IV.  RECIBE LA GRACIA DE DIOS

Has aprovechado el momento., te das cuenta de que Cristo está aquí, te ha dado la oportunidad. Te mueves en contra de tus miedos. Anuncias tu fe—“Esto es lo que quiero.” Y recibes la gracia de Dios.   Marcos10:52 dice,  “Jesús le dijo, ‘Sigue tu camino. Tu fe te ha sanado.” Inmediatamente recobró su vista.” Aceptó la gracia de Dios. Sé que hay mucho dolor aquí. Algunos de ustedes apenas sí llegaron aquí hoy.  Algunos de ustedes acarrean grandes conflictos, grandes dolores, grandes desilusiones, gran duelo en su vida. Algunos de ustedes  están muy solos y sienten que la felicidad les ha pasado de largo. Eres como el mendigo ciego Bartimeo a un lado del camino. Estás en mucha miseria.  La verdad es que puedes poner una sonrisa feliz pero por dentro estás dolorido.  Estás con mucho dolor. Me alegro de que estés aquí hoy porque Cristo quiere darte un nuevo comienzo. El énfasis está en darte.  No te lo ganas, no trabajas por ello. Ciertamente no te lo mereces. No lo compras. No haces un montón de ritos religiosos. Simplemente recibes el libre regalo de la gracia de Dios para empezar de nuevo. Cualquiera que haya sido tu pasado, sea lo que sea que hayas hecho, a pesar de las cosas que te has echado encima.  Juan 1:16 “De la plenitud de Su gracia hemos recibido todos una bendición detrás de la otra.” ¿Cómo recibes las bendiciones de Dios en tu vida? Lo haces por fe. “Por eso la fe es la clave. La promesa de Dios nos es dada a nosotros como un regalo.”  Circula “promesa”.  Allí está otra vez. La hemos mirado todas las semanas en los “90  días de fe.” Dices, ¿Cuándo vas a parar de hablar de las promesas de Dios?  ! No hasta que se termine esta serie! No puedes volverte una persona de fe sin tener las promesas de Dios en tu vida.  La promesa de esta semana. Versículo para memorizar de 90 días de fe en Semana número tres, el que hoy vamos a ver, Filipenses 4:13 Algunos de ustedes dicen, “Me gustaría cambiar. Simplemente no puedo. Quiero empezar de Nuevo. Me gustaría ser diferente.  Me gustaría cambiar pero simplemente no puedo.”   Y tienes razón. No pueden cambiar.  Si pudieran ya habrían cambiado. Pero necesitan un poder más grande que ustedes para hacer los cambios que realmente hacen su vida diferente. Necesitan el poder de Dios y eso es de lo que se trata la promesa, la semana. Cuando memorizas un versículo es bueno dar las señas.  Es dónde se encuentra en la Biblia.  Filipenses 4:13 “Todo lo puedo hacer a través de él que me da fuerza ¿Significa ese versículo que él te puede dar la fuerza de memorizar versículos bíblicos?  Espero que memorices esos versos cada semana. Debes de tenerlos bajo el cinturón, en tu corazón y en tu vida. No puedes ser una persona de fe a no ser que Dios pueda recordarte versículos para tranquilizarte cuando te exaltas. Que te ayudan cuando estás en conflicto, que te guían cuando se te tienta. Necesitas la Biblia en tu vida. La fe viene de la palabra de Dios. Con la ayuda de Jesús puedes empezar de nuevo. Esta semana escuché una historia acerca de un niño pequeño. Su padre le pidió que fuera al patio de atrás y moviera un tronco grande. él va al patio y lo empuja y no se mueve.  