Salmo 119:33-40: La renovación de nuestra vida de oración IV parte

        III.            En tercer  lugar LA NECESIDAD DE RENOVAR NUESTRA VIDA DE ORACION CON ESPERANZA (119: 38-40)

Si renovamos nuestra vida de oración naceremos a una nueva esperanza. Hay tres cosas que le dan esperanza a David según estos tres últimos versículos.

 

  1. A.     Dios va CONFIRMAR

David ha, pasado por todo su ser, descubriéndolo delante de Dios y pidiéndole a El que efectúe una transformación completa. Empezando con la renovación de su mente, David luego pasó al área de la voluntad. Continuó con someter sus acciones y su corazón al control amoroso de Dios. Luego, reconoció su necesidad de dejar que Dios enfocara sus ojos. Ahora su atención se dirige hacia asuntos menos tangibles. El añora recibir una palabra de confirmación del Dios a quien ama. «Confirma tu palabra a tu siervo, que te teme» (Sal. 119:38). Hay que considerar las palabras de este versículo con algo de cuidado. La petición es que Dios «confirme» Su palabra. El confirmar algo significa corroborar su verdad, convalidarla o ratificarla. El salmista no está pidiendo a Dios que lo confirme a él, sino que Dios confirme Su palabra ante él. No es que dude de Dios ni de Su Palabra. Sencillamente necesita esta confirmación. Una esposa se complace en recibir la confirmación constante del amor de su esposo. Ella sabe  intelectualmente que él la ama. El se lo ha dicho muchas veces.  Pero no hay sustituto para el sonido maravilloso y reconfortante de las palabras «Te amo». Son nuevas cada mañana. Usted puede estudiar las grandes doctrinas de la Biblia, leerla desde el principio hasta el fin y enseñarla a otros. Sin embargo, no hay nada más emocionante que ver la Palabra de Dios cumplida en la realidad de su vida. Con anterioridad vimos que en esta estrofa aparecen el conocimiento y el entendimiento. Estas dos palabras rara vez aparecen en la Palabra de Dios sin que aparezca con ellas una tercera palabra: sabiduría. Si bien no se menciona por nombre, esa es la idea tras esta petición. Es por la confirmación constante de la Palabra de Dios que podemos descubrir cómo trabaja la mente de Dios. Es la dulce comprobación de ver repetidamente que la Palabra de Dios es verdad lo que nos hace sentir cómodos con la manera de pensar de Dios. La sabiduría es un don gratuito de Dios (Stg. 1:5). Empieza con una actitud de corazón: el temor de Dios (Pr. 9:10). Es precisamente allí en donde David basa su compromiso.  El ha fijado el rumbo de su vida y no osa volver atrás. Está dedicado al temor de Dios.  El temor de Dios no es un pánico paranoico y tembloroso que lo tiene a

uno listo para evadir el relámpago de la ira de Dios. Pero al mismo tiempo es mucho más que el mero «respeto o reverencia» que con tanta frecuencia se menciona en los comentarios de hoy día. Es la comprensión sobria de quién es Dios en realidad y quiénes somos nosotros. Tenemos una ilustración vívida de esta comprensión en la reacción de Isaías, cuando repentinamente este hombre se halló ante la presencia de Dios.

 

  1. B.      Dios va a CUIDAR

Muy cercanamente ligado a la necesidad de confirmación hay un clamor por protección contra el oprobio. “Quita de mí el oprobio que he temido, porque buenos son tus juicios» (Sal. 119:39). El oprobio no es una palabra que usamos todos los días. David está pidiéndole a Dios que proteja su testimonio. El sufrir oprobio es sufrir vergüenza. Esta petición tiene que ver con la consciencia. Por favor, comprenda lo siguiente: el oprobio es algo que David teme. Esta es una mentalidad poco común hoy en día, cuando hay tanta gente desvergonzada. Esta gente sirve sólo a sus propios intereses sin importarles lo que piensen los demás, cómo afecten a los demás o las consecuencias que sufrirá su reputación. ¿Qué ha ocurrido con la gente que temía tener un mal nombre? Hay quienes se deleitan en engañar a otros, como si fuera una medalla al mérito. Hoy día la gente en bancarrota es tan común como la gente con resfriado. «¿Oprobio sobre mi carácter? ¿Y eso qué es? ¿A quién le importa?» ¿Comprende usted lo que es temer el oprobio?  David ha concluido en su corazón que los, juicios de Dios son buenos. Esto es, Dios es justo en todo lo que hace. Él le pide a Dios que aleje el oprobio de sí, porque comprende a ciencia cierta que se merece todas las consecuencias de los pecados que haya cometido. Tal conclusión es resultado de creer la Palabra de Dios. ¡Cuán diferentes serían nuestras vidas si realmente creyéramos que los juicios de Dios son buenos! Con demasiada frecuencia vemos a algún creyente que sufre consecuencias aplastantes y entonces clama: «¡Esto no es justo!» Pero un poco de análisis revela que lo que ha ocurrido es sencillamente el resultado de pasar por alto lo que la Biblia enseña. ¿Qué es lo que no es justo? ¿Acaso Dios no es justo? ¿Acaso no lo son sus juicios? ¿Acaso el Dios del cielo no es justo en todas sus acciones? ¿Qué cosas está descubriendo usted al examinar su vida? Hemos tratado con la mente, la voluntad, las acciones, el corazón, el enfoque, la sabiduría y ahora, con el testimonio. ¿Cómo anda su consciencia? ¿Teme usted el oprobio? Debiera temerlo, no sólo por evitar las consecuencias justas, sino porque el nombre de Dios también está en juego en su vida. Cuando usted se encuentra hundido en el fango de su propia creación, ¿acaso desarrolla resentimientos?  ¿amargura? Esto no lo hará, si de antemano usted decide que los juicios de Dios son buenos.

