Salmo 119:49-56: Acuérdese de acordarse V parte

IV. En cuarto lugar cuando PASE POR MOMENTOS DIFÍCILES NO OLVIDE DE ACORDARSE DE SU AUTORIDAD  (119: 55-56)

 

«Me acordé en la noche de tu nombre, oh Jehová, y guardé tu ley. Estas bendiciones tuve  porque guardé tus mandamientos» (Salmo 119:55, 56).

Las noches siempre se asocian a la soledad y el peligro. Si tan sólo podemos sobrevivir a la noche, todo parecerá mejor en la mañana siguiente. Nuestra era presente se denomina «noche» en la Biblia, porque el Señor está físicamente ausente. Jesús dijo: «y los hombres amaron más las tinieblas que la luz,  porque sus obras eran malas» ( Juan. 3:19). Hubo ocasiones durante la larga guerra civil en El Salvador que la noche se hizo muy tenebrosa. Las batallas siempre eran peor de noche, puesto que las fuerzas rebeldes contaban con la protección de la oscuridad. Algunas veces el sonido de los disparos duraba toda la noche, en ocasiones escuchándose directamente frente a nuestra casa. Hubo veces que bombas destruyeron estaciones eléctricas y arrojaban a la ciudad en completas tinieblas. Recuerdo que algunas veces nos sentíamos tan agotados que ni siquiera podíamos quedarnos despiertos para ver el resultado de los ataques en nuestro vecindario. Sencillamente pedíamos al Señor que nos cuidara, encomendábamos nuestras vidas a Él y nos dormíamos sin saber si despertaríamos en nuestras camas o en la gloria. Otras veces permanecíamos despiertos, esperando el amanecer. ¡Parecía que la mañana no llegaría nunca! David experimentó tales épocas. A temprana edad tuvo que huir de Saúl. A veces dormía en cuevas, o en campos… Más adelante en su vida tendría que huir de su hijo Absalón. David experimentó algunas noches muy tenebrosas y largas en su vida. Fue a través de su relación con Dios y con su Palabra que David aprendió a enfrentar esas largas noches. Aprendió a recordar la Palabra de Dios, a recordar las obras pasadas de Dios y a recordar cantar la Palabra de Dios cuando consideraba el horror de la iniquidad. A continuación, nos descubre otra técnica para ayudar a la memoria: recordar el nombre de Dios. ¿Le ha tocado alguna vez caminar por un sitio tan oscuro que ni siquiera puede verse la mano delante del rostro? Tal vez está atravesando una situación similar en su vida en este momento. Usted ama a Dios v a su Palabra. Usted reclama la Palabra para sí y sabe que Dios ha sido fiel en el pasado. Usted ha aprendido a acordarse de alabar a Dios cuando se ve rodeado de este mundo perverso. Pero ahora está rodeado por tinieblas tan densas que duda si jamás saldrá de ellas. Si esta es su condición, necesita prestar atención al ejemplo que nos da David de recordar el nombre de Dios.  ¿Cómo puede el nombre de Dios tener tal poder? Le aseguro que el nombre de Dios no es una poción mágica que hará que sus problemas desaparezcan como el humo. El nombre de Dios es una representación de su Persona. David lo expresó de la siguiente manera en el Salmo 9:1O: «En ti confían los que conocen tu nombre, por cuanto tú, oh Jehová no desamparaste a los que te buscaron».  En el béisbol existe un lanzador muy especial IIamado por algunos un «cerrador». El es el que recibe el llamado a lanzar en la novena entrada de un juego que su equipo está ganando por pocas carreras. Los hombres que se hacen adeptos a esta especialidad se han ganado un «nombre», Pueden venir a lanzar por una o dos entradas y consistentemente retirar a los bateadores. Una vez que se ganan su «nombre», ya han ganado la mitad de la batalla. Al nivel de las grandes ligas, gran parte del juego es de aspecto mental. Todos los jugadores tienen talento suficiente para estar en las grandes ligas, de lo contrario no estarían allí. Pero el sólo mencionar el nombre de un lanzador «cerrador» es suficiente para sembrar duda en el corazón de un bateador. Muchos de los «cerradores» fracasaron como «abridores» al inicio de sus carreras porque carecían de lo necesario para ello. Pero aprendieron a enfocar su talento y energías de manera muy efectiva por una o dos entradas. Dios es cien por ciento efectivo. Su habilidad sigue siendo tan buena como siempre, y con el paso de los siglos se ha ganado un «nombre». Cuando El entra al terreno de juego en las últimas entradas usted puede estar seguro del resultado del partido. El nombre de Dios es nuestro consuelo en las tinieblas. El recordar el nombre de Dios es recordar la fuente de su fortaleza. Es confesar su dependencia de Él. Cuando esté en esos momentos oscuros y no pueda ver el camino delante suyo, sólo hay un lugar al cual recurrir. Su única opción es confiar en el nombre de Dios Todopoderoso. Muchos han hecho del dinero, los amigos o la fama su ciudad fortificada. Están condenados al fracaso. Los justos comprenden que el nombre de Dios es una torre fuerte. La diferencia está en la fuente de poder y salvación. El tiempo del verbo hallado en el versículo 56 nos indica que esto no era un juego para David, sino una realidad: «Estas bendiciones tuve». La seguridad en las tinieblas era una realidad presente y no una posibilidad deseada. David así lo contaba, porque había obedecido los preceptos de Dios y porque el nombre de Dios era su refugio siempre presente, ¿En qué confía cuando vienen las tinieblas? Muchos creyentes confían en cosas no más efectivas que el cubrirse hasta la cara con las sábanas como lo hacen los niños. Sencillamente es que son niños más sofisticados. No hay  nada que pueda proveer paz y poder en medio de la oscuridad aparte del nombre de Dios. Desde un punto de vista práctico, ¿cómo hace uno para recordar el nombre de Dios? Sólo es posible hallarlo en un lugar: en las páginas de la Palabra de Dios. Es por eso que la Biblia es tan preciosa. Allí aprendemos quién es Dios. Nehemías 9:5 nos da un resumen magnífico del poder del nombre de Dios: «Bendígase el nombre tuyo, glorioso y alto sobre toda bendición y alabanza».  A pesar de lo grande que es el nombre de Dios, Dios ha dado a la Biblia un lugar prominente en este mundo de hombres. «Porque has engrandecido tu nombre, y tu palabra sobre todas las cosas» (Salmo 138:2). Esto no significa que la Palabra de Dios sea más importante que su nombre, ni más poderosa. No significa que hemos de adorar la Biblia. El verbo es «engrandecer»; esto significa sencillamente que Dios ha puesto su Palabra en un lugar de prominencia, porque es su Palabra la que da testimonio de su nombre. Esta también es la razón por la cual David podía decir que se había acordado de la Palabra de Dios en la oscuridad de la noche, porque confiaba en el testimonio de la ley.  Ya sea que sufra aflicción, burlas, horror o tinieblas, usted puede escoger cómo reaccionará. Usted puede quedar deshecho, temblar de miedo y perder el control de sus emociones. O puede acordarse de acordarse. Puede recordar la Palabra de Dios, los hechos pasados de Dios, el cántico que El ha puesto en su corazón y el nombre que es sobre todo nombre. «Estos confían en carros, y aquéllos en caballos; mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria» (Salmo 20:7). ¿Qué hará usted?

