En los primeros años de mi conversión, aprendí las famosas muletillas que le enseñaban a todos los cristianos de esa época. Por cierto que vi la luz del evangelio en una iglesia que tenía y tiene todo tipo de muletilla. “A cualquier situación Jesús es la solución” decían desde el púlpito. “Cristo es la respuesta” “Sonría Dios tiene un plan maravilloso para usted”, “salgamos a ganar almas”, y otras que me las aprendí de memoria. Pero hubo una que me llamó la atención y que la use por mucho tiempo, “la Biblia tiene respuesta para todo”. Fue hasta hace unos 10 años que pensé que no era cierto eso. Por ejemplo si tiene respuesta para todo ¿qué hizo Jesús entre los 12 y 30 años? ¿De donde sacó Caín su esposa, si solo estaba Abel y Caín? Me di cuenta que no tenía respuesta para todo. Lo que más me hace sentir incómodo es que hoy utilicemos la Biblia para cuestionar el mundo que nos rodea y acusarlos con ciertas actitudes que parten de nuestra actitud farisaica. Ya me estoy cansando de las muletilla de este nuevo siglo, y lo pero que las he estado repitiendo, pero ya no más. Me niego hacerlo. Sabe porque lo hacemos, porque pensamos no teológicamente sino al formato industrializado que nos viene de otras corrientes. Es increíble como pensamos de acuerdo al formato de la educación industrializada y de acuerdo no a una teología real sino occidental. Me entusiasma la pasión de todos los que comentan que en América Latina ya estamos pensando como evangélicos o teólogos, y puedo decir que me bendice y me trae gozo porque estamos intentando pensar. Desafortunadamente algunos aún no están pensando sino solo oyendo a sus propias preferencias personales. Una opinión es algo que está basado en tus preferencias personales de acuerdo a tus experiencias (educación, hogar, etc). Un principio está colgado de una gancho moral. No es como una regla que es lineal sino es tridimensional, se aplica en todos lados, en todos los tiempo. La primera muletilla que ha salido en esta generación es el término emergentes y alguien dijo que éramos “emergentes”, pero perdón la Iglesia siempre ha sido emergente con excepción de aquella que no nació naturalmente sino fue a propósito fundada localmente por un grupo de individuos como ha sucedido en los últimos 200 años. Otra muletilla de esta época es “posmodernistas”. Si estás vivo en este planeta, ERES POSTMODERNISTA, y la verdad, yo prefiero tener una mente y un espíritu posmodernista que uno modernista, ya vimos todo el relativismo moral y desquiebre social que nos trajo la modernidad. Al carajo con la modernidad! Quiero caminar donde Jesús está caminando, con los posmodernistas, o sea, en el mundo de hoy. También hoy se habla de relativismo cultural???????? Nadie ha cometido esta atrocidad más que nosotros los de la Iglesia cristiana. Agarramos los principios bíblicos y los hacemos bailar a nuestro ritmo y antojo según lo que NOS GUSTA. Los mismos misioneros que trajeron el evangelio a nuestras tierras (y bendigo a Dios por ello), no pusieron el saco y la corbata!!!! Los mismos misioneros que llevaron la Palabra de Dios a África cuando bajaban de los barcos lo primero que hacían era ponerles blusas a las “negras nativas” (textualmente tomado de un informe misionero de 1897). ¿Por qué les ponían blusas? El informe dice que era porque habían hombres en los barcos y era “indecente” que las “nativas” anduvieran con los senos destapados!!!! . ¿Quiénes nos creemos? ¿Dios?!!!!!!!!!!! Si queríamos ser tan bíblicos, lo que se debería haber hecho es que los hombres se sacaran los ojos, porque eso es lo que la palabra de Dios dice que hay que hacer!!!!!!!!! No me vengan con el relativismo cultural que me los como de desayuno!!! No tenemos autoridad moral para señalar de eso. Los cristianos hemos pecado de cambiar y destruir culturas precisamente por pensar en ese término de “relativismo” que ni conocemos ni entendemos. Una pareja misionera que había estado en África fue enviada a una aldea en el Amazonas, con el Evangelio llevaron la Tifoidea, se murió TODA la tribu, pero como dice la carta de información de la Misión que los envió “. . . aún así, estamos gozosos porque sabemos que murieron habiendo conocido el Evangelio de Jesús”. Hey! La Biblia es como una persona que está siendo torturada, si le pegas suficiente te va a decir lo que quieres. Entiendan por favor, la Biblia ya no es una libro de respuestas, hora es un libro de preguntas. Te hace las preguntas que necesitas para seguir viviendo en este mundo posmodernistas, emergente de relativismo cultural. Así que para acuñar una nueva muletilla (hey, tengo derecho a imponer alguna) ya no es “la Biblia tiene respuesta para todo” sino “La Biblia tiene preguntas para todo”
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Vasija que impiden que se vea la luz del evangelio
Quién, sino la novia de Cristo, podrá señalar al que es el camino, la verdad y la vida? ¿Quién sino su iglesia para marcar la senda…? Ante esto, es menester identificar cuáles son las vasijas que más han impedido que la luz del Señor brille con la intensidad debida. Rompamos juntos, de una vez, estas vasijas «para que alumbre nuestra luz… » No cabe duda de que nadie, absolutamente nadie, enciende una lámpara para luego colocarla debajo de una vasija (Mt 5.15). De hecho, si fuéramos testigos de una acción como esta, no vacilaríamos en calificar de ridícula a la persona que la realiza. No obstante lo disparatado del procedimiento, no deja de ser una buena descripción de lo que ha sido la historia del pueblo de Dios. Una y otra vez hemos escondido nuestra luz debajo de una vasija. Usted probablemente sentirá, al igual que yo, que ya es hora de despedazar las vasijas que no permiten que se vea la luz de Cristo en nuestras vidas. Un mundo donde la confusión es cada vez más acentuada pide a gritos que alguien se levante y diga, con convicción: «Este es el camino, anden en él, ya sea que vayan a la derecha o a la izquierda» (Is 30.21 – NBLH). Ni por un instante debemos dudar que esa voz, clara e insistente, debe ser la de la Iglesia. ¿Quién, sino la novia de Cristo, podrá señalar al que es el camino, la verdad y la vida? Ante esto, es menester identificar cuáles son las vasijas que más han impedido que la luz del Señor brille con la intensidad debida. Quisiera sugerir que la primera vasija que esconde nuestra luz es la de la indiferencia. La mayor