Salmo 119:41-48: Diseñados para ser libres VI parte

C.   Entereza para ser libre

Otra forma de esclavitud que ata al individuo inseguro de sí mismo es el ser controlado por sus propios temores, remordimientos y dudas. Cuando somos inseguros, nos dejamos esclavizar por casi cualquier cosa que a nuestros ojos parezca más fuerte que nosotros. Hasta los líderes espirituales caen en esta trampa cuando temen causar sacudidas en las tradiciones de su denominación u organización. David dijo: -«…andaré en libertad, porque busqué tus mandamientos» (Salmo 119:45). La vida de David da testimonio de cómo él era un individuo de criterio propio. No temía romper el molde. Tenía criterio propio porque comprendió con claridad que él era un hombre de Dios. Cuando él y sus hombres tuvieron hambre y el sacerdote le explicó que la única comida que  tenía a la mano eran los panes de proposición del tabernáculo, David tuvo la confianza necesaria para sugerir que lo comieran. Y eso fue lo que hicieron (1 S. 21: 1-6). Jesús usó este ejemplo en uno de sus muchos enfrentamientos con los fariseos para demostrarles que ellos se encontraban atados por su tradición y no comprendían el propósito de la ley (Mt, 12:1-9). La tendencia natural del ser humano a quedar, esclavizado por este tipo de cosas también prevalecía en los días de Pablo. El confronta este asunto en varias de sus epístolas. La esclavitud espiritual es el punto central de su epístola a los gálatas. Ellos habían empezado bien, pero algunos falsos maestros se habían aprovechado de su ignorancia del propósito de la ley y los habían llevado a la esclavitud. Las palabras de Pablo eran como las de un padre de familia bien estricto. «Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu parlas obras de la ley, o por el oír con fe?¿Tan necios sois?¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne?» (Gálatas 3:2, 3). La solución que Pablo ofrece es instruirles en cuanto al propósito de la ley y  corregirles hacia la verdadera espiritualidad que surge como resultado de tener una relación íntima con Dios y con su Palabra. Esto es lo que se llama andar en el Espíritu; es andar en libertad. No importa qué cosa le haya esclavizado -la presión de los demás, la tradición, el temor o su pecado- usted hallará la libertad si pide a Dios que le dé la gracia de hacer la Palabra y hablar” la Palabra.

 D.      Fuerza para vencer la intimidación

Las personas inseguras se intimidan con facilidad. Se paralizan cuando se encuentran ante la presencia de personajes con autoridad, personas famosas o sencillamente aquellos que son más ricos, más inteligentes o más grandes que ellos. Nunca tienen el valor de expresar lo que verdaderamente sienten. Siempre se alejan diciéndose a sí mismos lo que debieron haber dicho. ¿Siente usted esto? David nunca lo sintió. «Hablaré de tus testimonios delante de los reyes, y no me avergonzaré» (Salmo 119:46). Aun en su juventud, David no se dejó intimidar por un gigante. Luego sirvió en la corte de Saúl y fue objeto de los celos de Saúl. Saúl era poderoso, inteligente y físicamente imponente, pero también era inseguro. Aun estando bajo el ataque constante de Saúl, y habiendo sido ungido rey por Samuel, David nunca perdió la compostura. El tenía una profundidad que Saúl nunca llegó a comprender. Saúl nunca comprendió lo que era tener una relación con la Palabra de Dios. Un hombre quedó estrangulado por su inseguridad; mas el otro venció sus problemas y nos dejó un testimonio eterno de gloria.

 

