Vasija que impiden que se vea la luz del evangelio

Quién, sino la novia de Cristo, podrá señalar al que es el camino, la verdad y la vida? ¿Quién sino su iglesia para marcar la senda…? Ante esto, es menester identificar cuáles son las vasijas que más han impedido que la luz del Señor brille con la intensidad debida. Rompamos juntos, de una vez, estas vasijas «para que alumbre nuestra luz… »  No cabe duda de que nadie, absolutamente nadie, enciende una lámpara para luego colocarla debajo de una vasija (Mt 5.15). De hecho, si fuéramos testigos de una acción como esta, no vacilaríamos en calificar de ridícula a la persona que la realiza. No obstante lo disparatado del procedimiento, no deja de ser una buena descripción de lo que ha sido la historia del pueblo de Dios. Una y otra vez hemos escondido nuestra luz debajo de una vasija.  Usted probablemente sentirá, al igual que yo, que ya es hora de despedazar las vasijas que no permiten que se vea la luz de Cristo en nuestras vidas. Un mundo donde la confusión es cada vez más acentuada pide a gritos que alguien se levante y diga, con convicción: «Este es el camino, anden en él, ya sea que vayan a la derecha o a la izquierda» (Is 30.21 – NBLH). Ni por un instante debemos dudar que esa voz, clara e insistente, debe ser la de la Iglesia. ¿Quién, sino la novia de Cristo, podrá señalar al que es el camino, la verdad y la vida? Ante esto, es menester identificar cuáles son las vasijas que más han impedido que la luz del Señor brille con la intensidad debida. Quisiera sugerir que la primera vasija que esconde nuestra luz es la de la indiferencia. La mayor razón por la cual no estamos comprometidos con las misiones no es la dificultad de llegar al campo, ni la resistencia de los pueblos al evangelio, ni tampoco la falta de recursos para movilizar a más personas. El mayor obstáculo a una actitud de compasión hacia los que están en tinieblas es nuestra propia apatía. En más de una congregación existe un total desinterés por tocar la vida de aquellos cuyo destino eterno es la muerte. Se ha instalado en nosotros el mismo espíritu de Jonás, quien se ubicó sobre la colina, con una especie de perversa satisfacción, a esperar la destrucción de los ninivita. Por esto, el primer paso hacia las misiones necesariamente requiere de nuestro arrepentimiento, por el egoísmo que ha marcado nuestra vida espiritual. Una segunda vasija que ha opacado nuestra luz es la de la religiosidad, es decir, aquellas actividades que resultan cuando el hombre toma control de su propia experiencia espiritual y deja de responder a las iniciativas del Altísimo. En la religión, el ser humano siempre es el protagonista, el centro de todo. Su meta es manipular al ser divino para que este bendiga y prospere los proyectos que ha construido. Viendo de esta forma la vida, las misiones se convierten en un elaborado programa de la iglesia, fruto de nuestra propia inteligencia, pero en el plan de Dios, las misiones son la expresión de una realidad interior vivida por sus hijos. No podemos crear actividades que produzcan luz, porque no hemos recibido esa capacidad. Lo único que nos queda por hacer es dejar que la luz de Cristo brille con intensidad en nuestras vidas. Esto, por supuesto, es el resultado de caminar cerca de él y por eso el discípulo comprometido con las misiones es llamado un testigo, porque señala una realidad que trasciende su propia persona. Una tercera vasija que debemos destruir es la de la complacencia. Se ha instalado en nuestro seno una convicción dura de combatir, pues los mismos promotores de misiones tienden a perpetuarla; es la idea de que se requiere un llamado especial para involucrarse en las misiones. Como la mayoría de nosotros nunca hemos sentido un llamado a alguna nación lejana nos sentimos seguros de que no estamos en falta con nuestro Dios. La Palabra, no obstante, enseña que la iglesia toda ha sido llamada a ser testigo de «las maravillas de Aquel que nos llamó de tinieblas a luz» (1Pe 2.9–10), testificando tanto en las comunidades de Jerusalén, de Judea y de Samaria como también las que habitan lo último de la tierra. Misiones expresa un compromiso con nuestros vecinos y las tribus de las más remotas regiones del mundo.  Una cuarta vasija debajo de la cual hemos escondido nuestra luz es la de la mezquindad. Esta vasija es particularmente común en América Latina, donde seguimos convencidos de que no podemos tener plena participación en las misiones porque no tenemos los recursos necesarios para hacerlo. Al igual que todas las mentiras del enemigo, esta también se basa en una media verdad. Nosotros no tenemos los recursos, pero nuestro Padre celestial sí tiene los tesoros del universo a su disposición. La actitud que destraba las riquezas de Dios en favor de las misiones, sin embargo, es nuestra disposición para obedecerle antes de que veamos los recursos. Nunca, en la historia de la Iglesia, el Señor ha provisto primero los recursos para un proyecto misionero; más bien, la iglesia toma, por fe, el paso de comprometerse y luego Dios provee los medios.  Tal vez usted puede identificar otras vasijas que han escondido la luz del evangelio. Algunas son comunes y ordinarias; otras resultan más elaboradas, finamente decoradas con toda clase de sutiles argumentos, empleados con orgullo para defender una espiritualidad individualista y utilitaria. La verdad es que no importa qué clase de vasija hayamos escogido para esconder nuestra luz, todas cumplen la misma triste función, que es la de neutralizar el evangelio de las buenas nuevas. Mientras continúe esta situación, estamos en falta con nuestro Dios y la sociedad que nos rodea. Rompamos juntos, de una vez, estas vasijas «para que alumbre nuestra luz delante de los hombres, para que vean nuestras buenas obras y glorifiquen a nuestro Padre que está en los cielos» (MT 5.16).

