Llegamos a 25,000 en 11 meses

Hola mis estimados lectores, el dia de ayer llegamos a 25000 lectores. Doy gracias a Dios porque lo que comenzo como una simple aventura o pasatiempo, se ha ido convirtiendo en una forma de servir al pueblo crisitiano. Comence en agosto de 2008 y ya casi llego a agosto de 2009. Como me gusta siempre el cambio, he decidido darle un nuevo formato al blog. Y esperen algunas novedades e incorporaciones tecnologicas. Gracias blogueros, por leer este espacio. Me compromete a seguir escribiendo mas para beneficio de el pueblo  cristiano. Salu!

Como daña el sermón a la iglesia

Primero, el sermón convierte al predicador en el ejecutante virtuoso del culto de la iglesia. Como resultado, la participación de la congregación es obstaculizada, en el mejor de los casos, e impedida, en el peor de los casos. El sermón convierte a la iglesia en un puesto de predicación. La congregación degenera en un grupo de espectadores enmudecidos que presencian una función. No hay espacio para interrumpir o cuestionar al predicador mientras da su discurso. El sermón congela y aprisiona el funcionamiento de Cuerpo de Cristo. Fomenta un sacerdocio dócil al permitir a los profesionales del púlpito dominar la reunión de la iglesia semana tras semana con sus juegos de manos.

En segundo lugar, el sermón estanca el crecimiento espiritual. Al ser unidireccional, ahoga la curiosidad y genera pasividad. El sermón incapacita el funcionamiento de la iglesia. Sofoca el ministerio mutuo. Ahoga la participación abierta. Hace que el crecimiento espiritual del pueblo de Dios caiga en picada.Como cristianos, necesitamos funcionar si queremos crecer. No crecemos sentándonos como estatuas de sal en el banco mientras un hombre nos predica semana tras semana. De hecho, una de las metas de la predicación y la enseñanza al estilo del Nuevo Testamento es ponerlo en funcionamiento a usted. Alentarlo a abrir su boca en la reunión de iglesia. El sermón convencional obstaculiza este mismo proceso.

En tercer lugar, el sermón preserva la mentalidad antibíblica de un clero. Crea una dependencia excesiva y patológica del clero. El sermón hace del predicador el especialista religioso, el único que tiene algo digno de compartir. Todos los demás son tratados como cristianos de segunda, silenciosos calentadores de bancos. (Si bien esto no suele expresarse, es la realidad.) ¿Cómo puede el pastor aprender de los demás miembros del Cuerpo de Cristo cuando están en silencio? ¿Cómo puede la iglesia aprender del pastor cuando sus miembros no le pueden hacer preguntas durante su discurso? ¿Cómo pueden los hermanos y hermanas aprender el uno del otro si están amordazados y sin poder hablar durante las reuniones? El sermón hace que la “iglesia” sea lejana e impersonal. Priva al pastor de recibir sostén espiritual de la iglesia. Y priva a la iglesia de recibir nutrición espiritual unos de otros. Por estas razones, ¡el sermón es una de las vallas más grandes para un sacerdocio funcional!

En cuarto lugar, más que equipar a los santos, el sermón les quita las destrezas. No importa con cuánta fuerza los ministros hablen de “equipar a los santos para la obra del ministerio”, lo cierto es que la predicación de sermones no equipa a nadie para el servicio espiritual. En realidad, el pueblo de Dios está tan adicto a escuchar sermones como los pastores a predicarlos. (Soy consciente de que a algunos cristianos no les gusta que le prediquen constantemente semana tras semana. Pero la mayoría parece disfrutarlo.) En contraste, la predicación y enseñanza al estilo del Nuevo Testamento equipa a la iglesia para que pueda funcionar sin la presencia de un clérigo.

En quinto lugar, el sermón moderno es completamente impráctico. La mayoría de los predicadores son expertos en lo que nunca han experimentado. Sea abstracto/teórico, devocional/inspirador, exigente/convincente, entretenido/divertido, el sermón no logra poner a los oyentes en una experiencia directa y práctica de lo que ha sido predicado. Por lo tanto, ¡el típico sermón es una lección de natación en tierra firme! Carece de todo valor práctico. Se predica mucho, pero poco llega. La mayor parte está dirigida al lóbulo frontal. El moderno énfasis en el púlpito no trasciende de meramente diseminar información para cumplir con el papel de equipar a los creyentes para que experimenten y usen lo que han escuchado. En este sentido, el sermón refleja a su verdadero padre, la retórica grecorromana, impregnada de abstracción. “Involucraba formas ideadas para entretener y mostrar genialidad en vez de instruir o desarrollar talentos en los demás”. El moderno sermón pulido podrá calentar el corazón, inspirar la voluntad y estimular la mente. ¡Pero rara vez, o nunca, muestra al equipo cómo dejar el abrazo grupal! En todas estas formas, el sermón no logra promover el crecimiento espiritual. En cambio, intensifica el empobrecimiento de la iglesia. El sermón actúa como un estimulante momentáneo. Sus efectos son efímeros, en el mejor de los casos. Seamos sinceros. Hay montones de cristianos que han sido sermoneados por décadas, y siguen siendo bebés en Cristo. Los cristianos no somos transformados por escuchar sermones. Somos transformados por encuentros regulares con el Señor Jesucristo. Los que ministran, por lo tanto, son llamados a asegurarse de que su ministerio sea intensamente práctico. Están llamados no solamente a revelar a Cristo, sino a mostrar a sus oyentes cómo experimentarlo, conocerlo, seguirlo y servirlo. Si un predicador no puede llevar a sus oyentes a una experiencia viva y espiritual de lo que está ministrando, los resultados de su mensaje serán efímeros. Por lo tanto, la iglesia necesita menos personas en el púlpito y más facilitadores espirituales. Hay una tremenda necesidad de personas que puedan proclamar a Cristo y sepan cómo alistar al pueblo de Dios para que experimente a Quien ha sido predicado. Necesitamos restaurar la práctica del primer siglo de la exhortación mutua y el ministerio mutuo. Porque el Nuevo Testamento hace girar la transformación espiritual alrededor de estas dos cosas. Es cierto que el don de la enseñanza está presente en la iglesia. Pero la enseñanza debe surgir de todos los creyentes, así como de los que poseen dones especiales para enseñar. Nos alejamos mucho de los límites bíblicos cuando permitimos que la enseñanza asuma la forma de un sermón convencional y la relegamos a una clase de oradores profesionales.