E.      Franqueza para disfrutar la vida

«Y me regocijaré en tus mandamientos, los cuales he amado» (Salmo 119:47). Algunas personas piensan que la Biblia es un librito devocional bien ingenioso que Dios nos ha dado para que podamos hallar éxito en las cosas que disfrutamos. David halló éxito haciendo las cosas que Dios disfruta. David halló su regocijo en la Palabra. Debido a que la Biblia era la fuente del gozo de David, este gozo podía correr libremente hacia las otras áreas de su vida.  He tenido la oportunidad de predicar en muchas iglesias diferentes y me preocupa ver la gran cantidad de hijos de Dios que se ven  oprimidos por el legalismo, la tradición, la política en la iglesia y cosas semejantes. Asisten a los servicios, pero su vista se extravía, su mente está en blanco y su corazón está frío. ¿Es usted uno de esos cristianos que temen sonreír? La Biblia es un libro que debiera ser fuente de gozo y no una obligación que es necesario soportar. No se tome a sí mismo con tanta seriedad. Relájese un poco. David sabía cuándo ser serio, pero nunca perdió el gozo. Cuando llegó a ser rey, su prioridad fue retornar el arca del pacto a Jerusalén. Cometió algunos errores, halló las respuestas en la Palabra de Dios y finalmente logró su propósito. El día que el arca entró en la ciudad fue un día de gran celebración. David mismo dirigió la alabanza. No podía contener su gozo. Dese por enterado que si usted se sumerge en la Palabra de Dios y aprende a disfrutar de la vida, usted recibirá las críticas de aquellos que no lo comprenden. La esposa de David no lo comprendió. «Pero cuando el arca del pacto de Jehová llegó a la ciudad de David, Mical, hija de Saúl, mirando por  una ventana, vio al rey David que saltaba y danzaba; y lo menospreció en su corazón» (1 Crónicas 15:29). Un perro bien entrenado disfruta el obedecer a su amo. Su meta es complacer. El hombre, cuanto tiene una relación correcta con Dios, disfruta el complacer a Dios. Si usted ha perdido el gozo en su vida, es porque ha perdido la intimidad con Dios. Jesucristo dijo: «Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido»( Juan 15:11).  «Alzaré asimismo mis manos a tus mandamientos que amé» (Salmo 119:48). Usando lenguaje del Antiguo Testamento, David expresa que su relación con los mandamientos de Dios le ha permitido ofrecer a Dios el sacrificio de su vida y su servicio. El Salmo 141:2 nos explica la simbología. «Suba mi oración delante de ti como el incienso, el don de mis manos como la ofrenda de la tarde». El salmista en esta ocasión iguala el alzar las manos con el sacrificio de la tarde, o de las 3 P.M., el cual era un cuadro de la obra de Cristo en la cruz. Una persona insegura sirve a Dios como resultado del temor, de la obligación, o de deseos egoístas. A estas alturas ya hemos demostrado que a Dios le importa más nuestra actitud que  nuestras actividades. Desde el principio de su reinado, David deseaba de modo apasionado el construir un templo para Dios. El Señor no se lo permitió, pero David dedicó su vida y sus recursos a preparar los materiales para que su hijo Salomón construyera el templo, esto lo hizo porque quería hacerlo. Tenía confianza en la voluntad de Dios y en sus propias habilidades. Nadie le obligó a preparar las cosas para la construcción del templo. Primero de Crónicas 29 nos cuenta la historia de cómo David motivó al pueblo mediante un ejemplo de sacrificio personal. Él dijo: Yo con todas mis fuerzas he preparado para la casa de mi Dios, oro para las cosas de oro, plata para las cosas de plata, bronce para las de bronce, hierro para las de hierro, madera para las de madera;)’  piedras de ónice, piedras preciosas, piedras negras, piedras de diversos colores, toda clase de piedras preciosas, piedras de mármol en abundancia. Además de esto, por cuanto tengo mi afecto en la casa de mi Dios, yo guardo en mi tesoro particular oro y plata que, además de todas las cosas que he preparado para la casa del santuario, he dado para la casa de mi Dios» (1 Crónicas  29:2, 3). Luego, David propuso un reto: « ¿Y quién quiere hacer ofrenda voluntaria a Jehová? (1 Crónicas 29:5). ¿Está usted dispuesto a consagrar su servicio, a alzar sus manos al Señor? ¿Tiene usted confianza suficiente para hacerlo?  Después de hablar de su consagración al Señor y de afirmar su amor por la Palabra de Dios, David concluye el versículo 48 diciendo: «y meditaré en tus estatutos» (Salmo 119:48b). . Las personas que leen la Biblia puramente por obligación o curiosidad nunca llegan a comprender de qué se trata. No les es posible comprenderlo. Anteriormente establecimos que la Biblia se discierne espiritualmente, que es necesario creer en la Palabra para poder comprenderla. Sin embargo, aun a los creyentes les resulta imposible comprender la palabra si carecen de la confianza suficiente para ser honestos. La Biblia es un libro que nos sondea. Enciende la luz brillante de la santidad de Dios sobre los lugares ocultos de nuestros corazones. Puede ser dulce como la miel en nuestra garganta, pero puede ser amarga cuando llega al vientre (Ap. 10:9). Cuando nos falta la confianza, tendemos a ser deshonestos cuando leemos la Biblia: no somos honestos con Dios ni tampoco con nosotros mismos. La verdadera meditación en la Palabra de Dios requiere un corazón abierto y honesto. Este es un resultado de confianza que se produce al tener una relación con la Palabra de Dios como la que David tenía. Otra palabra que podríamos usar en este caso es integridad, Un individuo confiado consulta la Palabra para meditar en el mensaje que Dios tiene allí. Se preocupa en lo que Dios tiene que decirle a él mismo y no a los demás.

