Lo que impresiona a Dios: La historia de la mujer sirofenicia IV parte


En quinto lugar DIOS NO SE IMPRESIONA POR NUESTROS ACTOS EXTERNOS (15:25)

Notemos que la mujer hace varias cosas, como actos simbólicos para presionar a Jesús.

  1. A. Su postura de humillación

“Entonces ella vino, y le adoró, diciendo: Señor, socórreme” Esta petición tan natural, arrancada de lo profundo de un corazón creyente, que nos recuerda la del publicano: “Dios, sé propicio a mí pecador” (Lucas 18:13), conmovió al Redentor a tal grado que lo hizo romper el silencio; pero ¿en qué forma? Aquí volvemos a nuestro evangelista.

  1. B. Sus palabras de persuasión

La expresión “socórreme” es una expresión interesante es “boetheo” que tiene una traducción interesante. Es dar ánimo, avivar y echarle porras a alguien. También es recuperar vida pero desde la fuerza de Dios. (boe, raíz de bios; y theos: Dios). El verbo es un imperativo presente. Por lo terrible de la situación y, por lo aberrante de lo que tiene que venir, el tiempo verbal que significa “deber o exigencia inexcusables”. En realidad es un mandamiento que nace de la desesperación.

  1. C. Su padecer  de aflicción

Que mujer más desesperada. Primero La actitud de reverencia de la mujer, y segundo su amarga agonía, las cuales son mencionadas en conexión con el v. 22, se ven claramente también en el v. 25. Mateo la describe vívidamente en el acto de adorar a Jesús, quizás aun postrándose repetidas veces a los pies de éste.Un tercer rasgo se suma ahora a los ya enumerados, a saber, el intenso amor de la mujer por su hijita. En el v. 22 había hablado de su “hija”. Ahora, aquí en el v. 25, en el calor de su ruego agonizante dice: “Ayúdame”. Ella y su hija son inseparables. Es en ese sentido que podemos decir que ella se identifica con su hija. ¿No es esta una de las principales características de la oración intercesora efectiva, esto es, absorberse de tal modo en las tribulaciones y problemas de otros que esas experiencias en un sentido lleguen a ser nuestras? ¿No enseñó Jesús a Saulo (= Pablo) que al perseguir a los seguidores de Cristo estaba persiguiendo a Cristo mismo? Véase Hechos 9:4; 22:7; 26:14. Véase también sobre Mateo 8:17. Cualquier persona que llegara a mí de la forma en que esta mujer llega, si tuviera los recursos yo la ayudaría inmediatamente. Ella espera respuesta de Jesús, pero ¿que pasa cuando la respuesta que esperamos es más dura que la petición que tenemos? De hecho la respuesta agrega más aflicción a la aflicción que ya trae. Pareciera ser que a Jesús no le impresiona ni la postura, ni las palabras, ni el padecimiento. ¿Es Dios cruel? Mas Jesús le dijo: Deja primero hartarse los hijos—“¿Hay en esto alguna esperanza para mí?.. Que deje primero… Después, parece, el turno me tocará a mí, Pero… los hijos van primero. ¡Ah! siguiendo esta regla, ¿cuándo me tocará el turno?” Pero antes de que tuviera ella tiempo para ponderar sobre esto, viene otra palabra de labios de Jesús para completarlo—porque no es bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos—¿Será esto el fin de todas sus esperanzas? No; pues aun hay vida en esto que parece que ha muerto. “Del comedor salió comida” (Jueces 14:14). “Al tiempo de la tarde habrá luz” (Zacarías 14:7). “¡Ah! ya entiendo. Si él hubiera guardado silencio, ¿qué habría podido hacer yo sino irme sin su bendición?, mas él habló, y la victoria es mía”. Así es, ya Jesús habló y ese es un buen paso. La palabra traducida “perros” no es la usada en 7:6 (cf. Fil. 3:2). Aquí no se trata del perro grande, salvaje y feo que ronda las basuras que se arrojan en la calle, sino los perros bien cuidados en hogares en calidad de mascotas. Jesús ya ha llamado la atención de la mujer al hecho de que no ha sido enviado a los que están fuera de Israel (v. 24). Siguiendo la misma línea, ahora añade que no sería correcto dar las bendiciones de Israel—las bendiciones que corresponden a “los hijos”— a quienes no pertenecen a Israel. Después de todo, los perros, por mucho que los quieran sus amos, no son hijos y no tienen derecho de ser tratados como hijos. Probablemente éste sea el lugar adecuado para hacer frente a la pregunta: “¿Por qué tardó tanto Jesús en dar a esta mujer la ayuda que ella necesitaba tan