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Salmo 119:49-56: Acuérdese de acordarse IV parte

III.                    En tercer lugar cuando PASE POR MOMENTOS DIFÍCILES NO OLVIDE ACORDARSE DE CANTAR (53-54)

 

Hay por lo menos tres esferas en donde David desarrollo un hábito de adorador. El primero fue  en  medio de la ansiedad, “horror se apoderó de mí”, en medio de la carnalidad, “los inicuos, se alejan de tu ley”, en medio de la frialdad. Veamos en primer lugar:

A.     Cantar en medio de la ansiedad

  Hemos visto cómo David lidiaba con la aflicción y las burlas. Nos ha  enseñado a llevar la Palabra de Dios en oración delante de Dios y el poder de recordar lo que Dios ha hecho en el pasado. Estas dos condiciones no son nuestros únicos enemigos en la vida. A veces la vida misma nos abruma. Al mirar a nuestro alrededor vemos un mundo repleto de maldad. No importa cuán fuerte sea usted, habrá veces que la sensación de desesperación ante la iniquidad se hace más fuerte de lo que pensamos que podemos sobrellevar. David se sintió de esta manera: «Horror se apoderó de mía causa de los inicuos que dejan tu ley» (Salmo 119:53). David también sabía qué hacer ante esta situación.  « Cánticos fueron para mí tus estatutos en la casa en donde fui extranjero » (Salmo 119:54). ¿Alguna vez se ha sentido sobrecogido por el horror de la iniquidad? La expresión horror es un calor interno, rabia caliente. David se sentía demasiado ansioso y enojado por la actitud de los inicuos Para alguien que ha alcanzado un cierto nivel de madurez, esto puede ser más difícil de encarar que la aflicción o las burlas. Es precisamente nuestra sensibilidad espiritual lo que provoca en nuestro interior la repulsión ante el pecado. David amaba a Dios tanto que no podía evitar el sentirse apoderado por el horror al ver a aquellos que abiertamente violan la verdad divina. «Horror se apoderó de mía causa de los inicuos que dejan tu ley» (Salmo 119:53). Esto contrasta agudamente con muchos de nosotros que hoy día nos hemos acostumbrado a la vileza que nos rodea. Es necesario establecer un equilibrio muy delicado. Nunca podemos llegar a pensar que el pecado es aceptable. El creyente no puede transigir con el pecado. Al mismo tiempo, no podemos dejarnos apoderar del horror del pecado a tal grado que nos tornemos inútiles o deprimidos al punto de perder de vista nuestro verdadero objetivo de proclamar el evangelio. Casi quinientos años después de la muerte de David, su reino se había desintegrado. Un poco antes, las diez tribus del norte habían sido conquistadas por los asirios. Luego, en el año 586 a.c., una tercera ola de tropas babilonias atacó a Jerusalén, lo cual produjo la destrucción final de la ciudad, la cual había estado bajo el dominio de los babilonios desde el año 606 a.c. Algunos de los judíos cautivos que fueron llevados a Babilonia escribieron el Salmo 137. Uno puede imaginarse lo devastados que estaban. ¿Cómo es que semejante cosa podía haber llegado a ocurrir? Este salmo refleja emociones muy poderosas. Sus palabras manifiestan la amargura y el horror que Sentían en sus corazones. Estos cautivos habían obedecido los primeros dos principios que aprendimos. Habían recordado la Palabra de Dios y recordaron sus poderosas obras antiguas. Sabían que Babilonia no escaparía a la ira de Dios, tal como los edomitas no escaparon de ella. Sin embargo, aún les quedaba otra lección por aprender. Ellos habían permitido que el enemigo les robara su gozo. Ya no tenían cánticos en su interior. « ¿Cómo cantaremos cántico de Jehová en tierra de extraños?»¿Cómo sería posible cantar? Aquí es donde David descubrió una verdad preciosa. Cuando se veía apoderado por el horror a causa de la iniquidad, había aprendido a tener un cántico en su corazón.