 

  1. C.      Dios va CAPACITAR

David concluye esta oración por avivamiento con una petición que nos ha resultado muy familiar en este salmo. Nueve veces pide David a Dios que lo vivifique. «He aquí yo he anhelado tus mandamientos; vivifícame en tu justicia» (Sal. 119:40).  Hemos aprendido que «vivificar» es dar vida. Nuevamente, recordamos que el salmista no está pidiendo que Dios le dé la vida eterna de la salvación. Está pidiendo que esa vida energizante que fluye del Espíritu de Dios reviva el corazón del creyente. Hemos de tener cuidado en observar que en este caso David específicamente pide que Dios lo vivifique en su justicia. Esta es una petición de santidad. Es más, es una petición que es resultado de un anhelo por los mandamientos de Dios. Un mandamiento es una verdad operativa, un principio de acción  La santidad no es algo que fabricamos al conformar nuestro exterior con un vestido particular, ni por abstenernos del alcohol. La santidad sólo se logra a través del toque avivador de Dios, por el poder vivificante del Espíritu de Dios y de las palabras de Dios. Nuevamente, David no viene a Dios intentando hacer un trato con Él. Él viene después de haber establecido un , compromiso en su vida. En este caso es un anhelo por la verdad de Dios. El está declarando que tiene una sed insaciable por la verdad de la Palabra de Dios. ¿Ha hecho usted este compromiso? ¿Qué es lo que Dios ve cuando examina su vida? ¿Puede Dios ver un anhelo por su Palabra? Hay quienes temen la santidad. Les aterroriza. Se preguntan qué será lo que tendrán que dejar atrás, qué pensaría el resto de la gente o si tendrán que verse o actuar como gente rara. Tal actitud no hace más que revelar un hecho indiscutible: no saben lo que es tener un anhelo genuino en su corazón por la Palabra de Dios. Un anhelo ardiente en su corazón por conocer la Palabra de Dios creará  un deseo de ser vivificado en la justicia de Dios. Puede leer libros sobre la santidad. Usted puede seguir detenidamente las fórmulas de avivamiento que dan muchos libros al respecto. Sin embargo, es el anhelo por los mandamientos de Dios lo que resulta en este deseo de justicia. Usted puede ser salvo, ¿pero está vivificado? Muchos creyentes actúan como si estuvieran muertos. Necesitan ser vivificados. Necesitan comunicarse con Dios en oración. Necesitan abrir su alma y derramarla delante de Dios. ¿Qué hay de usted? ¿Tomará la oración en serio? ¿Rogará a Dios que le renueve su mente?, ¿que lo ilumine con su entendimiento?, ¿que lo guíe en su camino?, ¿qué incline su corazón hacia su Palabra? ¿Se atreverá a ir más allá y pedirle a Dios que le confirme su Palabra y que lo proteja del oprobio? ¿Le pedirá que lo vivifique en su justicia a causa de su intenso anhelo por la verdad de Dios? Usted nunca podrá «fabricarse» tal tipo de avivamiento. Necesita ser tocado por Dios, al sumergirse en su Palabra.

 