desesperadamente?” Las respuestas que se dan a esta pregunta varían ampliamente. La vieja respuesta es “para probar la fe de ella”. Si esta respuesta es satisfactoria o no depende de lo que se quiera decir por probar la fe. Otra respuesta es que, puesto que solamente hacia el final de la historia (v. 28) Jesús llega a tener la disposición de conceder la enfática petición de esta mujer, él tiene que haber cambiado de parecer en el último momento; de ahí la tardanza. Esta respuesta es inaceptable por las siguientes razones: a. Si hubiera sido así, ¿por qué no accedió al repetido consejo de sus discípulos en el sentido de despedirla? Además, b. no se registra otro caso en que Jesús se negara a atender a una petición de ayuda ferviente, humilde y sincera. Tener desde el comienzo mismo la intención de rechazar la petición de la mujer habría sido completamente improbable en Cristo como nos es revelado en las Escrituras. Después de todo él es quien dijo las palabras de 7:7, 8; 11:28–30; Juan 7:37. A fin de llegar a la respuesta correcta a nuestra pregunta, probablemente sea necesario. En primer lugar, tomar nota del hecho de que la “tardanza” de Cristo—si podemos llamarla así—en acceder a la petición de la mujer no es único. Es uno de los muchos casos en que no se contestan inmediatamente las peticiones. Abraham y Sara tuvieron que esperar largo tiempo antes que finalmente recibieran a Isaac (Génesis. 21:1–5; Ro. 4:18–21). Cuando el “padre de todos los creyentes” (Ro. 4:11) recibió la orden de ofrecer a Isaac en holocausto, le llevó lo que debe haberle parecido un largo tiempo antes de descubrir que su hijo, a quien amaba intensamente (Génesis 22:2), no iba a ser literalmente sacrificado. ¿No expresa David su desaliento porque Dios no respondió inmediatamente sus oraciones? Véase Salmo 22:2. Y pasando ahora al Nuevo Testamento para llamar la atención a sólo unos pocos casos de los muchos que se podrían citar, ¿no parecía que Jesús iba a llegar demasiado tarde a la casa de Jairo (Mr. 5:35)? ¿No pareció por el momento a los dos ciegos que Jesús era indiferente a su clamor (Mateo 9:27, 28)? Si Jesús sabía exactamente lo que iba a hacer en cuanto a dar de comer a la multitud hambrienta—y la Escritura afirma que sí lo sabía—entonces, ¿por qué no se lo dijo inmediatamente a Felipe, en vez de decirle: “¿De dónde compraremos pan para que coman éstos?” (Juan 6:5, 6). Y ¿por qué leemos “Cuando (Jesús) oyó que (Lázaro) estaba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba?” (Juan 11:6). En varios casos se revela claramente la razón o por lo menos es sugerida en el contexto; por ejemplo, Abraham “se fortaleció en fe” (Ro. 4:20). A Jairo le dijo: “No temas, cree solamente” (Mr. 5:36). En conexión con Felipe leemos: “Esto decía para probarle” (Juan 6:6). Y en conexión con Lázaro, el Señor dice a los discípulos: “Me alegro por vosotros de no haber estado allí” (Juan 11:15). Evidentemente, resucitar a un Lázaro de entre los muertos iba a ser un medio mucho más efectivo para el fortalecimiento de la fe que sanar a un Lázaro enfermo  Con toda probabilidad se podría aplicar el mismo razonamiento en conexión con la mujer sirofenicia o cananea. Jesús demoró en oírla con el fin de probar la fe de ella, esto es, de refinarla como se refina o purifica la plata. Quería dar a la fe de ella la oportunidad de una expresión mucho más gloriosa. Se proponía fortalecerla por medio de la mismísima respuesta que le había dado en los vv. 24 y 26; porque ahora ella podría comenzar a comprender mucho mejor que si él inmediatamente hubiera sanado a su hija, cuán extraordinaria era la bendición que estaba recibiendo.

En sexto y último lugar DIOS SE IMPRESIONA POR NUESTRA FE (15:27-28)

La expresión más gloriosa de la fe de la mujer se encuentra en el v. 27. Es verdad, Señor, dijo ella, pero aun los perros comen algunas migajas que caen de la mesa de sus amos.

  1. A. Primero veamos que es una fe humilde.

Ni siquiera se resintió por ser comparada con un perro casero en contraste con un hijo. La frase impactante es “Sí, Señor”. Esto es reconocer que lo que Dios dice ella es lo correcto. Esto como que no nos gusta, porque muchas veces nos creemos más de lo que realmente somos.  Ella acepta su posición de inferioridad.