Sorprendido por el poder de Dios: Cristo en la sinagoga de ellos

Estaba leyendo acerca de Lucas   4:14-30 sobre el primer mensaje de Jesús  y me preguntaba  porque un servicio religioso y una casa de Dios se convierte  en enemiga de Jesús, hasta el punto  de que lo quieren matar? Porque la casa de Dios  se vuelve hostil hacia Jesús. Hablaba con un amigo pastor  y lo oía decir  que la iglesia es el lugar  de sus más grandes frustraciones y decepciones. ¿Cómo lidió  Jesús con el rechazo de su propia casa? Como se puede pasar de “todos daban buen testimonio  de él y estaban maravillados de las palabras  de gracia  que salían de su boca” a “al oír estas cosas, todos en la sinagoga se llenaron de ira… y le echaron fuera de la ciudad y le llevaron  a la cumbre para despeñarle.. ¿Cómo se puede pasar de la admiración al odio? En varias oportunidades los narradores del evangelio dicen la siguiente expresión “en la sinagoga de ellos”. Como dije anteriormente al principio del proyecto de Dios, no hay registro  de que el plan original de Dios incluyera  algo como la sinagoga. ¿De donde vino esta forma de reunirse? El término simplemente denotaba  el hecho de un grupo  de  gente congregado  (synagoge), pero luego se designó a un edificio y se le llamo “sinagoga”. Según el diccionario  significa originalmente tanto de  la comunidad en cuanto reunida (Ex. 16:1, Hechos 13:4) como a la comunidad o congregación en sí (Hechos 9:2), en tiempo posterior  se llama sinagoga al edificio en que los judíos celebraban  el culto. Sin embargo Jesús  iba a la sinagoga de ellos. La iglesia de hoy pasa por los mismos síntomas. El pasaje de Lucas 4:14-30 nos revela como era la sinagoga de ellos y como reaccionaban ante un Jesús, que llega a desafiar su sinagoga. Deseo empezar examinando las condiciones de la Sinagoga de ellos.  Quiero usar las frases del texto para sacar algunos principios. La primera frase es: “Nazareth donde se  había criado”, esto refleja que  era un Jesús rutinario, aquí vemos un problema, es el problema de la familiaridad vrs. La intimidad. Esto significa  que Jesús era conocido en ese lugar. Lo habían visto crecer, jugar y nunca lo habían visto más allá de ese Cristo familiar de su barrio. Esta gente estaba acostumbrada a Jesús. El que sepa de Dios, lo conozca no necesariamente tengo una intimidad con él. Creo que Jesús es familiar en nuestras asambleas, pero no íntimo. La gente sabe de él, ha oído de él, pero no viven con él. De allí el resultado del poco compromiso en nuestras reuniones. Una  segunda frase que se desprende del pasaje  es “entró en la sinagoga conforme a su costumbre” Es decir es un Cristo  presente pero no relevante, aquí vemos la paradoja de la  costumbre vrs. Convicción. La palabra describe  a un Jesús que asistía  puntualmente  a la sinagoga, es decir el no dejaba de asistir por ningún motivo.  La sinagoga  no tiene sus raíces  en ningún proyecto de Dios, fue una estrategia  humana ante la necesidad de congregarse, debido a que estaban en cautiverio y opresión y estaban lejos del templo. La sinagoga tenía todo un ritual  se reunían para leer la Escritura, exponer la Escritura y citar la Escritura. Esto se parece a lo que hacemos actualmente. Al pensar en esto, saltó a mi mente una pregunta: ¿será posible que la forma en que nos reunimos hoy,  sea un proyecto humano, y no de Dios, y que a pesar de eso Jesús visita “la iglesia de nosotros”? Nazareth  era el lugar donde Jesús se había destacado. La gente ya lo conocía, quizás como un líder o un rabí. El hecho es que le dio la oportunidad de leer la Escritura, eso significaba que de alguna manera Jesús tenía influencia. No hay duda que dejamos que Jesús participe de nuestras asambleas,  pero el control lo tenemos nosotros. Sino dígame de dónde salieron los programas del cultor por la mañana? Sólo dejamos 45 minutos para que la Palabra de Jesús pueda ser escuchada en nuestras asambleas, una vez termina el tiempo, le decimos: “hasta aquí Jesús, tenemos un programa que respetar”.  Una tercera frase es “los ojos estaban fijos en él” esta frase  nos habla que hay una gran diferencia entre escuchar y entender. La experiencia ahora es que Jesús  ha terminado y la gente estaba esperando, quizás  que explicara el texto de Isaías como cualquier profeta o rabí lo explicaría. Al principio tiene toda la atención y la admiración para El, por lo que la gente está diciendo. La gente estaba escuchando, pero no hay entendimiento  de los que está pasando. Jesús nos rompe nuestros hábitos, no hará lo que nuestros criterios desean, sino lo que el desee hacer.  Luego una cuarta frase  que me gustaría enfatizar es “Y todos daban buen testimonio…y estaban maravillados…y decían” Aquí encontramos  la paradoja del discurso vrs testimonio. La dinámica  de este culto fue que cada uno de ellos decían cosas buenas  y bonitas declaraciones. Se sienten bien  y hablan bien. El culto está reducido a decir cosas bonitas y a sentir cosas bonitas. Pero a la hora de expresarse, no pasan más allá de un asombro emocional de Jesús. Decían: “no es este el hijo de José. Esta es su percepción  y su visión de un Cristo reducido. No pueden sacarlo de su percepción humana reducida. Así que entonces la “la sinagoga de ellos” era un lugar donde pasaban cosas religiosas pero no tenían una experiencia íntima y fresca de Jesús, a pesar de tener su presencia no le daban el lugar que le correspondía como dueño de la sinagoga. Y tenían una cosmovisión de un Cristo reducido a sus esquemas y percepciones humanas religiosas. ¿Cómo desafiará Jesús esta situación? Lo plantearé en la próxima entrega.

