La teología del sentimiento en Jesús V parte

  1. I.                    La sexta manifestación de la teología del sentimiento de  Jesús es su reacción ante un comportamiento exclusivista

Todos tenemos nuestras ideas acerca de cómo debería ser el cristianismo, qué se puede hacer y qué no es aceptable. Algunas de nuestras opiniones y expectativas están firmemente basadas en las Sagradas Escrituras, otras no tienen una base bíblica tan clara, y otras simplemente reflejan nuestro entorno social, nuestros disgustos o gustos colectivos o históricos. En la práctica, a veces nos es difícil distinguir entre estas tres. La mayoría de tradiciones religiosas tienen orígenes nobles, pero hay un gran peligro en insistir tanto en ellas, como si estas prácticas fueran parte de las Sagradas Escrituras. Como hemos visto, los fariseos tenían una mentalidad sectaria o exclusivista. Pero, humanamente somos dados a inclinarnos en esa dirección. Nos da seguridad y nos sentimos bien al saber que estamos “adentro” mientras que otros están “afuera”. Esta inclinación exclusivista sale a relucir muy temprano en la vida: ¿Ha notado usted este comportamiento cruel y excluyente entre algunos niños jugando en la escuela? Los discípulos también tenían sus ideas en cuanto a “quién podía hacer qué” y “quién podía acercarse a Jesús”. Juan se acercó a Jesús con entusiasmo y le contó cómo había descubierto y detenido a alguien que echaba fuera demonios en Su nombre. A uno le da la impresión de que Juan buscaba la aprobación de Jesús, esperaba que Él le dijera “bien hecho, buen siervo y fiel”. ¿Qué impulsó al apóstol Juan a detener la obra de este hombre? Sencillamente “porque no nos seguía”. Jesús no aprobó ese comportamiento controlador y exclusivista y fue rápido en corregirlo: “No se lo prohibáis… porque el que no es contra nosotros, con nosotros es” (9:38,39). En el siguiente capítulo vemos a los discípulos rechazando a otro grupo de personas, los que traían unos niños a Jesús. En el sistema de valores de los  discípulos, estos niños alegres y ruidosos con sus entusiasmadas madres estorbaban. Los discípulos estaban disfrutando el estímulo mental de las profundas enseñanzas de Jesús. ¿Quién los podía acompañar? Bueno, las personas serias, los espirituales, los temerosos de Dios, los amantes de las Sagradas Escrituras y aquellos que tuvieran deseos de aprender. Obviamente no era el lugar para estos niños inmaduros. Ellos no entienden teología. Ni siquiera les interesan los debates doctrinales. Lo único que ellos querían era la bendición de Jesús y que los tocara. Los discípulos los reprendieron. ¿Cómo se sintió Jesús ante esta vergonzosa situación? ¿Se enojó por le interrumpieron su discurso sobre el divorcio? ¿Se agitó porque lo desconcentraron? No. “Viéndolo Jesús, se indignó”. No se indignó con aquellos que querían que los tocara y que los bendijera. Se indignó con los discípulos que trataban de excluirlos. Sospecho que muchos oyentes olvidaron las enseñanzas de Jesús sobre el divorcio, pero estoy seguro que aquellas familias nunca olvidaron estos momentos especiales: “Tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecía” (10:13-16). Encontrarse con Jesús, estar con Jesús es la esencia de la vida cristiana.

  1. II.                  La séptima manifestación de la teología del sentimiento de Jesús es su reacción ante el costo de la redención

El autor de Hebreos nos anima a que tengamos “puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz” (Hebreos 12:2). Jesús pudo mirar hacia adelante con gozo anticipando el fruto de Sus sufrimientos. Sorprendentemente, ese gozo Divino es generado al redimir a gente complicada, problemática e inconsistente como usted y yo. ¿Pero cómo se sintió Jesús mientras le hacía frente al dolor y a la realidad de la cruz? “Vinieron, pues, a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que yo oro. Y tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y comenzó a entristecerse y a angustiarse. Y les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte” (14:32-34). ¿Olvidaría Pedro alguna vez estos momentos? Él nunca había visto a Jesús así. ¡Cuántas veces le habrá contado la historia a Juan Marcos mientras viajaban juntos! Quizás aquellos que hemos sido levantados en hogares cristianos, que hemos escuchado la historia de la pasión de Cristo una y otra vez, podamos volvernos un poco insensibles al grado de dolor vivido por el Señor Jesucristo. Nos podemos ver tentados a razonar que dado que Jesús es Dios, y Dios puede hacer cualquier cosa sin mucho esfuerzo, la obra de salvación fue algo fácil. Mi querido hermano, ¿alguna vez lo han herido? ¿Alguna vez se ha sentido rechazado? ¿Ha estado triste, profundamente triste? Esto, y mucho más, fue lo que sintió Cristo al cumplir la obra de redención a nuestro favor. Imagínese por un momento a Jesucristo “muy triste, hasta la muerte”. Y eso fue sólo el comienzo. Él lo hizo por usted y por mí. ¡Tanto valemos para Él! Tal vez este vistazo al corazón de nuestro bendito Salvador nos ayude a amarle más y a valorar esa salvación tan grande. “¿No os conmueve a cuantos pasáis por el camino? Mirad, y ved si hay dolor como mi dolor que me ha venido; porque Jehová me ha angustiado en el día de su ardiente furor” (Lamentaciones 1:12).

 

Conclusión

Jesucristo no ha olvidado los años que vivió aquí en la tierra. “Pues en cuando él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados” (Hebreos 2:18). Hemos notado que el Señor Jesús siente y expresa sentimientos. Tenemos un Señor que entiende cómo nos sentimos, que conoce como duele vivir las consecuencias del pecado de otros, que ha experimentado las frustraciones de este mundo caído. Pero hay algo más. Cuando poco a poco aprendemos a pensar más como Cristo (adoptar la mente de Cristo), también empezaremos experimentar los sentimientos expresados por Cristo: Su compasión hacia los necesitados, Su misericordia para con aquellos que sufren opresión demoníaca, Su amor por los que buscan a Dios con sinceridad, Su indignación frente a comportamientos sectarios y exclusivistas, y tal vez hasta Su enojo contra nuestras propias actitudes y prácticas farisaicas. Si podemos pensar y sentir más como Cristo, tal vez podamos comportarnos más como Él. Esta era la meta del ministerio del apóstol Pablo: “Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo  sea formado en vosotros” (Gálatas 4:19). En lo que a mí respecta la teología del sentimiento de Jesús es superior a la Schleiermacher.

