¿Qué ve un hombre santo?

En este tiempo de búsqueda me he preguntado  cómo puedo recuperar una visión más celestial, más de lo otro, de lo eterno que de lo material y mundano. A veces mi visión está tan llena de carnalidad, de humanidad. Entiendan que no estoy pensando en un aislacionismo y abstraerme de la realidad. Pero es que en los últimos años he estado rodeado de  personas que ven las cosas tan humanas, tan de aquí, tan racionales, tan normales. Su compromiso es tan mediocre, estoy rodeado de actividades religiosas tan de nosotros, para nosotros y por nosotros que nos olvidamos del Otro, del que realmente vale la pena servir.  Por ejemplo no sé ustedes pero en la iglesia que ministro, tenemos dos cultos entre semana y son tan  escasos en cuanto a asistencia. Aunque hace mucho he entendido que no puedo medir el éxito de la reunión por la cantidad de gente que llega,  sin embargo no cabe duda que la poca asistencia sea indicador del estado espiritual de una congregación. Cuando observo la vida de Esteban, puedo ver la vida de un hombre santo. ¿Pero que ve un hombre santo? ¿Cuál es su visión? Lea lo que dice la Escritura: Oyendo estas cosas, se enfurecían en sus corazones, y crujían los dientes contra él. Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, 56y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios.  ¡Wow! ¡Qué visión! Es obvio que el precio de la fidelidad a Dios, es grande, no es algo que un pusilánime hombre carnal pueda pagar, porque no tendrá ni las agallas ni el valor en sus bolsillos para cancelar del precio exigido. Esteban el joven diácono, el sirviente de las mesas de la primera iglesia, era un hombre peligroso, peligroso para un mundo perdido, pues tenía las características propias de un mártir. Tenía la visión de un testigo. Su perfil criminal era terrible: era un varón de buen testimonio, lleno del Espíritu santo, y de sabiduría. Un peligro, una afrenta a la cultura y la inmoralidad. Un insulto al infierno.  Cristo antes de ascender a los cielos, dijo que debían esperar en Jerusalén hasta que se cumpliera la promesa del Espíritu Santo, para dar a los discípulos el poder de ser testigos, el poder de ser mártires. Por eso nadie sin el Poder del Espíritu Santo puede ser un testigo eficaz, y no habrá testigo inútil cuando ha sido investido de ese poder Glorioso, cuando ha aceptado la compañía del glorioso paracletos, el consolador prometido.

Sin embargo el texto que leemos es un cuadro doloroso, triste, y desafiante en extremo, un joven muriendo, un joven terminando sus días, mucho antes que cualquiera lo quisiera, quizás con proyectos inconclusos, pero con una visión que lo llevo más arriba del dolor, más allá de la muerte una visión propia de un hombre santo. ¿Que ven los hombres santos?, ¿que ven los verdaderos mártires, cuáles son sus metas? Analizaremos estas preguntas y espero que al terminar nosotros también estemos dispuestos a tener la visión de un santo. Y a considerar el fin de nuestra vida.

Creyentes cautivos: Libertad de la opresión

En el libro de Jueces he encontrado varias raíces de una adicción o repetición de una conducta. El libro de los jueces establece ese patrón de un ciclo de ataduras que no se rompía totalmente. El pasaje de Jueces 6 nos habla de una forma particular en que nuevamente el pueblo de Israel volvía y caía en la misma cosa. ¿Qué son los principios de una adicción o atadura? Muéstrame Señor libertad en este estudio por favor. ¿Cómo rompemos esa adicción?

1.      Primer principio: la realidad de la adicción

Dice Jueces 6:1: “Los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de Jehová; y Jehová los entregó en mano de Madián por siete años”. ¿Qué revela este pasaje con relación a la opresión? Dice “Los hijos de Israel”. “Ben Yishrael”. Esto revela la condición o materia prima donde se puede desarrollar una opresión que me someta. Primero implica que la realidad es colectiva. Es decir no es algún hijo de Israel sino que la implicación es “todos” los hijos de Israel. El que sea colectivo nos muestra que hay situaciones colectivas que son más propensas a una manifestación de la opresión y de las ataduras. ¿Cómo se desarrolla en toda una nación una actitud tan mala que los lleva a la destrucción?  Por otro lado son hijos de Israel. En segundo lugar es contradictoria.  Esto habla de una contradicción en términos de identidad. El término Israel es “el que pelea con Dios  o el príncipe de Dios”. ¿Cómo se puede ser príncipe y ser esclavo a la vez? ¿Cómo hace el enemigo para someter mi autoridad de príncipe y convertirme en un simple esclavo sin poder?

Luego el texto dice “hicieron lo malo” “asah rah”. Este verbo imperfecto implica un estilo de vida y por otro lado la palabra “rah” implica lo maligno, lo no placentero y se puede usar como “lo peor”. ¿Cuál será la implicación de esta frase? Así que esta frase en tercer lugar  nos habla de la carnalidad del pueblo. La implicación es que toda atadura proviene de nuestro pecado y carnalidad.  Hoy hay proponentes cuya  tesis es que los cristianos y los no cristianos a menudo requieren un “encuentro de liberación” para echar fuera demonios residentes que nos esclavizan al deseo sexual, la ira, la bajo autoestima, el abuso de substancias, la fascinación con lo oculto, la incredulidad, y otras formas de impiedad. El modo de este ministerio, sugiere una forma particular de actividad pastoral: echar fuera demonios. Es parte de una teología práctica de la gente (una manera de enfrentar los problemas de la vida) que ha encontrado una expresión variada tanto en el ministerio pastoral como en los métodos de crecimiento personal. El evangelismo de liberación , por ejemplo, busca el echar fuera demonios de la gente y de los lugares para que los individuos y los grupos puedan venir a Cristo quienes de otra manera no podrían venir. La forma de lograr una vida santa por medio de la liberación es  buscar romper las fortalezas demoníacas edificadas dentro del cristiano; “cuando el demonio se va, el cristiano crece.” La santificación en el ministerio de liberación  puede ser hecha a otros como parte del discipulado – consejería. Y los cristianos pueden aplicar esto a sí mismos después de habérseles enseñado los métodos de auto liberación continua. En resumen, la guerra espiritual de liberación mira la lucha de los cristianos como una batalla en contra de demonios invasores, ya sea para repelerlos a la entrada o echarlos fuera después de que han establecido su residencia. Esto obviamente está basado en la presuposición principal de que dentro del corazón humano residen demonios de pecado. De acuerdo con los defensores del ministerio de liberación, la gente padece una demonización moral. Por ejemplo, los demonios residentes de la ira, lujuria, terror, orgullo, rebelión y acusación, refuerzan (y en cierta manera, controlan) la ira, la inmoralidad, el temor, el egoísmo, la obstinación, y la auto recriminación de la persona. Los demonios establecen su residencia y, en un grado mayor o menor, toman el control de las funciones del corazón. Como invasores del alma, ejercen el poder de un gobierno tras bambalinas. En el pensamiento de la teología de “liberación espiritual” sugerir  que alguien tiene un problema “espiritual” es sugerir que puede tener un problema con un “espíritu”: espíritus inmundos que ciegan el entendimiento, esclavizan la voluntad, y explican porque un cristiano bien intencionado parece ser incapaz de cambiar. Tal “demonización” o “influencia” no es vista como un control global (como la “posesión”) sino como un puñado de habitantes extraños dentro de la personalidad humana. Podríamos usar la metáfora de la personalidad humana como el disco duro de una computadora con demonios que actúan como los virus de computadoras. Estos virus pueden escribir encima y corromper sectores del disco duro, ejecutando sus propias ordenes dentro de esos sectores. Tales demonios deben ser removidos; el ministerio de liberación  es el programa de protección viral. Los proponentes dicen que los demonios obtienen su acceso (un lugar) de maneras diversas. Una es a través de nuestros propios pecados. Tales pecados habituales como la inmoralidad, la ira y falta de perdón, la adicción a las drogas, alcohol, o comida puede dar a los demonios un lugar donde pararse, el cual pueden ellos solidificar para formar una fortaleza. O las prácticas ocultistas y los objetos de culto pueden atraer demonios. Las emociones fuertes en la niñez, tales como los temores y la ira, pueden llegar a ocasionar la demonización. También los pecados de los antepasados (por ejemplo, el ocultismo o la inmoralidad) pueden atacar a la generación presente con demonios heredados. O el pecado directo de otros en nuestra contra, tal como el abuso físico, sexual, ritual satánico o emocional puede proveer una puerta de entrada para los espíritus inmundos. Tales espíritus pueden causar que nosotros repitamos los mismos pecados, que estemos humillados en culpa y baja autoestima, que vivamos esclavizados a la amargura, temor, escapismo, o causar varias aflicciones físicas. El drama de la vida humana es vista como un drama espiritual”: Infiltradores e invasores circundan a nuestro alrededor, buscando lugares para penetrar las defensas de la personalidad humana. Este es el diagnóstico para el cual, el  ministerio de liberación  es el tratamiento. Sin embargo en nuestro texto vemos que la consecuencia de su esclavitud estriba en que los israelitas ellos decidieron hacer lo malo. Eso significa que las conductas recurrentes están en la decisión personal y en el pecado personal.  Es obvio que el enemigo toma ventaja y actúa con más libertad, pero nosotros no somos víctimas inocentes que se nos transfiere un espíritu maligno que nos hace pecar involuntariamente. Es posible que en este contexto de Jueces 6 “lo malo” se refiera a una condición de idolatría y pérdida de la identidad de Israel como un pueblo monoteísta. La cuarta cualidad de la realidad es cínica. La frase dice: “ante los ojos de Jehová”. La expresión para “ojos” es “ayin” esa expresión denota la misma cara o rostro de Dios. Esta expresión es metafórica para enfatizar el descaro de una acción. En nuestro caminar se oyen las expresiones “lo hizo en su propia cara”, como diciendo que no se ocultó sino que fue descarado al hacerle algo a esa persona. Lo mismo tiene que ver esta expresión. Es decir el pecado de Israel era descarado y público, no les importaba hacerlo en la misma “cara de Dios”. Habían perdido todo tipo de temor y respeto por la persona del único existente (eso significa Yahweh). Son un pueblo cara dura. Una quinta cualidad de esa realidad es el curso de la realidad. Note que dice “y Jehová los entregó”, podemos ver el curso o proceso que tomo esta realidad en Israel. La expresión “entregó” es muy interesante. Es la palabra  hebrea “Nathan”. Esta expresión habla de intercambio, de devoción, de entregar completamente, y por estar en tiempo imperfecto es contínuo. Ahora hay que notar bien que la causa o curso de la esclavitud es Dios. ¿Cómo uno hace una liberación de algo que viene de Dios? La mayoría de personas no se percatan que hay cosas que suceden en nuestras vidas porque la mano de Dios está inmiscuía y que tienen que ver con nuestros pecados y decisiones carnales. Una sexta cualidad de esta realidad está en la expresión “en mano de Madián”. Esto habla de las circunstancias de la realidad. Madián no es el centro de la esclavitud es el instrumento, el centro es la disciplina de Dios. Muchas personas pensarían en liberar a Israel de Madián, pero Madián no es el problema ese es el instrumento para hacernos conciencia de cuál es la realidad del problema que tenemos. El problema de  la atadura de Israel no era Madián que podía ser la manifestación visible de un problema, sino la desobediencia y alejamiento interno de Israel.  Finalmente la frase “por siete años”, nos habla en séptimo lugar de las condiciones  de la realidad. ¿Por qué escoge 7 años Dios? Lo desconozco, lo que si se es que Dios tiene tiempos para ajustar cuentas y solo él sabe cuánto será. Esto nos habla de la soberanía de Dios  en un problema recurrente.