Sorprendido por el poder de Dios: La sinagoga de ellos VI parte

Finalmente, la última evidencia que veo que respalda la idea que vivimos una generación de la “sinagoga de ellos” y que era la más parecida al tiempo de Jesús es el énfasis en el legalismo en lugar de la gracia de Dios. Lucas 15:1 dice que los pecadores y los publicanos venían a escuchar a Jesús.  Aquellos que eran lo peor de lo peor en los tiempos de Jesús, se sentían atraídos por él.  Cristo es atrayente e irresistible. Me pregunto por qué “lo peor de lo peor” de nuestras comunidades no se sienten atraídos a escuchar de él en nuestras iglesias.  Quizá sea porque nos hemos vuelto una especie de fariseos modernos que rechazamos con nuestras palabras, acciones y actitudes a los que se sentirían atraídos por las buenas noticias del evangelio. De muchas maneras hemos sustituido el mensaje de la gracia de Dios en Cristo por un mensaje humano, lleno de requisitos y reglas para que Dios nos acepte. Esta tendencia se ve reflejada de varias maneras. Por ejemplo, en las diversas reglas que implantamos para tener acceso a las instalaciones.  En algunos lugares se ponen letreros que indican qué tipo de ropa usar, qué tan largo debe estar el cabello o quiénes no son bienvenidos a las reuniones.  Las canchas deportivas de nuestras iglesias sólo pueden ser usadas por personas “dignas” de la santidad del lugar.  Todas estas actitudes farisaicas ahuyentan a los necesitados espiritualmente.   La tendencia también se refleja en la enseñanza y la predicación sistemática de nuestras iglesias. Muchas predicaciones se reducen a una serie de reglas que tenemos que cumplir para ser aceptados por Dios. Aunque predicamos la salvación por gracia, con nuestros mensajes cotidianos, pareciera que la gracia es algo que uno se gana a base de esfuerzo.  En vez de eso, debemos predicar el evangelio de la gracia de Dios que dice que somos peores de lo que pensamos, pero que Dios nos ama en Cristo más de lo que imaginamos.  Por su gracia somos salvos y vivimos cada instante la vida cristiana.  No obedecemos para ser hijos, sino porque Dios ya nos ha aceptado en Cristo como hijos es que deseamos agradar ahora a nuestro Padre. Cuando la gracia es predicada y vivida en una iglesia, los pecadores comienzan a acercarse porque escuchan las buenas noticias.  La gente empieza a comprender que no necesita arreglar primero su vida para poder acercase a Dios, sino que puede venir tal y como está, pues Dios nos ama tanto que nos recibe como estamos para transformarnos, por gracia, a la imagen de su hijo Jesucristo. He allí algunas evidencias de que al igual al tiempo de Jesús vivimos una época de “la sinagoga de ellos”. Habrán más y quizás muchos no estarán de acuerdo con ellas o conmigo. Sin embargo, no podemos cerrarnos ante el hecho de que algo pasa con nuestra iglesia. ¿Cómo podemos enfrentarnos a este tipo de sistema? ¿Cómo lo hizo Jesús? Essa será mi siguiente meta, reflexionar en la forma en que Cristo deafío la “sinagoga de ellos”. Por favor, escriban sus comentarios, necesito escuchar retroalimentacion, no dejen de hacerlo. Tomen tiempo para cuestionar, apoyar o aún criticar estos pensamientos. Bendiciones!

Sorprendido por el poder de Dios: La sinagoga de ellos IV

La tendencia mundial hoy es simplificar los sistemas operativos y organizacionales. Leí recientemente un libro “How to make big things with small teams” (Como hacer grandes cosas con equipos pequeños). Su tésis es “mientras más sencillo eres más efectivo te conviertes”. Parece que la iglesia no ha escuchado este llamado en su forma de ser y hacer. La quinta evidencia que es la” sinagoga de ellos” es que la iglesia evangélica latinaomericana tiene la tendencia a la complejidad en lugar de la sencillez.Tal parece que intencionalmente complicamos las cosas.  Aunque a veces hay buenos caminos que simplificarían ciertos trámites dentro de la iglesia, tenemos la tendencia a complicarlos.  Cartas con doble copia, llenar dos formularios, esperar meses para obtener la respuesta a una petición, rechazo de buenos proyectos por causa de fallas en tecnicismos y detalles insignificantes, son algunas de las prácticas comunes que en nombre del “orden” complican el ministerio de la Iglesia.   Las reuniones de algunos cuerpos de gobierno eclesiástico duran horas y horas porque tienen que tomar decisiones sobre cada asunto de la Iglesia.  Asuntos como el uso de las instalaciones, el color de la nueva pintura para el edificio, el uso del mobiliario o los utensilios de la cocina, bien podrían ser atendidos por personas autorizadas y habilitadas por el mismo cuerpo. Esto dejaría tiempo valioso para discutir asuntos trascendentales como la dirección y la estrategia de la Iglesia para desarrollar el ministerio.   Por supuesto que el orden es necesario, pero el orden debe facilitar la vida, no complicarla.  Debemos establecer procesos de orden que avancen el ministerio, que hagan ágil el desarrollo de los proyectos que nos lleven a cumplir nuestro propósito como iglesia.    Una sexta evidencia de la sinagoga de ellos” es la tendencia a la disgregación y no a la coordinación.  La mayoría de las iglesias evangélicas trabajan bastante.  Los diferentes ministerios y organizaciones siempre están programando eventos, cursos, retiros y todo tipo de actividades que llenan el calendario de la iglesia. Lamentablemente, la mayor parte de estos esfuerzos están disgregados en vez de coordinados. Cada organización, ministerio y grupo tiende a seguir su propio propósito, estrategia y gane. El resultado es que tenemos sistemas que compiten unos contra otros por recursos económicos y humanos.  En vez de coordinar los esfuerzos hacia una meta en común, nuestras iglesias tienden a disgregarlos en varias direcciones. En muchas iglesias evangélicas cada ministerio y organización se convierte en una “isla”.  Reclutan personal, recaudan sus propios recursos económicos, se plantean metas y estrategias particulares, y establecen una especie de membresía para pertenecer al grupo. En fin, se comportan como una iglesia dentro de la iglesia.  En este arreglo, cada quién “atiende su juego”, busca la consecución de sus metas, compite por los recursos humanos y económicos, y disgrega los esfuerzos que bien podrían estar coordinados para lograr un objetivo en común. La Iglesia, en su conjunto, no camina en la misma dirección. Comúnmente, la Escuela Dominical tiene sus propios directivos y propósitos.  Existen clases para todas las edades.  Pero nunca se nos ha ocurrido trabajar el currículum, los propósitos, la estrategia y demás elementos educativos en coordinación con los otros ministerios y organizaciones que atienden a esos grupos de edades.  Por ejemplo, los que ministran a los jóvenes que asisten al ministerio juvenil podrían conjugar esfuerzos con los que ministran a los jóvenes que asisten a la Escuela Dominical con el propósito de avanzar en la misma dirección.  De esta manera, en vez de competir o duplicar esfuerzos, estarían cooperando para discipular a la juventud presbiteriana. Lo mismo puede aplicarse al ministerio infantil, femenil, varonil y cualquier otro esfuerzo por alcanzar y edificar al cuerpo de Cristo.  Necesitamos dejar de estar aislados en el ministerio y comenzar a conectar los esfuerzos para avanzar en la misma dirección coordinación.