 

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La teología del sentimiento en Jesús IV parte

  1. I.                    La cuarta manifestación de la teología del sentimiento de Jesús es su reacción ante el que sinceramente le busca

Mientras iba saliendo de la región de Judea, un joven se acercó corriendo a Jesús. Al igual que los fariseos y escribas, este joven tenía algunas preguntas para hacerle. Pero su corazón era diferente. Su interés era aprender, no tentarlo, juzgarlo o competir. Al igual que los fariseos, este joven había guardado la Ley desde su niñez. Su obediencia era externa pero era movido por un corazón sincero. Nuestro Señor Jesús se dio cuenta de esta diferencia tan importante. Frente a los fariseos, el Señor sentía enojo y profunda tristeza, pero frente a este joven se nos dice que “Jesús, mirándole, le amó”. Con delicadeza el Señor le mostró la deficiencia de su corazón: tenía sinceridad pero no sentía su vacío. Su búsqueda carecía urgencia y desespero. Su obediencia a esas formas religiosas externas lo satisfacían. Sentía poca hambre y sed de una realidad espiritual. Gran parte de la seguridad y autorrealización de este joven provenía de sus ahorros, plan de pensión, su hacienda, su ganado y sus inversiones. Jesús lo motivó a que corrigiese sus valores y le añade: “ven, sígueme” (10:17-22). El mensaje es claro: el cumplir reglas y respetar tradiciones, junto con cierto nivel de sacrificio personal, puede hacernos sentir bien. Pero el Señor busca algo más profundo. Lo que realmente importa es la pasión que mueve nuestro corazón, y cuando amamos a Dios con pasión, ningún sacrificio será demasiado grande. Dos capítulos más adelante, Jesús tiene un feliz encuentro con un escriba que no seguía ciegamente a los demás. El escriba le había preguntado a Jesús: “¿Cuál es el primer mandamiento de todos?” En el diálogo que siguió, se hizo evidente que este escriba era bien diferente a la mayoría de sus compañeros religiosos. Por encima de las formas externas dadas por Dios, reconoció la necesidad de una  realidad espiritual. Entendía que “Uno es Dios… amarle con todo el corazón… y amar al prójimo como a uno mismo, es más que todos los holocaustos y sacrificios”. Seguramente que el Señor también le amó y le dijo: “No estás lejos del reino de Dios” (12:28-34). Al igual que la mayoría de los fariseos, somos propensos a defender y a resaltar lo externo, los procedimientos. Las estructuras y tradiciones religiosas nos hacen sentir cómodos, pues nos dan continuidad y, como algunos piensan, son una evidencia visible de espiritualidad. Jesús previno a Sus discípulos contra éste énfasis rígido en cosas externas: “Guardaos de los escribas, que gustan de andar con largas ropas (preocupados por el modo de vestir), y aman las salutaciones en las plazas (preocupados con el protocolo, la posición social, las formas y las expresiones),  las primeras sillas en las sinagogas (preocupados por su autoridad y el orden de las sillas o bancas, acomodados en círculos o rectángulos, hombres aquí, mujeres allí…), y los primeros asientos en las cenas (preocupados por su apellido, su posición e influencia); que devoran las casas de las viudas (intimidando e imponiendo sus patrones de comportamiento en hogares débiles), y por pretexto hacen largas oraciones (usan términos bíblicos y dicen actuar de parte de Dios)” (12:38,39). El Nuevo Testamento prescribe algunos símbolos y principios de comportamiento que concuerdan con la nueva vida en Cristo. Pero, mi querido hermano, nunca nos sintamos satisfechos con las formas externas, por muy bíblicas que sean. La pasión que nos mueve a seguir adelante debe ser como la del apóstol Pablo: “Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo… por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo… a fin de conocerle…” (Filipenses 3:7-10). Aún hoy, Jesús ama a los que sinceramente le buscan.

  1. II.                  La quinta manifestación de la teología del sentimiento de Jesús es su reacción ante una generación incrédula

Me pregunto qué habrá sentido Jesús al regresar a Nazaret, su pueblo de origen. Un destello de memorias y emociones habrán pasado por su alma al cruzar por el centro del pueblo, al oler la plaza de mercado, al ver tantos rostros conocidos… Al llegar el día de reposo entró a aquella sinagoga que le era tan familiar y comenzó a enseñar. Habiendo conocido a Jesús desde que era un niño, la gente del lugar se sorprendió con Sus palabras, Su sabiduría y aún más con el hecho de que pudiera hacer milagros. Les era difícil reconciliar lo humano con lo divino. Insistieron en recalcar su aspecto humano: “¿No es este el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo… no están también aquí con nosotros sus hermanas?” (6:3). Ocurre algo parecido en nuestra cultura moderna: nos es difícil reconciliar el mundo espiritual con el material. Incluso entre cristianos, especialmente en la cultura occidental. Creemos en la realidad del mundo material y en la realidad del mundo espiritual, pero tratamos de mantenerlos bien separados. Tenemos problemas con la esfera donde lo material y lo espiritual se encuentran, donde interactúa lo visible y lo invisible. Somos felices pasando horas estudiando la Biblia, organizando doctrinas, arreglando esquemas proféticos, cantando y enseñado como Dios intervino en el pasado. Pero nos incomoda el hecho de que Dios quisiera hacer algo concreto entre nosotros hoy. La gente de Nazaret fue incapaz de admitir la posibilidad de que el carpintero de su pueblo fuera realmente el Mesías Divino. ¿Cómo hizo sentir esto al Señor Jesús? En otros pueblos, la gente hubiera traído a los enfermos para que los sanara. Pero en Nazaret muy pocos lo hicieron. Leemos que Jesús “estaba asombrado de la incredulidad de ellos” (6:1-6). Él esperaba algo diferente de aquellos que estaban a la expectativa de la venida del Mesías. Jesús esperaba algo muy diferente de aquellos que decían adorar al único Dios verdadero, a un Dios poderoso de milagros y maravillas. ¿Qué doctrina maneja usted? ¿Su mente permite que Dios haga algún milagro en su entorno hoy? Al comparar los grupos de cristianos en Europa y América Latina, noto que aquí en Latinoamérica hay mayor asistencia a las reuniones de oración que a las de estudio bíblico. En Europa casi siempre es lo contrario. Algunas culturas sienten su necesidad de una manera más profunda. Realmente desean que Dios actúe en su mundo. Cuando oran, la mayoría de sus peticiones son bien definidas: “Señor, necesito un trabajo”, “Señor, por  favor sana a mi esposa”, “Ayer le compartí el evangelio a mi amigo, conviértelo, Señor”.   Hay una expectativa viva y vibrante de que Dios realmente hará algo. Dichas oraciones son contagiosas. Lucas nos cuenta que Jesús se maravilló de “tanta fe” que había en el Centurión (Lucas 7:9). ¿Cuál es el calibre de nuestra fe? ¿Cómo se siente Jesús al ver nuestra fe?

