Serie Dios sufre de insomnio: Los cambios de sus hijos III parte

En cuarto lugar utiliza la dependencia.

El cuarto paso para ser cambiado por Dios es la etapa de la cooperación. Dios empezó a cambiar a Jacob tan pronto como admitió quién era y empezó a cooperar con el plan de Dios. Jacob llamó a aquel lugar «Penuel» que significa «rostro de Dios» (v. 30). Jacob vio a Dios cara a cara. Todos nosotros nos veremos cara a cara con Dios algún día, y cuando hagamos eso, él nos podrá cambiar. Dios le dijo a Jacob: «Ahora podemos trabajar en serio. Quiero que estés quieto. Solo coopera conmigo y confía en mí, y haré los cambios que quieres y te bendeciré». Dios no le dijo: «Jacob, intenta lo mejor que puedas y usa toda tu fuerza de voluntad para ser perfecto». Eso no da resultados. La fuerza de voluntad sencillamente no hace cambios permanentes en nuestras vidas. Aquello es atacar la circunstancia externa. Es la intención interna lo que hace los cambios permanentes, y en eso trabaja Dios. Cuando Jacob empezó a cooperar, Dios comenzó a operar, y lo primero que este hizo fue darle un nuevo nombre, una nueva identidad. Le dijo: «Ya no te llamarás Jacob, sino Israel» (v. 28). Después de un encuentro personal con Dios no podremos seguir iguales. Dios cambió a Jacob de «tramposo» y «maquinador» a un Israel, un «Príncipe de Dios». Dios sabía el potencial de Jacob; vio más allá de la apariencia de callejero. Vio todas las debilidades de Jacob, pero observó más allá de lo exterior: «Ese realmente no eres tú, Jacob. En realidad eres un Israel. Eres un príncipe». Dios vio al príncipe en Jacob, y el ex tramposo empezó a convertirse en aquel hombre del cual la nación de Israel toma su nombre.

Dios siempre sabe cómo sacar lo mejor en su vida, y lo hace mejor que usted. Si se lo permite, hará lo que sea necesario para alcanzar ese fin, porque él no desea que usted desperdicie su vida. ¿Desea la bendición de Dios en su vida? Tome la situación que lo está agobiando en este momento y entréguesela a Dios. Diga: «Dios, te la entrego. Me voy a sostener de ti hasta que cambies esto para bien». Luego, confiésele los errores que necesita confesar y coopere con  Dios». Considere un punto importante en la vida de Jacob: «Cruzaba Jacob por el lugar llamado Penuel, cuando salió el sol. A causa de su cadera dislocada iba rengueando»,(v. 31). Al luchar, el ángel le dislocó la cadera y, como resultado, Jacob rengueó por el resto de su vida. Hay una implicación importante en esto porque el músculo de la cadera es uno de los más fuertes del cuerpo. Cuando Dios necesitó captar la atención de Jacob, le dio en el punto de su fuerza. Cuando empezamos a pensar: «En esto me destaco, esto es mi fuerte», es posible que Dios tenga que tocar eso mismo para poder captar nuestra atención. Dios le tocó la cadera a Jacob y eso se convirtió en un recordatorio para el resto de su vida de que ya no confiara en sus propias fuerzas sino en el poder de Dios. Ya no viviría en sus propias fuerzas sino en las de Dios, y al hacer esto, se convirtió en una persona más fuerte. Hay otra lección que podemos aprender de este incidente de la vida de Jacob. Con frecuencia se metía en líos por tramposo, y a menudo segaba lo que él mismo sembraba. Sin embargo, cada vez que se metía en uno, salía huyendo de él. Simplemente, claudicaba. Así que Dios dijo: «Yo sé como remediar esa tendencia; le dislocaré la cadera». Jacob nunca más pudo salir huyendo de una situación difícil. Por el resto de su vida, tendría que quedarse en su lugar y encarar sus problemas, no con sus propias fuerzas sin con la fortaleza de Dios. A menudo, él pone una debilidad obvia en personas a quiénes bendice, y con frecuencia esa debilidad es de origen físico. Por ejemplo, Pablo tuvo su aguijón en la carne. ¿Y usted? ¿Cómo le gustaría ser cambiado para siempre? ¿Qué es lo que más le gustaría cambiar en su vida? Tal vez sea un hábito. O una debilidad. Quizás sea un problema de carácter. O algo que le ha causado más problemas de lo que pudiera imaginar, y ahora la situación está fuera de su control. Tal vez esté en una situación sin salida que le irrita, le amarga y le dificulta desarrollar el potencial que Dios quiere para usted. ¿Desea que Dios lo cambie? Él lo hará, pero a su manera. Usará el proceso de crisis, empeño, confesión y cooperación. Y cuando efectúe el cambio, será permanente. No tendrá que preocuparse por la fuerza de voluntad o de mantenerlo porque estará cooperando con Dios, descansando y confiando en él. Tal vez haya estado limitando a Dios con excusas, culpando a otros o tratando de razonarlo. Es difícil quitarse la careta y decir: «Dios, tengo una debilidad. Admito que tengo un problema». Pero hasta que haga esto, las cosas seguirán iguales. Estas son las buenas noticias: Más allá de todas esas cosas que usted sabe de sí mismo que le desagradan, Dios ve un Israel. Él ve al príncipe o princesa en su vida. Vea lo que usted puede llegar a ser. Ve su potencial, y quiere cambiarlo de un Jacob a un Israel. ¡Deje que Dios haga sus cambio

Serie Dios sufre de insomnio: Los cambios de sus hijos II parte

En segundo lugar utiliza la desesperación.

