Serie Oración Intercesora: La debilidad del intercesor II parte


La debilidad del intercesor

III.                    La tercera debilidad: La imposibilidad de Moisés

Moisés en su oración se ve envuelto en un estado de imposibilidad. El prefiere morirse antes de poder llevar la carga. Dios le ofrece tres soluciones para salir de esa imposibilidad. Bien, Dios le contestó, y es maravilloso ver su gracia y profundidad en la respuesta. Él primero le contesta librándolo de la presión de Moisés, dividiendo la labor. Verso 16:

A.     Le dio ayuda en las personas

Entonces Jehová dijo á Moisés: Júntame setenta varones de los ancianos de Israel, que tu sabes que son ancianos del pueblo y sus principales; y tráelos á la puerta del tabernáculo del testimonio, y esperen allí contigo. Y yo descenderé y hablaré allí contigo; y tomaré del espíritu que está en ti, y pondré en ellos; y llevarán contigo la carga del pueblo, y no la llevarás tú solo. (Números 11:16-17) Es maravilloso que Dios escogió en ambos el Antiguo y Nuevo Testamentos al usar ancianos como solución al problema de un ministerio sobrecargado. Encontramos lo mismo en el libro de Hechos. Cuando los apóstoles fueron asignados con la tarea de guiar una iglesia que en rápido crecimiento, que crecía a pasos agigantados–dos mil en un día, tres mil en otro, cinco mil poco después–la solución de el Espíritu fué la de asignar ancianos para dividir la carga entre ellos. A través del Nuevo Testamento encontramos que la forma en que Dios asignó responsabilidades fué el de tomar hombres dignos de confianza, hombres de respeto y honor, y poner el espíritu de liderazgo en ellos y dejar que se distribuyera la carga, descubriendo la mente de Dios para la gente. Siempre me impresiona el hecho de que Dios escogió hacerlo de esta manera y que él entiende la presión que puede venir en un solo individuo que está a cargo de muchas responsabilidades.

Yo creo que este es uno de los conceptos mas malentendidos de la iglesia hoy día. Encuentro que la mayoría de las iglesias no piensan de los ancianos como los vemos aquí funcionando y en el Nuevo Testamento. La mayoría de las iglesias piensan de los ancianos como miembros ejecutivos de la junta que están simplemente encargados de tomar decisiones–la gente viene a ellos con problemas y los ancianos deciden que hacer de acuerdo a lo que ellos crean mejor, igual que haría una junta corporativa de ejecutivos. Pero los ancianos en la Biblia eran hombres que entendía a la gente y entendía sus problemas. Ellos se relacionaban con la gente y se envolvían con ellos, les ministraban a ellos, y traían el conocimiento íntimo de ese envolvimiento con personas y problemas al grupo en general, así que juntos, los ancianos podían buscar la mente de Dios para saber cual debía ser la decisión. Y la decisión venía de Dios, no de los hombres. Ese es el trabajo del anciano, y eso es lo que Dios propone hacer aquí con Moisés.

Es interesante ver dos de las funciones de los ancianos, ya que se nos dice un poco más tarde, en el verso 26: Y habían quedado en el campo dos varones, llamado el uno Eldad y el otro Medad, sobre los cuales también reposó el espíritu: estaban estos entre los escritos, mas no habían salido al tabernáculo; y profetizaron en el campo. Y corrió un mozo, y dio aviso á Moisés, y dijo: Eldad y Medad profetizan en el campo. (Números 11:26-27) Este joven está alarmado por esto. El cree que Moisés se va a poner enojado de que cualquiera tendría el atrevimiento de profetizar. Entonces respondió Josué hijo de Nun, ministro de Moisés, uno de sus mancebos, y dijo: Señor mío Moisés, impídelos. (Números 11:28) “No podemos dejar que esto suceda. Tenemos que mantener la jerarquía aquí.” Y Moisés le respondió: ¿Tienes tú celos por mí? más ojalá que todo el pueblo de Jehová fuesen profetas, que Jehová pusiera su espíritu sobre ellos. (Números 11:29) ¡Que respuesta gentil, y que claro Moisés entendió el proceso de Dios! En el Nuevo Testamento esto viene a dejarse ver por completo en la iglesia cuando aprendemos que todo el pueblo de Dios está equipado con los dones del Espíritu, ya que el Espíritu está sobre toda la congregación. Se espera de todos nosotros el ministrar de acuerdo al regalo que Dios nos ha dado. Este incidente en el desierto es una anticipación de esto, cuando Dios comenzó a enseñar cual era su método prescrito para ministrar. ¡Qué lección es esta para nosotros! Como le habrá ayudado a Moisés a saber de que él podía compartir la responsabilidad y la carga con hombres de fé similar que también tenían regalos del Espíritu y que estaban llenos del Espíritu para que así pudieran funcionar en esta manera.