razón por la cual no estamos comprometidos con las misiones no es la dificultad de llegar al campo, ni la resistencia de los pueblos al evangelio, ni tampoco la falta de recursos para movilizar a más personas. El mayor obstáculo a una actitud de compasión hacia los que están en tinieblas es nuestra propia apatía. En más de una congregación existe un total desinterés por tocar la vida de aquellos cuyo destino eterno es la muerte. Se ha instalado en nosotros el mismo espíritu de Jonás, quien se ubicó sobre la colina, con una especie de perversa satisfacción, a esperar la destrucción de los ninivita. Por esto, el primer paso hacia las misiones necesariamente requiere de nuestro arrepentimiento, por el egoísmo que ha marcado nuestra vida espiritual. Una segunda vasija que ha opacado nuestra luz es la de la religiosidad, es decir, aquellas actividades que resultan cuando el hombre toma control de su propia experiencia espiritual y deja de responder a las iniciativas del Altísimo. En la religión, el ser humano siempre es el protagonista, el centro de todo. Su meta es manipular al ser divino para que este bendiga y prospere los proyectos que ha construido. Viendo de esta forma la vida, las misiones se convierten en un elaborado programa de la iglesia, fruto de nuestra propia inteligencia, pero en el plan de Dios, las misiones son la expresión de una realidad interior vivida por sus hijos. No podemos crear actividades que produzcan luz, porque no hemos recibido esa capacidad. Lo único que nos queda por hacer es dejar que la luz de Cristo brille con intensidad en nuestras vidas. Esto, por supuesto, es el resultado de caminar cerca de él y por eso el discípulo comprometido con las misiones es llamado un testigo, porque señala una realidad que trasciende su propia persona. Una tercera vasija que debemos destruir es la de la complacencia. Se ha instalado en nuestro seno una convicción dura de combatir, pues los mismos promotores de misiones tienden a perpetuarla; es la idea de que se requiere un llamado especial para involucrarse en las misiones. Como la mayoría de nosotros nunca hemos sentido un llamado a alguna nación lejana nos sentimos seguros de que no estamos en falta con nuestro Dios. La Palabra, no obstante, enseña que la iglesia toda ha sido llamada a ser testigo de «las maravillas de Aquel que nos llamó de tinieblas a luz» (1Pe 2.9–10), testificando tanto en las comunidades de Jerusalén, de Judea y de Samaria como también las que habitan lo último de la tierra. Misiones expresa un compromiso con nuestros vecinos y las tribus de las más remotas regiones del mundo. Una cuarta vasija debajo de la cual hemos escondido nuestra luz es la de la mezquindad. Esta vasija es particularmente común en América Latina, donde seguimos convencidos de que no podemos tener plena participación en las misiones porque no tenemos los recursos necesarios para hacerlo. Al igual que todas las mentiras del enemigo, esta también se basa en una media verdad. Nosotros no tenemos los recursos, pero nuestro Padre celestial sí tiene los tesoros del universo a su disposición. La actitud que destraba las riquezas de Dios en favor de las misiones, sin embargo, es nuestra disposición para obedecerle antes de que veamos los recursos. Nunca, en la historia de la Iglesia, el Señor ha provisto primero los recursos para un proyecto misionero; más bien, la iglesia toma, por fe, el paso de comprometerse y luego Dios provee los medios. Tal vez usted puede identificar otras vasijas que han escondido la luz del evangelio. Algunas son comunes y ordinarias; otras resultan más elaboradas, finamente decoradas con toda clase de sutiles argumentos, empleados con orgullo para defender una espiritualidad individualista y utilitaria. La verdad es que no importa qué clase de vasija hayamos escogido para esconder nuestra luz, todas cumplen la misma triste función, que es la de neutralizar el evangelio de las buenas nuevas. Mientras continúe esta situación, estamos en falta con nuestro Dios y la sociedad que nos rodea. Rompamos juntos, de una vez, estas vasijas «para que alumbre nuestra luz delante de los hombres, para que vean nuestras buenas obras y glorifiquen a nuestro Padre que está en los cielos» (MT 5.16).
La matemática de Amos: X+1
En la Biblia encontramos muchas veces conceptos de todo tipo. Encontramos conceptos médicos, botánicos, geológicos, etc. Uno de los que más me impresiona es el del área de las matemáticas. En la disertación de Amós encontramos la fórmula X+1. Como todo problema matemático, se trata de despejar la variable que está oculta, mediante procesos, que a lo mejor son complicados. (Nunca me gustó la matemática). En el capítulo 1 al 2 encontraremos esta ecuación. El estilo de Amós es que declara en los primeros 2 capítulos 8 pecados y menciona 6 naciones. Menciona Siria, luego Filistea, luego Tiro, luego Edom, luego Amón, sigue con Moab, luego Judá y finalmente Israel el Reino del Norte. Lo interesante del estilo de predicación de Amós es que si uno mira un mapa, su discurso empieza desde lo más lejano del pueblo de Dios. El usa una especie de espiral que se mueve como un tornado o remolino y finalmente alcanza al pueblo de Dios. Esto hizo que la gente al escucharlo, prestara al principio mucha atención, porque estaba hablando del juicio de Dios a gente que siempre había sido enemiga de Israel. Lo nerviosos que se debieron haber puesto cuando vieron que el juicio de Dios se iba acercando a ellos y a su tierra. Así que la manera que voy enfocar estos artículos es tomar la ciudad, luego especificar cuál fue su pecado, seguido por el contexto de ese pecado, la consumación del pecado y finalmente cuáles fueron las consecuencias del pecado. Curiosamente, ustedes notarán que los pecados que Amós condena, no son en realidad pecados que generalmente se consideran pecados, en la manera tradicional, en realidad están más enfocados en los pecados de la injusticia, el abuso, el robo y el aprovechamiento de los débiles y pobres. Es sorprendente ver que los pecados por los cuales Dios condena a estas naciones son pecados que toleramos a diario. Por otro lado el pecado que Dios señala a su pueblo no son los típicos pecados que nosotros hoy consideramos como los más groseros. Amós nos muestra que Dios tiene una manera distinta de evaluar los pecados de la gente y de aborrecer cosas que quizás nosotros no aborrecemos.
