Del suelo se suele aprender: La Lucha de Jesús


Del suelo se suele aprender

Alux Nahual (Espíritu del duende en idioma maya) uno de mis grupos favoritos latinoamericanos escribió un canto interesante.

Oh Juntos

diez años juntos

construyendo un buen futuro

con dos pequeños y uno más en camino

 

Todo el sentido ahora se ha perdido

ella no quiere estar más contigo

se te olvido que tambien necesita

alguna caricia

 

Pero no hay nada irremediable

si ahora hay fuego nunca es tarde

 

Solo y serio en tu apartamento

extrañando viejos tiempos

el sentimiento y la moral por el suelo

y un vacio adentro

 

Pero el final nadie lo ha escrito

vuelve a buscarla buen amigo

 

No te dejes vencer

por los tropiezos en el camino

que del suelo se suele aprender

 

Hay fuego aun en su pecho

y si se apaga vuelve a encenderlo

en esta vida nada está garantizado

tienes que cuidarlo

 

Y si te sientes derrotado

date un descanso y vuelve a intentarlo

no te dejes vencer

por los tropiezos en el camino

que del suelo

se suele aprender

 

del suelo, se suele aprender del suelo

del suelo, se suele aprender del suelo

 

no te dejes vencer

por los tropiezos en el camino

que del suelo se suele aprender

no no no

no te dejes vencer

por los tropiezos en el camino

que del suelo

se suele aprender

Me gusta el enfoque de la canción sobre todo lo relacionado con la estrofa “del suelo se suele aprender”. Así es, cuando estamos  en lucha agónica y nos sentimos postrados y angustiados, hasta caer por tierra, es allí en ese lugar donde el panorama cambia. En el huerto de Getsemaní Jesús cayó postrado en tierra, era su momento de estar en los suelos, pero allí aprendió. ¿Y que fue lo que aprendió? Dos grandes cosas aprendió a luchar y aprendió a vencer. Tal vez usted está pasando por un tiempo de suelo, pero al igual que Jesús “del suelo se suele aprender”.

Para Jesús el huerto de Getsemaní FUE UN LUGAR LUCHA ESPIRITUAL. Aunque Jesús estaba solo en el huerto, hay un momento en la vida en que todo parece irrealmente sin sentido. Y luchamos con tantas variables. Jesucristo tuvo, esa lucha en Getsemaní. Ese lugar fue un terreno de gran conflicto. Fue allí donde el Señor libró una de las más grandes, cuando no la más grande, de Sus batallas.

Primero fue un lugar de angustia. Porque estaba luchando con la dureza del plan de Dios y no le gustaba. Leemos en Mateo 26.36: «Entonces llegó Jesús con ellos [con los apóstoles], a un lugar que se llama Getsemaní». El nombre «Getsemaní» significa «prensa de extracción de aceite». Es un nombre apropiado para la ocasión: este fue el lugar al cual vino Jesús cuando eventos inminentes se agolparon sobre Él, cuando la sombra de la cruz amenazó con aplastarlo. Los autores de los evangelios describieron la angustia del Señor en términos gráficos: Mateo dijo que Él «comenzó a entristecerse y a angustiarse» (Mateo 26.37); Marcos escribió que «comenzó a angustiarse y a atribularse» (Marcos 14.33; NASB). Jesús dijo a Sus discípulos: «Mi alma está muy  triste, hasta la muerte» (Mateo 26.38). En la NIV se lee: «Mi alma está agobiada». En la NLT se lee: «Mi alma está aplastada de tristeza…». La expresión «hasta la muerte» se refería no solo a la agonía del