CONCLUSION

A muchas la palabra oración les suena a religiosidad, mas a mí personalmente me suena a comunión. Un cristiano que no ora es un cristiano desconectado de la sintonía del Señor. Y es que orar es vital no solo para nuestra vida espiritual, sino para la relación personal que tenemos para con Dios, ¿Cómo tu serias amigo de alguien al cual no frecuentas o con quien no hablas muy seguido?, es difícil entablar una amistad genuina sin tener contacto frecuente con alguien. Dios quiere ser nuestro amigo, de hecho El está dispuesto a ser nuestro mejor Amigo, ese que nunca nos falla, ese que quiere lo mejor para nosotros, ese que siempre tendrá un momento para abrazarnos y hacernos sentir queridos, ese Amigo al cual no le encontraremos ningún defecto y al cual si ponemos nuestros ojos en El, jamás seremos defraudados. Dios quiere ser tu amigo, pero hay algo en ti, y es que has dejado de orar, has dejado de comunicarte con El, has permitido que el cansancio u otras actividades le quiten el tiempo que tenias disponible para hablar con Él. ¿Qué pasa?, ¿Por qué has permitido esto?, ¿No te das cuenta que desde que dejaste de orar, ahora eres más sordo a la voz de Dios? Hay muchas personas que creen que Dios se ha apartado de ellos, que Dios se ha alejado o simplemente los ha abandonado, pero la realidad es que para sentir al Señor, para escuchar su dulce voz en nuestras vidas, tenemos que mantener una verdadera comunión personal, es decir una comunicación continua con El, no hay otra forma de sentir al Señor que buscándolo. Quizá poco a poco fuiste dejando de orar, de hablar con Él, de expresarle lo que sentías, de comentarle tu vida y todo eso fue haciendo en ti que el viejo hombre o la vieja mujer aflorara nuevamente en tu vida. Hoy te encuentras en una encrucijada en donde te haces miles de preguntas, del porque esto, del porque esto otro, pero hoy te pregunto a ti: ¿Por qué has dejado de orar? ¿Por los problemas?, ¿Por la crisis que estas experimentando?, ¿La enfermedad?, ¿Tu familia?, ¿El pecado?, ¿Qué excusa pondrás hoy? Si cada uno de nosotros comprendiera la importancia de la oración en nuestra vida, creo que fueras más que victoriosos en todas las áreas o por lo menos el enemigo no ganaría ventaja sobre nosotros. Lastimosamente muchos dejan de orar cuando la crisis aparece, cuando la enfermedad hace acto de presencia, cuando la escases llega a tu vida o cuando simplemente el pecado te hace sentir indigno de llegar delante de la presencia de Dios.

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Salmo 119:33-40: La renovación de nuestra vida de oración III parte

       I I.            En segundo lugar LA NECESIDAD DE RENOVAR NUESTRA VIDA DE ORACIÓN CON

DISCIPLINA (119:36-37)

El versículo siguiente requiere algo de consideración detenida. David dice: «Inclina mi corazón a tus testimonios, y no a la avaricia» (Salmo 119:36).  ¿Qué significa esto? Lo primero que veo es que es una:

 

  1. A.     Disciplina Bíblica

Cuando David pide a Dios que incline su corazón, está pidiendo que Dios establezca en su vida un patrón, un hábito. Cuando decimos que una cierta persona tiene «inclinación» hacia algo, lo que queremos decir es que existe una cierta tendencia, un patrón predecible en la vida de esa persona. David usa la palabra «testimonios» en este versículo para describir la Palabra de Dios. Un testimonio tiene que ver con la persona o con la vida de un individuo. Los testimonios de Dios son iguales: manifiestan el testimonio de su Persona. David quiere conocer a Dios. Le pide a Dios que habitúe, o «programe» su corazón de tal modo que siempre se incline hacia Dios. El corazón de Pablo gozaba de esta inclinación. Estando preso en Roma, cerca del final de su vida, Pablo clamó «a fin de conocerle…» (Fil. 3:10). ¿Tiene usted este deseo en su interior? Si no lo tiene, ¿le pedirá a Dios que le dé este deseo? ¿Se atreve usted?  David comprende que la inclinación natural de su corazón es hacia la avaricia. La avaricia es uno de los grandes enemigos del creyente. Repasemos la progresión de eventos desde el versículo 33. Las peticiones de David han tratado con la mente, la voluntad, las acciones y ahora con el corazón. David está «barriendo su casa». Está pidiéndole a Dios que aplique la verdad de la Palabra de Dios a toda su vida. Este es el patrón que necesitamos seguir. Hemos de tomar la Biblia y usarla para purificar completamente toda área de nuestras vidas. Pero a pesar de la gran ventaja que tenemos después de la cruz de Cristo, muchos cristianos fracasan en su intento de vivir según su nueva naturaleza. Lo que hacen es someterse a sus antiguas inclinaciones. Es triste ver a tantos creyentes hoy día que no sienten deseo alguno por la Biblia. Pueden dejar su Biblia en un estante en la Iglesia cada domingo y no la echan de menos hasta la semana siguiente. Esto no es ni normal, ni natural para un cristiano. Necesitamos orar a Dios para pedirle que incline nuestros corazones hacia la Palabra de Dios. Necesitamos aprovechar este nuevo corazón que hemos recibido. Tal tipo de creyente es como un niño pequeño que detesta las zanahorias. No importa que nunca las haya probado, él tiene plena certeza que las detesta. Mamá y Papá intentan sin éxito todo método conocido a los padres de familia para persuadirle. Usted puede sustituir las cebollas, la carne, el pescado, o casi cualquier cosa en este ejemplo; hay ciertas cosas que son un gusto  adquirido. Pero una vez que uno desarrolla una cierta inclinación por estas cosas, uno queda prendido de ellas. Muchos se imaginan que la Biblia es aburrida, poco relevante, etc. No les molesta hacer algunas cosas en la iglesia para ayudar, pero no hay lugar en sus vidas para la Biblia. Necesitamos venir a Dios y pedirle que incline nuestros corazones hacia su palabra. ¿Lo hará usted? Nuevamente, la clave no es cuánto conozca de la Biblia, sino su amor por la Biblia. Si usted ama la Palabra de Dios, estará en ella, escudriñando las riquezas de sus páginas.