Pasemos entonces a la primera fórmula X+1 de Amós. Empezaré por el contexto de este pecado, La fórmula de de Amós “por tres pecados no por el cuarto” implica que Dios fue tolerante con los tres primeros pecados y luego fue que paciencia se colmó con el cuarto pecado, de tal manera que Dios tuvo que juzgar a la nación que menciona. Eso habla mucho de la misericordia de Dios. En este pasaje específico, para Amós la ley escrita en la conciencia se expresa en términos de relaciones humanas. Sin duda algunas de las naciones paganas sostenían creencias religiosas paganas y practicaban ritos espantosos. Pero Amós ni siquiera habla de ello al pasar su diagnóstico. El reflector no se enfoca sobre lo que estas naciones hayan hecho o no a Dios, sino sobre lo que han hecho a los hombres. La barbarie (v.3) durante las campañas militares de Azael, medio siglo antes, el despiadado tráfico de esclavos que involucraba poblaciones enteras (v.6b), la violación de un pacto (v.9) el odio antinatural y persistente (v.13) y los muertos (v 2:1). Al examinar esta lista de relaciones rotas, hallamos que no se trata de una fortuita colección de acusaciones, sino una enunciación cuidadosamente estructurada. Amós examina violaciones a las relaciones generales de la vida, es decir, entre un ser humano y otro, las responsabilidades particulares de a vida entre hermano y hermano; finalmente las obligaciones especiales de la vida, a saber, la actitud de los fuertes hacia los débiles. De esta manera el profeta se pronuncia a favor de seis principios de conducta humana. Ahora veamos la consumación del pecado. Escuche las palabras de Dios, el ruge desde Sión y truena desde Jerusalén. Damasco era la capital de Siria o Aram. Ninguno era tan grande enemigo de Israel como esta nación. Siempre había luchado contra Israel. Siria estaba ubicada en el noroeste del Jordán. Note particularmente que el pecado de esta nación es “trillaron a Galaad con trillos de hierro”. No es difícil ubicarnos dentro de la mentalidad cultivada por el esfuerzo bélico de Azael y sus sirios. (1:3-5). De habérsele hecho una entrevista, sin duda el comandante en jefe de las fuerzas reales habrían dicho: “Hay una sola forma de hacer la guerra: debes golpear al enemigo con todo lo que tengas, en todas las formas que puedas” Y si alguien hubiera levantado su voz de protesta, en medio de la humanidad contra la idea de llevar la guerra al extremo, de la deliberada tortura de los cautivos, tarde o temprano habrían respondido: “estamos en guerra ¿acaso no lo sabías?.Para algunos las circunstancias excepcionales justifican medidas excepcionales y eliminan limitaciones convencionales. Puede que los hombres pensemos así pero Dios no. Azael no está en la libertad de tratar a las personas como cosas. Y esta es su cuarta trasgresión. He aquí el primer principio moral absoluto a favor del cual Amós se pronuncia: LAS PERSONAS NO SON COSAS. Supongamos que al decir que Azael “trilló”a Galaad, Amós no lo diga literalmente, que hayan usado animales para arrastrar pesadas plataformas de madera con tachones de pedernal, vez tras vez por encima de los cuerpos postrados de Galaaditas vivos. Tómelo en sentido metafórico, pero pregúntese que significa la metáfora. “Trillar” es algo que uno hace con una cosa, en este caso una cosecha de granos, para extraer de ellas ganancias personales. Así lo hizo Azael con Galaad. Trató a las personas como si fueran cosas. Pero no halló en absoluto simpatía, tolerancia ni perdón del cielo. Finalmente veamos las consecuencias de este pecado. Dios dice “prenderé fuego a la casa de Azael y consumirá sus palacios de Ben-Adad. Note que hay bancarrota total de las ciudades y fortalezas de este hombre. Finalmente el será llevado en cautiverio. Una de las consecuencias de este pecado es pobreza, adversidad y cautividad. Es decir la gente es limitada en tres áreas personal, circunstancial y social. Habrá juicio y bancarrota para Azael. Aproximadamente 50 años más tarde Tiglat-Pileser marchó dentro de Siria con su ejército Asirio y destruyó Aram y llevó cautiva a la gente. La profecía de Dios llegó a cumplirse al pie de la letra. Cuán fácil se puede cometer este pecado. Pero todavía Amós tiene mucho que decir, lo plantearé en el siguiente artículo.
