8 Decisiones Sanadoras: La decisión de la esperanza III parte


Bueno entonces hemos dicho que La segunda decisión es la decisión de la esperanza. Esta decisión dice así: “Realmente creo que Dios existe, que yo le importo, y que tiene el poder que me ayudará a recuperarme”.  Se basa en la bienaventuranza de Mateo 5:4: Felices los que lloran, pues ellos serán consolados.     Jesús dijo esto.  Al leer esto, inmediatamente te das cuenta de que al decir: “Felices los que lloran”, el camino que Jesús sigue para consolar a los que sufren es completamente diferente de nuestro camino de comodidad y esperanza. Dos caminos totalmente diferentes. Lo que Jesús nos dice con esta declaración, Felices los que lloran… es que, a menudo, las cosas que más tratamos de evitar son aquellas que Dios quiere usar para enseñarnos el camino de la dicha genuina. La verdad es que no me gusta angustiarme por mis pecados. No quiero sentirme mal por mis faltas. Pero cuando admito que están allí y me angustio por ellas, empiezo a caminar hacia la restauración que Dios provee. Esa es la realidad, pues así recibo la fortaleza que él provee.  Me niego a sentir dolor por lo que ha sucedido en mi pasado, por las heridas que he recibido. Pero tan pronto como me animo a admitirlas, Dios abre las puertas de la  prisión y me da alivio real. No quiero sentir dolor por ese mal hábito que no puedo controlar ni dejar. Pero tan pronto como lo hago, Dios abre las puertas de la prisión y me da alivio real. La verdad es que lo que quiero evitar es el camino de Dios hacia la genuina recuperación. Tengo mi propio camino hacia el alivio y la esperanza. Dios tiene otro camino que lleva al alivio y a la esperanza.   Nuestros caminos hacia el alivio y la esperanza: Tenemos muchos caminos diferentes, pero todos tienen una cosa en común: quieren obtener alivio y esperanza lo más rápido posible. No queremos seguir ninguna clase de proceso. No queremos esperar. Solo lo queremos rápido.  Por eso, procuramos obtener esperanza y alivio en cosas como el alcohol, la droga, juegos de azar, comprando cosas, el sexo, Pornografía, relaciones ilícitas, múltiples relaciones, el entretenimiento, cine, televisión, Juegos PC. No estoy conforme con mi vida. No me gusta como están las cosas, entonces, ¿qué puedo hacer? Me tomo un trago. Quizás eso hará que me sienta mejor. Y eso se transforma en mi camino hacia el alivio. Eso es lo que me alivia. Esa copa con hielo, ese trago con alcohol.  Es mejor algo de eso que enfrentar los problemas. Otros optan por auto compadecerse cierran puertas y ventanas, bajan las persianas y todo queda oscuro. Otros transitan el camino del enojo. Se sienten mejor con sus vidas haciendo que tú te sientas mal con la tuya. Si logran que te sientas mal de alguna manera, ellos creen que tienen más control. De esa manera pretenden obtener alivio y esperanza. Para otros es la comida. No comes para alimentarte. Comes para escapar, tratando de obtener alivio y esperanza. Para otros es el trabajo. Tengo que obtener éxito para sentirme mejor conmigo mismo.  Podríamos añadir mucho más a la lista. Pero la palabra de la que estamos hablando es escapeTratamos de escapar hacia un lugar de alivio y esperanza; y queremos llegar lo más pronto que podamos. El problema es este, todas esas vías de escape, solo son momentáneas. Al final no me proporcionarán el alivio y la esperanza que necesito. Peor que eso, con frecuencia terminaré adicto a ellas, porque tengo que repetirlas una y otra vez; y cuanto más lo hago, más efímero y artificial es el alivio que obtengo. Necesitamos algo más grande, algo más poderoso que eso. Algo que solo Dios puede dar.   Jesús dice: Felices los que lloran, pues ellos serán consolados. “Jesús modifica por completo el concepto de felicidad. La dicha y la bendición más profunda, a menudo proceden de aquellas cosas que menos quiero que sean parte de mi vida; cosas que jamás elegiría. Debemos aceptar las cosas que han sucedido y entender que el mundo NO tiene la esperanza que necesito. Entonces alzo mis ojos buscando a Dios, pues él es el único que tiene el alivio y la esperanza que necesito”.   