Reflexiones sobre la música “cristiana”


La música es un elemento que se encuentra en toda la cultura contemporánea. La escuchamos en ascensores, restaurantes, teléfonos –mientras esperamos que nuestro interlocutor conteste–, en oficinas, en vestíbulos de hoteles, y en prácticamente cualquier rincón de la vida actual. De hecho, permea las ondas aéreas tan completamente que a menudo no nos damos cuenta de que se encuentran allí. La televisión usa la música no solo en programas musicales sino también en anuncios comerciales y pistas de sonido de programas. Las películas también usan música para destacar sucesos que aparecen en la pantalla. La radio ofrece una amplia variedad de música durante las 24 horas. La disponibilidad de grabaciones nos permite programar música de acuerdo con nuestros propios gustos musicales, y podemos escucharlas en prácticamente cualquier lado. Los
conciertos, especialmente en grandes ciudades, ofrecen un potpurrí de música de donde escoger. Hay, también, una amplia variedad de géneros musicales. El rock (con su variedad de estilos y rótulos), el rap, country y western, jazz, Broadway, folk, clásico, Nueva Era y góspel nos brindan un surtido de opciones para escuchar y ejecutar que nos marea. Vivimos en un mundo saturado de la música y necesitamos tener una actitud sabia para poder evaluar tan enorme ola de influencia en nuestras vidas cristianas. De eso se trata esta breve reflexión. ¿Cómo actuamos cristianamente en medio de una cultura musical? Hay varios lentes que quiero usar. Primero usaré el lente conceptual  de la música, allí veremos algunas presuposiciones equivocadas en cuanto nuestro acercamiento a la música.  El segundo lente que deseo usar es el lente contextual de la música, allí veremos algunas corrientes y tendencias en nuestro medio hoy por hoy. El tercer lente que usaré es el lente escritural para la adoración actual.  Veamos, pues  estos tres lentes.

I.  El lente CONCEPTUAL  de la música

La  saturación y variedad  en nuestro mundo actual nos dan una oportunidad única para practicar el discernimiento. Algunos tal vez piensen que esto es innecesario, porque dicen que solo escuchan música “cristiana”. No obstante, la población más amplia de la comunidad evangélica pasa incontables horas absorbiendo música, sea “cristiana “o “secular”. ¿Por qué debería un cristiano estar interesado en las artes y participar en ellas, específicamente la música? En su excelente obra, Theology and Contemporary Art Forms (Teología y formas artísticas contemporáneas), John Newport indica varios puntos útiles que deseo tomar como plataforma de discusión al primer punto:

A.     Evaluemos las ACTITUDES

1.      No podemos aislarnos (Aislamiento)

 La primera razón por la que los cristianos deberían estar interesados en las artes tiene que ver con la enseñanza bíblica de que Dios revela y realiza su propósito redentor en el tiempo y en la historia. La comunidad cristiana. . . no puede aislarse de las vitalidades artísticas características de la historia, tanto del pasado como
del presente.

2.      No podemos encerrarnos (Ensimismamiento)

Segundo…las artes dan un acceso directo particular al tono, las inquietudes y los sentimientos distintivos de una cultura…Los artistas no solo reflejan su tiempo, en sus matices más sutiles, sino que generalmente lo hace una generación por delante de los pensadores más abstractos y teóricos.

3.      No podemos insensibilizarnos  (Discernimiento)

Tercero…las artes se centran (de una forma notablemente vívida y llamativa) en los problemas y temas vitales que son la preocupación central de la teología. Cuarto. . . las artes indican dramáticamente las implicaciones de varias cosmovisiones”. El punto segundo, tercero se aplican especialmente a la música. Si la música refleja la cultura, si nos habla de temas y asuntos importantes; y si muestra las implicaciones de varias cosmovisiones, puede decirnos bastante acerca de nuestra cultura. Líricamente, la música puede ser usada como un medio para la crítica, el elogio, la reflexión, el cuestionamiento, la rebelión y toda clase de otros pensamientos y emociones. Cuando se usa el lenguaje musical para transmitir estos pensamientos o emociones, el resultado puede ser significativo. La historia está repleta de ejemplos de cómo la música ha sido empleada vitalmente en varias culturas. Uno de los ejemplos más destacados de esto puede encontrarse en los Salmos, donde las letras se funden con la música para formar una voz estratégica para la vida de Israel. Lo mismo ocurre en la vida contemporánea. Los temas del rock, el rap y la música country demuestran cómo la música puede ser una voz notable del espíritu de una cultura, sea para bien o para mal. A fin de afectar nuestra cultura, debemos escuchar esa voz. Debemos escuchar sus preguntas y ser sensibles a las necesidades que claman por las respuestas que brinda Dios.