El segundo paso para ser cambiado por Dios es la etapa del empeño. Nótese lo que el ángel y Jacob dijeron: «El hombre le dijo: — ¡Suéltame, que ya está por amanecer!—¡No te soltaré hasta que me bendigas! —respondió Jacob» (v. 26). Jacob tenía desesperación de la bendición de Dios; era persistente; lidiaba con la situación hasta llegar a una solución. Se encontraba en una circunstancia que no le agradaba; era frustrante y lo estaba agobiando; pese a eso, dijo: «Estoy cien por ciento empeñado en lidiar con esta situación hasta que Dios la cambie para bien». Esta es la lección que podemos aprender: Después de que Dios capta nuestra atención con el problema, no lo resuelve de inmediato. Él espera a ver si realmente hablamos en serio. La mayoría de las personas pierden los planes de Dios para sus vidas porque se rinden demasiado temprano. Se desaniman. Se desalientan. Cuando Dios permite un problema en sus vidas, en vez de perseverar y decir: «Dios, no soltaré esto hasta que me bendigas; hasta que lo cambies para bien»; simplemente se desaniman y no disfrutan los planes de Dios para sus vidas. Con frecuencia, cuando se me acercan para recibir consejería, pregunto:—¿Ha intentado orando por esta situación? Me contestan: —Oh sí, sí he orado.—¿Cuántas veces?—Una. Estamos tan acostumbrados a alcanzar todo de inmediato, incluido el éxito, que si no recibimos una respuesta instantánea a nuestra oración o un resultado inmediatamente decimos: «Olvídalo, Señor». En ocasiones alguna pareja se encuentra a punto de claudicar en su matrimonio cuando el éxito ya está en camino. Están por rendirse cuando la solución está allí mismo. Aun cuando sinceramente deseamos cambiar, necesitamos recordar que no nos metimos en el presente lío de la noche a la mañana. Esas actitudes, acciones, hábitos, temores, flaquezas y formas de responder a nuestros cónyuges, tomaron años en desarrollarse y a veces Dios tiene que quitarlas una por una. Usualmente requiere buen tiempo para que Dios las cambie. Pero no se rinda. Hay esperanza. Persevere. Busque con empeño el plan de Dios para su vida. Los psicólogos nos dicen que seis semanas haciendo algo, a veces todos los días, es lo que se necesita para que se convierta en hábito. Por eso muchos no se meten en la Biblia con seriedad. La leemos dos o tres días, después se nos pasa semanas y volvemos a leerla unos días. Nunca superamos la barrera de seis semanas y como resultado nunca llegamos a sentirnos cómodos con ella. Necesitamos hacer esto todos los días por lo menos seis semanas hasta que empecemos a sentirnos cómodos con este nuevo y saludable hábito.

En tercer lugar utiliza el quebrantamiento

El tercer paso para ser cambiado por Dios es la etapa de la es el quebrantamiento por medio de la confesión.. El ángel le dijo a Jacob: «¿Cuál es tu nombre?» Él le respondió: «Jacob». ¿Qué objetivo tuvo la pregunta del ángel? Que Jacob reconociera su carácter al decir su nombre, el cual significa tramposo o maquinador. Jacob se acordó del dolor que había ocasionado al maquinar en contra de su hermano Esaú, de manera que cuando el ángel le preguntó: « ¿Cómo es tu carácter?» admitió: «Soy tramposo. Maquinador». Admitió sus debilidades porque era sincero. Al identificarse como «Jacob», estaba reconociendo sus fallas. Esto es un proceso importante de Dios para cambiarnos porque nunca cambiamos hasta que encaramos y reconocemos con sinceridad nuestros defectos, nuestros pecados, nuestras flaquezas y nuestros errores. Dios no empieza a reparar nuestro problema hasta que reconocemos que lo tenemos. Necesitamos decir: «Dios, estoy en un lío. Y reconozco que yo mismo me lo busque». Entonces Dios puede empezar a obrar. ¿Se ha dado cuenta de lo fácil que es encontrar una excusa para nuestros problemas? Nos hacemos expertos en culpar a otros: «Realmente no es mi culpa, ¡¿sabe?! Es el ambiente en el que me crié; mis padres lo ocasionaron». O «La situación en que me hallo es culpa de mi jefe en el trabajo». ¿Por qué debemos confesar nuestras faltas a Dios? ¿Para ponerlo al día? No. Cuando le contamos que pecamos, él no se sorprende, porque sabe el problema de antemano. Nos confesamos ante él porque Dios quiere que digamos: «Tienes toda la razón, Dios, tengo un problema. Ese es mi error o mi debilidad». Reconocer nuestros errores produce humildad y una vez que hacemos esto Dios nos provee todos sus recursos y su poder para ayudarnos a cambiar para bien. A esas alturas, podemos empezar a ser las personas que realmente siempre deseamos. Este incidente en la vida de Jacob fue mucho más que un mero encuentro de lucha libre. Fue una ilustración de cómo Dios opera en nuestras vidas. Primero, él trae una crisis frustrante, como la pelea con el ángel, en la cual enfrentamos la situación con dificultad. Finalmente, reconocemos: «Es obvio que no voy a ganar. No puedo tomar las riendas de esta situación con mis propias fuerzas; voy a seguir fracasando». Después necesitamos persistir: «Pero voy a tratar la situación con empeño y dejar que Dios la resuelva. Dios contesta: «No te voy a sacar de apuros de inmediato porque quiero ver si en realidad hablas en serio. Dijiste que querías cambiar, así que voy a dejar que el problema dure un poco más para ver si realmente hablabas en serio». Si a estas alturas tiramos la toalla, en el futuro nos vamos a topar con un problema de la misma índole. Si no aprendemos la lección ahora, la tendremos que aprender más adelante, porque Dios nos la va a enseñar de una manera u otra. Nos podemos evitar muchos problemas si reaccionamos apropiadamente cuando nos llega la crisis.