Tira de él y no se mueve.  Usa una palanca y no se mueve. Después ata a su perro allí y trata de tirar de él con una cuerda y no se mueve. Todas esas formas. Finalmente vuelve dentro y dice, “Papi, no puedo moverlo. Es imposible.” Su padre le dice, ¿Hijo, lo intentaste todo? él dice, “sí “¿Lo intentaste todo?”  “¡Sí! ¡Trate! “¡Lo trate todo!” El padre le dice, “No trataste pedirme que te ayudara.”  Muchos de ustedes están en situaciones donde han intentado todo tipo de cosas. Piensan, es imposible. Nunca va a cambiar. Nunca va a ser diferente.” ¿Has tratado pedirle ayuda a Dios?  “¿Has tratado recibir la gracia de Dios y dejar que él te dé el poder que tú no tienes en ti mismo?  Recibir la gracia de Dios.  Bartimeo era ciego. Pero tenía la suficiente visión para ver que necesitaba la gracia. ¿Y tú? ¿Te das cuenta de cuánto necesitas la gracia en la vida o simplemente piensas que puedes ir a través de la vida por ti solo?  La ceguera espiritual es mucho peor que la ceguera física.  Porque no te das cuenta de cuánto necesitas la gracia de Dios en tu vida.     La gracia no es sólo para salvación. No es sólo para que se te perdonen los pecados y entrar al cielo.  La gracia es para las equivocaciones diarias de la vida. Si no tienes gracia en la vida te vas a llenar de resentimiento. Cuando té llenas de remordimiento te atascas en el pasado y si estás atascado en el pasado no puedes comenzar de nuevo.  No sé qué remordimientos cargas pero sé que la gracia y el perdón están disponibles y que puedes empezar un nuevo comienzo. Si aprovecharas, si avanzaras en contra de tus miedos—simplemente ponlos al lado del camino, échalos de lado, si anunciaras con fe, “Te necesito a Ti, Dios,” Si recibieras Su gracia, ¿cómo se recibe la gracia de Dios?

En aquel día hubo varias manifestaciones de la gracia de Dios  en la vida de aquel hombre. Pero, ¿dónde radica el detonador que activa esta fuerza inédita, es curación gigantesca?

A. La Palabra de Dios.

En la Palabra de Jesús que lo llama. La confianza que él deposita en nosotros, se transforma en la palanca que puede mover nuestro mundo. Nos hace confiar en nosotros mismos, y entonces no sólo sabremos lo que podemos lograr, sino volar alto para conseguirlo. Se trata de la Palabra de Dios que es creadora y eficaz en sí misma, y no de un lavado de cerebro o autosugestión, lo que nos habilita para descubrir y activar el potencial que duerme dentro de nosotros. Si supiéramos el poder que Dios ha depositado en la Palabra Esas palabras pueden levantar el ánimo de los decaídos y dar esperanza a los desanimados. A través de ellas se ensanchan las alas de un amigo y se hace creer en sueños imposibles. Por otro lado, también las palabras pueden cortar las alas de la gaviota que está aprendiendo a volar. Gracias a la palabra eficaz de Jesús ha comenzado su recuperación irreversible, cuyo problema principal no era la ceguera, sino el creer que la única alternativa de su vida era continuar sentado a la orilla del camino, contentándose con limosnas.

