En el ministerio y casado con una prostituta V parte

1.      La estrategia de la reconciliación

Luego Oseas emprende su plan para  establecer de una vez la reconciliación. Este proceso de reconciliación aparece en los versículos 14-16 del capítulo 2. Comienza con la expresión  “ATRAERLA”, esta expresión en el hebreo es la palabra “pathah” que implica seducirla, hablar con amor y con palabras sencillas pero cariñosas, es decir, reconquistarla, enamorarla.  La segunda cosas es LA LLEVARÉ AL DESIERTO” la expresión implica un tiempo de aislamiento de la confusión de su mundo, de las multitudes y la muchedumbre. La expresión “llevaré” conlleva la idea de acompañarla, de estar con ella en el ambiente del desierto. Indudablemente aunque el desierto está asociado con soledad, también se asocia con experiencia y crecimiento espiritual. De hecho la palabra desierto en hebreo es “hadmidbar”. La terminación dbar es  en hebreo “palabra”. Es decir para el hebreo el ir al desierto era encontrar palabra de Dios. Oseas llevará con  delicadeza a Gomer“. Es un viaje lejos de los afanes de la vida cotidiana, lejos de los ojos y oídos de los curiosos. La está invitando a dialogar, a reflexionar, a reconsiderar. Pero también dice  “HABLARÉ A SU CORAZÓN”, es decir, una charla amena y sincera y romántica (2:14). ¡Qué contraste tan grande entre esta expresión de gracia y los procedimientos legales que conducen a un divorcio!  ¿Qué tan genuino fue el arrepentimiento de Gomer? ¿Será que su regreso a casa fue movido únicamente por consideraciones económicas? (2:7). Cuando se refiere a la motivación de otros, debemos tener mucho cuidado al juzgar. Podremos tener nuestras sospechas, pero sólo Dios ve la verdadera motivación. Oseas respondió al ver la voluntad de Gomer de abandonar sus amantes y regresar a casa. El grado de remordimiento y arrepentimiento que ella demostró fue suficiente para iniciar el proceso de reconciliación.  

 

 2. La evidencia de la reconciliación

Una evidencia importante de un verdadero arrepentimiento de una infidelidad matrimonial, es el romper totalmente con la relación pecaminosa. A veces el precio de una reconciliación matrimonial requiere un cambio de trabajo, cambio de iglesia local o incluso un traslado a otra ciudad. Mientras se mantenga el contacto con un amante, la relación no muere, no hay luto emocional y es imposible que un proceso exitoso de sanidad comience. La relación adúltera tiene que ser terminada difinitivamente y el proceso del duelo debe cumplir su ciclo normal. La ruptura tiene que ser definitiva y de alguna manera verificable. El ofensor arrepentido debe estar dispuesto a someterse a un nivel de supervisión. Este nivel de sujeción y transparencia son elementos necesarios para que la confianza se pueda restaurar y crecer. Para apoyar el proceso de reconciliación, Gomer determina nunca volver a mencionar los nombres de sus amantes (2:17). Note lo que dice Gomer: “Porque quitaré de su boca los baales, y nunca más se mencionarán sus nombres”

 

3.      La ayuda en la reconciliación

Una vez más, Oseas toma la iniciativa: “Le daré sus viñas desde allí” – ahora hay suficiente confianza para alcanzar algunos acuerdos materiales. “Y el valle de Acor por puerta de esperanza” (2:15). El valle de Acor fue donde Acán fue juzgado y apedreado. El nombre Acor significa “problema”, “conflicto” o “disturbio”. Esta expresión sugiere que el temor al castigo, las acciones legales y el divorcio menguan y se abre una puerta de esperanza. “Y allí cantará como en los tiempos de su juventud” (2:15) – la referencia al canto sugiere que una expresión de felicidad vuelve a la relación. Pero donde actúa la gracia, siempre hay sorpresas. Algo nuevo ocurre: “En aquel tiempo me llamarás Ishi (que significa “mi marido”), y nunca más me llamarás Baali (que significa “mi Señor”, “mi amo” o “mi dueño”)” (2:16). Gomer estaba acostumbrada a tener patronos, amos o señores. Incluso veía a Oseas como su señor o patrón matrimonial. La gracia expresada en el proceso de reconciliación llevó a Gomer a amar nuevamente a Oseas. Este es la maravilla de la gracia de Dios: cuando involucramos a Dios en el proceso de reconciliación, Él no solamente puede ayudar a sanar la relación, sino que incluso puede llevarla a un nivel más alto del que antes tenía. Las palabras de Oseas al final del capítulo 2 dejarían satisfecho a cualquier consejero matrimonial: “Y te desposaré conmigo para siempre; te desposaré conmigo en justicia, juicio, benignidad y misericordia. Y te desposaré conmigo en fidelidad, y conocerás a Jehová” (2:19-20). ¡Que dicha que este fuera el final de esta historia! ¡Pero no lo es! Una reconciliación genuina y feliz es lo que Dios desea de toda relación rota, pero una buena reconciliación no es una póliza de seguro contra dificultades matrimoniales futuras.

4.      La lucha en la reconciliación

 El capítulo 3 comienza con noticias deprimentes: “Me dijo otra vez Jehová: ve, ama a una mujer amada de su compañero, aunque adúltera” (3:1). Gomer había regresado a sus malas andanzas. Aún peor, como resultado de su vida degenerada se había convertido en esclava de otro hombre. Ya no podía regresar a casa aún si así lo quisiera.

