Sólo para los que han perdido sus sueños: La generación de Caleb V parte


 IV.   La expresión cuál habló Jehová aquel día” nos habla de una CONFIANZA EXTRAORDINARIA

Mis amigos, la tierra que Caleb eligió para vivir fue Hebrón, que podemos tomar como un símbolo de lo que Dios puede y quiere hacer en la vida de cada persona que esté dispuesta a enfrentarse en la lucha con los obstáculos a pesar de que pueden ser  gigantes. En el libro de Jueces, cap. 1, vers. 20, dice: “Y dieron Hebrón a Caleb, como Moisés había dicho; y él arrojó de allí a los tres hijos de Anac”. Y en Josué 11:22 se nos relata que: “Ninguno de los anaceos quedó en la tierra de los hijos de Israel; solamente quedaron en Gaza, en Gat y en Asdod”. Por lo tanto, a pesar de haberlos echado de la tierra, todavía quedaron algunos descendientes de los hijos de Anac en las ciudades filisteas. Es muy probable que el tan conocido Goliat de Gat haya sido uno de ellos.  Es una realidad que los gigantes cuesta que sean exterminados por completo. Siempre estarán a la expectativa para ver si pueden volver a ocupar el territorio perdido. Alguno de estos enemigos, o inclusive todos, siempre nos estarán rondando para ver si bajamos la guardia. Todos los líderes que han caído, lo han hecho en una de estas áreas. Podremos tener una, dos o varias victorias, pero estos enemigos seguirán presentes hasta el final de nuestras vidas. Somos conscientes que varias veces hemos fracasado en echar al enemigo. Esto nos llena de vergüenza y tristeza. Satanás conoce muy bien los puntos débiles en nuestra armadura espiritual. Pero me he dado cuenta, que las derrotas en mi vida siempre sucedieron cuando la fuerza de la fe fue quitada por alguna otra cosa.  Descuido de la lectura y la obediencia a la Palabra de Dios, o de la oración y la comunión con mis hermanos. Una victoria plena sólo se consigue cuando existe obediencia absoluta a la Palabra de Dios. Y por eso  la frase: “Como Jehová habló aquel día”. El se mantuvo en esa Palabra que había recibido. Caleb obtuvo una victoria absoluta porque echó completamente al enemigo y lo mantuvo lejos. Él fue el único que logró este tipo de victoria.  Si leemos el libro de Josué descubrimos una triste realidad. Caleb fue el único que logró una victoria total. Los demás no pudieron vencer a los enemigos que quedaban en su territorio. Cuando tuvieron más fuerza simplemente los hicieron tributarios, pero no los echaron de la tierra. Este hecho, sólo un poco más tarde, trajo tristes resultados. El pueblo de Israel fue engañado y llevado a alejarse de Dios. Como consecuencia, sufrieron muchas derrotas, deshonra e inclusive la pérdida de la posesión conquistada con tanto esfuerzo. Por lo tanto, ¡hagamos todo para que estos enemigos siempre estén fuera de nuestra vida! ¡No le demos lugar al diablo en ninguna forma! El apóstol Pablo tenía la misma lucha. Uno de los gigantes que tuvo que enfrentar en su vida fue el orgullo de su renombre. Pero estuvo dispuesto a echarlo de su vida, como notamos en Filipenses 3:4 al 9, pero a continuación reconoció que todavía estaba en la lucha. Todavía no la había concluido, pero quería llegar firme a la meta. “No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”(así lo leemos en los vers. 12 al 14). Éste también debe ser nuestro objetivo. Ésta debe ser nuestra meta. Ahora note como continúa la narración sobre la conquista de Caleb: “Por tanto, Hebrón vino a ser heredad de Caleb hijo de Jefone cenezeo, hasta hoy, por cuanto había seguido cumplidamente a Jehová Dios de Israel” (Josué 14:14).  