Es sábado pero viene el domingo II parte


II. En segundo lugar veamos EL SILENCIO para sus detractores.  (Mateo 27.62–66)

 

A.     En primer lugar ellos CUESTIONARON

Puede que los discípulos de Jesús no hubieran hecho nada en el día de reposo, pero no así Sus enemigos. «Al día siguiente, que es después de la preparación, se reunieron los principales sacerdotes y los fariseos ante Pilato» (Mateo 27.62).  Es probable que esta reunión tuviera lugar justo después de la puesta del sol, al comienzo del día de reposo. Es poco probable que los miembros del concilio hubieran permitido que el sepulcro de Jesús se hubiera quedado sin guardia una sola noche. Los dirigentes judíos le dijeron a Pilato: «Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré» (Mateo 27.63). Lo que dijeron fue sorprendente. Jesús había dicho claramente a Sus discípulos que Él sería levantado de los muertos (Mateo 16.21; 17.22–23; Lucas  8.31– 33), pero no entendieron (Marcos 9.9–10). Por otro  lado, había hablado en términos  encubiertos al público en general (incluidos Sus enemigos) en cuanto a Su resurrección (Mateo 12.39–40; 16.4; Juan 2.19–21; 10.17–18), ¡y los dirigentes judíos sí habían captado el mensaje! Aunque no creían en las palabras de Jesús, por lo menos entendían queque era molesto, pero de corta duración». Él había enseñado que «después de tres días» resucitaría.

B.      En segundo lugar ellos COMBATIERON

Habiendo dicho esto, les dijo: « [Id], aseguradlo como sabéis» (Mateo 27.65b). Ellos combatieron a Jesucristo con tres armas.

1.      El arma legal

Usaron su influencia para que el poder civil les autorizara a combatir  a Jesús. Ellos, por lo tanto, hicieron esta petición al gobernador: «Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan sus discípulos de noche, y lo hurten, y digan al pueblo: Resucitó de entre los muertos. Y será el postrer error peor que el primero» (Mateo 27.64). En vista de que los miembros del concilio no titubeaban en usar métodos engañosos cuando les convenía (Mateo 26.59), ellos supusieron que los discípulos de Jesús harían lo mismo si se les daba la oportunidad. (La mayoría de nosotros suponemos que los demás piensan y sienten lo mismo que nosotros.) Pilato respondió: «Ahí tenéis una guardia» (Mateo 27.65a).  Hay quienes insinúan que  el gobernador estaba diciendo: «Ya ustedes tienen su guardia del templo; usen esa». No obstante, lo que sigue indica que Pilato estuvo de acuerdo en ayudarles  y  les  suplió una guardia  romana.

2.      El arma religiosa

El texto literalmente dice que los sacerdotes «fueron y aseguraron el sepulcro» (Mateo 27.66a), esto es, hicieron todo lo que estuvo al alcance de ellos para asegurarlo. En primer lugar, no hay duda de que se aseguraron de que el cuerpo de Jesús estaba en efecto en el sepulcro. Luego hicieron rodar la piedra a su posición original, «sellando» esta (Mateo 27.66c). Pudieron haberla sellado con cera de sellar o con arcilla, la cual habrían puesto en el contorno de la piedra, o tal vez tendieron una cuerda de un lado al otro de la piedra, y la estiraron de modo que sujetara esta contra la entrada. El propósito del sello era impedir que alguien tratara de forzar la entrada; el castigo para quien lo rompiera era la muerte.

3.      El arma del poder

Por último, los guardas romanos asumieron sus puestos alrededor del sepulcro (Mateo 27.66b).  Una vez hecho esto, los dirigentes pudieron irse, y se fueron seguros de que en tres días estarían en condiciones de exhibir el cadáver de Jesús, asestando de esta manera un golpe final a lo que consideraban un «movimiento por Cristo”  Con la guardia romana no se podía llegar, porque ellos ejercerían el poder coercitivo de las armas y de la imposición por la fuerza.