La teología del sentimiento en Jesús III parte

  1. I.                    La segunda reacción de la teología del sentimiento de Jesús  es su reacción ante la opresión espiritual

El evangelio de Marcos es un evangelio de acción. Describe a Jesús en movimiento. Pero cada acción tiene una reacción. Encontramos oposición a Cristo y a Su obra en cada uno de los 16 capítulos de este evangelio, exceptuando el capítulo 13 que es profético. Esta oposición provino de dos fuentes: de actividad satánica y de los religiosos judíos. En 9 capítulos encontramos diversas referencias a demonios, espíritus inmundos o a Satanás. Marcos nos relata más actividad demoníaca que los otros evangelios. Vemos a Satanás tentando a Jesús, arrebatando la palabra de los corazones endurecidos y hablando a través de Pedro. Leemos de espíritus malignos o inmundos que hablaban, gritaban, sacudían a personas, las lanzaban al piso, hacían crujir sus dientes, las enmudecían, las paralizaban, causaban violencia y les daban fuerza extraordinaria. Marcos hace referencia a demonios habitando en un hombre (5:8), una mujer (16:9), un niño (9:21), una región geográfica (5:10) y en animales (5:13). Cristo expulsó espíritus malignos a veces a distancia (7:29), a veces frente a frente después de dialogar con ellos (5:8). Notamos que algunos espíritus malignos pueden hablar (1:34), y algunos hasta tienen un nombre y voluntad propia (5:9,12). Quizás esta extraña evidencia de opresión satánica explícita no le sea muy familiar. Muchos cristianos civilizados y cultos han desarrollado modelos teológicos para limitar estos fenómenos incómodos a un pasado distante. Pero estas evidencias de actividad demoníaca se observan en culturas paganas hoy en día. El que sufre normalmente sufre en silencio. Se convierte en un secreto personal o familiar. Sólo hablarán si el consejero les inspira confianza. Hay un temor de ser considerado loco. ¿Cómo se siente usted ante la realidad de que los demonios están activos hoy día? ¿Motivado por un nuevo reto? ¿Temeroso de hacerle frente a lo desconocido? ¿Enojado porque alguien le está contradiciendo su cómodo marco teológico? ¿Nervioso frente a la posibilidad de riesgo personal? Pero, ¿cómo se sintió nuestro Señor Jesús? Él no se enfocó en sí mismo. Tampoco se enfocó en los espíritus malignos. Él tuvo “misericordia” del endemoniado (5:19). El ministerio de Cristo en librar de la opresión espiritual no pasó desapercibido. Algunos se refirieron a ello como a una “nueva doctrina” (1:25-27). Otros opositores, que no podían negar los resultados positivos, acusaron a Cristo de tener un demonio (3:22,30). Sin embargo aquellas personas que vivían la agonía de ataduras espirituales, acudieron masivamente a Jesús (1:32-34). Con mi limitada experiencia en esta área, sugiero que misericordia debe ser la fuerza que nos mueve a buscar la libertad de los oprimidos por el diablo (no la curiosidad ni el amor a la controversia). De hecho, sin una profunda misericordia hacia la persona que sufre opresión o atadura, pocos persistirán en ayudar al necesitado. El proceso ayudar a que aquellas personas atormentados por demonios encuentren plena libertad en Cristo no siempre es cómodo.

  1. II.                  La tercera manifestación de la teología de sentimiento de  Jesús es su reacción ante los administradores religiosos