Necesito salir del camino de la negación. ¿Qué es la negación? La negación es lo que nos impide movernos hacia delante, hacia la recuperación. Decimos a modo de excusa: “Realmente no es un problema… Estoy bien… No hay de qué preocuparse. Puedo manejar la situación”. Y, además de excusarnos, acusamos a otros: “Si tan solo mi esposa (o mi esposo) fuera de otra manera, nuestro matrimonio andaría bien”. Jugamos al juego de la culpa. Acusamos y nos excusamos. Cuando alguien nos pregunta: “¿Cómo te va?”, contestamos: “En lo que cabe y dadas las circunstancias, me va bien; sí, estoy bien… a lo menos por el momento todo está bien”. Es como si el diálogo anterior se tuviera con alguien que ha saltado de lo alto de un edificio y se encontrara a medio camino. “Sí, dadas las circunstancias, por lo menos hasta aquí, todo va bien”. Tenemos que aprender cómo tratar con la negación. ¿Qué le parece el siguiente anuncio en un periódico?: “Se ha perdido un perro de tres piernas, ciego del ojo derecho, le falta la oreja izquierda, no tiene cola, fue recientemente  castrado y responde al nombre de ‘Afortunado´”. Una excelente manera de ilustrar la negación. ¿No le parece? ¿Cuál es el antídoto para la negación? ¿Qué hace que  finalmente  afrontemos nuestros problemas? El antídoto de Dios para la negación es el dolor. Pocas veces cambiamos cuando vemos la luz; cambiamos cuando sentimos el calor. No cambiamos hasta que nuestro dolor no excede nuestro temor a cambiar. La mayoría de las personas casi nunca se mueven hacia la recuperación hasta que son forzadas a hacerlo porque ya no hay otra opción. Dios usa tres circunstancias para acabar con la negación, son cosas para llamar nuestra atención y forzarnos a intentar la recuperación en nuestras vidas: 1. Crisis. Es decir enfermedad, estrés, pérdida de trabajo.2. Confrontación. Alguien que se interesa lo suficiente para decirnos: “Estás arruinándolo todo”. Alguien que nos ama lo suficiente como para confrontarnos en verdad y amor y decirnos: “Estás fallando, estás a punto de perder tu familia, estás a punto de perder tu salud, estás a punto de perder tu trabajo”. Alguien que nos confronta. Un antiguo refrán de dice: “Si alguien te dice espaldas de caballo, ignóralo. Si dos personas te dicen espaldas de caballo, mírate al espejo. Si tres personas te dicen espaldas de caballo, cómprate una montura”. Si tres personas le dicen que usted es un adicto al trabajo, cómprese una montura. Si tres personas le dicen que es un alcohólico, cómprese una montura. Si tres personas le dicen que necesita ayuda, cómprese una montura. El dolor es como una alarma. Se activa para advertirle que algo está mal en su vida. Si se activara la alarma de incendio en su casa, ¿qué haría? ¿Diría: “¡Ay, qué alarma más molesta! Que alguien la haga callar”? No, usted haría algo al respecto. Pero con frecuencia en nuestras vidas, cuando sentimos que el dolor emerge, la alarma de dolor, en lugar de tratar con lo que es la fuente, tratamos de aplacar el ruido. Lo cubrimos con comida, con alcohol, con sexo, con cosas diferentes. Pero eso no sirve de nada. Dios usará esas cosas para llamar nuestra atención.                         3. Catástrofe. Espero que Dios no tenga que usar esto en su vida. Cuando llegamos al punto más bajo física, emocional, espiritual y financieramente, así como en nuestras relaciones, cuando tocamos fondo, lo que sucede a menudo es que Dios tiene que dar un paso atrás y dejarnos sentir el impacto total de nuestras malas decisiones.