 

  1. B.      Una disciplina con propósito

Muchos pensaran que si es bíblica es espiritual. Pienso que sí pero también pienso que hay una diferencia. Lo bíblico me da la autoridad para mis disciplina, lo espiritual habla de que esa disciplina no debe hacerse en la carne sino en la dimensión del Espíritu Santo.

Este versículo en realidad cuenta con dos imperativos, pero es necesario considerarlos juntos para obtener el significado que transmiten. «Aparta mis ojos, que no vean la vanidad; avívame en tu camino» (Salmo 119:37).  Pasamos del ámbito del corazón al de los ojos. David en realidad está pidiéndole a Dios que le dé enfoque espiritual y no del mundo. Está hastiado de ver la vanidad. Se da cuenta que los ojos son un campo de batalla crítico en la guerra espiritual. Necesita la fortaleza de Dios para poder controlar sus ojos y enfocarlos. David le pide a Dios que lo «avive» en su camino. El camino de Dios es el único camino, y ese camino es el mismo Señor Jesucristo (Jn. 14:6). Cuando pide a Dios que le dé vida, o que lo avive, David no está pidiendo que Dios le conceda el tipo de vida que recibimos al momento de la salvación. David sencillamente sabe que él no puede andar en ese camino a menos que esté infundido con el poder del mismo Dios. Necesita energía renovada. «Avívame en tu camino».  En esta petición hay un compromiso tácito por parte de David de alejar sus ojos de la vanidad para no verla. Como mencionamos anteriormente, esta es la visión del hombre natural. La vanidad es un vacío. Es lo que el mundo ofrece. Los anuncios comerciales de cerveza siempre parecen estar entre los mejores. Dan la idea de que si uno bebe cerveza de una marca particular uno será una persona fuerte, bien parecida, tranquila, ingeniosa y atractiva para el sexo opuesto. Esa es la promesa. Es una promesa vana; una promesa que pudiera dejarlo muerto en una carretera, o deprimido al punto de cometer suicidio en una habitación  solitaria. Es interesante que la palabra vanidad la LXX la traduzca como “apóstrofe”. Esto es una figura retórica que se comete cuando se corta un discurso para dirigir la palabra con vehemencia a una persona presente o ausente en el auditorio. David estaba cansado de enfocarse en la vanidad. Necesitaba darle un enfoque nuevo a su vida, y sabía que sólo Dios podía dárselo. Él quiere enfocarse en la verdad de Dios, en lugar de en la vanidad de este mundo. Existe una relación muy cercana entre sus ojos y el enfoque de su vida. Jesús habló de esto en Mateo 6:22, 23. «La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?» Otra forma de expresar esta idea es decir que el enfoque de su vida, tal como lo ven sus ojos, se refleja en todo lo que usted dice y hace. Es importante observar el contexto en el cual hallamos estas palabras de Cristo. En los versículos que preceden a estos comentarios sobre los ojos, el Señor acababa de decirles a sus discípulos que no se hicieran tesoros en la tierra, sino en el cielo. Les enseñó que donde estuviere su tesoro, allí también estaría su corazón. ¡Cuánta gente ha enfocado su vida en hacerse tesoros en esta tierra! Después de las palabras en cuanto al enfoque de los ojos, Cristo comenta que «ninguno puede ser oír a dos señores» (Mateo 6:24). Esta es la razón por la cual muchos cristianos no salen adelante en los asuntos espirituales. ¡No pueden hacerlo: Se han enfocado en las cosas terrenales v materiales. Esas cosas se han vuelto su señor, y ninguno puede servir a dos señores. ¿Cuál es el enfoque de su vida? Piénselo con sinceridad. «Tus ojos miren lo recto, y diríjanse tus párpados hacia lo que tienes delante» (Pr. 4:25).  Hay varias maneras en las que podríamos reaccionar a esta enseñanza. Una manera sería tirar el televisor por la ventana, cubrir las ventanas de la casa con cartón, ponernos anteojeras al salir por la calle y adoptar una mentalidad general de aislamiento.