En este evangelio encontramos una amplia representación de la vida religiosa de los judíos. Marcos menciona a los sacerdotes y sumos sacerdotes, fariseos y escribas, saduceos, ancianos y herodianos. Cada grupo con su diferente inclinación teológica, pero unidos alegremente en contra de Jesús. Al comienzo del evangelio la oposición es principalmente teológica, probando y juzgando a Jesús en temas como quién puede perdonar pecados (2:7), porqué Jesús comía con pecadores (2:16), porqué Sus discípulos no ayunaban (2:18) y qué se puede y qué no se puede hacer en el día de reposo (2:24). Precisamente en un día de reposo se le presentó a Jesús un hombre enfermo. ¿Debía Jesús esperar un día para sanarlo y así evitar un enfrentamiento con estos administradores religiosos? Jesús no niega que la ley del día de reposo fue dada por Dios, pero se refirió a la razón de esta ley: “El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo” (2:27). ¿Debo sanar a este hombre ahora? ¿En un día de reposo? Los judíos guardaron silencio. ¿Cómo se sintió Jesús frente a la actitud legalista de estos administradores religiosos? Jesús los miró “con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones” (3:5). Éstos son sentimientos muy fuertes. Luego, justo en frente de sus ojos de desaprobación, Jesús sanó a éste hombre. Los fariseos se sintieron amenazados por este comportamiento provocador de Cristo. Se unieron a los herodianos (la facción política de los judíos religiosos) y tomaron consejo “para destruirle” (3:6). Excluir o eliminar a personas que no se ajustan a sus enseñanzas es una reacción común de los administradores religiosos cuando están frustrados. La oposición contra Jesús creció. Comenzaron a desacreditar el carácter de Cristo: lo acusaron de estar poseído por Belcebú (3:22). Estos religiosos siguieron a Jesús con la Ley de Dios en una mano y sus buenas tradiciones (“siempre lo hemos hecho así”) en la otra, analizando cada cosa que Jesús decía, hacía o permitía. Un día algunos discípulos de Jesús comenzaron a comer sin  lavarse las manos. Obviamente es una buena costumbre el lavarse las manos, pero para estos administradores religiosos esto se había convertido en una ley. Marcos dedica 23 versículos (7:1-23) a explicar la perspectiva de Jesús: lo externo nunca ensucia al creyente. Lo que contamina a una persona es lo que está dentro de ella. La realidad interna es siempre más importante que lo externo. Después los maestros de la ley utilizaron la profecía para desacreditar a Jesús: Primero debía venir Elías. Dado que Elías no había venido todavía, Jesús no podía ser el Cristo (9:11,12). Luego vino el argumento institucional. En Jerusalén le preguntaron “¿Quién te dio autoridad para hacer estas cosas?” (11:27,28). Los principales sacerdotes eran descendientes de Aarón, una línea de autoridad ordenada por Dios. Pero, ¿quién es este Jesús? ¿Un entusiasta autónomo? ¿Un gurú independiente?  Buscando evidencia para juzgar y acusar a Jesús, le preguntaron acerca del divorcio (10:2) y de lo apropiado de pagar impuestos a un César pagano (12:14). Estoy seguro que al Señor no le molestaron sus preguntas. Fue la actitud de juicio e hipocresía que tanto le frustraba. Ellos habían decidido que Jesús no era el Mesías prometido, y ninguna evidencia de lo contrario cambiaría su posición. En vez de estar agradecidos y gozosos por la alimentación de los 4000 “vinieron entonces los fariseos y comenzaron a discutir con él, pidiéndole señal del cielo, para tentarle”. Jesús, “gimiendo en su espíritu”, les rechazó la petición. Luego “dejándolos, volvió a entrar en la barca, y se fue a la otra rivera” (8:11-13). Jesús resistió a estos fariseos y luego se distanció de ellos. Quizá este sea un modelo instructivo de cómo nosotros debemos protegernos de los administradores religiosos que buscan manipular a los demás. La forma legalista de pensar es contagiosa. Los administradores religiosos se dan palmaditas en la espalda entre ellos mismos y le dan gracias a Dios por no ser tan livianos como los demás. Es un club cómodo y elitista, donde los creyentes, como aquellos fariseos, sienten la necesidad de ir a mirar, examinar, criticar y a juzgar lo que otros están haciendo. Mientras estaba en la barca, Jesús les advirtió a Sus discípulos en contra este hongo parasítico y altamente reproductivo: “Guardaos de la levadura de los fariseos” (8:15). Nosotros también debemos tomar en serio esta advertencia.

La teología del sentimiento en Jesús II parte

Pienso que generalmente tenemos poco control sobre las cosas que suceden a nuestro alrededor. Pero la forma en que reaccionamos ante estos eventos depende de nuestras experiencias pasadas, nuestras expectativas y nuestros valores. ¿Qué siente usted cuando visita a un enfermo en un hospital? ¿Qué ocurre en su interior cuando ve por televisión la pobreza y la miseria en que viven otros? ¿Cómo reacciona emocionalmente frente a aquellos cristianos que aman al Señor pero tienen costumbres religiosas diferentes a las suyas? ¿Cómo se siente cuando debido a las acciones de otros usted es herido? Nuestros sentimientos, nuestras reacciones emocionales ante las circunstancias nos ayudan a entender nuestro sistema de valores. ¿Qué emociones expresó Jesús? De los cuatro evangelios, quizás Marcos es el que mejor expresa algunas de las reacciones sentimentales  de nuestro Señor Jesús. Creo que estudiando el evento que motivó la reacción emocional junto con el tipo de emoción, nos permite entender mejor la manera de pensar de Jesús. Nos ayudará a comprender lo que es importante para Él y también lo qué fuertemente desaprueba. Juan Marcos, considerado el autor de este Evangelio, no era uno de los 12 discípulos de Cristo. En su juventud debe haber vivido en Jerusalén con su madre María (Hechos 12:12,25). Al vivir allí, probablemente vio algunos de los milagros de Cristo y disfrutó de algunas de Sus enseñanzas. Quedó lo suficientemente impresionado como para salir por la noche de prisa para presenciar el arresto de Jesús (Marcos 14:51,52). ¿Cuánto de la agonía de Cristo vio este joven antes de salir corriendo? Aunque normalmente asociamos a Juan Marcos con Pablo y con su tío Bernabé, recordado su fracaso en un viaje misionero, hay evidencia que vincula estrechamente a Juan Marcos con el apóstol Pedro. Cuando fue liberado de la cárcel, Pedro fue de inmediato a la casa de María, la madre de Marcos, donde los creyentes se habían reunido a orar por él. Luego encontramos a Marcos con Pedro en Roma, y Pedro se refiere a él como “Marcos, mi hijo” (1 Pedro 5:13). Durante estos tiempos que pasaron juntos, Marcos debió haber aprendido mucho de las experiencias del apóstol Pedro, tanto que algunos escritores se refieren al Evangelio de Marcos como “el Evangelio de Pedro”. En sus últimos años, notamos que el apóstol Pedro desarrolló un carácter de pastor  tierno y cuidadoso. Pero en su juventud, su carácter era impulsivo y agresivo, muy diferente  al  del Señor Jesús. Seguramente Pedro debe haber notado que los sentimientos y reacciones de Cristo frecuentemente eran todo lo contrario a las suyas. Cristo tenía un sistema de valores diferente.  Tenía una teología de sentimiento contraria muchas veces a la de Pedro. Así que veamos cuáles eran esas reacciones sentimentales de Jesús.