Serie Dios sufre de insomnio: Los cambios de sus hijos

Noveno tema: Dios sufre insomnio por el cambio  de sus hijos

¿Qué es lo que más le gustaría cambiar de sí mismo? Si pudiera modificar algo, ¿qué sería? Una gran tragedia es una vida desperdiciada, una vida que nunca esté dispuesta a cambiar. El cambio es un elemento importante del crecimiento y lo necesitamos para permanecer rejuvenecidos y progresar. A la mayoría de nosotros nos interesa el cambio. Entre los quince libros más vendidos en la actualidad, diez de ellos son de autodesarrollo, títulos como Un nuevo usted en treinta días. Asistimos a seminarios, leemos libros, probamos dietas y escuchamos grabaciones, pero de algún modo las nuevas ideas no parecen durar. Tal vez cambiamos por un tiempo pero ninguna nueva idea tiene efecto permanente. La razón principal es que lidiamos con lo externo, nuestra conducta externa, en vez de nuestras intenciones internas. Cualquier cambio perdurable deberá empezar en el interior, y eso es tarea de Dios.

En Génesis, capítulo 32, vemos el proceso que usa Dios para cambiarnos, para ayudarnos a llegar a ser lo que siempre hemos querido ser. Aprenderemos cómo cambiar observando la vida de Jacob, el padre de José. El incidente grabado en este capítulo fue un punto crucial en la vida de Jacob y sirve de ejemplo dramático de cómo Dios nos puede cambiar como individuos. Jacob fue un hombre algo tramposo. Aun su nombre significa «tramposo» o «maquinador». Pero una experiencia decisiva lo transformó en otra persona y llegó a ser Israel, el hombre por quien toda una nación lleva su nombre. Su experiencia fue tan transformadora que jamás volvió a ser el mismo. En esta historia tenemos una expresión clara del proceso de cuatro pasos que Dios usa para cambiarnos en las personas que realmente queremos ser. Es un mensaje inspirador. Uno que nos dice que no necesitamos seguir en la rutina: Dios nos ayudará a superar esa debilidad o esa área en nuestra vida si le damos la oportunidad. ¿Cómo le damos la oportunidad? Consideremos Génesis 32:24-30: Entonces un hombre luchó con él hasta el amanecer. Cuando ese hombre se dio cuenta de que no podía vencer a Jacob, lo tocó en la coyuntura de la cadera, y ésta se le dislocó mientras luchaban. Entonces el hombre le dijo: — ¡Suéltame, que ya está por amanecer!— ¡No te soltaré hasta que me bendigas! —Respondió Jacob. — ¿Cómo te llamas? —le preguntó el hombre.—Me llamo Jacob —respondió. Entonces el hombre le dijo: —Ya no te llamarás Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido.—Y tú, ¿cómo te llamas? —Le preguntó Jacob.—¿Por qué preguntas cómo me llamo? —le respondió el hombre. Y en ese mismo lugar lo bendijo. Jacob llamó a ese lugar Penuel, porque dijo: «He visto a Dios cara a cara, y todavía sigo con vida». (La palabra Penuel es un vocablo hebreo que significa «rostro de Dios».)¿Qué tiene que ver un encuentro de lucha libre contra un ángel acontecido hace varios miles de años con cambiarme hoy? Hay varios detalles importantes que nos muestran claramente en qué forma Dios cambia a las personas. Hay cuatro pasos que él utiliza para cambiarnos en las personas que deseamos ser.

En primer lugar utiliza las crisis

El primer paso es la etapa de la crisis. Jacob tuvo un encuentro de lucha libre con un ángel, y este estaba luchando con dificultad, pero era una situación sin provecho para ambos. Al llegar el amanecer, Jacob ya se estaba cansando de luchar porque vio que no podía ganar. Era una situación superior a él. La lección que vemos aquí es que cuando Dios nos quiere cambiar, empieza captando nuestra atención, poniéndonos en una situación fuera de nuestro control. No podemos ganar, y poquito a poquito empezamos a cansarnos. Dios usa las experiencias, los problemas y la crisis para captar nuestra atención. Si estamos experimentando una crisis en este momento, es porque Dios se está alistando para cambiarnos para bien. Nunca cambiamos hasta que nos hostigamos con nuestra situación actual, con el status quo. Nunca cambiamos hasta que nos sentimos incómodos y descontentos y nos empezamos a sentir miserables. Cuando nos sentimos lo suficientemente miserables, incómodos e insatisfechos, finalmente nos motivamos a dejarle a Dios que haga algo en nuestras  vidas. El águila madre suele tomar el nido con su cría y mecerlo. Ella hace que se pongan incómodos y se sientan miserables, luego los bota y los obliga a que aprendan a volar; para su propio bien. Dios hace esto en nuestras vidas: nos hace sentir incómodos si es necesario, porque conoce lo que nos mejor conviene y desea que maduremos. Permite la crisis, el problema, la irritación o la frustración en nuestras vidas para captar nuestra atención. Y lo hace porque nos negamos a cambiar hasta que el temor al cambio es excedido por el dolor que sufrimos.