 

Conclusión

¿Desea que Dios lo refine, lo fortalezca? ¿Desea ser libre? El producto que resulta de este tipo de meditación es la integridad, una actitud honesta hacia Dios, hacia su Palabra, hacia los demás y hacia nosotros mismos. ¿Tiene usted suficiente confianza para acercarse a la Biblia para meditarla genuinamente? ¿Está cansado de «jugar» al cristianismo? ¿Desea establecer contacto con el corazón de Dios para transformar su propio corazón? Esto es lo  que puede llegar a ocurrir si usted adquiere confianza a través de las verdades divinas. Todo tiene que empezar con reconocer que el hacer y hablar la Palabra de Dios es algo que nunca podrá lograr por mismo. Es necesario que se acerque  a Dios en oración sincera para buscar su gracia. Mientras su corazón esté decidido a confiar, esperar, buscar y amar la Palabra, usted descubrirá que una nueva confianza surgirá en su corazón. Esta no es la falsa confianza que se fabrica mirándose en el espejo y repitiendo refranes que aprendió en algún seminario. Es la confianza que sólo Dios puede darle a través de su Palabra. Es posible que usted siempre sea una persona introvertida, pero se verá repentinamente dando respuestas bíblicas a quienes le ataquen. Tendrá la confianza de hacer lo bueno y andar en libertad. Podrá  comparecer ante la presencia de las personas más poderosas del mundo y hablar con confianza sobre los testimonios del Dios del cielo. Usted disfrutará de la vida, aun en medio de las pruebas y consagrará confiadamente a Dios tanto su ser como sus recursos. Usted podrá llegar a la Palabra de Dios con denuedo para ver cómo es que realmente se aplica a su vida personal.

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Salmos 119:41-48: Diseñados para ser libres V parte

III.     En tercer lugar LOS BENEFICIOS DE LA LIBERTAD SEGÚN DAVID (119:45-48)

 Una notable confianza surge como resultado de la relación que David gozaba con la Palabra de Dios. David no estaba contento con jugar los juegos que ofrece la religión. Su vida de oración reflejaba la obsesión que sentía de hacer y hablar la Palabra de Dios. Había fijado su corazón para confiar en la Palabra de Dios por sobre todas las cosas. Era su esperanza. No importa el lugar ni las circunstancias, David buscaba las verdades bíblicas con fervor. Sobre todo, amaba La  Palabra de Dios con un amor que pocos han sentido. Esta composición espiritual nos ayuda a comprender la capacidad extraordinaria de liderazgo que David tenía. Hubo hombres que siguieron a David: valientes por sus propios méritos; y sin embargo siguieron a David. Habrían dado sus vidas por él. Sólo un líder confiado y centrado puede capturar la lealtad y devoción de otros hombres valientes. Han habido muchos líderes fuertes y se han escrito muchos libros que intentan analizar los secretos de su liderazgo. Pero David ejerció un liderazgo bíblico y ahora tenemos sus secretos delante de nosotros. Estos se expresan con naturalidad en estos versículos y los examinaremos para ver cómo estamos en comparación.

 

A.     Firmeza ante los ataques  (vrs. 42)

«y daré por respuesta a mi avergonzador: que en tu palabra he confiado» (Salmo 119:42).La palabra avergozador se refiere a alguien que expone a otro con el propósito de hacerle ver de menos. Quizás fue el día más negro de la vida de David, aquel día que él y un pequeño grupo de hombres fieles huyeron de Jerusalén. Su hijo, Absalón, había organizado un golpe de estado para desplazar a su padre del poder. Simei, un pariente de Saúl amargado, se paró por el lado de un monte y levantó los puños con enojo contra David, maldiciéndole. Los hombres de David quisieron decapitarle en ese mismo instante, pero David sabía cómo responder ante tal oprobio. «y dijo David  a Abisai y a todos sus siervos: He aquí, mi hijo que ha salido de mis entrañas, acecha mi inda; ¿cuánto más ahora un hijo de Benjamín? Dejadle que maldiga, pues Jehová se lo ha dicho» (2 S. 16: 11). La rebelión de Absalón en gran parte fue cosecha del pecado del mismo David. No tenemos que describir las muchas y muy obvias faltas de David. Para los propósitos de este estudio, hemos de concluir que tal respuesta sólo puede provenir de los labios de un hombre supremamente confiado. Además, podemos ver que su confianza específicamente es en el Señor. David no es ni arrogante ni está acobardado: está confiado. Cuando una persona insegura se ve atacada, se derrumba. Se torna amargada, deshecha, enojada, abatida; todo menos confiada. El tener confianza no significa que uno va a responder con un insulto o un comentario sagaz. La confianza es saber qué responder  conforme a la voluntad de Dios. La relación íntima que David tenía con Dios a través de las Escrituras le dio ese tipo de confianza. Pedro tenía una idea muy similar en mente cuando escribió: «Sino santificad  a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar” defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros; teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian vuestra buena conducta en Cristo» (1 P. 3:15, 16). Si era libre podía estar firme ante los ataques.

