La segunda clave para la ley de la multiplicación sigue con: BENDIGA LO QUE APARTA
A. Por el poco recurso
Note que Lucas dice en el vrs. 9:16: “Y tomando los cinco panes y los dos pescados”. Es decir Jesús toma lo que le damos. Pero en segundo lugar dice el pasaje: “levantando los ojos al cielo, los bendijo”. Solamente Juan añade la expresión “dio gracias”. Estas dos palabras son importantes debido a que en el texto griego son: Eulogeo para bendecir y eujaristos para dar gracias. Las dos unidas implican que Jesús tuvo en primer lugar una declaración verbal de lo bueno que es tener lo que tiene, y segundo una declaración de fe y gratitud por lo que Dios a hacer lo que se tiene. En ese sentido el bendecir lo que tomamos implica gratitud porque tenemos algo para dar y segundo convicción de que Dios hará algo bueno con lo que damos.
B. Por la fuente del recurso
Recuerde que el recurso fue obtenido de un niño. Muchos quizás podrán argumentar que era ingrato quitarle a un niño. Pero en realidad este niño no se le está quitando al contrario se le está multiplicando lo que dio en poco. Es maravilloso ver como Dios puede utilizar a los niños. Siempre debemos ponerle atención a los niños y a lo que aportan, ya que Dios los puede usar como recursos inagotables de su gracia.
C. Por el destino del recurso
Aunque Así que el principio es este: algo debe ser bendecido antes que se pueda multiplicar. Lo que muchos cristianos no entienden es que antes que su dinero se pueda multiplicar, debe ser bendecido. En otras palabras, primero debe ser entregado al Señor. Cuando damos al Señor lo primero de nuestras ganancias, el diezmo, el resto es bendecido. Cuando se da primero al Señor, y el Señor pone su bendición sobre él, entonces y solo entonces, tiene la habilidad de multiplicarse. En la antigüedad, cuando las ovejas tenían un corderito, se tenía que dar el primogénito a Dios, y el resto sería bendecido. Se requiere de fe para poder cumplir ese primer principio. Esto se remonta hasta el jardín del Edén, Dios aceptó la ofrenda de Abel, pero no aceptó la ofrenda de Caín. Caín trabajaba la tierra, Abel tenía ganado y ovejas. Abel, dice, que dio su primogénito, sus primicias, de su ganado. Pero Caín no dio sus primicias de sus frutos. Dios aceptó la ofrenda de Abel, pero no aceptó la ofrenda de Caín ¿por qué? Porque Dios no puede aceptar el segundo lugar, es una imposibilidad teológica. Dios es el altísimo, es el más alto, el más eminente, Él es primero. Jesús, quien recibe los diezmos, es el único que tiene el poder de bendecirlos para que se multipliquen. Es necesario que lo que tenemos tengamos una actitud de gratitud y de esperanza que estamos invirtiendo para una gran necesidad, y que al final también la bendición nos alcanzará personalmente. Así que el segundo pilar es BENDIGA los recursos que da y los que tiene y póngalos en las manos de Dios. Pasemos ahora a la tercera clave para la ley de la multiplicación.
La tercera clave para la ley de la multiplicación es: PARTA LO QUE APARTA
Es importante establecer que la ley de la multiplicación se desarrolla siempre y cuando nosotros estamos dispuestos a partir o repartir lo que tenemos en nuestras manos una vez que Jesús lo ha bendecido. A veces tenemos la tendencia con quedarnos con lo que Dios nos ha dado como bendición. Ahora veamos el versículo 16, nosotros pensamos que Él oró por los panes y se multiplicaron y después los discípulos vinieron y lo repartieron, pero eso no fue lo que sucedió. Dice que los bendijo y después los partió, luego se los regresó a los discípulos para que ellos los dieran. En ese momento no se multiplicaron. Ahora imagínate y piensa en Pedro, él le da un pedazo de pan a Jesús. Jesús lo alza al cielo y dice: “Padre bendice esto”. Después rompe el pan, lo parte en dos, y le da solamente la mitad a Pedro. Pedro se le queda viendo al pan, es más pequeño de lo que lo que había dado originalmente. Pedro probablemente dijo algo así: “¿Seguro que ya oraste Jesús por el pan? ¿No será que quieres orar un poquito más por el pan?”