Si comprendemos que David está tratando con el enfoque y no con lo que «vemos», nuestra reacción será diferente. La preocupación de David es que sus ojos no vean la vanidad. Esto habla de un enfoque; no sólo de ver, sino de fijar la atención en algo. Mientras usted viva en este mundo, nunca podrá evitar ver las cosas de este mundo con sus ojos. Sin embargo, usted no tiene que enfocarse en las cosas de este mundo, y esto es lo que David pide. Yo en realidad quiero que Dios aparte mis ojos para que no vean la vanidad. Sin embargo, al hacer esto puedo retener mi perspectiva, porque tengo las cosas bien enfocadas. Sin embargo, es fácil dejarse llevar por el espíritu de este mundo. Es por ello que necesito que Dios me avive en su camino. ¿Desea usted sinceramente que Dios enfoque sus ojos? ¿Tiene usted el  valor necesario para elevar la misma oración que David elevó?

 

Salmo 119:33-40: La renovación de nuestra vida de oración II parte

        I.            El Primer LA NECESIDAD DE RENOVAR NUESTRA VIDA DE ORACION CON  SOMETIMIENTO. (119:33-35)

Comencemos con este concepto que a mi criterio es vital y que lo demuestra David en estos primeros versículos.  David meditó sobre el camino de la verdadera felicidad (Salmo  119:1-8). Él agonizó sobre el pecado en su vida y enfrentó las maneras en que podía ejercitar su corazón «hacia la piedad» (Salmo 119:9-16). Algunas veces, el anhelo de su corazón era abrumador. El quería obtener todo lo que Dios tuviera para él (Salmo  119:17-24). Sin embargo, ningún esfuerzo por su parte era suficiente para vencer el peso constante de su propia carne y las cargas de su vida. Estaba dispuesto a esperar en Dios para que engrandeciera su corazón, pero también había fijado el curso de su vida (Salmo 119:25-32). Con el toque vivificante de Dios en su vida, David ora: «Enséñame, oh Jehová, el camino de tus estatutos y lo guardaré hasta el fin» (Salmo 119:33). David está pidiendo conocimiento de la verdad de Dios. Él ha hecho esta petición en ocasiones anteriores (Salmo 119:7, 12, 18, 26). Pero ésta no es una repetición mecánica y pagana. Esta es la búsqueda de su vida: el conocer la Palabrade Dios y vivirla. Es un deseo que puede verse en todo aspecto de su vida. Parece haber ocupado una gran porción de sus pensamientos. ¡Ciertamente moldeó su vida v su carácter! Ahora bien ¿cuáles son las dos cosas que demuestran que David quiere someterse a Dios como consecuencia de la renovación de su vida de oración?

A.     Deseo de ser enseñado (NECESIDAD) (vrs. 34)

El decir “enséñame” implica una insatisfacción. El quiere aprender más, es decir ser sensible y necesitado de mejorar su vida de oración. La palabra implica una actitud de oración “nemotécnica”, algo que lo asocia rápidamente con lo aprendido  y que lo trae a la realidad inmediatamente sin esfuerzo. Esta necesidad tiene muchas formas. Es importante notar a la “plasticina” en manos de los niños. Necesita ser manejada para hacerse moldeable. Una de las cosas que uno hace al conocerla Palabrade Dios para vivirla, es que no somos capaces de aceptar  que  todavía   necesitamos ser enseñados. Debemos entender que necesitamos todavía aprender como orar, y como arrebatar a Dios sus beneficios a favor nuestro. Habla de que lo que le va a enseñar es “el camino” de sus estatutos. Hemos observado que hay varias palabras que en este Salmo aparecen como sinónimos de la Palabra de Dios. Una de estas palabras es «estatutos». En nuestro lenguaje moderno, un estatuto es una ley establecida por un cuerpo legislativo y expresado en un documento formal. Esta es una traducción apta del vocablo hebreo, cuya raíz significa «cortar» o «grabar».  Considere el siguiente ejemplo de un documento formal: la ley de Dios escrita por su propio dedo en tablas de piedra. Ya que la ley de Dios no es nada más que la expresión de Su naturaleza y Sus atributos, podría decirse que Dios ha grabado su ley en Aquél quien es llamado la Roca (1 Corintios 10:4).

Hoy por hoy en América Latina tenemos ya muchos años de que hemos compartido el evangelio. Sin embargo creo que ha llegado un tiempo en el cual debemos replantear nuestra necesidad de la oración. Creo que hay varios campos en donde tenemos una gran carencia y debemos volver a reflexionar sobre lo que la Biblia dice y no nuestras creencias humanas.

