¿Alguna vez has deseado poder multiplicar tu dinero? La buena noticia es que Dios puede hacerlo. Después de todo El es el Maestro de la Multiplicación. En el capítulo 9 del libro de Lucas encontramos la narración de esta multiplicación milagrosa, la alimentación de los cinco mil: Pero el día comenzaba a declinar; y acercándose los doce, le dijeron: Despide a la gente, para que vayan a las aldeas y campos de alrededor, y se alojen y encuentren alimentos; porque aquí estamos en lugar desierto. Él les dijo: Dadles vosotros de comer. Y dijeron ellos: No tenemos más que cinco panes y dos pescados, a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta multitud. Y eran como cinco mil hombres. Entonces dijo a sus discípulos: Hacedlos sentar en grupos, de cincuenta en cincuenta. Así lo hicieron, haciéndolos sentar a todos. Y tomando los cinco panes y los dos pescados, levantando los ojos al cielo, los bendijo, y los partió, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante de la gente. Y comieron todos, y se saciaron; y recogieron lo que les sobró, doce cestas de pedazos. (Lucas 9: 12-17)
Esta es una de las historias más asombrosas de la Biblia, pero realmente para entenderla vamos a modernizarla. Piensa y pretende ser uno de los discípulos. Has invitado a un orador y su nombre es Jesús y tienes la multitud más grande que haya asistido. La Biblia menciona que había cinco mil hombres, así que con sus esposas y sus hijos podía haber de quince a veinte mil personas en total. Y Jesús se para al frente, empieza a predicar, continúa predicando, después continúa predicando por más tiempo. El versículo 12 dice que “el día empezaba a declinar”. En otras palabras el servicio había durado todo el día. Es probable que a los discípulos les diera hambre y que no querían admitirlo. Entonces se les ocurrió esta idea: “La gente tiene hambre”, probablemente tuvieron una reunión de comité. Jesús estaba en el púlpito y los discípulos se reunieron en otro lado y posiblemente dijeron algo como esto: “Qué vamos a hacer? Sigue hablando y no se detiene, yo ya tengo hambre, compadre. ¡Ah ya sé que vamos a decir! ¿Por qué no le decimos que la gente tiene hambre?”. Entonces uno de los discípulos, imaginemos que fuiste tú el designado como líder, así que te acercas a Jesús mientras está predicando y le dices: “Disculpen todos, permítanme un momento. Discúlpame, Señor, el mensaje ha sido muy bueno, buenísimo, yo me podría quedar todo el día, por supuesto, pero nosotros estamos preocupados por la gente, estamos en un lugar desierto”. Nosotros tenemos que regresar todavía a la ciudad. Así que tenemos que terminar ya el servicio. Jesús le responde: ¡Ah con que estás preocupado por la gente! ¿Tú crees que la gente tiene hambre? Ahora escucha lo que dijo después, es más, veamos en la Biblia lo que hizo. Mucha gente no se da cuenta de ésto. En el versículo 13 Él les dijo: Dadles vosotros de comer. Ahora imagínate esas palabras, habían aproximadamente 20 mil gentes allá afuera y le dices a Jesús: ¿Podría usted terminar el servicio por favor? Jesús se vuelve hacia tí y te dice: Bueno, “denles ustedes de comer”. Y tienes que regresar y decírselo al comité, regresas con los discípulos y ellos te dicen: -Bueno, ¿ya va a terminar el servicio? -No. -¿Y qué dijo? -Dijo que nosotros les diéramos de comer -¡Qué! Nosotros no podemos alimentar a toda esa gente. A esa hora había un vendedor de comida que pasaba por ahí. Y tomaron la comida de este vendedor, dos peces y cinco pedazos de pan. Eso era lo único que tenían. Así que probablemente ellos dijeron: “¿Por qué no vas a decirle a Jesús que es esto lo único que tenemos? Y entonces sí va a tener que terminar el servicio”. Así que regresas con Jesús e interrumpes nuevamente diciendo “Señor, recuerdas que tú dijiste que nosotros les diéramos de comer y hemos estado buscando por todos lados comida y apenas juntamos cinco pedazos de pan y dos peces, así que creemos que vas a tener que terminar el servicio”. Jesús te responde: “¡Ah qué bien! Entonces que se sienten en grupos de cincuenta”. -“¡Cómo! Si esto es lo único que tenemos”. -Sí. Suficiente. Entonces ahora tienes que regresar nuevamente con el comité. Después tienes que decirles a todos que se pongan en grupos. Probablemente uno de los discípulos dijo: ¿Saben qué va a hacer? ¿Se recuerdan del Antiguo Testamento? ¿Cuando Elías alimentó a doscientos hombres con doce pedazos de pan? Yo creo que va a hacer un milagro. Creo que él va a multiplicar esto.