B.      Cantar en medio de la carnalidad

David se veía acompañado o por lo menos era testigo de dos tipo de personas altamente carnales. Primero estaban los “inicuos”, esta expresión refleja al sucio, malvado y perverso así como criminal”. Esta expresión es para las personas que están totalmente alejados de Dios, pero que también tienen una actitud desafiante. David se sentía horrorizado al ver tales personas. Los segundos tienen que ver con personas que conocían la ley, pero que se alejaban de ella. Eso significa que habían dos tipos de carnalidades, una correspondía a los que no eran hijos de Dios y los segundos a los que si eran hijos de Dios.  Dos fuentes de horror para nuestra vida y salud cristiana proceden de estos dos grupos, de los inconversos y de los que tienen mal testimonio.

C.      Cantar en medio de la frialdad

«Cánticos fueron para mí tus estatutos en la casa en donde fui extranjero» (Salmo 119:54).

David comprendía el poder de la alabanza, y se había comprometido a dirigir su alabanza a Dios en todo momento. «Mi corazón está dispuesto, oh Dios; cantaré y entonaré salmos; esta es mi gloria» (Salmo 108:1). Pero, ¿qué de esas horas y esos días que el salmista describe en el Salmo 119:53, en los que el horror se apodera del corazón? ¿Acaso podemos alabar a Dios realmente en esos tiempos? El compromiso de alabanza de David era profundo y no dependía de las circunstancias. «Bendeciré a Jehová en todo tiempo; su alabanza estará de continuo en mi boca» (Salmo 34:1). No olvide que el libro de los Salmos era el himnario de los hebreos. Su hermosa poesía se cantaba. Algunos de los cánticos más bellos se escribieron en los momentos más tenebrosos de la vida de David. ¿Acaso David había aprendido a motivarse psicológicamente? ¿Acaso estaba haciendo uso de «pensamientos positivos» a través de canciones? ¡De ninguna manera! El contenido de un cántico es tan importante como la melodía del canto. «Cánticos fueron para mí tus estatutos». David podía mantener sus emociones bajo control porque había aprendido a cantar la Palabra de Dios. Si usted examina los salmos de David, descubrirá que su contenido tiene mucho del Antiguo Testamento. Era la meditación de David sobre la ley de Dios lo que produjo sus cánticos en la noche. Los niños pequeños comprenden este concepto. La forma más fácil de memorizar las Escrituras es ponerle música y cantarla. Esta es la forma más alta de meditar. Mientras la melodía permanezca en su mente, también lo hará la Palabra de Dios  que compone su letra. Tendemos a olvidar este poder que tienen los cánticos cuando nos volvemos adultos. Aparte de cantar en público en un servicio de adoración, pensamos que el cantar es algo que está por debajo de nuestro nivel de sofisticación. Sin embargo, el poder de los cánticos todavía trabaja en nuestras vidas, queramos reconocerlo o no. ¿Cuántas veces se ha visto usted tarareando ese canto pegajoso que ha oído decenas de veces en la televisión o la radio? ¿No es cierto que cumple su cometido? ¿No preferiría usar ese tiempo para implantar la Palabra de Dios en su subconsciente? Trate de recordar los himnos y coros que usted conoce cuya letra se basa en palabras de las Escrituras. Tal vez se sorprenda de ver cuántos versículos ha aprendido de manera indolora. ¿Por qué no hacer un esfuerzo consciente? Cuando está solo delante de Dios, cántele su palabra. Si necesita ayuda, hay muchos cancioneros disponibles hoy día que tienen cantos cuya letra se compone de palabras de las Escrituras. El crear un libro así, en el cual los cantos sean la Biblia con música, sería un gran proyecto para los individuos con talento musical de una iglesia. Luego, cuando usted se encuentre en ese momento de tinieblas, con el horror del pecado de este mundo cercándole por todos lados, ¡cante! Algo especial ocurre. La Palabra de Dios con música puede levantar su espíritu en una manera inigualable. Mientras el barco Titanic se hundía, el aire se llenó con himnos a Dios. Algunos sobrevivientes luego indicaron que hallaron fuerzas especiales en el cántico que había en sus corazones en ese momento tenebroso. Tenemos de considerar otro elemento clave del versículo 54 antes de seguir adelante. David habla de cantar los estatutos de Dios «en la casa en donde fui extranjero». Los cánticos de David cobraron un significado más profundo porque David comprendía que este mundo no era su hogar; él sólo era peregrino aquí. Es mucho más fácil cantar si comprendemos que la maldad de este mundo sólo es temporal. El mundo mismo es sólo un hogar temporal para nosotros. No importa cuán mal se pongan las cosas en este mundo, no estaremos aquí mucho rato. Es por esto que podemos hallar consuelo y fortaleza al cantar la Palabra de Dios. El cantar las Escrituras nos recuerda constantemente que nuestra ciudadanía verdadera está en los cielos. Aun nuestros cuerpos son temporales. Así como Abraham vivió en un tabernáculo (tienda), nosotros también. Pablo dijo: «Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos» (2 Corintios 5:1).Aun la amenaza de daños corporales no puede arrebatarnos los cánticos del corazón, si comprendemos que nuestro cuerpo es apenas una tienda temporal. ¿Qué lugar ocupa la alabanza en su vida? ¿Cree que el cantar es sólo cosa de niños? ¿Cómo cree que David respondería ante tal posición? ¿Tiene una manera mejor de manejar el horror deprimente que frecuentemente acompaña al ser expuesto a la maldad de este mundo? Existe una progresión que sucede en nuestras vidas: hechos, fe y sentimientos. Empezamos con la verdad de la Palabra de Dios. A esa verdad le añadimos nuestra fe, al actuar sobre ella cuando la cantamos en nuestros corazones. Los sentimientos apropiados son resultado de la fe en los hechos divinos. A nosotros nos gusta invertir el orden de esas cosas. Muchas veces queremos experimentar los sentimientos sin dar un paso de fe en la Palabra de Dios primero.