B.      Destreza para discernir

David cometió pecados, todos los cometemos. Sin embargo, él era un hombre confiado en conocer la diferencia entre lo bueno v lo malo. Y, siempre y cuando su corazón estuviera recién sumergido en la Palabra de Dios, él tenía confianza en que haría lo bueno. «Guardaré tu ley siempre, para siempre y eternamente» (Salmo 119:44). Las personas inseguras frecuentemente hacen lo malo, porque fácilmente son víctima de la influencia de otros. Se preocupan de lo que los demás pensarán, o dirán o harán. Son esclavos de la opinión pública y la presión de sus semejantes y nunca llegan a desarrollar la confianza necesaria para sencillamente hacer lo que Dios desea, a pesar de las consecuencias.  Si usted carece de esta confianza, su única vía de escape de este tipo de esclavitud es sumergirse en el Libro de libros para que pueda ser controlado por el Rey de reyes. Este era el combustible que alimentaba la capacidad que David tenía de hacer lo bueno. Después de haber pecado con Betsabé, el profeta Natán lo confrontó directamente. Todo hombre peca, pero sólo un hombre confiado puede hacer lo que David hizo. David reconoció su pecado, lo confesó, y arregló las cosas delante de Dios y delante de los hombres. Eso se llama confianza. José es un excelente ejemplo de un hombre confiado. En Génesis 39, José se ve constantemente presionado por la esposa de Potifar, quien deseaba seducirlo. Ella se abalanzó sobre él un día que su esposo no se encontraba en casa. Nadie se habría enterado. José tuvo suficiente confianza como para sencillamente huir de la casa. El comprendió que Dios lo estaba viendo, y eso le bastaba. El tenia la confianza suficiente para hacer lo bueno, aun si nadie más se enteraba.

 

Salmo 119:41-48: Diseñados para ser libres IV parte

C. Tercer alcance: Enfoque

«Y andaré en libertad, porque busqué tus mandamientos» (Salmo 119:45). La expresión central de estos versículos tiene que ver con esta frase. La expresión” andaré es tener acceso, crecer y acompañar. La idea de andar aquí es una idea de compañía y de madurez. La frase “libertad” es  caminar arrogante, habla de andar de una manera espaciosa, sin ningún cargo de conciencia. En este sentido que es la libertad desde la perspectiva de este versículo. Implica por un lado un actitud de orgullo, de jactancia pero en el buen sentido de la palabra. No es nada de limitado o encogido o puesto en estrecho. Nos habla de un lugar donde nos podamos mover libre y espaciosamente.  El objetivo es tener un enfoque claro en la dirección de búsqueda. Un  corazón que busca la Palabra de Dios hace más que buscar aprender más de la Palabra. Eso definitivamente forma parte del asunto, sin embargo, el buscar la Palabra va más allá que el mero estudio. Cuando surge un  problema, una necesidad o una crisis, nuestros corazones quedan entrenados a hacer una cosa: buscar qué dice la Biblia al respecto. No hay otro lugar dónde buscar. Nuestro corazón queda fijado en un rumbo que lo lleva directo a la Biblia. Las iglesias modernas invierten mucho tiempo y dinero intentando buscar las maneras de atraer más gente a la iglesia. No se escatiman esfuerzos para garantizar la comodidad de la gente, la conveniencia de los estacionamientos y la limpieza de la guardería. Se hacen estudios cuidadosos para asegurar que el horario de servicios no presente conflictos con los ocupados horarios de la gente de hoy día. Si ofrecemos un ambiente suficientemente conveniente, atractivo y cómodo y si nunca ofendemos a nadie, esperamos que la gente nos hará el favor de escucharnos enseñar la Biblia una o dos veces por semana. Jesús no tuvo la ventaja de las técnicas modernas de investigación de mercados, ni tuvo a la mano los resultados de investigaciones psicológicas que le mostraran los efectos que ciertos colores, tienen para crear un ambiente cálido y propicio a la adoración. Lo que El hizo fue decirle a sus discípulos potenciales que ni siquiera podía garantizarles un lugar dónde recostar sus cabezas y que el seguirle les costaría la vida (Lucas 9:58; Mateo 10:38, 39). Sin embargo, y a pesar de esto, El infundió en sus discípulos un corazón decidido a buscar la Palabra de Dios. Cuando otros dejaron de seguir a Cristo, Pedro habló en nombre de los doce: «Señor; ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna» (Juan 6:68).