B. La perspectiva de Dios

Sin embargo, el evangelista descubre el trampolín que posibilitó tal brinco: Bartimeo tuvo que despojarse de su gruesa vestidura que era parte de su historia y su persona. Parece como si el pesado manto le hubiera impedido conocer sus fuerzas y posibilidades. No basta querer. No es suficiente creer. Es necesario renunciar al lastre que nos cubre y nos impide levantarnos. Todos nosotros estamos cubiertos de alguna vestidura, a veces hasta armadura que si bien por una parte nos protege, por otra nos estorba para extender las alas para surcar los espacios de la libertad. La opción es, protección o libertad. Bartimeo decidió perder para ganar. Renunció a sus pesos que le imposibilitaban levantarse, dejó las cadenas que le imposibilitaban volar. Murió a lo que no lo dejaba vivir. El Maestro había logrado suscitar sed de libertad en aquel prisionero de sí mismo. Su ceguera ya no era una excusa para no caminar, porque ahora su vida tenía un sentido. Cuando el buen pastor lo llama, le está proponiendo un objetivo a aquel hombre que carecía de horizontes y metas en su existencia. El Maestro no viene a darnos lo que creemos que nos hace falta, sino a hacernos descubrir lo que ya tenemos, y lo que podemos lograr. Lo mejor que podemos hacer por una persona, es animarla para que defina el objetivo de su existencia y se levante para perseguirlo, sin importar el precio para alcanzar esa estrella. Bartimeo, por su parte, debe aceptar el reto: dejar tirado su manto a la sombra de la palmera. Sin embargo, Jesús no lo obliga. Lo motiva creyendo en él para que el ciego renuncie a su manto de protección y se encamine a toda prisa y sin estorbos hasta Aquél que lo está esperando. Vale la pena. La estrategia del hijo de David con Bartimeo es valorarlo para que el ciego recupere su dignidad perdida, hay alguien que se interesa en su persona. Por tanto, aquel hombre se siente diferente y único en la muchedumbre. En síntesis, el Señor no nos pide dejar ni renunciar a cosa alguna; más bien nos seduce. Cuando nos sentimos únicos o hacemos sentir lo mismo a otra persona, estamos en capacidad de volar desafiando tempestades, noches y acantilados. El Maestro había asegurado: El Reino de los cielos sufre violencia y sólo los violentos lo arrebatan: Mateo 11:12. No son los pacientes ni los resignados los que consiguen el Reino. Ninguno que viva apostado a la orilla del camino está en posibilidades de apropiárselo. Los violentos son los decididos, los que invierten todas sus fuerzas para ir adelante, que saben gritar cuando es necesario y ni quienes creen que dejarse humillar es una virtud cristiana. Los violentos toman sus propias decisiones, asumiendo las consecuencias de las mismas. No son los que se estacionan a la orilla del camino los que consiguen el Reino. Tampoco son los que le dan tiempo al tiempo, sino los que aprovechan la oportunidad cuando ésta se presenta en su camino, sacando las fuerzas reprimidas. Los violentos son aquellos que tienen un objetivo y una misión por los que vale la pena luchar. Pero no basta ser agresivo y decidido. Junto con esta característica, el Evangelio nos exige ser misericordiosos y pacíficos. Los que trabajan por la paz construyen el Reino de Dios. Los misericordiosos son los encargados de poner alma al Reino de Dios. El ideal de la vida cristiana propuesto por el buen Pastor es llegar a ser tan misericordiosos, como misericordioso es Dios (Lucas 6:36). En el plan de Dios es tan importante ser decidido frente a los retos de la vida, como ser sensible cuando existe un motivo. Ser capaces de tomar el látigo contra los profanadores del templo, y llorar por la muerte del amigo. Cuando una persona absolutiza una de estas posturas, se convierte en un robot insensible o en una Magdalena permanente. La violencia y la misericordia no son elementos opuestos, sino complementarios. La decisión y la