¿Por qué algunas personas les es tan difícil vivir libres de algún pecado, de una mala costumbre o de una forma equivocada de pensar? En dos ocasiones el profeta Oseas usa una expresión que no aparece en ninguna otra parte en la Biblia: “espíritu de fornicación” (4:12, 5:4). ¿Será que una esclavitud excesiva a un pecado particular tiene su origen en alguna influencia de demonios? En su primera mención, Oseas está predicando en contra de la idolatría de Israel y añade que “espíritus de fornicaciones lo hizo errar” (4:12). Algo externo tenía una influencia fuerte sobre el pueblo de Israel. De otras partes en las Sagradas Escrituras sabemos que existe una conexión directa entre ídolos y demonios (Deuteronomio 32:16-17; 1 Corintios 10:20; Apocalipsis 9:20). El profeta Oseas utiliza nuevamente la expresión “espíritu de fornicación” al explorar lo que impedía que Israel se convirtiera a Dios. Oseas aclara: “No piensan en convertirse a su Dios, porque espíritu de fornicación está en medio de ellos, y no conocen a Jehová” (5:4). Sabemos que los demonios tienen la capacidad de afectar la manera de pensar de los seres humanos, distorsionando su perspectiva de la realidad y engañándolos, influenciando así su comportamiento (1 Timoteo 4:1).  Por esta razón, algunos estudiosos de la Biblia sugieren que la expresión “espíritu de prostitución” es evidencia de que algunos demonios se especializan en crear ataduras a pecado sexual. Es posible que esta interpretación sea correcta pero la conclusión no es segura, pues la palabra “espíritu” también puede ser traducida como “aliento” o “viento”. Si este es el sentido correcto, la expresión “espíritu de prostitución” podría referirse a una actitud prevalente, una fuerte inclinación o a un anhelo profundo dentro del pueblo de Israel.  Aunque existe esta ambigüedad en la interpretación de esta expresión, sabemos con seguridad que pecado que se repite genera esclavitud. También sabemos con seguridad que en algunas formas de pecado la presencia de demonios puede llevar a ataduras adicionales. En la consejería cristiana, los consejos claros de la Biblia junto con la oración, son normalmente suficientes para romper patrones de pensamiento pecaminosos, para motivar un arrepentimiento genuino y para experimentar libertad. Pero el consejero no debe olvidar que encontrará personas que están tan profundamente adictas a sus pecados, a malos comportamientos o a maneras equivocadas de pensar que necesitarán un tratamiento más profundo por parte de sus hermanos en Cristo para que puedan llegar a gozar de su libertad. En estos casos el pecado puede ser el adulterio o la codicia, como también el legalismo, el orgullo o el no perdonar.  En cierto momento en su camino a la degeneración, Gomer perdió su libertad personal. Oseas, inspirado por su amor a Jehová y a su esposa, salió a buscarla y liberarla: “La compré entonces para mí por quince siclos de plata y un homer y medio de cebada” (3:2). Es decir, pagó aproximadamente 170 gramos de plata y unos 500 litros de cebada. En aquellos días, un esclavo tenía el valor de 30 siclos de plata (Éxodo 21:32). ¿Será que Gomer estaba tan usada y desgastada que ya valía menos que un esclavo normal? El hecho de que Oseas pagó sólo la mitad del precio en plata y añadió otra parte en cebada puede sugerir que Oseas tenía límites económicos, es decir, ¡eso era todo lo que podía pagar! Redimir a su esposa le costó mucho, tanto emocional como económicamente. ¿Se justificaba tanto esfuerzo para una mujer como Gomer? Pero Jehová le pidió a Oseas que hiciera aún más: “Ve, ama a una mujer… como el amor de Jehová para con los hijos de Israel” (3:1). Usando las palabras del Nuevo Testamento: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó así mismo por ella” (Efesios 5:25). Nosotros no estamos en la capacidad de amar así. Pero sabemos que cuando el Señor nos manda a hacer algo, también nos provee las fuerzas necesarias; sin embargo es indispensable tanto tener el deseo de obedecer como también de solicitar Su ayuda.

Si usted es como yo, a estas alturas sentirá lástima por el pobre Oseas. Parece que Jehová le está exigiendo demasiado. ¿Cuántas veces debería perdonarla y continuar con esta mujer tan complicada? El apóstol Pedro le lanzó la misma pregunta al Señor Jesús: “¿Cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?”. El Señor Jesús le contestó contándole una parábola acerca de un rey que perdonó la gran deuda de uno de sus siervos. Sin embargo este siervo que recibió el perdón del rey, decidió no perdonar algo que le debía otro siervo. Querido esposo ofendido, querida esposa herida, ¿Será que usted alguna vez ha pecado contra Dios? ¿Se ha sentado usted a considerar la magnitud y el alcance de su propio pecado? ¿Cuánto le ha perdonado el Señor? El rey en la parábola castigó severamente al siervo que quiso no perdonar. El Señor Jesús concluyó la parábola diciendo: “Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas” (Mateo 18:21-35). No somos nosotros sino Dios mismo el que se encarga de hacer justicia. La vida cristiana no consiste en reclamar nuestros derechos sino en demostrar gracia, y ¡no una gracia superficial ni barata!  Otra vez Oseas toma la iniciativa con su mujer. La lleva de nuevo al desierto. Otra vez le habla suavemente al corazón: “Y le dije: Tú serás mía durante muchos días; no fornicarás, ni tomarás otro varón; lo mismo haré yo contigo” (3:3). Nuevamente comienza un proceso de restauración. Oseas muestra de nuevo su amor para con su esposa. ¡Qué tragedia que hoy en día más y más hogares carecen de alguien dispuesto a seguir luchando por la unidad familiar! ¿Está usted dispuesto a intentarlo otra vez? ¡El amor verdadero persiste!

 

IV.  En cuarto lugar debe HABER PERSISTENCIA DEL AMOR PARA EXPERIMENTAR LAS BENDICIONES DE DIOS.  

¿Es incorrecto esperar que la vida cristiana sea una vida llena de gozo, paz y libertad? ¿Estamos libres para tomar las decisiones necesarias para evitar el dolor, el sacrificio y las restricciones? Permítame preguntarle: ¿Le ha entregado su vida a Jesús o ha comprado uno de estos paquetes religiosos que incluyen el derecho a buena salud, comodidad económica y felicidad continua? En la vida de nuestro Señor Jesucristo encontramos momentos de dolor, de sacrificio y de restricciones. ¿Entonces por qué esperamos vivir libres de ellas? ¿Cómo cree usted que Jesús trataría a su esposo o a su esposa? ¡Estoy seguro que El no haría menos de lo que le pidió a Oseas que hiciera! ¿Todavía desea usted seguir a Jesús? Posiblemente usted ya ha tenido la experiencia de que cuando escogemos el camino de la humildad y la obediencia, es posible experimentar gozo, paz y libertad aunque todavía vivamos en circunstancias desagradables.