Como necesitamos de esa amplitud y libertad en nuestras iglesias hoy en América Latina tan llena de estrecheces y legalismos. En donde ni siquiera se le permiten a los jóvenes cantar una canción con un tono más alto, o hacer bulla en una vigilia sin que los estemos cuestionando y anhelando una paz para los adultos. En donde no podemos expresar nuestra adoración libre y genuina sin violentar tantos preceptos establecidos por los hombres, sea cual sea el sistema litúrgico que sigamos. Libertad en la forma que nos vestimos y venimos a nuestras iglesias. A veces somos tan duros en este tipo de legalismos. Hacemos de una persona con traje y corbata como una aprobada por Dios y a uno de pelo largo y desfachado como una persona desaprobada por Dios. El problema es que muchas personas no disfrutan de una verdadera libertad de sus pecados porque somos demasiados policías y los queremos hacer reaccionar con sistemas humanos de control. David está enfocado en Dios y en no perder su libertad que ha conseguido al seguir a un Dios vivo.

 

D. Cuarto alcance:  Regocijo

La palabra inicial de este pasaje comienza con la frase “me regocijaré” que implica mirar hacia arriba con complacencia. Implica también de un espíritu festivo. Ese espíritu de regocijo depende el amar la Palabra de Dios. David confiaba en la palabra, había puesto su esperanza en la Palabra y buscaba la palabra. Sin embargo, él comprendió que nada, absolutamente nada, podía ser más importante que su amor por la Palabra de Dios. «Y me regocijaré en tus mandamientos, los cuales he amado. Alzaré asimismo mis manos a tus mandamientos que amé, y meditaré en tus estatutos» (Salmo 119:47, 48). David había puesto sus prioridades en el orden correcto. No hay nada más importante para su crecimiento espiritual que el amar la Palabra de Dios. A través de la Biblia usted llega a conocer a Dios. Usted descubre sus caminos. Usted lee su mente. Usted aprende los preceptos que le guiarán por la vida. En sus páginas encuentra los recursos que necesitará para enfrentar cualquier situación. Una persona no gasta grandes sumas de dinero para comprar palos de golf de grafito, se hace miembro de un club campestre y pasa incontables horas en el campo de golf a menos que le tenga amor al juego de golf. Usted no pasará mucho tiempo en la Biblia a menos que le tenga amor. Usted invierte tiempo en las cosas que ama. Aquí tenemos un experimento en la administración del tiempo: ¿Cómo invirtió su tiempo la  semana pasada? Haga una lista de los eventos y  actividades que llenaron su tiempo disponible. ¿Cuánto tiempo pasó en la Palabra de Dios? ¿Puede usted decir que de veras ama la Palabra de Dios? Le falta gozo, quizás porque está lleno de otras cosas menos de la Palabra de Dios.

Bueno hasta aquí hemos hablado de los alcances de mi libertad. Seré seguro, esperanzado, enfocado, pero al final una persona de espíritu festivo, sin sospechas, si ataduras de ningún tipo. Pero ¿está listo para los beneficios de esa libertad? Espero que sí.

Salmo 119:41-48: Diseñados para ser libres III parte

II.                    En segundo lugar veamos LOS ALCANCES DE LA LIBERTAD SEGÚN DAVID  (119:42-44)

Según los siguientes versículos hay por lo menos cuatro alcances de la libertad que tenemos con hijos de Dios. Quiero que nos enfoquemos en ellos de tal manera que podamos contemplar lo hermoso de la libertad que Dios nos ha dado.