“¿Quieres ser Dios? Está bien”. Y él simplemente retrocede y te permite ser Dios. Es entonces que cosechas lo que sembraste y sientes todo el impacto que causa una catástrofe en tu vida. He establecido  que EL PRIMER PASO EN LA RECUPERACIÓN ES RECONOCERQUE NO SOY DIOS; ADMITIR QUE SOY INCAPAZ DE CONTROLAR MI TENDENCIA A HACER LO MALO Y QUE MI VIDA ES INMANEJABLE. Ese es el Paso 1, el paso de la realidad. El segundo paso es lo que se llama el paso de la esperanza. El Paso 1 dice: “Lo reconozco. Estoy sin ayuda. No soy capaz”. El Paso 2 dice: “Hay una buena noticia de que existe un poder al que me puedo conectar para controlar las cosas que no puedo dominar por mí mismo”. EN FORMA SINCERA CREO QUE DIOS EXISTE, QUE LE INTERESO, Y QUE Él TIENE EL PODER PARA AYUDARME EN MI RECUPERACIÓN. Este segundo paso está basado en Hebreos 11:6 (NVI): “En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan”.  Hay un principio en el universo. Esto debe sonar muy simple, pero es algo muy profundo. He aprendido que las cosas funcionan mejor cuando están conectadas. Las tostadoras, licuadoras, televisores, radios, todas las cosas, funcionan mejor cuando están conectadas. Y Dios quiere que usted y yo estemos conectados a él.  ¿Cómo me conecto al poder de Dios?  Muy simple. Crea y reciba. Primero, crea que Dios existe, crea que él le conoce y se interesa por usted, que tiene el poder de ayudarle y luego recíbalo en su vida.“Jesucristo, pon tu Espíritu en mí”. El segundo paso de la sanidad  involucra una palabra de cinco letras. Quiero desafiarle a usar esta palabra hoy. Se requiere de mucho valor para usar la palabra AYUDA. Necesito ayuda. “Dios, necesito tu ayuda en mi vida”. El Camino a la  sanidad no es fácil. Significa afrontar algunos problemas que hasta ahora hemos preferido ignorar. Significa correr riesgos. Significa ser honesto, confiar en Dios. Pero cuando damos este segundo paso, de repente nos damos cuenta de que nuestra recuperación ya no es simplemente un asunto de fuerza de voluntad. Dios dice: “Yo estoy contigo”. Isaías 43:2 (NVI) nos da esta tremenda promesa de Dios: “Cuando cruces las aguas, yo estaré contigo; cuando cruces los ríos, no te cubrirán sus aguas; cuando camines por el fuego, no te quemarás ni te abrasarán las llamas”. Dios nos dice: “Yo estaré contigo la próxima semana, el próximo mes, el próximo año mientras enfrentas esas cosas que has temido afrontar en tu vida”. ¿En qué área de su vida se siente herido? ¿Está atravesando aguas profundas? ¿Siente como si esta es la última vez? ¿Está pasando por fuego en este momento y la situación se ha tornado difícil en su vida? ¿Cree que va a consumirse o a extinguirse?¿Siente que está como estancado en una rutina y que no tiene el poder de cambiar?¿Se siente incapaz? Hay un poder al que se puede conectar. Su nombre es Jesucristo. El nombre sobre todo nombre. Le invito a que hoy mismo abra su corazón y le entregue su vida a él. Dé este segundo paso.

Oración: “Señor, no quiero llorar. Pero quiero tu consuelo. Y a pesar de que muchas veces me cuesta admitirlo, el llanto es el único camino al alivio. Admitir mis carencias, admitir que he fracasado, admitir que lo único que tengo eres tú, Señor. Porque tú puedes darme lo que ningún otro puede darme”.  En vez de intentar, empieza a confiar. Di: “Padre, en vez de intentar tener esperanza, me decido a confiar en tu esperanza. Confío en que eres un Padre amoroso. No importa cómo me sienta, la verdad es que me amaste lo suficiente como para morir por mí, Jesús. Confío en que eres un Padre amoroso. Confío en que me amas, no importa lo que me suceda o lo que otros hayan dicho de mí. Confío en que me amas. Confío en que fortalecerás mi alma. Y Padre, confío en que harás esto porque me has mostrado tu amor en Cristo Jesús. Confío en ti, en el nombre de Jesús.  Amen

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Un comentario sobre “8 Decisiones Sanadoras: La decisión de la esperanza III parte

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  1. hermano, como siempre, excelente tema, lo felicito, estoy seguro que sera de mucha bendición y que ayudara a muchos en su relación con Dios. gracias.

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