Salmo 119:49-56: Acuérdese de acordarse II parte


I.                    En primer lugar CUANDO PASE POR MOMENTOS DIFÍCILES NO OLVIDE DE ACORDARSE DE LA PALABRA DE DIOS. (119:49-50)

 

«Acuérdate de la palabra dada a tu siervo, en la cual me has hecho esperar. Ella es mi consuelo en mi aflicción, porque tu dicho me ha vivificado» (Salmo 119:49, 50).

En esta porción del pasaje hay dos grandes cosas que obtendremos de la Palabra de Dios. Es un llamado a no olvidar lo que Dios nos puede dar en su palabra. Note que la expresión “acuérdate” tiene que ver con un llamado de David hacia Dios, pues es  posible que él se haya olvidado de su siervo y de las cosas por las que está pasando.  Así que él está pidiendo dos codas en este pasaje: Primero le pide su consuelo a Dios y segundo le pide su consejo. Veamos estas dos peticiones:

 

 

 

A.     David le pide a Dios su consuelo

Los primeros dos versículos de esta estrofa nos describen cómo David enfrentaba la aflicción. La aflicción no hace acepción de personas; se hace presente en las vidas de todos nosotros. En última instancia, la aflicción que sufrimos en esta vida es apenas un cuadro de aquel «tiempo de aflicción» futuro (Jeremías 16:19), el cual también se conoce como la gran tribulación (Mateo 24:21). Me gustaría ver cuáles son las cosas que le pueden dar consuelo a alguien.  Lo primero que veo tiene que ver con el carácter de Dios. Dice la primera expresión “acuérdate” que en hebreo es “zakar” es una palabra que implica la idea de “marcar, y ser reconocido”. Es importante entender que da la idea misma que tenemos en nuestro concepto de agenda. Es decir la petición del salmista es que Dios vea su vida y la marque en su agenda celestial como algo que tiene que hacer. Al ver que nuestra memoria es menos que perfecta, es reanimante recordar que Dios siempre recuerda. Pero ¿en qué sentido Dios olvida? Es decir Dios pierde la información y el contacto con nosotros? No, de ninguna manera. El término “acordarse” en la biblia tiene toda una connotación teológica. Debemos entender que la primera mención del verbo «acordarse» en la Biblia se halla en Génesis 8:1, en donde dice: «Y se acordó Dios de Noé», cuando Noé se hallaba flotando sobre las aguas del diluvio en el arca. Implica que Dios está a punto de hacer algo que tiene en su agenda, que va a tomar acciones porque de acuerdo a su plan y soberanía llegó el tiempo de hacer algo con lo que tiene pendiente con usted. Entienda que cuando usted sea echado de aquí para allá por las tempestuosas aguas del mar de la vida, Dios también se acordará de usted. Después del juicio del diluvio, Dios puso su arco iris en las nubes y prometió que se acordaría de su promesa de que «no habrá más diluvio de aguas para destruir toda carne» (Génesis 9:15). Dios se acuerda de todas las promesas que le ha hecho. El las escribió todas en blanco y negro en un libro llamado la Biblia. Poco antes de su juicio de destrucción sobre Sodoma y Gomorra, el Señor le confió a Abraham lo que sucedería. Abraham intercedió por su sobrino, Lot, pidiendo su salvación. “Así, cuando destruyó Dios las ciudades de la llanura, Dios se acordó de Abraham, y envió fuera a Lot de en medio de la destrucción, al asolarlas ciudades donde Lot estaba» (Génesis 19:29). Aunque usted no se dé cuenta de ello, Dios siempre se acordará de contestar sus oraciones. Raquel era la hermosa, pero estéril, esposa de Jacob. Su hermana Lea había dado a luz a cuatro hijos y por ello había causado todo tipo de emociones en Raquel. El deseo de llevar fruto que Raquel tenía era tan abrumador que la llevó a clamar: «Dame hijos, o si no, me muero» (Génesis 30:1). Parecía ser que Dios se había olvidado de ella. Pero Dios ya había tomado nota de la actitud de su corazón, <: Y se acordó Dios de Raquel, y la oyó Dios, y le concedió hijos» (Génesis 30:22). Habrá épocas de esterilidad en su vida, cuando usted estará seguro que Dios se ha olvidado de usted. Si tiene un deseo sincero de tener fruto, Dios no lo pasará por alto. Él lo ha escogido a usted precisamente para ese propósito (Juan 15:16) y El se acordará de usted y le hará fructífero a su debido tiempo. Dios se acuerda. Viendo que Dios siempre se acuerda de nosotros, podríamos atrevernos a ser como David y recordarle a Dios que se acuerde. De hecho, Dios emite este reto: «Hazme recordar; entremos en juicio juntamente; habla tú para justificarte » (Isaías 43:26).

