III. En tercer lugar DEBEMOS INVERTIR EN DIOS PARA DESATAR SU PROSPERIDAD. (9:20-24)
En Este momento Dios va a comenzar a desatar una serie de bendiciones en la vida de Saúl. Y hay varios principios que se desprenden que tiene que ver con la forma en que Dios prospera. Veamos algunos de ellos.
A. La verdadera prosperidad da paz
Hay una cosa que veo aquí, la prosperidad de Dios no promueve afán. Pueden observar ¿qué era por lo cual Saúl estaba afanado y preocupado? ¡Las asnas! Y Samuel le dice: “Pierde cuidado”. Esta frase entonces denota, que en lugar de aferrarse al afán y angustiarse, cuando Dios verdaderamente te prospera, debes tener una mayor tranquilidad y confianza por las cosas que te preocupan. Y por sobre todo creerle a Dios que el ya está cuidando y resolviendo lo que te preocupa! Es tan fácil afanarse, aún cuando Dios te está prosperando. La mejor forma de tener paz, es pensar que las cosas como vienen se pueden ir. ¡Pero que Dios siempre está al cuidado tuyo!
B. La verdadera prosperidad se disfruta sin cargo de conciencia
Note que Samuel le dice: “”no te aflijas” en Dios hay riquezas interminables. La palabra “codiciable” no sólo se limita a lo material, sino a todo sentido de bendición. Samuel estaba diciendo: “ven a disfrutar de todo en las manos del Señor”. Si Dios te da prosperidad disfrútala, pero evita el ser un lamentador. Dios tiene riquezas ilimitadas para los que le honran. Note usted también la relación que hay en este enunciado. Todos estaríamos contentos en escuchar la frase “para ti”, pero le dice para la “casa de tu padre” Notemos, que en la medida que damos y distribuimos somos más prósperos. Debemos dar hasta que nos duela.
C. La verdadera prosperidad no fomenta un espíritu altivo
Saúl responde de una manera que me asombra: “No soy yo hijo de Benjamín” ¿De las más pequeñas de las tribus de Israel? ¿Por qué se me ha dicho semejante cosa? Me encanta en la forma en Saúl oye la noticia de su prosperidad. No hay un espíritu jactancioso, ni arrogante. Debemos tener cuidado de ser altivos o extremar la prosperidad de Dios con una categoría de supe espirituales. Muchas veces ni nos damos cuenta la forma en que expresamos y vemos cuando Dios nos ha prosperado. Una de las cosas que debemos entender es que mucha gente no está en la misma capacidad de hacer dinero como nosotros. La forma en que nos vestimos, la forma en que usamos los bienes materiales y la forma hasta en que hablamos y nos expresamos de la gente, puede demostrar que si hemos sido prosperados, no tengamos un espíritu sumiso. Jamás debemos olvidar nuestros orígenes.