mansedumbre representan las dos caras de la misma moneda. Israel experimentó tanto la fuerza de Dios, como su ternura. Dios era su “goel” el pariente más cercano que asumía los asuntos pendientes del desprotegido. Era fuerte y misericordioso, tierno y poderoso. La Biblia lo resume en dos palabras hebreas: hémet y hésed. Hémet describe el amor fuerte, estable y permanente. Hésed denota el amor tierno y compasivo, lleno de ternura. Por eso el salmista responde de la misma manera; diciéndole: Tú eres mi amor y mi baluarte (Sal 144,2). Muchas veces, ante un problema o carencia no queremos caminar. Bajamos tanto la cabeza como la voz, y convertimos nuestro camino en un estacionamiento. Una complicación parcial contamina el ambiente de nuestra vida, haciéndonos creer que dependemos de las limosnas de los demás. Y justificamos nuestra derrota centrados no en lo que somos capaces, sino en lo que no podemos hacer. Y lo peor nuestra limitación justifica otras actitudes que nada tienen que ver con la condición original. Jesús nos da confianza con su Palabra, y nos da su perspectiva  cuando nos llama. Él cree en nosotros, para que nosotros no dudemos de nosotros mismos. Y una vez que creamos en nosotros mismos, nos demos cuenta que tenemos capacidades mucho mayores de las que suponíamos. Dios nos valora, pero hay que dar el salto. La metodología que Dios usó con sus colaboradores, fue confiar en hombres y mujeres para que ellos recobren la seguridad en sí mismos… Sin embargo, esto no basta, hay que salir de los esquemas tradicionales: A Abraham lo hace soñar contando estrellas, pero el patriarca debe dejar patria y parentela. A Moisés lo incendia con una zarza, pero aquel anciano de 80 años renuncia a su vida cómoda y rutinaria en su tienda de Madián. A Jeremías lo seduce, pero el profeta debe predicar en las adversidades más críticas de la historia de Israel. A Amós le rugió como un león, y el campesino de Tecoa cruzó fronteras raciales y religiosas para anunciar la Palabra de Dios en el santuario de Betel. A los diez leprosos no los cura instantáneamente, sino que los envía a un largo viaje hasta Jerusalén y son curados mientras van por el camino. A su madre que está al pie de la cruz no la conmisera, sino que le confía otra tarea que debe comenzar ese mismo día. Ya que ha cumplido tan bien la primera misión que el Padre le había confiado, va a tomar ahora bajo su cuidado al discípulo amado. Así es la perspectiva  del Maestro: hace salir del interior de nosotros lo que nunca nos imaginábamos que existía, para que descubramos que tenemos un potencial hasta ahora inexplorado, una fuerza no utilizada y capacidades que nunca habíamos percibido. La confianza de Jesús en nosotros realiza este milagro: hace emerger desde lo más profundo, lo mejor de nosotros mismos. La autoestima no crece solamente con pensar que somos capaces, sino cuando intentamos aquello en lo que creemos, con la seguridad no sólo de que lo vamos a conseguir, sino creyendo que ya lo hemos obtenido porque Dios está al mando de todo eso. (Marcos 11:24).

c.       Las Prioridades de Dios.

Bartimeo YA NO es MÁS LIMOSNERO. Cuando Bartimeo se encaminó hacia la luz del mundo con una columna de personas a su derecha y una muchedumbre a su izquierda, tenía la excepcional oportunidad para extender ambas manos y pedir limosna a toda esa multitud que tenía los ojos fijos en él. Pero no lo hizo. ¿Por qué no aprovechó la ocasión? Porque ya no le interesaban las limosnas. Ya no era mendigo, a pesar de seguir siendo ciego. Jesús, en vez de darle cualquier cosa, le trasformó su alma y mente de pordiosero. Seguía estando ciego, pero ya no era menesteroso. Sus ojos estaban cerrados, pero no para causar lastima sino para manifestar que a pesar de ello, se podía caminar y saltar. Había dejado su estado de postración permanente.  