Dentro de esta narración de la vida real, hay cuatro pilares importantes en la ley de la multiplicación. Son las cinco claves para la multiplicación en el reino de Dios.
La primera clave para la ley de la multiplicación comienza con: APARTE DE LO QUE TIENE Ahora debemos notar que tomar de lo que tenemos es fácil en contextos de prosperidad, pero es más difícil en tiempos de austeridad. ¿Por qué digo esto? Bueno note las circunstancias que rodeaban a los discípulos cuando decidieron multiplicar lo poco que tenían.
- A. Aunque la necesidad sea superior
Note que el pasaje nos habla de que era un grupo de que a lo menos se tendría que invertir. Dice el vrs. “eran como cinco mil hombres”. (Vrs. 9:14). Pero Marcos y Juan añade: “doscientos denarios harían falta para alimentarlos”. (Marcos 6:33 y Juan 6:12). Así que vemos que hay dos grandes retos, primero tiene que ver con la cantidad de personas y la cantidad de dinero. Un denario era una moneda romana de plata de 4 gramos aproximadamente, que representaba el salario diario de un jornalero. Si lo trasladamos al día de hoy, tendríamos que tener en cuenta que se trata de un salario mínimo, de unos 10 dólares por día, o tal vez menos. Por lo tanto, 200 denarios representarían 2.000 dólares.
- B. Aunque la carestía sea superior
Cuando Jesús les dice que “son ellos los llamados a suplir la necesidad”, ellos dicen: ¿Dé donde compraremos para que coman estos? (Juan 6:5) Esto implica que su limitación era grande. Somos muy tentados a que cuando nos retan con una necesidad mayor, a expresar nuestra preocupación. Porque preguntan ¿dé donde? Pienso que ellos estaban pensando en términos muy humanos. La expresión o pregunta está mal enfocada ¿No es de donde? Sino de quién sacaremos los recursos. Ahora note que ellos simplemente no tenían mayor cosa. Pero según Juan ellos le piden a un niño a que les de su comida. Dice Juan 6:9: “Aquí está un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos, más ¿Qué es esto para tantos? (Juan 6:9). Es decir, la argumentación es válida, pero no espiritual. Y ese es el problema cuando hablamos de invertir o multiplicar los recursos que Dios tiene para nosotros.
- C. Aunque nuestra fe sea débil
Si dividimos la cantidad de 200 denarios por los 5000 hombres, tendríamos $0.4 centavos por persona, sin contar a las mujeres y a los niños. Todo el contexto nos indica que los discípulos no esperaban un milagro de este tipo, y fueron tan impresionados que los cuatro evangelios lo incluyen en forma detallada. La enseñanza que nos deja aquí que cuanto menos se espera algo y ocurre, mayor es el impacto que causa. Este milagro rompió los parámetros normales de siembra, crecimiento, maduración, cosecha, molienda, preparación y horneado del pan por un lado, y por el otro, el proceso de incubación, crecimiento y multiplicación de los peces, y su posterior pesca y cocción. El milagro sobrepasó no solo las leyes de la naturaleza sino las que rigen el tiempo y el espacio. Por eso, los milagros no pueden ser objeto de un análisis o estudio. Y aunque no tienen una explicación racional, no pueden ser negados porque, como en este caso, 5000 personas lo vieron, palparon, comieron y se saciaron. Se pueden imaginar que muchos creyentes somos muy buenos con los números pero sólo para señalar lo no podemos lograr, y para demostrarnos que tan pobres somos. Pero Dios no quiere eso de nuestra vida.
Así que el reto para que la ley de la multiplicación se dé, debemos empezar entonces con tomar de lo que tenemos o de lo poco que tenemos y ponerlo en las manos de Jesús. Esta es una decisión de la voluntad. No se trata de aferrarse a lo poco que tenemos, se trata de tomar de lo poco que tenemos o de lo mucho que tenemos y darlo a Dios y a su obra. Ahora pasemos al segundo pilar de la ley de la multiplicación.