La primera gran necesidad es pasar de una oración denominacional  a una oración bíblica. Es decir debemos entender que la oración no es correcta porque tenemos una posición teológica ya sea conservadora o no conservadora.  Debemos respetar los principios escriturales. Cuantas reuniones de oración son más para agradar nuestros estatutos denominacionales y no para buscar agradar a nuestro Dios. La segunda gran necesidad que veo en nuestros contextos latinoamericanos es la necesidad de pasar de una oración protagonista a una oración antagonista.  Es decir no una oración en la cual me oigo bonito, me veo bonito y me veo correcto. Sino aquella que desafía las condiciones en las cuales me veo envuelto y destrona las potestades espirituales  malignas y que causa estragos en esas áreas. La tercera es la gran necesidad de pasar de una oración servilista a  una oración de siervo. Me refiero a las jornadas de oración que a diario ponemos al servicio de los poderosos y que hacen que nos veamos bonitos y respetados. Oraciones que no confrontan las estructuras sociales corruptas de todo tipo, y que pelea sólo contra las potestades que hacen ver esos estatutos de pobreza y corrupción. No debemos ofrecer sólo jornadas de oración por la paz de nuestros países para que los mandatarios de turno se sientan contentos con nosotros, sino jornadas de oración que los haga sentir incómodos y confrontados con la falta de paz en sus corazones y acciones nacionales. Somos siervos de Dios, hacemos su voluntad y lo agradamos a él y no al hombre. Una cuarta necesidad de oración en nuestros contextos latinoamericanos es la necesidad de pasar de una oración sentimental a una oración experimental. Es decir nuestros criterios de medir mi eficacia de oración no tienen que ver con “sentir  a Dios” sino “experimentar a Dios”. Sentirlo tiene que ver con el placer, con el hedonismo. Si lo sentí me siento bien sino lo sentí no me siento bien. Experimentar según la RAE es probar y examinar prácticamente la virtud y propiedades de algo. . Notar, echar de ver en uno mismo una cosa, una impresión, un sentimiento. Dicho de una cosa: Recibir una modificación, cambio o mudanza. En las ciencias fisicoquímicas y naturales, hacer operaciones destinadas a descubrir, comprobar o demostrar determinados fenómenos o principios científicos. Así que experimentar  tiene que ver con probar, conocer y entender a Dios en toda su majestad, experimentamos su presencia como su ausencia, experimentamos su respuesta como su silencio. Sin embargo seguimos confiando en él, porque gustar de Dios es creerle y vivir por fe.  El problema del carismatismo es que es demasiado sentimental, y por eso la gente sólo busca la sensación del placer. Sin embargo el problema del racionalismo doctrinal es que rehuyendo del sentimentalismo pentecostal ha desechado el glorioso hecho de experimentar a Dios, de quebrantarse en su presencia, esa sensación de asombro de los profetas como Isaías, y de conmiserarse de nuestro mal y nuestro pecado. No deberíamos temer a perder la compostura si esa compostura evita experimentar a Dios.  Una quinta necesidad de oración en nuestros contextos latinoamericanos es la necesidad de pasar de una oración eventual a una oración real. Como evangélicos se nos ha acostumbrado a tener oración por eventos o espacios geográficos. Mientras tengamos ciertos eventos y ciertos espacios históricos geográficos entonces podremos decir que somos una iglesia que ora. Pero en realidad no sabemos si nuestros miembros oran aparte de esos momentos o de los eventos que puedan tener en sus casas. Ya no debemos depender de agentes externos para hacernos u obligarnos a orar. Finalmente una sexta necesidad de oración en nuestros contextos latinoamericanos es la necesidad de pasar de una oración exclusiva a una inclusiva. Muchas de nuestras oraciones no salen del cerco de lo que yo necesito, de lo que mi familia necesita o mi iglesia necesita. Pero una oración que incluya a todos los perdido, que sienta lo que el corazón de Dios siente por un mundo perdido. Es decir una oración misionera y global debe ser rescatada.

Creo que David tenía mucho de estas necesidades, por lo tanto el comienza diciendo que su sentimiento de necesidad demostraba que él deseaba someterse a Dios.

 

