jesús habló de  un tiempo «cuando los hombres os aborrezcan». ¿Qué hará que los hombres lo aborrezcan a usted? Es posible que lo aborrezcan porque no pueden comprender el cambio que ha tenido lugar en su  vida. Un pastor narra la siguiente  historia: “Mi mente se remonta a los días en que bauticé  a un joven que había sido un magnífico un deportista profesional de éxito. Al salir de las aguas  del bautismo, hervía de entusiasmo, no veía llegar  el momento para contarles a sus amigos. No pasó  mucho tiempo cuando vino a mí muy decepcionado.  En lugar de que sus «amigos» se alegraran de su  conversión, habían ridiculizado su decisión. Le leí 3 1ª Pedro 4.4: «A éstos les parece cosa extraña que  vosotros no corráis con ellos en el mismo desenfreno  de disolución, y os ultrajan».” Otra razón por la que las personas lo aborrezcan  es que se sientan reprendidas por la vida que usted  lleva. Así como el penitente pronuncia sentencia sobre  el impenitente por medio de su actuar (vea Mateo  12.41), los piadosos «juzgan» a los impíos con sus  vidas. Los que están en el mundo resienten aquellos  cuyos estándares son más altos que los de ellos.

2)      Aislamiento.

En Lucas 6, Jesús habló además  de un tiempo «cuando los hombres […] os aparten  de sí». La KJV consigna «los apartarán de la compañía de ellos». A muchos cristianos los aislaron de la  sociedad. No podían participar con una conciencia  limpia en las fiestas con orientación pagana de sus  días. Muchos perdieron sus puestos de trabajo.  Algunos de los que se hicieron cristianos fueron  separados de sus familias. En Mateo 10, Jesús dijo  estas palabras desgarradoras: No penséis que he venido para traer paz a la  tierra; no he venido para traer paz, sino espada.  Porque he venido para poner en disensión al  hombre contra su padre, a la hija contra su madre,  y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del  hombre serán los de su casa (versos  34–36). Uno de los propósitos de la venida de Cristo era «traer paz a la tierra», sin embargo, sabía que  el evangelio no traería paz a todos los hogares. En  algunos hogares, traería una espada cuando algunos  en esos hogares aceptaran el Evangelio, mientras  que otros se negaran a hacerlo. Muchos de los que  están leyendo estas reflexiones lo entienden mejor  que yo. Hablo de los que han sido alejados de sus  familias porque decidieron seguir a Cristo. Incluso en países libres, donde las personas valoran la libertad religiosa, se da el aislamiento.  Tal vez nadie lo siente más profundamente que los  adolescentes cristianos que desean ser aceptados  por sus compañeros, pero que a menudo se sienten  «excluidos» porque se niegan seguir a las multitudes  (vea Éxodo 23:2a).

 

3)      Vituperios.

Tanto la narración de Mateo como  la de Lucas tienen las palabras «os vituperen». Jesús  mismo fue vituperado. Vituperar en griego es oneidizo  significa traer deshonra o hacer baldó sobre una persona.  Sus enemigos lo llamaron  «un hombre comilón, y bebedor de vino» (Mateo  11.19) y dijeron que tenía «demonio» (Juan 10.20;  vea 8.48). Si Jesús fue vituperado, no debería  sorprendernos si nos vituperan. Cuando nos vituperan, duele. No hay espada más cortante que la  lengua. Hay un canto infantil que dice: «Palos y piedras pueden  romper mis huesos, pero las palabras no pueden  hacerme daño». Pero hoy al envejecer, hemos aprendido  que las palabras pueden ser mucho más dañinas  que los palos y las piedras. Los palos y las piedras  solamente rompen los huesos y dejan moretones en  la piel, sin embargo, las palabras pueden romper  el corazón y devastar el espíritu.

4)      Calumnias y distorsión de la verdad.

Esta forma  de persecución está estrechamente relacionada con  los vituperios. El relato de Mateo dice: «… y digan  toda clase de mal contra vosotros, mintiendo», mientras que Lucas dice: «… y desechen vuestro nombre como malo». Cuando tratamos de hacer las cosas  bien, no es extraño que los demás distorsionen lo que  hacemos. Cuando José rehusó cometer adulterio con  la esposa de Potifar, esta dijo que él había tratado de  seducirla (vea Génesis 39:6b–18). Santiago les preguntó a sus lectores cristianos: «¿No blasfeman ellos  el buen nombre que fue invocado sobre vosotros?»  (Santiago 2:7). Si usted insiste en «hacer las cosas  de la Biblia a la manera de la Biblia», lo podrían  tildar «de mentalidad cerrada» o «legalista» o «frío  y sin emociones». La tergiversación de la verdad  puede hacer daño, sin embargo, no olvide que Jesús  añadió estas palabras en el Sermón del Llano: « ¡Ay  de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien  de vosotros! porque así hacían sus padres con los  falsos profetas» (Lucas 6:26). Deberíamos hacer un alto en este punto para  considerar la necesidad de equilibrio. Nada hay de  malo en que una congregación desee tener buena  reputación en la comunidad. Jesús mismo creció «en  gracia para con […] los hombres» (Lucas 2.52). Sin  embargo, cuando tal deseo es más importante que  defender la verdad, hacemos mal en darle prioridad.  No olvide que Jesús dijo: « ¡Ay de vosotros, cuando  todos los hombres hablen bien de vosotros!».

5)      Una persecución desenfrenada.