  1. I.                    La primera manifestación de la teología del sentimiento de  Jesús es su reacción ante un mundo necesitado

Marcos, al finalizar su primer capítulo, nos presenta a un leproso, contagioso y maloliente, postrado ante Cristo y pidiendo clemencia: “Si quieres, puedes limpiarme” (1:40). En muchos países de América Latina son naciones  con muchas familias desplazadas por la violencia y con alto índice de desempleo,  y estas familias esperan recibir casi a diario ayuda financiera de parte de las iglesias. Esto cansa emocionalmente. Como pastor de una iglesia en Centroamérica personalmente prefiero no ver tantas necesidades. Pero Cristo sintió compasión. No sólo como para lanzarle una moneda al leproso. Tuvo “misericordia”. Lo que siguió no fue una respuesta fría y calculada de Jesús, sino un acto impulsado por compasión: “Extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio” (1:41). Más adelante, descendiendo al mar de Galilea, se encuentra con “un sordo y tartamudo”. Sus amigos le rogaron a Cristo que lo curara. Podemos sentir cómo el Señor se identificó con la necesidad del sordo y la angustia de sus amigos. “Levantando los ojos al cielo, gimió, y le dijo: Efata, es decir: Sé abierto” (7:32-35). Es doloroso vivir en un mundo necesitado y caído. Nuestro amado Señor también sintió este dolor. Cuando hay un grupo grande, y las necesidades son aún más grandes, podemos volvernos insensibles ante las necesidades y responder con indiferencia. Cristo estaba cansado. Intentó retirarse con sus discípulos a un lugar tranquilo a descansar un poco. Lo merecían. Sin embargo una multitud los descubrió. ¿Será que Jesús pudo ver en la multitud algunos rostros que más adelante gritarían “Crucifícale”? ¿Será que Cristo no sabía que no se puede confiar en las multitudes? ¿Será que Cristo no era consciente de que muchos lo seguían por curiosidad o por algún beneficio material? ¿Qué sintió al ver la multitud? “Tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor” (6:31-34). Jesús sintió algo profundo al ver estas necesidades materiales y espirituales. Un día refiriéndose a otra multitud, les  Marcos es el único evangelista que registra el evento de “cierto joven”, presente en Getsemaní, que al ser prendido “huyó desnudo”. Algunos estudiosos sugieren que era Marcos. El registro de este evento podría entenderse como su firma, su manera de decir “yo estuve allí”.  Explicó a los discípulos: “Tengo compasión de la gente, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer; y si los enviare en ayunas a sus casas, se desmayarán en el camino (8:2,3). Leí de un comentario que un pastor holandés hizo, el dice: “Hace unos meses le presté a una hermana Colombiana un comentario de Efesios escrito por un autor Europeo. Después de algunas semanas le pregunté qué pensaba del comentario. “Me desanimó”, dijo. “¿Porqué?”, le pregunté sorprendido. “Me dio la impresión de que todas nuestras bendiciones son para el cielo, para la vida que sigue. ¿A Cristo no la preocupa que estamos atrasados con el pago del arriendo, que hay poca comida en mi cocina, que mi hijo está en cama enfermo? ¡Necesitamos que Cristo también nos bendiga ahora!”

¿Está usted pasando por un tiempo difícil? La realidad es que Cristo conoce y siente nuestro dolor. Él se identifica con las frustraciones y las injusticias que vivimos en este mundo caído. Jesús siente compasión al ver cada una de nuestras necesidades.

La teología del sentimiento en Jesús

Empezaré hablando de Friedrich Daniel Ernst Schleiermacher  que fue un  famoso teólogo alemán, a quien se considera el fundador del protestantismo liberal, nació en Breslau en el seno de una familia devota. Su padre era capellán militar de la Iglesia reformada. Al principio se educó con los Moravos, cuyo pietismo le impresionó mucho. Pero en 1787 entró en la Universidad de Halle, donde estudió con afán a Platón, a Spinoza y, sobre todo, a Kant. Su sentimentalismo, avivado por el pietismo, hizo que siguiera a Kant, no por la vía de la Crítica de la razón pura, sino por la vía de la Crítica de la razón práctica. Schleiermacher pasó sus años de madurez en Halle y en Berlín, donde se asentó finalmente en 1807 hasta poco antes de su muerte y donde enseñó toda clase de asignaturas, excepto el AT. Al oponerse vigorosamente a las áridas especulaciones de la Ilustración, sostuvo que la verdadera esencia de la religión consiste en el sentimiento, el cual nos concede una experiencia inmediata de Dios. Tal redefinición de la esencia de la religión hizo del conocimiento de Dios una experiencia radicalmente subjetiva. En su madurez, Schleiermacher definió la religión como “el sentimiento de absoluta dependencia”. Por tanto, la teología es una asignatura de tipo histórico, cuyo oficio es informarnos de la experiencia religiosa de cada nueva generación. Al tomar este camino, rompió con la teología paulina y reformada, al negar la caída original y la subsiguiente corrupción de la naturaleza humana y sostener que la justicia y el pecado han coexistido siempre en el ser humano. Para él, la cristología tradicional había perdido el tiempo en discusiones sobre la persona y la obra de Cristo, en lugar de la experiencia inmediata de la redención misma, donde Cristo es el ejemplo ideal y, al mismo tiempo, la fuente de la “consciencia de Dios” con la que se vence al pecado. Su eclesiología consiste en que los creyentes experimentan la regeneración (es decir, según él, la adquisición de la consciencia que Cristo tenía de Dios) en la vida corporativa de la iglesia de cada época, más bien que mediante la fe en los hechos históricos de la muerte y resurrección de Cristo (contra 1 Corintios 15:1-4). Su redefinición de la teología cristiana ejerció su impacto más fuerte en el tema de la autoridad. Según él, ninguna autoridad, ya sea de la Biblia, de los credos o de la Iglesia, debe prevalecer sobre la experiencia inmediata de los creyentes. Esto le llevó a rechazar, por irrelevantes, doctrinas bíblicas tales como la concepción virginal de Cristo, la Trinidad y la Segunda Venida. Las ideas de Schleiermacher contribuyeron al fracaso del deísmo ilustrado del siglo XIX, pero también al surgimiento del liberalismo en Norteamérica. Schleiermacher, no fue realmente un filósofo, como algunos han afirmado, sino un teólogo de pies a cabeza y predicador, aunque fue profesor de filosofía en la Universidad de Halle. Sus obras principales son: Discurso sobre la religión a las personas cultas y a las que la desdeñan (1799); Monólogos (1800); Crítica de las doctrinas morales (1803); y La fe cristiana (1821). Descubrimos, pues, en él un apologista cristiano de la época. Respecto a su filosofía de la religión, Schleiermacher rechaza la teología racional, en cuanto el objeto de la teología es Dios como el Incognoscible. El conocimiento humano sólo conoce distinguiendo los contrarios, y Dios es la misma indiferencia de todos los contrarios. Tampoco le es válida la teología revelada, ni la moral, con base en Kant, con lo que deja muy mal parada la teología. De hecho, la teología es una labor imposible, lo único que queda es hacer filosofía de la religión. Schleiermacher no especula sobre Dios, sino sobre la religión. ¿Y cómo lo va a hacer? Diciendo que la religión no se funda en el conocimiento, ni en la voluntad, ni siquiera en la convicción moral. Sólo puede fundarse en el sentimiento. La filosofía de la religión de Schleiermacher es filosofía del sentimiento religioso. La religión nace del sentimiento de dependencia absoluta. El hombre se siente absolutamente insuficiente. Dios es el ser del que dependemos, el que sostiene nuestra radical insuficiencia. No sabemos si es personal o impersonal, natural o sobrenatural; lo único que nos es dado es esta nuestra absoluta dependencia captada mediante el sentimiento religioso, en el cual va implicado todo el ser del hombre. La religión es, pues, competencia exclusiva del sentimiento. Los dogmas no pertenecen al contenido religioso. Hegel va a protestar vigorosamente contra esta teoría de la fe cristiana, que juzga su disolución definitiva, aunque Schleiermacher nunca pretendió negar el contenido específico de la fe cristiana, lo que buscaba era proveer un fundamento religioso de validez universal, con lo cual la crítica de Hegel acierta sólo en parte. Sin embargo es obvio        que como todo teólogo alemán de su época (y hoy de los que lo siguen) terminó en un relativismo teológico y desarrolló las “doctrinas” que muchos teólogos de la corriente liberal hoy sostienen.  Aunque se alejó de la revelación opor lo menos del respeto como autoridad sobrenatural de su vida, la aportación de este teólogo es que nos habla del sentimiento de la fe y de la búsqueda de Dios a través de esa experiencia. Y es que es obvio que aún el mismo Jesús experimentó cierto tipo de teología del sentimiento.  Por lo menos es lo que se percibe en el Evangelio (y en todos los evangelios) de Marcos. Quiero que ahora nos centremos en este evangelio y veamos en contraste como Jesús desarrolla su teología del sentimiento a diferencia de Schleiermacher