B.      Quiere  entender  (INTENSIDAD)

¿De dónde viene esa reserva interior, esa energía que lo impulsa a seguir el camino a la cima de un monte, mientras que otros se quedan rezagados por el camino? Sí, se necesita más que sólo conocimiento y el salmista ahora lo pide: «Dame entendimiento, y guardaré tu ley, y la cumplid de todo corazón» (Salmo 119:34).  En esta petición, David comunica su deseo de tener un entendimiento tal que le permita obedecer la Palabra de Dios. El entendimiento es la fuente de la motivación interior. Vimos en Job 28:28 que el entendimiento resulta de la obediencia a la Palabra de Dios. Lo que David tiene en mente no se trata de una obediencia mecánica, como la de un esclavo, sino de una obediencia que se produce naturalmente en un corazón que ama a Dios. La primera petición tenía que ver con la mente. Esta tiene que ver con la voluntad. David primero dice que quiere llenar su mente con el conocimiento de la verdad de Dios. Ahora necesita que Dios haga una obra en su interior, de modo que su voluntad se moldee en perfecta obediencia a la Palabra de Dios. David está pidiendo que Dios lo ilumine. Una persona iluminada va a querer obedecer la verdad de Dios. Una vez que genuinamente comprenda la Palabra de Dios, será posible alinear su propia voluntad con la verdad de Dios. David escoge la palabra «ley» en este caso, puesto que está tratando con la obediencia. La violación de la ley resulta en consecuencias que él desea evitar. La Palabra de Dios es una ley. Esa palabra frecuentemente nos trae a la mente imágenes negativas de restricción. Pero la ley de Dios no es un conjunto de decretos arbitrarios que se redactaron con el fin de causar pesar al hombre. La ley de Dios es como la ley de la gravedad; es una verdad inmutable que es necesario considerar. La mayoría de las personas no opinarían que la ley de la gravedad limita la alegría de nuestras vidas. ¡El hombre hasta ha aprendido a volar! Sin embargo, si usted viola la ley de la gravedad, o las leyes de la aerodinámica, usted sufrirá las consecuencias. Los «pilotos iluminados» son aquellos que obedecen las leyes de la aerodinámica y la ley d~ la gravedad. David desea obedecer la ley de Dios. El sabe que éste es el camino a la verdadera felicidad. El pide entendimiento para mantenerse dentro de los límites de la ley.  En el primer versículo de esta estrofa el énfasis tenía que ver con la duración del compromiso de David: guardar el camino «hasta el fin». En este versículo el énfasis recae sobre la intensidad del compromiso de David: «de todo corazón». El mundo tiene más cristianos «a medias» que lo que debiera. Puede ser que sus mentes estén llenas con una buena medida de información acerca de la Biblia, pero carecen de entendimiento, como lo evidencia su falta de compromiso. ¿Está listo para establecer tal compromiso? ¿Qué está dispuesto a sacrificar para obtener el verdadero entendimiento? ¿Dejará a un lado su pecado favorito? ¿Permitirá que Dios renueve su actitud? ¿Someterá su voluntad a la de Dios? La verdad de Dios no puede comprarse con dinero; requiere un compromiso ¿Le pedirá usted a Dios en oración y con seriedad que le ilumine? Ello hará, si usted está listo para cumplir este compromiso al guardar su ley de todo corazón.

 

C.      Quiere perseverar (CAPACIDAD)

¿Se lo imagina usted? David se acerca a Dios y dice: «Guíame por la senda de tus mandamientos». El está pidiéndole a Dios que guíe sus pasos. Una «senda» es muy parecida a un «camino», pero con una connotación ligeramente diferente. Una senda es un camino que generalmente ha surgido por el uso constante y no porque ha sido cortado entre la maleza. La palabra hebrea que aparece aquí se deriva de la palabra que significa «hollar ». Una senda es un camino que muchos han hollado y que se ha formado por el uso constante. Se podría decir que es resultado de un paso de rutina por el suelo. David está diciendo: «Dios, ponme en la rutina». ¿Siente usted que algunas veces está «fuera de rutina»? Un lanzador de béisbol lucha durante las primeras dos entradas, y luego encuentra su «rutina ». Un jugador de golf descubre que durante un juego le mete un efecto indeseado a la pelota. Por ello practica su golpe para volver a ponerse «en la rutina». David está fuera de rutina y quiere volver a entrar en ella. El pide a Dios que lo guíe a esa rutina.

 

Así que aquí tenemos el primer paso relacionado con la necesidad de renovar nuestra vida de oración, este paso es el SOMETIMIENTO. Pero un sometimiento que implica NECESIDAD, INTENSIDAD Y CAPACIDAD.  Ahora pasemos a un segundo paso.

Salmo 119:33-40: La renovación de nuestra vida de oración

Pienso que para hablar de un tema tan importante como la oración lo podemos hacer desde dos perspectivas, una es el humor y la otra la inspiración de hombres y mujeres que nos retaron con su vida de oración.

Así que cuenta una historia de un hermano que había tenido un grave accidente automovilístico, al ser visitado les cuenta a los hermanos lo acontecido: ‘Iba lo más bien manejando y escuchando el programa del pastor Florencio  hasta que dijo: ‘ Vamos a orar, cierra tus ojos donde quieras que te encuentres.

Otra historia dice que un día, durante un servicio, una hermana de esas típicas que se duermen en las iglesias,  dormitaba cerca de una ventana. En una de esas se encontró la cabeza con la ventana proporcionándole un fuerte golpe que la despertó. Al instante ella se expresó así: “Mugroso diablo, primero me duermes y luego me pegas” Esta sería la fase humorística de la oración ¿pero que de la fase inspiracional?

Isaac Newton dijo una vez: “Con mi telescopio puedo penetrar millones de millas en el espacio; pero cuando lo dejo a un lado, me encierro en mi habitación y me pongo de rodillas a orar fervientemente, veo mejor el cielo y me acerco más a Dios que con la asistencia de todos los telescopios e instrumentos de la tierra.”