Salmo 119:49-56: Acuérdese de acordarse III parte

II.                    En segundo lugar cuando PASE POR MOMENTOS DIFÍCILES NO OLVIDE ACORDARSE DE LA PROTECCIÓN DE DIOS (119:51-52)

 

«Los soberbios se burlaron mucho de mí, mas no me he apartado de tu ley. Me acordé, oh Jehová, de tus juicios antiguos, y me consolé» (Salmo 119:51, 52).

La primera condición que David enfrentó fue la aflicción. Ahora él menciona ser objeto de burlas o reproches. David respondió manteniendo su rumbo y recordando el pasado. Así pudo hallar consuelo.

A.     La protección de Dios ante las críticas

Nunca es divertido ser el objeto de las burlas de otros. Diferentes individuos reaccionan de  todo diferente, pero muchos permiten que una situación tal absorba su atención y que arruine sus vidas. ¿Cómo reacciona usted ante las críticas, las burlas y las cosas semejantes? Una burla es todo lo que se necesita para arruinar la relación que algunas personas tienen con Dios. El Señor Jesucristo habló de este tipo de personas en la parábola del sembrador. Ambas condiciones, la aflicción y las burlas, pueden verse cuando El interpretó el significado de la semilla que cayó entre pedregales. «y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción ola persecución por causa de la palabra, luego tropieza » (Mateo 13:20,21). ¿Es usted de aquellos que tropiezan y se ofenden y que permiten que las actitudes y comentario de los demás dictaminen sus emociones? Observe que Jesús especificó que la persecución era «por causa de la palabra», y no por causa de cometer pecado o una estupidez. ¿Qué cosa puede ocurrirle que le hará dejar de seguir al Señor? ¿Tiene usted vn límite? ¿Cuál es? David rehusó ser desviado por las burlas. El dijo: «Los soberbios se burlaron mucho de mí, mas no me he apartado de tu ley» (Salmo 119:51). Le hubiera sido fácil  desanimarse, mas no lo hizo. Estos soberbios (literalmente en el hebreo que hablan cosas fuertes de algo o alguien) eran personas que no tenían en estima a David, sino que lo odiaban.  ¿Dónde pudo hallar David tal fuerza? No en este mundo. La fuerza de David provenía de otro mundo, de Dios mismo. Cuando enfrentaba la aflicción, David llevaba la Palabra de Dios en oración delante de Dios. David había aprendido a asirse de las obras pasadas de Dios, convencido de que lo que Dios había hecho en el pasado, lo volvería a hacer hoy.