¿De donde vienen los pastores? 3 parte

Espero que no se hayan aburrido de tanta historia, pero el propósito es demostrar que históricamente el oficio profesional del pastor es de trasfondo pagano. Muy bien, bajo Constantino, el cristianismo fue a la vez reconocido y respetado por el Estado. Esto desdibujó la línea que dividía a la iglesia del mundo. La fe cristiana ya no era una religión minoritaria. En cambio, estaba protegida por los emperadores. Como consecuencia, la membresía de la iglesia creció rápidamente. Hubo conversos a carretadas, pobremente convertidos, que trajeron a la iglesia una gran variedad de ideas paganas. Mientras el cristianismo convirtió al mundo, el mundo convirtió al cristianismo y exhibió el paganismo natural de la humanidad. Como ya hemos visto, las prácticas de las religiones de misterio empezaron a ser utilizadas en el culto de la iglesia. Y el concepto pagano de la dicotomía entre lo sagrado y lo profano se introdujo en la mentalidad cristiana.Puede decirse correctamente que la distinción de clase entre el clero y los laicos surgió de esta misma dicotomía. La vida cristiana ahora estaba siendo dividida en dos partes: secular y espiritual, sagrado y profano. Pero para el cuarto siglo esta idea falsa fue adoptada universalmente por los cristianos. Y llevó a la idea profundamente errónea de que hay profesiones sagradas (un llamado al “ministerio”) y profesiones comunes (un llamado a una vocación mundana).El historiador Philip Schaff describe correctamente estos factores como creadores de “la secularización de la iglesia” donde “la corriente pura del cristianismo” se había contaminado.Note que esta dicotomía errónea aún perdura en la mente de la mayoría de los creyentes de hoy. Pero el concepto es pagano, no cristiano. Destruye la realidad neotestamentaria de que la vida cotidiana es santificada por Dios. Clemente de Roma (f. 100 d.C.) fue el primer autor cristiano que hizo una distinción de estatus entre líderes y no líderes cristianos. Fue el primero en usar la palabra “laico” en contraste con los ministros.Clemente sostenía que el orden de sacerdotes del Antiguo Testamento debía encontrar su cumplimiento en la iglesia cristiana. Tertuliano es el primer escritor en usar la palabra “clero” para referirse a una clase separada de cristianos.Tanto Tertuliano como Clemente de Alejandría (150-215) popularizaron la palabra “clero” en sus escritos. Para el tercer siglo, la brecha entre el clero y los laicos se ensanchó a un punto de no retorno.Los clérigos eran los líderes capacitados de la iglesia −los guardianes de la ortodoxia−, los gobernantes y maestros de la gente. Ellos poseían los dones y las gracias que no estaban al alcance de los mortales menores. Los laicos eran los cristianos no capacitados y de segunda clase. El gran teólogo Karl Barth dijo, correctamente: “El término ‘laico’ es uno de los peores del vocabulario religioso y debería ser desterrado de la conversación cristiana”. Los términos “clero” y “laico” no aparecen en el Nuevo Testamento. Tampoco se encuentra el concepto de que hay quienes realizan el ministerio (clero) y quienes son objeto del ministerio (laicos). Por lo tanto, lo que tenemos en Tertuliano y en los dos Clementes es una clara ruptura con la mentalidad de los cristianos del primer siglo, donde todos los creyentes compartían el mismo estatus. La distinción entre el clero y los laicos −púlpito y banco− pertenece al otro lado de la cruz. Con el Nuevo Pacto en Cristo, se eliminaron el clero y los laicos. Hay un único pueblo de Dios. Junto con estos cambios de mentalidad llegó un nuevo vocabulario. Los cristianos empezaron a adoptar el vocabulario de las sectas paganas. El título pontifex (pontífice, un título pagano) se convirtió en un término común para los clérigos cristianos en el cuarto siglo. Al igual que “Maestro de Ceremonias” y “Gran Maestro de la Logia”.Todo esto reforzó la mística del clero como custodios de los misterios de Dios. Para el quinto siglo, la idea del sacerdocio de cada creyente había desaparecido por completo del horizonte cristiano. El acceso a Dios estaba controlado ahora por la casta clerical. Comenzó a implementarse el celibato clerical. La comunión infrecuente se volvió habitual para los denominados “laicos”. El edificio de iglesia ahora estaba velado con incienso y humo. Las oraciones del clero se hacían en secreto. Y se introdujo la pequeña pero profundamente significativa pantalla que separó al clero de los laicos. En resumen, para fines del cuarto siglo y principios del quinto, el clero se había convertido en una casta sacerdotal, un grupo de elite espiritual de “hombres santos”.Esto nos lleva al tema espinoso de la ordenación. Esta falacia de la ordenación aparece en el cuarto siglo, la teología y el ministerio eran el dominio de los sacerdotes. El trabajo y la guerra eran el dominio de los laicos.¿Cuál era el rito iniciático al dominio sagrado del sacerdote? La ordenación. Antes de analizar las raíces históricas de la ordenación, veamos cómo se reconocía al liderazgo de la iglesia primitiva. Los obreros apostólicos (los plantadores de iglesias) del primer siglo volvían a visitar a una iglesia después de un tiempo. En algunas de esas iglesias, los obreros reconocían públicamente a los ancianos. En todos los casos, los ancianos ya estaban “en el lugar” antes de ser respaldados públicamente. Los ancianos surgían naturalmente en una iglesia con el paso del tiempo. No eran nombrados a un cargo externo.En cambio, eran reconocidos en virtud de su antigüedad y contribución a la iglesia. Según el Nuevo Testamento, el reconocimiento de ciertos miembros dotados es algo instintivo y orgánico.Hay un principio interno dentro de cada creyente de reconocer los diversos ministerios de la iglesia. Llamativamente, hay sólo tres pasajes en el Nuevo Testamento que nos dicen que los ancianos fueron reconocidos públicamente. Hubo ancianos reconocidos en las iglesias de Galacia. Pablo dijo a Timoteo que reconociera ancianos en Éfeso. También dijo a Tito que los reconociera en las iglesias de Creta. La palabra “ordenar” (“ordain”, en inglés) en estos pasajes no quiere decir instalar en un cargo.Más bien, transmiten la idea de respaldar, afirmar y presentar lo que ya ha estado sucediendo.También transmite la idea de bendición.El reconocimiento público de ancianos y otros ministerios generalmente era acompañado por la imposición de manos por obreros apostólicos. (En el caso de obreros enviados a otros lugares, lo hacía la iglesia o los ancianos.) En el primer siglo, la imposición de manos significaba meramente el apoyo o afirmación de una función, no la instalación en un cargo o el otorgamiento de un estatus especial. Lamentablemente, pasó a significar esto último a fines del segundo siglo y principios del tercero. Durante el tercer siglo, la “ordenación” adoptó un significado completamente diferente. Era un rito cristiano formalizado.Para el cuarto siglo, la ceremonia de ordenación era engalanada con vestimentas simbólicas y un ritual solemne.La ordenación produjo una casta eclesiástica que usurpó el sacerdocio de los creyentes. ¿De dónde supone usted que los cristianos tomaron su modelo de ordenación? Modelaron su ceremonia de ordenación según la costumbre romana de designar a hombres para cargos civiles.¡Todo el proceso, hasta las palabras mismas, vinieron directamente del mundo cívico romano. Para el cuarto siglo, los términos usados para el nombramiento para un cargo romano y para la ordenación cristiana se volvieron sinónimos.Cuando Constantino convirtió al cristianismo en la religión preferida, las estructuras de liderazgo de la iglesia se vieron reforzadas por la aprobación política. Las formas del sacerdocio del Antiguo Testamento se combinaron con la jerarquía griega.Tristemente, la iglesia se sentía cómoda con esta nueva forma, igual que hoy. Agustín (293-373 d.C.) dio un paso más: ¡enseñó que la ordenación confería una “impronta definitiva e inamovible” al sacerdote que lo habilita para cumplir sus funciones sacerdotales! Para Agustín, la ordenación era una posesión permanente que no podía ser revocada. Entonces se llegó a entender la ordenación cristiana como algo que constituye la
diferencia esencial entre el clero y los laicos. Mediante la ordenación el clero era habilitado para administrar los sacramentos. Se creía que el sacerdote, que realiza el servicio divino, debía ser el más perfecto y santo entre todos los cristianos.