Cuando Bartimeo se presenta delante de Jesús, el Maestro le hace una pregunta que parecía salir sobrando: ¿Qué quieres que hagas contigo? Al principio Bartimeo se había contentado con un vago “ten compasión de mí”. Esto no basta. Es demasiado poco para la generosidad del Mesías quien le ofrece una oportunidad de acrecentar sus perspectivas. De parte del hijo de Dios no hay límites. Depende lo que Bartimeo aspire y pida. Tiene la oportunidad de soñar lo inimaginable y de esperar lo imposible. Lo primero que el salvador del mundo hace con el ciego es abrirle los ojos de las expectativas y extenderle las alas para que Bartimeo dé el brinco a lo impensable. Jesús da y ofrece sin límites, pero precisa un recipiente con las mismas dimensiones. Él llena las expectativas, pero éstas dependen de cada uno de nosotros. La respuesta del todavía ciego fue maravillosa: “Rabboní, que vea”. En esta ocasión vamos a enfocar los reflectores a la primera parte: “Rabboní”, dejando la segunda a los comentarios tradicionales y obvios sobre la curación de la ceguera. ¿Qué quieres que haga contigo? “Rabboní” en arameo significa no sólo maestro, sino mi maestro, mi único maestro. Un líder estaba  enseñando en 1996, en un retiro para líderes en la ciudad de Homs, al norte de Damasco, Siria, y colocaba el énfasis en la proclamación pública de fe que hacia Bartimeo a Jesús como Maestro. Al terminar la explicación se le acercó el Obispo de rito Melkita, y le dijo: “Hno. Aquí nosotros celebramos la liturgia en arameo, por lo que conocemos muy bien la lengua que hablaba Jesús. Por eso te puedo aclarar que te faltó subrayar lo más importante: Rabboní no sólo significa “mi Maestro”, sino ante todo es una declaración de amor y cariño: “mi amado, mi amadísimo, mi querido Maestro”. Es la forma más tierna y cariñosa para dirigirse al preceptor. Bartimeo había proclamado abiertamente su amor afectivo delante de todo el pueblo, logrando quitar el bloqueo de sus sentimientos. Se desprendió del caparazón que le impedía recibir y dar afecto. Ya antes había recuperado su capacidad de manifestar su necesidad de manera abierta, pero ahora perdía la vergüenza de expresar públicamente su amor y cariño. La curación de Bartimeo ha llegado a un nuevo nivel: ahora es libre para expresar sus sentimientos. Si antes fue libre para gritar y exponer sus carencias, ahora es franco para declarar sus afectos, que él mismo había mantenido en cautiverio. Mucha gente vive bloqueada en esta área de su vida: son tan duros que nunca muestran su cariño por los demás. Son gente adusta que controla su cariño. Tienen bloqueada esta área de su vida. Creen que mostrar sentimientos es signo de fragilidad, y no están dispuestos a exhibir sus debilidades ante los demás. Qué será más fácil o más difícil: ¿manifestar las carencias ante los demás, o declarar públicamente el cariño o ternura hacia una persona? Para algunos una cosa; para otros, la otra. Bartimeo está expresando un amor como nunca lo había hecho antes. ¿Por qué, si todavía estaba ciego? Jesús aún no encendía la luz de sus ojos, ni había hecho caer la catarata que nublaba su vista. Es que el mayor milagro ya se había realizado. Bartimeo ha cambiado sus prioridades. Ha pasado de ser el centro el de la historia a que Jesús sea el centro de su historia.  Amaba al que lo hizo gritar. Valoraba al que creyó que se podía levantar de su postración.  