Serie Dios sufre de insomnio: Las tormentas de sus hijos II

Quinto dejarse ir a la deriva.  Cuando nos encontramos en la crisis, lo típico es hacer tres cosas, las mismas que hicieron los navegantes. La reacción de ellos es típica de la persona bajo la presión. «El barco quedó atrapado por la tempestad y no podía hacerle frente al viento, así que nos dejamos llevar a la deriva» (v. 15). Después los navegantes «dejaron el barco a la deriva» (v. 17). Lo primero que las tempestades tienden a hacer en nuestras vidas es que nos abandonemos a la deriva. Dejamos nuestras metas. Nos olvidamos de nuestro rumbo. Nos olvidamos de nuestros valores y permanecemos a la deriva. Debido a que no había brújulas en aquellos días y a que las estrellas estaban ocultas por la tempestad, la tripulación estaba en completa oscuridad. Cuando uno está en una situación oscura en la que no hay estrellas ni brújula, ¿Qué ocurre? Se va a la deriva. Sencillamente uno deja que las olas le echen de un lado al otro y va donde las ellas lo lleven. Los problemas nos llevan de un lado a otro. A causa de estas corrientes fuertes en la vida a uno le place decir: «¿De qué sirve? ¿Para qué luchar? Me iré con la corriente».

Sexto, no descarte

«Al día siguiente, dado que la tempestad seguía arremetiendo con mucha fuerza contra nosotros, comenzaron a arrojar la carga por la borda. Al tercer día, con sus propias manos arrojaron al mar los aparejos del barco» (v. 18-19). Cuando llega una crisis, empezamos a bogar a la deriva, y después a descartar cosas de nuestras vidas. Con los navegantes fue la carga, después los aparejos, después el trigo (v. 38), y finalmente ¡ellos mismos! (v. 43-44). Saltaron por la borda para llegar a tierra. Este es el punto: Con frecuencia, cuando estamos en la crisis, descartamos las cosas que son importantes para nosotros, los valores que abrazamos en tiempos mejores. Tendemos a descartar todo porque estamos bajo presión y queremos deshacernos de todo. Nos volvemos impulsivos. Abandonamos nuestros sueños. Rompemos relaciones .Descartamos valores que aprendimos en la niñez.

Séptimo no se desespere

Note lo tercero que hicieron los navegantes: «Como pasaron muchos días sin que aparecieran ni el sol ni las estrellas, y la tempestad seguía arreciando, perdimos al fin toda esperanza de salvarnos» (v. 20). En una crisis aguda casi siempre llegamos al punto de la desesperación y perdemos la esperanza. Lo último que descartamos cuando tenemos un problema es la esperanza, y cuando la descartamos, fracasamos. Los navegantes estuvieron a bordo de un pequeño barco en oscuridad por espacio de catorce días en pleno Mar Mediterráneo, echados de un lado para el otro por la tormenta hasta que descartaron todo y perdieron toda esperanza. Tal vez se sienta así mismo. Ha estado atravesando un problema esta última semana, mes o año. El problema lo ha echado de un lado al otro, y ha botado todo, llegando al punto de la desesperación: « ¿De qué sirve esto? No hay esperanza. Esta situación es imposible». Pero recuerde a los navegantes, ellos perdieron la esperanza porque olvidaron que Dios tiene el control. Olvidaron que Dios tiene un plan. Que Dios puede inyectarle esperanza a una situación absolutamente desesperanzadora. Lo más impresionante de este relato es la reacción de Pablo: un giro de 180 grados en comparación a la de los navegantes. Ellos estaban desesperados; decían que no tenían esperanza. Estaban desalentados y deprimidos, y arrojaron todo por la borda. Pero Pablo estaba calmado y confiado. Con valor en medio de la crisis. Nada en absoluto lo preocupaba. La reacción de los navegantes es la respuesta natural que todos nosotros tendemos a asumir en medio de la crisis, pero no tiene que ser nuestra respuesta. Una prueba de nuestra fe cristiana es la forma en que lidiamos con la crisis. Cualquiera puede ser cristiano cuando las cosas andan bien, cuando recibimos respuesta a todas nuestras peticiones, cuando gozamos de buena salud, cuando nuestros ingresos van en aumento. Es fácil ser cristiano en momentos así. La prueba de nuestra fe es cuando los problemas llegan, cuando sentimos la inclinación a desesperarnos, a irnos a la deriva y arrojar por la borda todas las cosas que son de importancia en nuestras vidas. El carácter se revela en la crisis, no se crea en ella. El carácter se crea en las cosas cotidianas, ordinarias y triviales de la vida. Se crea allí, pero se revela cuando naufragamos en una situación que amenaza con tragarnos. ¿Qué se debe hacer cuando las cosas parecen desarmarse solas y el barco parece que se va a desintegrar? ¿Qué se hace cuando los problemas de la vida azotan? Fíjese lo que hicieron los navegantes: «Temiendo que fuéramos a estrellarnos contra las rocas, echaron cuatro anclas por la popa y se pusieron a rogar que amaneciera» (v. 29). Lo más seguro que se puede hacer cuando uno atraviesa una tormenta es echar el ancla. Simplemente quédese quieto. Las circunstancias cambian y el reloj de arena sigue corriendo. Pero la Biblia dice que los que confían en el Señor son como el monte de Sión que jamás será conmovido (Salmo 125:1).Con frecuencia, cuando las personas se topan con un gran problema quieren cambiar todo lo demás en sus vidas al mismo tiempo, ¡como si necesitaran más cambios! Una persona pierde a su cónyuge por muerte o divorcio y la reacción típica es: «Voy a renunciar a mi trabajo. Venderé todo y me mudaré a otro lugar para empezar de nuevo. Pero eso es precisamente lo que no necesitan, más cambios. Lo que necesitan hacer es echar las anclas y procurar la estabilidad. ¿Por qué Pablo era una persona tan confiada? Porque recibía ánimo a través de tres grandes verdades, tres convicciones fundamentales de la vida cristiana, que sirven como anclas del alma. Estas tres verdades pueden mantenerle anclado sobre la roca de la estabilidad, para que cuando los vientos de la crisis soplen de un lado a otro, tenga confianza. Estas son verdades sobre las cuales puede edificar su vida, las que lo mantendrán estable en la tormenta.