La segunda cosa que trae es el carácter de la palabra prometida. Note que el texto dice : “la palabra dada”. ¿Cuál sería esa palabra? ¿A qué se refería el salmista con esto? La expresión para palabra es el término hebreo “dabar” que implica un discurso.  Lo curioso que en el hebreo no hay ningún verbo, sino solamente sino que dice “acuérdate de la palabra a tu siervo”. Eso indica que para el hebreo una palabra que venía de Dios era una declaración completa y otorgada en concepto de cumplimiento real. Si Dios la decía era aceptada y tomada como hecho real y declarado.  Sólo la Palabra de Dios tiene esa característica. Ahora, ¿Cómo lo aplicamos en la actualidad? Debe notar que en este contexto del Salmo no había una revelación completa como la que tenemos hoy. Me imagino que era una Palabra personal a David, por medio de Dios o del Espíritu Santo. Hoy tenemos la Escritura, pero ¿podrá haber otro medio de escuchar una promesa de Dios? Pienso que sí, por medio del don de profecía. Dios podrá usar hombres y mujeres dotados con estos dones, que confirmarán nuestra búsqueda de Dios. Pero como siempre hay que saber discernir quién verdaderamente tiene un don genuino de profecía y quién es charlatán.  Ahora si usted ha dado un paso basado en la Palabra de Dios, siempre tendrá una fuente de apoyo. Por otro lado, si ha dado un paso basándose en emociones, impulsos, presiones de otras personas o cualquier otra cosa, usted  verá que el suelo desaparece debajo de sus pies. Es por ello que es esencial que todas las decisiones de la vida las tome basándose en lo que la Palabra de Dios enseña claramente. Si usted no tiene Palabra de Dios, ¡no se mueva! Si tiene Palabra de Dios, usted tendrá de qué asirse en medio de las tormentas. Cuando llegan las pruebas y usted siente la tentación de apoyarse sobre sus sentimientos, puede recordarle a Dios lo que Él ha dicho en su palabra. Usted puede reclamar esa promesa para sí mismo, asirse a ella y recordar que Dios siempre se acuerda. Esta era la práctica que David tenía en su vida de oración. Observe cómo David le dice a Dios de qué cosas acordarse y de qué cosas no acordarse. «Acuérdate, oh Jehová, de tus piedades y de tus misericordias, que son perpetuas. De los pecados de mi juventud, y de mis rebeliones, no te acuerdes; conforme  a tu misericordia acuérdate de mí, por tu bondad, oh Jehová» (Salmo 25:6, 7). ¡Qué asombroso! David le está diciendo a Dios de qué cosas acordarse. Más aún, le está diciendo de qué cosas no acordarse. El puede atreverse a ello porque está apoyado sobre la voluntad de Dios, expresada en la Palabra de Dios. La única cosa que Dios promete olvidar es nuestro pecado: <:” Y no me acordaré más de su pecado» Génesis 31:34). La misma técnica de oración aparece en el Salmo 74. «Acuérdate de tu congregación, la que adquiriste desde tiempos antiguos, la que redimiste para hacerla la tribu de tu herencia; este monte de Sion, donde has habitado» (v. 2). David le recuerda a Dios que defienda su nombre. «Acuérdate de esto: que el enemigo ha afrentado a Jehová, y pueblo insensato ha blasfemado tu nombre… Levántate, oh Dios, aboga tu causa; acuérdate de cómo el insensato te injuria cada día» (Salmo 74:18,22).  