Admiraba a quien le dio la capacidad de no ceder ante las presiones de la sociedad que lo quería callar. Además, Bartimeo  se había liberado del bloqueo de su corazón. Había tirado el caparazón que encarcelaba sus sentimientos. No es que no los tuviera, sino que simplemente los había reprimido y sometido a cautiverio bajo su manto. Bartimeo rompió con la vergüenza, mostrando tanto sus necesidades como su amor por Jesús, que había realizado ya un doble milagro en el ciego de Jericó: por un lado, darle la fuerza para levantarse, y al mismo tiempo la valentía para no ceder ante los muchos que se oponían a sus gritos. Por otro, abrirle el corazón para que liberase los afectos cautivos. En una palabra, el hijo de Timeo era tan fuerte como amoroso, tan decidido como cariñoso. Era de los violentos que conquistan el Reino y de los amorosos que lo viven. Gracias al paso del Nazareno por la vereda de Bartimeo, este hombre es capaz de manifestar su fuerza y su inquebrantable decisión, así como declarar públicamente su amor afectivo para su maestro. La completa liberación que realiza Jesús es cuando somos fuertes y sensibles. Fuertes para determinar y sensibles para amar. Decididos para levantarnos y gritar cuando es necesario, pero con la capacidad de manifestar ternura y amor de manera pública y abierta. En la armonía de estos dos aspectos radica la madurez de la persona. Si alguien sólo es fuerte estamos entonces frente a un robot o una estatua. Si únicamente es sensible, estamos delante de una veleta movida por el viento. Lo que cuenta es la armonía entre ambos aspectos. Jesús era tierno para abrazar niños, valorar las flores del campo y cantar los himnos del gran Hillel. Pero al mismo tiempo era fuerte y decidido para tomar un látigo y purificar el templo, o enfrentarse al legalismo de los fariseos. Lloraba delante de la tumba de un amigo, pero al mismo tiempo llamaba sepulcros blanqueados a los hipócritas fariseos. Con su amigo Pedro tenía fuerza para apartarlo de su lado cuando no lo dejaba subir a Jerusalén, pero al mismo tiempo le pregunta tres veces si lo ama. ¿Dónde está el punto de equilibrio entre fuerza y sensibilidad, entre cabeza y corazón? No existe, porque se trata de integrar ambos aspectos que se complementan y de armonizar estas dos melodías, que juntas produzcan la sinfonía estereofónica de la  felicidad. En otras palabras, el ideal no es ni siquiera tener armonizados estos dos aspectos de la vida humana, sino que sea de tal manera que produzca la felicidad a la que hemos sido llamados y tenemos posibilidad de construir con estos dos hilos que tejen nuestra vida. Así que varios factores intervinieron en el cambio de vida del hijo de Timeo y sus prioridades: El disparador que desencadenó este proceso fue la confianza que Jesús tuvo con él. Sin embargo, esto quedaría incompleto si Bartimeo no hubiera tenido confianza en sí mismo. El hijo de David le abrió el horizonte de sus sueños y deseos para que Bartimeo se abriera a recibir sin límites. El proceso que el maestro sigue con Bartimeo es muy significativo, porque es el mismo que quiere reproducir con nosotros: 1. En primer lugar, no le dio limosna alguna porque su plan era que el ciego renunciara a ser mendigo; que dejara de creer que estaba destinado a ser limosnero. 2. Provocó que el ciego gritara para expresar sus necesidades esenciales; pero tanto y de tal manera, que no se callara cuando los demás intentaran ahogar su voz. 3. Luego lo llama con su Palabra, para que perciba por sí mismo que es más capaz de lo que se imagina. Cree en él para que Bartimeo tenga confianza en sí mismo, se levante y salte. 4. Por su parte el hijo de Timeo tiene que decidir si sigue agazapado cubierto con su manto que lo protege, o renunciar a él para poder extender las alas que le permitan volar por cielos nuevos. 5. Bartimeo da un salto, y percibe que tiene todavía muchas capacidades escondidas. Entra al camino, para encontrarse con quien puede liberarlo completamente. 6. Cuando Jesús interroga a Bartimeo (¿Qué quieres que haga contigo?) le muestra su amor incondicional, para que el ciego, sintiéndose amado como nunca, saque la luz que mantiene escondida: su posibilidad de mostrar cariño afectivo por alguien. El hijo de Timeo había logrado armonizar su fuerza y decisión, con su aptitud de amar con ternura. 7. Al final, aquel hombre que recuperó su valor por sí mismo es apto para seguir al Maestro por el camino que lo lleva a Jerusalén para entregarse por los demás. El que sólo pedía a los demás, ahora está dispuesto a entregar su vida, y una vida que tiene gran valor, pues ya posee sentido, objetivo y motivación. Bartimeo recorre el camino de la felicidad, sabiendo armonizar dos aspectos: su fuerza de voluntad y fuerza de decisión, con sus afectos y cariño para los demás. Jesús le dio también tres cosas: lo motivó para que creyera en sí mismo. Rompió los estrechos moldes de sus expectativas. Lo hizo soñar con una estrella más allá de las nubes de su ceguera. Finalmente el último paso:

