Vientos de Confusión[1]
El salmo 11:3 dice :”Si fueren destruidos los fundamentos , ¿qué ha de hacer el justo? Y me parece que es una seria advertencia para la época en la que estamos viviendo. Donde se han ido los fundamentos de nuestra fe, en medio de esta ensalada evangélica que tenemos actualmente?
No sé pero últimamente he venido sufriendo por algunas cosas que suceden dentro del amado Pueblo de Dios al cual pertenecemos. Por esta razón quisiera dibujar 10 puntos que nos están confundiendo y que creo deberíamos corregir . La idea es que analicemos estos puntos para que cada uno aporte lo que esté a su alcance y podamos revertir algunas situaciones que operan en franco desmedro del Evangelio. Veamos por qué la confusión nos envuelve.
En primer lugar
Día tras día crece el desapego por la Palabra de Dios y hacemos muy poco para evitarlo. Hombres celosos por la Biblia no aparecen como oradores en la multitud de congresos masivos que hoy se realizan. El hecho de que la gente haya escogido «sentir cosas» y olvidar la Escritura es un síntoma muy serio como para dejarlo pasar. Ya no somos «el Pueblo del Libro». Ahora somos el pueblo de los casetes, los CD (discos compactos) y las radios cristianas.
En segundo lugar
Se pone todo el énfasis en la guerra espiritual contra las potestades del aire y se olvida hacer la guerra contra las pasiones del hombre. El orgullo, el espíritu divisionista, los celos, la inmoralidad, la frivolidad, la apatía, la ambición desmedida y la carnalidad no salen reprendiéndolos como espíritus demoníacos.
En tercer lugar
Seguimos creyendo que todo se hace por ósmosis, que sólo basta viajar y nos venimos con el poder, que con una imposición de manos bajo la plataforma alcanza para convertirnos en los «Caballero Jedi» del Evangelio. Seguimos creyendo más en los atajos que en el único método que funciona, que es caminar con Dios cada día. Debemos aprender, de una vez y para siempre, que en el Evangelio de Jesucristo no hay fórmulas mágicas para el crecimiento de la iglesia, ni para el carisma de un pastor ni para los problemas de la gente. Las mejores fórmulas siguen estando en tu aposento secreto tras cerrar la puerta.
En cuarto lugar
Cada vez se pone más el acento en los dones que en el carácter. Y en muchas ocasiones hasta hacemos «la vista gorda» sobre serias fallas en el carácter de algunos predicadores con tal de entretener a la gente con algunos dones muy «taquilleros». Sería bueno que se indague más sobre aquellos que ocupan el púlpito de la iglesia para alimentar a nuestra gente, y no sólo se piense en el público que convocan.
En quinto lugar
No le decimos a la gente que para marchar en pos de la perfección, antes hay que pasar por la cruz. Hay mensajes que no «venden» y los borramos. Hay sectores de la iglesia que han tomado la trágica determinación de edificar sin santidad, porque la santidad resta gente. Alguien, para no cargar tanto a los hermanos y hermanas en la fe con la santidad, llegó a decir, misericordioso, que «Jesús, no dice que no debemos pecar, sino que no pequemos tanto».