Aquí encontramos el secreto del valor, la paciencia, la fe y la victoria de Caleb. En Hebrón, Caleb había discernido el premio del discipulado divino. En ese lugar Dios había entrado en contacto directo con su antecesor Abraham. Era el lugar de comunión, unión y pacto con Dios y como tal, el lugar de infinitas bendiciones. Para obtener esto, no importaban la lucha, la espera, las injusticias y los desprecios. Obtuvo la heredad, “por cuanto había seguido cumplidamente a Jehová Dios de Israel”. También a nosotros el Señor nos tiene prometida una heredad. Jesucristo, antes de irse prometió: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis”. Esta seguridad no sólo nos llena de consuelo frente a las pruebas sino que también nos anima y exhorta a varias cosas, como dice Pablo en Col. 1:9 al 12: “… pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual, para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios; fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad; con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz”. ¿Te das cuenta de lo que significa? ¡No es un millonario que te da una herencia, sino Dios mismo – el dueño del universo entero y del cielo en toda su plenitud – el que te promete una heredad! ¡Entonces vivamos un discipulado acorde con esta gloriosa heredad! Y llegará el momento en que descasaremos en paz, como sucedió en el tiempo de Caleb y se describe en Josué 14:15: “Y la tierra descansó de la guerra”. ¡Qué así sea en nuestra vida!  Ahora para terminar unos últimos consejos. ¿Cómo puede usted mantenerse joven y productivo, especialmente en tiempos como los que nos enfrentamos hoy? He aquí unas últimas sugerencias. Manténgase aprendiendo. Si usted deja de aprender, comenzará a envejecer. El desaliento es una de las principales herramientas del Enemigo. Él quiere pararnos en seco. Pero cuando estamos decididos a seguir adelante y a aprender algo nuevo, sus planes se descarrilan rápidamente. Si usted se encuentra ahora en una situación difícil, pídale al Señor que le dé una promesa de esperanza. Después de esto, comience a tener la confianza de que Él dará respuesta a sus necesidades, leyendo y estudiando las vidas de los hombres y las mujeres de la Biblia. Manténgase amando a Dios y a las personas. Él nos dice: “Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas” (Deuteronomio  6.5). Observe que esto incluye nuestras emociones, nuestros pensamientos y nuestro bienestar físico. Él nos bendecirá cuando nuestros corazones estén puestos en Él —lo cual implica aprender a amar a los demás y dejarnos amar por ellos. También implica perdonar a quienes nos hieran. Si usted desea experimentar plenamente el amor de Dios, no puede aferrarse al pasado o al resentimiento. Amor incondicional es lo que Dios le da, y eso es lo que Él quiere que usted dé a los demás. Manténgase riendo. La risa es uno de los mejores remedios para curar la tristeza, el desánimo y la desilusión. Libera sustancias químicas en el cerebro que ayudan a levantar el ánimo. Físicamente, nos relaja, y alivia la tensión y el estrés. Creo que Jesús fue una persona feliz que reía mucho; por la Biblia podemos ver que a la gente le gustaba estar con Él. La gente se siente naturalmente atraída por las personas cuyos rostros reflejan amor y regocijo. Caleb y Josué descansaban en el cuidado de Dios, y creo que la risa fue una parte de su camino a la bendición. Manténgase olvidando. Fórmese el hábito de olvidar los fracasos y las frustraciones. Las personas que están constantemente mirando hacia atrás no pueden avanzar. En vez de alimentar remordimientos por cosas que sucedieron años atrás, aprenda a vivir en el presente y a tener un gran sueño en cuanto al futuro. Dios quiere que usted aprenda de sus errores, pero también que siga avanzando. Las palabras de Pedro nos alientan a poner todas nuestras preocupaciones y ansiedades sobre el Señor (1 P 5.7). O quedamos atrapados por el pasado, o podemos avanzar hacia la libertad, la esperanza y la promesa, confiando en que Dios va a responder las oraciones más genuinas de nuestros corazones. Manténgase anhelando. El Señor puso un sueño en el corazón de Caleb, y pasara lo que pasara, el sueño permanecería. ¿Hubo momentos en que su fe fue