Serie Dios sufre de insomnio:Los problemas de sus hijos II parte

Cuarto, dependa de los recursos de Dios

Después Josafat reconoció: «Señor, no sé que hacer», y agregó: «pero nuestra mirada esta puesta en ti» (2 Crónicas 20:12). El cuarto principio para superar las batallas de la vida es depender de los recursos de Dios. Necesitamos poner nuestra mirada en el Señor. Demasiadas veces ponemos la mira en todo lo demás, en todo menos en aquel que puede resolver nuestros problemas. Las circunstancias son como un colchón: Si estamos encima, descansamos tranquilos, pero si estamos debajo, podemos asfixiarnos. Si mantenemos la mirada puesto en el Señor, permaneceremos encima de nuestras circunstancias.

Pero en quinto lugar descanse en fe

Fíjese cómo le contestó Dios la oración a Josafat: «No tengan miedo ni se acobarden cuando vean ese gran ejército, porque la batalla no es de ustedes sino mía» (v. 15). El quinto principio para superar las batallas de la vida es descansar en fe. Muchísimos cristianos en la actualidad están agotados porque procuran pelear las batallas de Dios con sus propias fuerzas. Cuando tratamos de pelear las batallas de Dios con nuestras propias fuerzas, tenemos una derrota garantizada. Cuando recién nos convertimos tendemos a pensar así: «Dios, ni te imaginas el premio que te sacaste conmigo. Voy a presentar tu reino sin ayuda de nadie. Saldré y ganaré al mundo y te ayudaré verdaderamente». Así que trabajamos con empeño pero al fin regresamos cansados diciendo: «Señor, sé que te he decepcionado. Lo siento. Verdad que fracasé en apoyarte». Pero Dios contesta: «No, tú no fracasaste en apoyarme porque tú no me apoyas». Nosotros no apoyamos a Dios, él nos apoya a nosotros. Nosotros no tenemos a Dios en nuestras manos, él nos tiene a nosotros en las suyas. Dios trata de decirnos: «Descansa en fe y deja que actúe a través de ti». En cierta época de mi vida cristiana, trabajé fuertemente para el Señor, haciendo todo bajo mis propias fuerzas. Y me cansé. Finalmente, una noche me quejaba ante Dios, expresando mi preocupación. Le dije: «Señor, esto no sirve. Dios, esto me desagrada. Estoy cansado. Estoy harto y cansado». Luego añadí: «Es más, estoy harto y cansado de andar harto y cansado». Así que agregué: «Dios, me rindo». No sabía qué esperar, no sabía si eso lo tomaría por sorpresa o no. Entonces escuché una voz que me decía: «Muy bien, ahora puedo empezar a trabajar; porque mientras tú sigues haciendo tus planes y tratando de hacerlo tú mismo, vas a echarlo a perder todo. Descansa, déjame trabajar a través de ti». Pablo dice: «De la manera que recibieron a Cristo Jesús como Señor, vivan ahora en él» (Colosenses 2:6). En otras palabras, de la misma manera en que se hizo creyente, viva su vida cristiana. Usted no se hizo cristiano por el trabajo arduo o porque le prometieron que sería perfecto, o por hacer su mejor esfuerzo. La Biblia dice que la salvación no es por obras, para que nadie se jacte (Efesios 2:9). Uno sencillamente dijo: «Señor, estaré tranquilo, dejaré que vivas en mi vida». Y debemos continuar como cristianos de la misma manera. La victoria en la vida es un regalo de Dios: «¡Gracias a Dios, que nos da la victoria!» (1 Corintios 15:57).Cuando por fin logré comprender este concepto descansé: ¡Renuncié a mi puesto de gerente general del universo y me di cuenta de que el mundo no se iba derrumbar! Yo no lidiaba solo con mis propios problemas sino con la situación internacional. Padecía del síndrome de Atlas: Cargaba el mundo sobre mis hombros. No obstante, al fin capté el mensaje de Dios: «No es mi voluntad que lleves esa carga. No es tu batalla. Tranquilo. Si eres mi hijo, yo pelearé por ti» .Dos veces en el pasaje (2 Crónicas 20:15,17) Dios le ordenó a Josafat que no temiera. El rey pensó que tenía todas las razones para temer, en fin, las probabilidades serán de tres a uno en su contra, pero Dios dijo: «No temas». ¿Por qué? Porque Dios prometió pelear por él. ¿Acaso Dios ha perdido alguna batalla? No. Ni una. De manera que ya sabe quién va a ganar al final. Es como leer el último capítulo de una obra literaria para descubrir que todo va a terminar bien, y después regresar al libro y leerlo con calma. ¡Los problemas se reducen cuando uno se los entrega a Dios! Fíjese qué más le dijo Dios a Josafat: «Pero ustedes no tendrán que intervenir en esta batalla. Simplemente, quédense quietos en sus puestos» (2 Crónicas 20:17). ¿Qué significa estar quieto en su puesto cuando hay problema, cuando está peleando una batalla, cuando se encuentra en una crisis de la vida? Es una actitud mental de confianza silenciosa que dice: «Voy a confiar en Dios». Hay algo que estoy aprendiendo poco a poco: No es la voluntad de Dios que yo huya de la situación difícil. Si decido huir, eso va a mover la situación un poco más atrás. Tal vez luzca un poco diferente pero será lo mismo. ¿Por qué? Porque Dios quiere enseñarme que él es suficiente para cualquier problema. Si no aprendemos esto hoy, tal vez lo aprendamos la próxima semana, quizás el próximo año, pero en algún momento lo aprenderemos. Nos podemos evitar muchos problemas si estamos quietos y esperamos en Dios con confianza silenciosa. ¿En qué podemos mantenernos firmes? Josafat dice que debemos tener fe en Dios nuestro Señor, y él nos sostendrá; debemos tener fe en sus profetas para conseguir el éxito. Primero, necesitamos mantenernos firmes con el carácter de Dios. Dios es fiel; podemos confiar en él; nunca nos fallará. Segundo, necesitamos mantenernos firmes en las Escrituras que nos dio a través de sus profetas, en otras palabras, la verdad de la Biblia. Ella es la Palabra de Dios, y necesitamos esperar con confianza silenciosa en sus promesas escritas.