Así que una primera descripción de este problema es su realidad. Esa realidad tiene a lo menos  7 pilares fundamentales. Si no somos conscientes de ellos difícilmente podremos ser libres de mi opresión. Esa realidad de la atadura nos enseña colectividad, es decir hay ambientes que promueven un caldo de desobediencia, en segundo lugar esa realidad es contradictoria, lo que implica una lucha espiritual entre los que somos y lo que el enemigo quiere hacer con nosotros. En tercer lugar esa realidad nos motiva a pensar en la carnalidad que poseemos y como esta nos lleva a estado de esclavitud espiritual. En cuarto lugar esa realidad refleja nuestro cinismo, pues pecamos abiertamente ante los ojos de Dios. En quinto lugar esa realidad sigue su curso pues Dios actúa juzgando y permitiendo esa esclavitud. En sexto lugar nos habla de las circunstancias que Dios usa, en este caso el pueblo de Madián. Finalmente nos lleva a las condiciones de esa realidad, fueron siete años hasta que Dios decidió traer libertad.

Usando ropa vieja en lo espiritual III parte

III. En tercer lugar lo que veo en el pasaje es LA REPETICION DEL PROBLEMA (vrs. 13-17)

El vrs. 13 dice: “Y Volviendo los filisteos a extenderse”. ¡Un momento! ¿Pensé que ya habíamos derrotado a estos chicos? ¿Por qué están aquí otra vez? ¿Pensé que ya los habíamos acabado? Pero aquí están de nuevo. Déjeme decirle que tan pronto usted tenga una victoria vendrá otra ronda de lucha. Tan pronto usted diga, ya deje esta montaña ya hora camino en el valle, aparecerá otra montaña. Y lo más curioso que será el mismo problema pero desde otra perspectiva. Es decir, siguen siendo los filisteos los que están volviendo atacar a David. ¿Ahora como se puede enfrentar una vez más a un problema persistente y viejo?

A.     VUELVA CONSULTAR A DIOS

Note que dice el texto: “David volvió a consultar a Dios”. El no dijo, ¡Ah, son los filisteos! Ya sé cómo hacerlo, ya le pregunté a Dios así que lo único que tengo que hacer es repetir la fórmula, porque Dios está conmigo. Ya lo hice la última vez, así que no necesito molestar a Dios, ya tengo la fórmula del éxito. Así que déjenme ir a batallar esta vez como lo hice la última vez.  Así que David pudo haber dicho: “Dios me dio la victoria la vez pasada”, pero eso fue la vez pasada. Me dio la victoria el año pasado, pero eso fue para el año pasado. Pero ahora tengo una nueva batalla, aunque sea con la misma gente. Es una nueva batalla con el mismo problema. Y eso se debe que muchos tontos siempre insisten en arruinarnos la vida y no se van de nuestra vida. Así que muchas veces, los problemas, nuestros enemigos e incluso el diablo, son derribados, pero se sacuden la cabeza, van al hospital, se curan y regresan nuevamente a nuestra vida. David volvió a consultar a Dios, y ¿sabe que significa esto? Que la relación de David era fresca siempre. Tengo un nuevo problema necesito una nueva conversación con Dios. No voy a escuchar la vieja conversación porque esa conversación es para los problemas viejos. Tengo un nuevo ataque así que necesito una nueva conversación.

B.      NO SE AFERRE A LOS ESQUEMAS PASADOS

Así que Dios le contestó a David, y ¡sorpresa! El esquema de Dios para esta oportunidad había cambiado.  Y note lo extraordinario y peligroso de las instrucciones de Dios. La primera vez, Dios le dijo a David que fuera tras ellos, pero en esta segunda vez, cuando los tontos aparecen otra vez para fastidiarte, Dios le dice lo contrario, es decir, no vayas tras ellos. ¿Qué tal si David no consulta esta vez a Dios? Estaría arriesgándose aplicando un modelo pasado a una situación contemporánea distinta. Supóngase que David dependía de la palabra dicha en el ayer. Supóngase que David hubiera dicho: “Me acaba de dar las instrucciones hace poco, no ha pasado mucho tiempo, así que esa palabra se aplica para esta situación nueva. De todas maneras son los mismos enemigos”. El hubiera sido derrotado. ¿Por qué? Porque la voluntad de Dios para el ayer no necesariamente es la voluntad de Dios para el hoy. Es una total y nueva estrategia. ¡No hagas hoy lo que hiciste ayer! ¡No hagas este año lo que hiciste el año pasado! Este año Dios puede tener un nuevo acercamiento. Esta es la razón por la que debemos tener una relación contemporánea con Dios, y al tenerla debemos saber que está pasando hoy.

C.      EXPERIMENTE LA NUEVAS INSTRUCCIONES DE DIOS

El texto dice: “No subas tras ellos, sino rodéalos, para venir a ellos por delante de las balsameras. Y así que oigas  venir un estruendo  por las copas de las balsameras, sal luego a la batalla, porque Dios saldrá  delante de ti y herirá el ejército de los filisteos”. La primera vez, Dios fue bastante parco por así decirlo. No le da instrucciones específica, solamente le dice “ve, porque yo los entregaré en tus manos”. Pero en esta segunda ocasión, Dios se deshace en detalles. Le da muchos detalles a David. Dios no solo le da la estrategia, sino que le da los detalles específicos de esa estrategia. Si David no hubiera inquirido con Dios, se hubiera enfrentado al ejército usando los planes del pasado en una situación de hoy. Algunas veces Dios nos dará sólo una respuesta. Sí o no. Ve, quédate.  Algunas veces te dará los detalles de la Escritura. Es por eso que nuestra relación con Dios debe ser contemporánea y no histórica. Cuando la gente va a la iglesia en el domingo, llega a escuchar solo las noticias globales y nacionales. Tenemos un sermón para cada uno de los que se sientan en nuestras audiencias. No tenemos un sermón individual para cada persona. Un sermón para todo el mundo. Así que no se moleste, si usted siente que no le predicamos a usted. La enseñanza del domingo son  noticias nacionales. Son noticias globales para el grupo. Pero para su rompimiento usted necesita noticias locales y personales. Usted necesita la aplicación de la Palabra de Dios en el lugar y la circunstancia que usted se encuentra. Porque nuestra instrucción global, podrá darle información, dirección, guía e instrucciones generales pero no le darán instrucciones específicas a su vida. La noticias nacionales podrán decir: “esta temblando en la Unión”, pero lo que a mí me interesa es si va a temblar en Santa Tecla. Así que cuando vienen a la iglesia sólo recibe las noticias nacionales, es su responsabilidad de consultar a Dios personalmente para saber sus noticias locales y personales. Es decir una aplicación específica a su vida a su situación.

Cuando viajamos a algún lugar, por ejemplo a Guatemala, El Diario de Hoy y la Prensa Gráfica me pueden dar el panorama general del país, pero lo que necesito para poder tomar a tiempo el bus para Guatemala es la guía donde están los horarios de salida y entrada. Esa guía que me dice a donde llega mi autobús y a qué horas. ¿Cómo se logra eso en la vida espiritual? “Consultando a Dios” como lo hizo David, de una manera personal. Ahora quiero que entienda esto. El Dios que habló en el AT es el mismo Dios que habla en el NT. El habla por su Espíritu con palabras no habladas. La forma en que Dios nos da los detalles para nuestra vida es por medio de estad palabras no habladas. Ahora recuerde que la Biblia está disponible para todos. Todos tenemos acceso a ella y a la lectura. Pero las instrucciones específicas varían de acuerdo a las personas y sus necesidades. Es decir es el Espíritu Santo el que se encarga de dar los detalles personales y lo hace por medio de “palabras no habladas”. Siguen siendo palabras, pero no habladas. Y me imagino que usted se estará preguntando ¿qué es en realidad palabras no habladas? Simple, son pensamientos. Un pensamiento es una palabra no hablada. El concepto aparece en 1 Corintios 2:13. Allí dice que el Espíritu acomoda los espiritual a lo espiritual y no con palabras de sabiduría humana. El trae nuevos pensamientos a uno, y sabemos que son de Dios, porque no son tus pensamientos comunes. Uno sabe que no son pensamientos originados por uno mismo. Y cuando vienen a nuestra mente, sabemos que no son parte del proceso normal de nuestra mente. Dios no trabaja con todos de la misma forma, por eso no podemos aplicar una enseñanza estándar a todos. Se necesita los pensamientos de Dios en cada persona. Es interesante que los mariscales de campo en el fútbol americano, llevan dentro de sus cascos un aparato receptor para poder oír la jugada que el entrenador quiere que se haga. Y  lo llevan dentro, porque la multitud entorpece la comunicación si el no tuviera esa conexión directa y personal con su entrenador. Lo que hace el mariscal de campo es escuchar un pequeño susurro en medio de una gran multitud. Hay ruido alrededor de ti pero la Biblia dice que el todavía te puede hablar con una voz suave. Así que si usted no consulta Dios y anula el ruido de la multitud se podrá perder el susurro de su voluntad y su suave voz sacándolo del problema.