 

A.     Primer alcance:  seguridad

«Y daré por respuesta a mi avergonzador; que en tu palabra he confiado» (Salmo 119:42). La palabra “confiar” en hebreo da la idea de caer postrado plenamente ante alguien. De ceder su perspectiva por la perspectiva de otro mayor.  Piense en lo que significa confiar: La puerta del avión está abierta. Usted está de pie frente  el vacío y el rugido de los motores resuena en sus oídos. Está a punto de saltar con paracaídas por primera vez. Ya ha terminado con las clases en donde aprendió cómo es que funcionan los paracaídas. Sólo queda un asunto por determinar: ¿confiará en su paracaídas? En el campo espiritual, esto es lo que separa a un hombre confiado de los muchos que han estudiado la Biblia. Su nivel de confianza aumenta según aumente su capacidad de confiar en que la Biblia quiere decir lo que dice. Usted nunca desarrollará la seguridad de confiar en la Palabra hasta que decida dar un paso de fe. Cuando se dé cuenta que el suelo no se abre bajo sus pies, usted tendrá confianza suficiente para dar otro paso. La Biblia es la única norma absoluta que Dios nos ha dado en este mundo. Si usted no puede confiar en esta norma, ¿cómo espera tener confianza en cosa alguna? ¿Por qué es que aquel precepto bíblico que conmovió su alma durante su devocional matutino ya no tiene el mismo impacto a las tres de la tarde, cuando usted confronta el  problema? Usted o confía en lo que la Biblia dice, o no confía en ello. ¿Cuál es su reacción natural cuando confronta un problema? ¿Confía en la Palabra? Si sabe lo que la Biblia dice y ha decidido confiar en que lo que la Biblia dice es la verdad, usted podrá seguir adelante con seguridad.

B.      Segundo alcance: esperanza

«No quites de mi boca en ningún tiempo la palabra de verdad, porque en tus juicios espero» (Salmo 119:43). Le expresión “quitar” se refiere a defender, entregar o recuperar algo. La intención del texto implica que David desea que Dios mantenga su aprobación a las palabras que él dice. Por otro lado cuando en la Biblia aparece el verbo «esperar» o la palabra «esperanza», nunca se refiere a una ilusión o falsa expectativa. En la Biblia la esperanza es un asunto que se sabe con certeza: Meramente expresa la confianza en un evento que aún es futuro, pero que ciertamente será cumplido. «Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo? Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos» (Romanos 8:24,25). En el Nuevo Testamento nuestra esperanza se define con mayor claridad en la persona de nuestro Salvador. Pablo dijo a los colosenses: «Cristo en vosotros, la esperanza de gloria» (Col. 1:27). Y más adelante, él le recordó a Tito que nos encontramos «aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo» (Ti t. 2: 13). Nuestra esperanza está en la Palabra y nuestra esperanza es la Palabra. Es imposible separar las dos. Jesucristo es el Verbo (palabra) viviente (Juan 1:1, 14, quien se manifiesta a nosotros los creyentes a través de la palabra escrita, la cual es la mente misma de Dios (1 Corintios 2:16). Nuestra confianza se deriva del hecho que hemos puesto nuestra confianza en la Palabra. Nuestra esperanza, hallada en las Escrituras, es un elemento clave para el desarrollo de nuestra confianza. En Romanos 5:2-5, Pablo nos explica cómo es que Dios utiliza las pruebas en nuestra vida para ayudamos a crecer. Nos enseña que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza. Luego añade que «la esperanza no avergüenza». ¿Se siente consumido por los temores y preocupaciones de la vida presente? ¿Confía usted realmente en la Palabra? ¿Está dispuesto a jugarse la vida por ello?  Si es libre tendrá esperanza y eso lo alejará de los temores que paralizan el presente.

Salmo 119:41-48: Diseñados para ser libres II parte

I. En primer lugar veamos LOS PRINCIPIOS DE LA LIBERTAD SEGÚN DAVID (119:41)

Toda carta magna de cualquier nación tiene escritos en ella los principios fundamentales de funcionamiento, para que toda nación pueda desarrollarse libremente. La primera tiene que ver con el espíritu de los principios y luego con los conceptos de los principios. Por un lado una nación busca un espíritu democrático pero también tiene conceptos y preceptos legales para que ese espíritu se cumpla. Note como David nos habla de esos dos principios de libertad.