 E. W. Bounds dijo: Lo que la Iglesianecesita hoy no es una mejor maquinaria, ni nuevas organizaciones, ni métodos novedosos, sino hombres que puedan ser usados por el Espíritu Santo, quiero decir hombres con poder en la oración. El Espíritu Santo no fluye a través de métodos, sino a través de hombres. El no viene en maquinarias sino en los hombres. Él no es ungido en los planes sino en los hombres, eso sí: hombres y mujeres de oración.” Y estoy completamente de acuerdo con eso. ¿Cómo se puede lograr una oración que cautive el corazón de Dios? Porque si somos honestos, nuestras oraciones no son lo que deberían ser ¿no es cierto? Aunque algunos siempre piensan que es la elocuencia la que Dios contesta, pero en realidad, Dios responde nuestra oración no nuestra elocuencia. Pienso que algunos que oran son como aviones Concordes para orar. Vuelan a turbina, imperturbable, de altura e imponentes. Sus palabras reverberan en las nubes  y producen un estampido  supersónico en los cielos. Si usted ora como un Concorde, lo saludo. Si no es así, lo comprendo. Tal vez sea parecido a mí, más parecido a una avioneta de fumigación que a un Concorde. No es vistoso, vuela a baja altura, pareciera que cubre  a menudo el mismo terreno y algunas mañanas resulta difícil arrancar el viejo motor. Muchos somos así. A la mayoría nos vendría bien un ajuste en nuestras vidas de oración. A algunas de ellas les falta estabilidad. Se encuentran en un desierto  o en un oasis. Períodos largos, áridos y secos interrumpidos por breves zambullidas en las aguas  de la comunión. Pasamos días o semanas sin oración estable, pero luego sucede algo, escuchamos un sermón, leemos un libro, experimentamos una tragedia, algo nos conduce a la oración de manera que nos zambullimos. Nos sumergimos en la oración y salimos refrescados y renovados. Pero al retomar la travesía, nuestras oraciones quedan atrás. Hay otros que estamos necesitados de sinceridad. Nuestras oraciones son un tanto huecas, memorizadas y rígidas. Más liturgia que vida. Y a pesar de ser diarias, son aburridas. ¿Cómo cambiar? ¿Cómo hacemos una oración fres, renovada, agresiva y del Espíritu? Bueno de eso se trata de esa porción del Salmo 119. Estaremos meditando en los versículos 33-40. En estos versículos, podremos ver cómo David había decaído en su manera de orar o en su espiritualidad. Cada uno de los ocho versículos que componen esta estrofa contiene una petición específica. Cada uno comunica esa sensación de urgencia. Son oraciones que capturan toda la atención de Dios. Todas giran en torno de la relación del salmista con la Palabrade Dios. Para guardar la belleza y simetría de este salmo, enfocaremos cada versículo de la misma manera. Examinaremos cada petición como un deseo a satisfacerse, un compromiso a establecerse y un concepto a aplicarse. Antes de embarcarnos en este estudio, quisiera que observara otros aspectos importantes de este pasaje. Cada petición tiene que ver con algo que es un beneficio personal para el salmista. A veces oímos de personas que se jactan que nunca le piden nada a Dios para sí mismos. Piensan que hacer tal cosa denotaría una actitud egoísta. Pero cuando el avivamiento personal  arremete con toda su fuerza, uno queda puesto de rodillas en humilde reconocimiento de un hecho abrumador: su propia necesidad personal. Cada versículo de esta estrofa puede caracterizarse con una sola palabra, y cada una de las palabras lleva la terminación «me». De esta manera, los versículos 33-40 comunican las peticiones siguientes: enséñame, ilumíname, guíame, inclíname, enfócame, prométeme, protégeme, vivifícame. No hay nada de malo en orar por el reumatismo de la hermana López, pero cuando el Espíritu de Dios fluye por su ser como un poderoso viento, usted se verá consumido por, su propia necesidad. Esta fue la reacción correcta y bíblica de Moisés (Ex. 3), Isaías (Is. 6), Jeremías (jer, 1) y Pablo (Hch.9). Observe además que cada una de las peticiones, en esta estrofa implica un compromiso definitivo por parte del salmista. El no está pidiendo cosas materiales para llenar sus graneros. Está desesperadamente buscando la mano de Dios para evitar hundirse en el pozo de la mediocridad espiritual. Está pidiendo que Dios haga una obra en su corazón, pero en primer lugar está dispuesto a rendir ese corazón a Dios.  Así que decide  hacer 8 peticiones, para refrescar y renovar su vida de oración. En ese sentido hablaremos  de los LA NECESIDAD  DE RENOVAR NUESTRA VIDA DE ORACION.