Así que el reto es estudiar La Palabra, para que esa Palabra se transforme en los pensamientos de Dios para usted, y los aplique personalmente a su vida. Esa es la única forma en que podrá tener un rompimiento de su problema.

Hace algunos años atrás se estaba realizando un juego entre los Dallas Cowboy y el equipo de Seattle. Dallas eran los invasores, porque estaban jugando en el territorio de los de Seattle. Era una invasión de los de Dallas en la propia casa de Seattle. Y parecía para todos los que estaban allí reunidos viendo el juego que el enemigo iba a  ganar. Ya que el enemigo había invadido el territorio de una manera tan exitosa que era imposible que perdiera. Y estaba a punto de ganar. Cuando ellos estaban cerca de anotar para ganar, se podía ver en el rostro de cada jugador: “Los tenemos”, “estamos en su casa pero los tenemos derrotados”. En los últimos momentos fue lanzado un pase que determinaba la victoria y el receptor lo alcanzó, así que el árbitro dijo: “anotación”. La gente gritó, vociferó e insultó al árbitro, y al equipo invasor, pero a pesar de eso el partido había terminado y ellos habían sido derrotados por Dallas el equipo invasor. Nada de lo que ellos hicieran cambiaba la decisión del árbitro. Es más el reloj había señalado la finalización del tiempo. Nadie en el campo de juego podía cambiar el marcador. Nadie en el piso de ese estadio podía hacer algo. El entrenador no tenía capacidad de cambiar la historia, los jugadores no tenían la capacidad de cambiar la historia. Nadie podía porque había sido declarado en la tierra que el partido había sido perdido. La tierra había declarado, partido ganado. Pero lejos en el tablero electrónico, alguien estableció que se haría una pausa para ver más detenidamente por la tecnología que era lo que en realidad había pasado. Mientras abajo en la tierra se decretaba pérdida, arriba en el tablero se buscaba una alternativa. Así que ellos dijeron, no estamos seguros que lo que pasó en la tierra haya pasado en el cielo. Y cuando ellos retrocedieron la jugada, se estableció un principio. Arriba gobierna abajo. Sólo ellos tienen la capacidad de cambiar lo que pasa en la tierra. De tal manera que lo que pasó en el campo tenía que revertirse por la autoridad de arriba. Eso es lo que yo llamo un rompimiento. Darle vuelta a algo que me tiene vencido. Pero la única forma en que se le puede dar vuelta es cuando viene un decreto de arriba que tiene la autoridad de darle vuelta a mi situación y darme la victoria. Un rompimiento es cuando una situación nos ha derrotado, cuando pensamos que es una situación imposible de superar, pero que Dios le da un giro milagroso y nos libera. Yo no sé que es lo que han declarado sobre su vida en esta tierra, ni las personas de esta tierra, pero hay alguien arriba que tiene la última palabra, inclusive para revertir cualquier situación imposible que esta tierra le haya dicho que no podrá superar. Dios siempre romperá nuestros problemas como lo hizo con David.

Usando ropa vieja en lo espiritual

Hoy estaba meditando en la porción de 1 Crónicas 14:8-17, es curioso que en estos días la insistencia de Dios tiene que ver con buscarlo, estar en lo secreto, oírlo y tomar decisiones basadas en esa búsqueda e instrucción de Dios. ¿Qué me mostró Dios en este pasaje? La urgencia de vivir una vida espiritual actual, fresca, diaria, contemporánea y no una basada en la historia. Tenemos la tendencia siempre a tomar decisiones en las cosas que han pasado y en los éxitos pasados. Estaba pensando que muchas familias viven en bastante pobreza, añadido a esto, tienen muchos hijos. Así que la cultura muchas veces de esa familia es de irse pasando vestidos usados de un hermano a otro hermano. Si usted es uno de los que son menores, entonces tendrá ropa de segunda mano. Solamente podrá tener nueva ropa, cuando usted tenga la capacidad de comprársela por sí mismo. Al pensar en esto, me di cuenta que lo mismo sucede en la vida espiritual de muchos cristianos. Son creyentes con experiencias usadas. Es decir se conforman con obtener lo que otros obtuvieron antes que ellos. Es decir, siempre dan testimonio de lo que otros les han dado, pero nunca pueden testificar de lo que ellos mismos han descubierto por sí mismos acerca de Dios. En esta historia podemos ver como David tuvo un rompimiento de parte de Dios acerca de su problema específico. El problema de David eran los filisteos. Esos tan conocidos e insistentes enemigos del tiempo de David. Desde sus orígenes David y los filisteos se enfrentaron miles de veces. Siempre fueron un dolor de cabeza para Israel y para el reino de David. ¿Cómo luchas contra un enemigo que insiste en atacarte y que no se va de tu vida? ¿Cómo lucho con ese mismo problema que siempre aparece cuando menos lo espero? David conocía a los filisteos, pero no podía deshacerse completamente de ellos. ¿Cómo puedo tener un rompimiento y la victoria de Dios en mi enemigo insistente? Bueno hay varias cosas que el pasaje me ha mostrado, sobre todo con relación a mi pecado.

Primero lo que veo en este pasaje es  EL RESURGIMIENTO DEL PROBLEMA (vrs. 8-9)

Es curioso que los filisteos aparezcan inmediatamente después que David ha logrado llegar al disfrute de la promesa de Dios, de que sería Rey. El ha sido perseguido por Saúl por casi 14 años, y ahora ha desaparecido la amenaza y por primera vez en años es aceptado por todo Israel, así que ahora empieza a disfrutar del cumplimiento de la promesa de Dios en su vida. ¿Por qué aparecen los filisteos precisamente en este momento tan especial?

  1. A.     El problema aparece porque estamos en guerra

Debemos recordar que toda buena obra despierta enemigos. Ellos tenían ya con David una rencilla, porque David había matado a uno de sus grandes guerreros. A pesar que podamos lograr las promesas de Dios, no debemos perder de vista una realidad. Estamos en guerra a muerte con los enemigos de Dios. Por lo tanto seremos atacados sobre todo cuando el reino de Dios va avanzando

  1. B.      El problema aparece para que sepamos que somos más que vencedores

Note que el texto dice que  “subieron todos los filisteos”. No fueron unos pocos, o bastantes, estamos hablando que fueron todos los filisteos. Es decir un ejército y ataque fuerte y total. Es decir el adversario es grande y poderoso. No podemos vencerlo en nuestras propias fuerzas. Por eso cuando los problemas nos abruman debemos entender que Dios está dándonos la oportunidad de batallar en su fuerza y convertirnos en “más que vencedores”. Lo importante del texto es que cuando David los oyó, el decidió salir a batallar con ellos. Es decir, aunque le superaban no se paralizó, sino que tomó una decisión de confianza, de tal manera que los fue a enfrentar confiado en que Dios le ayudaría.

Cuando Dios es tu enemigo

Se juntaron, pues, los filisteos, y vinieron y acamparon en Sunem; y Saúl juntó a todo Israel, y acamparon en Gilboa. Y cuando vio Saúl el campamento de los filisteos, tuvo miedo, y se turbó su corazón en gran manera. Y consultó Saúl a Jehová; pero Jehová no le respondió ni por sueños, ni por Urim, ni por los profetas (1 Samuel 28.4–6).

I.                    Las Descripción  de la crisis

La carrera de cuarenta años de Saúl como rey de Israel fue una mezcla de gloria, confusión y angustia. Al final de su reinado, una vez más, sus antiguos enemigos, los filisteos, habían invadido la tierra de Israel. Esta invasión presentaba diferencias importantes. En primer lugar, el ejército de los filisteos era probablemente el más grande que Saúl alguna vez hubiera enfrentado. También, ellos atacaron una parte diferente del territorio de Israel. Las batallas anteriores habían tenido lugar, por lo general, en un valle de Dan, de Benjamín o de Judá, o en las cumbres por encima de algunos de estos valles. Los filisteos ahora marchaban por su propio territorio y cruzaron Israel hasta más allá de la llanura de Sarón. Ellos luego enrumbaron hacia el este para entrar a la llanura de Esdraelon, o de Jezreel. Ocuparon las colinas del norte, mientras que Saúl y su ejército estaban estacionados al sur, sobre las colinas del Monte Gilboa. El objetivo de los filisteos era cortarle el paso a Saúl hacia las tribus del norte. En segundo lugar, la experiencia militar de Saúl le convenció rápidamente de la desesperada naturaleza de su situación. El ejército de los filisteos era probablemente el más formidable que Israel jamás hubiese enfrentado. Saúl sabía que el único curso de acción que podía emprender era atacar, pero también sabía que su ejército enfrentaría una derrota segura. Mientras Saúl se enfrentaba con esta batalla, una tercera y trágica diferencia se mira entre esta batalla y las del pasado. Esta vez, Saúl no tenía comunicación con el Todopoderoso. Saúl en su obstinación había elegido vivir una vida ajena a la voluntad de Dios. El Espíritu del Señor lo había abandonado muchos años atrás (1 Samuel 16.14). Ahora no tenía sacerdote que le consultara a Dios por él. Saúl había matado a Ahimelec y a ochenta y cinco sacerdotes en Nob (1 Samuel 22.16–18). Aunque había otros profetas disponibles, ninguno tenía palabra del Señor para Saúl.