Gregorio de Nacianzo (329-389) y Crisóstomo (347-407) incrementaron tanto el nivel de exigencia para los sacerdotes que corrían peligro si no vivían de acuerdo con la santidad de su servicio.Según Crisóstomo, el sacerdote es como un ángel. ¡No está hecho del mismo material frágil que el resto de los hombres! ¿Cómo podría el sacerdote vivir en tal estado de santidad pura? ¿Cómo podría ser digno de servir en el “coro de ángeles”? La respuesta era la ordenación. Mediante la ordenación, la corriente de las gracias divinas fluía dentro del sacerdote, haciéndolo apto para ser usado por Dios. Esta idea, también conocida como “dotación sacerdotal”, aparece primeramente en Gregorio de Nisa (330-395). Gregorio sostenía que la ordenación hacía del sacerdote, “invisiblemente pero realmente un hombre diferente y mejor”, elevándolo muy por encima del laicado.“El mismo poder de la palabra”, dice Gregorio, “hace que el sacerdote sea venerable y honorable, separado… Mientras apenas ayer era uno entre la masa, uno del pueblo, de pronto es convertido en un guía, un presidente, un maestro de justicia, un instructor de misterios ocultos… Preste atención a las palabras de un documento del cuarto siglo: “El obispo es el ministro de la Palabra, el guardián del conocimiento, el mediador entre Dios y usted en varias partes de su culto divino… él es quien lo rige y lo gobierna… él está en segundo lugar después de Dios, su dios terrenal, con derecho de ser honrado por usted”. A través de la ordenación, al sacerdote (u obispo) se le otorgaban poderes divinos especiales para ofrecer el sacrificio de la misa. ¡La ordenación también lo convertía en una clase de hombre completamente separado y santo!Los sacerdotes llegaron a ser identificados como los “vicarios de Dios en la tierra”. Se convirtieron en parte de una clase especial de hombres. Una orden que estaba separada de los denominados “miembros laicos” de la iglesia. Para mostrar esta diferencia, tanto el estilo de vida como la vestimenta del sacerdote eran distintos de los laicos.Lamentablemente, este concepto de la ordenación nunca dejó la fe cristiana. Está vivo y coleando en el cristianismo moderno. De hecho, si usted está preguntándose por qué y cómo el pastor moderno llegó a ser tan exaltado como “el hombre santo de Dios”, estas son sus raíces. Muchos eruditos sonstienen que Pablo era completamente ajeno a una ordenación que confiere poderes ministeriales o clericales a un cristiano.Los pastores (ancianos, supervisores) del primer siglo no recibieron nada que se pareciera a la ordenación moderna. No eran puestos por encima del resto del rebaño. Eran quienes servían entre ellos. Los ancianos del primer siglo simplemente eran respaldados públicamente por obreros externos como personas que se preocupaban por la iglesia. Esta aceptación era simplemente el reconocimiento de una función. No confería poderes especiales. Tampoco era una posesión permanente, como creía Agustín. La práctica moderna de la ordenación crea una casta especial de cristianos. No importa si es el sacerdote del catolicismo o el Pastor del protestantismo, el resultado es el mismo: el ministerio más importante está restringido a unos pocos creyentes “especiales”. Esta idea es tan dañina como antibíblica. En ningún lugar el Nuevo Testamento limita la predicación, el bautismo o la distribución de la Cena del Señor a los “ordenados”. ¡El eminente erudito James D. G. Dunn fue quien mejor lo expresó al decir que la tradición de clero y laicado ha hecho más para socavar la autoridad del Nuevo Testamento que la mayoría de las herejías!

Dado que los cargos eclesiásticos sólo podían ocuparse a través del rito de la ordenación, el poder de ordenar se convirtió en el tema crítico para tener autoridadreligiosa. Se había perdido el contexto bíblico. Y se usaron métodos de textos de prueba para justificar la jerarquía entre el clero y los laicos. ¡El creyente común, generalmente inculto e ignorante, estaba a la merced de un clero profesional! Así es todo el rollo mis queridos lectores, la imagen del pastor profesional ordenada y dedicado al ministerio a diferencia del laico que no es llamado al ministerio, es una idea totalmente extraña a las Escrituras y tiene sus raíces en el paganismo.