 

A.     El espíritu de la Libertad : “La misericordia de Dios”

«Venga a mí tu misericordia, oh Jehová; tu salvación, conforme a tu dicho» (Salmo 119:41). Observe la conexión entre tres cosas: «tu misericordia», «tu salvación» y «tu dicho».  Estas tres palabras están precedidas por el pronombre “tú”. Es decir son características de Dios mismo. La palabra misericordia es “hesed” y habla del amor incomparable y de la simpatía de Dios por alguien que no se lo merece. Por otro lado la palabra salvación aquí tiene la connotación de victoria y triunfo. En ese sentido habla que el espíritu de la libertad en un hombre nace del amor de Dios y de la capacidad de Dios para triunfar y ser victorioso. Por otro lado en el AT. David es el único personaje del Antiguo Testamento con quien se asocian las «misericordias fieles» de Dios. Hay otra palabra hebrea que a veces se traduce «misericordias» o «piedades» que David usa en los Salmos. Esta palabra se refiere a las misericordias de un Padre celestial que busca consolar a sus hijos durante las pruebas. Pero aquí David pide una aplicación diferente de las misericordias de Dios, las cuales en este versículo se igualan con la salvación de Dios. Estas son las mismas  misericordias que luego se llaman las «misericordias fieles» de David. Pablo citó Isaías 55:3 cuando predicó en Antioquía de Pisidia. «Y en cuanto a que le levantó de los muertos para nunca más volver a corrupción, lo dijo así: Os daré las misericordias fieles de David (Hechos 13:34). Esa seguridad especial que David tenía estaba puesta como un tipo de la salvación fiel que Dios había prometido a Israel. Esta seguridad de la salvación vino «confirme a» la relación especial que David tenía con la Palabra de Dios. El creyente del Nuevo Testamento sólo tiene que orar una sola vez para que la salvación de Dios, sus misericordias fieles, vengan a él. ¿Cómo podemos hacer la aplicación neotestamentaria a este versículo? En el Salmo 51:11  David rogó a Dios que no le quitara su Espíritu  Santo. Ya que nuestra salvación ha sido sellada con el Espíritu Santo (EE. 1:13-14), un cristiano neotestamentario jamás tiene que orar como David lo hizo. Sin embargo, existe una aplicación devocional del Salmo 51:11 que tiene vigencia hoy día, puesto que nuestra comunión con Dios a través de su Espíritu se ve interrumpida por el pecado. Aunque no le pedimos a Dios que nos vuelva a salvar, hay un sentido en el cual hemos de «ocuparnos» en nuestra salvación. Esta es la forma en la cual Pablo lo describió a los filipenses. «Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor] temblor» (Filipenses 2:12).  No nos ocupamos para obtener nuestra salvación, sino que nos ocupamos en nuestra salvación. En el transcurso de su crecimiento espiritual llega el momento en el cual deberá dejar a un lado todos los temores, reclamar para sí la gracia de Dios y hacer lo que es bíblico. Esto podría requerir una decisión que cambie su vida. Podría representar un cambio de carrera o un cambio de actitud. Podría significar el romper una relación que viola la verdad de Dios. Podría significar el dejar atrás un pecado favorito que está impidiendo su crecimiento. Sólo Dios puede darle tal tipo de valor. ¿Está dispuesto a pedírselo? Si lo hace, sentirá una sensación extraña cuando empiece a disfrutar del fruto de hacer lo que es bíblico. Esa sensación se llama confianza. Cada vez que usted responda de la misma manera, su confianza crecerá. Usted aprenderá que puede confiar que Dios actuará conforme a su Palabra. Eso se llama confianza. Usted nunca la tendrá hasta que decida pedirle a Dios que haga lo que resulta de sus misericordias y lo que es conforme a su Palabra.  David tiene libertad porque tiene la confianza de que Dios ha obrado en su vida para transformarlo y cambiarlo

B.      Los preceptos de la libertad: “Conforme a tu dicho”

Por otro lado la expresión “dicho” tiene que ver con una actitud informal o de una persona mayor dando un consejo a una persona menor. No podemos ser  libres si no sabemos lo que está declarado acerca de sus hijos. Cuando terminó la guerra civil de los USA muchos esclavos de color siguieron sirviendo a sus amos, por mucho tiempo  por la simple razón de que no se habían informado de las nuevas leyes y los preceptos legales que estaban a su favor. Muchos de nosotros no somos libres porque no declaramos o reclamamos los preceptos a nuestro favor, y por lo tanto permanecemos esclavos de todos nuestros hábitos y con los rótulos de “no puedo” o es “imposible” para mí cambiar. Ahora muchas personas no solamente no saben los preceptos bíblicos sino que muchas veces los cambiamos por preceptos humanos que son más agradables y más cómodos para cumplir. Muchas iglesia por todos lados del mundo y en nuestro contexto latinoamericano han seguido variedad de rudimentos humanos haciendo a un lado la Palabra de Dios, y entonces no somos libres sino que somos atados a preceptos humanos. Uno de los campos más esclavizante  es el de la religión. Por eso hay que tener mucho cuidado con el legalismo, porque es una de las herramientas más sutiles para esclavizar nuevamente.