II.                  La desesperación en la crisis

Saúl buscó desesperadamente un método para recibir algún mensaje de esperanza. Dijo: “Buscadme una mujer que tenga espíritu de adivinación, para que yo vaya a ella y por medio de ella pregunte” (1 Samuel 28.7).

A.     Los pecados ocultos del pueblo

Sus asistentes le hablaron de la presencia de una mujer que estaba cerca, la cual podía comunicarse con los muertos. Sin embargo, para consultar a través de ella, Saúl tendría que viajar hasta Endor, unos pocos kilómetros desde su campamento, y disfrazarse para ocultar su identidad. Anteriormente,  actuando conforme a la ley de Dios (vea Números 23.23; Deuteronomio 18.9–12), Saúl había proscrito todos los médium y espiritistas de su reino. Su viaje hasta Endor lo expondría a graves peligros, pues tendría que desplazarse a hurtadillas por en medio del campamento del enemigo por la noche. Una pregunta que me hago con relación a este versículo es  si, Saúl había echado a todos ¿porque todavía existía una adivina famosa en su tierra? Es evidente que no había dado resultado su campaña de limpieza de adivinos en Israel.  Pero una segunda pregunta que viene a mi mente es ¿porqué los criados de Saúl conocían la ubicación de esta bruja? ¿Cómo es que sabiendo que existían adivinos en Israel, no le habían dicho a Saúl que todavía quedaban adivinos? Me di cuenta de lo ingenuo que un líder puede ser con su liderazgo y con la gente que dirige. La ingenuidad se manifiesta primero en que uno puede creer que ha limpiado a su pueblo de pecados serios, y no darse cuenta que todavía existen pecados enraizados en su pueblo. Segundo la ingenuidad se manifiesta en no darse cuenta que aunque hay una prohibición de algo serio el pueblo no sólo no obedece, sino que sabe donde se está desobedeciendo  a Dios, y se calla y no admite que hay pecado entre ellos. Pero también hay una ingenuidad en la petición de Saúl. Ahora que ha bajado sus estándares, entonces el pueblo lo hará cómplice de su pecado oculto. Qué triste es cuando uno se vuelve terco.

B.      La fuente de autoridad equivocada

Por encima de todo, él sabía que la mujer no practicaría sus artes ilegales si reconocía que él era el rey. Cuando recibió a Saúl, la mujer se mostró cautelosa y llena de sospechas. Saúl le aseguró, incluso juró en el nombre del Señor, que nada le iba a ocurrir a ella. Cuando ella estuvo de acuerdo en ayudarle, Saúl le pidió que hiciera venir a Samuel de entre los muertos. Antes de que ella pudiera terminar sus encantamientos, Samuel apareció (la mujer pareció estar más sorprendida que Saúl mismo por la aparición de Samuel). Desafortunadamente, Samuel no tenía palabras de consuelo para Saúl. Él anunció que el día siguiente les depararía la muerte a Saúl y a sus hijos. La misericordia de Dios había llegado a su fin para Saúl, y la justicia pronto se haría. Saúl debía recibir el justo castigo por su desobediencia en el trato dado a los amalecitas. Al día siguiente, Saúl fue resueltamente a la batalla. Tal como lo esperaba, el enfrentamiento resultó mal. Fueron los arqueros filisteos quienes inclinaron la batalla en contra de Israel. Sus lluvias de flechas hicieron huir al ejército israelita. Este ataque hirió y mató a muchos de los israelitas. Con la batalla en contra suya, Saúl se decidió a tomar su vida. Existen algunas dudas respecto de la decisión de Saúl de cometer suicidio. La mayoría de las traducciones dice que él fue herido por las flechas. Algunos comentaristas del texto hebreo, creen que Saúl se deprimió por la forma como la batalla marchaba. Por cualquiera que haya sido la razón, él le pidió a su paje de armas que lo matara, recordando probablemente, lo que le había sucedido a Sansón a manos de los filisteos (Jueces 16.21). Cuando el paje de armas se rehusó, Saúl se dejó caer sobre su propia espada y murió. Saúl le dio fin a su vida estando de cara a una situación sin esperanza. Hay quienes creen que este auto homicidio está justificado en tales circunstancias.

La voz de Dios en tiempos estériles VII parte

Con el bautismo de Jesús, El Espíritu Santo se manifestó, era como la culminación del tiempo que Jesús vivió en el anonimato. La Neumatología como reflexión sobre la persona y obra del Espíritu Santo ha sido con frecuencia la cenicienta de la teología y de la práctica cristiana. Sin embargo, en perspectiva bíblica, la iglesia es fiel a su vocación cuando surge y actúa en el ámbito del Espíritu. Sólo en él: podemos derribar fortalezas; desenmascarar y enfrentar a nuestro enemigo y sus manifestaciones individuales o estructurales; comprender y transmitir la verdad de Dios en cualquier contexto; vivir en total libertad independientes de los poderes de este mundo. Cuando la iglesia permite que se le encajone en espacios a los que no llega la corriente fresca del Espíritu, ésta muere por      asfixia y con –y por – ella muchos más. El movimiento misionero ha sido quien más ha tenido preocupaciones por comprender y vivir la plenitud del Espíritu, a raíz de las exigencias de los contextos espiritistas donde  les ha tocado hacer la misión. Esto es casi natural, pues el Espíritu ha vinculado directamente a la iglesia con la misión de Cristo. Sin embargo, la ausencia de una reflexión teológica ha llevado a ciertos excesos de doctrinas referentes a la vida espiritual. En virtud del Espíritu es que la iglesia puede asumir sus tareas en el mundo. A partir de su presencia y acción ella es: una comunidad de poder      (fluyen señales y hechos imposibles a la capacidad del hombre), una comunidad fraternal (rompimiento de cualquier tipo de barreras humanas), una comunidad de proclamación      ( transmisión y proclamación del mensaje), una comunidad profética (reclamo y desafío de la rebeldía y desobediencia del hombre expresado en sus empresas humanas). Sólo nos queda una manera de hablarle de Dios al hombre de hoy: A la manera de Jesús, el Cristo. Quien nos mostró que el amor para amar al ser humano y comprometerme con la transformación de sus esclavitudes sólo tiene una fuente: Dios, el Padre. Buscar a Dios y vivir para el ser humano son dos dimensiones inseparables del hablar de Dios hoy. Esta es la realidad hacia la que orientamos la renovación espiritual de nuestra iglesia. Es necesario reiterar para terminar  que la grandeza sigue siendo la iglesia y no el templo: La misión de la iglesia no se agota en la construcción de templos, ya que, para Dios, su templo sigue siendo la iglesia, la comunidad del Espíritu. La búsqueda de la iglesia como humanidad nueva, como primicias del reino y como fermento que leude la masa, son las grandes proyecciones que nunca hemos de olvidar. Segundo La grandeza sigue siendo la misión y no la sensación: Reunir todas las cosas bajo el señorío del Jesucristo es el propósito de Dios. La obra del Espíritu no será el espectáculo de unas piedras sino la majestad de un mundo que revele la gracia y la gloria de Dios. De aquellas, ya sabemos que un día no “quedará piedra sobre piedra”. La misión de la iglesia no se agota en el logro de nuestros sueños sino en el logro del sueño de Dios: una nueva creación donde reine la justicia (2ª Pedro 3, 13) Tercero la grandeza sigue siendo la Palabra eterna y no las ideologías de turno: La Palabra no alimenta nuestro compromiso con expresiones sesgadas de la política humana, sino con el seguimiento de Jesús de Nazaret, y por tanto, con el propósito de Dios. Nuestra labor inspirada en la Palabra no se vincula con la preocupación de cambios de sujetos en la administración del Ejecutivo, sino con la implementación de la justicia. El profeta declara “no callaré, no descansaré hasta que su justicia resplandezca como la aurora y como antorcha encendida tu salvación” (Isaías 62, 1) La Palabra es nuestra lumbrera para no pensar que cumplimos cuando un partido de nuestra preferencia llega al poder, y, aún más, para evitar que los poderes de turno hagan lo que siempre buscan: esclavizar a la iglesia, domesticarla. Cuarto  la grandeza sigue siendo el poder del Espíritu y no el poder de las alianzas políticas: Se oye bonito hablar de participación en redes o alianzas, y podemos o debemos coordinar esfuerzos con los gobernantes nacionales o locales, pero no debemos olvidar que nuestra grandeza no está en nuestros interlocutores humanos –por muy encumbrados que estén en las gradas del poder- sino en la fuerza heredada de nuestro Señor: Su Espíritu. Lo que le abre paso a la iglesia en el mar de la historia no es su alianza con el Faraón –éste siempre  nos persigue para volvernos a esclavizar- sino el soplo de Dios. El poder de la iglesia no es el poder de sus alianzas, sino el poder del Espíritu. Si estas cosas forman el tesoro no negociable de la iglesia, esta nación de El Salvador puede tener esperanza.  Bueno hasta aquí la primera premisa de la vida de Jesús. La premisa de trabajado por Dios. Ahora pasaremos a la segunda premisa. Trabajando por Dios