B.      La protección de Dios ante las crisis

David sabía que lo que vivía en este presente, era una crisis, pero que había todo un registro de cómo Dios actuaba a favor de su pueblo en las crisis. Dios siempre protegía a sus amados hijos, a pesar de la gente mala. Al final Dios siempre juzgaba a quién tratara mal a Israel, y por consecuencia a David. Herido por el menosprecio y las burlas, David halló consuelo en recordar lo que Dios había hecho en el pasado. «Me acordé, oh Jehová, de tus juicios antiguos, y me consolé” (Salmo 119:52). El reflexionar sobre lo que Dios ha hecho en el pasado nos revela que Dios siempre sale vencedor. Este pensamiento nos motiva a aseguramos de siempre estar de su lado. Esto nos da el incentivo de mantener el rumbo de nuestras vidas. La generación de israelitas que cruzó el desierto se olvidó de acordarse. Se desesperaron y se desanimaron porque olvidaron 10 que Dios podía hacer. «Nuestros padres en Egipto no entendieron tus maravillas; no se acordaron de la muchedumbre de tus misericordias, sino que se rebelaron junto al-mar; el Mar Rojo» (Salmo 106:7). El recordar las poderosas obras de Dios era una característica constante de la vida de oración de David. Otros salmos contienen ejemplos de ello, tales como los que cito a continuación y en los cuales enfatizo cómo los salmistas recuerdan el poder de Dios en sus obras pasadas. En el Salmo 42, el salmista vence el desánimo a través del poder de las obras pasadas de Dios.  Es evidente que la práctica de hallar consuelo y seguridad en recordar las obras pasadas de Dios se halla con frecuencia en los Salmos. Más que por obtener inspiración, hay otra razón seria por la cual necesitamos recordar las obras pasadas de Dios. Cuando tomamos decisiones  importantes, éstas deberán estar firmemente apoyadas en las convicciones que hemos establecido previamente basándonos en la Palabra de Dios. Con mucha frecuencia tomamos decisiones basándonos en las emociones o circunstancias del momento. Si reflexionamos detenidamente sobre lo que Dios ha hecho en el pasado, esto nos proporcionará una base sólida sobre la cual tomar cualquier decisión crítica. ¿Qué es lo que recuerda usted? ¿Recuerda el momento en que recibió a Cristo como su Salvador? Tal vez no recuerde la fecha y la hora, pero ¿puede recordar aquel glorioso instante en que El entró a su corazón y usted nació de nuevo? Si no puede, ¿está seguro que es salvo? Si usted es un creyente genuino, ¿cuáles son las obras importantes que Dios ha hecho en los años más recientes de su vida? ¿Cuáles son las verdades clave que usted ha aprendido de su Palabra? Si usted dice que ninguna, esto probablemente es un indicativo de su vitalidad espiritual: ninguna. Con razón usted toma las burlas de forma personal. Con razón se desanima y quiere volver atrás. Es hora de madurar y dejar que Dios establezca unos puntos prominentes en su vida espiritual. Sólo al recordar estas poderosas obras de Dios en su Palabra y en su vida, usted podrá hallar consuelo al enfrentar la oposición.

Salmo 119:49-56: Acuérdese de acordarse II parte

I.                    En primer lugar CUANDO PASE POR MOMENTOS DIFÍCILES NO OLVIDE DE ACORDARSE DE LA PALABRA DE DIOS. (119:49-50)

 

«Acuérdate de la palabra dada a tu siervo, en la cual me has hecho esperar. Ella es mi consuelo en mi aflicción, porque tu dicho me ha vivificado» (Salmo 119:49, 50).

En esta porción del pasaje hay dos grandes cosas que obtendremos de la Palabra de Dios. Es un llamado a no olvidar lo que Dios nos puede dar en su palabra. Note que la expresión “acuérdate” tiene que ver con un llamado de David hacia Dios, pues es  posible que él se haya olvidado de su siervo y de las cosas por las que está pasando.  Así que él está pidiendo dos codas en este pasaje: Primero le pide su consuelo a Dios y segundo le pide su consejo. Veamos estas dos peticiones:

 

 

 