 V.  Da el paso siguiente

¿Cuál es el siguiente paso? No sé para ti.  Porque cada uno de nosotros en este cuarto es diferente.  Todos en este cuarto están en una etapa diferente. No sé qué paso necesitas dar pero sí sé que lo tienes que dar. Para algunos de ustedes el próximo paso es aceptar a Jesucristo en su vida. No sé cuál es. Puede ser diezmar.  Puede ser encontrar un ministerio. Puede ser ir a un viaje de misiones.  Puede ser el compartir con un amigo en el trabajo y traerlo a la iglesia. No sé cuál es tu próximo paso. Pero sé esto: que tienes uno. Dios nunca va a terminar té llevarte a una fe  más profunda. Nunca vas simplemente a llegar. Siempre hay, siempre un paso más hacia la fe, hacía el amor, hacia el gozo, hacia la felicidad.  Si escuchas este mensaje y no das el siguiente paso te vas a quedar anquilosado. Y la única diferencia entre una tumba y un anquilosamiento es la duración. Vas a morir. Tu corazón se va a marchitar y va a enfriarse y te vas a sentir más distante de Dios en vez de acercarte a Dios y te vas a quedar anquilosado. Dios no te va a ayudar con el paso tercero, cuarto y quinto hasta que no des el paso uno y dos. Estás pidiendo, “¡Dios ayúdame con esto!”  y él está diciendo, “¿Por qué no has hecho lo que ya te dije que hicieras? Necesitas dar el siguiente paso.  Algún día dirás,  “He estado proponiéndomelo. He estado proponiéndome unirme a ese grupo. He estado proponiéndome unirme a un ministerio.  He estado apuntando a invitar a una persona a la iglesia.”  Necesitas parar de apuntar y soltar el gatillo. Para de postergar. Marcos 10:52 Bartimeo “…recobro la vista y empezó a seguir a Jesús por el camino.” Marcos 10:46 dice, “Bartimeo estaba sentado al lado del camino cuándo pasaba Jesús.”  Circula “sentado al lado del camino.” Eso fue antes de conocer a Jesús.  Después circula “empezó a seguir a Jesús en el camino.” ¿Cuál de esas dos fases describe tu vida –estar sentado al lado del camino o siguiendo a Cristo en el camino? ¿Cuál de esos dos estilos de vida crees que es más satisfactorio? ¿Sentarse a la orilla del camino o seguir a Cristo en el camino?  ¿Cuál de ellos quieres que represente tu vida? ¿Sentarte al lado del camino o seguir a Jesús en el camino?  ¿Cuál crees que trae más gozo, más sentido, más satisfacción? Sólo hay una manera de seguir a Cristo en el camino. Da el siguiente paso.  . Fe es más que creer. Fe es más que pensar acerca de Jesús, más que hablar a cerca de Jesús, más que tener opiniones y convicciones acerca de Jesús.  Fe es acción. Es movimiento. Es actividad. Fe es algo que haces. De hecho, la Biblia dice en Santiago 2:14 “Si la gente dice que tiene fe pero no hace nada, su fe no vale nada.”  ¿A qué estás esperando para dar el siguiente paso de fe en tu vida? ¿Cuál es tu excusa para postergar? ¿Te das cuenta de que ninguno de nosotros tiene garantizado el mañana? Ninguno de nosotros! Mejor que lo hagas ahora si lo vas a hacer. Porque nunca se te garantiza el lunes.  