La voz de Dios en tiempos estériles V parte

En tercer lugar existe la tensión Espíritu Santo-Iglesia. Aunque se requiere de organización  para poder expresar la iglesia, ésta no es esencialmente una organización sino un organismo, es el cuerpo de Cristo bautizado por el Espíritu Santo (1ª. Corintios  12: 13). Por lo cual la organización –cualquiera que sea no será nunca más importante que la vida que fluye en la comunidad por medio del Espíritu. Esto significa que aún los mejores métodos de organización y de trabajo no garantizan de manera alguna la edificación de la iglesia. Esto es obra sólo del Espíritu. Los método, pues, no deben  idolatrarse ni ser sustitutos de la obra soberana del Espíritu. Estos pueden y deben cambiar pronto, pero no la obra del Espíritu. En la iglesia la obra del Espíritu es fundamentalmente comunitaria y no jerárquica. De ahí que la preocupación pastoral consiste en el discernimiento, potenciación y práctica de la obra del Espíritu en cada discípulo. Una vivencia de la unidad y la misión. Pero tampoco estamos para guardar tradiciones rancias de nuestras congregaciones que frenan el poder de la Palabra. Que desprecian la fuerza liberadora del Espíritu sólo porque no camina con sus esquemas. El Espíritu sopla y derriba las fortalezas religiosas que con el paso del tiempo hemos construido. Nuestras iglesia no pueden contentarse con haber sido las primeras en llegar al continente, ni acomodarse a su llamada “sana doctrina”, que muchas veces no tiene nada ni de sana ni de doctrina, sino que son puras “tradiciones de ancianos” y demás reglamentaciones humanas, que nos hacen olvidar al hombre tirado junto al camino. Las denominaciones se ha olvidado de la misión y se han concentrado en su identidad particular como si Dios nos ha llamado a ser buenos bautistas, buenos nazarenos, buenos pentecostales. No, la única identidad posible para nosotros es ser semejantes a Cristo. Parecernos a Él en palabra y en obra. Quizá,       al final la obra del Espíritu sea tomar un poco de todos para formarnos en uno solo. Descubrir que nuestra identidad es aprender a hacer mío lo que Dios ha puesto en otras congregaciones como parte de su riqueza inagotable. Sólo quiero ser parte de la construcción de una iglesia que se parezca a Jesús, en su Palabra, en su obra, en su espiritualidad, en su compasión, en sencillez, en su amor. No más. Cualquier otra cosa será sólo una acusación sin fundamento. Es más, algo fuera o contra esto, sería estar al      filo de haber caído en “otro evangelio”.Cuando vinieron los misioneros se necesitaban referentes  identificables en la sociedad como aportes o señales de impacto de quienes eran los evangélicos.  Tal impacto se  concentró en lo educativo-salud, pues eran las herramientas que exhibirían a los evangélicos como la opción para llevar a América Latina hacia la tan anhelada modernidad y el progreso. Por ello, invirtieron en colegios, hospitales, industria, negocios. El Dr. Ramos dice citando a un pensador: “Ahora bien, debemos recordar que este tipo de evangelización fue sentenciado por Carlos Mariátegui cuando escribió en 1930: “El Protestantismo no consigue penetrar    en América Latina por obra de su poder espiritual sino por el de sus servicios sociales. Este y otros signos indican que sus posibilidades de expansión normal se encuentran agotadas”. (¿El Espíritu Santo o G12?, Dr. David Ramos, pág. 10).  Si los evangélicos podemos decir ahora que somos un importante segmento de la sociedad latinoamericana no es en virtud de las denominaciones históricas sino por la fuerza del pentecostalismo. Ante semejante presencia y desarrollo, algunos se atrincheraban en su identidad denominacional y los rechazaban, otros se entusiasmaban y emulaban. Las grandes denominaciones históricas expulsaban a personas y congregaciones que eran alcanzadas por el fuego pentecostal, asegurando de esa manera la ley y el orden pero perdieron el corazón de la gente. ¿Qué mensaje hay? ¿Qué esperanza se propone? ¿Vamos a caer en la miopía de los movimientos que simplemente proponen “la resistencia”? La interioridad y la exterioridad deben caminar juntos, pero tenemos claro el camino: todo comienza en el corazón, en la transformación de la naturaleza humana, en los fundamentos, en las profundidades del ser. Si no empezamos por ahí, todo lo que se construya terminará arruinado por la maldad del hombre. A la vez, se debe trabajar en la transformación de las condiciones que deshumanizan a sociedades enteras.  De la Escritura se aprende  que la única posibilidad que tenemos de acceder a las profundidades de Dios, quien es manantial de vida y esperanza perpetua, no es por el camino de nuestras estructuras arquitectónicas, ni de sacramentos, ni de ortodoxias rancias y huecas, ni de liturgias, sino sólo por El Espíritu. No confundamos “renovación espiritual” o “avivamiento” con técnicas o estrategias de iglecrecimiento o con modos de alabar a Dios. El camino no es la imitación sino la recreación de todas nuestras expresiones eclesiales como fruto de beber no de manuales, ni de visiones prestadas o plagiadas, sino de la misma naturaleza divina, de las profundidades inagotables de Dios (1 Corintios 2). La renovación de la iglesia no pasa por juntarse con iglesias renovadas, sino por beber del Espíritu como el río de Dios que mana sin cesar y hace nuevas todas las cosas. Nuestro llamado  es a buscar incesantemente el rostro de Dios y caminar en su Espíritu: Este es el camino de nuestra renovación. Es lastimoso cuando caemos en el mimetismo y repetición mecánica de lo que se hace en otras latitudes como si la clonación lleva a la renovación. Quieren ser mini Cash Luna o mini Benny Hin reproduciendo su vestimenta, sus tics, su forma de hablar, su vocabulario, sus sermones, la ornamentación del altar, sus payasadas y hasta sus pecados.  Es una lástima, en verdad, ver expresiones eclesiales que hacen de la renovación de la iglesia una cuestión de mercadeo, cuando es un asunto de fidelidad a Jesucristo. Es que cuando la renovación se busca como vehículo de posicionamiento en el concierto eclesial o como medición de fuerzas religiosas, no puede esperarse más que desórdenes y descarríos. La renovación que anhelamos y buscamos pasa por la construcción de la coherencia entre el Evangelio y la vida de cada líder y cristiano. No se puede consentir el libertinaje en nombre de la libertad. El ministerio es servicio y entrega. Pero hoy día lo que muchos hacen con la iglesia no es desposarla sino despojarla. Eso no es renovación.

El desafío del avivamiento del siglo XXI no es el aglomeramiento de personas en un determinado lugar. De eso abundan ejemplos en la historia eclesiástica, por tanto no es nada nuevo. No se puede decir que es malo o indeseable, solo se establece  que no es nuevo. Por lo cual no debería de pensarse que esa es la realización de una iglesia que celebra una renovación espiritual. Es más, la masificación de la iglesia siempre ha terminado en un “abaratamiento de la Gracia” de Dios como lo decía Bonhoeffer. Ha repercutido en un empobrecimiento de la excelencia del Evangelio. Un avivamiento, pues, que se contente con el mero crecimiento numérico sin que trascienda al desarrollo de calidad testimonial, no aporta nada nuevo y es simplemente una repetición más del ciclo de decadencia religiosa. Tampoco el desafío o la grandeza de un avivamiento es la construcción de catedrales o estructuras arquitectónicas esplendorosas. De eso también da cuenta la historia eclesiástica y, señala que en lugar de ser un signo de vitalidad ha sido más bien una señal de decadencia que raya en convertir nuestros edificios en “ídolos” que se “comen” todo lo que el pueblo presenta. Es más, la historia de la iglesia revela que la empresa de levantar majestuosas edificaciones va ligada a la proyección de poder, a los sentimientos megalómanos de la iglesia o sus líderes que a una búsqueda sincera de la gloria de Dios y eficacia del testimonio evangélico. Amén de que tales monumentos convierten al templo en una nueva cobradora de impuestos, pues hay que mantener tal imperio.  Tampoco el reto de un mover del Espíritu es crear sistemas doctrinales. De eso también testimonia la historia de la iglesia cristiana. Y más bien nos revela que los momentos de mayor “sana doctrina” han sido los momentos de mayor anti testimonio de la compasión evangélica y de la fraternidad cristiana. Siempre que se ha querido verter la riqueza y fuerza del Evangelio en moldes dogmáticos, se ha perdido la vida y el amor, que al final son los signos de la presencia de Dios. El mover del Espíritu no debe producir un  escolasticismo racionalista, sino una reflexión teológica que lleve a la iglesia aun compromiso con el reino de Dios, a vivir la unidad como Cuerpo de Cristo, a proclamar incansablemente, en palabra y en obra, la Buena Noticia de vida, paz, amor y justicia en Cristo Jesús. Para un verdadero evangélico –valga también para un bautista- el Evangelio es anterior al dogma; el seguimiento de Jesús de Nazaret, anterior a la obediencia a cualquier autoridad humana –sea clerical, jurídica, administrativa o ministerial-; el Sermón de la Montaña más que los estatutos o la identidad denominacional; la construcción del Reino de Dios, más importante que la edificación de la Iglesia -cuánto más que las transnacionales religiosas- y, el Poder del Espíritu Santo por encima del dios mamón o de cualquier alianza política con los poderes terrenales.