En sexto lugar agradezca a Dios anticipadamente

El sexto principio para vencer las batallas de la vida es agradecer a Dios con anticipación. La historia de Josafat es fascinante porque, después de consultar al pueblo asignó hombres que cantaran al Señor, que lo adoraran por su esplendor y santidad en lo que ellos iban delante del ejército (v. 21).¡Imagínese! Hay dos montañas y un valle, y una gran batalla por desatarse en este. En una montaña se encuentran tres naciones enemigas esperando devastar a los judíos. En la otra montaña están los judíos liderados por Josafat. Él le dice al pueblo: «Este es el plan de Dios. Todos los que canten en el coro, los quiero en primera fila». Así que se van marchando a la batalla con el coro delante del ejército alabando a Dios. ¿Funcionó el plan de Dios? Sí. Las tres naciones enemigas se confundieron y terminaron matándose entre ellos. Lo único que tuvo que hacer el pueblo de Dios fuere partirse el botín. ¿Por qué escogió Dios hacerlo de esa manera? Como una lección visual para enseñarnos a alabarlo con fe aun antes de la victoria. Un joven llamado Juan Maravilla  no era creyente, es más, era anticristiano. Su mamá le compró una Biblia un día, se la puso en su escritorio, y le dijo: —Toma, hijo, tu nueva Biblia.—¿Para qué es esto? —replicó Juan. Su mamá le respondió:—Aún no lo sabes, pero estás a punto de hacerte cristiano. No. No lo seré —contestó James—. Voy a jugar fútbol y terminar en el infierno. Esa noche, su mamá se puso en pie en la iglesia y dijo: «Mi hijo está a punto de hacerse cristiano. Aún no lo sabe, pero le estoy dando gracias a Dios por adelantado». Entonces los amigos de Juan  empezaron a acercarse a él y a decirle: —Me enteré que te hiciste cristiano.—No, es la chiflada de mi mamá. Yo solo voy a jugar fútbol y terminar yéndome al infierno. Sin embargo, su mamá le dijo a su pastor: «Deseo que aparte veinte minutos el día sábado para que mi hijo pueda dar su testimonio». La noche del viernes antes de aquel sábado, Juan  estaba jugando fútbol cuando de pronto sintió la presencia de Dios en la cancha. Se arrodilló y oró delante de todos:«Dios, verdaderamente te necesito. Si puedes hacer una diferencia en mi vida, entra y cámbiame. Sálvame, cueste lo que cueste. Hazme nacer de nuevo». Juan salió corriendo de la cancha aún en uniforme, a lo largo de la calle, y subió las escaleras de su casa. Le dio un abrazo a su mamá y le anunció:—¡Mamá, acabo de convertirme en cristiano! Ella le contestó:—¡Por supuesto! ¡Te lo vengo diciendo hace tres semanas! Esta es una historia verdadera en cuanto a darle gracias a Dios con anticipación. La lección es que hay poder en el agradecimiento. Cada uno de nosotros puede decir:«Señor, sé que tengo problemas, pero te doy gracias anticipadamente porque no hay situación que no puedas resolver». Eso es verdadera fe, darle gracias a Dios con anticipación

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Cuarto, dependa de los recursos de Dios

Después Josafat reconoció: «Señor, no sé que hacer», y agregó: «pero nuestra mirada esta puesta en ti» (2 Crónicas 20:12). El cuarto principio para superar las batallas de la vida es depender de los recursos de Dios. Necesitamos poner nuestra mirada en el Señor. Demasiadas veces ponemos la mira en todo lo demás, en todo menos en aquel que puede resolver nuestros problemas. Las circunstancias son como un colchón: Si estamos encima, descansamos tranquilos, pero si estamos debajo, podemos asfixiarnos. Si mantenemos la mirada puesto en el Señor, permaneceremos encima de nuestras circunstancias.

