He aquí los últimos cinco puntos de los vientos de confusión que vivimos hoy en día
En sexto lugar
Asociamos al Espíritu Santo solamente con poder. Y nos olvidamos muy a menudo que fuimos sellados con él hasta el día de la redención para que se oponga a todo lo injusto y a todo lo que es mentira. Cuando hay poder «en el espíritu», sin santidad, lo que en realidad hay es otro espíritu.
En séptimo lugar
Con demasiada frecuencia confundimos exitismo con fe. Muchas veces vamos a un congreso o a una campaña y como probamos que la fe del predicador es la del vencedor. Del que todo lo puede. Del que ha logrado superar todas las pruebas y ha conquistado todas las metas. Nos quedamos con la compra de la carpeta y los casetes, con un montón de apuntes y con un entusiasmo que se termina cuando volvemos a casa y debemos seguir viviendo con miserias de las cuales ni se habló en aquel encuentro. Necesitamos oradores que animen a la gente, pero no por el camino del exitismo, que lo único que logra es que terminemos todos muy confundidos. Precisamente oradores que tengan la grandeza de contar también sus batallas perdidas, evitando de esa forma que muchos se sientan como pobres e inútiles pecadores.
En octavo lugar
Muchas veces creemos que si Dios utiliza poderosamente a un líder será porque el Señor lo aprueba y entonces no importa demasiado si está viviendo en pecado. El pastor brasileño Caio Fabio dice que muchos tienen una versión personal de la Biblia y creen que «las obras y los dones cubrirán multitud de escándalos y pecados». Nos olvidamos que los cristianos somos un todo y que Dios nos contempla cuando estamos en el púlpito y en lo secreto. Predicar bien, arrastrar gente y tener carisma no nos habilita de ninguna manera para no pagar las deudas, ser mujeriegos o hacer cualquier cosa con nuestra vida privada. Hay mucha gente que en lugar de ser cristocéntrica es pastorcéntrica. Y esto es grave.
En noveno lugar
Estamos muy metidos en los templos. Mientras la pasamos bien con nuestros hermanos en la fe y nos deleitamos con buena música entre las cuatro paredes del templo, afuera andan, sin rumbo, las 99 perdidas. No nos damos cuenta que esas paredes impiden escuchar el balido de la oveja, que abandonada y con la pata quebrada, pide que alguien la ayude. La Palabra de Dios dice: «Vosotros sois la sal del mundo». Pero de la única manera en que la sal es útil y efectiva es cuando «sale» del salero. No debemos dejar de congregarnos, pero nuestro objetivo principal debe estar afuera. Debemos tomar conciencia de que el enemigo, la carne y el mundo nos han inoculado una inyección letal. Una inyección de apatía y de comodidad. Y es por esto que la iglesia no crece. Aun cuando, con tanta pobreza y tanto sufrimiento, nuestras naciones son tierras pocas veces tan fértiles para recibir la semilla del Evangelio. Debemos despertar y levantarnos de una buena vez del confortable sillón de la indiferencia.
En último lugar
Nos hemos olvidado que la vida cristiana consiste simplemente en vivir lo que decimos creer, en poner en práctica lo que nos enseña la Biblia, en convertirnos en personas de bien con buen nombre para con los de afuera. Pero no quiero terminar sin decir dos cosas: primero, doy gracias a Dios porque felizmente quedan muchas iglesias, grandes y pequeñas, donde puede hallarse todavía ese difícil equilibrio entre la alabanza, la adoración, la presencia viva de Dios y la autoridad de la Palabra. Y segundo, veo una lucecita al final de este oscuro túnel que plantean tantas confusiones. Esa esperanza la veo en muchas personas que se resisten al facilismo y al show y viven con seriedad el Evangelio. Y también en muchas otras que, cansadas de las emociones y los golpes bajos, han decidido volver a la sencillez del Evangelio.
[1] La base de estas ideas es un artículo que leí, en Apuntes Pastorales. Si no mal recuerdo el autor es un Pastor argentino llamado Jorge Bayona.