La voz de Dios en tiempos estériles IV parte

) La segunda habilidad tiene que ver con su capacidad de vivir bajo la guía del Espíritu Santo. Esta es una dimensión de la vivencia. Note que el texto dice que el Espíritu llego en forma de paloma y se poso sobre su hombro. Jesús también ve al Espíritu descendiendo sobre él como una paloma. El simbolismo de la paloma es incierto. Tal vez tenga que ver con Génesis 1:2, donde “el Espíritu de Dios se movía sobre la haz de las aguas.”  Sin embargo, “el elemento clave en este texto es el descenso del Espíritu, no de la figura de la paloma” El Espíritu desciende en (griego = eis) Jesús, más que sobre (griego = epi) Jesús. Aunque hay alguna justificación para traducir “sobre él” en lugar de “en él”  “en él” parece apropiado tanto lingüística como teológicamente, sugiriendo una completa unión entre Jesús y el Espíritu. Finalmente una habilidad no sólo teológica, ni tampoco neumatológica, sino también kairólógica. Jesús “vio abrirse los cielos” (griego  schizomenous, de schizein, v. 10), la frase va atrás a la oración del profeta Isaías “¡Oh, si rompiese los cielos, y descendieras” (Isaías 64:1). La gente de aquel tiempo imaginaban a Dios morando en la cima de un cielo de varios niveles, una imagen que sugiere una gran separación entre Dios y la humanidad. La oración de Isaías es que Dios venga a la tierra y esté completamente presente entre la humanidad. Lucas claramente intenta decir que, en el bautismo de Jesús, Dios contesta la oración de Isaías. Y es la tercera habilidad que se manifiesta en una capacidad de depender de Dios en oración para que pueda moverse en nuestras vidas. Esto nos lleva a una dimensión de vigencia. La capacidad de mover a Dios y hacerlo manifiesto en los destinos de los hombres parte del principio de nuestra oración agresiva. Jesús estuvo orando y pudo abrir los cielos y  luego experimentar la presencia transformadora del Espíritu Santo.  Sigue vigente en nuestra época.

  1. A.                 La segunda cosa  con la que Dios ha trabajado es la  intimidad de Jesús: “Mi hijo amado” Esa intimidad se manifiesta en tres vínculos importantes que Dios quiere reafirmar en su Hijo. Primero dice “Tú eres mi hijo”. Note la expresión “mi” y la singularidad de “Hijo”. La primera expresión implica unidad. Era un plan en conjunto y era un vínculo indisoluble. Pero también era un vínculo afectivo. En ese sentido es un vínculo de paternidad. Por el uso de la expresión “hijo”. Luego dice “amado”.  Este es un vínculo más profundo. Amado es un participio cualitativo, es decir realmente muy amado. El Padre tenía la cualidad de amar a su Hijo y por eso lo expresa. Es un vínculo de perennidad.  No hay nada más eterno que el amor de Dios. Note que como Padre tiene expresiones de aprecio y de estimulo para Jesús. ¡Como animaría esa voz a Jesús! El tercer vínculo dice: “en ti tengo complacencia”  Este es un vínculo de Prioridad. Dios está diciendo  “en ti tengo complacencia”. La expresión  “complacencia” indica satisfacción  y estar contento con todo de algo o alguien.  El texto original usa una forma que se debe traducir de una vez y para siempre. Se puede traducir “me complací mucho”. Dios amó siempre al hijo y su amor y complacencia fue inalterable. Era ese tipo de amor y estímulo que sostuvo a Jesús durante su vida.  Una cosa que debe entender es que la evaluación  el Padre  tiene que ver con Jesús  antes de que hubiese hecho algo en el ministerio público. Su evaluación tiene que ver no con lo que hizo sino con lo que es. Esto significa que los 30 años  que vivió  en el anonimato fueron agradables  para Dios. Si su ministerio duraría 3 años  la evaluación es por una vida entregada al Señor  y no por los milagros que hizo. Pero pudo hacer todas esas extraordinarias señales y milagros por su poderosa relación con Dios.  O sea que lo que cuenta para el Padre es lo que soy y no lo que hago. Y lo que soy es más en silencio  que en público. El impacto público de tres años es el resultado de 30 años de intimidad. Que tremendas implicaciones para el liderazgo hoy y la obra del Señor.

Al cerrar esta primera parte debemos plantear algunas cosas. Y pienso que ha sido mejor dicho por el Dr. David Ramos es su libro “¿Espíritu Santo o G12?[i] De sus disertaciones quiero parafrasear lo que él considera algunos ejes tensionales en cuanto al hecho de que la iglesia del siglo XXI debe dejarse trabajar por Dios en la intimidad.

 En primer lugar existe la tensión Espíritu Santo–Escrituras: El Espíritu Santo hace resonar en la iglesia, continua, potente y eficazmente la Palabra de Dios. Sólo gracias al Espíritu Santo ella puede rectamente interpretar la Palabra inspirada, que es fuente y canon de vida y fe. Ni palabra sin Espíritu, pues la Palabra quedaría en la garganta y no hablaría a nadie. Ni Espíritu sin Palabra, pues el Espíritu no tendría contenido y no comunicaría nada a nadie. La tradición (Marcos 7) y la ignorancia (Marcos 12) de las Escrituras invalidan la Palabra de Dios y nos hacen errar. Si bien se ha de experimentar, vivir y sentir la presencia del Espíritu, las Escrituras nos preservan de caer en desviaciones como el sensacionalismo, el exhibicionismo y un espiritualismo vacío sin incidencia histórica.

En segundo lugar existe la tensión Espíritu Santo – Jesucristo.

Un Jesús sin Espíritu Santo produce: Mesianismo político es decir  identificación del reinado de Jesús con el triunfo temporal de la Iglesia o con una corriente partidaria en el quehacer político. También resulta en una teología ontológica: Entiende el Evangelio en términos de simple sistematización lógica, como un orden de proposiciones y no como encuentro personal con Dios en el Espíritu. Es la escolástica evangélica que empantana a mucho.  Por otro lado nos lleva a la  Jerarquización eclesial, es decir una iglesia que se convierte en constructora de papas, obispo, pastores, apóstoles, mega apóstoles como mediadores privilegiados del Espíritu, negando los valores y la obra del Espíritu que potencia la totalidad del cuerpo de Cristo. Un Espíritu sin Jesucristo produce también Misticismo Extra mundano: Si el Espíritu sólo se viera como espiritualidad autónoma, desligada de la vida y obra redentora de Jesús, dirigiendo a los creyentes hacia experiencias insondables de celebración y misterio, puede terminar en un vacío. Un corolario más de esta tensión nos lleva a las Confusiones teológicas es decir con frecuencia pueden llevarnos a afirmaciones totalmente heréticas –más que heréticas, blasfemas- desligadas de la Palabra de Jesús. Pero una cosa más grave es la Disolución histórica o sea un  desligamiento de la gran tarea mesiánica de recrear la historia, siguiendo a Jesús, que con la fuerza del Espíritu, fue expulsando los demonios y construyendo así el reino de Dios (Mateo 12: 28)


[i] ¿Espíritu Santo ó G12? Una reflexión teológica a la luz de las Escrituras acerca de la fuerza renovadora del Espíritu Santo en la vida y misión de la Iglesia. Dr. David E. Ramos

La voz de Dios en tiempos estériles II parte

A.     La primera cosa con la que Dios ha trabajado es la identidad de Jesús: “Tú eres”

Dios le reafirma a Jesús quién es. Esa identidad es necesaria hoy. ¿Quiénes somos? ¿Qué hacemos?  Para poder definir esa identidad Dios utilizo tres herramientas en la vida de Jesús.