A.     Dios bendice nuestro carácter:

De la vida de Oseas aprendemos que el camino de obediencia no siempre tiene explicaciones lógicas, no siempre es apoyado por la familia y los demás creyentes, no es siempre cómodo y, definitivamente no es la opción más fácil. Jesús no estaba exagerando cuando dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” (Lucas 9:23). Pero no pensemos que el dolor en sí sea bueno. El Señor Jesús no buscó el dolor, ni mucho menos lo disfrutó. Lo maravilloso es que nuestro Padre celestial utiliza el dolor y la frustración que nosotros experimentamos en este mundo caído para moldear nuestro carácter y mejorar nuestro potencial para servir. Oseas y Gomer se necesitaban el uno al otro. Estoy seguro de que ellos también compartieron tiempos muy felices juntos, pero la mano de Dios trabajó en ellos durante aquellos tiempos difíciles. Ellos aprendieron a obedecer incluso cuando no sentían deseos de hacerlo, crecieron en paciencia, aprendieron a ofrecer y a recibir el perdón y la situación les forzó a tener una experiencia de la gracia divina.

B.      Dios nos usa con nuestros problemas:

Jehová amaba y deseaba restaurar a Israel ¿Quién podría sentir lo que Jehová sentía por ese pueblo tan caprichoso? ¿Quién mejor que Oseas? Al conocer las circunstancias personales de este profeta, casi podemos escuchar la pasión en su voz cuando, de parte de Jehová, le rogaba al pueblo de Israel diciendo: “Mas yo soy Jehová tu Dios… no conocerás, pues, otro dios fuera de mí, ni otro salvador sino a mí. Yo te conocí… En sus pastos se saciaron, y repletos, se ensoberbeció su corazón; por esta causa se olvidaron de mí… Vuelve, oh Israel, a Jehová tu Dios; porque por tu pecado has caído. Llevad con vosotros palabras de súplica, y volved a Jehová, y decidle: Quita toda iniquidad, y acepta el bien…” (13:4-6; 14:1-2). Jehová necesitaba a un profeta como éste. Por medio de esos eventos dolorosos, Dios ejecutó Sus planes en la vida de Oseas y Gomer. Nuestro Padre celestial también quiere ejecutar Sus planes en usted, por medio de usted y su matrimonio. ¡No se rinda! ¡No abandone! El Señor Jesús aún está trabajando.

 

C.      Dios restaura nuestra vida matrimonial

Es difícil leer y reflexionar sobre la vida familiar de Oseas y Gomer sin que genere en nosotros una variedad de emociones. Las noticias de traición y de infidelidad me entristecen, me enojan. Las noticias de perdón y de reconciliación me alegran, me llenan de gozo y esperanza. Sin embargo, lo que más me impresionó mientras reflexionaba sobre el amor persistente de Oseas, fue que esta historia es sólo una representación imperfecta ¡de lo que el Señor Jesucristo está dispuesto a hacer por mí! Bien sabemos que el Señor Jesús vino a buscar y a salvar a los perdidos, que descendió de la gloria y se limitó a nuestra indigna condición para limpiarnos y luego adoptarnos en la “familia de Dios”. También sabemos que Él pagó un precio muy alto para redimirnos, pero ¡aún hay más! El amor de nuestro Señor Jesús, como nuestro Oseas Supremo, nos seguirá buscando y nos seguirá abrazando siempre.  Espero que nunca ocurra, pero si llegase el día en que mi corazón se enfriara, que me desviase de los caminos del Señor o que le fuese infiel… si algún día bajase a la condición de Gomer o aún más bajo, yo tengo un Amante Divino que tomará la iniciativa, emprenderá una búsqueda y persistirá hasta encontrarme y atraerme de nuevo. ¡Mi Amante Divino nunca me dará por perdido!

Conclusión

Bueno el viaje de esta reflexión para mí ha sido retante, no lo he entendido todo, ni creo que lo he aceptado todo, debido a que si yo fuera Oseas, no sé como hubiera reaccionado o usted si fuera Oseas no sabemos como hubiera reaccionado. Pero veo con respeto y sin ninguna actitud de crítica para Oseas ni para Gomer. Sólo Dios sabe el infierno que pasaron. Lo mismo puede ocurrir con usted hoy. No lo juzgo ni siquiera me atrevo a decir algo, pero creo que Dios, dirá y hará algo por usted.  Conocer esta realidad calienta mi corazón y me hace sentir seguro. Él me ama “con amor eterno” y me atrae con su inagotable “misericordia” (Jeremías 31:3). Mi Dios es el mismo Dios que siguió a Jonás y le dio otra oportunidad, el mismo que continúo con David aún después de que adulteró y asesinó, el mismo que restauró el avergonzado Pedro, ¡y su restauración fue completa! ¿Ha caído usted? ¿Siente que ha defraudado al Señor… y posiblemente a otros? ¿Ha traicionado la confianza de su pareja? ¿Es usted la parte culpable en su matrimonio? Al leer estas palabras el Señor le está llamando nuevamente. Esta persistencia que no merecemos es la hermosa característica del verdadero amor de Dios. ¡Permita que Dios le exprese su amor nuevamente! ¡Déjese abrazar por Él!  A menos de que recibamos regularmente comentarios positivos y alentadores, nosotros los humanos somos propensos a desmayar y a renunciar. Oseas y Gomer eran personas muy distintas y ellos vivieron momentos muy complicados. Si nuestro Dios tenía un propósito para ese matrimonio tan complejo, Él también tiene un propósito para el matrimonio suyo. ¡No desespere! ¡No renuncie! Gomer era una persona muy inestable, tristemente ingrata y repetidamente infiel. Aún así Oseas tomo la iniciativa en buscarla, en perdonarla, en hablarle a su corazón e iniciar de nuevo un proceso de restauración. Ruegue a Dios por un milagro y tome nuevamente la iniciativa. ¡El verdadero amor persiste!

