¿Qué es peor: no ver o ver a medias?: Buscando un segundo toque de Jesús


En estos días en realidad tengo el deseo de hacer cambios en mi vida, pero reales y de profundidad.  Quizás en palabras más textuales, necesito lo que encontré en una lectura bíblica, es decir la necesidad de un segundo toque. Leía la experiencia de un misionero en Argentina que hace unos meses compraron un computador como ayuda para el ministerio de evangelización en las universidades de América Latina y como una herramienta para la organización del Congreso que realizarían  en enero en la ciudad de Cochabamba – Bolivia. Era un portátil de bastante poder y al momento de ponerlo a funcionar ¡no funcionó! los programas y el mecanismo interno estaban perfectamente, pero cuando se lo encendía no llegaba luz a la pantalla, estaba completamente oscura. Ellos empezaron a pensar, ¿será que en la preparación de este Congreso el Señor quiere enseñarnos unas lecciones y está utilizando este computador para tratar de advertirnos algo? Dicho y hecho. La primera lección que puso en alerta a todos los líderes que estaban trabajando fue: Podemos tener el programa más sofisticado que ustedes puedan imaginarse, pero si no hay luz, no sirve. Así de sencillo. Podemos tener la infraestructura más completa, los recursos necesarios, todo marchando muy bien, pero si no llega la luz, no funcionará. El Señor los introdujo a este gran tema: ‘programa sin luz no sirve y es toda una frustración tener ojos, pero no poder ver’. Es posible en la vida tener todo correcto y aún no ver y comprender. ¿A lo mejor eso es lo que me está sucediendo a mí? Al igual que con el computador, nosotros precisamos traer nuestras vidas a las manos del experto para que nos ilumine. Dicen que ellos empezaron a preguntarle al Señor, “¿qué es lo que tú quieres cambiar en nosotros para que podamos tener un programa, pero con luz?”

¿Dice el salmista: “para que en su luz veamos la luz.” ¿Cómo puedo cambiar para este nuevo año en mi vida? Dios me llevó a una historia en los evangelios. En el Evangelio de Marcos en el capítulo 8, versos 22 al 26 dice: “Cuando llegaron a Betsaida, algunas personas le llevaron un ciego a Jesús y le rogaron que lo tocara. Él tomó de la mano al ciego y lo sacó fuera del pueblo. Después de escupirle en los ojos y de poner las manos sobre él, le preguntó: ¿Puedes ver ahora? El hombre alzó los ojos y dijo: Veo gente; parecen árboles que caminan. Entonces le puso de nuevo las manos en los ojos y el ciego fue curado: recobró la vista y comenzó a ver todo con claridad. Jesús lo mandó a su casa con esta advertencia: No vayas a entrar en el pueblo. “NVI”. Esta historia es una narración de un milagro curioso. El ciego fue sano totalmente hasta el segundo toque de Jesús. Con “segundo toque”, me refiero a la necesidad de ser de nuevo tocados, la necesidad de renovación. Algunas versiones dicen “comenzó a ver todo de nuevo y claramente”, añaden esa dimensión de ver de lejos y claramente. ¿Cómo podemos volver a ver claramente y sin ningún obstáculo? Para poder entender o desarrollar la capacidad de volver a ver necesitamos entender que en el contexto existen algunas cosas que impiden que podamos ver claramente. Creo que la historia del ciego es una ilustración gráfica de cómo recuperar la visión en medio de esos problemas que nos han bloqueado la luz.

  • I.                    El primer impedimento es ver sin entender.