  1. Primero utilizó la herramienta del DISCERNIMIENTO

Al estudiar los pasajes  del bautismo vemos que era un momento y contexto muy particular para poder expresar  lo que Dios pensaba en ese momento de la irrupción de su hijo a la vida pública. Se da dentro de un nuevo mover y una nueva forma de hablar Dios. Marcos 1:9-11 dice: “aconteció en aquellos días”. Ya eran días especiales  de avivamiento  y de confrontación con la palabra. Luego añade “. “Vino de Nazaret al Jordán”. Así que Jesús puede discernir “los momentos  de avivamiento”, los mecanismos  de “avivamiento”. ¿Cuál es la razón de escoger el Jordán como centro del avivamiento?  Yordan, nombre masculino de origen hebreo del verbo “yarden“, su significado es “Aquel que baja o desciende“, hace referencia al río Jordán del suroeste de Asia (http://www.euroresidentes.com/significado-nombre/j/jordan.htm). Ya había una historia del mover de Dios allí. Jesús sabe que ese lugar es especial para que Dios se vuelva a mover. Pero también puede discernir los medios del avivamiento. Hay una cosa curiosa. Los medios generalmente son basados en la Palabra de Dios. Note  que lo que Dios dice es una paráfrasis de Isaías  42:1: “He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones.” Es importante notar que el mismo Dios está sujeto a su Palabra. Este es uno de los elementos de su  forma de avivar en los tiempos. Debemos ser capaces de discernir la Palabra de Dios. Pero también es importante ver que Dios puede usar otros métodos para mostrar su mover. Un primer medio es entonces el lenguaje  del Escrito Santo. Pero un segundo medio es el lenguaje del Espíritu Santo. Muchas personas el único lenguaje  del Espíritu Santo que pueden comprender  es el texto escrito de la Biblia. Note que en el evento los tres evangelios narran la manifestación  del Espíritu Santo. Pero por lo que podemos apreciar en la narración, sólo Juan y Jesús  entendieron el aspecto  espiritual de esta obra. La gente vio una paloma, pero esto era más allá del esquema físico y de esa manifestación visible.  Era el hecho de que ahora en adelante  sería el Consolador  el que guiaría a Jesús y lo confortaría en los momentos más difíciles.  Es más Marcos 1:12-13 dice: “Qué el Espíritu Santo impulso a Jesús al desierto”. De ese momento en adelante sería guiado por la tercera persona de la Trinidad. Una cosa curiosa es la relación del mover  del Espíritu Santo  y el esquema que usa Dios para mostrarlo. Es curioso que lo que encierra todo el poder  de Dios y su persona sea una paloma. Cómo podemos relacionar las estructuras que se tienen  con el poder de Dios y las que no encierran el poder de Dios. La paloma es un símbolo de sencillez, de fragilidad sin embargo encierra todo el poder de Dios. ¿Cómo podemos aprender el lenguaje del Espíritu Santo? ¿Cómo se aprende un nuevo idioma? Son tres cosas que ayudan a aprender un idioma: 1. Una aguda sensación  de su pobreza idiomática.  2. Saber que hay personas que conocen bien el idioma. 3. Que para aprender de esas personas debo tener una relación cercana con ellas. En cuanto al idioma del Espíritu es igual debemos comenzar por entender nuestra pobreza espiritual, debemos creer que Dios sigue hablando  de todas las maneras que la biblia utiliza y en tercer lugar  saber que necesitamos  que Dios nos hable  de formas más personales para llegar a experimentar algún tipo de  vida de iglesia descrito en el Nuevo Testamento. Por otro lado ¿Cuándo es el mejor momento para aprender un idioma? Cuando se es pequeño.  ¿Por qué? Primero porque los niños se sienten muy motivados  cuando están en un país extranjero ya que si lo aprenden pueden jugar más rápido con otros niños extranjeros. Una segunda cosa porque los niños aprenden más rápido un idioma es porque las pautas de su idioma nativo no están ni con mucho tan arraigadas en ellos como en sus padres.  Asimismo, los que durante años creímos  en que la única forma en que Dios nos habla es mediante la biblia, o de sermones tomados  de ella, somos los que más trabajamos pasamos  para aprender el lenguaje de los sueños o de las impresiones. Nos parece poco natural que Dios nos hable  de otra forma que no sea la Biblia. Un tercer factor que capacita  a los niños para aprender un idioma extranjero con mayor rapidez que los adultos es que sus cuerdas vocales aún no se han endurecido, como las de los adultos. De igual manera, cuando aprendemos el lenguaje del Espíritu Santo, hay un momento en el que  todos nos endurecemos  tanto con nuestras doctrinas y tradiciones, que se nos hace difícil oír a Dios de cualquier otra forma que no sea la que hemos oído siempre. Intento  y error Sencillamente, no es posible aprender un idioma sin hacer intentos  por usarlo y equivocarse. Para poder hablarlo bien hay que arriesgarse a  hablarlo. Cuando alguien se arriesga en su intento por hablar el idioma, cometen sus errores  gramaticales  frente a las personas del lugar y, a menudo reciben una corrección  inmediata. Esto también es cierto cuando aprendemos el lenguaje del Espíritu Santo. Sólo los que están dispuestos a hacer intentos por usarlos y equivocarse llegarán a ser competentes en la comprensión  de cuáles son las impresiones  que proceden de Dios y cuáles son las que surgen de su propia alma. Eso es  la razón por la que muchos chicos en el extranjero aprenden más rápido que sus padres porque mientras ellos se la pasan más estudiando los chicos se la pasan más practicando. Los padres se lanzan al aprendizaje del idioma mientras que los chicos se lanzan a la vida del idioma. Ellos aprenden mediante la remota seguridad  de un libro, mientras los niños  aprenden a partir de intentos y equivocaciones. Algunos podrán decir  que los intentos y los fracasos están bien cuando se trata de un idioma, pero son algo mucho más serio cuando uno le está diciendo  a alguien que Dios le ha comunicado algo. Estoy totalmente de acuerdo. Es muy serio eso de dirigirse a alguien con las palabras: “Dios dice…” Sin embargo, todos los cristianos lo hacen. Cada vez que citamos la Biblia, la interpretamos o se la aplicamos a otra persona, le estamos comunicando que Dios ha dicho algo. Y nuestra interpretación  o aplicación  tal vez no se parezca en nada a lo que Dios ha dicho. Tal vez sea sólo nuestra interpretación  o nuestra aplicación. Cualquiera que sea nuestra posición doctrinal, siempre tendremos la tentación de usar nuestra fe para dominar o exigir o dirigir la vida de otras personas. Siempre existe la tentación de oír a Dios por otros, en lugar de oírlo para nosotros mismos. El factor vergüenza Cuando los hijos de alguien en el extranjero comienzan hablar comete muchos errores gramaticales pero no se avergüenzan de ellos.  Pero los adultos tienen tanto miedo  de pasar por tontos, que llegan a evitar las conversaciones, precisamente lo que necesitan para aprender a hablar el idioma. El temor al fracaso y a pasar vergüenzas es una manifestación de inseguridad, la timidez y en el peor de los casos el orgullo, es uno de los grandes obstáculos  a la hora de aprender el lenguaje del Espíritu Santo. No es posible aprender un lenguaje natural, ni tampoco el lenguaje del Espíritu Santo, sin hacer intentos y cometer errores.  Y, lamentablemente, los errores nos hacen pasar por tontos. No obstante, Dios escogió, Dios escogió lo necio y menospreciado de este mundo para avergonzar a los sabios  y soberbios. (1 Corintios 1:26-29). Todo aquel que llegue a tener facilidad para oír la voz de Dios es porque ha pagado el precio de parecer tonto y sentirse como un tonto muchas veces. Estar  donde se habla el lenguaje Muchas personas pueden aprender el idioma fuera del lugar de origen de ese idioma, pero no es tan impactante como moverse al lugar donde se habla.  Asimismo, estar con personas que hablan y comprenden el lenguaje del Espíritu  santo es una ayuda incalculable al aprender a interpretar visiones, sueños, impresiones e incluso la Biblia misma.  El factor tiempo. Nadie aprende un idioma  al instante. Los idiomas se adquieren  con el tiempo mediante el uso constante. Esto mismo es cierto con respecto al lenguaje del Espíritu Santo. Los que se vuelven hábiles para escuchar la voz de Dios son los que se han estado preparando  constantemente para escuchar  cuando el hable. (Hebreos 5:14). Pero debemos practicarlo. C. S Lewis dijo una vez: “Basta con que tengamos  el deseo de caminar, para que Dios se agrade hasta con nuestros tropezones”(C. S. Lewis, Cartas a un diablo novato, Macmillan, Nueva York, 1961, pág. 39). Si esto es cierto, tal vez basta con que tengamos aunque sea el deseo de oír para que él se agrade hasta con  nuestros errores.

