Hola, ¿Cómo les va? Esta semana tuve una reunión con un amigo y pastor. El es un pastor de jóvenes en una de las iglesias que va sobresaliendo en medio de las miles de iglesias de mi país El Salvador. Es decir va creciendo, van teniendo muchos recursos y muchas personas famosas y no famosas están asistiendo a dicha congregación. De hecho está ubicada en una de las zonas más lujosas y residenciales de este país. Nos juntamos para platicar de vez en cuando, de cuando en vez para animarnos. Ya teníamos algún tiempo de no vernos, así que a la hora de tomarnos el café, empezamos a hablar de muchas cosas. A medida que fuimos entrando en calor, caímos en un tema que por ratos se sentía como una discusión (amigable por supuesto), una estira y encoje argumentos sobre un tema en especial que salió a la luz, y que fue originado por un comentario mío. Sucede que mi amigo es el resultado del entorno en que se mueve. La iglesia en la que ministra tiene trasfondo carismático muy fuerte. Eso no está mal, porque creo que Dios tiene diferentes expresiones en el pueblo evangélico que son de bendición. Lo acepto, así como acepto que mi trasfondo más que carismático es bíblico (que incluye lo carismático por supuesto). En realidad la conversación giró en torno a tres tópicos en los que discrepamos y que fueron como el punto “tensionante” del diálogo. El primero tenía que ver con el hecho de que yo mencioné que para mí es sumamente imposible pensar que es la voluntad de Dios hoy meterse a construir templos. Como ustedes sabrán este comentario lo inquietó, porque ellos están en proyecto de construir un edificio de lujo, en un lugar de lujo. El segundo concepto tenía que ver con que le mencioné que los sistemas eclesiales hoy o institucionales llegarán a un momento en que van a colapsar y muchas personas huirán de ese sistema como una diáspora. Esto también le inquietó, porque el me mencionó de cómo era posible que me atreviera a hacer una declaración sobre iglesias y ministerios tan “usados por Dios” incluyendo el de ellos. Ya que a su parecer el que hayan crecido, el que haya mucha gente, que tengan recursos o por lo menos promesas de esos recursos es una señal evidente que Dios está con ellos y que los está respaldando. Pienso que puede ser que sí (o puede ser que no). Creo que eso quedará para otra reflexión, si el que tenga las oportunidades, que tenga gente con recursos, y tenga las puertas abiertas, es símbolo claro de que Dios está con nosotros (Pobre ¡Job! Bueno no quiero meterme en este asunto). Pero el tercer gran tema, que es quizás el que más me preocupaba a mí es que ellos, (tanto sus líderes como el) tiene una práctica que a mi me pone nervioso. Ellos siempre se refieren a ciertas tomas de decisiones, como “Dios me dijo” aquí o “Dios me dijo acá”. Se expresan en su diario hablar en términos tales como: “Yo estaba haciendo tal cosa y entonces “Dios me dijo”. O hablaba con mis hijos diciendo tal cosa y en es momento Dios me dijo. Esta frecuente como utilizan esta expresión. Así que en medio de la conversación le pregunte “¿Cómo es que está tan seguro que Dios te dijo? Bueno sus respuestas típicas son porque se ha cumplido lo que Dios nos dice, porque la gente que nos dice tiene dones, etc. En cierto sentido entiendo lo que quieren decir, me imagino que es una impresión, un sentimiento de algo etc. Aunque el insiste en que muchas de sus decisiones se basan en visiones y sueños (Y aunque para mí no es ningún problema creerle, porque creo que en la Biblia hay toda una teología y procedimientos acerca de los sueños y visiones) lo que me cuesta creer es que yo tenga que tomar decisiones basado sólo en esos sueños y visiones y no ser un estudioso de la Palabra de Dios, es más ignorar completamente cosas claras de la Palabra que contradicen mis sueños. En fin terminamos la reunión con un sentido de “conversación no resuelta”, pero me ha quedado la inquietud acerca de si realmente yo seré muy drástico o “cuadrado” en estas apreciaciones. Bueno, todavía no lo sé. Sin embargo esta tarde estaba leyendo el pasaje de Lucas 24 en donde los caminantes a Emaus, van tristes y decepcionados y totalmente destruidos porque todos sus planes y expectativas se han venido por los suelos. ¿Qué ha pasado? ¿Por qué ahora están tan confundidos? ¿No que “Dios les había dicho muchas cosas, pero ahora no encajaban? ¿Qué pasa cuando lo que Dios nos ha dicho no está encajando con lo que estamos viviendo? ¿Dios se equivoca? O será posible que nos confundamos en nuestras decisiones, ¿aún creyendo “que Dios nos dijo que hiciéramos ciertas cosas? Veamos algunas cosas que se desprenden del pasaje en mención. La narración aparece en Lucas 24 13-35. Si la escena no fuera tan común, sería cómica. Dos apesadumbrados discípulos regresan a su hogar en Emaus arrastrando los pies. Por lo alicaídos que estaban nunca pensarías que es el domingo de resurrección. Por el aspecto de sus rostros podría pensare que Jesús aún estaba en la tumba. OK, es esta frase la que quiero usar como frase generadora del tema que estamos discutiendo. Dice “Nosotros teníamos la esperanza de que Él fuese el libertador de la nación de Israel“, se lamentaban (Lucas 24.21). ¿Qué hay detrás de esta frase? La expresión refleja varias cosas con la interpretación de lo que Dios les había dicho. Dividiré la disertación en los problemas comunes que se desarrollan de una mala interpretación de “Dios me dijo”, y las posibles soluciones que Dios da para orientarnos a entender bien su voz.
ago
29
2010