Los tres Ananìas: Tres estilos de espiritualidad III parte

Ananías el Religioso: El que busca mejorar su posición personal Nuestro último Ananías también es un judío, devoto en cumplir la Ley y muy respetado por todos sus paisanos. Luego de años de dedicación, de estudio y de trabajo duro había logrado ascender en la escala religiosa judía, y eventualmente fue nombrado sumo sacerdote (Hechos 23:2). El oficio del sumo sacerdote fue creado por Dios mismo, y en aquellos días en que los planes de Dios con el hombre se centraban en Israel, era un trabajo privilegiado y una enorme responsabilidad. Los tiempos estaban cambiando, así como el trato de Dios con los hombres. Pero Ananías no era consciente de estos cambios en los planes Divinos, y seguía aferrado a las riendas del poder. Este poder no era político, puesto que los romanos lo tenían. Tampoco era un poder espiritual, puesto que la naciente Iglesia de Jesucristo la manifestaba. Ananías defendía el único poder que aun podía controlar: la religión organizada y su influencia económica. Hay situaciones cuando el Señor Jesucristo remueve Su candelero (Su presencia – ver Apocalipsis 2:5) de una iglesia local. En estos casos, sus líderes quedan en una posición similar a la de este Ananías. Habiendo sido un fariseo ejemplar y de influencia, la conversión del apóstol Pablo al cristianismo fue un dolor de cabeza para Ananías y los otros líderes religiosos judíos. Inicialmente era Jesús quien había desafiado su autoridad. Ahora los seguidores de Jesús no se sometían a la estructura religiosa judía. La entrega del apóstol Pablo a cumplir su mision de llevar el evangelio de Cristo por todo el mundo, fue interpretada negativamente por estos líderes Judíos: “Hemos hallado que este hombre es una plaga, y promotor de sediciones entre todos los judíos de todo el mundo, y cabecilla de la secta de los nazarenos. Intento también profanar el templo…” (Hechos 24:5,6). Existe un serio peligro en toda agrupación cristiana: confundir el crecimiento espiritual con el avance personal dentro de la estructura. Los cristianos que relacionan su espiritualidad con su posición eclesiástica, trabajan duro para lograr un puesto en la “junta directiva”. Después de llegar a un puesto elevado, sienten que deben demostrar que son dignos de este privilegio. Luego sentirán que deben defender su puesto. Quizás es por esto que el Señor diseño Su Iglesia de tal manera que la máxima autoridad sobre la tierra es dada a los líderes de la iglesia local. Nadie más, excepto Cristo, se encuentra por encima de ellos. ! La Iglesia de Jesucristo no tiene una pirámide grande de autoridades que escalar! Unos anos atrás, recuerdo haber leído que es muy probable que un creyente que viva unos 50 anos entre cristianos sea afectado por una división entre el pueblo de Dios. Una división en una comunidad cristiana siempre es dolorosa, pero es más compleja para aquellos creyentes que aman las pirámides religiosas y las estructuras de autoridad. .Sera posible mostrar “amor fraternal no fingido” y amarnos “unos a otros, entrañablemente, de corazón puro” durante periodos de conflicto? Tal vez podamos afirmar que si, siempre y cuando aquellos con los que no estamos de acuerdo estén dispuestos a someterse a la verdad como nosotros la entendemos (1 Pedro 1:22). Somos propensos a pensar que si un hermano es sincero delante de Dios, debe ver la solución o entender la verdad de la misma manera que nosotros. Con cierta facilidad, nos referimos a los que no están con nosotros como carnales, legalistas, poco espirituales, superficiales o desobedientes. Y nosotros, gracias a Dios, somos los espirituales, los fieles, los comprometidos, los obedientes. En Hechos 23 Pablo es llevado ante el Sanedrín. El apóstol inicia su defensa así: “Varones hermanos, yo con toda buena conciencia he vivido delante de Dios hasta el día de hoy” (Hechos 23:1). En ese momento, “Ananías ordeno entonces a los que estaban junto a él, que le golpeasen en la boca” -!donde realmente debe doler! (Hechos 23:2). Pero, ¿que había dicho Pablo? ¿Porque se enojó tanto Ananías?¿Por que esa agresión contra el apóstol? Para Ananías era simplemente imposible contemplar la posibilidad de que su adversario estuviera actuando con una conciencia limpia delante de Dios. Tal vez si admitiéramos en nuestra mente la posibilidad de que un hermano o hermana pueda tener una interpretacion diferente de una porción Bíblica y sostenerla con una buena conciencia delante de Dios, se reduciría nuestro impulso de “golpearles en la boca”. Ser conscientes de esto nos puede ayudar a practicar el amor sincero en medio de un conflicto. Claro que la verdad es más importante que la conciencia. Antes de su conversión, el apóstol Pablo, por ejemplo, perseguía a los cristianos creyendo que hacia el bien. Al hacerlo, Pablo actuaba mal, estaba equivocado, pero no podemos acusarlo de ser un hipócrita ni un perverso. Ananías y sus amigos religiosos habían tomado la decisión de deshacerse de Pablo. Creían que este