C. En tercer lugar una fe FUERTE
Si los discípulos se hubieran aferrado a cada palabra de Cristo, habrían podido disfrutar su batalla contra las olas, absolutamente convencidos de que ningún daño les vendría. ¿Por qué? Porque cuando Cristo se despidió de ellos esa noche, expresamente les hizo entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera (Mateo 14:22). ¡Si el Maestro del universo les había dicho que llegarían a la costa oriental de Galilea, ellos debían saber que, ¡sucediese lo que sucediese, llegarían! Algunos de esos discípulos fueron escogidos para ser mártires, así que no existía la posibilidad de que en aquella ocasión se ahogaran en Galilea. Cristo le preguntó a Pedro: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? Si sólo hubieran escuchado y creído, el temor habría desvanecido. La promesa de Cristo a los discípulos la noche anterior, como también su orden a Pedro, fueron incondicionales. No fue: “Ven si el viento te lo permite”, o, “Ven si no estás en la parte más honda, o, “Ven si tienes la fortaleza para luchar contra la tormenta”. No, sólo la palabra Ven fue más poderosa para Pedro que toda la oposición y la debilidad que penetraba sus huesos. Ni ángeles, ni demonios, ni hombres, pueden retener las bendiciones de Dios si nosotros respondemos a su invitación. Aunque había un peligro mayor para Pedro al intentar caminar sobre el agua, que permaneciendo en la barca, estaba perfectamente a salvo mientras dependiera del poder de Cristo y de su sencilla palabra, Ven. La instrucción de Cristo a sus discípulos acerca de que, “fueran al otro lado”, también era una promesa específica para ellos, y debe ser comprendida dentro de ese contexto. Cristo no siempre prometió tal liberación, pero con frecuencia les habló del cielo, su destino final (Juan 14:1-3). Cristo está con su pueblo en cada tormenta, aunque ésta los mate. A pesar de lo que pueda suceder en la tierra, nuestro lugar en el cielo está seguro. Ninguna tormenta en la tierra puede interrumpir la calma del cielo. Debo advertir, sin embargo, que es necesario interpretar las promesas de Dios correctamente. Algunos se han desanimado porque creyeron en Dios para algunos milagros que él no ha prometido específicamente. Por ejemplo: El no ha prometido que los enfermos siempre sanarán, o que su pueblo será librado de accidentes, enfermedad, e incluso de la violencia. Sus promesas afirman que El está con nosotros a través de todas las pruebas de la vida, pero no que estaremos exentos de las tragedias que sobrellevan los otros mortales. Algunas veces, El calma la tormenta en el lago; algunas veces, El calma la tormenta en nuestro corazón. Creer las promesas explícitas de nuestro Señor, es nuestra prioridad.
Entonces Dios nos deberá llevar de una fe frágil a una fluctuante y finalmente a una fe fuerte. Ese es el proceso de una fe que se arriesga. ¿Qué cosas podemos hacer para poner en práctica este pasaje.
Primero quiero que entendamos en primer lugar: ¡EI agua que amenaza estar sobre nuestra cabeza, está bajo los pies de Cristo! Todos encontramos vientos de adversidad, tormentas que nos hacen perder el equilibrio financiero, un quebranto de salud que amenaza nuestro bienestar emocional y físico, o tal vez la aflicción emocional debido al daño de una relación. Esa situación, sin importar cuán dolorosa sea, está completamente bajo su control, pues hoy, El se sienta con ella bajo sus pies. Veamos a Cristo caminar sobre el mar de la ira de Dios, e invitándonos a unirnos a Él. Veamos a Cristo triunfando sobre el aguijón de la muerte, e invitándonos a unirnos a Él. Veámosle a la diestra de Dios el Padre, con nosotros a su lado! Justo esta mañana hablé por teléfono con una mujer que me contaba acerca de su doloroso divorcio. Su esposo le había sido infiel y ahora quería la custodia conjunta de los hijos. Hay muy pocas razones para creer que él realmente ama a sus niños, pues de ser así, ¡debió haber continuado viviendo con la madre de ellos! El quiere apaciguar su culpabilidad demostrando que es un buen padre que después de todo, ama a sus hijos. Luchar por ellos es la manera de descargar su hostilidad hacía la esposa. Los niños son un objeto de negociación en ese juego egoísta lleno de venganza y de odio. Con la historia de Pedro fresca en mi mente, le dije a ella: “Sin importar la intensidad con la que tú mires a Cristo, debes darte cuenta de que la tormenta no parará. El viento continuará aullando y las olas levantándose, pero tú debes mantener tu vista en El, y seguir caminando’. Cristo está completamente consciente del aprieto en que tal esposa se encuentra. Habrá lágrimas y dolor, pero enfocándose en el Cristo triunfante, podrá salir adelante. Sí, Cristo está caminando sobre las aguas que amenazan ahogarla.
