La adoración profunda


En estos días me he encontrado cargado por una serie de situaciones que causan tanto desánimo en mi vida espiritual. Y es que hay cosas que no logro asimilar, por más que quiero. No puedo entender como las cosas triviales se pueden convertir en una fuente de desgaste y de pérdida de tiempo. Una de las cosas más desgastantes tiene que ver con el asunto de la adoración y la alabanza. No hay campo más minado que ese. Simplemente porque en esta área los gustos sobrepasan los principios bíblicos, las tradiciones sobre la frescura del Espíritu Santo. Es obvio que al estudiar la Palabra de Dios, los principios que de allí se desprenden contradecirán nuestros gustos, preferencias y tradiciones. Los detalles de mi disgusto en este momento no los puedo dar, porque pueden ser usados para incriminarme, pero estoy seguro que muchos los  conocen. Y en realidad no vale la pena que los sepamos. ¿Cómo recuperamos la profundidad de la adoración que la Biblia exige? ¿Cómo pasamos de cantar cantos, llenar puntos en los programas, o cantar mientras viene algo más importante a una adoración profunda? ¿Cómo salimos de la cantaleta “así me enseñaron a mí” o “estamos perdiendo nuestra identidad? Solamente una intervención directa de Dios. A veces creo que simplemente habrá lugares que su corazón es tan duro que no habrá nada de renovación. Hay tanta incredulidad como Nazaret y Jesús solamente podrá hacer unas pocas cosas en estos contextos. Al seguir con las reflexiones sobre una Adoración que Agrada al Altísimo me he topado con la narración de Abraham e Isaac en  Génesis 22. En el vrs. 6 dice: “Al tercer día, Abraham les dijo a sus sirvientes: «Quédense aquí con el burro, mientras mi hijo y yo vamos hasta aquel cerro que se ve allá a lo lejos. Allí adoraremos a Dios, y luego regresaremos con ustedes». En este pasaje podemos ver como la esencia del momento, y del método de Abraham con relación a un nuevo nivel de entrega ya adoración a Dios. En nuestras tradicionales iglesias el problema no está en que algunos no quieran cantar los nuevos himnos, sino que no sólo no quieren cantarlos y quieren impedir que otros los canten. En ese sentido ¿cuál debe ser la actitud de alguien que si quiere cantar y adorar de una manera fresca? ¿Debe fijarse a su alrededor? ¿Debe respetar la tradición eclesial y abstenerse? En realidad la verdad es que no es que se exija respetar la tradición eclesial, sino el gusto de unos pocos. El caso de Abraham es un caso de adoración profunda y personal. Hay varios elementos que se destacan en esa adoración de Abraham.

I.   En primer lugar debemos observar EL SENTIMIENTO DE LA ADORACIÓN PROFUNDA. (22:5ª)

La narración del vrs. Comienza con la expresión “entonces”. Esta expresión nos conecta con lo que ha estado experimentando Abraham, para llegar a este momento de adorar. Hay varias que describen ese sentimiento.

A.     Sentimiento de intimidad (22:1)

Note que el texto dice que Dios se dirigió personalmente a Abraham. Es una palabra e intimidad personal. Abraham era tan sensible que siempre tenía la capacidad de escuchar a Dios. Si mi corazón no está sintonizado con la voz de Dios, difícilmente podré tener una adoración profunda.

 

B.      Sentimiento de intensidad  (22:2)

Pueden ustedes imaginar que la petición de Dios era que le entregará lo que más amaba. Esta orden conlleva el hecho de que si nosotros queremos tener una adoración de profundidad, debemos pagar un precio muy alto y debemos sacrificar lo que más queremos. Ese desprendimiento nos hace ceder el control a Dios, de tal manera que aunque sea extraña y lo más ilógica la petición de adoración de Dios, estamos dispuestos a hacer el ridículo y a arriesgarnos.

C.      Sentimiento de interioridad (22:3)

Abraham no ha dicho a nadie lo que pasa internamente. Sólo él y Dios. La adoración profunda no se puede explicar, no tiene palabras para convencer. Simplemente porque la gente que no ama a Dios con profundidad no podrá entenderla. En la adoración verdadera los adoradores se separan de aquello que les pueda interferir. La adoración no la entiende el ser humano común y corriente. Más aún, muchos creyentes no entienden la adoración y a veces ellos mismos son estorbo en la adoración. Los que no son adoradores se quedan con el asno. No pueden subir hasta el lugar de la adoración porque no la entienden. La adoración tiene que darse dentro del contexto de salirse de la rutina diaria, salir de este  mundo y subir donde está Dios sentado en su trono.

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