Hoy por hoy el mundo sigue usando estas tres armas para no dejar que Cristo viva en los corazones de la gente. Usan las leyes para impedir predicar, enseñar la biblia. Usan la religión para acusarnos de impositivos y de falta de solidaridad y hermandad y finalmente la violencia que impone una fuerza para hacernos menos radicales en nuestras creencias cristianas.

III. En tercer lugar veamos EL SILENCIO para Dios

La Palabra de Dios nos manda estar preparados en todo momento para ofrecer una apología de nuestra esperanza y explicar su logos a quienquiera nos lo pida (1 P. 3:15).  ¿Cuál, pues, es el sentido y la lógica de la resurrección de Cristo y la nuestra?  ¿Es sólo una exótica curiosidad al final de la historia o pertenece integralmente al sentido coherente de toda nuestra fe?

A.     Es un silencio que alimenta la  ESPERANZA

 La resurrección de Cristo es el ancla firme de nuestra esperanza; significa que la esperanza cristiana tiene una sólida base histórica. Tenemos una esperanza bien fundada en un hecho ya demostrado: Jesús ha resucitado.  Es importante recordar que la esperanza es una parte esencial de nuestra fe. El sábado es un reto de Dios para esperar. Y debemos saber que creer es esperar; si no espero, realmente no creo.  Y esta esperanza, que es inseparable de nuestra fe, no está en el aire.  Está firmemente fundada en un hecho que ya ocurrió, cuando Cristo resucitó..

Un filósofo contemporáneo que destacó el tema de la esperanza fue el marxista Ernst Bloch.  Hace unas décadas un alumno suyo, Jurgen Moltmann, planteó dos preguntas muy importantes ante la “filosofía de la esperanza” de su maestro.  Si la muerte tiene la última palabra para cada ser humano, preguntó Moltmann, ¿con qué base podemos esperar?  Y peor, si nuestro planeta mismo también espera su propia muerte cósmica, (http://es.scribd.com/doc/48937757/Jurgen-Moltmann-TEOLOGIA-DE-LA-ESPERANZA-x) entonces tanto a nivel personal como a nivel cósmico, pareciera que la esperanza no sería más que una fatua ilusión.  La muerte parecería llevar toda la victoria, pues al fin estamos destinados a la muerte humana y la muerte cósmica.  Entonces Moltmann comenzó a pensar en la resurrección de Cristo como logos de nuestra esperanza.  Curiosamente, a la época estaba bastante popular la sensacional “teología de la muerte de Dios”.  Moltmann respondió que efectivamente, Dios había muerto (Dios el Hijo, en la cruz), pero también había resucitado y está sentado a la diestra del Padre.  Ahora nuestra fe nos da una verdadera base para esperar.  Frente a la muerte personal, nos asegura de nuestra resurrección en Cristo.  Y frente a la muerte cósmica, nos anuncia nueva tierra y nuevos cielos. Por eso el sábado es esperanza, aun cuando no haya base visible ni calculable para seguir esperando, el cristiano (como Abraham; Romanos 4:18) sigue esperando.  No por las circunstancias, que comúnmente no alimentan ni fundamentan la más mínima esperanza.  Pero Cristo ha resucitado, y nosotros resucitaremos.  Después de la resurrección de Cristo, para el cristiano no debe de haber cómo desesperarse.  A la luz de la resurrección, todo es posible.

     Porque él vive, yo no temo el mañana,

     Porque él vive, el temor se fue,

     Porque yo sé que el futuro es suyo,

     Y que vale la pena vivir,

     Porque él vive en mí.

Creo que nuestros pueblos necesitan este mensaje, especialmente después de la “década perdida” de los 1980s, ahora en “la década peor” de los 1990s, y ante todas las incógnitas de la Postmodernidad.  Tienen razón los que describen las últimas décadas como “el cementerio de las esperanzas”.  Como los caminantes a Emaús, muchos que antes habían esperado, y luchado por sus ideales, ahora no esperan más.  Muchos revolucionarios de ayer ahora están totalmente desilusionados y han abandonado los sueños de una utopía de justicia e igualdad.  Pero los cristianos sabemos que Cristo resucitó, y seguiremos esperando, contra viento y marea.


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Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

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