En segundo lugar: El poder de nuestros pies depende del enfoque de nuestros ojos. Goethe miraba hacia la universidad, pero caminaba hacia las cantinas, demostrando que su educación no tenía el poder para cambiarle. El sólo conocimiento no romperá los hábitos destructivos; necesitamos un milagro en el interior. Cuando miramos a Cristo, se nos garantiza el poder para hacer lo sobrenatural, es decir, para tomar las riendas de la situación y sobrevivir a la tormenta. ¿Cuál fue el enemigo más feroz de Pedro? No fue la tormenta, ni las olas, sino ¡la duda! Ese fue su más grande adversario. No había necesidad de calcular la velocidad del viento, ni de medir la profundidad del agua, puesto que ninguna de estas fuerzas le podía impedir a Pedro obtener la victoria. La duda era el único enemigo que podía hacerle caer. Si fracasamos mirando a Cristo, todavía nos podemos ahogar, aunque el viento esté calmado. Escucha bien te hundirás atravesando las aguas cuando el viento sea estruendoso, o aunque sople suavemente del sur. En cualquiera de los dos casos, si tú te paras firme sobre las aguas, en el nombre de Cristo, compartiendo su dominio sobre el pecado, la maldición, Satanás, el mundo y la muerte; ¡oh! Ningún peligro surgirá del viento, sino de la falta de fe. Un hombre que trabajaba como trapecista caminando sobre la cuerda floja, en esas alturas significativas dijo que debía hacerlo concentrándose en un punto fijo al otro lado. Si su atención se desviaba mirando a alguien debajo de él, o al público, podía perder el equilibrio. La concentración es la clave para caminar donde otros han caído. ¿Cuánto tiempo pasó para que Pedro se hundiera después de mirar el viento? Tal vez sólo uno o dos segundos, e inmediatamente iba rumbo al fondo. Durante las numerosas veces que le he fallado a Cristo, he aprendido que sólo unos pocos minutos en una relación rota, pueden ser suficientes para que me ahogue en la tormenta que busca destruirme. La fortaleza de Satanás, o la intensidad de nuestras pruebas, no son las que nos obligan a caer; la incredulidad es siempre nuestro enemigo fatal. Un momento de ira descontrolada hace que pronunciemos las palabras que destruyen una relación. Si se alimenta la autocompasión, ésta puede conducir a una depresión sin esperanza, y al desespero. ¿Cuánto tiempo toma ser vencidos por el temor una vez que nos hemos enfocado en él, y no en Cristo? Tan pronto como le abramos la puerta a la lujuria, ésta puede invadimos en cuestión de segundos. Todas estas tentaciones y otras parecidas, pueden invadimos en un momento. Mientras más seamos halados en esas direcciones, mayor será el control sobre nosotros. Si no enfocamos los ojos diligentemente en Cristo, perderemos el equilibrio, aun en las pequeñas tormentas de la vida. Así que si quieres caminar sobre las aguas debes:
- Arriesgarte en fe
- Acepta los desafíos que Dios te da
- Despójate de tus temores
Por otro lado los que caminan sobre las aguas:
- Reconocen la presencia de Dios
- Salen de la barca
La biblia dice: “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado” (Isaías 26:3). Aprendí hace poco que muchas personas tienen la noción errada de que los aviones jet comerciales, son más seguros que los livianos que transportan pocos pasajeros. Como prueba de esta percepción, la gente cita estadísticas en las cuales se dice que los aviones livianos se estrellan con más frecuencia que las grandes aeronaves comerciales. El insistía en que los aviones pequeños están construidos con la misma seguridad que los grandes, pero que se estrellan más debido a que son dirigidos por pilotos inexpertos. Con frecuencia, estos pilotos cometen errores fundamentales al volar un avión pequeño, porque no le creen a los instrumentos del tablero, debido a que su sentido interno de dirección les dice que el avión se está elevando demasiado, y entonces orientan el pequeño aparato conforme a su intuición. O tal vez sienten que el avión está girando y hacen ajustes basados en su sentido innato de dirección, y por tomar en serio estas señales internas, finalmente se estrellan. En resumen, decía él: “Los pilotos inexpertos confían demasiado en su propio sentido de la experiencia”. Tal vez te sientas como si estuvieras próximo a estrellarte. Quizá has mirado las olas y sentido la fuerza de los ventarrones, y piensas que no puedes vivir un día más. Así como un piloto debe confiar ciegamente en sus instrumentos, y no en su intuición, nosotros debemos enfocar nuestros ojos _en Cristo, y no en la tormenta. Cuando le miramos, El nos ayuda a hacer lo sobrenatural, a caminar a través de los momentos más turbulentos de la vida. ¿y cómo nos enfocamos en Cristo? Desafortunadamente, con frecuencia buscamos nuevos secretos espirituales, pero nos volvemos negligentes en lo básico. Primero que todo, mantenemos el enfoque a través de la Palabra de Dios, leyéndola por capítulos y memorizándola por versículos. Aunque ya hemos escuchado bastante al respecto, no está por demás recordar que debemos absorber la Escritura internamente. Esto nos ayudará a meditar y a enfocarnos en Cristo y en su poder únicamente. En segundo lugar está la oración, que consiste en aquellos momentos íntimos durante los cuales le contamos al Salvador nuestros más profundos anhelos y esperanzas. Esta clase de oración debe ser desarrollada y fortalecida. En su presencia podemos ser honestos, compartiendo nuestros dolores, e iras, y como David, encontraremos que nuestra alma se refresca. Tercero: Nuestras canciones o himnos pueden ser usados para levantar el corazón a Dios. Cuando las palabras están en nuestras mentes, se quedan durante el resto del día. Finalmente, debemos recordar que en el Cuerpo de Cristo existe fortaleza. A través de la amistad y amor de los demás, recibimos motivación para continuar. Hoy, Cristo camina por encima de sus aguas turbulentas. El permanece parado firme y triunfante, desafiando todas las leyes de la naturaleza y de la dinámica humana. El nos invita a mirarle, y a compartir su victoria y su triunfo. El quiere ver nuestros ojos y nuestros pies en dirección hacia el mismo destino. Vuelve tus ojos a Jesús, mira de lleno su rostro maravilloso, y las cosas de la tierra se opacarán en la luz de su gloria y grada. Como Pedro, debemos aprender que el ojo puesto firmemente en Cristo nos llevará a través de la más poderosa tormenta. Debemos tener una fe que se arriesga aunque esté lleno de miedos.