Así que dos cosas necesitan para que los principios de la libertad de Dios se apliquen en su vida. Primero debe apelar a la “misericordia y salvación de Dios” que nos hace libre del pecado, del infierno y la condenación eterna. Estas dos cosas son obra de Dios, son un regalo para el ser humano no se puede hacer nada para que la obtengamos. Una persona que ha alcanzado la simpatía y la victoria de Jesús en su vida es una persona libre. Ya no necesita hacer cosas para aplacar la ira y el juicio de Dios. Ya Cristo lo hizo por él. Por otro lado debe vivir en los decretos y preceptos de Dios para poder disfrutar de esa salvación. Es “conforme al dicho” de Dios que vivimos y disfrutamos de las bendiciones de esa libertad.

Salmo 119:41-48: Diseñados para ser libres

Introducción

Uno de los discursos más famosos de la historia, de hecho ha sido catalogado como el mejor discurso del siglo XX es el dado por el pastor bautista Dr. Martin Luther King en el monumento a Lincoln. Se trata de motivar a la nación americana para dejar a un lado la discriminación y el racismo. En la última parte del discurso el Dr. King dice:

“Y cuando esto ocurra, cuando dejemos resonar la libertad, cuando la dejemos resonar desde cada pueblo y cada caserío, desde cada estado y cada ciudad, seremos capaces de apresurar la llegada de ese día cuando todos los hijos de Dios, hombres negros y hombres blancos, judíos y gentiles, protestantes y católicos, serán capaces de unir sus manos y cantar las palabras de un viejo spiritual negro: “¡Por fin somos libres! ¡Por fin somos libres! Gracias a Dios todopoderoso, ¡por fin somos libres!” No cabe duda que este discurso fue la culminación de todo un proceso social en la época del Dr. King. Muchos aluden a este discurso el rompimiento final de la resistencia americana para reconocer los derechos de la gente de color de los USA.  ¡Libres al fin¡ Libres al fin! Que exclamación más importante. ¿Pero será que el hombre podrá ser alguna vez libre? Lo que hemos visto es que difícilmente lo podemos lograr por lo menos no desde el punto de vista humano.  José Saramago escribió una vez: “La libertad no consiste en hacer lo que se quiere, sino en hacer lo que se debe. Hemos pronunciado no sé cuántos millones de veces la palabra “libertad”, pero no sabemos lo que es, porque no la hemos vivido, y la estamos interpretando como permisividad” Otra expresión interesante la dijo Raúl Ernesto el Che Guevara: “Si no tienes la libertad interior, ¿qué otra libertad esperas poder tener? Quizás se acercó mucho al concepto de la verdadera libertad.

En el fondo del corazón del rey David existía el anhelo por experimentar la libertad, su grito era “andaré en libertad”. Los versículos del Salmo 119: 41-48 son como una especie de proclama de emancipación de parte de David. En ella establece los principios de libertad, los alcances de esa libertad y finalmente declara los beneficios de esa libertad en el Señor. Así que en esta mañana estaremos enfocados en el tema de la libertad.

Con la misma precisión que tiene una cámara microscópica de televisión que se inserta por las venas  para descubrir los secretos del cuerpo humano, Dios ha abierto quirúrgicamente la vida de David con la única espada de dos filos que puede partir el alma y el espíritu (Hebreos 4:12). Los temores, deseos y motivos han quedado expuestos en la mesa de operaciones. David ha mostrado su pasión por aprender la Palabra de Dios. A medida que Dios nos permite sondear las profundidades del ser de este hombre, empezamos a ver los resultados prácticos del amor que David tiene por la Palabra de Dios. ¿Se ha percatado que nos encontramos leyendo el diario espiritual personal de uno de los hombres más increíbles de la historia? En estos cuantos versículos aprendemos cómo es que David tenía la confianza de enfrentar toda situación con seguridad y confianza en Dios. Aprendemos cómo podemos tener la misma confianza en este mundo inestable, sin llegar a ser ni siquiera un poco arrogantes. David presenta dos peticiones ante Dios para obtener este tipo de confianza. El pidió que le concediera gracia para hacer la Palabra y para hablar la Palabra. Usted puede acumular una gran cantidad de conocimiento bíblico, pero nunca desarrollará confianza hasta que sepa con absoluta certeza que puede hacer y decir lo que es bíblicamente correcto. Si usted es una persona temerosa, el único camino a la victoria es pedir a Dios la gracia de hacer y hablar su Palabra. Veamos entonces como David desarrolla el tema de la libertad en estos siete versículos.