Sorprendido por el poder de Dios : La historia es buena maestra IX parte

Entonces podemos ver el desarrollo del neo-pentecostalismo. Desde los siglos XVIII y XIX al XX y XXI mientras que una etapa menguaba, otra etapa nueva brotaba y tenía que ir un poco más lejos que la etapa anterior. De esta manera el neo-pentecostalismo llegó a estar separado del movimiento pentecostal clásico y del movimiento carismático, a tener ¿Qué aprendemos de todo esto? ¿Cuáles son las lecciones que nos enseña?  Hay aspectos positivos y negativos que el neo- pentecostalismo nos ha dejado. Tenemos que ver lo que ha hecho para el bien del evangelio para hacer lo mismo doctrinas y prácticas dispares desde la perspectiva bíblica, y a tener el rostro tan diverso que vemos hoy, aunque retiene las creencias teológicas básicas de las olas anteriores porque todas ellas afirman una obra espectacular del Espíritu Santo en la vida del cristiano después de la salvación y en la continuada vigencia de los dones de señal. Primero veamos lo positivo: Muchos han notado, con razón, la renovada acción evangelística que caracteriza a los carismáticos, incluso a los neo-pentecostales. Otra cosa positiva es el renovado interés que ha dado a la adoración y la oración, aunque a veces con un énfasis desmesurado en la música sola y el entusiasmo subjetivo. Una tercera área positiva es su renovado interés en la obra del Espíritu Santo y los dones espirituales para la vida del creyente y el ministerio, aunque en esta área (como veremos en las lecciones negativas) han fallado en muchas maneras. Finalmente, podemos mencionar como positivo su enfoque en las personas y las maneras en que ha trabajado para ayudarlas con sus necesidades espirituales, emocionales y sociales.Ahora veamos las limitaciones de este movimientoEl más grave de ellas ha sido la forma de tergiversar la Biblia para comprobar sus doctrinas y prácticas no bíblicas. Tiene una hermenéutica superficial y basada en el pragmatismo en vez de en lo que dice la Escritura.  Cuando esto se ha unido a la ignorancia que tiene del desarrollo histórico y teológico de su propio movimiento, han aumentado los daños. Muchos neo-pentecostales creen que son los auténticos herederos de los cristianos del primer siglo, en una línea no rota de  sucesión.  Su conocimiento de la historia del cristianismo es casi inexistente y es algo que aumenta sus errores. Por tener una hermenéutica muy superficial –y a veces inexistente– y por apreciar la experiencia subjetiva como más autoritativa, Son estas prácticas no-bíblicas que han causado tanto daño a la obra del Señor. Para los que tomamos muy en seria la responsabilidad de escudriñar a las Escrituras para conocer a Dios y toda su voluntad para la fe y la vida cristianas, las doctrinas y prácticas no-bíblicas del neo- Pentecostalismo son la ofensa más preocupante. 6.También ha fomentado un cristianismo de dos niveles: los que tienen al Espíritu Santo y los que no.  Esto provoca división entre los creyentes, a veces en la misma iglesia, al estilo de lo que pasaba en la iglesia de Corinto en el primer siglo.  La insistencia en el bautismo de poder del Espíritu Santo como subsecuente a la salvación ha creado dos clases de creyentes en sus iglesias: los que tienen el bautismo, el poder y la obra del Espíritu en sus vidas, y los creyentes que –aunque salvos– todavía “no han llegado” a la vida cristiana plena. Esto crea un fuerte deseo de experimentar lo que otros tienen, y aun copiarlo, sólo para no quedarse atrás en las experiencias espirituales. Finalmente, el énfasis que da sobre el éxito, lo que funciona de forma pragmática y su estilo empresarial convierte la iglesia en una empresa o un negocio donde los resultados son lo más importante y no necesariamente las verdades espirituales.  Coomo hemos visto, Lutero heredó la biblia y su acercamiento teológico, creo que hasta ahora, las iglesias conservadoras de América Latina siguen este enfoque, ya sean presbiterianos, centroamericanos (prebiterianos encubiertos) bautistas etc. Y de la reforma pietista heredamos la experimentación de la fe, hasta los movimientos pentecostales hasta hoy.  ¿Cuál es el problema de esto? Que todos reformaron la teología y la espirtualidad , pero hasta ahora nadie ha reformado las estruturas. Y allí está el problema. Si vemos con un ojo detallistas nos daremos cuenta que todos los movimientos hasta ahora, son iguales en cuanto a la estructura eclesial, todos conservan el vestigio de la Iglesia Católica Romana. Así que mi peregrinaje desde la noche en vela me ha llevado a pensar que la primera reforma fue regresarle la biblia al pueblo, y la segunda reforma fue regresarle el sentir al pueblo, la tercer reforma en la que Dios se ve envuelto hoy , es regresarle la iglesia a la gente. Sin embargo es aquí, donde creo que será una lucha encarnizada. Porque la iglesia, la que le pertenece a Jesús no está en manos de él, sino de la gente.  ¿Cuál sería la descripción de la iglesia hoy? Déjeme ilustrarselo con una expresión que intrigó hace unos años. En el evangelio de Mateo 4:23 y 13:54, así como  1o:17 y 12:9. Sabe que dice? “Y entrando a la sinagoga de ellos”. Un día a leer este pasaje, me pregunté ¿si la sinagoga es la casa de Dios en los tiempos de Jesús, porque se refiere a ella como la “sinagoga de ellos”? Y sabe que concluí que los fariseos le habían robado a  Dios su casa. Y ese fue un diagnóstico para esta generación. Hoy la iglesia evangélica de America Latina no es la iglesia de Cristo, es la iglesia de ellos”.  Es la iglesia de Toby, la iglesia de Carlos Rivas, la iglesia de Mauricio Navas, la iglesia de Cash Luna, la iglesia de H. López y quien sabe cuantos más. Por eso es que estamos como estamos, porque ya no es más la iglesia de Cristo, sino la de “ellos”.