Calvario, sino también a la angustia de Getsemaní. En la AB se lee: «Estoy casi muriendo de tristeza». Después que Cristo dejó a Sus discípulos, Él se postró en tierra y comenzó a orar, diciendo: «Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa» (Mateo 26.39). La «copa» se refería a todo el padecimiento físico, emocional y espiritual que le aguardaba. El autor del libro de Hebreos dijo que Él « [ofreció] súplicas con gran clamor y lágrimas» (Hebreos 5.7). Lucas describió la escena de este modo: «Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra» (Lucas 22.44). En vista de que la Pascua se celebra al principio de la primavera,  el aire de la noche habría sido fresco, tal vez frío (vea Juan 18.18). No era un tiempo en el que sudar fuera algo natural. La transpiración que manó del rostro del Maestro no fue el resultado de la temperatura externa, sino del estremecimiento interno. La «copa» que Jesús menciona en Su oración, se refiere al padecimiento físico, emocional y espiritual, al cual se vería sometido. Tómese un momento para considerar cada una de las clases de padecimiento que le aguardaba. En primer lugar, habría padecimiento físico: la muerte no podía haber sido atractiva para un hombre que tenía treinta y tantos años, un joven que estaba en la flor de la vida. A una edad en la cual la mayoría comienza su carrera, Él estaría poniendo fin a la Suya. Más significativo que lo anterior era la clase de muerte que Él tendría que soportar: a la cruz se le ha llamado el instrumento de tortura más cruel que el hombre jamás concibió.   Al encontrarme en un lugar de angustia sé que El Señor ha estado allí y Él comprende (Hebreos 4.15). Pero también el huerto fue un  lugar de decepción. Porque había compartido el plan de Dios y nadie lo entendía. Así que es una lucha con la decepción de los hombres. Getsemaní no fue solamente un lugar de angustia para Jesús. También fue un lugar de decepción. Por lo general, las prolongadas sesiones de oración de Cristo se llevaban a cabo en la soledad (vea Marcos 1.35; Mateo 14.23). En esta ocasión, no obstante, Él sintió la necesidad de compañía.  Cuando Cristo siguió en dirección al huerto «tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan» (Marcos 14.33). Les rogó, diciendo: «quedaos aquí, y velad conmigo» (Mateo 26.38b). ¿Qué hicieron? Se durmieron. Lo entiendo, estaban cansados, y el de ellos era un cansancio  tanto  físico  como  emocional;  pero, adaptando las palabras de Jesús que se recogen en  Marcos 14.37, ¿no pudieron haber velado con Él por lo menos una hora? La decepción  siguió acumulándose    sobre Cristo en el huerto: Había pasado años con los doce, pero uno de ellos lo entregó. Había pasado años enseñando sobre la naturaleza espiritual del reino, y a pesar de esto, Pedro lo consideraba un reino de carácter político que había de defenderse con armas materiales. ¿Se ha encontrado usted alguna vez en un lugar de decepción? Jesús ha estado allí, y Él entiende.  Pero el huerto también fue un lugar de abandono.Luchaba con la soledad del plan de Dios, y no lo entendía, era una lucha con la desilusión de las circunstancias. Esta es una lucha con las circunstancias.  Cuando Cristo deseaba  la  compañía de   sus amigos, ellos se durmieron. Al final «todos los discípulos, dejándole, huyeron» (Mateo 26.56).  ¿Se ha encontrado usted alguna vez en un lugar de abandono? Jesús ha estado allí, y Él entiende. Habría sido un tiempo bien empleado si nos detuviéramos aquí. Todos hemos tenido nuestros Getsemaníes. De hecho, algunos de ustedes se encuentran en el huerto de la desesperanza, de la decepción o del abandono en este momento. ¡Qué importante es darnos cuenta de que Jesús conoce las experiencias por las que usted está pasando! Él entiende  y  se   compadece.  «Porque   él   conoce nuestra condición; se acuerda de que somos polvo» (Salmos 103.14). Puede «compadecerse de nuestras debilidades», porque «fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado» (Hebreos 4.15).

En segundo lugar también el Getsemaní fue un lugar DE LIBERACIÓN ESPIRITUAL.   Es decir un terreno de conquista. Como vemos en la Escritura, el relato, sin embargo, no termina allí. Getsemaní no solo fue un terreno de conflicto; también lo fue de conquista. Aquí fue donde el Señor ganó una de Sus más grandes victorias. Primero fue un lugar de súplica .Después de ver el aspecto negativo de Getsemaní, ahora volvamos la mirada a lo positivo. En primer  lugar,    noto que  el huerto fue un lugar de súplica. Jesús fue al huerto con un propósito: orar. Dijo a Sus discípulos: «Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro» (Mateo 26.36). Cristo tenía el hábito de orar antes de los acontecimientos importantes de Su vida y durante ellos;  no haría una excepción esta vez. En ese sentido el huerto de Getsemaní es otro modelo de cómo orar en tiempos de luchas, de temor y de renuencia a seguir el plan de Dios. Esa súplica de Jesús era por un lado personal. Se nos da una mirada de por qué Jesús oró, cuando vemos un término que Él usó; un término que no se encuentra en ningún otro versículo de los anales del evangelio.  «Y decía: Abba, Padre» (Marcos 14.36). «Abba» es una palabra aramea que significa «Padre», pero es una palabra como la que usaría un niño, una de las primeras palabras que un niño aprendería. Es parecida al lenguaje de los niños en nuestro idioma, que incluye palabras  tales como «papá» o «papito».  La palabra «Abba» insinúa que hay intimidad, confianza y una relación; es una señal de que hay una relación especial con el Padre. (En la literatura judía, no hay registro alguno de alguien anterior a Jesús, que llamara «Abba» a Dios. La palabra «Abba» también se encuentra en las epístolas, en Romanos 8.15 y Gálatas 4:5 y 6).