A.     David le pide a Dios su consuelo

Los primeros dos versículos de esta estrofa nos describen cómo David enfrentaba la aflicción. La aflicción no hace acepción de personas; se hace presente en las vidas de todos nosotros. En última instancia, la aflicción que sufrimos en esta vida es apenas un cuadro de aquel «tiempo de aflicción» futuro (Jeremías 16:19), el cual también se conoce como la gran tribulación (Mateo 24:21). Me gustaría ver cuáles son las cosas que le pueden dar consuelo a alguien.  Lo primero que veo tiene que ver con el carácter de Dios. Dice la primera expresión “acuérdate” que en hebreo es “zakar” es una palabra que implica la idea de “marcar, y ser reconocido”. Es importante entender que da la idea misma que tenemos en nuestro concepto de agenda. Es decir la petición del salmista es que Dios vea su vida y la marque en su agenda celestial como algo que tiene que hacer. Al ver que nuestra memoria es menos que perfecta, es reanimante recordar que Dios siempre recuerda. Pero ¿en qué sentido Dios olvida? Es decir Dios pierde la información y el contacto con nosotros? No, de ninguna manera. El término “acordarse” en la biblia tiene toda una connotación teológica. Debemos entender que la primera mención del verbo «acordarse» en la Biblia se halla en Génesis 8:1, en donde dice: «Y se acordó Dios de Noé», cuando Noé se hallaba flotando sobre las aguas del diluvio en el arca. Implica que Dios está a punto de hacer algo que tiene en su agenda, que va a tomar acciones porque de acuerdo a su plan y soberanía llegó el tiempo de hacer algo con lo que tiene pendiente con usted. Entienda que cuando usted sea echado de aquí para allá por las tempestuosas aguas del mar de la vida, Dios también se acordará de usted. Después del juicio del diluvio, Dios puso su arco iris en las nubes y prometió que se acordaría de su promesa de que «no habrá más diluvio de aguas para destruir toda carne» (Génesis 9:15). Dios se acuerda de todas las promesas que le ha hecho. El las escribió todas en blanco y negro en un libro llamado la Biblia. Poco antes de su juicio de destrucción sobre Sodoma y Gomorra, el Señor le confió a Abraham lo que sucedería. Abraham intercedió por su sobrino, Lot, pidiendo su salvación. “Así, cuando destruyó Dios las ciudades de la llanura, Dios se acordó de Abraham, y envió fuera a Lot de en medio de la destrucción, al asolarlas ciudades donde Lot estaba» (Génesis 19:29). Aunque usted no se dé cuenta de ello, Dios siempre se acordará de contestar sus oraciones. Raquel era la hermosa, pero estéril, esposa de Jacob. Su hermana Lea había dado a luz a cuatro hijos y por ello había causado todo tipo de emociones en Raquel. El deseo de llevar fruto que Raquel tenía era tan abrumador que la llevó a clamar: «Dame hijos, o si no, me muero» (Génesis 30:1). Parecía ser que Dios se había olvidado de ella. Pero Dios ya había tomado nota de la actitud de su corazón, <: Y se acordó Dios de Raquel, y la oyó Dios, y le concedió hijos» (Génesis 30:22). Habrá épocas de esterilidad en su vida, cuando usted estará seguro que Dios se ha olvidado de usted. Si tiene un deseo sincero de tener fruto, Dios no lo pasará por alto. Él lo ha escogido a usted precisamente para ese propósito (Juan 15:16) y El se acordará de usted y le hará fructífero a su debido tiempo. Dios se acuerda. Viendo que Dios siempre se acuerda de nosotros, podríamos atrevernos a ser como David y recordarle a Dios que se acuerde. De hecho, Dios emite este reto: «Hazme recordar; entremos en juicio juntamente; habla tú para justificarte » (Isaías 43:26).