Miremos en primer lugar el entorno de este milagro, que algunos llaman el milagro del segundo toque, el milagro de la otra vez, el milagro de nuevo. Una vez más esta precedido por una experiencia muy decepcionante para Jesús, en el capítulo 8, versos 14 al 18. Los discípulos están preocupados, porque no habían traído sino un solo pan, después de que Jesús multiplicó los panes y los peces. Entonces Jesús les dice: “¿Por qué están hablando de que no tienen pan? ¿Todavía no ven ni entienden? ¿Tienen la mente embotada? ¿Es que tienen ojos, pero no ven, y oídos, pero no oyen? ¿Acaso no recuerdan? Cuando partí los cinco panes para los cinco mil…” Cabe hacernos la pregunta, ¿por qué es tan importante para Jesús el entender?, Jesús les repite frente a la ausencia de respuestas de fe y de comprensión, “¿ustedes aún no entienden?”. La ocasión es bien iluminadora, los discípulos están preocupados por pan, precisamente después que él ha multiplicado el pan. Qué ironía, habían olvidado traer pan y sólo tenían un pan en la barca. Entonces Jesús nota que están discutiendo sobre eso y además les encuentra sumamente ansiosos, pero Jesús se da cuenta que no tienen ansiedad por lo que importa, sino por lo frívolo, se da cuenta que no han captado todavía las cosas, los temas importantes de la vida y siguen preocupados por lo superficial, por lo marginal, por lo tangencial, por el pan y quién sabe qué estaban diciéndose el uno al otro. Podemos imaginarnos la discusión que se dio “¡no pero cómo así! ¿Por qué no trajeron por lo menos una cesta de las doce que sobraron? ¡Pero qué falta de cerebro! Estaban dentro de la barca y no se les ocurre traer pan y ahora en la travesía ¿qué vamos a comer?”¡Esto sí es reducir el acontecimiento divino a la frivolidad! En vez de ponerse a discutir por el extraordinario acontecimiento que acaban de presenciar, la gloria de Cristo manifestada en la multiplicación de los panes y de los peces, ellos están preocupados porque no trajeron sino un solo pan.  Quizás eso es una de las evidencias de ver sin entender. Siempre estamos preocupados por lo superficial, lo frívolo y secundario en lugar de lo prioritario. Esto aflige al Señor; entonces decide como buen maestro, arrojar al círculo de esa discusión ociosa y falta de fe, una advertencia para sacarles de la frivolidad y que se ocupen de lo verdaderamente importante, les dice: Tengan cuidado; ¡ojo con la levadura de los fariseos y con la de Herodes!” ¿Que significa entender para Jesús? El contexto empieza a insinuarnos que, entender es agarrar el significado de las palabras y de las maravillas de Jesús y descubrir la verdad que contienen, pero muchos se quedaron con el pan a expensas de la verdad, no descubrieron en el pan la verdad, fueron al Pan por razones del pan pero no por razones del mensaje. Jesús quiere que en el Pan, encuentren no sólo el pan, sino que también encuentren la Verdad.  Ahora, si sus señales y maravillas no han producido fe en nosotros, para Jesús no hemos logrado entender todavía. En otras palabras, si después de una manifestación tan gloriosa como es la multiplicación de los panes y de los peces, todavía nos preocupamos por el pan, entonces no hemos agarrado el mensaje, definitivamente no hemos captado el mensaje que quiere impartir. Si nuestras preocupaciones después de captar la maravillosa presencia de Cristo en la vida, no han sido transformadas de la frivolidad a lo que de verdad importa, entonces no hemos entendido. Si todavía estamos preocupados por lo secundario, si estamos preocupados por el pan y no por la levadura de los fariseos y de Herodes, no hemos entendido. Si estamos preocupados por nuestras mezquindades domésticas y no por la  espiritualidad y del poder reinante que apabulla a este medio, a esta ciudad, a esta nación y a la historia, todavía no hemos entendido los grandes temas de la fe. Si como discípulos todavía estamos preocupados por ‘mi pan’, por ‘mi alza’, por ‘mi promoción’, por ‘la construcción de mi templo’ y no hemos logrado captar la levadura del fariseo y la de Herodes que nos rodea (la levadura del poder político que domina esta nación), entonces no hemos entendido la fe, así de sencillo. Jesús se da cuenta que los temas de conversación siguen siendo frívolos, entonces les arroja esta afirmación: ¡ojo! “Por favor, no hagan del pan el motivo de su discurso, de su encuentro, cuando hay cosas esenciales por las cuales estar preocupado. Ya ven que he multiplicado el pan.” Entonces Jesús se da cuenta de que hay que abrir los ojos, en este caso necesitaba la ayuda del ciego. Este milagro tiene lugar en Betsaida y aquí Jesús está jugando carambolas, porque tanto los de Betsaida como los discípulos necesitan que se les abran los ojos. Recuerdan los ‘ayes’ de Jesús sobre las ciudades, “¡Ay de ti, Corazón!, ¡Ay de ti, Betsaida! Si se hubieran hecho en Tiro y Sidón los milagros que se han hecho en medio de ustedes, ya hace tiempo que se habrían arrepentido.” Mt: 11:21. Los discípulos necesitan el segundo toque, igual que nosotros, porque si todavía nuestras preocupaciones no agarran los temas centrales de la existencia humana, necesitamos que se nos abran los ojos.

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