era su deber, debido a su posición superior en la pirámide religiosa judía. Ellos acusaban al apóstol Pablo de cosas que ellos suponían (Hechos 21:29). ¿Hicieron juramentos solemnes, ingeniaron estrategias, usaron pretextos, armaron trampas (Hechos 23:12-15). Cuando los romanos transfirieron a Pablo de Jerusalén a Cesarea, Ananias aun sentía que era su deber seguir acusándole. Sentía que al perseguirlo mostraba ser un hombre espiritual. Acompañado por varios ancianos y su abogado Tertulo, “comparecieron ante el gobernador contra Pablo” (24:1). La organización religiosa de origen humano utiliza presiones familiares y sociales y se defiende con “abogados” religiosos. Pero la verdad de Dios, la realidad tal como es, permanece firme e inamovible ante estos ataques. Si usted estuviera en los zapatos del apóstol Pablo, o mejor, en las cadenas del apóstol, .que sentiría usted hacia Ananías? Ananías logro su objetivo de privar a Pablo de su libertad. ¿Era esto justo? ¿Estaba Pablo preparando un plan de contingencia? ¿Buscaría venganza? Para que el apóstol Pablo siguiera siendo útil al Señor, no permitió que su corazón se endureciera con amargura, con ira ni con resentimiento. Santiago nos dice que “la ira del hombre no obra la justicia de Dios” (Santiago 1:20). Por lo menos 3 disciplinas protegieron el corazón del apóstol: 1) Vivía consciente de que el Señor estaba con él (Hechos 23:11); 2) Se conducía de tal manera que pudiera “tener siempre una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres” (Hechos 24:16); y 3) Nunca olvido quién lo había llamado y para qué. Estaba limitado, pero no callado. Estaba en cadenas, pero seguía siendo un embajador de Jesucristo (Efesios 6:19,20). ¿Hay raíces de amargura, de ira o de resentimiento en su corazón? No hay nada que las justifique. Estas son un ácido peligroso y contaminante que se produce cuando intentamos defendernos a nosotros mismos. Debemos reconocerlas y confesarlas como pecado. Solo entonces podremos practicar las 3 disciplinas del apóstol que protegen nuestros corazones y nos permiten que Dios nos pueda seguir usando para bendición de otros. El Señor utilizo estas dolorosas frustraciones y limitaciones para reenfocar el ministerio del apóstol Pablo. Al estar preso, el Señor permitió que el apóstol testificará ante el gobernador Félix (Hechos 24:2,10), ante Porcio Festo (Hechos 24:27), ante el Rey Agripa, su esposa Berenice y “tribunos y principales hombres de la ciudad” (Hechos 25:23) y ante muchos en Roma (Hechos 28:30,31). Al estar preso, el apóstol también tuvo más tiempo disponible para escribir cartas apostólicas. ¿Ha perdido usted un ser querido recientemente? ¿Su libertad se ha visto restringida por la edad o por problemas de salud? ¿Está pasando usted por una crisis financiera? Es posible que el Señor desee utilizar estos cambios, el dolor o el conflicto para reorientar su área de servicio. Dele gracias al Señor por Su fidelidad en el pasado. No se quede mirando las limitaciones. Abra los ojos y con calma progrese hacia las nuevas puertas que el Señor le este abriendo. Las palabras proféticas del Señor al segundo Ananías empezaron a cumplirse en la vida del apóstol Pablo: “Instrumento escogido me es este, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes” (9:15). 

 

Conclusión

El apóstol Pablo deseaba que todo creyente siga creciendo y madurando, que sea “espiritual” (1 Corintios 3:1). La iglesia local necesita hombres y mujeres “espirituales” (Gálatas 6:1). .Cuál Ananías de los tres describe mejor su manera de ver la espiritualidad? Ser espiritual no es un nivel o un titulo que obtenemos, sino una forma de vivir, un camino que andamos con Jesús. Los primeros cristianos eran “de este Camino” (Hechos 9:2). Adoraban a Dios como seguidores del Camino (Hechos 24:14). La palabra “Camino” sugiere bordes, movimiento y un destino. Nuestra misión no es la de ser popular con aquellos que están parados a los bordes del camino ni la de buscar la aprobación de los que van con nosotros por el Camino – como el primer Ananías. No hay tal cosa como escaleras, pirámides o posiciones privilegiadas en este camino espiritual. No avanzaremos mas rápidamente al condenar otros caminos ni al criticar la manera en que otros cristianos caminan (aunque no sea correcto imitarles). No debemos ser agresivos – como el último Ananías. El Camino es el mismo, pero el paisaje cambia constantemente. Hoy  puede estar soleado, mañana tal vez tormentoso. A veces el camino va cuesta arriba y a veces nos conduce junto a aguas de reposo. Mi querido compañero de viaje, la única forma de crecer, de madurar, de ser más espiritual, es caminar todos los días al lado del Señor Jesús, nuestro guía, disfrutar de Su compañía, aprender a escuchar Su voz y a obedecer Sus órdenes – como el segundo Ananías. Al terminar de leer estas líneas, le invito a que tome un momento y reflexione nuevamente en esas palabras tan conocidas de nuestro Señor Jesucristo: “Yo soy el Camino, y la Verdad, y la Vida” (Juan 14:6).