B.      Le ayudó con provisión para las personas

Esa fue la división de la labor, pero ahora Dios continúa contestándole la oración a Moisés con una provisión milagrosa de abastecimiento. Miren al verso 18: Empero dirás al pueblo: Santificaos para mañana, y comeréis carne: pues que habéis llorado en oídos de Jehová, diciendo: ¡Quién nos diera á comer carne! ¡Cierto mejor nos iba en Egipto! Jehová, pues, os dará carne, y comeréis. No comeréis un día, ni dos días, ni cinco días, ni diez días, ni veinte días; Sino hasta un mes de tiempo, hasta que os salga por las narices, y os sea en aborrecimiento: por cuanto menospreciasteis á Jehová que está en medio de vosotros, y llorasteis delante de él, diciendo: ¿Para qué salimos acá de Egipto? (Números 11:18-20) ¡Qué clase de comentario en espíritu de criticar y dar quejas! Todo esto termina siendo un insulto a la presencia y poder de Dios, ¿no es así? Cuando nos quejamos de lo que Dios nos ha traído y las condiciones que el ha puesto en nosotros, hacemos exactamente lo mismo que hicieron los que murmuraron en el pueblo de Israel. Eso despierta el coraje de Dios de que seamos tan desagradecidos, ignorantes de quién es él, incrédulos de que él está en medio nuestro y que puede solucionar los problemas. Seguramente que podemos al menos darle una oportunidad a él para que demuestre su sabiduría, y su poder entre nosotros. Leemos después como Dios hizo esta provisión milagrosa. Verso 31: Y salió un viento de Jehová, y trajo codornices de la mar, y dejólas sobre el real, un día de camino de la una parte, y un día de camino de la otra, en derredor del campo, y casi dos codos sobre la haz de la tierra. (Números 11:31). Esto no quiere decir que las codornices se amontonaron a esa altitud. Lo que quiere decir es que volaron a ese nivel, dos cúbicos (alrededor de tres o cuatro pies) por encima de la tierra, para que los israelitas pudieran ir con garrotes y los golpearan al suelo y así tomar la carne que estaban hambrientos de comer. Y eso hicieron. Se nos dice: Entonces el pueblo estuvo levantado todo aquel día, y toda la noche, y todo el día siguiente, y recogiéronse codornices: el que menos, recogió diez montones; y las tendieron para sí á lo largo en derredor del campo. (Números 11:32) Ellos comenzaron a comerlos, y como Dios dijo, tuvieron tanto de comer codornices que empezaron a disgustarse de ellos. Ahora entiendo que es imposible comer codornices por más de algunos días porque la carne de codorniz es muy rica. Después de algunas comidas de codornices no puedes ver ninguna más, pero esta gente comió hasta que se le salieron por las narices, Dios de verdad que le suplió su necesidad. Uno de los grandes principios que se ven a través de las Escrituras es que Dios con frecuencia enseña a su pueblo. ¿Ha realizado usted que peligroso puede ser, a veces, tener sus peticiones contestadas? Dios puede darle lo que usted pida como lo hizo con esta gente, pero no durará mucho tiempo antes de que usted no querrá lo que él le ha dado. Hace algunos años que un joven de escuela superior  dijo, “Hace algunas semanas conocí a la muchacha más hermosa. Oré al Señor, Si tú me dejaras conocer a esta muchacha, y poder conocerla más, y salir con ella, yo sería la persona más contenta de la tierra., Bien, Dios contestó mi oración. La conocí y comencé a salir con ella, pero ahora estoy orando, ¡Señor, si pudieras ayudarme a salir de esta joven, yo sería la persona más feliz de la tierra!,” Eso es lo que sucede a veces. Esa es la forma en que Dios nos enseña cómo y por qué orar. De su ingratitud, y su falta de entendimiento, y falta de confianza, esta gente aquí en el desierto oró un tipo de oración errónea pero Dios la contestó para que aprendieran de esa experiencia. Esto es reflejado a menudo en nuestra experiencia en el presente.

C.      Le ayudo con la autoridad sobre las personas

Ahora, no fue tan solo la división de la labor, y la provisión de abastecimiento, pero también hubo un juicio discriminado que Dios hizo, en el verso 33 se nos dice: Aun estaba la carne entre los dientes de ellos, antes que fuese mascada, cuando el furor de Jehová se encendió en el pueblo, é hirió Jehová al pueblo con una muy grande plaga. (Números 11:33) Se piensa que la carne se dañó sin que los israelitas lo supieran. Algún tipo de botulismo, quizás es la razón por la cual esta plaga se manifestó entre ellos. Se nos dice: Y llamó el nombre de aquel lugar Kibroth-hattaavah [que quiere decir “las sepulturas de las codicias], por cuanto allí sepultaron al pueblo codicioso. (Números 11:34) Ahora noten algo, no todos murieron, o todo el que murmuró y se quejó murió. Dios solamente identificó a los autores de este descontento, ya que antes en el verso 4 se nos dice, “el canalla que estaba entre ellos tenía una gran codicia”, y aquí al terminar el pasaje leemos, “cuanto allí sepultaron al pueblo codicioso.” Así que Dios castigó a los instigadores que había entre ellos y contestó la oración de Moisés. Dios libró a Moisés del terrible sentir de la carga, enseñó una gran lección de la queja y su capacidad para suplir a la gente, y al mismo tiempo, juzgó a aquellos que causaron los problemas en el campamento.