La segunda cosa que trae es el carácter de la palabra prometida. Note que el texto dice : “la palabra dada”. ¿Cuál sería esa palabra? ¿A qué se refería el salmista con esto? La expresión para palabra es el término hebreo “dabar” que implica un discurso.  Lo curioso que en el hebreo no hay ningún verbo, sino solamente sino que dice “acuérdate de la palabra a tu siervo”. Eso indica que para el hebreo una palabra que venía de Dios era una declaración completa y otorgada en concepto de cumplimiento real. Si Dios la decía era aceptada y tomada como hecho real y declarado.  Sólo la Palabra de Dios tiene esa característica. Ahora, ¿Cómo lo aplicamos en la actualidad? Debe notar que en este contexto del Salmo no había una revelación completa como la que tenemos hoy. Me imagino que era una Palabra personal a David, por medio de Dios o del Espíritu Santo. Hoy tenemos la Escritura, pero ¿podrá haber otro medio de escuchar una promesa de Dios? Pienso que sí, por medio del don de profecía. Dios podrá usar hombres y mujeres dotados con estos dones, que confirmarán nuestra búsqueda de Dios. Pero como siempre hay que saber discernir quién verdaderamente tiene un don genuino de profecía y quién es charlatán.  Ahora si usted ha dado un paso basado en la Palabra de Dios, siempre tendrá una fuente de apoyo. Por otro lado, si ha dado un paso basándose en emociones, impulsos, presiones de otras personas o cualquier otra cosa, usted  verá que el suelo desaparece debajo de sus pies. Es por ello que es esencial que todas las decisiones de la vida las tome basándose en lo que la Palabra de Dios enseña claramente. Si usted no tiene Palabra de Dios, ¡no se mueva! Si tiene Palabra de Dios, usted tendrá de qué asirse en medio de las tormentas. Cuando llegan las pruebas y usted siente la tentación de apoyarse sobre sus sentimientos, puede recordarle a Dios lo que Él ha dicho en su palabra. Usted puede reclamar esa promesa para sí mismo, asirse a ella y recordar que Dios siempre se acuerda. Esta era la práctica que David tenía en su vida de oración. Observe cómo David le dice a Dios de qué cosas acordarse y de qué cosas no acordarse. «Acuérdate, oh Jehová, de tus piedades y de tus misericordias, que son perpetuas. De los pecados de mi juventud, y de mis rebeliones, no te acuerdes; conforme  a tu misericordia acuérdate de mí, por tu bondad, oh Jehová» (Salmo 25:6, 7). ¡Qué asombroso! David le está diciendo a Dios de qué cosas acordarse. Más aún, le está diciendo de qué cosas no acordarse. El puede atreverse a ello porque está apoyado sobre la voluntad de Dios, expresada en la Palabra de Dios. La única cosa que Dios promete olvidar es nuestro pecado: <:” Y no me acordaré más de su pecado» Génesis 31:34). La misma técnica de oración aparece en el Salmo 74. «Acuérdate de tu congregación, la que adquiriste desde tiempos antiguos, la que redimiste para hacerla la tribu de tu herencia; este monte de Sion, donde has habitado» (v. 2). David le recuerda a Dios que defienda su nombre. «Acuérdate de esto: que el enemigo ha afrentado a Jehová, y pueblo insensato ha blasfemado tu nombre… Levántate, oh Dios, aboga tu causa; acuérdate de cómo el insensato te injuria cada día» (Salmo 74:18,22).  Cada vez que podamos recordarle a Dios lo que El mismo ha dicho, nos hallamos sobre suelo firme. La verdad equivalente en el Nuevo Testamento la hallamos en 1Juan 5:14, 15. «y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho.» Nuestra confianza en la oración depende de la voluntad de Dios y la voluntad de Dios está expresada en la Palabra de Dios. Si en nuestras oraciones llevamos la Palabra de Dios nuevamente a Dios, recordándole sus promesas, experimentaremos una vida de oraciones contestadas. Esto,  como dijo David, es nuestro consuelo en nuestra aflicción. Las circunstancias no importan. El tipo de personalidad no afecta la situación. Los sentimientos carecen de relevancia. Si Dios lo dijo, entonces ocurrirá, y tenemos todo el derecho de recordárselo. Podemos contar con ello.  No importa lo que digan los demás o lo que sus emociones lo hagan sentir en el momento,  a menos que Dios sea un mentiroso, su Palabra se cumplirá. No caben temores ni dudas cuando se sigue esta práctica. «Antes bien sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso» (Romanos 3:4). ¿Está usted pasando por un tiempo de aflicción? ¿Sobre qué está apoyado? ¿Tiene una Palabra de Dios que ha hallado en su Biblia? Si no la tiene, quiere decir que usted dio un paso prematuramente. Confiese a Dios su pecado de presunción, arrepiéntase de ello y pídale que le muestre cuál es el paso siguiente a dar. Ello tomará donde esté y le guiará al lugar en donde necesita estar. Si usted tiene una promesa de la Palabra de Dios, entonces recuérdesela a Dios. El se acordará. Tal vez no parezca así en este momento, pero usted puede rechazar sus sentimientos y las opiniones de los demás inmediatamente. Usted puede apoyarse en la Palabra de Dios aunque todo el mundo se derrumbe a su alrededor. En tercer lugar tiene que ver con el carácter de nuestra vivencia. Note que David dice: “a tu siervo”. Este vínculo es especial, estamos aquí para ser servidores de Dios y no nuestros propios amos.  Si le servimos, el podrá ayudarnos. Hay muchas personas que solamente quieren las bendiciones de Dios, pero no su sacrificio a Dios.

 

B.      David le pide a Dios su consejo

Hay dos expresiones importantes en los dos versículos que estamos analizando. La primera aparece en el vrs. 49b: “En la cual me has hecho esperar” y 50b: “tu dicho me ha vivificado”. La palabra “hecho esperar” es un piel perfecto en hebreo. Esto implica una acción muy intensa y completa. El consejo que recibió David de esa palabra prometida era “esperar”. El consejo de aguardar, de no moverse sino quedarse esperando lo que Dios haría con lo que le había prometido.  El segundo consejo tiene que ver que mientras espera, también progresa. Es decir los dos consejos de la palabra a David es que está en un proceso y que también habrá un progreso.  Note que dice “tu dicho me ha vivificado”. La expresión es ser aligerado, restaurado a la salud, estar vivo. Una vez más el uso del piel perfecto, implica una acción intensa, dinámica y completa. David sabía que algo bueno saldría de este consejo de la Palabra de Dios.