Cada vez que podamos recordarle a Dios lo que El mismo ha dicho, nos hallamos sobre suelo firme. La verdad equivalente en el Nuevo Testamento la hallamos en 1Juan 5:14, 15. «y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho.» Nuestra confianza en la oración depende de la voluntad de Dios y la voluntad de Dios está expresada en la Palabra de Dios. Si en nuestras oraciones llevamos la Palabra de Dios nuevamente a Dios, recordándole sus promesas, experimentaremos una vida de oraciones contestadas. Esto,  como dijo David, es nuestro consuelo en nuestra aflicción. Las circunstancias no importan. El tipo de personalidad no afecta la situación. Los sentimientos carecen de relevancia. Si Dios lo dijo, entonces ocurrirá, y tenemos todo el derecho de recordárselo. Podemos contar con ello.  No importa lo que digan los demás o lo que sus emociones lo hagan sentir en el momento,  a menos que Dios sea un mentiroso, su Palabra se cumplirá. No caben temores ni dudas cuando se sigue esta práctica. «Antes bien sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso» (Romanos 3:4). ¿Está usted pasando por un tiempo de aflicción? ¿Sobre qué está apoyado? ¿Tiene una Palabra de Dios que ha hallado en su Biblia? Si no la tiene, quiere decir que usted dio un paso prematuramente. Confiese a Dios su pecado de presunción, arrepiéntase de ello y pídale que le muestre cuál es el paso siguiente a dar. Ello tomará donde esté y le guiará al lugar en donde necesita estar. Si usted tiene una promesa de la Palabra de Dios, entonces recuérdesela a Dios. El se acordará. Tal vez no parezca así en este momento, pero usted puede rechazar sus sentimientos y las opiniones de los demás inmediatamente. Usted puede apoyarse en la Palabra de Dios aunque todo el mundo se derrumbe a su alrededor. En tercer lugar tiene que ver con el carácter de nuestra vivencia. Note que David dice: “a tu siervo”. Este vínculo es especial, estamos aquí para ser servidores de Dios y no nuestros propios amos.  Si le servimos, el podrá ayudarnos. Hay muchas personas que solamente quieren las bendiciones de Dios, pero no su sacrificio a Dios.

 

B.      David le pide a Dios su consejo

Hay dos expresiones importantes en los dos versículos que estamos analizando. La primera aparece en el vrs. 49b: “En la cual me has hecho esperar” y 50b: “tu dicho me ha vivificado”. La palabra “hecho esperar” es un piel perfecto en hebreo. Esto implica una acción muy intensa y completa. El consejo que recibió David de esa palabra prometida era “esperar”. El consejo de aguardar, de no moverse sino quedarse esperando lo que Dios haría con lo que le había prometido.  El segundo consejo tiene que ver que mientras espera, también progresa. Es decir los dos consejos de la palabra a David es que está en un proceso y que también habrá un progreso.  Note que dice “tu dicho me ha vivificado”. La expresión es ser aligerado, restaurado a la salud, estar vivo. Una vez más el uso del piel perfecto, implica una acción intensa, dinámica y completa. David sabía que algo bueno saldría de este consejo de la Palabra de Dios.

 

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Un pensamiento en “Salmo 119:49-56: Acuérdese de acordarse II parte

  1. gracias amigos esta es la bella promesa que estoy esperando x que DIOS me prometio. y estoy seguro que ella me vivifica x que sino como he llegado hasta este dia. bendiciones

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