Así que nuestro próximo paso (y espero que me lleve el paso) es reflexionar cuáles son los síntomas de que es la “iglesia de ellos” y no la de Cristo. Pero será quizás hasta dentro de unos días, porque quiero dejarlo descansar, tal vez le he dado mucha información, pero recuerde que escribo por obligación para no tener la obligación de escribir! Bendiciones

Sorpendido por el poder de Dios: La historia es buena maestra VI parte

El movimiento pentecostal es una de las experiencias religiosas más importantes del siglo. Este hecho ha sido reconocido por el catolicismo y por los diversos protestantismos de América latina y en el mundo cristiano. Se trata tanto de un fenómeno socio-religioso mundial cuanto de un movimiento alternativo en la vida y misión de la Iglesia cristiana. El Pentecostalismo es, ante todo, un movimiento religioso y no una “denominación” u organización religiosa. La presente coyuntura política en América latina ha generado tal debate público en torno a la Iglesia, a las sectas y a la libertad religiosa, que se hace necesario una caracterización de las diversas expresiones religiosas tipo –entre ellas, las del Pentecostalismo– que permita tener una visión teológica coherente y facilite el diálogo nuestros hermanos  sobre bases más seguras y de amor.  El pentecostalismo es en esencia un movimiento de espiritualidad, En la explicación de los propios “pentecostales”, el Pentecostalismo no es un simple fenómeno socio-religioso, o un mero producto del expansionismo político-religioso del capitalismo financiero norteamericano. Para los pentecostales, el Pentecostalismo es la consecuencia religiosa y de fe de la Acción de Dios por su Espíritu Santo que irrumpió en Pentecostés en el siglo I de la historia cristiana (Actos 2-4; Luc. 24:49; Joel 2:27-32) y se extendió de oriente a Occidente. Pero también el pentecostalismo es un movimiento de protesta Un significativo número de estudiosos consideran que el “avivamiento wesleyano” (gestor del metodismo y otras denominaciones santificacionistas) de la Inglaterra del siglo XVII es el antecesor inmediato del pentecostalismo moderno.  La tesis histórica señala que el pentecostalismo surgió de los “círculos de santidad” norteamericanos, como una derivación del pietismo inglés de implantación americana . También el pentecostalismo es un movimiento popular No hay estadística que soporte el vertiginoso crecimiento demográfico de los pentecostales.  Según David Stoll, “un tercio de la población en América Latina será protestante el siglo XXI, frente al 10 ó 12 por ciento actual“.  En Brasil, los pentecostales constituyen el 70 por ciento del protestantismo brasileño;  en Chile pasan del 14 por ciento de la población;  en las Bahamas forman también el 10 por ciento de la población,  y en el Perú son el 70 por ciento del protestantismo evangélico que en su conjunto hace un 7 por ciento de la población.  Número considerable si se tiene en cuenta el predominio de la Iglesia Católica que gozó, hasta no hace mucho, del amparo y favor de ciertos Estados de América Latina. Se calcula que en Centroamérica (Guatemala, El Salvador, Nicaragua) el pentecostalismo alcanzará el 2000 hasta el 25 por ciento de la población.  Pero también el pentecostalismo es un cambio social. Es interesante que durante los últimos años, desde la iglesia Pentecostal ha habido participación en los destinos y esferas políticas de América Latina. Desde gente involucrada en puestos políticos hasta presidentes de corte evangélico pentecostal

Sorprendido por el poder de Dios: La historia es buena maestra II parte

En segundo lugar la Reforma Pietista fue  el movimiento renovador religioso más significativo en el protestantismo desde la Reforma.  En contraste con la primera reforma que exaltaba mucho el uso de la razón para interprestar las Escritura, El Pietismo  sin embargo, no es tan fácil identificarla con una persona en particular o considerarla como el desarrollo de un precepto básico uniforme. No fundó ninguna iglesia y no formuló ninguna confesión de fe. No obstante, cuando  hablo de .Pietismo. en los siguientes comentarios, me estoy refiriendo a un movimiento múltiple que va desde el pietismo clásico del período barroco de finales del siglo XVII, pasando por los movimientos de avivamiento de principios del siglo XIX y del movimiento de comunión del siglo XX hasta el movimiento evangélico de nuestro tiempo. Incluso algunas partes de lo que es denominado hoy en día movimiento carismático. se puede clasificar, en lo que se refiere a la intención central, dentro del alcance general de la renovación pietista. El Pietismo comenzó con una  preocupación compartida con la Ilustración: Un enfoque crítico al formalismo de la ortodoxia protestante. En contraste con la intención  original de Lutero, la teología se había convertido de nuevo en una colección de afirmaciones doctrinales absolutas, una ortodoxia, un sistema escolástico, que de ninguna manera era menos estricto que los  escolásticos de la Edad Media. En casi todas las áreas de la teología, la ortodoxia (o conservador? había reemplazado el dinamismo de la Reforma con un sistema estático. La teología luterana quedó ligada una vez más a los patrones de pensamiento ahistóricos de la metafísica aristotélica, que el mismo Lutero había considerado básicamente erróneos y que él pretendía abolir de la teología de una vez y para siempre. Muchos años de estudio de los escritos de Lutero, especialmente del joven Lutero, convencieron a Philipp Jakob Spener de la diferencia entre las intenciones originales de la Reforma y lo que habían hecho de ellas los escolásticos ortodoxos y la jerárquica iglesia estatal. En su pensamiento, Lutero había unido firmemente la seguridad personal de la salvación con un fundamento objetivo de esta salvación fuera del sujeto de la fe, pero de estos polos, que para Lutero estaban inextricablemente unidos, la ortodoxia luterana había enfatizado tanto el fundamento objetivo de la salvación que casi había quedado aislado. Este es el punto en el que el Pietismo ve su deber: estaba preocupado por la apropiación de la salvación personal. Es decir por la experiencia de la salvación.  El Pietismo enfatizaba la praxis pietatis, la devoción del corazón, una nueva relación con la Biblia, regeneración, seguridad de salvación, evangelismo y santificación. Estos términos por sí mismos muestran dónde está el énfasis del Pietismo: era una reforma de la vida espiritual. Spener apeló al Prólogo a la misa alemana de Lutero cuando fundó su collegia pietatis en Frankfurt, reuniones de edificación que él consideraba ecclesiola in ecclesia. Mientras que Lutero se quejaba de que no tenía la gente para poner en práctica el programa descrito en el Prólogo, Spener dio un paso más y se rodeó de la gente con la que él quería tomarse en serio el asunto de ser cristianos.. En términos de teología, el Pietismo no trajo nada nuevo, y lo hizo de forma deliberada. Siguió a Lutero y a los otros  reformadores. No se preocupaba por hacer una nueva teología, sino por poner en práctica lo que los reformadores habían formulado teológicamente. En su programa, el Pia Desideria de 1675, Spener deliberadamente reclama a Lutero como testigo de la teología bíblica. Así como Lutero había luchado contra la teología escolástica de la Edad Media, Spener luchó contra la teología escolástica luterana que había entrado de nuevo por la puerta de atrás en la iglesia protestante. ¿Cómo le fue al Pietismo en la reforma de las estructuras? En este punto, aparte de algunas destacadas excepciones, encontramos de nuevo una falta de  interés preocupante, lo cual significa que el verdadero interés del Pietismo la fe viva no encontró un recipiente adecuado. Sin duda, el Pietismo era un movimiento de fe, y de alguna manera un movimiento de comunión, pero desde luego no era un movimiento de  énfasis eclesiològico.