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En el ministerio y casado con una prostituta IV parte

III.                    En tercer lugar debe HABER PERSISTENCIA DEL AMOR PARA PODER PERDONAR

¿Qué debería hacer Oseas con una esposa como Gomer? ¿Debería sencillamente “perdonar y olvidar” y continuar con la vida de hogar como si nada hubiera pasado? Quizás con pequeñas ofensas esto sea posible ¿pero con adulterio? ¿Qué opciones tenía Oseas? Podría esperar a que Gomer confesara su pecado y rogara ser recibida nuevamente en casa, o podría hacer algo para que Gomer sufriera un poco antes de perdonarla, o podría esperar y analizar su comportamiento para ver cuándo ella mereciera ya ser perdonada. Pero las instrucciones divinas son bien claras: “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia… y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros” (Colosenses 3:12-13).

¿Le parece demasiado sencillo?  Me sorprende, pero es una realidad, que el tema del perdón genera sentimientos fuertes y contrarios entre cristianos. Creo que esto se debe en parte a que no se distingue claramente entre el perdón y la restauración.

A.     Comprendiendo el perdón: Perdonar es una decisión, es un acto de gracia. No lo podemos ganar. Nunca lo podremos merecer. Siempre debemos dar o recibir perdón libre y gratuitamente, como entregando o recibiendo un regalo. Pero es posible que después de ser perdonados sigamos viviendo con alguna consecuencia de nuestra falta. Me pueden perdonar por robar en la empresa, pero esto no significa que mi empleo en la empresa continúa igual. Donde sea posible, después del perdón debe haber una restitución. La señora me puede perdonar por robar su reloj, pero donde sea posible, debo devolvérselo o pagárselo.

B.      Comprendiendo la restauración: La restauración es un proceso. Si alguien ha pecado contra usted, el perdonar depende únicamente de usted – ¿está usted dispuesto a obedecer al Señor y perdonar al que lo ofendió? Pero la restauración de una relación requiere la cooperación constructiva de ambos, de usted y del ofensor. La restauración completa requiere arrepentimiento, confesión y donde sea posible restitución. En tan sólo unos pocos días el Señor podría hacer que una esposa ofendida perdone la traición de su marido, pero la restauración de la confianza suficiente para continuar con un matrimonio feliz podría durar meses, incluso años. Depende de la disposición de ambas partes.  Perdonar es un acto de obediencia. Si dudas perdonar, recuerda aquellas palabras de nuestro Señor Jesús: “Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas” (Mateo 6:14-15). Los estudiosos de la Biblia interpretan estos versículos de diferentes maneras, pero el mensaje principal, lo que no se puede negar es que Dios Padre quiere que usted y yo perdonemos a todos los que nos ofenden. ¡No hay excepciones! Y que si escogemos no perdonar, algo grave ocurrirá.

Un día Oseas llegó a casa y escuchó la noticia que Gomer, su esposa infiel, había regresado. ¿Cómo se sentiría? Podría haber sentido deseos de llorar, de gritar e incluso de salir corriendo. ¿Cómo debería reaccionar Oseas? ¿Debería interrogarla para extraer todos los detalles de sus infidelidades? ¿Debería hacerla sentir mal delante de sus hijos? Oseas rehusó dar libre expresión a los impulsos de su carne. Gomer no recibió de Oseas lo que ella se merecía. Oseas hizo algo muy doloroso, algo que había visto a Dios hacer. Eligió perdonar. Controlando ese deseo natural de venganza, Oseas proyecta un plan a seguir con Gomer: “Pero he aquí que yo la atraeré y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón” (2:14). Cuando Oseas eligió perdonar, quedó libre de amargura, suficientemente libre para extender su mano a su esposa e iniciar un proceso de reconciliación. La restauración nunca puede comenzar sin primero perdonar.

C.      Comprendiendo  la reconciliación

Muchos estudiosos de la Biblia sugieren que quizá una década o dos transcurren entre los eventos narrados en los capítulos 1 y 2, ya que en el capítulo 2 los hijos de Oseas ya son lo suficientemente grandes para que Oseas solicite su cooperación para evitar una acción legal contra Gomer, o un posible divorcio: “Contended con vuestra madre, contended; porque ella no es mi mujer, ni yo su marido; aparte, pues, sus fornicaciones de su rostro, y sus adulterios de entre sus pechos” (2:2). ¿Consideraba Oseas la posibilidad de divorciarse de Gomer? Cuando a Jesús se le preguntó acerca de este tema tan delicado respondió: “Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue así” (Mateo 19:8). Dios aborrece el divorcio (Malaquías 2:15-16) pero también conoce la terquedad de nuestra naturaleza caída. Dios sabe que nosotros los humanos podemos llegar a tal nivel de desorden familiar que en algunos casos el camino de la reconciliación matrimonial se vuelve imposible. No fue por error sino en reconocimiento de nuestra condición humana que el Señor Jesús añadió una clausula de excepción: “Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera” (Mateo 19:9). Bajo estos términos, Oseas tenía base legal para repudiar o divorciarse de Gomer.  Oseas conocía sus derechos legales, pero escogió seguir luchando por su esposa. Por amor a ella, determinó dejar a un lado el sistema legal. Oseas, al igual que nuestro Señor Jesús, eligió amar, cargar con el dolor, tomar la iniciativa y tratar de conquistar el corazón del pecador. Sabiendo que los niños tienen un lugar especial en el corazón de su madre, Oseas les ruega que le colaboren en salvar su matrimonio – esta es una estrategia que vale la pena recordar.