Los tres Anannìas: Tres estilos de espiritualidad II parte

Ananías el Obediente: El que está dispuesto a arriesgarse En Hechos capitulo 9 encontramos al segundo Ananías. Era un judío convertido que vivía fuera de Israel en la gran ciudad de Damasco. Más adelante, el apóstol Pablo lo describe como un “varón piadoso según la ley, que tenia buen testimonio de todos los judíos que allí moraban” (Hechos 22:12). No es claro si esta declaración se refiere a su vida antes de su conversión. Si el texto sugiere que Ananías aun observaba la Ley, podríamos concluir que era un creyente relativamente nuevo, recién convertido del judaísmo al cristianismo. Pero su conversión fue real. Las Sagradas Escrituras se refieren a el como “un discípulo llamado Ananías” (9:10) y que sufría persecución debido a su nueva fe en Cristo. La profundidad del carácter de este Ananías supera en gran manera al Ananías anterior. Es evidente que este hombre se entrego totalmente al Señor Jesucristo. Al convertirse en cristiano, sabía que ya no sería más un cabo suelto, libre para hacer lo que le pareciera. Ahora era un siervo de Jesucristo. Cuando el Señor lo llama para que visite a Saulo, Ananías expresa su preocupación por su seguridad personal. Pero siempre se refirió a Jesús como su “Señor” (Hechos 9:10, 13,17). No hay nada de malo con expresarle al Señor nuestros temores y nuestras dudas. Claro, no con actitud de reclamo ni de confrontación, sino buscando más claridad, mas iluminación. La virgen Marie también lo hizo (Lucas 1:34). Algunos prefieren obedecer a Dios inteligentemente, otros lo hacen ciegamente. Sin embargo, a fin de cuentas lo importante es obedecer. No se trata de usar la palabra “Señor” cuando oramos o hablamos, sino de someternos con gozo a las demandas de Dios sobre nuestras vidas. Dispuestos, si es necesario, a sufrir las consecuencias de la obediencia, ya sea la crítica o aun abusos físicos. Hay un detalle muy diciente en esta historia. Saulo estaba en Damasco, dolido (había sido derribado al suelo), ciego, y en medio de su confusión estaba orando (Hechos 9:11). Entonces el Señor le da a Saulo una visión. En la visión, el ve “a un varón llamado Ananías, que entra y le pone las manos encima para que recobre la vista” (Hechos 9:12). Luego el Senor da otro mensaje “audio-visual”, esta vez a Ananías, donde le informa de la visión de Saulo. El detalle interesante es que Saulo recibió su visión antes que la de Ananías. El Señor confiaba tanto en la obediencia de Ananías que pudo incluir su nombre en la visión de Saulo aun antes de decirle a Ananías que fuera. Para Ananías, el Señorío de Cristo en su vida se traducía en obediencia habitual. El Señor sabía que podía contar con Ananías. .Podría el Señor incluir su nombre en una visión a otra persona? .Puede el Señor contar con nuestra obediencia inmediata? .O será que nuestra obediencia depende de lo que otros hagan, del programa que se esté presentando en la televisión esa noche, de lo atractiva que me parezca la propuesta, de si lo he hecho antes, o de si estamos de acuerdo con el Señor? El Señor esperaba que Ananías arriesgara su salud (Saulo podía tornarse violento) y su reputación (recuerde que Ananías era un hombre respetado por otros, y su reputación podía verse afectada al buscar relacionarse con Saulo). Dios le pidió a Ananías que hiciera algo arriesgado e incomodo. Un acontecimiento similar con 2 visiones aparece en el capitulo siguiente (Hechos 10). La primera visión la tiene Cornelio, en la que se le menciona el nombre de Pedro, y la segunda visión la tiene Pedro. Aunque las instrucciones que el Señor le da a Pedro iban en contra de su instinto natural, en contra de sus sentimientos religiosos y en contra de sus tradiciones, Pedro arriesgo su reputación y obedeció. El Seno sabía que tambien podía contar con Pedro. La obediencia, como la fe, crece y se fortalece con el uso. “El que es fiel en lo muy poco, también en lo mas es fiel” (Lucas 16:10). Vale la pena señalar que Ananías debió asumir un riesgo al seguir el camino de la obediencia. El arriesgarse en si no es nada espiritual. Por personalidad, a algunos les gusta asumir riesgos y otros buscan evitarlos. La virtud no es el riesgo, sino la  obediencia. Pero, por lo general, la obediencia requiere fe, y la fe involucra un elemento de riesgo. .Cuando guía el Señor a Sus siervos? El Señor le dio algunas indicaciones a Saulo en el camino a Damasco, pero más tarde le revelo mas detalles de lo que debía hacer. La actitud de oración de Saulo probablemente lo puso en condiciones de recibir estas instrucciones. En el capitulo siguiente (Hechos 10), el Señor le da una visión a Pedro. .Y que estaba haciendo Pedro? “Pedro subió a la azotea para orar” (Hechos 10:9). Si queremos ser guiados por el Señor, también debemos buscar estos tiempos de oración. ¿Cómo puede el Señor poner en nuestro corazón el sentir de visitar a un hermano enfermo en el hospital o de discipular a un nuevo creyente? Necesitamos quietud en Su presencia. ¿Desea usted ser usado por el Señor en un club bíblico para niños o en su asamblea? Se necesita quietud en Su presencia. A veces nos sentimos confundidos. Tal vez deseamos dirección para una decisión importante. El Señor desea guiarnos, pero necesitamos ese silencio en Su presencia. Después de que le da el mensaje a Pablo, este Ananías no vuelve a ser mencionado en la Biblia. Al igual que Juan el Bautista, obedientemente cumple su misión, y luego desaparece. Las necesidades son grandes en la obra del Señor y no podemos hacer todo. Sin embargo cada uno de nosotros es llamado por Dios a hacer algo, nuestra parte. Que dicha que usted y yo podamos unirnos a ese gran ejercito de hombres y mujeres de Dios, creyentes fieles a su llamado, y que con obediencia cumplamos con nuestra parte mientras aun tengamos oportunidad