B.      Enfrentemos los ACERCAMIENTOS

Este acercamiento parte de la pregunta ¿Puede la música ser “cristiana”? Uno de los debates constantes entre los evangélicos se centra en cómo debe juzgarse la
música. Algunos dicen que hay un estilo musical particular que es distintivamente cristiano. Otros rechazan esta proposición. Algunos creen que ciertos estilos musicales son intrínsecamente malvados. Otros rechazan esto. Los ejemplos de este tipo de conflicto son numerosos. Es importante que participemos del diálogo. Al  hacerlo, observaremos varias formas en que deberíamos responder a la música de nuestra cultura.

  1. Primero, la expresión “música cristiana” es un nombre erróneo. La música no puede ser declarada cristiana debido a ciertos ingredientes. No hay ningún vocabulario musical especial. No hay ningún sonido distintivo que hace que una pieza de música sea cristiana. La única parte de una composición que puede hacerla cristiana es la letra. En vista de que ciertas frases, como “música cristiana contemporánea” están de moda, esta es una observación significativa. Tal vez la expresión “letra cristiana contemporánea” sería más apropiada. Por supuesto, la letra podría ser cuestionable doctrinalmente o éticamente, y podría ser de mala calidad, pero mi punto está centrado en el contenido musical. Es posible que los malentendidos con relación a la “música cristiana” sean producto del prejuicio cultural. Nuestros “oídos occidentales” están acostumbrados a ciertos sonidos. Ciertos modos, escalas y ritmos forman parte de una rica herencia musical. Cuando escuchamos música que no forma parte de esa herencia, tendemos a rotularla, equivocadamente, como no apta para la vida musical de un cristiano. Debemos darnos cuenta de que la música se entiende mejor dentro de su cultura. Por ejemplo, la música clásica de India incluye cuartos tonos, que son extraños a nuestros oídos. Suelen sonar bastante extraños para nosotros, y suelen ser tocados en instrumentos que tienen un sonido extraño, como la cítara. Pero seríamos culpables de un flagrante prejuicio si fuésemos a sostener que esa música no es cristiana porque no contiene los tonos que estamos acostumbrados a escuchar. Este sería un criterio técnico.

Otro ejemplo de la forma en que los evangélicos tienden a aplicar erróneamente la palabra “cristiano” a la música puede entenderse al reflexionar sobre cómo puede haber sonado la música durante la historia bíblica y de la iglesia. Los eruditos han comenzado a demostrar que la música de la historia bíblica probablemente haya contenido cualidades tonales y rítmicas que eran muy diferentes de aquellas a las que estamos acostumbrados en la cultura occidental. Las actitudes de Lutero y Calvino respecto del uso de la música muestran un desacuerdo con relación a la verdad de un estilo cristiano particular. Charles Garside brinda perspectivas intrigantes: “Lutero había proclamado abiertamente su deseo de usar toda la música disponible, incluyendo la más obviamente secular, para el culto en la iglesia. . . Calvino, al contrario, ahora rechaza absolutamente la implementación de recursos musicales existentes”. (Charles Garside, Jr., The Origins of Calvin’s Theology of Music: 1536-1543 (Philadelphia: American Philosophical Society, 1979), 19.) Es obvio que estos grandes hombres no estaban de acuerdo en cuanto a la naturaleza de la música. Nuestros preconceptos musicales no mueren fácilmente, y parecen repetirse  periódicamente en la historia de la iglesia. Una vez que un estilo se vuelve suficientemente familiar, es aceptado. Hasta entonces, es cuestionado. Pueden encontrarse ejemplos más recientes en las polémicas que rodean el uso de instrumentos como tambores o guitarras durante servicios de adoración. Los evangélicos tienen que estar alertas a sus prejuicios y entender que “música cristiana” es un nombre erróneo. Este sería un concepto  popular.

 

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