Por otro lado es una súplica pastoral. Que difícil para Jesús tener sus propias luchas y sin embargo estar cuidando a otros que no estaban en la misma dimensión que el. Una cosa es estar angustiado y caminar solo que andar a carreando un montón de inmaduros en la luchas que tengo.  En realidad aunque Jesús necesitaba apoyo de sus discípulos, también era obvio que estaba preocupados por ellos porque no se estaban preparados para la lucha espiritual que vendría en breve. Jesús no solamente oró, sino que también animó a Sus discípulos a orar: «Cuando llegó a aquel lugar, les dijo: Orad que no entréis en tentación» (Lucas 22.40). Aunque estaba a punto de morir, no les pidió que oraran por Él, sino por ellos mismos. Les instó, con estas palabras: «Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil» (Mateo 26.41). Él sabía de las tribulaciones que les aguardaban a  ellos; necesitaban orar para que pudieran tener la victoria. Cuando usted se encuentre en su Getsemaní de desesperanza, de decepción o de abandono, conviértalo en un lugar de súplica. Pero también era una súplica no sólo personal, pastoral, sino de preparación. O en otras palabras de poder, de capacidad. ¿Qué tipo de poder me refiero? Poder para enfrentar los tragos amargos. Hay una frase que me llamó la atención en Juan 18:4, oiga lo que dice: “Pero Jesús, sabiendo todas las cosas que le había de sobrevenir, se adelantó y le dijo: ¿A quién buscáis?”. Algo sucedió en esas tres horas de oración de Jesús. A Jesús le dio primero conocimiento de las cosas que vendrían. Dios lo preparó en relación a los detalles, pero por otro lado no solo conocimiento, sino también confianza (dice el texto “se adelantó). No espero pasivamente son que fue a encarar su destino, y por último le dio convicción. Cuando el desafío a los que le buscaban, hizo la declaración de “Yo soy al que buscáis”. No sólo iba a enfrentar los tragos amargos, sino  a las personas amargas y las situaciones amargas. Creo que queda bien clara la necesidad de prepararnos en oración para los tiempos difíciles y de lucha que vienen contra nosotros.

Por otro lado  además de ser un lugar de súplica, Getsemaní también fue un lugar de sumisión. (Esta es una verdad clave.) Jesús había dicho: «Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió» (Juan 6.38; vea Hebreos 10.7, 9). Había enseñado a Sus discípulos a orar, diciendo: «Hágase tu voluntad» (Mateo

6.10). Ahora que el deber entraba en conflicto con el deseo, Él siguió el mismo mandato que dio a Sus discípulos. Después de orar, diciendo: «si es posible, pase de mí esta copa», pudo añadir: «pero no sea como yo quiero, sino como tú» (Mateo 26.39). Alguien dijo que la oración no consiste solamente en ejercitarse para presentar peticiones, sino también en capacitarse para cumplir condiciones.  Cada vez que Cristo oró, Su voluntad estuvo cada vez más de acuerdo con la de Su Padre. Primero  oró, diciendo: «… si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú» (Mateo 26.39). La segunda vez, esto fue lo que dijo en oración: «… si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad» (Mateo 26.42). Al final, después de Su tercera sesión de oración, pudo decir: «… la copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber?» (Juan 18.11). Cuando la turba arrestó a Jesús, no fue por causa de las cuerdas que Él no escapó, sino por causa de la voluntad de Dios. La próxima vez que usted se encuentre en su Getsemaní, no olvide orar. Cuando ore, diga: «Que no se haga mi voluntad, sino la Tuya», y dígalo con convicción. No hay carga tan pesada que la sumisión a Dios no pueda aliviar.