puesta a prueba? Probablemente sí. Como la mayoría de nosotros, pudo haberse preguntado si alguna vez volvería a ver la Tierra Prometida. Pero no se dio por vencido. Usted no tiene que rendirse ante las dudas o los temores. El poder creador de nuestra mente es un don de Dios. Cuando usted deja de utilizarlo, comienza a envejecer. Siga adelante, ¡sueñe en grande y vea como Dios hace lo imposible en su vida! Manténgase mirando hacia Dios. ¿Quiere usted que sus sueños se clarifiquen? ¿Desea tener una orientación segura? ¿Anhela usted saber más acerca de sí mismo, del Señor, y de este mundo? Entonces debe alzar su mirada al cielo. Mire hacia Dios, y observe las maneras como Él actúa en su vida. Alguien me dijo recientemente que no creía haber visto a Dios en su trabajo. Yo le dije: “Sí, sí lo ha visto. Usted llegó a trabajar sin tener ningún accidente esta mañana, ¿no?” Manténgase trabajando. Caleb nunca despertó con la idea de jubilarse. Se mantenía ágil y activo. La gente tiene todo tipo de problemas, y muchos de éstos tienen que ver con las presiones del trabajo. Dios nos dio el concepto del trabajo para tener la sensación de haber logrado algo (Génesis 2:15). Él sabe que el trabajo y el ejercicio nos ayudan a mantenernos jóvenes y mentalmente alertas. Una dama muy especial, es la señorita Bertha Smith, quien fue misionera en China durante 40 años. Tenía más de 90 años cuando regresó del campo misionero. Un día le dijeron: “Usted, de verdad, sí que se mantiene ocupada”. Ella respondió: “Me mantengo ocupada por Jesús. Estoy esperando que Él venga en cualquier momento”. ¡Después descubrieron  que tenía previsto seguir dando conferencias hasta que cumpliera 105 años! Entonces pensé: Si ella puede seguir, yo puedo hacer lo mismo por muchos más años. Tenga una visión de lo que Dios quiere que haga, si usted se pone a disposición del Señor, Él le usará de maneras que nunca soñó posibles. Manténgase apoyado en Dios. Si Caleb hubiera tomado la decisión de volver a la Tierra Prometida confiando en sus propias fuerzas, jamás lo habría logrado. Por saber que el Señor era la fuente de sus fuerzas, tuvo su confianza y su apoyo puestos en Él. Manténgase usando un lenguaje de fe. Lo que usted dice con su boca, y lo que sus oídos oyen, queda registrado en su cerebro. El resultado final es el siguiente: su cuerpo responde de acuerdo a esto. Frases como: “Me estoy poniendo viejo”, “pienso que ya no estoy para muchos trotes”, son derrotistas. Todos nosotros notamos cambios físicos que indican que estamos envejeciendo, pero no tenemos que dejar que nuestra edad afecte nuestra alegría, nuestra felicidad, nuestro trabajo y nuestro ministerio. El salmista escribió: “El justo florecerá como la palmera; crecerá como cedro… Aun en la vejez fructificarán; estarán vigorosos y verdes” (Sal 92:12, 14). Usted puede permanecer joven y productivo, pero para hacerlo tiene que pensar de la manera correcta. Manténgase escuchando. Si usted desea permanecer joven y vigoroso, debe tomar la resolución de escuchar la voz de Dios. Él nos sigue hablando por medios de su Palabra. Cuando escuchamos su voz, descubrimos cosas acerca de nosotros que nadie más puede ver. Caleb mantuvo sus oídos abiertos a las órdenes de Dios. ¿Cómo lo sé? Porque al enterarse que los israelitas se pusieron en marcha para entrar a la Tierra Prometida, estuvo entre los primeros para servir. Más tarde, cuando llegó el momento de distribuir la tierra y recibir lo que le había sido prometido, dio un paso al frente, y dijo: “Dame, pues, ahora este monte… Todavía estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió”. ¿Tiene usted la misma actitud de Caleb? Usted puede tenerla, pero debe tomar la decisión de pensar positivamente y seguir aprendiendo, amando, riendo, olvidando, mirando, trabajando, apoyándose en Dios y escuchando. Bendiciones!

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