Esta historia estaba en LA Times un tiempo atrás. “Mi cuñado abrió el cajón abajo de la cómoda de mi hermano y saco un paquete envuelto en papel de seda. “Esto” dijo, “no es una corbata.” Quito del papel de seda y me dio la corbata. Era exquisita. Seda, hecha a mano y bordeada con una tira de lazo. La tarjeta del precio con una figura exorbitante todavía estaba. Dijo, Jan lo compro la primera vez que fuimos a Nueva York hace ocho o nueve años. Nunca se lo puso. Lo estaba guardando para una ocasión especial. Creo que está es la ocasión. Tomó la corbata y la puso con el resto de la ropa que estábamos llevando al mortuorio. Su mano se detuvo en el suave material por un momento y después cerro el cajón de golpe y se volvió hacia mí, ¡nunca guardes algo para una ocasión especial!  ¡Cada día que vives es una ocasión especial! Yo recuerdo esas palabras y pensé acerca de ellas durante el funeral y los días que siguieron  a la muerte inesperada  Pensé en todas las cosas que mi hermano no había visto u oído o hecho También pensé en todas las cosas que hizo sin pensar que eran especiales.  Todavía estoy pensando acerca de esas palabras y han cambiado mi vida. Ya no estoy guardando nada. Usamos nuestra mejor vajilla y cristalería para cada ocasión especial como perder un kilo,  desatascar la tubería. ‘algún día’ o ‘uno de estos días’ han perdido la fuerza en mi vocabulario. Si vale la pena verlo u  oírlo o hacerlo quiero verlo, oírlo o hacerlo ahora. Estoy tratando de no postergarlo, atrasarlo, dilatar o guardar algo que puede añadir fe o risa o sustancia a nuestras vidas. Y cada día cada mañana cuándo abro los ojos digo “Este es un día especial”  ¿De dónde sacas la fe para empezar un nuevo comienzo?  Solo hay una fuente.  Jesucristo.   “Todo lo que tenemos—el pensamiento correcto, la manera de vivir correcta, la tabula rasa, y el Nuevo comenzar viene de Dios por medio de Jesucristo. Bartimeo no tenía ni idea de que Jesucristo iba a pasar donde él ese día. Para él era simplemente un día como cualquier otro–el mismo sitio, la misma cosa, otro día miserable. Pero Dios le dio una oportunidad inesperada que podía cambiar su vida. La razón por la que estás sentado ahora es porque Dios té está dando una oportunidad inesperada para empezar de nuevo. No lo arruines. No la pierdas. No la dejes pasar de largo.

 Oración:

       Jesucristo está pasando por tú vida ahora mismo. Si quieres empezar de nuevo, si quieres empezar a vivir por fe en vez de miedo la Biblia dice, hoy—no mañana—hoy es el día de la salvación. ¿Por qué no haces algo valiente y dramático y avanzas y empiezas un nuevo comienzo con Dios, confiándole a niveles  más profundos que nunca de la fe tu dinero, tus relaciones, tu futuro. El tiempo es corto. A ninguno de nosotros se nos garantiza un mañana. No hay mejor momento que ahora para tomar el próximo paso de fe. Empieza de nuevo ahora mientras estas a tiempo.              Voy a orar una oración y mientras la digo tú la puedes decir en tu mente. “Yo también” di más o menos “Sí, yo también.” Querido Dios, me gustaría empezar de nuevo en la vida. Empezando esta semana, empezando hoy, empezando ahora mismo. Tú has permitido este momento de mi vida para que pudiera entrar en contacto contigo. Perdóname por todas las veces que he postergado  hacer lo que debo.  Perdóname por los miedos que me han hecho mantenerme atrás y no confiar en Ti completamente. Hoy quiero recibir Tu libre regalo de gracia y  perdón. Quiero dejar de estar sentado al lado del camino y quiero empezar a seguirte camino adelante.  No me quiero avergonzar de Ti. Te pido que fortalezcas mi fe, Jesucristo. Gracias por morir por mí. Ahora estoy listo a tomar el próximo paso de fe.”   Ahora termina tu oración. Llena el blanco. Dile cuál va a ser tu próximo paso. Si es, “Te quiero dedicar mi vida.” Díselo.   Si es, “Quiero ser bautizado.” Diesel.  Si es. “unirme a la Iglesia… a un grupo pequeño…. encontrar un ministerio. . . empezar a dar el diezmo…  participar en un viaje misionero… compartir con un amigo…” dile cuál es tu siguiente paso específicamente. Padre danos fe para dar el siguiente paso en el nuevo comienzo Contigo. En el nombre de Jesús, amen.

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