Pero en tercer  lugar fue un lugar de sostenimiento. Por último, yo haría notar que el huerto de Getsemaní fue un lugar de fortalecimiento. El autor del libro de Hebreos dijo que «ofreciendo [Jesús] ruegos y súplicas […] fue oído» (Hebreos 5.7) Note que el texto dice que fue “oído” pero no respondido como él quería. ¿Cómo se interpreta esto? ¿Si Jesús fue oído porque no fue librado de la muerte? Quizás es más como una terapia en dónde necesitamos desahogarnos, y sentir que alguien si nos entiende. En  respuesta a Sus oraciones, «se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle»  (Lucas 22.43). La palabra fortalecer es un participio presente, que significa recobrar las fuerzas. La usa Lucas en Hechos 9:19 para referirse a Pablo que cuando comió “recobró las fuerzas”. Al final Dios si le escuchó y respondió fortaleciéndole. Así que cuando Jesús terminó de orar, Sus luchas internas estaban superadas; estaba preparado para la terrible experiencia que le aguardaba. «Extendió su mano para tomar la copa que había estado declinando» (vea Juan 18.11). «Cualquier cosa que ofreciera la mano del Padre, por más amarga que fuera, era mejor que cualquier cosa que ofreciera la mano del mundo, por más dulce que fuera».  Dijo a Sus discípulos: «He aquí ha llegado la hora, y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores. Levantaos, vamos» (Mateo 26.45b, 46a). Los que vinieron a arrestarlo probablemente esperaban que Él huyera; sin embargo, en lugar de huir, Él tuvo la valentía para dar un paso al frente y encontrarse con ellos (vea Juan 18.4).

A partir de ese momento, «él fue la única persona tranquila y serena de la [multitud] […] Pasó por todos los escenarios con una compostura, serenidad y dignidad que es la maravilla de las edades». En lugar de ser la víctima, «él fue el vencedor».  En el terreno del conflicto, Cristo fue el ganador.  Dios no quitó la copa, pero sí le dio a Jesús la fortaleza para soportarla. A menudo, cuando oramos a Dios, Él no quita las dificultades que nos aquejan; en lugar de ello, nos da la fortaleza que necesitamos para sobrellevarlas. De este modo, Él nos capacita para ayudar a otros que estén haciendo frente a dificultades parecidas (vea 2 a  Corintios 1.4). Cuando usted se encuentre en su Getsemaní, busque en el Señor fortaleza. No hay reto tan abrumador que Dios no le pueda ayudar a enfrentarlo (1 era  Corintios 10.13; Hebreos 13.5).

No hay manera de expresar lo ocurrido en Getsemaní como es debido, y menos la hay de explicarlo. Podemos saber que fue un lugar de desesperanza, un lugar de decepción y un lugar de descuido. A partir de estas verdades, nos enteramos de que Jesús sabe y entiende lo que nosotros tenemos que soportar. No obstante, el huerto también fue un lugar de súplica, un lugar de sumisión y un lugar de sostenimiento. Estas verdades nos enseñan que el camino a la victoria es la sumisión, esto es, la sumisión a la voluntad de Dios. Una de las más grandes tareas que todos nosotros alguna vez enfrentaremos es armonizar nuestra voluntad con la voluntad de Dios; y así fue como Jesús obtuvo Su victoria, y así es como nosotros obtendremos la nuestra. Al hablar de someter nuestra voluntad, debo preguntar si usted ha sido obediente a los mandamientos del Señor relacionados con llegar a ser cristiano y vivir la vida cristiana de fidelidad. ¿Ha sido bautizado (sumergido) usted en Cristo como pecador arrepentido (Marcos 16.16; Hechos 2.38; Gálatas 3.26–27)? Si ya hizo esto, ¿ha vivido usted como el Señor desea? Si necesita volver a Él, hágalo hoy mismo (Hechos 8.22; Santiago 5.16). En la primavera del 2001, la región de la gran Oklahoma City fue golpeada por devastadores tornados. Se trata de una región inestable. Un locutor informó de  un hombre que  que  gritaba,  a medida que   el rugiente tornado se dirigía rumbo a su casa, y en sus gritos decía: « ¡Señor, no estoy preparado todavía!». ¿Está usted preparado para la tragedia que puede sobrevenir en cualquier momento? Si no lo está, ¡por favor preocúpese por estarlo hoy , tendrá que enfrentarse a su Getsemaní. Recuerde aunque sea derribado caerse es una opción levantarse es obligatorio.  Del suelo se suele aprender. No tenga miedo estar allí, Dios lo sacará adelante.

 

Anuncios

Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s