Otra vez: Dios me dijo IV parte


D. “DIOS ME DICE”  DEBE PROMOVER PRIORIDAD

Si Dios es lo único que nos sostiene, y nuestra vida gira alrededor de él, entonces por ser nuestra prioridad estaremos más acostumbrados a saber su voz. Pero una vez más noten que el centro de la revelación gira alrededor de la palabra revelada.  Hay una forma final en que Dios revela su voluntad: A TRAVÉS DEL FUEGO DE DIOS. “En ese momento se les abrieron los ojos y reconocieron a Jesús; pero Él desapareció. Se dijeron el uno al otro:— ¿No es cierto que el corazón nos ardía en el pecho, mientras nos venía hablando por el camino y nos explicaba las Escrituras?”. ¿No te gustan estos versículos? Sabían que habían estado con Jesús por el fuego que ardía dentro de ellos. Dios te revela su voluntad poniendo  una antorcha encendida en tu alma. Dio a Jeremías fuego para una ciudad olvidada. Encendió a Abraham por una tierra que nunca había visto. Puso fuego en Isaías mediante una visión que no pudo resistir. Ciento veinte años de predicación infructífera no extinguieron el fuego de Noé. Cuarenta años de peregrinación por el desierto no sofocaron la pasión de Moisés. Jericó no pudo hacer que Josué aflojara el paso y Goliat no asustó a David. Había fuego en ellos. ¿Y no hay fuego en tu interior también? ¿Quieres conocer la voluntad de Dios para tu vida? ¿Los niños abandonados? ¿Las naciones no alcanzadas por el evangelio? ¿La ciudad? ¿Los barrios marginales? ¡Escuchas el fuego que tienes en tu interior! ¿Sientes pasión por el canto? ¡Pues, canta! ¿Te sientes impulsado a administrar? ¡Administra!. ¿Sientes dolor por los enfermos? ¡Trátalos! ¿Sientes pesar por los perdidos? ¡Enséñalos!  Sentí el llamado a predicar desde que estaba en tercer ciclo. Como no estaba seguro que había interpretado  debidamente la voluntad de Dios para mí, pedí consejo a un pastor de una pequeña iglesia  que admiraba. Y me orientó para ir al Seminario.  Mientras meditaba en sus palabras hallé la respuesta: “Tengo que hacerlo. Si no, este fuego me consumirá”.  ¿Cuál es el fuego que te consume?  Anótalo: Jesús vino para encenderte. Él va como una antorcha de corazón en corazón para calentar lo frío, descongelar el hielo y avivar las cenizas. Es al mismo tiempo fuego galileo abrasador y una vela bien encendida. Viene a purificar la infección, a iluminar tu rumbo. El fuego de tu corazón es la luz para tu sendero. Si la desechas, será a tus expensas. Avívalo para tu deleite. Dale aire. Agítalo. Aliméntalo. Los cínicos dudarán. Los que no te conocen se burlarán. Pero los que te conocen, esos que lo conocen a Él lo comprenderán. Encontrarse con el Salvador es ser inflamado. Descubrir la llama es descubrir su  voluntad.  Y descubrir su voluntad es tener acceso a un mundo que nunca has visto.

Así que nuestro recorrido ha sido, si crees en la frase “Dios me dijo” debe haber generado EQUILIBRIO en tu vida. Si crees en la frase “Dios me dijo” debe haber generado PROFUNDIDAD en tu vida. Si crees en la frase “Dios me dijo” debe producir PROGRESO en tu vida. Si crees en la frase “Dios me dijo” entonces debe producir en tu vida PRIORIDAD.

Quiero terminar diciendo que un buen piloto hace cualquier cosa con tal de llevar a sus pasajeros salvos a casa. En un viaje común y corriente sucedió que la auxiliar de vuelo les  dijo a los pasajeros  que volvieran a sus  asientos porque se aproximaban a una zona de turbulencias. Se trataba de un vuelo problemático y la gente tardó bastante en reaccionar; pero ella  advirtió de nuevo: «Vamos a movernos, así que por seguridad, es mejor que se sienten». Muchos lo hicieron. Pero unos pocos no, así es que ella cambió el tono: «Damas y caballeros, por su bien, ¡vuelvan a sus asientos!» Creían que todos estaban sentados, pero era evidente que estaban equivocados, porque la próxima voz que se oyó  fue la del piloto: «Este es el capitán Brown», anunció. «Hay algunos pasajeros heridos por ir al baño en lugar de permanecer en sus asientos. Queremos ser bien claros en cuanto a nuestra responsabilidad. Mi trabajo es pasar con ustedes a través de la tormenta. Su trabajo es hacer lo que les digo. ¡Así es que tomen asiento y abróchense los cinturones!» En ese momento se abrió la puerta del baño y apareció un tipo con el rostro rojo de vergüenza y con una sonrisita tímida se fue a sentar. ¿Se equivocó el piloto en lo que hizo? ¿Fue demasiado insensible o poco cortés? No, todo lo contrario. Para él era más importante que el hombre estuviera a salvo aunque avergonzado, que no advertido y herido. Los buenos pilotos hacen lo que sea necesario con tal de llevar a sus pasajeros a casa. Así es Dios. He aquí una pregunta clave: ¿Cuánto quieres que Dios haga para prestarte atención? Si Él tuviera que escoger entre tu seguridad eterna y tu bienestar terrenal, ¿qué crees que escogería? No te apresures en contestar. Piensa un poco. Si Dios te ve de pie cuando deberías estar sentado, si Dios te ve en peligro en lugar de verte a salvo, ¿cuánto quieres que Dios haga para que te preste atención? ¿Qué dirías si Él decidiera llevarte a otro país? (Como hizo con Abraham.) ¿Qué dirías si te llamara a dejar el retiro? (¿Recuerda a Moisés?) ¿Qué tal si te hablara un ángel o las entrañas de un pez? (Tipo Gedeón o Jonás.) ¿Qué tal un ascenso como Daniel o una destitución como Sansón? Dios hace cualquier cosa con tal que le escuchemos. ¿No es ese el mensaje de la Biblia? La búsqueda implacable de Dios. Dios a la caza. Dios buscando. Hurgando debajo de la cama en busca de sus hijos escondidos, moviendo los arbustos rastreando la oveja perdida. Haciendo una bocina con sus manos para gritar por las quebradas. Luchando con los nuevos Jacobs en los enlodados Jabocs de la vida. Por todas sus peculiaridades y desigualdades, la Biblia tiene una historia sencilla. Dios hizo al hombre. El hombre rechazó a Dios. Dios no se dará por vencido hasta que traiga al hombre de vuelta a Él. Desde Moisés en Moab hasta Juan en Patmos, ha podido oírse la voz: «Yo soy el piloto. Tú eres el pasajero. Mi trabajo es llevarte a casa. Tu trabajo es hacer lo que yo digo». Dios es tan creativo como inexorable. La misma mano que mandó maná a Israel, envió a Uza a la muerte. La misma mano que dejó libre a su pueblo de la esclavitud en Egipto, lo envió cautivo a Babilonia. Bondad y austeridad. Ternura y dureza. Firmeza fiel. Paciencia urgente. Ansiedad tolerante. Suave en su gritar. Dulce. Atronador. Así es la voz de Dios, por esa razón, es muy peligroso el limitarme a una sola frase “Dios me dijo”, sin tomar en cuenta todo el proyecto que Dios tiene para tu vida. Bendiciones.

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