Una vez más si Lutero entrego la Biblia al puebloe, El Pietismo le regresó la experiencia al pueblo. Pero todavía falta un acercamiento más. No se vaya

Sorprendido por el poder de Dios: Ni conservador ni carismático

Hemos venido hablando del síndrome saulista. Creo que la iglesia hoy pasa por el mismo síndrome. Hemos tenido buenos tiempos y hemos tenido las señales de aprobación que Saúl tuvo en su ministerio. ¿Cómo así? es decir hemos tenido señales visibles de la aprobacion de Dios, hemos tenido las señales de aprobación material, las señales espirituales, las señales de victoria, y señales del mover de Dios en medio de nuestras congregaciones, sin embargo me temo que la iglesia va en declive. Y me refiero a la mayoría de expresiones que tenemos hoy en el caleidoscopio de la fe en América Latina.  Así que antes de pasar a los síntomas de deterioro de parte de Saúl como una metáfora para el deterioro de nuestra iglesia déjeme escribir un poco de historia. Esperando que no deserte de esta serie de artículo, pues es necesario pasar por este recorrido histórico. ¿porqué? Porque el mundo evoluciona extraordinarimente y a una rapidez increíble. Sin embargo la gente tiene la tendencia a aferrarse a lo conocido, en lugar de lo desconocido. A veces muchas personas permanecen haciendo y usando cosas de que a pesar de haber sido obsoletas, y que hay mejores cosas, se aferran a ellas. Mucha gente todavía añora la màquina de escribir porque no entiende la computadora. Mucha gente usa hierbitas porque cree que son mejores que las medicinas, cientìficas. En fin es un afàn por permanecer en lo que es conocido. Bien dice aquel dicho, “Mejor es lo viejo conocido que lo nuevo por conocer”. Sin embargo algunas personas se animan y quieren cambiar, pero  lo que hacen es simplemente un reacomodo de sus antiguas creencias con una mano de pintura agradable. Es como la historia de aquella congregación que necesitaba desesperadamente un nuevo templo pero que no que querìan cambiar el antiguo que tenìan. Un dìa mientras el pastor predicaba, se cayò del cielo un pedazo de columna, casi mata al pastor. El liderazgo se reuniò inmediatamente y decidieron hacer el nuevo templo. Era hora de cambiar.  Asì que el domingo siguiente anunciaron a la congregación su acuerdo: Hemos decidido contruir un nuevo templo, sin embargo lo construiremos en el lugar del templo viejo, usaremos el material del templo viejo, y mientras construimos el templo nuevo , nos continuaremos reuniendo en el templo viejo. ¿Es esto cambio? Después decasi 30 años en el cristianismo y en el ministerio he podido ver los diferentes aspectos de la fe evangèlica, en diferentes partes del mundo y desde diferentes perspectivas denominacionales. En el correr de los años  he pasado por diferentes etapas  en mis apreciaciones del pueblo de Dios y por sobre todo en mi pensamiento teològico. Como alguien dijo: “Una vida  sin evaluaciòn no merece  la pena vivirse”. Lo mismo digo con relaciòn a nuestras creencias: “Una fe sin evaluaciòn no  merece la pena creerse”. Por alguna razòn con todas las personas que entro en contacto , y aùn yo mismo  creemos que tenemos la ùltima palabra en cuanto nuestra fe y creencias. Y a veces no es tanto bìblico sino nuestras presuposiciones  doctrinales humanas. Me ha pasado un fenómeno, cuando estoy en el campo de la creencia  conservadora, y hablo del poder sobrenatural de Dios, la gente tiene la tendencia  a ponerme la categoría “pentecostal” y genero una especie de sospecha, de alguien que ha abandonado la “sana doctrina”. Cuando estoy en el campo de la creencia “carismàtica” y apelo al estudio profundo de la Escritura y otras hierbas, la gente tiene la tendencia  a verme con làstima y a ponerme la etiqueta “cuadrado acadèmico”. Muchas veces existe en mì frustración, porque mi deseo es realmente tener una fe, que se desprende la pasiòn, el poder y la palabra de Dios. Durante algunos años creì tambièn lo siguiente y fue frustrante solía decir en mi interior: Por que no combinar lo mejor de los dos mundos? Es decir porque no tener la “La Palabra” de los conservadores y el “poder” de los pentecostales? Por varios años luchè con esto. Y me di cuenta que ambas creencias son tan cerradas y reduccionistas, que con arrogancia se atribuyen ser la ùnica y absoluta verdad de Dios.  Asì que Dios me llevò a la conclusión que su nuevo movimiento, no es lo mejor de “ambos mundos” sino que ambos mundos, fueron tan sòlo una etapa que vino a ponerse como fundamento para una nueva visiòn de la Iglesia del Ungido. Ese movimiento, es el que estoy comenzando a compartir con ustedes. Así que proviene de tres fuentes, un estudio disciplinado y largo (30 años) de la Palabra de Dios, horas de luchas  en la presencia del Ungido Jesucristo, preguntando y sentado en silencio, Mi bùsqueda de hombres y mujeres de Dios que estàn pasando por lo mismo que yo en Y finalmente muchos años de “imporductividad” de mi vida. A veces me ha costado estar a la sombra y en silencio, cuando veo cantidades, que a mi criterio (conste no el de Dios, ) son unos mercenarios  mediocres en su visiòn del Señor y su forma en que tratan a la Iglesia de mi Padre.Asì que hoy quiero hacerle una pregunta, que me hice hace quizàs un dècada : ¿Qué pasarìa , si lo que se nos ha enseñado, en realidad no es todo lo que deberìamos saber?¿Que pasarìa si nos dieramos cuenta que nuestros maestros, pastores, lìderes de la iglesia , limitaron nuestro entender de la fe, ya sea sin intenciòn o con intenciòn? ¿Qué pasarìa si la poca efectividad del cristianismo hoy se debe a que la iglesia en su fondo es màs pagana en lo que hace, que bìblica? ¿Qué pasarìa si los que dicen que hacen todo segun el Libro, en realidad ni siquiera han estudiado lo que dice el libro y todo lo que hemos aprendido hasta ahora, simplemente es màs secular que cristiano? ¿Còmo se sentirìa? Espero que siga conmigo en el próximo artículo.