Lo notable de esto es que aún la petición de Moisés, siendo de una manera quejosa y reprochable fue sin embargo contestada. Es la oración más pobre que jamás haya orado, es una de las oraciones más débiles de la Biblia, lejos de ser una oración modelo, pero cualquiera que fuese, esta oración fue un atento de recibir recursos divinos. Reconoció la propia insuficiencia de Moisés, y hacía conciencia de los recursos increíbles de Dios, su sabiduría, y la posibilidad de resolver este problema; por lo tanto Dios lo honró y le contestó. Eso es la oración, una confianza no en nosotros, pero en Dios, que trae más adelante grandes posibilidades.

La diferencia clara entre Moisés el hombre y Moisés el motivador de los eventos mundiales fue la diferencia en el poder de la oración, porque fue la confianza que Moisés tuvo de que Dios iba a hacer y resolver a través de él hizo posible lo que él alcanzó. En el Nuevo Testamento vemos la figura asombrosa de Moisés y lo que fue en la historia. Él enseñó al pueblo de Israel a entender algo más de la grandeza de su Dios que ellos nunca habían tenido. Él reveló a Dios como el Soberano de toda la historia, el Creador de los cielos y la tierra, Señor de Señores, Rey de Reyes, el Suplidor de su pueblo, el Entendedor de las necesidades de la gente. A través de todo este recuento tenemos un retrato maravilloso de como Dios poderosamente usó a este instrumento humano para enseñar a la gente de su grandeza y poder.

En el capítulo once de Hebreos se dice de Moisés “él soportó el verle a él quién es invisible.”(Hebreos 11:27). Eso es lo que la oración hace. Oración es la actualización de nuestra conciencia de que Dios está allí. No podemos verle, pero él está con nosotros en los eventos de nuestras vidas, las ocurrencias diarias y comunes de nuestra existencia. Eso es de lo que trata la oración. Ha sido para mí un privilegio en mi vida de haber conocido algunos de los gigantes espirituales de nuestro día. He tenido el privilegio de acercarme a algunos de estos hombres, aún vivir con algunos, y he encontrado invariablemente el mismo patrón–hombres que eran insignificantes en sus alcances personales pero que habían alcanzado grandes logros espirituales por el poder de Dios a través de su actualización en la oración. Siempre he encontrado hombres ordinarios que sin embargo tenían un Dios extraordinario. Eso es lo que trata la oración, ¿no es así? Es ahí donde también estamos nosotros. No somos peores que Moisés, ni mejores tampoco. Muchos de nosotros se sienten muy de cerca a lo que él hizo: “¿Cómo puedo hacer estas cosas que me estás pidiendo?”  “¿Cómo puedo vivir esta situación?” “¿Cómo puedo continuar en los días que siguen?” “¿Por qué me trajiste a este lugar?” “¿Cómo puedo suplir estas necesidades?” Nuestro grito quisquilloso es a menudo expresado, o sin expresar, a lo largo de estos mismos términos. Que lección es esta que Dios en su gracia, no obstante, contesta y resuelve nuestros problemas, no para que vayamos en oración en una forma reprochable, pero que podamos aprender a como orar y como confiar y crecer en nuestra vida de oración–y entender que, débil e inadecuado como seamos a menudo, nuestro Dios es la clase de Dios que puede escoger vasos débiles como nosotros y usarnos en realizaciones poderosas. Quizás nunca se sepan aquí en la tierra, pero se sabrá ampliamente en el cielo. “Dios ha escogido las cosas débiles de la tierra” dice Pablo, “lo obscuro, lo marginado, lo pobre, para que así avergonzar a los fuertes,” (1 Cor 1:27). Esa es la forma en que Dios obra. Es una forma muy contraria a la forma que el mundo usa para motivar a las personas para que funcione, o aún a la iglesia mundana que glorifica a los hombres y mujeres y los exalta como estrellas glamorosas que pueden funcionar más allá de las habilidades ordinarias de las personas. Esa no es la forma que Dios usa. Dios ama a gente ordinaria como usted y como yo, y él está dispuesto a usarnos adonde estamos. Eso es lo que trata la oración.

Oración

Señor, te damos gracias por las verdades que hemos estado mirando. Confesamos que a menudo nos sentimos como Moisés. Sentimos que los problemas son muy grandes para nosotros, nuestra vida demanda mucho, nuestras presiones son muy grandes, nuestras circunstancias son muy complejas, y resentimos que se nos pregunte hacerlas. Perdónanos Señor. Danos eso que en la oración de Moisés y de las experiencias de nuestras propias vidas también aprendamos que tú eres un Dios de recursos infinitos, de sabiduría increíble, de paciencia infinita y entendimiento, y que tú haces estas cosas si confiamos. Ayúdanos en nuestra incredulidad. Oramos en el nombre de Jesús, Amén.

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