Portavoces de lo Eterno: Latidos de Amós VI parte
En primer lugar, del análisis del texto bíblico, se deduce que Amós tenía conocimiento de primera mano de la realidad histórica en la que estaba situado como ser humano de carne y hueso. Conocía no solamente los pecados sociales de Israel, sino también, tenía conocimiento directo de la escena mundial de su tiempo , particularmente de las prácticas de injusticia de los países extranjeros (Am. 1.3-2.5). En tal sentido, Amós no fue un profeta desubicado o desenchufado del entorno de misión, ajeno a las relatividades de su tiempo, alienado del marco temporal en el que le tocó vivir. Lo que se nota en sus palabras y en su conducta social, es que articuló un discurso público basado en un fino análisis de la realidad social, política, económica, jurídica y religiosa de su tiempo. Todo el libro de Amós da cuenta de ello. De esa manera, con su mensaje y con su práctica profética, Amós articuló todo un modelo de conducta social y política. Modelo en el que se subraya que aquellos que quieren incursionar en la plaza pública, deben tener un conocimiento de primera mano de la realidad histórica en la que están situados y deben ser capaces de traducir esa información en acciones sociales y políticas orientadas a una transformación radical de las estructuras de pecado y de las prácticas corrientes de injusticia. En segundo lugar, de una lectura del texto bíblico, queda claro que Amós tenía una profunda conciencia de su llamado y sabía quien le había enviado como profeta al reino del norte. Amós no se había auto-convocado o auto-designado, ni se había auto-enviado o auto-comisionado. Él sabía cual era su tarea específica, su misión concreta y, por eso mismo, no se distraía en otros asuntos o en ocupaciones secundarias. No confundía los papeles. No tambaleaba frente al peligro. Así, cuando el sacerdote Amasías, le dijo: …Vidente, vete, huye a tierra de Judá, y come allí tu pan, y profetiza allá; y no profetices más en Bet-el… (Am. 7.12-13). Amós fue capaz de responderle con estas palabras: No soy profeta, ni soy hijo de profeta, sino que soy boyero, y recojo higos silvestres (Am. 7.14). Las palabras de Amós al sacerdote Amasías dan cuenta de que él sabía quien era y cual era su misión en la sociedad de su tiempo. Amós tenía plena conciencia de que Dios mismo le había llamado y comisionado como su profeta en un contexto histórico específico, y estuvo dispuesto a pagar el precio que esa tarea exigía. Como en el caso de Amós, la misma conciencia de llamado y de envío se le exige a los profetas de Dios de este tiempo, para que no capitulen frente al peligro y para que no rebajen ni acomoden el contenido de su mensaje, cuando tengan que enfrentarse públicamente a los que tienen en sus manos el poder político, económico y religioso. Se los digo por experiencia, serán desafiados por la institución y quizás hasta amedrentados por ella. En tercer lugar, de la respuesta de Amós a los requerimientos políticos de Amasías en Am. 7.13 (…no profetices más en Bet-el, porque es santuario del rey, y capital del reino), se deduce que para el profeta, el Dios a quien él representaba, era Señor incluso del Estado y de las autoridades temporales: Y Jehová me tomó de detrás del ganado, y me dijo: Ve y profetiza a mi pueblo Israel (Am. 7.15). La comprensión que tenía Amós de la Soberanía de Dios, explica por qué habló claramente, por qué no subastó su mensaje, y por qué no se vendió al poder político de ese tiempo. En tal sentido, Amós no era de aquellos que convertían a la religión en instrumento político del Estado, ni de aquellos que se vendían al sistema o se acomodaban al mismo, como en muchas ocasiones a lo largo de la historia lo habían hecho los profetas espurios que a menudo se vendían por un «plato de lentejas». En cuarto lugar, Amós habló directamente, no disfrazó ni maquilló el mensaje que tenía que anunciar. Amos no contemporizó, no se alquiló al poder de turno. Amós no retrocedió, no pactó con el poder, no rebajó su mensaje, no fue un timorato, no «mariconeó», (perdón por la expresión, no es muy evangélica que digamos)cuando tuvo que hablar de parte de Dios: Ahora, pues, oye la palabra de Jehová. Tú dices: No profetices contra Israel ni hables contra la casa de Isaac. Por tanto, así ha dicho Jehová… (Am. 7.16-17). Por qué actuó así Amós y por qué no le tuvo miedo al representante de la religión establecida? Porque, como ya se señalado, teniendo conciencia de su llamado y la seguridad de que Dios mismo le había enviado, sabía que su fuerza para la misión le venía de Aquél que lo había sacado de su trabajo habitual para convertirlo en su vocero autorizado, sabía que estaba en las manos de Dios, sabía que Dios le guardaba y le sostenía. ¿Tenemos la misma seguridad nosotros? ¿Denunciamos, sin hacer concesiones de ningún tipo, las distintas formas de injusticia institucionalizada que despedazan la dignidad humana de los pobres y de los oprimidos? Finalmente, el mensaje de Amós fue un mensaje que enjuiciaba y que denunciaba las acciones sociales y políticas injustas de los opresores y de los explotadores, dentro y fuera de Israel. Esto está sumamente claro en las palabras que Amós pronunció, de parte de Dios, delante del sacerdote Amasías: Tu mujer será ramera en medio de la ciudad, y tus hijos y tus hijas caerán a espada, y tu tierra será repartida por suertes; y tú morirás en tierra inmunda, e Israel será llevado cautivo lejos de su tierra (Am. 7.17). Sobre estas palabras de Amós, al sacerdote Amasías, vemos el terrible juicio que Dios pronuncia sobre Amasías: Tendría el dolor de ver a su esposa violada por los asirios, sus hijos muertos, sus posesiones repartidas, y él mismo llevado al exilio. Juntos, templo y sacerdote y todo lo que simbolizaban, serían arrastrados a la ruina juntamente con la nación impía. Eran parte integral del «orden establecido» y correrían la misma suerte que éste .Años después, cuando Asiria derrotó al reino de Israel y capturó su capital Samaria entre los años 722-721 a.C. (Padilla 1993:23), se cumplirían las palabras del profeta Amós. Así, las palabras de justicia y de juicio del profeta de Tecoa, no demoraron mucho tiempo, ya que, finalmente, Dios castigó duramente a Israel que conoció la traumática experiencia del exilio. Amós no claudicó, entonces, del encargo que había recibido de parte de Dios. No cedió ni un milímetro cuando rondaba sobre él el peligro de muerte. No aprovechó las «condiciones objetivas favorables» para venderse al poder de turno. No amordazó la palabra de Dios. No se amoldó al status quo ni se convirtió en un «legitimador» religioso de las acciones sociales y políticas de los explotadores y de los opresores. Amós apostó por el Dios de la justicia y sacó la cara por los pobres de la tierra. ¿No es ésta la ruta por la que tenemos que transitar también nosotros?
Portavoces de lo Eterno: Lati2 de Amós V parte
En segundo lugar, el sacerdote Amasías, había captado tanto la textura como las implicaciones sociales y políticas que tenía el mensaje profético de Amós. Un mensaje que, según su opinión particular, atentaba contra la «seguridad nacional», contra la seguridad y estabilidad de la institución . Pero se trataba, indudablemente, de una lectura política sesgada –desde su posición privilegiada en la estructura social y política del Israel– del mensaje del profeta. Una lectura que lo condujo a acusar a Amós del delito de conspiración, de no adecuarse al discurso de la institución . De acuerdo al texto bíblico, estas fueron las palabras de Amasías: Porque así ha dicho Amós: Jeroboam morirá a espada, e Israel será llevado de su tierra en cautiverio (Am. 7.11). Sobre esta acusación del sacerdote Amasías, en contra del profeta Amós, se lo acusa de conspiración (es decir, se arrojan sospechas sobre su lealtad, ¡táctica predilecta de aquellos que quieren desacreditar a alguien aunque saben que los meros hechos en su sentido más claro no los acompañan!); se tuercen sus palabras para significar lo que en realidad no dijo. Así fue en efecto. Ya que en el texto bíblico no aparece ningún indicio de que Amós estuviera conspirando. Lo que sí se observa en el texto bíblico es que Amós, como vocero de la justicia de Dios, proclamó públicamente que Dios había decretado su juicio inminente sobre la casa de Jeroboam II y sobre Israel. Amasías, sin embargo, acomodó las palabras de Amós a sus intereses políticos y religiosos. Una práctica que con mucha frecuencia acompaña el derrotero político de aquellos que defienden el status quo y que anteponen sus intereses personales a los intereses de los que sufren las consecuencias de la injusticia «legalizada». El sacerdote Amasías utilizó, entonces, un recurso político bastante habitual en los pasillos del poder, cuando se quiere desprestigiar o anular al oponente potencial o real. En realidad, parece que lo que Amasías buscaba era, además de cuidar su propio espacio en el escenario público y en el epicentro del poder, desprestigiar ante la autoridad política al profeta Amós a quien veía como un personaje público sumamente peligroso para su proyecto personal de seguir siendo el único vocero religioso autorizado ante las autoridades políticas. ¿No ocurre lo mismo en este tiempo? Les dejo para que respondan en la intimidad.
