De presbítero a sacerdote
Para la mitad del tercer siglo, la autoridad del obispo se convirtió en un oficio pulido. Luego Cipriano de Cartago (200-258) apareció, intensificando el daño. Cipriano era un orador pagano y maestro de retórica. Cuando se volvió cristiano, comenzó a escribir prolíficamente. Pero algunas ideas paganas nunca abandonaron la mente de Cipriano. Debido a la influencia de Cipriano, la puerta estaba abierta para resucitar la economía veterotestamentaria de los sacerdotes, templos, altares, y sacrificios. Los obispos comenzaron a ser llamados sacerdotes, una norma que se volvió común para el tercer siglo. También los llamaban pastores en ocasiones. En el tercer siglo, cada iglesia tenía su propio obispo. Y los obispos y presbíteros juntos comenzaron lo que sería llamado el clero. El origen de la doctrina no bíblica de la “cobertura” puede ser atribuida también a Cipriano. Cipriano también enseñó que el obispo no tiene ningún superior más que Dios. Él rendía cuentas a Dios solamente. Cualquier que se separara del obispo se separaba de Dios mismo. Cipriano también enseñó que una porción del rebaño del Señor era asignada a cada pastor (obispo) por individual. Luego del concilio de Nicea, los obispos comenzaron a delegar la responsabilidad de la cena del Señor a los presbíteros. Los presbíteros eran un poco más que representantes del obispo, ejecutando su autoridad en sus iglesias. Como los presbíteros eran los únicos administradores de la cena del Señor, comenzaron a llamársele sacerdotes. Más asombrosamente, al obispo comenzó a llamársele “el sumo sacerdote”, ¡quien perdonaba pecados! Todas estas tendencias oscurecieron la realidad de que todos somos sacerdotes ante Dios. Para el siglo cuarto, esta jerarquía gradual dominó la fe cristiana. La casta clerical estaba ahora consolidada. En la cabeza de la iglesia se ponía de pie el obispo. Bajo él residía el colegio de presbíteros. Bajo ellos estaban los diáconos. Y bajo todos ellos yacían los pobres, y miserables laicos. La regla del gobierno de un solo obispo se volvió la forma aceptada de gobierno de iglesia a través del imperio romano. (Durante este tiempo, algunas iglesias comenzaron a ejecutar autoridad sobe otras iglesias – y así expandiendo la estructura jerárquica) Para el fin del cuarto siglo, los obispos caminaban con los grandes. Se le dieron tremendos privilegios. Se involucraron en la política y se separaron más y más de los presbíteros. En sus intentos de fortalecer el oficio de obispo, Cipriano argumentó por una sucesión continua de obispos dibujada hasta Pedro. Esta idea se conoce como la “sucesión apostólica” A través de sus escritos, Cipriano emplea el lenguaje del sacerdocio del antiguo testamento para justificar esta práctica. Como Tertuliano (160-225), e Hipólito (170-236) antes de él, Cipriano utilizó los términos sacerdotes para describir a los presbíteros y obispos. Pero él dio un paso más allá. Es bajo el pensamiento de Cipriano donde yace el concepto no neotestamentario del sacerdotalismo – la creencia que existe una persona divinamente escogida para intermediar entre Dios y el pueblo. ¡Cipriano arguyó esto debido a que el clero cristiano lo constituyen el sacrificio santo (Eucaristía), por ende son sacrosantos ellos mismos! También podemos dar crédito a Cipriano la noción de que cuando un sacerdote ofrece la Eucaristía, actualmente está ofreciendo la muerte de Cristo en medio de la congregación. Para la mente de Cipriano, el cuerpo y la sangre de Cristo son sacrificados una vez más a través de la Eucaristía. Consecuentemente, es en Cipriano donde encontramos las semillas de la misa católica medieval. Está idea ensanchó la línea entre el clero y el laicado.El rol del sacerdote Hacia la edad media, los presbíteros (comúnmente llamados ahora “sacerdotes”) eran el segundo violín del obispo. Pero durante la edad media hubo un cambio. Los presbíteros comenzaron a representar el sacerdocio mientras que los obispos ocupaban labores políticas. Los sacerdotes locales se volvieron más centrales a la vida de la iglesia que los obispos. Era el sacerdote quien ahora se interponía en el lugar de Dios y controlaba los sacramentos. Como el latín se volvió el lenguaje común a mitad del siglo cuarto, el sacerdote invocaba las palabras hoc est corpus meum. Estas palabras quieren decir “esto es mi cuerpo” Con estas palabras, el sacerdote so volvió el sobreveedor de la arrogante tontería que comenzó a marcar la misa católica. Ambrosio de Milán (339-397) recibe el crédito por la idea que la mera pronunciación de hoc est corpus meum convertía mágicamente el pan y el vino en el cuerpo y la sangre física del Señor. (La frase mágica “hocus pocus” proviene de hoc est corpus meum) de acuerdo a Ambrosio, ¡el sacerdote estaba dotado de poderes especiales para hacer descender al Dios de los cielos hacia dentro del pan! Por esta función sacramental, la palabra presbytheros vino a significar sacerdos (sacerdote). Consecuentemente, cuando la palabra latina presbítero se tradujo al español, poseía