Pero en quinto lugar descanse en fe

Fíjese cómo le contestó Dios la oración a Josafat: «No tengan miedo ni se acobarden cuando vean ese gran ejército, porque la batalla no es de ustedes sino mía» (v. 15). El quinto principio para superar las batallas de la vida es descansar en fe. Muchísimos cristianos en la actualidad están agotados porque procuran pelear las batallas de Dios con sus propias fuerzas. Cuando tratamos de pelear las batallas de Dios con nuestras propias fuerzas, tenemos una derrota garantizada. Cuando recién nos convertimos tendemos a pensar así: «Dios, ni te imaginas el premio que te sacaste conmigo. Voy a presentar tu reino sin ayuda de nadie. Saldré y ganaré al mundo y te ayudaré verdaderamente». Así que trabajamos con empeño pero al fin regresamos cansados diciendo: «Señor, sé que te he decepcionado. Lo siento. Verdad que fracasé en apoyarte». Pero Dios contesta: «No, tú no fracasaste en apoyarme porque tú no me apoyas». Nosotros no apoyamos a Dios, él nos apoya a nosotros. Nosotros no tenemos a Dios en nuestras manos, él nos tiene a nosotros en las suyas. Dios trata de decirnos: «Descansa en fe y deja que actúe a través de ti». En cierta época de mi vida cristiana, trabajé fuertemente para el Señor, haciendo todo bajo mis propias fuerzas. Y me cansé. Finalmente, una noche me quejaba ante Dios, expresando mi preocupación. Le dije: «Señor, esto no sirve. Dios, esto me desagrada. Estoy cansado. Estoy harto y cansado». Luego añadí: «Es más, estoy harto y cansado de andar harto y cansado». Así que agregué: «Dios, me rindo». No sabía qué esperar, no sabía si eso lo tomaría por sorpresa o no. Entonces escuché una voz que me decía: «Muy bien, ahora puedo empezar a trabajar; porque mientras tú sigues haciendo tus planes y tratando de hacerlo tú mismo, vas a echarlo a perder todo. Descansa, déjame trabajar a través de ti». Pablo dice: «De la manera que recibieron a Cristo Jesús como Señor, vivan ahora en él» (Colosenses 2:6). En otras palabras, de la misma manera en que se hizo creyente, viva su vida cristiana. Usted no se hizo cristiano por el trabajo arduo o porque le prometieron que sería perfecto, o por hacer su mejor esfuerzo. La Biblia dice que la salvación no es por obras, para que nadie se jacte (Efesios 2:9). Uno sencillamente dijo: «Señor, estaré tranquilo, dejaré que vivas en mi vida». Y debemos continuar como cristianos de la misma manera. La victoria en la vida es un regalo de Dios: «¡Gracias a Dios, que nos da la victoria!» (1 Corintios 15:57).Cuando por fin logré comprender este concepto descansé: ¡Renuncié a mi puesto de gerente general del universo y me di cuenta de que el mundo no se iba derrumbar! Yo no lidiaba solo con mis propios problemas sino con la situación internacional. Padecía del síndrome de Atlas: Cargaba el mundo sobre mis hombros. No obstante, al fin capté el mensaje de Dios: «No es mi voluntad que lleves esa carga. No es tu batalla. Tranquilo. Si eres mi hijo, yo pelearé por ti» .Dos veces en el pasaje (2 Crónicas 20:15,17) Dios le ordenó a Josafat que no temiera. El rey pensó que tenía todas las razones para temer, en fin, las probabilidades serán de tres a uno en su contra, pero Dios dijo: «No temas». ¿Por qué? Porque Dios prometió pelear por él. ¿Acaso Dios ha perdido alguna batalla? No. Ni una. De manera que ya sabe quién va a ganar al final. Es como leer el último capítulo de una obra literaria para descubrir que todo va a terminar bien, y después regresar al libro y leerlo con calma. ¡Los problemas se reducen cuando uno se los entrega a Dios! Fíjese qué más le dijo Dios a Josafat: «Pero ustedes no tendrán que intervenir en esta batalla. Simplemente, quédense quietos en sus puestos» (2 Crónicas 20:17). ¿Qué significa estar quieto en su puesto cuando hay problema, cuando está peleando una batalla, cuando se encuentra en una crisis de la vida? Es una actitud mental de confianza silenciosa que dice: «Voy a confiar en Dios». Hay algo que estoy aprendiendo poco a poco: No es la voluntad de Dios que yo huya de la situación difícil. Si decido huir, eso va a mover la situación un poco más atrás. Tal vez luzca un poco diferente pero será lo mismo. ¿Por qué? Porque Dios quiere enseñarme que él es suficiente para cualquier problema. Si no aprendemos esto hoy, tal vez lo aprendamos la próxima semana, quizás el próximo año, pero en algún momento lo aprenderemos. Nos podemos evitar muchos problemas si estamos quietos y esperamos en Dios con confianza silenciosa. ¿En qué podemos mantenernos firmes? Josafat dice que debemos tener fe en Dios nuestro Señor, y él nos sostendrá; debemos tener fe en sus profetas para conseguir el éxito. Primero, necesitamos mantenernos firmes con el carácter de Dios. Dios es fiel; podemos confiar en él; nunca nos fallará. Segundo, necesitamos mantenernos firmes en las Escrituras que nos dio a través de sus profetas, en otras palabras, la verdad de la Biblia. Ella es la Palabra de Dios, y necesitamos esperar con confianza silenciosa en sus promesas escritas.

En sexto lugar agradezca a Dios anticipadamente

El sexto principio para vencer las batallas de la vida es agradecer a Dios con anticipación. La historia de Josafat es fascinante porque, después de consultar al pueblo asignó hombres que cantaran al Señor, que lo adoraran por su esplendor y santidad en lo que ellos iban delante del ejército (v. 21).¡Imagínese! Hay dos montañas y un valle, y una gran batalla por desatarse en este. En una montaña se encuentran tres naciones enemigas esperando devastar a los judíos. En la otra montaña están los judíos liderados por Josafat. Él le dice al pueblo: «Este es el plan de Dios. Todos los que canten en el coro, los quiero en primera fila». Así que se van marchando a la batalla con el coro delante del ejército alabando a Dios. ¿Funcionó el plan de Dios? Sí. Las tres naciones enemigas se confundieron y terminaron matándose entre ellos. Lo único que tuvo que hacer el pueblo de Dios fuere partirse el botín. ¿Por qué escogió Dios hacerlo de esa manera? Como una lección visual para enseñarnos a alabarlo con fe aun antes de la victoria. Un joven llamado Juan Maravilla  no era creyente, es más, era anticristiano. Su mamá le compró una Biblia un día, se la puso en su escritorio, y le dijo: —Toma, hijo, tu nueva Biblia.—¿Para qué es esto? —replicó Juan. Su mamá le respondió:—Aún no lo sabes, pero estás a punto de hacerte cristiano. No. No lo seré —contestó James—. Voy a jugar fútbol y terminar en el infierno. Esa noche, su mamá se puso en pie en la iglesia y dijo: «Mi hijo está a punto de hacerse cristiano. Aún no lo sabe, pero le estoy dando gracias a Dios por adelantado». Entonces los amigos de Juan  empezaron a acercarse a él y a decirle: —Me enteré que te hiciste cristiano.—No, es la chiflada de mi mamá. Yo solo voy a jugar fútbol y terminar yéndome al infierno. Sin embargo, su mamá le dijo a su pastor: «Deseo que aparte veinte minutos el día sábado para que mi hijo pueda dar su testimonio». La noche del viernes antes de aquel sábado, Juan  estaba jugando fútbol cuando de pronto sintió la presencia de Dios en la cancha. Se arrodilló y oró delante de todos:«Dios, verdaderamente te necesito. Si puedes hacer una diferencia en mi vida, entra y cámbiame. Sálvame, cueste lo que cueste. Hazme nacer de nuevo». Juan salió corriendo de la cancha aún en uniforme, a lo largo de la calle, y subió las escaleras de su casa. Le dio un abrazo a su mamá y le anunció:—¡Mamá, acabo de convertirme en cristiano! Ella le contestó:—¡Por supuesto! ¡Te lo vengo diciendo hace tres semanas! Esta es una historia verdadera en cuanto a darle gracias a Dios con anticipación. La lección es que hay poder en el agradecimiento. Cada uno de nosotros puede decir:«Señor, sé que tengo problemas, pero te doy gracias anticipadamente porque no hay situación que no puedas resolver». Eso es verdadera fe, darle gracias a Dios con anticipación