. Y el Señor le dice: – No, ya está bendecido. Ahora ve y repártelo-. Esto es muy importante que entendamos, el milagro no sucedió en las manos de Jesús, sucedió en las manos de los discípulos. Teniendo en mente los detalles de la historia de la multiplicación de los panes, recordemos que no fue en las manos de Jesús donde el pan se multiplicó. Jesús sólo bendijo el pan, lo partió y entrego la mitad a los discípulos. Entonces los discípulos siguiendo las instrucciones de repartirlo, obedientemente repartían el pan, lo partían por la mitad, y lo hacían una y otra vez. Resumimos que el milagro no sucedió en las manos del Maestro, sucedió en las manos de los discípulos. Esto significa que no sólo tenemos el poder de Dios para la multiplicación en nuestras manos, sino que debemos hacerlo sabiamente para que los recursos multiplicados lleguen a las personas y a sus necesidades. ¿Qué hicieron los discípulos? ¿Cómo fue eficiente su administración? Note algunos principios para ser buenos mayordomos de lo que Dios nos multiplica. Analizar la situación. “¿de dónde compraremos pan para que coman éstos?” Jesús quería que vean la dimensión del problema. Tener en cuenta los recursos disponibles. “No tenemos sino cinco panes y dos peces” “Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas ¿qué es esto para tantos?” “Doscientos denarios de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomase un poco” Anticipar posibles dificultades. “Entonces Jesús dijo: Haced recostar a la gente” Jesús sabía que podría producirse una avalancha en el momento que comenzara a repartir la comida, por eso hizo sentar a la gente. La mayoría de las catástrofes han ocurrido porque los organizadores no las anticiparon. Pensaron que todo estaría bien, tal vez imaginaron que es lo mismo atender a 10 que a 5000. Organizar el trabajo por grupos. “Entonces dijo a sus discípulos: Hacedlos sentar en grupos, de cincuenta en cincuenta”. Cada discípulo estaba a cargo de 416 personas, para llegar a los 5000. Lo cual era excesivo. Pero al agrupar de 50 en 50, atenderían a 8 grupos cada uno. Cerrar bien el evento. “Recoged los pedazos que sobraron, para que no pierda nada. Recogieron, pues, y llenaron doce cestas de pedazos, que de los cinco panes de cebada sobraron a los que habían comido.” Jesús se preocupó al final de dos cosas: (1) De dejar todo limpio. Los pedazos de pan y pescado que la gente dejó debían ser recogidos. (2) No desperdiciar la comida. El mismo dijo “para que no se pierda nada”. Aunque algo no nos haya costado nada, no por eso debemos dejarlo tirado por ahí. (3) Realizar el trabajo rápidamente: Cuando Jesús comenzó a orar por la comida, el día declinaba, “cuando ya era muy avanzada la hora”, es decir, estaba anocheciendo, y antes que se ponga realmente oscuro, las 5000 personas ya habían comido, se habían retirado y los discípulos pudieron ver bien para recoger los pedazos que sobraron. ¡Esto se llama eficiencia! Jesús no se avergonzó de dar gracias por la comida ante 5000 personas extrañas. Si alguna vez nos sentimos incómodos al orar en un restaurante, debemos pensar que las personas que nos están viendo pueden ser bendecidas con nuestro testimonio, porque esta también puede ser una manera de evangelizar. En el relato de Juan: Incluye los nombres de los protagonistas. “Felipe…Andrés, hermano de Simón Pedro” Presenta una pregunta con intención. “dijo a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos? Pero esto decía para probarle; porque él sabía lo que había de hacer.” Jesús nos enseña aquí que aunque sepamos lo que debemos hacer, siempre debemos preguntar a otros. La vida cristiana se hace más rica y participativa si compartimos con otros nuestras ideas, proyectos, posibles soluciones o pensamientos. Describe el suelo donde mandó que se recostasen. “Y había mucha hierba en aquel lugar” Indica de dónde provenían los panes y los peces. “Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo: Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos” Señala que los panes eran “panes de cebada” y los peces eran “pececillos”, es decir, que eran del tamaño de una sardina. Dos grandes lecciones nos deja esta parte del relato: Primero: Se atiende mejor a la gente por medio de los grupos y que varios participen. Segundo: Solo el pan partido puede ser multiplicado. Los panes y los peces no fueron multiplicados sino sólo cuando fueron bendecidos y quebrantados en las manos de Jesús. Aquí vemos dos verdades. (1) Los grupos que no se “parten” no se multiplican. Algunos líderes no quieren partir su grupo para formar otros grupos, porque les gusta estar con mucha gente, pero no se dan cuenta que se están perjudicando ellos mismos. (2) En segundo lugar: Solo cuando uno es quebrantado, puede multiplicarse en otras vidas. El quebrantamiento deja ver nuestra propia vulnerabilidad y debilidad. El quebrantamiento nos lleva a depender más del Señor que de nuestras propias fuerzas o habilidades. Pasemos a un último pilar con relación a la ley de la multiplicación.