¿De donde provienen los pastores? 2

De presbítero a sacerdote

Para la mitad del tercer siglo, la autoridad del obispo se convirtió en un oficio pulido. Luego Cipriano de Cartago (200-258) apareció, intensificando el daño. Cipriano era un orador pagano y maestro de retórica. Cuando se volvió cristiano, comenzó a escribir prolíficamente. Pero algunas ideas paganas nunca abandonaron la mente de Cipriano. Debido a la influencia de Cipriano, la puerta estaba abierta para resucitar la economía veterotestamentaria de los sacerdotes, templos, altares, y sacrificios. Los obispos comenzaron a ser llamados sacerdotes, una norma que se volvió común para el tercer siglo. También los llamaban pastores en ocasiones. En el tercer siglo, cada iglesia tenía su propio obispo. Y los obispos y presbíteros juntos comenzaron lo que sería llamado el clero. El origen de la doctrina no bíblica de la “cobertura” puede ser atribuida también a Cipriano. Cipriano también enseñó que el obispo no tiene ningún superior más que Dios. Él rendía cuentas a Dios solamente. Cualquier que se separara del obispo se separaba de Dios mismo. Cipriano también enseñó que una porción del rebaño del Señor era asignada a cada pastor (obispo) por individual. Luego del concilio de Nicea, los obispos comenzaron a delegar la responsabilidad de la cena del Señor a los presbíteros. Los presbíteros eran un poco más que representantes del obispo, ejecutando su autoridad en sus iglesias. Como los presbíteros eran los únicos administradores de la cena del Señor, comenzaron a llamársele sacerdotes. Más asombrosamente, al obispo comenzó a llamársele “el sumo sacerdote”, ¡quien perdonaba pecados! Todas estas tendencias oscurecieron la realidad de que todos somos sacerdotes ante Dios. Para el siglo cuarto, esta jerarquía gradual dominó la fe cristiana. La casta clerical estaba ahora consolidada. En la cabeza de la iglesia se ponía de pie el obispo. Bajo él residía el colegio de presbíteros. Bajo ellos estaban los diáconos. Y bajo todos ellos yacían los pobres, y miserables laicos. La regla del gobierno de un solo obispo se volvió la forma aceptada de gobierno de iglesia a través del imperio romano. (Durante este tiempo, algunas iglesias comenzaron a ejecutar autoridad sobe otras iglesias – y así expandiendo la estructura jerárquica) Para el fin del cuarto siglo, los obispos caminaban con los grandes. Se le dieron tremendos privilegios. Se involucraron en la política y se separaron más y más de los presbíteros. En sus intentos de fortalecer el oficio de obispo, Cipriano argumentó por una sucesión continua de obispos dibujada hasta Pedro. Esta idea se conoce como la “sucesión apostólica” A través de sus escritos, Cipriano emplea el lenguaje del sacerdocio del antiguo testamento para justificar esta práctica. Como Tertuliano (160-225), e Hipólito (170-236) antes de él, Cipriano utilizó los términos sacerdotes para describir a los presbíteros y obispos. Pero él dio un paso más allá. Es bajo el pensamiento de Cipriano donde yace el concepto no neotestamentario del sacerdotalismo – la creencia que existe una persona divinamente escogida para intermediar entre Dios y el pueblo. ¡Cipriano arguyó esto debido a que el clero cristiano lo constituyen el sacrificio santo (Eucaristía), por ende son sacrosantos ellos mismos! También podemos dar crédito a Cipriano la noción de que cuando un sacerdote ofrece la Eucaristía, actualmente está ofreciendo la muerte de Cristo en medio de la congregación. Para la mente de Cipriano, el cuerpo y la sangre de Cristo son sacrificados una vez más a través de la Eucaristía. Consecuentemente, es en Cipriano donde encontramos las semillas de la misa católica medieval. Está idea ensanchó la línea entre el clero y el laicado.El rol del sacerdote Hacia la edad media, los presbíteros (comúnmente llamados ahora “sacerdotes”) eran el segundo violín del obispo. Pero durante la edad media hubo un cambio. Los presbíteros comenzaron a representar el sacerdocio mientras que los obispos ocupaban labores políticas. Los sacerdotes locales se volvieron más centrales a la vida de la iglesia que los obispos. Era el sacerdote quien ahora se interponía en el lugar de Dios y controlaba los sacramentos. Como el latín se volvió el lenguaje común a mitad del siglo cuarto, el sacerdote invocaba las palabras hoc est corpus meum. Estas palabras quieren decir “esto es mi cuerpo” Con estas palabras, el sacerdote so volvió el sobreveedor de la arrogante tontería que comenzó a marcar la misa católica. Ambrosio de Milán (339-397) recibe el crédito por la idea que la mera pronunciación de hoc est corpus meum convertía mágicamente el pan y el vino en el cuerpo y la sangre física del Señor. (La frase mágica “hocus pocus” proviene de hoc est corpus meum) de acuerdo a Ambrosio, ¡el sacerdote estaba dotado de poderes especiales para hacer descender al Dios de los cielos hacia dentro del pan! Por esta función sacramental, la palabra presbytheros vino a significar sacerdos (sacerdote). Consecuentemente, cuando la palabra latina presbítero se tradujo al español, poseía el significado de “sacerdote” en vez de “anciano”. Así en la iglesia católico romana, “sacerdote” fue el término ampliamente usado para referirse al presbítero local. Por otro lado hubo una tremenda influencia de la cultura greco-romana. La cultura grecorromana que rodeaba a los primeros cristianos reforzó la jerarquía por grados que se infiltraba en la iglesia. La cultura grecorromana era jerárquica por naturaleza. Esta influencia se infiltró dentro de la iglesia cuando los nuevos convertidos trajeron su bagaje cultural en la comunidad de creyentes. La jerarquía humana y el ministerio “oficial” institucionalizaron la iglesia de Jesucristo. Par el cuarto siglo, estos elementos endurecieron las arterias de la una vez viviente, ekklesia de Dios – cuyo ministerio era funcional, guiada por el Espíritu, orgánica, y compartida por todos los creyentes. ¿Pero como sucedió esto? Podemos trazar la línea hasta el tiempo de la muerte de los obreros apostólicos itinerantes (plantadores de iglesias). A finales del siglo primero y principios del siglo segundo, los presbíteros locales comenzaron a emerger como los “sucesores” residentes del rol de liderazgo único ejercido por los obreros apostólicos. Esto ensalzó la figura de un único líder en cada iglesia. Sin la influencia de los trabajadores extra locales que habían sido discipulados por los apóstoles del NT, la iglesia comenzó a deslizarse hacia patrones organizacional de la cultura que lo rodeaba. Los maestros prominentes que habían adoptado el pensamiento pagano también tuvieron una gran influencia en la iglesia. Siguiendo los talones de Ignacio de Antioquia, Cipriano creó la carcasa en la que la organización de la iglesia debía ser modelada luego del imperio romano. Como resultado, el imperialismo y la jerarquía impregnable incursionaron en la fe cristiana. Como ya hemos visto, el rol del obispo comenzó a cambiar de ser la cabeza de una iglesia local a volverse el representante de todos en un área dada. Los obispos gobernaban sobre las iglesias de la misma manera en que los gobernadores romanos gobernaban sobre sus provincias. Eventualmente, el obispo de Roma le era dada la mayor autoridad de todas y finalmente evolucionó en el “Papa”. Así entre los años 100 DC y 300 DC, el liderazgo de la iglesia vino a tomar su patrón del liderazgo romano. Y la jerarquía del Antiguo testamento se utilizó para justificarlo. El gobierno de un solo obispo se había tragado el sacerdocio de todos los creyentes. Ignacio efectivamente hizo del obispo la autoridad local. Cipriano lo volvió el representante de todas las iglesias con su doctrina de la sucesión apostólica. Luego llegó Constantino y la glorificación del clero Desde el 313-325 DC, la cristiandad ya no era una religión que luchaba por sobrevivir al imperio romano. Más bien se bronceaba en el sol del imperialismo, llena de dinero y estatus. Ser un cristiano bajo el reinado de Constantino ya no era una desventaja. Era una ventaja. Era una moda volverse parte de la religión del emperador. Y estar entre el clero era la más grande de las ventajas. Constantino exaltó el clero. En el 313 DC le dio al clero cristiano la excepción de pagar impuestos – algo que los paganos tradicionalmente habían disfrutado. También los exceptuó del ordenamiento del oficio público y otras labores civiles. Se les liberó de ser juzgados en las cortes seculares y de servir en la milicia. (Los obispos podían ser juzgados en los tribunales de obispos, pero no en los tribunales seculares) En todas estas cosas el clero le fue dado un estatus especial. Constantino fue el primero en usar las palabras “clerical” y “clérigo” para ilustrar una clase social más elevada. Él sintió también que el clero cristiano merecía los mismos privilegios que los oficiales del gobierno. Así que los obispos se sentaron en los juicios como los jueces seculares. Los clérigos recibieron los mismos honores que los más altos oficiales del imperio romano y aun del emperador mismo. ¡El hecho es que Constantino les dio a los obispos más poder que le que les dio a los gobernadores romanos! También ordenó que el clero recibiera bienes anuales fijos (¡pago ministerial!) El resultado de esto fue alarmante: el clero tenía el prestigio de ser oficiales-representantes de la iglesia, los privilegios de una clase favorecida, y el poder de una elite poderosa. Se volvieron una clase aislada con estatus civil separado y una forma de vida separada (esto incluía el celibato clerical) Ellos incluso se vistieron y se prepararon diferentes del pueblo. Los obispos y sacerdotes se afeitaban las cabezas, esta práctica, conocida como la tonsura, viene de la vieja ceremonia romana de adopción. Todos aquellos que tenían las cabezas rapadas se les conocían como “cleros” o “clerecía”. También comenzaron a usar ropas de oficiales romanos. No sería sorpresa que mucha gente en los días de Constantino experimentara un repentino “llamado al ministerio”. Para sus mentes, ser un oficial de la iglesia se había vuelto más una carrera que un llamado.

De donde provienen los pastores

¿De donde vienen los pastores?

¿De donde vienen los pastores?