Serie Dios sufre de insomnio: Los problemas de sus hijos

Séptimo tema: Dios sufre insomnio por los problemas de sus hijos

La historia mejor conocida de Josafat describe una de las grandes batallas épicas en la vida de Israel. Es relevante para nosotros porque todos encaramos batallas todos los días: financieras, espirituales, en el empleo; de todo tipo. Dios puso la historia de Josafat en la Biblia para ilustrar ciertos principios esenciales para salir victoriosos en los conflictos de la vida. Josafat, rey de Israel, recibió palabra de un amigo avisándole que tres naciones enemigas venían en su contra para pelear. Las probabilidades no eran muy optimistas porque eran tres naciones contra la única nación Israel. El cronista nos explica que aquellas naciones eran los caobitas, los amonitas y los meunitas (2 Crónicas 20:1). Vamos a desarrollar los principios para vencer los problemas.

Primero, identifique al enemigo

El versículo uno nos muestra que el primer principio para superar las batallas de la vida es:

Identificar al enemigo. Este principio parece un poco obvio pero, en realidad, no lo es. Muchos sencillamente no saben quién es su enemigo. A menudo creemos que es otra persona que trata de quitarnos nuestro empleo o algún familiar, pero muchas veces el enemigo es nuestra propia actitud: No es tanto la situación lo que nos desalienta, sino la forma en que respondemos a ella. Antes de empezar a ganar nuestras batallas personales, tenemos que identificar a nuestro enemigo con acierto y sinceridad. Note cómo reaccionó Josafat (v. 3) cuando escuchó que esas tres naciones venían en su contra: se alarmó. Esa es una reacción típica de todos nosotros. Cuando vemos un problema decimos: « ¿Qué me va a suceder? ¡Tengo miedo!» Es una reacción natural ante los problemas y el temor no es malo, a menos que uno lidie con él de manera equivocada. Si usamos el temor para motivarnos a vencer el problema, está bien. Pero si nos desalentamos y nos rendimos o nos enojamos con Dios y le decimos: «¿Por qué yo?» entonces el temor nos vence.

Segundo, presénteselo al Señor

Josafat se atemorizó porque se vio frente a una situación aparentemente sin esperanza. ¿Entonces qué hizo? Proclamó un ayuno y reunió al pueblo para pedirle ayuda al Señor (v. 3-4). La gente llegó de todo pueblo de Judá para buscar al Señor. El segundo principio para ganar las batallas de la vida es presentarle a Dios sus problemas. La oración debe ser la primera arma que usemos cuando nos enfrentemos a las batallas de la vida, y no la última. Un diácono fue a su pastor un día y le dijo:—Pastor, tenemos un gran problema. Nada está sucediendo, y no podemos resolverlo.—Bueno —le dijo el pastor—, supongo que podemos orar por eso. El diácono le contestó:—Pastor, ¿tan malo está el asunto? Usualmente, lo último que intentamos es orar, porque queremos resolverlo todo nosotros mismos. Acuérdese que Jesús tuvo las batallas más grandes de la vida, y así mismo oró. Josafat oró de esta manera: «Señor, yo sé que me has ayudado en el pasado. Sé que me puedes ayudar en el futuro. Así que por favor ayúdame ahora». Y continuó: «Por favor juzga a nuestros enemigos, porque no tenemos fuerzas para enfrentarnos a es vasto ejército que nos ataca. No sabemos que hacer, pero nuestra mirada está puesta en ti» (v.6-12).

Tercero, Reconozca sus limitaciones

El tercer principio para ganar las batallas de la vida es reconocer las limitaciones. Usted necesita decir: «Señor, tengo un problema, y necesito tu ayuda». Solo hay una clase de persona a la que Dios no ayuda, y esa es la que cree que no la necesita. Si le dice: «Señor, tengo un problema; necesito ayuda, reconozco mis limitaciones», él podrá ayudarlo. La vida cristiana es una sobrenatural, y necesitamos el poder de Dios para vivirla. No la podemos vivir por nosotros mismos porque carecemos de poder. Vivimos la vida cristiana no «por la fuerza ni por ningún poder, sino por mi [el] espíritu [de Dios]» (Zacarías 4:6). Necesitamos dejar que el Espíritu de Dios viva a través de nosotros. Esto nos lleva a nuestro siguiente principio.