En el ministerio y casado con una prostituta III parte

I.                    En primer lugar DEBE HABER PERSISTENCIA DEL AMOR ANTE LOS PROBLEMAS DEL MATRIMONIO.

No es necesario ser un consejero matrimonial profesional para predecir las dificultades de ajuste matrimonial entre Oseas y Gomer. Sus pasados son totalmente diferentes, pero aun así, sabemos que fue la voluntad de Dios que ellos se casaran. Quizá usted esté viviendo algunas frustraciones serias en su matrimonio. Tal vez usted y su pareja son tan diferentes que esté empezando a concluir que usted se casó con la persona equivocada. Haga un pare por un momento y exploremos juntos los tres primeros capítulos del libro de Oseas. La unión de Gomer y Oseas tiene mucho que enseñarnos sobre el amor y la vida matrimonial.

A.     Su incompatibilidad en el día de la  boda: Trate de visualizar la boda de una prostituta y un profeta de Jehová. ¿Quién se sentiría cómodo en tal celebración? Las amistades de Gomer y Oseas, si es que fueron, definitivamente no se mezclarían socialmente. Desde su comienzo esta relación fue controversial. ¿Puede usted imaginarse los comentarios de la familia de Oseas y de sus amigos religiosos? ¿Puede usted imaginarse las sonrisas coquetas de las colegas de trabajo de Gomer? Aun hoy en día, terceras personas pueden herir y distanciar una relación matrimonial al expresar sus opiniones personales.

B.      Su desajuste en la vida conyugal: Ahora trate de imaginarse la vida de hogar. Gomer no era una joven principiante. Cuando Oseas se casó con ella, la llevó a casa con sus “hijos de fornicación”. Adaptarse a vivir juntos tuvo que haber sido difícil. La vida calmada y tranquila del profeta Oseas fue invadida por ruido, demandas y preocupaciones. Mi querido lector, si Dios tenía planes especiales para esta unión tan compleja, estoy seguro que Él también tiene un propósito para su matrimonio – aunque posiblemente usted no lo comprenda en este momento.

C.                 Su conflictos familiares: Después de casados, Gomer dio a luz al primer hijo de       Oseas. Este se llamó Jezreel. En aquellos tiempos, y en algunas culturas actuales, el nombre dado a un hijo tiene un propósito y un significado. Oseas (y sus variantes Hoshea, Josué, Jesús) significa “salvador” o “salvación”. Para Oseas este nombre lo describe muy bien, subrayando el mensaje de que Oseas es figura o tipo del Señor Jesús. Los nombres de los tres hijos de Oseas, tienen un doble significado, reflejando el estado de la nación de Israel y seguramente también el estado de su hogar. Jezreel significa “Dios siembra”. Este es un reconocimiento de la mano de Dios en la unión entre Gomer y Oseas. Sin embargo también tiene una connotación histórica Jezreel: (Dios Dispersa o Dios esparce). Es el nombre del primer hijo de Oseas con Gomer. Jezreel era el nombre del lugar donde Jehú mató a los 70 hijos de Acab (2 Reyes 10:11). Por esta razón Dios haría cesar toda la dinastía de Israel. En realidad el nombre tenía cierta implicación de indignidad. Ahora, después Gomer dio a luz una hija, Lo-Ruhama, que significa “no amada” o “no favorecida”. ¿Será que el romance tiene que terminar después del primer hijo? El nombre de la hija sugiere que algo no estaba funcionando bien en su matrimonio. Luego Gomer dio a luz a otro niño, Lo-Ammi, que significa “No es mío”. ¿Qué sospechaba Oseas? El nombre sugiere alguna infidelidad de parte de Gomer. Aquí ya se empiezan a manifestar la tensión del matrimonio en la vida de los hijos  Ningún matrimonio tiene la felicidad garantizada. Incluso uniones matrimoniales dirigidas por el Señor tendrán sus momentos tensos, y si no se cuidan, pueden tener problemas bien serios.

¿Está usted cuidando bien a su pareja? La pérdida de cariño e incluso la infidelidad son posibilidades reales que podrían afectar a su matrimonio también. Parece que el mismo Oseas trató de manejar el conflicto con sus hijos, y antes de explorar la infidelidad de Gomer, lo invito a que observe cómo Oseas trata a sus hijos. Imagínese usted la burla de los compañeros cuando los niños llegan a la escuela con nombres como “no amada” y “no es mío”. En el primer versículo del capítulo 2 notamos que Oseas elimina el prefijo “Lo” (que significaba “No”) en los nombres de sus hijos. Los llama Ruhama (que significa “amor”, “misericordia”, “compasión”) y Ammi (que significa “mío”, “mi pueblo”, “compatriota”). La triste realidad es que los hijos sufren las consecuencias de los conflictos entre los padres. Buscar maneras de mostrarles que les amamos y que pertenecen a una familia les proporcionará la estabilidad que ellos necesitan mientras los padres arreglan sus diferencias. No necesitamos odiar a los hijos de otros matrimonios, el odio con los niños es ilógico aunque difícil ya que están involucrados los efectos de una traición. Sin embargo los niños que nacen de nuestras malas decisiones no deben ser objeto de nuestro maltrato y desprecio.

II.                  En segundo lugar debe HABER PERSISTENCIA DEL AMOR ANTE EL ADULTERIO

El fracaso rara vez ocurre instantáneamente. Normalmente es la culminación de un proceso. Varias señales de alerta se ignoran y luego viene el momento de crisis. La mayoría o posiblemente todos los pecados morales se inician en nuestra mente. Nos sentimos atraídos por un miembro del sexo opuesto, lo cual es muy natural, pero cuando jugamos con las “remotas posibilidades” de una relación extramatrimonial ya estamos caminando por el camino equivocado. ¿Será posible que los cristianos coqueteen con el sexo opuesto? Esas miradas especiales, esos emails secretos, esos mensajes muy personales en su teléfono celular… cuando el corazón anticipa con emoción el próximo encuentro o contacto, ya han comenzado una “relación adúltera”. Erróneamente, algunas personas creen que el adulterio se inicia cuando se acuestan con otro. Pero las palabras del Señor Jesús son muy claras: “Pero yo os digo que cualquiera que mire a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” (Mateo 5:28). ¿Y qué le pasó a Gomer?