el significado de “sacerdote” en vez de “anciano”. Así en la iglesia católico romana, “sacerdote” fue el término ampliamente usado para referirse al presbítero local. Por otro lado hubo una tremenda influencia de la cultura greco-romana. La cultura grecorromana que rodeaba a los primeros cristianos reforzó la jerarquía por grados que se infiltraba en la iglesia. La cultura grecorromana era jerárquica por naturaleza. Esta influencia se infiltró dentro de la iglesia cuando los nuevos convertidos trajeron su bagaje cultural en la comunidad de creyentes. La jerarquía humana y el ministerio “oficial” institucionalizaron la iglesia de Jesucristo. Par el cuarto siglo, estos elementos endurecieron las arterias de la una vez viviente, ekklesia de Dios – cuyo ministerio era funcional, guiada por el Espíritu, orgánica, y compartida por todos los creyentes. ¿Pero como sucedió esto? Podemos trazar la línea hasta el tiempo de la muerte de los obreros apostólicos itinerantes (plantadores de iglesias). A finales del siglo primero y principios del siglo segundo, los presbíteros locales comenzaron a emerger como los “sucesores” residentes del rol de liderazgo único ejercido por los obreros apostólicos. Esto ensalzó la figura de un único líder en cada iglesia. Sin la influencia de los trabajadores extra locales que habían sido discipulados por los apóstoles del NT, la iglesia comenzó a deslizarse hacia patrones organizacional de la cultura que lo rodeaba. Los maestros prominentes que habían adoptado el pensamiento pagano también tuvieron una gran influencia en la iglesia. Siguiendo los talones de Ignacio de Antioquia, Cipriano creó la carcasa en la que la organización de la iglesia debía ser modelada luego del imperio romano. Como resultado, el imperialismo y la jerarquía impregnable incursionaron en la fe cristiana. Como ya hemos visto, el rol del obispo comenzó a cambiar de ser la cabeza de una iglesia local a volverse el representante de todos en un área dada. Los obispos gobernaban sobre las iglesias de la misma manera en que los gobernadores romanos gobernaban sobre sus provincias. Eventualmente, el obispo de Roma le era dada la mayor autoridad de todas y finalmente evolucionó en el “Papa”. Así entre los años 100 DC y 300 DC, el liderazgo de la iglesia vino a tomar su patrón del liderazgo romano. Y la jerarquía del Antiguo testamento se utilizó para justificarlo. El gobierno de un solo obispo se había tragado el sacerdocio de todos los creyentes. Ignacio efectivamente hizo del obispo la autoridad local. Cipriano lo volvió el representante de todas las iglesias con su doctrina de la sucesión apostólica. Luego llegó Constantino y la glorificación del clero Desde el 313-325 DC, la cristiandad ya no era una religión que luchaba por sobrevivir al imperio romano. Más bien se bronceaba en el sol del imperialismo, llena de dinero y estatus. Ser un cristiano bajo el reinado de Constantino ya no era una desventaja. Era una ventaja. Era una moda volverse parte de la religión del emperador. Y estar entre el clero era la más grande de las ventajas. Constantino exaltó el clero. En el 313 DC le dio al clero cristiano la excepción de pagar impuestos – algo que los paganos tradicionalmente habían disfrutado. También los exceptuó del ordenamiento del oficio público y otras labores civiles. Se les liberó de ser juzgados en las cortes seculares y de servir en la milicia. (Los obispos podían ser juzgados en los tribunales de obispos, pero no en los tribunales seculares) En todas estas cosas el clero le fue dado un estatus especial. Constantino fue el primero en usar las palabras “clerical” y “clérigo” para ilustrar una clase social más elevada. Él sintió también que el clero cristiano merecía los mismos privilegios que los oficiales del gobierno. Así que los obispos se sentaron en los juicios como los jueces seculares. Los clérigos recibieron los mismos honores que los más altos oficiales del imperio romano y aun del emperador mismo. ¡El hecho es que Constantino les dio a los obispos más poder que le que les dio a los gobernadores romanos! También ordenó que el clero recibiera bienes anuales fijos (¡pago ministerial!) El resultado de esto fue alarmante: el clero tenía el prestigio de ser oficiales-representantes de la iglesia, los privilegios de una clase favorecida, y el poder de una elite poderosa. Se volvieron una clase aislada con estatus civil separado y una forma de vida separada (esto incluía el celibato clerical) Ellos incluso se vistieron y se prepararon diferentes del pueblo. Los obispos y sacerdotes se afeitaban las cabezas, esta práctica, conocida como la tonsura, viene de la vieja ceremonia romana de adopción. Todos aquellos que tenían las cabezas rapadas se les conocían como “cleros” o “clerecía”. También comenzaron a usar ropas de oficiales romanos. No sería sorpresa que mucha gente en los días de Constantino experimentara un repentino “llamado al ministerio”. Para sus mentes, ser un oficial de la iglesia se había vuelto más una carrera que un llamado.







