El proceso de sanidad interior de Pedro


En las corrientes teológicas contemporáneas se desató toda una teología acerca de la guerra espiritual y acerca de la liberación espiritual, incluyendo el asunto de la sanidad interior. Si bien es cierto que hay bastantes ventajas en algunas de las formas de sanidad que hay en los ámbitos pentecostales, no estoy de acuerdo con todas ella. Sin embargo si estoy convencido que Dios puede sanarnos internamente y puede traer a nuestras vidas toda una liberación de experiencias dañinas. Comenzaré diciendo que la Escritura dice: “Bienaventurados los de limpio corazón, pues ellos verán a Dios” Esta es una promesa maravillosa. Sin embargo ¿Y qué ocurre con esos momentos en los que no puedo ver a Dios? ¿Qué pasa con esas horribles experiencias  de fracaso, de mis errores  que me traumatizaron tanto que aún hoy me siento afectado por ellos? ¿Qué hay de los momentos que fueron tan dolorosos, en los cuales sé que Dios no estaba allí? ¿Cómo puede ser limpio mi corazón y sanado de las heridas que recibí incluso antes de conocer a Cristo?  Sólo nuestro Admirable Consejero que vive fuera del tiempo puede estar con nosotros simultáneamente en el presente y en el pasado. Cristo es el eterno YO SOY. Él nunca es el “Yo fui” o el “Yo seré”, sino que siempre es el “YO SOY”. Él existe más allá del tiempo, no hay poder que pueda limitarle; es tan fácil para Él estar presente en un momento de su pasado como lo es estar presente aquí y ahora. Sin duda, Él está presente en su pasado al mismo tiempo que está presente en su ahora y en su futuro, porque Él está en todas partes y siempre aquí; Él es el Dios del aquí y ahora, y cada momento del tiempo es para Él, en cada momento, el aquí y ahora. Estos conceptos son demasiado grandes como para que nuestras mentes los puedan entender, pero no por ello dejan de ser verdad. Y como son verdad, como Cristo es omnipresente y vive fuera del tiempo, es capaz de ministrar una sanidad total en cada herida de nuestro pasado. Esta experiencia recibe varios nombres: sanidad interior, sanidad de recuerdos, sanidad profunda, o sanidad del alma. El nombre es lo de menos, tan solo sirve como una manera de reunir varios principios de las Escrituras. Esencialmente, las heridas profundas del pasado son sanadas a través del perdón y permitiéndole a Cristo caminar por el escenario con amor sanador. Hay varias cosas que no son sanidad interior: 1) No es usted fomentando heridas para que sean sanadas. No tenemos que frotar los recuerdos y sacar a la luz cada experiencia negativa que encontremos. Es Cristo trayendo amablemente a nuestra conciencia una experiencia que Él quiera tocar. 2) Sanidad interior no es usted fabricando una nueva escena. La enseñanza de la Nueva Era tiene una forma de sanidad interior en la cual uno cambia en su memoria las palabras o acciones que le hirieron por otras de amor y gentileza.  Una reestructuración así del pasado no es nunca la obra del Espíritu Santo porque está construida sobre mentiras, y Él nunca puede mentir. Sin embargo, la verdadera sanidad interior se lleva a cabo cuando vemos a Cristo moviéndose libremente dentro de la escena como realmente ocurrió. 3) La sanidad interior no es una lista de fórmulas, incluso aunque yo lo pueda presentar de esta manera. La sanidad interior, como una consejería llevada a cabo por Dios, es un encuentro vivo con un Dios viviente. Se han escrito muchos libros excelentes sobre sanidad interior, especialmente en años recientes. Para una mejor comprensión de este tema hay libros como Healing for Damaged Emotions de David Seamonds y You Can Be Emotionally Free de Rita Bennett a todo el que esté interesado en tener un mayor entendimiento de este ministerio. Ciertamente no se puede decir todo lo que se debería decir sobre este tema en un corto artículo, pero simplemente daré un resumen del proceso como está ilustrado en el ministerio de Jesús según el evangelio de Juan. La historia comienza la noche antes de la crucifixión de Jesús. Pedro, fuerte, dinámico e impetuoso, había intentado defender a su mejor amigo. Desenvainando una espada al ver que los soldados intentaban llevarse a Jesús, le cortó la oreja a un hombre, pero en vez de recibir elogios y felicitaciones, Jesús le reprendió y sanó la oreja. Ahora Jesús estaba en una prueba ante el sumo sacerdote y no parecía que hubiera nada que Pedro pudiera hacer. Se quedó en el patio esperando recibir alguna palabra, no queriendo estar muy lejos de su maestro. Mientras estaba sentado con los demás en el patio, calentándose ante unas brasas, una sirvienta gritó: “Tú también estabas con Jesús el galileo”. Lleno de temor, él negó el hecho y se apartó de la mujer. No pasó mucho tiempo, cuando otra sirvienta repitió el cargo y de nuevo Pedro volvió a negar que ni siquiera conociera a Jesús. Finalmente, un testigo clamó: “Su manera de hablar le delata. Tú debes ser uno de sus seguidores”. Pedro inmediatamente cambió su manera de hablar y comenzó a maldecir y a jurar diciendo: “¡No conozco a ese hombre!”.  Mientras el gallo anunciaba la llegada de un nuevo día, Pedro se fue y lloró amargamente. Ninguna otra vez en las Escrituras se nos habla de Pedro llorando. Claramente, este fue un acontecimiento profundamente doloroso en su vida; de hecho, y como resultado, abandonó su llamado al ministerio y volvió a su primer empleo. Varios días pasaron, y Jesús apareció ante muchos de sus discípulos en muchos lugares. Incluso fue al mar de Galilea donde un fornido y gran pescador estaba intentando poner el pasado tras él y continuar con su vida. Justo cuando aparecía el día, Jesús se le apareció a él y a sus amigos que estaban pescando juntos. Él les preparó un desayuno a base de pescados y pan sobre unas brasas, y después que hubieron comido, Jesús comenzó a preguntarle a Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?” Pedro respondió: “Sí, Señor, tú sabes que te amo”. Jesús respondió: “Apacienta mis corderos”. Otra vez, Jesús le volvió a hacer la misma pregunta, y Pedro dio la misma respuesta y Jesús respondió de forma similar. Y de nuevo una tercera vez, la conversación se repite. ¿Cuál fue el propósito de este encuentro? Yo estoy convencido de que Jesús estaba ministrando sanidad interior a las profundas heridas que Pedro había experimentado como resultado de su triple negación de Cristo

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