Portavoces de lo Eterno: Lati2 de Amós IV parte
Comenzaré por el modelo de ministerio de Amasías: El operador político-religioso del status quo . En la figura del sacerdote Amasáis, el «capellán» del rey , se puede notar hasta que punto la religión se puede convertir en un instrumento político de la Institución y en qué sentido los religiosos pueden funcionar y actuar como una suerte de «alcahuetes» o como «sobones» de las autoridades políticas. Las acciones públicas de este personaje indican que la religión oficial de ese tiempo, uno de sus cuyos santuarios era Bet-el, estaba subordinada al poder político, a quien le convenía tener un «dios» títere del Estado, sujeto a los designios de las autoridades temporales y legitimador de sus acciones políticas. ¿Qué características marcaban la actuación pública del sacerdote Amasías? En primer lugar, del texto se deduce que como sacerdote de Bet-el, el santuario real o la catedral nacional del reino del Norte , Amasías tuvo que haber sido un personaje público de mucha influencia en Israel. Un personaje acostumbrado a codearse con lo más graneado de la sociedad de su tiempo, habituado a transitar en los pasillos del poder, y con acceso directo al rey Jeroboam II. Esto explica por qué, como se señala en el texto, envió a decir a Jeroboam rey de Israel: Amós se ha levantado contra ti en medio de la casa de Israel; la tierra no puede sufrir todas sus palabras (Am. 7.10). Esto demuestra que siempre hay alguien que le refiere al “poderoso” lo que está diciendo el profeta en los pasillos. El sacerdote Amasías, valiéndose de las relaciones y de los contactos que tenía en los niveles más altos del poder político, le comunicó al rey Jeroboam II del peligro que significaba dejar que Amós siguiera proclamando públicamente el juicio inminente de Dios sobre la casa real y sobre Israel: Entonces el sacerdote Amasías de Bet-el envió a decir a Jeroboam rey de Israel: Amós se ha levantado contra ti en medio de la casa de Israel… (Am. 7.1). ¿Qué pretendía Amasías? Aunque en el texto bíblico no se precisa cuales fueron las intenciones de Amasías, sin embargo, se puede deducir que él esperaba que el rey tomara alguna acción política en contra de Amós, como amenazarle, silenciarle, deportarle o simplemente comprarle. Sin embargo, como aparentemente el rey Jeroboam II no hizo nada o no reaccionó en contra del profeta Amós , Amasías tomó la iniciativa, ordenando a Amós que se fuera a otro lugar (huye a tierra de Judá), y que se gane allí la vida profetizando (come allá tu pan). Fue esa una manera directa de pretender silenciar al profeta y de intentar deportarlo, para que no siguiera incomodando con su mensaje a los que oprimían y explotaban a los pobres y a los desvalidos. Como en este caso, también en este tiempo, se pueden encontrar a personajes como el sacerdote Amasías, cuyo acceso a los niveles altos del poder les permite, además de disfrutar de ciertos beneficios materiales temporales, desacreditar a aquellos que no encajan en sus preferencias políticas o que –desde su punto de vista– son sus eventuales competidores en el terreno de las relaciones casi siempre cambiantes entre la religión y el Estado. Estos personajes acostumbrados a ser las únicas «figuras estelares» en la escena pública o los únicos «voceros autorizados» de Dios ante las autoridades políticas, casi siempre «mueven» sus contactos, para continuar siendo los únicos nexos entre el mundo religioso y los que detentan el poder político. Aunque para ello se tenga que desacreditar, acusar, silenciar o desaparecer de la escena pública, a las figuras religiosas que les resultan demasiado incómodas, porque atentan contra sus intereses personales.