La serie de artículos que voy a escribir a continuación, se desprenden de mis lecturas de Frank Viola, Gene Edwards, George Barna, Dallas Willard, Brian Macclaren , Jack Deere y Richard Hanson. La mayoría de sus escritos están en español, pero algunos de ellos que para mí son los más importantes, continúan en inglés. Les advierto que serán bastante controversiales, porque después de años de reflexión, me atrevo a publicarlos. Déjeme decirles que lo hago desde la perspectiva cristiana evangélica. Sé que muchos de mis colegas, se ganan su sustento con el rol de Pastor profesional, y que estas reflexiones atentarían a su forma de sostenimiento, pero creo que es tiempo de poner en claro la perspectiva de esta profesión, sobre todo desde la perspectiva bíblica. Quisiera comenzar citando a Richard Hanson, el dice: Es una tendencia universal en la religión cristiana, así como en muchas otras religiones, el dar una interpretación teológica a las instituciones que han desarrollado gradualmente a través de un periodo de tiempo por amor a la utilidad práctica, y entonces leer esta interpretación en de vuelta en los periodos tempranos de esta instituciones, adjuntándolas a una fecha cuando de hecho nadie imaginaba que tendrían tal significado El pastor. Él es la figura fundamental de la fe protestante. Él es el jefe, el capitan, y el funndamento de la cristiandad actual. ¡Tan prevaleciente es la figura del pastor en la mente de la mayoría de los cristianos que es mejor conocido, más alabado, y más fuertemente trasmitido que el propio Jesucristo! Remuevan al pastor y la cristiandad moderna colapsa. Remuevan al pastor y toda iglesia protestante caerá virtualmente en pánico. Remuevan al pastor y el protestantismo como lo conocemos muere. El pastor es el punto focal dominante, el pilar, y la pieza central de la iglesia moderna. Él es el más claro ejemplo de la iglesia protestante. Pero aquí yace una profunda ironía. ¡No hay un solo versículo en todo el NT que soporte la existencia del pastor moderno! Él simplemente no existía en la iglesia emergente. (Noten que estoy usando el término “pastor” a través de este artículo para describir el oficio y rol pastoral moderno. No estoy hablando de individuos específicos que llenan este rol. En su mayoría, aquellos que sirven en el oficio del pastor son personas maravillosas. Son dignos de honor, decentes, y muchas veces cristianos talentosos que aman a Dios y poseen un celo por servir a Su pueblo. Pero es al rol que cumplen el que tanto la Escritura como la historia se oponen tal como este artículo les mostrará ¿El pastor está en la Biblia…. ¿Cierto? La palabra “pastores” aparece en el NT( Efesios 4:11): Deben hacerse las siguientes observaciones acerca de este texto: Este es el único versículo en el NT donde se usa la palabra “pastor”. ¡Un solo versículo es de escasa evidencia en la cual sustentar toda la fe protestante! En este sentido, existe mayor autoridad bíblica para el manejo de serpientes que para el pastor moderno. (mr 16:18 y hechos 28:3-6 ambos mencionan el manejo de las serpientes. Así que el manejo de serpientes gana dos versos a uno) La palabra es usada en plural. Es “pastores”. Esto es significativo. Quien sea que estos pastores sean, están es plural en la iglesia, no singular. Consecuentemente, no hay sustento biblico para la practica de Sola Pastora (un solo pastor) La palabra griega traducida “pastores” es poimen. Significan pastores de rebaño. (“pastores” es la palabra latina para los pastores del rebaño) el “pastor” es, por tanto, una metáfora para describir una función particular en la iglesia. No es un oficio o un titulo. El pastor del primer siglo no tenía nada que ver con el sentido profesional y especializado que ha tomado en la cristiandad moderna. Por lo tanto, efesios 4:11 no apoya un oficio pastoral, sino una de las muchas funciones en la iglesia. Los pastores son aquellos quienes proveen naturalmente cuidado y crecimiento sobre el rebaño de Dios. Por lo tanto, es un error profundo confundir a los pastores con un oficio o un titulo como es concebido comúnmente. Como máximo, este texto es oblicuo. No ofrece absolutamente una definición o una descripción de quienes son los pastores. Solamente los menciona. Lamentablemente, hemos llenado esta palabra con nuestro concepto occidental de lo que es un pastor. Hemos llevado la idea moderna de un pastor moderno de vuelta al NT. ¡Nunca en la imaginación de un cristiano del primer siglo concebiría el oficio pastoral moderno! Los católicos cometieron el mismo error con la palabra “sacerdote”. Podemos encontrar la palabra “sacerdote” usada en el NT para referisrse a un cristiano tres veces. Mas sin embargo, ¡un sacerdote en el primer siglo estaba muy lejos de un hombre que se viste de negro y usa un collar al revés! Richard hanson hace claro este punto cuando dice “para nosotros las palabras obispos, presbiteros, y diaconos están almacenados con las asociaciones de casí dos mil años. Las personas que por primera vez los usaron los titulos de estos oficios pudieron querer decir mucho más que inspectores, ancianos y ayudantes… fue cuando un significado teologico comenzó a distorsionar el concepto del ministerio cristiano.” En el libro de Frank Viola reconsiderando el odre y quien es tu cobertura, demuestra que los pastores del primer siglo eran ancianos locales (presbiteros) y supervisores de la iglesia. Y su función no concordaba completamente con el rol pastoral moderno. Entonces ¿De donde provienen? Si el pastor moderno estaba ausente en la iglesia primitiva, ¿de donde provienen? ¿Y como se elevaron a una posición tan prominente en la fe cristiana? Es un cuento doloroso, las raices están entretejidas y son complejas. Estas raices llegan tan lejos como la caida del hombre. Con la caida vino un deseo implicito en el hombre de tener un líder fisico que los llevara a Dios. por esta razón, las sociedades humanas a través de las historia han creado consecuentemente una casta espiritual especial de iconos religiosos. El medico, el shaman, el hacedor de milagros, el brujo, el sabio y el sacerdote han estado con nosotros desde la metida de pata de Adan. El hombre caido has tenido siempre el deseo de erigir una casta sacerdotal especial quienes unicamente hacen disponible el trato con los dioses. Esta busqueda está en nuestras venas. Vive dentro de nuestros huesos. Como criaturas caidas, observamos a una persona con poderes espirituales especiales. Y esta persona siempre está dotada con un entrenamiento especial, un garbo especial, un vocabulario especial, y un estilo de vida especial. Podemos observar la cabeza de este instinto en la historia de la antigua Israel. Hizo su primera aparición durante el tiempo de moisés. Dos siervos del señor, Eldad y Medad, recibieron el espíritu de Dios y comenzaron a profetizar. En rapida respuesta, un joven zelote urgio a Moisés a “¡reprenderlos!” Moisés reprobó al joven supresor diciendo que todo el pueblo de Dios puede profetizar. Moisés mismo estaba en contra del espíritu clerical que habia tratado de controlar el pueblo de Dios. Observamos de nuevo cuando Moisés ascendió al monte Horeb. El pueblo deseaba que Moisés fuera el mediador fisico entre ellos y Dios. Ellos temieron una relación personal con el Todopoderoso. Este instinto caido hizo otra aparición en el tiempo de Samuel. Dios deseaba que su pueblo viviera bajo su señorio directo. Pero Israel clamo por un rey humano en vez de eso. Las semillas del pastor moderno pueden aun ser detectadas en la era del NT. Diotrefes, quien “amaba tener la preeminencia” en la iglesia, tomó el control ilegítimamente de sus pasiones. En suma, algunos estudiosos sugieren que la doctrina de los nicolaitas que Jesús condena en ap 2:6 es una referencia al surgimiento de un sistema clerical temprano. A lo largo de la busqueda del hombre caido de un mediador espiritual está la obsesión con el sistema jerarquico de liderazgo. Todas las culturas antiguas fueron jerarquicas en su estructura social en un grado u otro. Lamentablemente, los cristianos post-apostolicos adoptaron estas estructuras en su vida de iglesia como veremos. El nacimiento del gobierno de un solo obispo. Hasta el segundo siglo, la iglesia no poseia liderazgo oficial. En este sentido, las iglesias del primer siglo eran de hecho concordantes. Eran grupos religiosos sin sacerdotes, templos o sacrificios. Los propios cristianos llevaban la iglesia bajo el señorio directo de Cristo. Entre las congregaciones estaban los ancianos (pastores o supervisores). Estos hombres estaban al mismo nivel, no existia jerarquia entre ellos. Tambien estaban presentes los trabajadores extra-locales que plantaban iglesias. Estos eran llamados “los enviados” o apóstoles. Pero ellos no tomaban residencia en la iglesia que cuidaban, ni tampoco la controlaban. El vocabulario del liderazgo del NT no permite estructuras piramidales. Es más bien un lenguaje de relaciones horizontales que incluye acción ejemplar. Todo era cierto que hasta Ignacio de Antioquia (35-107) entró en escena. Ignacio fue la primera figura en la historia de la iglesia descender el primer escalon hacia la pendiente resbaladiza hacia la iglesia de un único líder. Podemos seguir el origen del pastor moderno y la jerarquia de la iglesia hasta él. Ignacio elevó uno de los ancianos sobre los demás. El anciano elevado era ahora llamado el “obispo”. Todas las responsabilidades que correspondian el colegio de ancianos eran ejercidas por el obispo. En el 107 DC, Ignacio escribió una serie de cartas donde en su camino a ser martirizado en Roma. Seis de siete de estas cartas poseen el mismo acorde. Están llenas con una exaltación exagerada de la autoridad y la importancia del oficio del obispo. De acuerdo a Ignacio, el obispo poseia la autoridad final y debia obedecersele absolutamente. Considere el siguiente extracto de sus cartas: “todos vosotros seguid al obispo así como Jesucristo sigue al Padre… nadie debe realizar oficios en la iglesia sin el obispo… dondequiera que el obispo aparezca, allí deberá estar la congregación… vosotros mismos nunca debeis actuar independientemente de vuestro obispo o clerigo. Vosotros debeis ver en vuestro obispo como un tipo de el Padre… cualquier cosa que él apruebe, es placentero a Dios”. Para Ignacio, el obispo estaba de pie en el lugar de Dios mientras los presbiteros estaban en el lugar de los doce apostoles. Recaia en el obispo solamente el celebrar la cena del Señor, conducir los bautismos, dar consejos, disciplinar a los miembros de la iglesia, aprobar matrimonios, y predicar sermones. Los ancianos se sentaban con el obispo en la cena del Señor. Pero era el obispo quien presidia sobre ella. Él tomó cargo de las oraciones públicas y el ministerio. Solo en los casos más extremos el llamado “laico” tomaba la cena del Señor sin la presencia del obispo. Por lo tanto el obispo, decía Ignacio, debe presidir sobre los elementos y distribuirlos. Para la mentalidad de Ignacio, el obispo era el remedio para la propagación de las falsas doctrinas y establecer la unidad de la iglesia. Ignacio creia que si la iglesia sobrevivia la herejía, tenía que desarrollar una rigida estructura de poder cuyo patron era la estructura politica centralizada de Roma. El gobierno de un solo obispo rescataría la iglesia de la herejia y los conflictos internos. Historicamente esto es conocido como el “monoepiscopado” o el “episcopado monarquico”. Es el tipo de organización donde el obispo se distingue de los ancianos (el presbiterio) y tiene un rango superior a ellos. Para la epoca de Ignacio, el gobierno de un obispo no tuvo cabida en otras regiones. Pero para la mitad del segundo siglo, este modelo estaba firmemente establecido en la mayoría de las iglesias. Para el fin del tercer siglo, esta prevalecía en todas partes. El obispo se convirtió eventualmente en el administrador y el distribuidor de la riqueza de la iglesia. Él era el hombre responsable de la enseñanza de la fe y el conocedor de todos los aspectos de la cristiandad. La congregación, una vez activa, fue dejada ahora sorda y muda. Los santos solamente observaban el desempeño del obispo. En efecto, el obispo se convirtió en el “solo pastor” de la iglesia. El profesional en la adoración comun. Se le veia como el orador y la cabeza de la congregación. Aquel cuyas manos llevaban el control. Todos estos roles hicieron del obispo el arquetipo del pastor moderno.