Esta la cobertura cubierta por la Biblia?

¿Quién es tu cobertura?

“Así que, ¿Quién es tu cobertura?   Esta es la pregunta concisa que hacen muchos cristianos modernos dondequiera que se encuentran a los que se reúnen fuera de las líneas instititucionales organizadas. Pero, ¿qué hay en el corazón de esta pregunta y cuál es su base Bíblica? Estas son las preguntas que nos ocuparán en este breve estudio.  Sostengo que la enseñanza moderna conocida como “cobertura protectora” se ha generado muchísima confusión y una conducta Cristiana anómala.   Esta doctrina, que ondea bajo la bandera de otros nombres, sostiene que los cristianos están protegidos del error doctrinal y del fracaso moral cuando se someten a la autoridad de otro creyente u organización Cristiana.   La experiencia me ha llevado a creer que la doctrina de la “cobertura” es un asunto que perturba grandemente a muchos pastores e iglesias en nuestros días, y demanda desesperadamente una reflexión crítica entre el pueblo de Dios. En las páginas que siguen, intento abrir camino a través de la niebla que rodea a los temas difíciles que van ligados a la doctrina de la “cobertura”, tales como liderazgo, autoridad y responsabilidad legal.  Adicionalmente, busco trazar las líneas generales de un modelo integral que nos permita entender cómo opera la genuina autoridad espiritual en la iglesia.

¿Está la “Cobertura” Cubierta por la Biblia?   Antes de aventurarnos a examinar la popular enseñanza de la “cobertura”, exploremos primero el término mismo “cobertura”.  Es sorprendente que la palabra aparece solamente una vez en todo el Nuevo Testamento, y en relación con la cabeza cubierta de la mujer (un tema que merece una discusión especial –1 Cor. 11:15.) Mientras que el Antiguo Testamento utiliza poco este término, siempre lo emplea para referirse a las ropas de vestir o a algún tipo de cubierta. Nunca lo utiliza de manera espiritual para referirse a la autoridad o la sumisión. Por lo tanto, lo primero que tenemos qué decir acerca de la “cobertura” es que hay escasa evidencia Bíblica con la que pueda construirse una doctrina. No obstante este hecho, incontables cristianos repiten como loros la pregunta “¿quién-es-tu-cobertura?” e insisten en ella como si fuera la prueba que mide la autenticidad de una iglesia o un ministerio. Si la Biblia guarda silencio con respecto a la idea de “cobertura” ¿qué se quiere decir con la pregunta, “Quién es tu cobertura”? la mayoría (si se les insiste) formularían de nueva cuenta la pregunta de este modo: “¿A quién le entregas cuentas? Pero esto suscita otro punto difícil: la Biblia nunca nos remite a los seres humanos para entregarles cuentas, sino exclusivamente a Dios (Mat. 12:36; 18:23; Luc. 16:2; Rom. 3:19; 14:12; 1 Cor. 4:5; Heb. 4:13; 13:17; 1 Ped. 4:5)   Es muy extraño, sin embargo, que la sana respuesta Bíblica a esta pregunta (“entrego cuentas a la misma persona que tú –Dios”) es a menudo causa de malentendidos y acusaciones falsas.  De este modo, mientras el tono y el timbre de “entregar cuentas” difieren del de “cobertura”, la canción a menudo es la misma, y sin duda no armoniza con el canto inconfundible de la Escritura. Por favor note que hay una forma sana de “responsabilidad legal” en la iglesia, la cual exploraremos más adelante.  Pero la conexión entre responsabilidad legal y la doctrina de la “cobertura” carece de base Bíblica.  Sacando a la Luz la verdadera pregunta detrás de la Cobertura de modo que ampliemos la pregunta un poco más. ¿Qué se quiere decir realmente cuando se insiste en la pregunta acerca de la “cobertura”? Me permito señalar que lo que en verdad se pregunta es, “¿Quién te controla?” La (mala) enseñanza común acerca de la “cobertura” realmente se reduce a cuestiones acerca de quién controla a quién.  De hecho, la iglesia institucional moderna está construida sobre la idea del control. Por supuesto, la gente raras veces reconoce que esto es lo que está en el fondo del asunto, porque está supuestamente bien arropado con vestiduras Bíblicas. Son muchos los Cristianos que creen que la “cobertura” es solamente un mecanismo protector. Sin embargo, si examinamos críticamente la doctrina de la “cobertura”, descubriremos que está fundada en un estilo de liderazgo del tipo cadena de mando (uno arriba/uno abajo) donde los que están en posiciones eclesiásticas más altas tienen un dominio sutil sobre los que están debajo de ellos. Es por medio de este control de dirección jerárquico (arriba/abajo) que se afirma que los creyentes están protegidos del error (es decir, que están “cubiertos”).  

 