Toda experiencia tiene al comienzo algo emocionante. Gomer gozaba de la seguridad que proporciona tener un hogar y un esposo que la amaba. Algunos olvidan que todo privilegio tiene sus responsabilidades. Para que un hogar sea ameno requiere trabajo, creatividad y sacrificio. ¿Por qué escogió Gomer abandonar su hogar? ¿Qué implica el rompimiento de nuestros votos matrimoniales?

 

A.      Una actitud egoísta: Parece que Gomer no estaba dispuesta a sacrificarse por su hogar. A ella no le importó el corazón de su esposo ni en el futuro de sus hijos. Se nota una mujer totalmente desinteresada de su responsabilidad dentro del hogar. Incluso parece que ya no estaba involucrada emocionalmente con su esposo Oseas. El egoísmo es uno de los pecados más comunes en el proceso de ruptura de nuestros votos matrimoniales.

B.      Una actitud promiscua: Sus experiencias sexuales pasadas le permitían comparar a Oseas con otros hombres. A ella se le dificultó sentirse satisfecha con un solo hombre. Tendría un problema con su sexualidad. Esto le condicionó para aventurarse y tomar decisiones promiscuas. La promiscuidad no sólo es exclusiva de los hombres, sino también de las mujeres.

C.      Una actitud ambiciosa: Oseas proveyó bien para sus necesidades materiales (2:8), pero quizá el no podría ofrecerle todo lo que ella deseaba.

D.     Una actitud  de aventura: Por temperamento, tal vez Gomer prefería una vida de riesgo y aventura a una vida segura y estable.  Muchos hombres y mujeres viven frustrados por la falta de romance en sus matrimonios. Gomer no apreciaba lo que Dios le había dado en la persona de su marido. Un día Gomer decidió poner en acción el plan de escape que había soñado. “Dijo: Iré tras mis amantes, que me dan pan y agua, mi lana y mi lino, mi aceite y mi bebida” (2:5). Y así lo hizo.  ¿Qué siente usted hacia su pareja matrimonial? ¿Es usted uno de los que todavía cree que las coqueterías ocasionales son una inocente distracción… y que las fantasías sexuales no dañan a nadie? El pecado sexual funciona como una anestesia a la conciencia. Somos propensos a esconder, negar y racionalizar. “El proceder de la mujer adúltera es así: Come, y limpia su boca y dice: no he hecho maldad” (Proverbios 30:20). Decidir vivir con un pecado escondido, es decidir vivir una mentira: “Cometían adulterios, y andaban en mentiras” (Jeremías 23:14). Las parejas casadas y felices protegen su exclusividad. Esto requiere sacrificio y disciplina personal.

 

E.      Una  actitud de libertinaje

Dejando atrás a su esposo herido y a sus hijos llorando, Gomer vuelve a su vida libre y promiscua. Seguro que algunos de sus viejos amigos la felicitaron por haber tenido el coraje de escapar de esa relación anticuada, restrictiva y monógama. Preocupada por su realización personal, Gomer olvidó que formaba parte de un hogar del cual Dios tenía designios especiales. ¿Cómo ve Dios a aquellos que ignoran sus promesas matrimoniales y se lanzan en busca de una nueva aventura? El Señor reacciona ante la decisión de Gomer diciendo: “Porque su madre se prostituyó… Por tanto, he aquí yo rodearé de espinos su camino y la cercaré con seto, y no hallará sus caminos. Seguirá a sus amantes, y no los alcanzará; los buscará, y no los hallará” (2:5-7). No podemos esperar la bendición de Dios cuando escogemos andar en el camino de desobediencia. Dentro de la relación matrimonial Dios bendice la expresión sexual. Pero por fuera, se opone con determinación.  Dos de los Diez Mandamientos atacan la infidelidad matrimonial (Éxodo 20:14, 17). La Ley consideraba la infidelidad un crimen de gravedad: “el adúltero y la adúltera indefectiblemente serán muertos” (Levítico 20:10). No es una sorpresa, entonces, encontrar que Dios se opone al progreso de Gomer: ella anticipaba ser feliz con sus amantes pero su felicidad pronto se tornó en frustración. Se sentía confundida, pues no hallaba el camino a seguir (2:6). Dios redujo su atracción sexual y sus amantes perdieron interés en ella (2:7) y la empezaron a ver como una necia, una loca (2:10). Dios dañó el ambiente de sus fiestas (2:11), debilitó su situación financiera (2:12) y dijo: “la castigaré por los días en que incensaba a los baales, y se adornaba de sus zarcillos y de sus joyeles y se iba tras sus amantes” (2:13)

¿Será que Dios es malo o excesivamente complicado? ¡De ninguna manera! Su objetivo es frenarla para que reflexione, hasta que llegue a aquella condición en la cual diga: “Iré y me volveré a mi primer marido; porque mejor me iba entonces que ahora” (2:7).

¿Cómo está su relación matrimonial? ¿Su pareja está a punto de abandonar el hogar? Ruegue a Dios por un milagro. El Espíritu Santo aún obra en los corazones. Dios puede obrar tanto en el corazón de su pareja como también en las circunstancias que la rodean. Vivimos en una sociedad alejada de Dios. La infidelidad matrimonial ya no tiene desaprobación social. Todo el mundo parece entender cuando después de muchos años de matrimonio uno de los dos abandona la relación en busca de una alternativa fresca. ¿Podría esto ocurrir en su matrimonio?