Desenterrando tesoros del griego y el hebreo: La lectura de la Biblia

En este artículo, quiero mostrar como leemos y estudiamos nuestras Biblias. Muchos cristianos hemos sido enseñados a acercarnos a la biblia en una de estas ocho formas, y confieso que aun yo continúo usando alguna de ellas:

1) La perspectiva de la ruleta: abrimos la biblia al azar, y luego tomamos esta lectura como la “Palabra de Dios” dirigida para uno en ese momento.

2) La perspectiva inspiracional: buscamos los versos que nos inspiren, luego los remarcamos, memorizamos, meditamos en ellos, o los pegamos en el refrigerador.

3) La perspectiva del libro de promesas: buscamos los versos que nos muestran lo que Dios ha prometido para luego confesar o por fe y por tanto “obligar” a Dios a realizar lo que deseamos (entre ellos se encuentran los movimientos de la confesión positiva, o la visualización).

4) La perspectiva del siervo: buscamos versos que nos ordenan que hacer y luego tratamos de cumplirlos.

5) La perspectiva de la guerra espiritual: buscamos versos que podamos citar para ahuyentar al enemigo o sus acechanzas, o para resistirle en la hora de las tentaciones.

6) La perspectiva del ring teológico: buscamos versos que prueben las doctrinas particulares que adoptamos, de tal manera que podamos “arrinconar” al oponente hacia las cuerdas. (Debido este método, una vasta población del cristianismo se comporta como si citar los versos aleatoriamente, de forma descontextualizada acabará virtualmente con cualquier discusión sobre el asunto)

7) La perspectiva correccional: buscamos versículos para controlar y/o corregir a otros.

8) La perspectiva Homilética: buscamos pasajes que “prediquen” bien para nuestro próximo sermón o estudio bíblico.

Notemos como estos acercamientos son altamente individualistas. Todos ellos exponen a la persona por encima del mensaje de la Biblia. Cada uno de estos acercamientos o perspectivas ignora el hecho de que la mayoría del Nuevo Testamento fue escrito para comunidades y una masa de personas (iglesias), y no hacia individuos. Ante esto existen algunas pocas excepciones, pero no es un patrón común. Cada uno de los acercamientos esta basado en una prueba de textos aislados. Tratan al Nuevo Testamento como un manual y esto nos oculta su verdadero significado más pleno. No es de asombrarse porque en nuestras iglesias se adoptan una inmensa cantidad de prácticas y creencias a-bíblicas, sin que esto nos cause siquiera motivo de reflexión. Una buena razón es que se nos ha enseñado acercarnos a la Biblia como a un rompecabezas. Para la mayoría de nosotros, nunca se nos ha contado la historia completa que yace detrás de las epístolas de Pablo, Pedro, Santiago, Juan o Judas. Se nos ha enseñado sobre versículos y capítulos, pero no de contextos históricos. Por ejemplo, es inquietante la cantidad de personas que desconocen la historia detrás de la carta de Pablo a los Gálatas, de hecho yo invito a responder las siguientes preguntas a cualquier que tenga la osadía de contestarlas sin consultar un comentario bíblico:

  • ¿Quienes eran los Gálatas?
  • ¿Cuales eran sus problemas?
  • ¿Cuándo y por qué les escribió Pablo?
  • ¿Qué sucedió antes que Pablo escribiera esta epístola?
  • ¿Dónde estaba cuando la escribió?
  • ¿Qué le motivó escribir esta carta?

Todo este trasfondo es indispensable para entender lo que el Nuevo Testamento quiere decir. Sin ello, sencillamente no podremos entender el mensaje de la Biblia de manera clara o apropiada.Debemos saber que el orden de las cartas de Pablo en el nuevo testamento es de acuerdo a su longitud- cuando las reordenemos en un orden cronológico, emparejándolas lo máximo posible a los registros de los hechos de los apóstoles, ellos comienzan a proveernos más de su tesoro; se explican por sí mismos, hacia una mayor cobertura que cuando se ignora su trasfondo” . Y si las ediciones futuras [del nuevo testamento] quieren ayudar en vez de esconder a los lectores la comprensión del Nuevo Testamento, debemos darnos cuenta que el tiempo está maduro para incentivar la desaparición de las divisiones de capítulos y versos del texto, y que sean puestos en el margen en un lugar tan discreto como sea posible. Debe realizarse el mayor esfuerzo en imprimir el texto en una manera que sea posible que se vuelvan aparentes las unidades de pensamiento que el autor mismo tenía en mente Podemos denominar a nuestro método de estudio bíblico como el “método del portapapeles”. Copiamos en el portapapeles un extracto de texto de un documento, para luego pegarlo en otro. Muchos líderes cristianos están condicionados por el método del portapapeles cuando estudian la Biblia. Así es como justificamos nuestras tradiciones terrenales y las volvemos “Bíblicas”. Es por esto que rutinariamente perdemos el sentido de cómo era la iglesia “emergente del NT” cuando revisamos nuestro Nuevo Testamento. Observamos versos, pero no visualizamos el cuadro completo. La biblia es un mapa del tesoro gigantesco que nos lleva a un único destino: El Señor Jesucristo. Si queremos entender la biblia correctamente y absorber todo lo que ella tiene para ofrecernos (como alimento espiritual para nuestra jornada en Cristo), deberemos en primer lugar familiarizarnos con el contexto histórico en el que fue escrito. Si no, seremos incapaces de comprender completamente el mensaje y el objetivo de su contenido… Cristo y todo lo que el Padre ha hecho a través de Él.