Sorprendido por el poder de Dios: Cristo en la sinagoga de ellos
Estaba leyendo acerca de Lucas 4:14-30 sobre el primer mensaje de Jesús y me preguntaba porque un servicio religioso y una casa de Dios se convierte en enemiga de Jesús, hasta el punto de que lo quieren matar? Porque la casa de Dios se vuelve hostil hacia Jesús. Hablaba con un amigo pastor y lo oía decir que la iglesia es el lugar de sus más grandes frustraciones y decepciones. ¿Cómo lidió Jesús con el rechazo de su propia casa? Como se puede pasar de “todos daban buen testimonio de él y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca” a “al oír estas cosas, todos en la sinagoga se llenaron de ira… y le echaron fuera de la ciudad y le llevaron a la cumbre para despeñarle.. ¿Cómo se puede pasar de la admiración al odio? En varias oportunidades los narradores del evangelio dicen la siguiente expresión “en la sinagoga de ellos”. Como dije anteriormente al principio del proyecto de Dios, no hay registro de que el plan original de Dios incluyera algo como la sinagoga. ¿De donde vino esta forma de reunirse? El término simplemente denotaba el hecho de un grupo de gente congregado (synagoge), pero luego se designó a un edificio y se le llamo “sinagoga”. Según el diccionario significa originalmente tanto de la comunidad en cuanto reunida (Ex. 16:1, Hechos 13:4) como a la comunidad o congregación en sí (Hechos 9:2), en tiempo posterior se llama sinagoga al edificio en que los judíos celebraban el culto. Sin embargo Jesús iba a la sinagoga de ellos. La iglesia de hoy pasa por los mismos síntomas. El pasaje de Lucas 4:14-30 nos revela como era la sinagoga de ellos y como reaccionaban ante un Jesús, que llega a desafiar su sinagoga. Deseo empezar examinando las condiciones de la Sinagoga de ellos. Quiero usar las frases del texto para sacar algunos principios. La primera frase es: “Nazareth donde se había criado”, esto refleja que era un Jesús rutinario, aquí vemos un problema, es el problema de la familiaridad vrs. La intimidad. Esto significa que Jesús era conocido en ese lugar. Lo habían visto crecer, jugar y nunca lo habían visto más allá de ese Cristo familiar de su barrio. Esta gente estaba acostumbrada a Jesús. El que sepa de Dios, lo conozca no necesariamente tengo una intimidad con él. Creo que Jesús es familiar en nuestras asambleas, pero no íntimo. La gente sabe de él, ha oído de él, pero no viven con él. De allí el resultado del poco compromiso en nuestras reuniones. Una segunda frase que se desprende del pasaje es “entró en la sinagoga conforme a su costumbre” Es decir es un Cristo presente pero no relevante, aquí vemos la paradoja de la costumbre vrs. Convicción. La palabra describe a un Jesús que asistía puntualmente a la sinagoga, es decir el no dejaba de asistir por ningún motivo. La sinagoga no tiene sus raíces en ningún proyecto de Dios, fue una estrategia humana ante la necesidad de congregarse, debido a que estaban en cautiverio y opresión y estaban lejos del templo. La sinagoga tenía todo un ritual se reunían para leer la Escritura, exponer la Escritura y citar la Escritura. Esto se parece a lo que hacemos actualmente. Al pensar en esto, saltó a mi mente una pregunta: ¿será posible que la forma en que nos reunimos hoy, sea un proyecto humano, y no de Dios, y que a pesar de eso Jesús visita “la iglesia de nosotros”? Nazareth era el lugar donde Jesús se había destacado. La gente ya lo conocía, quizás como un líder o un rabí. El hecho es que le dio la oportunidad de leer la Escritura, eso significaba que de alguna manera Jesús tenía influencia. No hay duda que dejamos que Jesús participe de nuestras asambleas, pero el control lo tenemos nosotros. Sino dígame de dónde salieron los programas del cultor por la mañana? Sólo dejamos 45 minutos para que la Palabra de Jesús pueda ser escuchada en nuestras asambleas, una vez termina el tiempo, le decimos: “hasta aquí Jesús, tenemos un programa que respetar”. Una tercera frase es “los ojos estaban fijos en él” esta frase nos habla que hay una gran diferencia entre escuchar y entender. La experiencia ahora es que Jesús ha terminado y la gente estaba esperando, quizás que explicara el texto de Isaías como cualquier profeta o rabí lo explicaría. Al principio tiene toda la atención y la admiración para El, por lo que la gente está diciendo. La gente estaba escuchando, pero no hay entendimiento de los que está pasando. Jesús nos rompe nuestros hábitos, no hará lo que nuestros criterios desean, sino lo que el desee hacer. Luego una cuarta frase que me gustaría enfatizar es “Y todos daban buen testimonio…y estaban maravillados…y decían” Aquí encontramos la paradoja del discurso vrs testimonio. La dinámica de este culto fue que cada uno de ellos decían cosas buenas y bonitas declaraciones. Se sienten bien y hablan bien. El culto está reducido a decir cosas bonitas y a sentir cosas bonitas. Pero a la hora de expresarse, no pasan más allá de un asombro emocional de Jesús. Decían: “no es este el hijo de José. Esta es su percepción y su visión de un Cristo reducido. No pueden sacarlo de su percepción humana reducida. Así que entonces la “la sinagoga de ellos” era un lugar donde pasaban cosas religiosas pero no tenían una experiencia íntima y fresca de Jesús, a pesar de tener su presencia no le daban el lugar que le correspondía como dueño de la sinagoga. Y tenían una cosmovisión de un Cristo reducido a sus esquemas y percepciones humanas religiosas. ¿Cómo desafiará Jesús esta situación? Lo plantearé en la próxima entrega.
Sorprendido por el poder de Dios: La sinagoga de ellos VI parte
Finalmente, la última evidencia que veo que respalda la idea que vivimos una generación de la “sinagoga de ellos” y que era la más parecida al tiempo de Jesús es el énfasis en el legalismo en lugar de la gracia de Dios. Lucas 15:1 dice que los pecadores y los publicanos venían a escuchar a Jesús. Aquellos que eran lo peor de lo peor en los tiempos de Jesús, se sentían atraídos por él. Cristo es atrayente e irresistible. Me pregunto por qué “lo peor de lo peor” de nuestras comunidades no se sienten atraídos a escuchar de él en nuestras iglesias. Quizá sea porque nos hemos vuelto una especie de fariseos modernos que rechazamos con nuestras palabras, acciones y actitudes a los que se sentirían atraídos por las buenas noticias del evangelio. De muchas maneras hemos sustituido el mensaje de la gracia de Dios en Cristo por un mensaje humano, lleno de requisitos y reglas para que Dios nos acepte. Esta tendencia se ve reflejada de varias maneras. Por ejemplo, en las diversas reglas que implantamos para tener acceso a las instalaciones. En algunos lugares se ponen letreros que indican qué tipo de ropa usar, qué tan largo debe estar el cabello o quiénes no son bienvenidos a las reuniones. Las canchas deportivas de nuestras iglesias sólo pueden ser usadas por personas “dignas” de la santidad del lugar. Todas estas actitudes farisaicas ahuyentan a los necesitados espiritualmente. La tendencia también se refleja en la enseñanza y la predicación sistemática de nuestras iglesias. Muchas predicaciones se reducen a una serie de reglas que tenemos que cumplir para ser aceptados por Dios. Aunque predicamos la salvación por gracia, con nuestros mensajes cotidianos, pareciera que la gracia es algo que uno se gana a base de esfuerzo. En vez de eso, debemos predicar el evangelio de la gracia de Dios que dice que somos peores de lo que pensamos, pero que Dios nos ama en Cristo más de lo que imaginamos. Por su gracia somos salvos y vivimos cada instante la vida cristiana. No obedecemos para ser hijos, sino porque Dios ya nos ha aceptado en Cristo como hijos es que deseamos agradar ahora a nuestro Padre. Cuando la gracia es predicada y vivida en una iglesia, los pecadores comienzan a acercarse porque escuchan las buenas noticias. La gente empieza a comprender que no necesita arreglar primero su vida para poder acercase a Dios, sino que puede venir tal y como está, pues Dios nos ama tanto que nos recibe como estamos para transformarnos, por gracia, a la imagen de su hijo Jesucristo. He allí algunas evidencias de que al igual al tiempo de Jesús vivimos una época de “la sinagoga de ellos”. Habrán más y quizás muchos no estarán de acuerdo con ellas o conmigo. Sin embargo, no podemos cerrarnos ante el hecho de que algo pasa con nuestra iglesia. ¿Cómo podemos enfrentarnos a este tipo de sistema? ¿Cómo lo hizo Jesús? Essa será mi siguiente meta, reflexionar en la forma en que Cristo deafío la “sinagoga de ellos”. Por favor, escriban sus comentarios, necesito escuchar retroalimentacion, no dejen de hacerlo. Tomen tiempo para cuestionar, apoyar o aún criticar estos pensamientos. Bendiciones!
