La teología del sentimiento en Jesús


Empezaré hablando de Friedrich Daniel Ernst Schleiermacher  que fue un  famoso teólogo alemán, a quien se considera el fundador del protestantismo liberal, nació en Breslau en el seno de una familia devota. Su padre era capellán militar de la Iglesia reformada. Al principio se educó con los Moravos, cuyo pietismo le impresionó mucho. Pero en 1787 entró en la Universidad de Halle, donde estudió con afán a Platón, a Spinoza y, sobre todo, a Kant. Su sentimentalismo, avivado por el pietismo, hizo que siguiera a Kant, no por la vía de la Crítica de la razón pura, sino por la vía de la Crítica de la razón práctica. Schleiermacher pasó sus años de madurez en Halle y en Berlín, donde se asentó finalmente en 1807 hasta poco antes de su muerte y donde enseñó toda clase de asignaturas, excepto el AT. Al oponerse vigorosamente a las áridas especulaciones de la Ilustración, sostuvo que la verdadera esencia de la religión consiste en el sentimiento, el cual nos concede una experiencia inmediata de Dios. Tal redefinición de la esencia de la religión hizo del conocimiento de Dios una experiencia radicalmente subjetiva. En su madurez, Schleiermacher definió la religión como “el sentimiento de absoluta dependencia”. Por tanto, la teología es una asignatura de tipo histórico, cuyo oficio es informarnos de la experiencia religiosa de cada nueva generación. Al tomar este camino, rompió con la teología paulina y reformada, al negar la caída original y la subsiguiente corrupción de la naturaleza humana y sostener que la justicia y el pecado han coexistido siempre en el ser humano. Para él, la cristología tradicional había perdido el tiempo en discusiones sobre la persona y la obra de Cristo, en lugar de la experiencia inmediata de la redención misma, donde Cristo es el ejemplo ideal y, al mismo tiempo, la fuente de la “consciencia de Dios” con la que se vence al pecado. Su eclesiología consiste en que los creyentes experimentan la regeneración (es decir, según él, la adquisición de la consciencia que Cristo tenía de Dios) en la vida corporativa de la iglesia de cada época, más bien que mediante la fe en los hechos históricos de la muerte y resurrección de Cristo (contra 1 Corintios 15:1-4). Su redefinición de la teología cristiana ejerció su impacto más fuerte en el tema de la autoridad. Según él, ninguna autoridad, ya sea de la Biblia, de los credos o de la Iglesia, debe prevalecer sobre la experiencia inmediata de los creyentes. Esto le llevó a rechazar, por irrelevantes, doctrinas bíblicas tales como la concepción virginal de Cristo, la Trinidad y la Segunda Venida. Las ideas de Schleiermacher contribuyeron al fracaso del deísmo ilustrado del siglo XIX, pero también al surgimiento del liberalismo en Norteamérica. Schleiermacher, no fue realmente un filósofo, como algunos han afirmado, sino un teólogo de pies a cabeza y predicador, aunque fue profesor de filosofía en la Universidad de Halle. Sus obras principales son: Discurso sobre la religión a las personas cultas y a las que la desdeñan (1799); Monólogos (1800); Crítica de las doctrinas morales (1803); y La fe cristiana (1821). Descubrimos, pues, en él un apologista cristiano de la época. Respecto a su filosofía de la religión, Schleiermacher rechaza la teología racional, en cuanto el objeto de la teología es Dios como el Incognoscible. El conocimiento humano sólo conoce distinguiendo los contrarios, y Dios es la misma indiferencia de todos los contrarios. Tampoco le es válida la teología revelada, ni la moral, con base en Kant, con lo que deja muy mal parada la teología. De hecho, la teología es una labor imposible, lo único que queda es hacer filosofía de la religión. Schleiermacher no especula sobre Dios, sino sobre la religión. ¿Y cómo lo va a hacer? Diciendo que la religión no se funda en el conocimiento, ni en la voluntad, ni siquiera en la convicción moral. Sólo puede fundarse en el sentimiento. La filosofía de la religión de Schleiermacher es filosofía del sentimiento religioso. La religión nace del sentimiento de dependencia absoluta. El hombre se siente absolutamente insuficiente. Dios es el ser del que dependemos, el que sostiene nuestra radical insuficiencia. No sabemos si es personal o impersonal, natural o sobrenatural; lo único que nos es dado es esta nuestra absoluta dependencia captada mediante el sentimiento religioso, en el cual va implicado todo el ser del hombre. La religión es, pues, competencia exclusiva del sentimiento. Los dogmas no pertenecen al contenido religioso. Hegel va a protestar vigorosamente contra esta teoría de la fe cristiana, que juzga su disolución definitiva, aunque Schleiermacher nunca pretendió negar el contenido específico de la fe cristiana, lo que buscaba era proveer un fundamento religioso de validez universal, con lo cual la crítica de Hegel acierta sólo en parte. Sin embargo es obvio        que como todo teólogo alemán de su época (y hoy de los que lo siguen) terminó en un relativismo teológico y desarrolló las “doctrinas” que muchos teólogos de la corriente liberal hoy sostienen.  Aunque se alejó de la revelación opor lo menos del respeto como autoridad sobrenatural de su vida, la aportación de este teólogo es que nos habla del sentimiento de la fe y de la búsqueda de Dios a través de esa experiencia. Y es que es obvio que aún el mismo Jesús experimentó cierto tipo de teología del sentimiento.  Por lo menos es lo que se percibe en el Evangelio (y en todos los evangelios) de Marcos. Quiero que ahora nos centremos en este evangelio y veamos en contraste como Jesús desarrolla su teología del sentimiento a diferencia de Schleiermacher

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