Desenterrando tesoros del griego y el hebreo: Sentir la presencia de Dios

sintiendo la presencia de Dios

sintiendo la presencia de Dios

Antes de entrar en el tema, quiero contarles un poco de mi experiencia. He deambulado por todos los escenarios denominacionales que hay. Y he aprendido mucho de cada uno de esos escenarios. He convivido con los pentecostales, estos amados hermanos en la fe me enseñaron algunos rudimentos de la cristiandad, de los cuales estoy muy agradecido, encuentro muchas cosas útiles y auténticas en este movimiento. Estoy agradecido por lo que se me enseñó acerca de uno de los aspectos de la actividad de Dios en el presente. Sin embargo es mi deber decir al mismo tiempo, que hay mucho en este movimiento que no es tan útil, y una buena parte de la misma que tampoco es completamente autentica. La devoción o propensión a buscar “sentir la presencia de Dios” en este movimiento es un asunto principal y también abrumador. Personalmente he observado a muchos cristianos luchar con esta búsqueda al punto de concluir que existe algo errado en sus vidas… que Dios no les ama tanto… todo porque no están “sintiendo” la presencia de Dios en sus vidas. Mi propósito entonces es proponer una perspectiva acerca de la presencia de Dios en la cotidianidad de nuestras vidas. Una perspectiva que contribuya a derribar algunos mitos acerca de la presencia de Dios y que nos permita experimentar al Señor más allá de las emociones y sensaciones y nos permita caminar en una senda espiritual aún más elevada, la de la fe. Conozco en la actualidad a cristianos que están totalmente comprometidos con Dios, ejercitando sus dones, y con muchos frutos en el Señor. Sin embargo en su vida privada, me han confesado que ellos nunca han sentido la presencia de Dios. También conozco a cristianos que se encuentran en situaciones desesperadas. Algunos viven una doble vida. Sin embargo, no muestran ni una seña de su condición debido a que en los servicios de la iglesia “sienten” con regularidad la presencia de Dios. En lo personal, creo que existe una gran confusión en este lado del continente en lo que respecta la presencia de Dios. Una parte de esta confusión se encuentra en la semántica. Otra se encuentra en la teología.Veamos primero entonces el problema semántico.Por lo general, los cristianos solemos exagerar las cosas cuando describimos nuestras experiencias. Otros las subexponen. Dos personas pueden experimentar un mismo fenómeno y describirlo con distintas palabras, a alguno le parecerá “increíble, una experiencia irrepetible, trascendental”, mientras que el otro la describirá como “buena, edificante, provechosa” Es así como vemos la diferencia de vocablos para describir una misma cosa. Por ejemplo, Wacthman Nee se refería a su experiencia de compañerismo con el Señor de una manera particular: “tocando al Señor”. Otros usan la “divina comunión” o “el encuentro divino” y así pare de contar. Para describir el proceso de dirigirse al Señor, algunos utilizan el término “contemplar”, “volverse a Dios”, otros lo describen como “meditar en el Señor”. Mucho de esto se debe en gran manera a dos razones: el temperamento de cada persona y el efecto que las personas quieren dar a su testimonio. El decir que un cristiano busque “sentir” la presencia de Dios es simplemente mala teología. No existe soporte en ningún lugar en las Escrituras sobre esto. No hay precedentes ni exhortaciones acerca de este tema en todo el Nuevo Testamento. Entre los pentecostales siempre se suele citar un pasaje para apoyar la idea de buscar la “presencia sentida de Dios”. El salmo 22:3 cita: “Tú habitas en medio de las alabanzas de Israel”. Este versículo se usa muy frecuentemente para “invocar” la presencia de Dios mediante el canto de alabanzas y canciones de adoración. Sin embargo, nuevas versiones de la Biblia han tomado rumbos diferentes en la traducción. La Nueva Versión Internacional traduce: Pero tú eres santo, tú eres rey, ¡Tú eres la alabanza de Israel! La Biblia Latinoamericana versión 1995 tiene el mismo enfoque: Tú, sin embargo, estás en el Santuario, de allí sube hasta ti la alabanza de Israel. La versión Dios Habla Hoy traduce como sigue: Pero tú eres santo; Tú reinas, alabado por Israel.

Finalmente, la Biblia Amplificada traduce: Pero tú eres Santo. Tú que habitas en [el lugar santo donde se ofrecen] las alabanzas de Israel. Aquí se observa que el término “alabanza” se ve como una referencia a Uno a quien el pueblo de Israel dirige su alabanza. El es una afirmación de la liturgia veterotestamentaria. Bajo este concepto, la presencia de Dios mora en el lugar santísimo en el templo de Jerusalén. De ninguna manera explica que Dios se hace presente de alguna manera por causa de nuestras alabanzas.Algunos eruditos que han traducido el pasaje en estas versiones opinan que: El texto debe ser entendido en el contexto de la adoración en el templo del AT. Es Dios mismo en su presencia en el templo quien es llamado “la alabanza (o la gloria) de Israel”. Además, debemos tener cuidado al aplicar literalmente principios de la adoración neo testamentaria en la adoración en el templo del AT. Consideremos por ejemplo las implicaciones de las palabras de Jesús en Juan 4 acerca de esto. “Créeme, mujer, que se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adorarán ustedes al Padre. Ahora ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación proviene de los judíos. Pero se acerca la hora, y ha llegado ya, en que los verdaderos adoradores rendirán culto al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren. Voy a proponer una distinción personal sobre la presencia de Dios. Es tan solo una forma de explicar un asunto que tiende por lo general a ser cada vez más complejo, en lo personal pienso que existen 4 aspectos de la presencia de Dios, y ellos son: 1) La realidad de la Presencia de Dios – se refiere al hecho de que Dios está en realidad presenta en o con una persona o un grupo de personas. 2) La “percepción” de la Presencia o presencia “sentida” de Dios – se refiere a la presencia perceptible en un sentido evidente o el sentimiento de su presencia. 3) La conciencia activa de la Presencia de Dios- referida al estado en que la mente y el corazón están enfocados en Dios. 4) La conciencia pasiva de Dios o de trasfondo – tiene que ver con la presencia desapercibida o inadvertida pero siempre presente de Dios. Ahora debo acotar algunos aspectos de la presencia de Dios con el fin de hacer evitar malos entendidos: · Dios está siempre presente en la vida del creyente… bien sea que este sienta su presencia o no. Cristo mismo le prometió a sus discípulos “yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”. La realidad de la presencia de Dios está siempre con el creyente, y nunca cambia. No depende ni se evidencia en los sentimientos o emociones. · El Nuevo Testamento es bastante claro en su proclamación sobre la presencia Dios en todo creyente en Cristo a través del Espíritu Santo. Este es otra verdad inmutable. Dicho de otra manera, todo cristiano está siempre en la presencia de Dios. Su presencia no es algo que debamos buscar, ni algo que llegamos a adquirir. No es algo que se invoca, o clamar, o suplicar. Esta es una realidad que se encuentra siempre presente para todos y cada creyente. Pablo menciona en Romanos 10:6-8: “…No digas en tu corazón: ‘¿Quién subirá al cielo?’ (Es decir, para hacer bajar a Cristo), o ‘¿Quién bajará al abismo?’ “(Es decir, para hacer subir a Cristo de entre los muertos). ¿Qué afirma entonces? “Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón.” · Hay una gran diferencia entre la “percepción” de la Presencia de Dios y la “conciencia activa” de su Presencia. Estar consciente significa “darse cuenta, estar atento” de que Dios está con nosotros y en nosotros. Estamos atentos a su presencia cuando meditamos en Él, o lo que Pablo denominaría “andar en el espíritu” (Ro 8). · Podemos estar activamente conscientes de la presencia de Dios simplemente por fe. Podemos tener nuestra mente en cosas terrenales y no estar conscientes de la presencia del Señor, por el contrario, podemos fijar nuestros pensamientos en Él, y volvernos conscientes de su presencia. · El secreto para la formación espiritual es estar conscientes de la presencia de Dios tanto como podamos. Por ejemplo, imaginemos que Jesucristo está físicamente junto a nosotros en todo momento, y observemos los efectos que tendría en nuestra conducta. Los discípulos fueron transformados principalmente por estar en contacto con Él, y esto era notorio incluso para los fariseos (Hch 4:13). Tomas Kempis denominaba a esto “la práctica de la presencia de Dios”. Para él, practicar la presencia de Dios era pensar en Él durante todo el día. Conversar con Él y tenerle presente durante el día. Familiarizarse con su presente constante, centrar mi atención en Él. · Es posible tener experiencias donde uno se sienta abrumado por la sensación o la percepción de la cercanía de Dios, su majestad y su poder, su amor, su gracia, y su unidad con el creyente. Es posible “sentir” o “percibir” su presencia. Sin embargo, los cristianos no estamos llamados a buscar tales sentimientos ni tampoco usarlos como un termómetro de madurez espiritual. En numerosas ocasiones he percibido de una manera estremecedora el amor de Dios, su cercanía y su misericordia hasta el punto de provocar en mí una sensación de llanto profundo. He tenido momento en que percibo esta sensación tan fuertemente que llega a ser incontenible. Sin embargo ellas no demuestran los sentimientos de Dios hacia mí en un momento en particular, como si estos sentimientos hacia mi cambiaran con el tiempo o como si estuvieran basadas en mi conducta (y esto es un error principal en la concepción de Dios en muchos cristianos). Por lo tanto, he aprendido a no buscar tales experiencias. Si tienen la ocasión de suceder, sucederán. Si nunca más las tengo de nuevo, esto no cambia el hecho de que siempre estoy en su presencia, y que Él siempre está conmigo. Su amor y su favor permanecen impasibles. Son inconmovibles puesto que no están basados en mis sacrificios, sino en el sacrificio de Otro. Así que, he aprendido a deleitarme en el reposo que viene de poner mi atención en Él… ya sea en un tiempo de quietud… o en el devenir de la vida en mi compañerismo con Él.