  1. B. En segundo lugar es una fe creativa.

Nótese también su viveza de ingenio. Ella convierte la palabra de aparente reproche en una razón para estar optimista. Transforma la derrota inminente en una victoria jubilosa. Es como si estuviera diciendo: “¿Se me compara con un perro? Acepto lo que se implica en la comparación. Y no sólo lo acepto, me gozo en ello, porque ciertamente los amos buenos no permiten que sus perros mueran de hambre. Les permiten comer las migas que caen de la mesa”.

  1. C. En tercer lugar es una fe firme

Básica para todas sus palabras y acciones está, la firme fe que Dios le ha dado en Jesús, a quien ella ha confesado como su Señor y Mesías.

  1. D. En cuarto lugar es una fe perseverante

Siempre recordaremos a esta mujer por su perseverancia, cualidad que se puede considerar por separado o en combinación con su fe (de donde, su fe perseverante). En cuanto a esta perseverancia hay que notar lo siguiente. Se ha dicho que aquí Jesús se está apartando del principio que él mismo ha expresado. Está haciendo una excepción— ¡como si esto fuera malo!—a la regla: “Sólo a la casa de Israel he sido enviado”. Bueno, en un sentido estaba haciendo una excepción, una maravillosa excepción, por cierto (véase sobre 10:5, 6), porque ciertamente esta mujer era una griega, una gentil (Mateo 15:22; Mr. 7:26). Sin embargo, en un sentido diferente no estaba haciendo excepción alguna, como se hará evidente cuando consideremos que ella triunfó a pesar de  primero el silencio inicial de Jesús, segundo  su aparente (real, ¡jamás!) frialdad y sus palabras de aparente reproche, y tercero la indiferencia de los discípulos (“Despídela”). Ahora, ¿no se trataba de una manifestación de decidida perseverancia frente a la oposición (“No te dejaré ir si no me bendices”, Génesis. 32:26) muy similar a esta lo que cambió a “Jacob” en “Israel” (Génesis 32:28)? Entonces esta mujer era en ese sentido una verdadera israelita. Luego el texto añade: Entonces Jesús respondió y le dijo: ¡Oh mujer, grande es tu fe! Que te sea hecho como tú deseas. Y fue sana su hija desde ese mismo momento. El amor divino es tan infinito y maravilloso que llega a elogiar a un ser humano, una mujer, por ejercer un don—en este caso la fe—con que este mismo amor la ha dotado, y que sin la actividad divina no podría haber entrado en acción en ella. El elogio que recibe esta mujer no puede dejar de recordarnos el encomio con que Jesús elogió al centurión (8:10). Aquí tanto como en 8:10, 11, ¿no hay una predicción del momento en que se abrirán ampliamente las puertas para la recepción de los gentiles en el reino de los cielos, momento que se aproximaba rápidamente? Nótese también que la bendición otorgada a la mujer ni siquiera se puede concebir sin aquella con la que su hija fue favorecida. Cuando la mujer recibió lo que deseaba, esto significaba que la hija del mismo modo recibía lo que ¡Necesitaba. ¡Fue sanada inmediata y completamente! Además, estas bendiciones no quitaron el “pan” a los “hijos”.

Que refrescante este pasaje, que interesante modelo y que tremendo reto tenemos. Lo que le impresiona a Dios es nuestra fe, la confianza que tengamos en el.

Hace algunos años leí la historia de un equilibrista muy famoso que atravesaba las cataratas del Niágara sobre una cuerda. Cada vez que hacía la proeza, les preguntaba a la gente si ellos tenían confianza o fe en que el podía lograrlo. La gente siempre respondía que sí. Después de varias veces hacer la maniobra y hacer la misma pregunta y obtener la misma respuesta de la audiencia, le dijo a uno de los que estaban presentes si quería subirse a una carretilla con él y pasar el Niágara, la respuesta fue un rotundo no! Dios nos ama y se impresiona  no por las palabras sino por la forma en que estás dispuesto a depositarte en sus manos y dejarte llevar a pesar del peligro y de la adversidad.

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7 pensamientos en “Lo que impresiona a Dios: La historia de la mujer sirofenicia IV parte

  1. Dios,lesbendiga muchos gracia por este estudio de lapalabra primera ves que estoy aqui y me gusto mucho este pasaje y estudio biblico esta mujer fue una mujer ejemplar llena de fe y perseverancia,no se desanimo y pudo alcanzar su milagro aunque no era de ella ,eso nos enseña mucho en la vida a nosotros.soy cristiano, Dios les continue bendiciendo.amen.@FranciscoDominguez.

  2. Cuantas veces hemos orado pidiéndole al Señor por una respuesta, antes de haber dado nuestro mejor esfuerzo para intentar solucionar o lograr algo? Nuestro mejor esfuerzo, nuestro grito desgarrador es una confirmación de nuestra fe en Dios.

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