En búsqueda de otra espiritualidad II parte

La expresión “otra espiritualidad” sugiere una segunda  pregunta: “¿otra en relación a qué?” ¿Significa que una espiritualidad esta siendo abandonada para que en su lugar aparezca “otra”? En mi caso es simple: estoy abandonando la espiritualidad del sentido común evangélico, y saliendo en busca de la espiritualidad del sentido común de la tradición cristiana.  Me apresuro a explicar. Considero “sentido común” una forma simple de referirme al hecho de que a pesar de la enorme diversidad en relación a las características que identifican al ser evangélico, hay un núcleo que resume la manera como este segmento religioso de la sociedad articula su creencia y su modus vivendi. Al escoger el sentido común, admito que la “otra espiritualidad” que busco no es una novedad, sino un rescate de los aspectos esenciales de la fe cristiana conforme se establecieron en estos más de dos mil años de historia.  Dejando de lado el rigor académico y científico, que no caben en la propuesta de este texto, le llamo “sentido común de la fe evangélica” a los contenidos articulados en la fase más visible de esta tradición religiosa, notoriamente a través de los medios de comunicación impresos, radiales y televisivos. Son los autores y comunicadores masivos quienes le “hacen la cabeza” a los fieles y de a poco van definiendo, consciente e inconscientemente, voluntaria e involuntariamente, un núcleo de creencias determinantes de una cosmovisión, y por consecuencia, una forma de ser en el mundo. A partir de un determinado punto, pasa a existir una cultura autónoma, independiente de los contenidos más elaborados de los teóricos. Esta cultura autónoma es apropiada por el pueblo y a partir de entonces enciende un proceso de desarrollo de creencias y costumbres que se van distanciando cada vez más de la propuesta original.  No tengo dudas en cuanto al hecho de que este fenómeno sucedió en la llamada iglesia evangélica, y que el ser evangélico, conforme a lo comprendido al día de hoy por la sociedad salvadoreña , e incluso hasta por muchos evangélicos en a América Latina , es algo totalmente distante de los contenidos originales de la fe cristiana. Evidentemente, presume quien afirma conocer “los contenidos originales de la fe cristiana”, pues toda teología es interpretación, significa que todo cuanto los cristianos propagan son versiones del contenido original. Lo que se exige es la evaluación mínima de los contenidos actuales en comparación con aquellos que históricamente, desde periodos más remotos, fueron divulgados como constitutivos de la fe cristiana. Tengo la firme convicción que el cristianismo de los evangélicos contemporáneos es absolutamente distinto del cristianismo de los primeros cristianos y de las tradiciones teológicas más consistentes de la historia de la iglesia. Por cierto, es muy triste el hecho de que gran parte de los nuevos líderes evangélicos y de los nuevos convertidos a la fe evangélica desconozcan la tradición teológica de la historia de la iglesia, sus exponentes más respetados, sus fundamentos filosóficos, sus enfrentamientos con los espíritus de sus épocas, sus argumentaciones apologéticas y, principalmente, su sangre vertida en defensa de la fe. Los neo-evangélicos están demasiado ocupados en construir una experiencia religiosa que les satisfaga de inmediato y no se ocupan de las aproximaciones a la verdad, pues viven el pragmatismo de quien se dedica a hacer funcionar a Dios en vez de ser un íntimo de Él.  Fui tomando consciencia de eso de a poco y, en cierta forma, construyendo mi pensamiento al respecto de “otro Dios y otra espiritualidad” paso a paso, cada vez una introsprección , como el pan, que nos llega al alma cada mañana, cayendo del cielo cada día. Pan que reparto con temor y temblor.

En búsqueda de otra espiritualidad

Quiero presentarles algunas ideas sobre lo que es la vida espiritual, y lo que muchos hoy estamos considerando el resurgimiento de una nueva espiritualidad, aunque no es nueva, porque en realidad es la espiritualidad bíblica. Estas ideas las he filtrado y tomado del fabuloso libro de René Kivitz, con relación a este tema. A ver que les parece.

La primera cosa que me gustaría comenzar planteando es  ¿Cuál es la diferencia entre espiritualidad y religión?  

La espiritualidad es la experiencia humana de lo sagrado, trascendente, divino. La religión es la manera como el ser humano organiza y vivencia esta experiencia. Espiritualidad es una experiencia humana universal. Religión es una experiencia humana condicionada a dogmas, ritos, códigos morales y grupos de personas que creen en las mismas cosas y celebran su espiritualidad de la misma manera. Las religiones más conocidas en el mundo son: Judaísmo, Islam, Cristianismo, Hinduismo y Budismo. La espiritualidad es lo que los seres humanos tienen en común. Por ejemplo, tanto el Dalai Lama como el Papa Benedicto XVI tienen una espiritualidad, pero tienen creencias diferentes. Uno es budista y el otro es cristiano. En términos simples, así como el ser humano tiene corporalidad (relación con el cuerpo) y racionalidad (relación con la mente), también tiene espiritualidad (relación con las realidades espirituales). La religión es la manera como cada ser humano desarrolla y practica su espiritualidad.   ¿Por qué “otra espiritualidad”?  Dentro de cada religión existe una variedad de formas de vivenciar la espiritualidad. Por ejemplo, en el Cristianismo la espiritualidad puede ser vivida de una forma Católico Romana y otra Protestante, e incluso dentro del Protestantismo existen ramificaciones como el protestantismo histórico, el pentecostalismo y el neo-pentecostalismo. En América Latina , los protestantes quedaron conocidos como “evangélicos”. Significa que, “evangélico” es una rama del protestantismo, que a su vez es una rama del Cristianismo, que a su vez es una de las cinco grandes religiones. Ser “evangélico”, por lo tanto, es una forma de vivir la espiritualidad cristiana, y en ese caso podemos decir que existe una “espiritualidad cristiana evangélica”. Por detrás de la expresión “otra espiritualidad” está la sugerencia de que existe otra manera de vivir la espiritualidad cristiana, diferente de la manera como los evangélicos la viven. En verdad, la gran tarea de esta búsqueda es  demostrar bajo varios enfoques, que la “espiritualidad evangélica” está cada vez más distante de lo que puede considerarse una “espiritualidad cristiana