El relato de  Mateo usa las palabras «persecución», «persiguen»  y «persiguieron» (versos  10–12). Estas palabras se  derivan de  dioko, que quiere decir «seguir».  Un escritor dijo que en Mateo 5.10, el término se refiere a «los que son acosados, perseguidos, estropeados [destruidos]. El término se usa de manera apropiada en cuanto a las bestias salvajes perseguidas por los cazadores». Los primeros cristianos  a menudo tuvieron que haberse sentido como  «bestias perseguidas por cazadores» —cuando se  les privaba de sus posesiones, cuando eran encarcelados y torturados y cuando a muchos de ellos  se les dio muerte.

 

B.      En segundo lugar persecución: ¿a quiénes?

 Cuando persecuciones como las anteriores llegaran, Jesús quería que Sus discípulos entendieran  que ellos no serían los primeros en sufrir por causa  de la justicia. Cuando fueran perseguidos, estaban  en buena compañía, «porque así persiguieron a los  profetas…» (Mateo 5.12). Piense en las clases de  persecución mencionadas anteriormente.

1)      Aborrecimiento.

Los profetas no fueron personas populares. Acab, rey de Israel dijo refiriéndose  al profeta Miqueas: «… yo le aborrezco, porque  nunca me profetiza cosa buena, sino siempre mal»  (2º Crónicas 18.7).

2)      Aislamiento.

 Debido a su impopularidad, los  profetas a veces tuvieron que vivir en aislamiento  (vea 1º Reyes 17.1–7). 3) Vituperios. El rey Acab llamó a Elías «… el  que turba a Israel» (1º Reyes 18.17). Si usted rehúsa  comprometer sus convicciones en cuanto a la Palabra de Dios, puede que también lo consideren un  alborotador. Observe, sin embargo, la respuesta de  Elías, que dice: «Yo no he turbado a Israel, sino tú y  la casa de tu padre, dejando los mandamientos de  Jehová, y siguiendo a los baales [dioses paganos]»  (verso 18).

3)      Calumnias y distorsión de la verdad.

Cuando  Daniel siguió orando a Dios, otros funcionarios del  gobierno lo acusaron de deslealtad para con el rey  de Babilonia (Daniel 6.1–15).

5 ) Persecución física.

 Jeremías fue azotado  (Jeremías 20.2). Hanani fue echado en la cárcel  (2º Crónicas 16.7, 10). Zacarías fue apedreado  (2º Crónicas 24.21). Según la tradición judía, Isaías  fue colocado dentro de un tronco hueco y aserrado  en dos (vea Hebreos 11.37). Cuando Jesús usó a los profetas del Antiguo  Testamento como ejemplos, estaba reafirmándoles  a Sus seguidores que la persecución no es señal de  desaprobación de parte de Dios, puesto que los  que Dios ha amado habían sufrido y aún seguían  sufriendo. La persecución nos hace hermanos de  los fieles. Jesús mismo sufrió, pues dice: «Cristo  padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que  sigáis sus pisadas» (1ª Pedro 2.21). Los apóstoles de Jesús también sufrieron. Este les dijo a Jacobo y  a Juan que beberían la copa del sufrimiento y que  serían inmersos en el bautismo de sufrimiento (vea  Marcos 10.39). Jacobo fue el primer apóstol en morir,  asesinado por la espada de Herodes, alrededor de  44 d. C. (vea Hechos 12.1, 2). Juan fue desterrado  a la isla de Patmos (vea Apocalipsis 1.9). No podemos estar seguros en cuanto a qué sucedió con  los otros apóstoles, sin embargo, las siguientes  son algunas tradiciones humanas con respecto a  la muerte de ellos. • Pedro —fue crucificado bocabajo • Andrés —fue martirizado en una cruz en  Edesa • Felipe —fue azotado, encarcelado y luego crucificado en Hierápolis • Bartolomé —fue azotado y luego crucificado • Tomás —fue muerto con una lanza • Mateo —fue asesinado con espada en Etiopía • Jacobo hijo de Alfeo —fue martirizado en  Egipto • Tadeo —fue crucificado • Simón el Zelote —fue crucificado • Matías —fue apedreado y luego decapitado • Pablo —fue decapitado en Roma. Los primeros cristianos formaron parte de  esta hermandad de sufridos por causa de Cristo.  El emperador romano Nerón hacía cocer pieles de  animales salvajes a los cristianos y luego les echaba  los perros. Los vestía con camisas endurecidas con  cera, los ataba a estacas y los quemaba. En una colina  Nerón usaba a cristianos que ardían en llamas como  antorchas para alumbrar sus fiestas. El emperador  Domiciano decretó: «… una vez presentado ante  el tribunal, ningún cristiano debía quedar exento  de castigo sin que renunciara a su religión». Las  diversas torturas y atrocidades infligidas a los  primeros cristianos son tan inquietantes que no  soporto hacer mención de las mismas. Basta con   decir que sufrieron larga y terriblemente por no  renegar de su fe. Hoy todavía hay persecución. En algunos países  es ilegal alentar a otros a convertirse en cristianos.  Incluso en los países con libertad religiosa, hay una  persecución sutil de odio, crítica, insultos, calumnias  y declaraciones falsas. A algunos esto los afecta peor que lo haría una persecución física. Si se les  desafiara a negar a Cristo o morir en el acto, elegirían  morir. Sin embargo, cuando la persecución sucede  poco a poco, consume la fe y la perseverancia de  ellos como un cáncer. Independientemente de la forma en que venga, si  usted es fiel al Señor, la persecución es inevitable. Este  es uno de los mensajes del texto de nuestro estudio. Todavía puede ser feliz.

 

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Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

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