 

Salmo 119:49-56: Acuérdese de acordarse

Una de las enfermedades modernas y aún todavía desconocidas es la llamada mal de Alzheimer, o demencia senil de tipo Alzheimer (DSTA) o simplemente alzhéimer. Los expertos dicen que es una enfermedad neurodegenerativa, que se manifiesta como deterioro cognitivo y trastornos conductuales. Se caracteriza en su forma típica por una pérdida progresiva de la memoria y de otras capacidades mentales, a medida que las células nerviosas (neuronas) mueren y diferentes zonas del cerebro se atrofian. Comentan los expertos que la enfermedad suele tener una duración media aproximada después del diagnóstico de 10 años,[] aunque esto puede variar en proporción directa con la severidad de la enfermedad al momento del diagnóstico. La enfermedad  es la forma más común de demencia, es incurable y terminal, que aparece con mayor frecuencia en personas mayores de 65 años de edad.[] Los síntomas de la enfermedad fueron  identificados en sus primeros descubrimientos por Emil Kraepelin, mientras que la enfermedad ya más descrita y diagnosticada  fue observada por primera vez por Alois Alzheimer en 1906.  Así pues, el descubrimiento de la enfermedad fue obra de ambos psiquiatras, que trabajaban en el mismo laboratorio. Sin embargo, dada la gran importancia que Kraepelin daba a encontrar la base neuropatología de los desórdenes psiquiátricos, decidió nombrar la enfermedad Alzheimer en honor a su compañero. Hasta el momento se desconoce el origen de la enfermedad como su cura. Y es que en asunto de olvidar hay de todo tipo de manifestaciones, hay personas que adolecen de la enfermedad anteriormente mencionada, pero otros de por sí, ya son olvidadizos. Recuerdo haber escuchado la historia de un hermano de una iglesia. Era un líder y  tenía dificultades en organizar su vida. Era un hermano muy bueno, pero no podía recordar citas, no sabía organizar sus prioridades y por lo tanto tenía problemas en el cumplimiento de sus muchas responsabilidades. Un amigo que era abogado y que también era uno de los líderes de la iglesia con una tremenda capacidad administrativa, decidió tomar el reto de equipar a este hermano con lo necesario para ser un mejor mayordomo de su tiempo. Este hombre junto con su asesor administrativo compró  un hermoso sistema de administración de tiempo que venía completo con calendarios, agendas diarias, listas de tareas y un portafolio de cuero. Se invirtieron varias horas enseñándole a al desorganizado amigo los detalles de la administración y programación del tiempo. ¡Los resultados fueron asombrosos! En poco tiempo este amado hermano había aprendido a anotar su lista diaria de cosas que hacer. Dividió meticulosamente su día en bloques de horas y correctamente le asignó la prioridad correspondiente a cada punto de su lista. Todas sus citas quedaron debidamente anotadas. Por su letra nítida, que reflejaba sus estudios previos de contabilidad, sus calendarios parecían una obra de arte. Los tutores se sintieron satisfechos con su progreso y anticipaban  ver cómo su vida de ahora en adelante sería mucho más productiva.  Sólo había un problema: una vez que el hermano  ponía los detalles por escrito, nunca se acordaba de consultar su agenda para ver qué era lo que tenía que hacer. ¡Él no se acordaba de acordarse! La memoria es uno de los dones más poderosos que Dios ha dado al hombre.  Esto me lleva a pensar que cuando estudiamos el Salmo 119:16 mencionamos la importancia de recordar.

Un recuerdo agradable puede ser una fuente inagotable de gozo, consuelo e inspiración. Un recuerdo traumático puede destruir una vida y ser causante de la esclavitud emocional. Uno de los horrores del infierno es que el hombre podrá recordar. En Lucas 16:25, Abraham le dice al hombre rico que se acuerde. El hombre se acordará de las veces que maldijo a Dios, de las cosas vanas en las cuales confió y de las veces que rechazó el mensaje del evangelio. La memoria también puede usarse como una poderosa herramienta para fortalecer y dar consuelo en tiempos de tribulación. Pienso que este es el tema del Salmo 119:49-56.

De las veintidós estrofas del Salmo 119, ésta es la única que contiene el verbo «acordarse». Aparece tres veces en estos ocho versículos. David descubrió que podía hallar una fortaleza sobrenatural en los momentos difíciles de la vida mediante el recordar. Examinaremos estos versículos siguiendo las cuatro cosas de las cuales David se acordó. Él se acordó de la Palabra de Dios, de las obras pasadas de Dios, de los cánticos que Dios le había dado y del nombre de Dios.  Es más quiero decirle en esta mañana que el mensaje de Dios es: “Cuando pase por momentos difíciles no se olvide de acordarse”.

La aplicación de este principio para la vida moderna puede hacerse directamente. Nosotros también podemos hallar consuelo y valor al acordarnos de las mismas cosas de las cuales David se acordó. La idea es sencilla. Dios ya nos ha dado todo por escrito en una forma organizada y estructurada. Su agenda es clara. Sin embargo, muchos cristianos se olvidan de acordarse. ¡Sólo hay que acordarse de acordarse!