Reflexiones sobre la Santa Cena II parte


II. En segundo lugar veamos los PRECEPTOS  de la adoración en la Santa Cena

Así que la pregunta es: Si la Cena del Señor es adoración, ¿cómo expresa esto nuestra íntima valoración de la belleza y valor de Cristo? Permítanme mencionar TRES PRECEPTOS  del texto. Expresamos el valor de Cristo “al recordar,” “proclamar,” y “nutrir.”   El primer precepto es Recordar Primero, la Cena del Señor expresa el valor de Cristo al recordarnos a Él. Noten la doble repetición de la palabra “memoria”. Una vez en relación al pan en el verso 24 y otra vez en relación a la copa en el verso 25. Comienza al leer el verso 23 donde Pablo usa las palabras del Señor al instituir la Cena: “Porque yo recibí del Señor lo mismo que os he enseñado: que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan, (24) y después de dar gracias, lo partió y dijo: “Esto es mi cuerpo que es para vosotros; haced esto en memoria de mí.” (25)De la misma manera tomó también la copa después de haber cenado, diciendo: “Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto cuantas veces la bebáis en memoria de mí.” En otras palabras, Cristo nos dio esta sencilla “Cena del Señor” como ayuda para tenerle presente en la memoria, en especial su sangre y su cuerpo entregado a la muerte. Esto se convierte en adoración si al hacerlo tenemos una experiencia auténtica del corazón que diga: “Debemos recordarlo porque él es la Persona más valiosa en el universo. Recordamos su muerte porque es la muerte más importante en la historia.” Al establecer este recordatorio tangible de Cristo una y otra vez en la vida de la iglesia, se convertirá en adoración si nuestros corazones sienten la preciosura de recordar a Cristo y tiemblan ante la posibilidad de olvido.  El segundo precepto es Proclamar Segundo, la Cena del Señor expresa el valor de Cristo al proclamar su muerte. Verso 26: “Porque todas las veces que comáis este pan y bebáis esta copa, la muerte del Señor proclamáis hasta que El venga.” Si “recordar” significa traer a la mente lo que hizo Cristo con su muerte, entonces “proclamar” significa recordar unos a otros lo que Cristo hizo con su muerte. Este es el movimiento normal de adoración: la preciosura de Cristo se inserta en nuestra memoria, y entonces ese recordatorio íntimo sale al exterior al proclamar el valor de lo que recordamos. Si realmente valoras algo como relevante para ti, como lo es para otros – si te mueve y te deleita – hablarás de ello. Lo declararás. Así que la Cena del Señor es adoración si al hacerlo hay una experiencia auténtica de corazón que dice: “esta muerte y todo lo que ha logrado es tan valioso que no solo debe ser recordada; debe ser proclamada.”  Este doble significado de la Cena del Señor apoya uno al otro. Recordar nos permite proclamar, ya que no puedes proclamar lo que no recuerdas. Y proclamar nos ayuda a recordar, porque no todo el mundo recuerda al mismo tiempo y con la misma intensidad, necesitamos que esta muerte sea proclamada con palabras y con pan y con la copa para no olvidar la preciosura de su muerte. El tercer precepto es Ser Nutridos  Finalmente, la Cena del Señor expresa el valor de Cristo al nutrir nuestra vida en Cristo. Si venimos a Cristo una y otra vez diciendo, “Por medio de esto, oh Cristo, me alimento en ti. Por medio de esto, oh Jesucristo, nutro mi vida en ti. Por medio de esto comparto toda la gracia que compraste para mí con tu sangre y con tu cuerpo.” (1 Corintios 10:16) – si venimos a Cristo una y otra vez con este deseo y convicción en nuestro corazón: que aquí él nos nutre por fe, entonces la Cena del Señor será un acto de adoración profunda y maravillosa. Nada muestra tanto el valor y preciosura de Cristo como cuando venimos a él a alimentar nuestras almas hambrientas.  ¿Dónde vemos esto en el texto? En el hecho de que la Cena del Señor es una cena. Comemos y bebemos. ¿Por qué comemos y bebemos? El comer y beber es para nutrir y sostener la vida. Jesús nos dice que el pan que comemos es su cuerpo, y la copa que bebemos es el nuevo pacto en su sangre. Así que este comer y beber no son comer y beber ordinarios. La nutrición que provee la Cena del Señor no procede del pan y el vino (o jugo). Pablo ya ha dicho en el verso 22 que cuidemos nuestras necesidades físicas al comer en casa antes de venir. Esta cena no es para nutrición física. Es para nutrición espiritual.  Una vez que establecemos los preceptos necesarios para adorar por medio de la Santa Cena debemos enfocarnos en la práctica de la Santa Cena

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