El Señor Jesús, después de enseñar en contra de una relación adúltera, añadió: “Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti… Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala y échala de ti; porque mejor es que se pierda uno de tus miembros y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno” (Mateo 5:29-30).

Su mensaje es bien claro: si deseamos la bendición de Dios sobre nuestro matrimonio, tenemos que ser radicales en lo que nos permitimos ver y tocar. ¡Así es! Dios nos manda a que con firmeza eliminemos de nuestra vida todo lo que nos lleva al pecado. Gomer reflexionó y decidió que ya había sufrido suficiente. Entonces empezó su regreso a casa.

 

En el ministerio y casado con una prostituta II parte

Oseas nos permite acercarnos al corazón de Dios y descubrir que es ternura y misericordia, que sigue amando a Israel a pesar de que no se lo merezca (11,7-9) y no se cansa de llamarlo a la conversión. Israel por su parte no le hizo caso y se precipitó a su ruina en manos de Asiria.  Así que considerando la lista de reyes nombrados en el primer versículo del libro de Oseas (1:1) podemos deducir que Oseas profetizó por lo menos por 30 años, comenzando su ministerio entre los años 785 AC y 750 AC. Para ese entonces la nación de Israel ya estaba dividida en dos reinos, Judá e Israel, y ambos reinos ignoraban a Jehová. Las palabras de Jehová por medio de Oseas describen una triste situación: “No hay verdad, ni misericordia, ni conocimiento de Dios en la tierra. Perjurar, mentir, matar, hurtar y adulterar prevalecen, y homicidio tras homicidio se suceden… dejaron de servir a Jehová… porque espíritu de fornicaciones lo hizo errar, y dejaron a su Dios para fornicar” (4:1-12). Aún en estas tristes condiciones, Jehová los seguía amando profundamente.  En los tres primeros capítulos del libro de Oseas encontramos su biografía, enfocada especialmente en sus experiencias matrimoniales. “El principio de la palabra de Jehová por medio de Oseas. Dijo Jehová a Oseas: “Ve, tómate una mujer fornicaria, e hijos de fornicación… Fue, pues, y tomó a Gomer” (1:2-3). ¿Estaba Dios probando la obediencia de Oseas? ¿Está en los planes de Dios que un creyente se case con una mujer así? Algunos teólogos sugieren que este matrimonio no es un hecho histórico. Se sienten más cómodos explicando que el matrimonio de Oseas fue una visión o un sueño o que debe ser entendido como una alegoría o una parábola. Me pregunto, ¿es necesario debilitar este texto histórico? ¿Será que estas alternativas reflejan el aislamiento de estos teólogos de la vida real y cotidiana? Las prostitutas son mujeres reales. Ellas también sueñan, lloran y pueden amar. ¿Qué tiene de malo el ofrecerle a Gomer la posibilidad de una relación estable? Los hijos de las prostitutas también necesitan cariño y un hogar. Personalmente no veo razón para que el matrimonio de Oseas y Gomer no se lea literalmente, como algo que realmente pasó. Esta dolorosa historia de amor nos proporciona lecciones prácticas y útiles para nuestros matrimonios, hogares y nuestro desarrollo espiritual.  Repitiendo entonces Oseas profetizó especialmente para el reino del norte (Israel) a un pueblo que había cambiado a Jehová por los ídolos. El mensaje profético de Jehová por medio de Oseas anticipa una restauración completa de la nación: “Se congregarán los hijos de Judá y de Israel y nombrarán un solo jefe” (1:11). El gozo y dolor vivido entre Oseas y Gomer encuentra su paralelo en Dios y la nación de Israel. En ocasiones Jehová usa las dificultades matrimoniales de Oseas para que éste entienda un poco como Dios se siente para con Israel. Pero también notamos que Oseas aprende a entender y a tratar a su caprichosa esposa al ver como Jehová ama y confronta la caprichosa nación de Israel. En ocasiones es difícil ver si el texto se está refiriendo a Gomer o a Israel, a Oseas o a Jehová. Frecuentemente los términos y expresiones pueden aplicarse a ambos. El uso de temas como el amor, el matrimonio, los hijos, la infidelidad, el dolor y la restauración tocan nuestras emociones y añaden fuerza al llamado del Señor a que nos arrepintamos y volvamos a Él. El amor divino siempre persiste. Pasemos a ahora a desarrollar el drama, veamos con asombro pero con respeto, pues se trata de la vida de una familia, cuyo matrimonio no está yendo bien.  Generemos una idea principal dentro de los tres capítulos y quizás en los otros. Es el tema de PERSISTENCIA DEL AMOR EN LA VIDA MATRIMONIAL

En el ministerio y casado con una prostituta

Con el correr del tiempo he efectuado varias consejerías para bodas. He efectuado bastantes ceremonias matrimoniales, para darme cuenta del reto en que consiste el decidir unir de por vida nuestras almas a otra persona. He visto ceremonias desde donde al novio se le olvidan los votos, las novias se desmayan. En una ocasión casé en la mañana a una pareja y en la noche los estaba separando pues se estaban pegando una golpiza seria. El matrimonio es tan impredecible que sólo Dios sabe como saldrá y solo por el poder de Dios podremos salir adelante. He llegado a pensar que el matrimonio constituye una de las más sublimes formas de las relaciones humanas. Sin embargo por antítesis el divorcio es, por lo tanto, una de las más tristes manifestaciones de fracaso y pecado en dichas relaciones, pues es la ruptura del pacto público, delante de Dios y de los hombres. La Palabra de Dios es tajante al respecto. En el AT, Malaquías declara en Malaquías  2:16 que Dios aborrece el repudio (el divorcio). Jesucristo, al tratar el tema no suavizó sus palabras al declarar que “…lo que Dios juntó, no lo separe el hombre” (Marcos 10: 9-12) Sin embargo, conviene reconocer lo delicado y difícil del problema. Cualquier postura rígida o muy dogmática al respecto es poco sabia, tanto desde la óptica teológica como pastoral, y tampoco se ajustará a la orientación bíblica, siempre equilibrada ente las altas demandas divinas y las tristes realidades humanas. No podemos considerar cristiana una posición antidivorcista tan radical que sea totalmente ajena a los horribles dramas que viven gran cantidad de familias destrozadas por la violencia, los vicios, los pecados sexuales, el adulterio, etc. Por otro lado, las corrientes divorcistas en auge en nuestros días constituyen una amenaza social para la integridad de la familia. En tal situación ¿cuál debe ser la actitud y el mensaje de las iglesias evangélicas frente a la cuestión del divorcio, especialmente de los matrimonios entre creyentes? La única respuesta válida la encontramos en la Palabra de Dios. No obstante no siempre es fácil el camino de la interpretación bíblica, especialmente cuando la Escritura nos plantea principios básicos que debemos aplicar a situaciones concretas y diversas. Llegar a una postura clara, única e indiscutible no es simple y esto lo evidencian las diferencias existentes en las distintas corrientes cristianas, no sólo en lo que concierne al divorcio en sí, sino en lo que respecta al nuevo matrimonio de los divorciados. Probablemente, la diversidad de posiciones existentes se deba más a tradiciones sociales o eclesiásticas, a presiones culturales o a presupuestos teológicos, que a la dificultad real en interpretar adecuadamente los textos bíblicos.