Una teología de la ciudad

Nuestras ciudades no son lo que fueron hace cincuenta años, hace veinticinco años, o ni siquiera hace diez años. Nuestras ciudades son multiétnicas, multiculturales, y cada vez más multilingües. Están cada vez más divididas entre los que “tienen” y los que “no tienen” y entre las personas de color y las blancas. Aunque Marshall McLuhan hablaba de una “aldea global” para subrayar la comunicación y la interdependencia de la vida contemporánea, tenemos que ampliar la frase para que diga una “aldea global urbana”. La aparente contradicción de urbana/aldea subraya la realidad del proceso global de movimientos de pueblos y etnias desde la aldea hasta los principales centros urbanos. Este fenómeno mundial es también, dados nuestros modelos de inmigración, la experiencia de las ciudades en los Estados Unidos. Sea Boston, Nueva York, Filadelfia, Chicago o Los Ángeles, cada una está experimentando ese proceso de globalización: una realidad multiétnica y multicultural que define cada vez más su carácter distintivo. Ben Wattenberg, el autor y demógrafo, habla de nuestras ciudades y de nuestra nación como que experimentan “el amanecer de la primera nación universal”. Carlos Dickens describe  en Historia de dos ciudades (“Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos”), que hay una segunda ciudad en todas nuestras zonas urbanas. Una segunda ciudad es una que cada vez más debe vivir con una educación de segunda clase, viviendas de segunda clase, seguridad de segunda clase, servicios de salud de segunda clase, y ropa de segunda clase. Una segunda ciudad es una que cada vez más debe vivir con el deterioro — la desintegración — de su fundamento moral y espiritual. Estoy preocupado por la ciudad o mi ciudad — en particular esa realidad de los barrios céntricos, la segunda ciudad. Y estoy profundamente interesado en una iglesia que necesita una visión superior para la ciudad. En vista del fenómeno de la urbanización y de la globalización, y los problemas y promesas que van junto con ella, tengo que formular algunas preguntas muy importantes: ¿cuál es el papel del pueblo de Dios en la ciudad? ¿Cuál es la visión de mi iglesia para la ciudad? Un hombre muy sabio de antaño, un hombre que conocía poco de las complejidades de la ciudad, dijo: “Sin profecía el pueblo se desenfrena” (Proverbios 29:18). La Nueva Versión Internacional dice: “Donde no hay visión, el pueblo se extravía.” La ausencia de visión (o revelación) resulta en una desaparición social, una desintegración moral y espiritual. Las personas y las instituciones — entre ellas la iglesia — que han de ser ejemplos y vivir una visión, a menudo no tienen visión alguna. Una visión, sea que la apliquemos a una persona o a una institución, da dirección, concentra energías, informa contenido y carácter, y establece el sistema para ver y valorar el verdadero sentido de la vida y de las metas. Da forma a la imagen de sí mismo y del mundo. A través de los años, muchos libros y personas han inspirado y estimulado mi trabajo en el ministerio urbano. Sin embargo, repetidas veces he sido guiado por el Espíritu de Dios a buscar renovada inspiración como dice el profeta Jeremías: “Y procurad la paz [shalom] de la ciudad … y rogad por ella a Jehová; porque en su paz [shalom] tendréis vosotros paz” (29:7). Las palabras de Jeremías son instructivas. Presentan un nuevo reto al pueblo de Dios en una nueva realidad. Usted conoce los antecedentes históricos de Jeremías 29: el pueblo de Dios estaba cautivo, desterrado en Babilonia. Desde Jerusalén, Jeremías escribe una carta radical. Hace su pregunta, nuestra pregunta: ¿cuál es la función del pueblo de Dios en la ciudad? O, para hacerlo más inteligible: ¿cuál es hoy la función de la iglesia (el pueblo de Dios) en la ciudad? La respuesta de Jeremías — le llamo “El paradigma de Jeremías para la ciudad” — es una visión superior para la ciudad, una que puede inspirar nuestro trabajo en el ministerio urbano e intercultural. La respuesta de Jeremías, sobre todo en los versículos 4–7, incluye tres elementos teológicos fundamentales importantes para cualquier teología del ministerio urbano. Dicho de otra manera, el paradigma de Jeremías es producto de: (1) una teología del contexto, (2) una teología de la misión o del ministerio, y (3) una teología de la oración (o de la espiritualidad). Correspondiendo con eso hay tres palabras clave: presencia, paz, y oración. Es importante subrayar aquí que hace poco un erudito del Nuevo Testamento ha confirmado la importancia de este pasaje de Jeremías para la iglesia emergente y para nosotros hoy. Bruce W. Winter en su Búsqueda del bienestar de la ciudad: los cristianos como benefactores y ciudadanos plantea como su tesis principal que de todas las cartas en el Nuevo Testamento, es 1 Pedro la que considera en detalles el tema del bienestar de la ciudad (en particular 1 Pedro 2:11–3:17). Afirma que el llamado de 1 Pedro a buscar “la paz de la ciudad” se basa en Jeremías 29 como el paradigma teológico clave de buscar la paz y seguirla (3:11) — un texto que informa que esos cristianos del primer siglo de la diáspora estaban comprometidos con la polis, la ciudad.  

En primer lugar veamos  una Teología de Contexto: Se identifica con la palabra Presencia: Jeremías 29:4–6 habla a la iglesia respecto de su relación con la ciudad, con la cultura, y con la sociedad. Las palabras de Jeremías para aquellos desterrados en la “inicua” Babilonia siguen siendo pertinentes. Frente a los falsos profetas que pudieran exigir “asimilación”, “revolución”, o “escapismo”, Jeremías llama por un “compromiso”, por presencia. Me ayuda la etimología de la palabra iglesia (ekklesia). En la antigua Grecia se refería a la congregación o asamblea de los “llamados” a analizar la situación de la polis. La iglesia se reúne para adorar y se prepara para influir en la polis. No vive para sí misma, sino para el reino (gobierno, soberanía, señorío) de Dios. La iglesia no puede ser indiferente a las necesidades humanas en la ciudad, sean físicas, políticas, económicas o espirituales. No se oculta; tampoco puede integrarse falsamente en la sociedad. El pueblo de Dios no compromete su identidad. Sabe que debe estar presente en la ciudad, con la ciudad, y por la ciudad; pero también sabe que no es de la ciudad. La iglesia está presente como sal y luz (Mateo 5:13–16) en todos los asuntos de la polis. Además, una palabra y concepto clave que aclara la presencia de la iglesia en la ciudad es contextualización. Ésta define el requisito sine qua non de todo fiel y eficaz ministerio urbano. Pudiera definirse mejor con el paradigma bíblico de la encarnación (Juan 1:14; Filipenses 2:5–11). Aunque el ministerio urbano es para servir a toda la ciudad — los vecindarios como también la mayor zona metropolitana — comienza con un compromiso y expresa contextualmente solidaridad con aquellos con quienes los hizo Jesús. En las palabras de Leonardo Boff o de Gustavo Gutiérrez, eso manifiesta “una opción preferencial por los pobres”, para quienes viven en la “segunda ciudad”. El ministerio urbano está llamado a expresar humildemente una “kenosis urbana”(Vaciarse en griego). Debe luchar hasta vaciarse de las prerrogativas, del prestigio, y del poder tan valioso para el mundo, y armar su tienda entre las comunidades pobres marginadas de nuestras ciudades.