Sorprendido por el poder de Dios: La sinagoga de ellos V parte
Una séptima evidencia, es el énfasis en la tradición y no en la relevancia o el legado.
Para muchos evangélicos es de suma importancia conservar la tradición ministerial recibida del pasado. De acuerdo con esta mentalidad, lo que se ha hecho en el pasado se vuelve la norma para definir lo que se puede o debe hacer en el ministerio presente. El tiempo y la repetición van dejando la idea de que las prácticas ministeriales tradicionales son necesariamente la única manera aprobada por Dios para realizar el trabajo de la Iglesia. Toda propuesta que atente contra la tradición ministerial del pasado es considerada liberal, peligrosa y fuera del orden evangélico. No cabe duda que la tradición es importante porque nos conecta con los santos del pasado, provee el sentido histórico de nuestra identidad y es un freno amigable para nuestras tendencias extremosas. Sin embargo, la tradición simplemente es unamanera en la que la Iglesia ministró en un contexto cultural particular, en cierta época de la historia, atendiendo necesidades y personas específicas. No necesariamente es laúnica manera endosada por Dios para el ministerio. Por lo tanto, es necesario considerar el contexto cultural, social, político y religioso en el que ministramos para determinar cómo la herencia del pasado nos ayuda o nos distrae para servir en las circunstancias actuales. No se trata de rechazar del todo la tradición, sino evaluarla y ajustarla al entorno presente para poder ser relevantes en nuestra cultura. Cómo seremos relevantes con nuestro ministerio femenil, por ejemplo, en una cultura urbana donde las mujeres forman parte activa de la fuerza laboral y tienen horarios tan variados. Cómo alcanzaremos con el evangelio a una juventud que está creciendo en la era del ciberespacio y multimedia. Cómo ministraremos en una época en la que la familia compuesta por papá, mamá e hijos es una especie en extinción. Cómo seremos relevantes a estas nuevas condiciones de ministerio. La tradición es muy buena, pero nunca olvidemos que somos llamados a ministrar relevantemente en un contexto diferente. Los propósitos bíblicos para el ministerio nunca cambian, no obstante, las estrategias específicas para lograrlos pueden variar de cultura en cultura, de lugar en lugar y de época en época. Una evidencia más de la “sinagoga de ellos” es tendencia al trabajo individualista que al trabajo en equipo. Así como lo oye,
Estamos muy acostumbrados a trabajar individualmente en vez de buscar un equipo de trabajo. Con esto, ignoramos el hecho de que Dios provee a cada iglesia de las personas con los dones necesarios para realizar el ministerio. Las áreas de debilidad en el ministerio de una persona son las áreas de fortaleza de otra. Dios distribuyo así los dones en el cuerpo para que formemos equipo y funcionemos coordinadamente para cumplir nuestro propósito. Es triste ver a personas en la iglesia, inclusive pastores, que quieren hacerlo todo en el ministerio. Ven a los demás como competencia en vez de complemento. Acaparan las posiciones, retienen el control, desplazan a los demás y no entrenan a otros para reemplazarse. Cuando hay dos o más pastores en una iglesia, establecen una jerarquía en vez de trabajar como equipo pastoral. Comienzan los celos y las envidias que acaban por fraccionar a la Iglesia local. Esto tiene que cambiar. Debemos rodearnos de las personas que tengan los dones para ciertas áreas del ministerio, que nosotros carezcamos, para formar equipo con ellas. Debemos dar el lugar a las personas con los dones y no ser de estorbo para el desarrollo de su ministerio, sino de apoyo para que florezcan aun más. Nuestro propósito debe ser llegar a dedicarnos sólo a aquello que nadie pueda hacer mejor que nosotros en el cumplimiento del propósito del cuerpo funcionando como equipo. Por otro lado una evidencia más es tendencia al trabajo por puestos y no por dones.
Solemos escoger personas para puestos en el ministerio sin considerar si Dios los ha dotado con lo que necesitan para desempeñar ese cargo. Esta forma de trabajar lo que produce son resultados mediocres, personas frustradas y un ministerio rezagado. La pregunta clave para elegir personas para los puestos es ¿A quién ha dotado Dios en esta comunidad para desempeñar este cargo?
En vez de elegir a las personas para los puestos usando criterios como la popularidad, la facilidad de palabra, el nivel académico o la relación familiar, deberíamos hacer un análisis concienzudo de los dones repartidos en la iglesia para elegir sabiamente. Las personas que trabajan dentro de sus dones son personas eficaces, productivas y llenas de gozo en su cargo ministerial. En algunos casos trabajar por dones en vez de por cargos implica reconocer que quizá tengo el cargo o el puesto pero que no necesariamente tengo los dones. Por lo tanto, debo rodearme de los que tienen los dones para ese ministerio. Lo importante no es que yo destaque, sino que el ministerio avance. Cuando permito que los que tienen los dones trabajen libremente, bajo mi responsabilidad, la iglesia avanza y el ministerio se realiza.