Desenterrando tesoros del griego y el hebreo: Hebreos 13:5

Una gran enseñanza se desprende de este versículo, que en la traducción castellana no se ve. Al conocer el griego amaremos más este verso, por una buena razón. El griego dice: φιλργυρος τρπος, ρκομενοι τος παροσιν. Αὐτὸς γρ ερηκεν· ο μ σε ν οδ ο μ σε γκαταλπω, El contexto de este pasaje es alentar a los cristianos a tener gratitud con Dios. La razón que se nos ha dado para que llevemos este estilo de vida es la imposibilidad de que Dios nos abandone. Primero debemos notar la introducción enfática. El verbo ερηκεν es reforzado por ατς. Es Él, nadie más y nadie menos que Él, quien ha dicho esto. Además, el verbo se encuentra en tiempo perfecto: ερηκεν. Él ha hecho una declaración, ha quedado por escrito, y su declaración permanece. Pero luego debemos darnos cuenta de una sucesión de partículas negativas. Primero hay dos (ο μή , joume) y luego tenemos tres (jude, jume,οδ ο μ). no, no, nisiquiera, no, no. Asi que encuentro que aunque el tiempo le da más fuerza a la negación, ya que estas negaciones enfáticas están emparejadas con los subjuntivos (no le haga caso a esta jerga gramatical) . Uno pudiera pensar que el negativo con el subjuntivo no puede ser tan fuerte como el negativo con el indicativo. Sin embargo, mientras que ouv + el indicativo niega una certeza, ouv mh, + subjuntivo niega un hecho potencial. El negativo no es más débil; en lugar de eso, la afirmación que está siendo negada es menos firme con el subjuntivo. ouv mh, excluye la idea de ser una posibilidad. Esta es una manera de negar fuertemente que algo suceda. Es la forma más fuerte de negar algo en griego. Así que realizando una traducción “dinámica” tenemos, a modo de paráfrasis, algo como esto, es decir así se debería traducir el versículo: porque Él mismo ha dicho: no hay forma concebible que te dejará, ni tampoco existe ninguna forma concebible que te abandone Sin lugar a dudas, es una maravillosa promesa, ¿no creen? Dios jamás nos abandonará por ninguna razón. (Mis disculpas porque quedó un poco técnico el artículo, pero , hey de alguna manera los tengo que impresionar)

Desenterrando tesoros en el griego y el hebreo: La conversion en el NT

La palabra “conversión” aparece solo una vez en el Nuevo Testamento. Es epistrophe. Se origina en la palabra griega que significa literalmente “volverse hacia o regresar.”Cualquier persona que conoce hebreo reconoce inmediatamente la conexión con el verbo shuv – regresar, retornar. Aunque la forma verbal griega aparece con frecuencia, existe algo en la idea de la conversión que no es tan evidente a nuestros ojos. ¡Nunca se aplica a los judíos! Así es. La conversión y convertirse solo se aplica a los gentiles afuera del pacto con Abraham. Si eras judío, no te convertías. ¿Cómo podrías hacerlo? Ya creías en el Dios Único y Verdadero, YHWH. Lo que necesitaba el judío era aceptar que Jesús es el Mesías prometido, no que debía convertirse al cristianismo. Pablo no se convirtió al cristianismo. El cristianismo no existía durante la vida de Pablo. Ninguno de los discípulos se “convirtió” al cristianismo. Es improbable que hayan utilizado el término. La palabra “converso” nunca se usa en el Nuevo Testamento de un judío que llega al convencimiento que Jesús es el Mesías. Los judíos no se convierten. Regresan al Dios que ya conocen. La palabra griega si aplica a la mayoría de nosotros que porque si somos gentiles. Tuvimos que dejar nuestras religiones falsas e idolatras y “convertirnos” al Camino. Pero la mayoría de los hombres y mujeres del Nuevo Testamento no eran conversos. Era judíos creyentes que aceptaron a Jesús El Mesías. Hubo miles de ellos, pero siempre fueron considerados como secta dentro del judaísmo hasta que la influencia griega de los padres de la iglesia y la persecución de los romanos forjó un sismo entre los “cristianos” y los judíos mesiánicos. Hoy dia es popular hablar de la experiencia de la conversión. Eso es apropiado para quienes una vez fueron paganos, pero no creas que es una descripción común del Nuevo Testamento. El Nuevo Testamento habla de judíos y lo que significa desde la perspectiva judía, hebrea y fundamentada en la Escritura del AT. El gran tema en el Nuevo Testamento para quienes creen que Jesús es el Mesías era sobre la inclusión de los gentiles dentro de la congregación de Israel, no sobre que Israel dejaría el judaísmo para unirse a un cristianismo gentil. Cuando lees el Nuevo Testamento, mantén esto en mente y verás como todo comienza a tener sentido. ¿Qué nos ha sucedido? Ahora creemos que debemos “convertir” a los judíos al cristianismo. No comprendemos ni apreciamos que Israel es aun el pueblo de Dios indistintamente del linaje de sangre. ¿Supones que ha llegado el momento de hacer un esfuerzo para reunirnos al grupo que nos amo primero tanto que ha muerto por nosotros? En vez de orar que los judíos encuentren a Jesús, quizás deberíamos orar que nosotros encontremos nuestra heredad en la cosmovisión oriental judía. Eso ciertamente haría la conversión mucho más sencilla, ¿no crees?. Y no que me declare un mesiánico del siglo XXI, es absurdo pensar eso de mi por este artículo. Ahora al pensar en este concepto me llama la atención que puede existir un puente para llevar a la conversión a los católicos. Creo que es mejor hablar con ellos de volverse fielmente a Jesucristo, que de dejar religiones. Creo que como los judíos se volvieron al Mesías, y luego dejaron sus rudimentos, un verdadero cristiano es aquel que su vida está centralizada en Jesús. Por otro lado el llamado a la conversión no es al cristianismo, es a Jesús. Es decir no es volverse a un movimiento sino al fundador de ese movimiento. Como escribe en mi blog hace algunos meses, Dios no es cristiano y es Ateo (debes leerlo antes de lanzar la primera piedra, articulo de marzo 8). Asì que si queremos compartir la fe con otras religiones es importante hablar de nuestra responsabilidad de seguir a Jesucristo y no un movimiento