Confieso que esta reflexión ha sido una de las más difíciles que he tenido debido a lo extraño y controversial del relato. Algunos incluso prefieren pasar por alto el relato pensando que se trata de una metáfora o un sueño que experimentó el  actor principal de la historia.  Para que entendamos la historia quiero contarles que nuestro personaje principal vivió hacia el año 750 a.C. en el reino del Norte Israel, y fue  contemporáneo del Amós.
Así que el nombre de Oseas ha pasado a la historia como el profeta engañado por su esposa,  y a la que, a pesar de todas sus infidelidades, no dejó de amar. En su historia este profeta vive una profunda experiencia en el fracaso matrimonial y descubre en ello un significado profético y simbólico, así que más que con palabras e imágenes, profetiza con su propia vida y con las desavenencias de su amor por Gomer, su mujer. Este libro abarca 14 capítulos.   Pienso que Oseas es el profeta del AMOR, del amor de Dios traicionado por su pueblo, por el hombre a quien tanto ha amado. Oseas es el profeta del amor traicionado, del celo y del perdón, pero  también es el profeta de la ESPERANZA  de toda traición humana, su mensaje demuestra que el amor de Dios tiene esperanza de perdón y de una nueva oportunidad para ser fiel al Señor. En torno al 750, cuando Amós terminaba su ministerio, profetizó en Israel Oseas, hijo de Beerí, originario del Reino del Norte; él fue testigo de los mismos males que vio Amós en Israel (injusticia social, idolatría, olvido de Dios, falsa seguridad religiosa…), porque predicó al final del ocaso del reinado de Jeroboam II. El año 745 a.C. sube al trono de Asiria Tiglatpileser III y reinará hasta el 727; con él, Asiria empieza a extender su supremacía hasta el Mediterráneo mediante su política de intimidación. Los años de bonanza para Israel desaparecieron, pues terminó pagando vasallaje a Asiria (cf 2Re 15,16). Los reyes sucesores de Jeroboam II se sucedieron por golpe de estado y desarrollaron una política imprudente, que llevó a la destrucción del reino del Norte en 722/1 a.C. En medio de este caos la historia personal  de Oseas aparece en los  tres primeros capítulos del libro, al leerlos detenidamente  se describe el drama familiar vivido por Oseas con la infidelidad de Gomer, su esposa. Ese engaño le sirve al profeta para leer la situación de infidelidad de Israel para con Dios que viene desde la misma salida de Egipto. Dios es el esposo fiel e Israel es la esposa que, lo abandona para irse con otro (Baal) o con otros (Asiria y Egipto) desconfiando de Dios. Ahora la narración nos dice que del matrimonio de Oseas con Gomer nacieron tres hijos: dos niños y una niña, a quienes puso nombres simbólicos para mostrar el rechazo de la infidelidad de Israel.    Es obvio que en tiempos de Oseas, la vida religiosa del reino estaba contaminada por el baalismo. Esperaban que Baal fecundara el suelo y para ello adoptaban rituales cananeos como la prostitución sagrada y ritos de fertilidad, o bien, atribuían a Yahvé las mismas funciones de los baales cananeos. La moral estaba divorciada de la práctica religiosa: sólo se preocupaban de ofrecer oraciones, ofrendas, ceremonias pomposas con las que creían contentar a Dios y lo que él quería era que se convirtieran y siguieran sus caminos, practicando el derecho y la justicia y que el culto estuviera respaldado por una vida santa. Yahvé siguió siendo el Dios de Israel, pero quien satisfacía las necesidades primarias era Baal. Es una religión muy moderna, pues hoy mucha gente se considera creyente pero su vida moral es peor que si Dios no existiera, al margen de Dios. ¡No quieren que Dios les diga cómo tienen que comportarse pero, eso sí, le piden que les dé de todo! Oseas dirá que Yahvé es un Dios que no permite competencia de ninguna clase. Su mensaje está lleno de denuncia de las injusticias y la corrupción reinante (4,1-2), critica la superficialidad y falsedad del culto (6,4-6; 5,6), condena durísimamente la idolatría que tiene dos vertientes: cultual y política. La cultual es la adoración a Baal, con sus ritos de fecundidad (4,12b-13; 7,14b; 9,1). La otra vertiente es la política: en esa época tan convulsionada, Israel busca la salvación fuera de Dios, en las alianzas con Egipto y Asiria, las grandes potencias mundiales del momento, que ante Israel aparecen como nuevos dioses capaces de salvar. Israel se va tras ellos olvidando a Yahvé. Con la idolatría contravienen el primer mandamiento. Otra imagen usada por Oseas para describir a Israel es la del hijo rebelde, que desobedece a su padre (11,1-12).