Solemos escoger personas para puestos en el ministerio sin considerar si Dios los ha dotado con lo que necesitan para desempeñar ese cargo. Esta forma de trabajar lo que produce son resultados mediocres, personas frustradas y un ministerio rezagado. La pregunta clave para elegir personas para los puestos es ¿A quién ha dotado Dios en esta comunidad para desempeñar este cargo?
En vez de elegir a las personas para los puestos usando criterios como la popularidad, la facilidad de palabra, el nivel académico o la relación familiar, deberíamos hacer un análisis concienzudo de los dones repartidos en la iglesia para elegir sabiamente. Las personas que trabajan dentro de sus dones son personas eficaces, productivas y llenas de gozo en su cargo ministerial. En algunos casos trabajar por dones en vez de por cargos implica reconocer que quizá tengo el cargo o el puesto pero que no necesariamente tengo los dones. Por lo tanto, debo rodearme de los que tienen los dones para ese ministerio. Lo importante no es que yo destaque, sino que el ministerio avance. Cuando permito que los que tienen los dones trabajen libremente, bajo mi responsabilidad, la iglesia avanza y el ministerio se realiza.
Solemos escoger personas para puestos en el ministerio sin considerar si Dios los ha dotado con lo que necesitan para desempeñar ese cargo. Esta forma de trabajar lo que produce son resultados mediocres, personas frustradas y un ministerio rezagado. La pregunta clave para elegir personas para los puestos es ¿A quién ha dotado Dios en esta comunidad para desempeñar este cargo?
En vez de elegir a las personas para los puestos usando criterios como la popularidad, la facilidad de palabra, el nivel académico o la relación familiar, deberíamos hacer un análisis concienzudo de los dones repartidos en la iglesia para elegir sabiamente. Las personas que trabajan dentro de sus dones son personas eficaces, productivas y llenas de gozo en su cargo ministerial. En algunos casos trabajar por dones en vez de por cargos implica reconocer que quizá tengo el cargo o el puesto pero que no necesariamente tengo los dones. Por lo tanto, debo rodearme de los que tienen los dones para ese ministerio. Lo importante no es que yo destaque, sino que el ministerio avance. Cuando permito que los que tienen los dones trabajen libremente, bajo mi responsabilidad, la iglesia avanza y el ministerio se realiza.
Sorprendido por el poder de Dios: La sinagoga de ellos IV
La tendencia mundial hoy es simplificar los sistemas operativos y organizacionales. Leí recientemente un libro “How to make big things with small teams” (Como hacer grandes cosas con equipos pequeños). Su tésis es “mientras más sencillo eres más efectivo te conviertes”. Parece que la iglesia no ha escuchado este llamado en su forma de ser y hacer. La quinta evidencia que es la” sinagoga de ellos” es que la iglesia evangélica latinaomericana tiene la tendencia a la complejidad en lugar de la sencillez.Tal parece que intencionalmente complicamos las cosas. Aunque a veces hay buenos caminos que simplificarían ciertos trámites dentro de la iglesia, tenemos la tendencia a complicarlos. Cartas con doble copia, llenar dos formularios, esperar meses para obtener la respuesta a una petición, rechazo de buenos proyectos por causa de fallas en tecnicismos y detalles insignificantes, son algunas de las prácticas comunes que en nombre del “orden” complican el ministerio de la Iglesia. Las reuniones de algunos cuerpos de gobierno eclesiástico duran horas y horas porque tienen que tomar decisiones sobre cada asunto de la Iglesia. Asuntos como el uso de las instalaciones, el color de la nueva pintura para el edificio, el uso del mobiliario o los utensilios de la cocina, bien podrían ser atendidos por personas autorizadas y habilitadas por el mismo cuerpo. Esto dejaría tiempo valioso para discutir asuntos trascendentales como la dirección y la estrategia de la Iglesia para desarrollar el ministerio. Por supuesto que el orden es necesario, pero el orden debe facilitar la vida, no complicarla. Debemos establecer procesos de orden que avancen el ministerio, que hagan ágil el desarrollo de los proyectos que nos lleven a cumplir nuestro propósito como iglesia. Una sexta evidencia de la sinagoga de ellos” es la tendencia a la disgregación y no a la coordinación. La mayoría de las iglesias evangélicas trabajan bastante. Los diferentes ministerios y organizaciones siempre están programando eventos, cursos, retiros y todo tipo de actividades que llenan el calendario de la iglesia. Lamentablemente, la mayor parte de estos esfuerzos están disgregados en vez de coordinados. Cada organización, ministerio y grupo tiende a seguir su propio propósito, estrategia y gane. El resultado es que tenemos sistemas que compiten unos contra otros por recursos económicos y humanos. En vez de coordinar los esfuerzos hacia una meta en común, nuestras iglesias tienden a disgregarlos en varias direcciones. En muchas iglesias evangélicas cada ministerio y organización se convierte en una “isla”. Reclutan personal, recaudan sus propios recursos económicos, se plantean metas y estrategias particulares, y establecen una especie de membresía para pertenecer al grupo. En fin, se comportan como una iglesia dentro de la iglesia. En este arreglo, cada quién “atiende su juego”, busca la consecución de sus metas, compite por los recursos humanos y económicos, y disgrega los esfuerzos que bien podrían estar coordinados para lograr un objetivo en común. La Iglesia, en su conjunto, no camina en la misma dirección. Comúnmente, la Escuela Dominical tiene sus propios directivos y propósitos. Existen clases para todas las edades. Pero nunca se nos ha ocurrido trabajar el currículum, los propósitos, la estrategia y demás elementos educativos en coordinación con los otros ministerios y organizaciones que atienden a esos grupos de edades. Por ejemplo, los que ministran a los jóvenes que asisten al ministerio juvenil podrían conjugar esfuerzos con los que ministran a los jóvenes que asisten a la Escuela Dominical con el propósito de avanzar en la misma dirección. De esta manera, en vez de competir o duplicar esfuerzos, estarían cooperando para discipular a la juventud presbiteriana. Lo mismo puede aplicarse al ministerio infantil, femenil, varonil y cualquier otro esfuerzo por alcanzar y edificar al cuerpo de Cristo. Necesitamos dejar de estar aislados en el ministerio y comenzar a conectar los esfuerzos para avanzar en la misma dirección coordinación.