Valor en la cumbre, cobardía en el valle: La historia del profeta Elías II parte

Los siervos del Señor no mostraron al mundo una versión depurada de su espiritualidad. Elías sintió deseos de morir y no lo escondió. Así se expresó también Jeremías: «Maldito el día en que nací. Maldito el hombre que dio nuevas a mi padre, diciendo: Hijo varón te ha nacido», exclama Jeremías ((Jeremías 20.14).Es interesante que el Señor se asegura de que esos versos no queden fuera de la Escritura. Todo lo contrario; queden allí, como un testimonio de cómo dar espacio a nuestra humanidad. Dios quiso que quedaran escritas, para que no temamos ser humanos. Que podamos mostrarnos ante el Señor tal como somos, en nuestra genuina humanidad.  Elías llegó al punto crítico en que deseaba morirse. «Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres» La profunda depresión se manifiesta tanto en lo físico como en lo emocional y espiritual. Nos neutraliza. Nos paraliza. Nos aísla de nuestra realidad. Empezamos a vegetar y perdemos conciencia de lo que sucede a nuestro alrededor. Perdemos el norte. Sentimos como si nos estuviéramos hundiendo, sin que nada logre detenernos en esa caída. El pantano nos traga y no encontramos nada a qué aferrarnos: las victorias gloriosas del pasado no resultan suficientes para sostenernos. Elías tampoco hizo uso del pasado para encontrar socorro en su depresión actual. No confesó: «Así como ya me libraste en otra ocasión confío en que igual me librarás ahora». La depresión nos aísla de los recursos espirituales a los que solíamos acceder. Es como un pantano que nos va tragando, igual que al personaje de Ernesto Sábato en su novela El túnel  va entrando en el túnel y se pierde en él sin que nada lo detenga. No hay norte. No hay conciencia de lo inmediato. Humanamente hablando, es imposible ministrar a otros cuando estamos sumidos en una situación depresiva. Pero como somos expertos en «editarnos» a nosotros mismos, muchas veces, aun en medio de la depresión, tenemos el descaro de ministrar, ocultando nuestra realidad. Nos hemos convencido de que no es posible que el pastor, el líder, el siervo de Dios se pueda deprimir y por eso enmascaramos nuestro estado emocional. La depresión la pueden experimentar otros: los enfermos, los débiles. Pero del pastor y del líder siempre esperamos equilibrio y sobriedad. De los «fuertes», esperamos una estabilidad temperamental que mantenga todo en orden. Por eso es que muchas veces ministramos aunque estemos pasando por una depresión. Sin embargo, la realidad se percibe. El pueblo de Dios advierte nuestro estado real porque el Espíritu de Dios le ayuda a discernir, y no se confunde con la imagen que proyectamos. Cuando pretendemos ministrar en medio de la depresión, no ministramos, actuamos. En lugar de hablar, gritamos. Al pastor deprimido se le han agotado las energías para presentar un mensaje fresco. Entonces recurre al archivo. En lugar de inspirar a otros, acusa. El líder deprimido no reconoce que el problema nace de su propia condición: para él el problema son los otros, el problema es la congregación.  Elías experimentó el profundo desánimo que ocasionalmente acompaña a quienes sirven al Señor. En la ministración que recibió del Altísimo encontramos importantes pistas para superar esta condición. ¿Cómo ministra el Señor a Elías en esta situación? Es hermoso ver que el Señor no impide en ningún momento que su siervo viva la paradoja de su humanidad. No interviene para evitar que experimente la perplejidad y la ambivalencia de su condición. Todo lo contrario: lo deja vivir su humanidad. No sale al encuentro de Elías en su versión mejorada sino en la versión real. No impide que viva su crisis, pero lo sigue y lo acompaña en medio de ella.  El cuerpo, primero ¿Cuáles son algunas de las iniciativas del Señor para ayudar a su siervo? En primer lugar, lo atiende en sus necesidades elementales. Un ángel despierta al profeta y le indica: «come». Observamos que la instrucción no es: «traga». Le pide que coma. Una de las adicciones de la persona deprimida puede ser a la comida, pero a comida que no nutre. Aquí, en cambio, el acto de comer está controlado, orientado. Luego lo deja dormir; pero sólo un rato, y lo vuelve a despertar para pedirle nuevamente que coma, porque necesita fortalecerse. Cuando me hundo en la realidad y descubro la paradoja de mi humanidad, compruebo que soy igual o peor que los demás. ¡Qué sabio es el Señor! Al ministrar a Elías, empieza a colocar fronteras en el descalabro emocional de su siervo. Su objetivo es fortalecerlo, pero, al mismo tiempo, dejarlo que termine de vivir su crisis. Tal como ha señalado alguien, es preciso mantenernos en una crisis el tiempo suficiente hasta sacar beneficio de ella. El Señor le ordena a Elías: «Come, porque te queda un camino largo, cuarenta días y cuarenta noches». Lo fortalece, pero lo deja vivir días largos y tediosos, días de tremenda soledad. Elías hizo lo que hubiera hecho la mayoría de nosotros. Se dirigió a Horeb, al monte de Dios. «Se levantó, pues, y comió y bebió, y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios». (1Re 19.8) ¿Qué representa este monte para el profeta? Representa lo único que Elías sabe manejar, lo que le resulta familiar. El monte de Dios es para Elías el símbolo del éxito. Significa poder, espectacularidad, despliegue de gloria. Allí es a donde quiere retornar: a lo que le provee seguridad. Fuera de ese sitio, Elías no puede vivir. A menos que esté controlando la situación y manejando poder, Elías se desarma. Necesita estar constantemente en la cumbre, porque es incapaz de vivir en el valle. Por eso busca aquello que puede manejar, una espiritualidad que le permite sentirse cómodo y seguro. El Señor simplemente lo deja llegar. Luego se produce un hermoso diálogo entre el Señor y su siervo. Es casi como si golpeara a la puerta de la cueva. Elías sale… «¿Qué te pasa? ¿Qué haces aquí, Elías? He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida» (1Re 19.10). Aquí se nos insinúa la raíz de la depresión del profeta. ¿Qué es lo que realmente ha causado su depresión? Ya se nos ha anticipado algo en el versículo 4, cuando el profeta anunció que deseaba morirse, añadió una frase muy reveladora: «pues no soy yo mejor que mis padres». El profeta había tomado como punto de referencia el nivel de otros y se había propuesto superarlos. Me propongo ser mejor que otros y pongo todo mi empeño en alcanzar esa meta. Pero cuando me hundo en la realidad y descubro la paradoja de mi humanidad, compruebo que soy igual o peor que los demás.  Con cuánta frecuencia, cuando reemplazamos a alguien o cuando ocupamos un nuevo puesto, prometemos: «Conmigo va a ser distinto; estas situaciones no van a pasar». Pero cuando sale a la luz la paradoja humana, nuestra verdadera humanidad, entonces caemos en la depresión: «No soy mejor que aquel hermano que cayó en adulterio; no soy mejor que el hermano que mintió. He sido peor, Señor. Ahora que realmente descubro quién soy, quítame la vida. No quiero vivir». En el versículo 10, el profeta expresa algo más: «He sentido un vivo celo por Jehová». Pero el Señor no se muestra impresionado ante sus palabras. Dios no lo aplaude: «Bravo, Elías, eso es lo que quiero». Lo escucha; sí, lo escucha pacientemente. ¿Qué es lo que expresa Elías en su declaración? «Señor, mi celo no ha transformado la realidad. Yo creía que con todo el despliegue de poder y espectacularidad que me permitiste ver y realizar, todo el mundo iba a caer de rodillas; pensé que los falsos profetas se iban a convertir y Jezreel se iba a arrepentir de su pecado. Pero nada de eso ha pasado. Mi celo por ti no ha transformado la realidad. ¡Tanto despliegue de poder, para nada!» Elías está frustrado y agrega: «Señor, sólo yo he quedado». En otras palabras: «Todo lo que hice no ha producido un verdadero cambio. Para colmo, nadie saca la cara por mí ahora que estoy en problemas». «Señor», —insinúa Elías— «yo creía que me estaba asegurando un futuro, quizás un pequeño pedestal; ahora resulta que me buscan para matarme. Estoy derrumbado; tengo derecho a estar deprimido». ¡Como para no deprimirse! Todo nuestro celo evangelizador no ha impedido que avance el deterioro de la humanidad y aumente la corrupción en nuestro país. Por mi parte, crecí convencido de que si cada evangélico compartía la fe cristiana con otra persona, en veinte años este mundo estaría evangelizado y transformado. Pero no ha ocurrido así. El mundo está peor, no mejor. Cuando tomé conciencia de ese contraste caí en una crisis; me deprimí, porque las bases en las que había asentado mi fe se derrumbaron.  Es similar a lo que nos pasa cuando llegamos a la edad en que debemos jubilarnos. Tendemos a pensar: Tanto trabajar, tanto renegar, tanto esfuerzo en la vida, y ahora, apenas una mísera pensión. Eso deprime. Elías plantea su situación y expresa sentimientos. En ningún momento interviene el Señor para corregirlo: «Momentito, Elías, estás equivocado, déjame recordarte algo. Ahora me toca reprenderte». ¡Qué sensibilidad la de nuestro Señor! ¡Qué maestro en el arte de escuchar! «Elías, ven, sal fuera». En su magnanimidad, el Señor le da una nueva percepción de Su grandeza. En primer término, sopla un fuerte viento. ¡Qué poderoso huracán! ¡Rompe las rocas! Pero Jehová no está ahí. Luego viene un terremoto. ¡Qué tremendo impacto! Pero Jehová no está ahí. Tras el terremoto, un fuego. Elías está familiarizado con la manifestación del fuego. Para él, fuego y Jehová son sinónimos, terremoto y Jehová van de la mano, viento tempestuoso y Jehová son análogos.  El profeta estaba familiarizado con las manifestaciones grandiosas del poder de Dios. Pero ahora el Señor le advierte al profeta: «Elías, no estoy ahí» De pronto se oye un silbido apacible y delicado y Elías reconoce en él la presencia del Señor (vv. 11–12). El siervo de Dios debe reconocer que el Señor actúa de muchas maneras. Elías se cubre el rostro y sale de la cueva. Otra vez ha reaccionado su humanidad: esconder el rostro. No acepta esta revelación del Señor. El Señor quiere advertirle a Elías: «Soy el mismo que se manifestó antes en el monte; soy el mismo que se expresó en otro momento a través del terremoto, el fuego y el viento. Pero no me pongas un rótulo, Elías; no me reduzcas a lo espectacular. No me encierres en una fórmula manejable. Si quieres madurar, hijo mío, tienes que ir acostumbrándote a que soy más que cualquier definición. Tienes que aceptar que también hablo a través de lo inesperado, de lo silencioso, de lo sutil, de la voz apacible y delicada». El Señor también está en el susurro, en el silencio, en lo inesperado, en la voz del hermano sencillo que me exhorta: «Tenga cuidado con esa tentación, hermano». «Le presto esto que he leído». «Sabe, pastor, estoy orando por usted». «Quiero compartir con usted un pensamiento». Ahí también está el Señor: en lo que no hace ruido, en lo que no parece grandioso. Si Elías quiere salir de donde está, si quiere dejar la cueva y el desierto, tendrá que acostumbrarse a este Dios que no se ajusta a nuestras definiciones. El profeta vuelve a esconderse y el Señor sigue mostrándole paciencia. Lo llama nuevamente a que salga: « ¿Qué haces aquí, Elías?» Y otra vez, el Señor lo escucha mientras Elías repite el mismo argumento (versículo 14). Entonces el Señor le habla: «Ve, vuélvete por tu camino, por el desierto de Damasco; y llegarás, y ungirás a Ásale por rey de Siria» (1Re 19.15). La respuesta de Dios a la desazón de Elías es realmente hermosa. En primer lugar, expresa: «Elías, sigo contando contigo». ¡Qué gracia!, ¿verdad? ¡Qué distinto actuamos los seres humanos!, ¡incluso en las iglesias! Cuando sabemos que alguien anda mal, lo atacamos. Parece que, cuando otros saben que estamos deprimidos, perdemos imagen y autoridad ante ellos. En cambio, el Señor anima a Elías: «Mira, sigo contando contigo, tengo una tarea para encomendarte». A continuación, le encomienda que vaya a ungir a determinadas personas. Los versículos 15–16 describen a esos tres personajes: un rey pagano, un rey judío y un campesino, al que ungirá como profeta. Elías jamás hubiera esperado ninguna de esas tres instrucciones de parte de Dios. Pero esa es la forma inesperada y nada espectacular en que actúa el Señor. Podemos imaginarnos a Elías tentado a rezongar: «Señor, ¿y yo? ¿Yo no, Señor? ¿No vas a premiar mi dedicación?» Sin embargo, el Señor le advierte: «Te ha llegado la hora de dar lugar a otro. Elegí a alguien para que ocupe tu lugar.» ¡Qué difícil es que nos reemplacen! ¡Qué difícil es obedecer órdenes del Señor que van en contra de nuestros deseos y expectativas! Pero, a menos que aceptemos que el Señor puede manifestarse de otras maneras y por otros medios, no conseguiremos madurar. En esencia, lo que el Señor quiere aclararle a su siervo es: «Elías, la historia y la realidad no se transforman con acciones espectaculares, sino formando personas, forjando líderes. Estás tan preocupado en levantar tu propio pedestal, tan preocupado por considerarte el único, el más fiel y consagrado. Estás tan ansioso de que te use para provocar un despliegue de gloria y espectacularidad… Pero yo no cambio así la historia, Elías». El siervo de Dios debe reconocer que el Señor actúa de muchas maneras. Ahora el lugar de Elías no será el del comandante, sino que pasará a la retaguardia. Dejará de ser una figura importante: otros tienen que ocupar ese lugar. Si Elías reconoce que Dios actúa también de forma silenciosa y apacible, le dará espacio para obrar en su vida y en la de otros.