“Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives y estás muerto”

Apocalipsis 3:1 dice

Pasa tan lentamente que muy pocos llegan a darse cuenta a tiempo. Al principio de esta muerte habrá unas pocas personas en la congregación a quienes no les agradará el pastor o se resienten con él por alguna razón. Ese sentimiento personal llega a convertirse, de alguna forma, en la preocupación central de esas personas. Controla su pensamiento racional y los vuelve crueles y vengativos. Muy pronto este odio se vuelve muy grande como para que lo mantengan ellos solos así que empiezan a esparcir esos sentimientos negativos hacia otros. Pronto esas otras personas siguen esparciendo estos sentimientos habiéndoles sumado algunos de los suyos propios. Las líneas telefónicas se saturan de rumores, insinuaciones y mentiras. Es en este punto en el que Satanás realmente se entromete. Lentamente y con insinuaciones roba todo el amor de sus corazones. Lo remplaza con venganza, odio y vacío. Estas personas ya no llegan más a la iglesia a adorar. Ellos llegan para encontrar fallas y apuntar con el dedo. Ellos siguen asistiendo a la iglesia y a algunas de las actividades pero solo lo hacen para ser vistos y para mirar alguna otra cosa que les disguste. Para este punto han olvidado como adorar y honrar a Dios. Una iglesia que está muriendo todavía tiene algunos cristianos que son fieles a su estudio de la Palabra, a sus diezmos y la asistencia regular. Pero luego de poco tiempo, ellos empiezan a sentirse cansados por tener que luchar contra el negativismo de otros sino que de alguna forma, como si tuvieran que defender cada una de sus acciones. Cualquier programa nuevo o cualquier idea innovadora son sofocados y a menudo muere por falta de apoyo. Los opositores siempre cuestionan el cambio. Ellos parecen tener miedo de hacer algo para alcanzar a las generaciones actuales. Las familias jóvenes no son atraídas a una iglesia agonizante porque el futuro no está ahí, es el pasado lo que gobierna. Luego de algunos años de estar patojeando en este estado agonizante, Satanás detiene su obra directa en esa iglesia y se sienta a observar. Su trabajo está hecho. La intranquilidad y el odio han sido finalmente plantados en medio de la iglesia. Mientras él se sienta a esperar el fallecimiento de esta iglesia, la ira y el resentimiento crecen. Esta gente ahora está enfocada en algo muy lejano a la adoración. Ellos quieren que las cosas se hagan a su manera personal. No hay oración involucrada en este punto, solo conveniencias personales. Los miembros empiezan a irse, incluso algunos de los pastores también. Cada vez se mantienen menos y menos programas por falta de apoyo. La situación financiera alcanza su peor punto de crisis. Qué triste es mirar a una iglesia en ese proceso de muerte. Las maravillosas instalaciones están vacías excepto por uno o dos días a la semana. La gente llega y se va de los cultos los domingos con sus ceños fruncidos, apurados para salir a comer. El ministerio infantil disminuye, la sala cuna está vacía. Entonces los cultos de la tarde son cancelados. Ya no hay más compañerismo en la iglesia. ¿Puede una iglesia ser salvada cuando ha llegado a este punto?

El pasaje mencionado anteriormente parece demostrar que lo primero que se debe hacer es DIAGNOSTICAR. Note el diagnóstico de Jesús: “Yo conozco tus obras”. El texto es enfático, “yo mismo me he enterado investigando profundamente  (por el verbo eidon, que significa percibir después analizar con los ojos intensivamente). Por otro lado el verbo en perfecto implica que al momento de la declaración de Jesús él había comenzado una evaluación en un tiempo pasado y por medio de un proceso ahora estaba compartiendo los resultados en el presente de su apreciación de esta iglesia. El diagnóstico entonces debe ser realista  y profundo. Hay iglesias que no se evalúan de una manera realista. Note que Jesús declara que conoce lo que hacen.  Pero también no sólo es a través del diagnóstico sino debemos PRONOSTICAR lo que pasa. Dice la RAE de pronóstico: “Conocer por algunos indicios lo futuro”. Jesús dice que hay un contraste en el pronóstico de la iglesia y su pronóstico. “Tienes nombre” es un presente, para ellos su actualidad es que “están vivos” pero para Dios es “estás muertos”. ¡Qué trágico! Conozco organizaciones así. He trabajado en ellas, en especial una que dice tener un gran trabajo entre niños, y se jacta de lo viva que está, pero en realidad está muerta. Lo mismo iglesias que han pasado por ese proceso. Si queremos revivir una iglesia muerta, hay que diagnosticar, pronosticar pero falta una cosa más. En tercer lugar hay que PROPICIAR la cura. Jesús les dice tres cosas importantes, primero deben ser VIGILANTES. Esto tiene que ver con no dormirse, con estar al tanto y despiertos. Significa una actitud de emergencia y relevancia en el mundo donde existen. Este concepto nos lleva al campo de retomar la relevancia original de la iglesia. Es el área de la misión original con la que nació una iglesia. Segundo no sólo deben ser vigilantes deben AFIRMAR. La expresión es volver a la constancia. Reforzar lo perdido. Este es un verbo en aoristo imperativo lo que denota urgencia y también que en realidad ya no lo estaban haciendo. Es importante volver a reforzar nuestros valores, nuestro deseo de seguir a Jesús. Pero noten que se reta a no dejar morir algunas cosas que no se han muerto. Es decir deben recuperar ese vigor y firmeza en lo que   todavía les queda de bueno. Lo tercero es que ACUERDATE. Esto implica un tercer verbo. El primero es vigilar, el segundo es afirmar y el tercero acordar. ¿De qué se deben acordar?  De todo lo que se les ha entregado como depósito. Eso implica una actitud de guardar y de cambiar de mentalidad. Así que estos son las tres medicinas que propician la cura de una iglesia que está por morir.

Solo Jesús puede resucitar, solo Dios puede salvar una iglesia, pero  esa iglesia debe permitir que él esté presente en medio de ella. Dios debe ser el centro de todas las cosas, cuando es así, hay esperanza. Dios nos prometió que donde sea que varias personas se reúnan EN SU nombre, él estará ahí. Dale la bienvenida, recíbanlo una vez más en sus corazones y en sus servicios. Enfóquense otra vez en la única razón de la verdadera adoración, la salvación de Dios a través de Su Hijo. Satanás ama las victorias. La mejor victoria para él sería ganar por sobre toda una congregación, sacando a Dios del medio de ellos. No dejes que tu iglesia muera. Levanta a tus miembros en oración. No seas parte del molino de rumores. Ora por las diferencias personales que tengas con alguien, guardándotelas para ti mismo. Cuando escuches un rumor desagradable sobre alguien, ponle un alto, no animes a que siga. Aporta con nuevas ideas para el avance de la iglesia. Se fiel, no solo con tu presencia, sino también con un espíritu amoroso, con tus diezmos y con tu compasión. Y siempre, en todas las cosas, pon a Dios primero.